Si por un momento analizamos las miles de actividades, pequeñas y grandes, que cada día de nuestra vida empezamos o concluimos, nos damos cuenta que todo, o casi todo, está unido a la ciencia de los números, a cálculos matemáticos. Por otra parte, todos los bienes que nos circundan, desde la cama en la que dormimos y la casa en la que vivimos hasta los vestidos que nos ponemos; desde el cepillo de diente hasta el dentrífico; desde el auto o el autobús que nos transportan, hasta el puente que cruza la calle; del tren al tranvía, al avión, a los misiles; todas las cosas, todos los bienes de la época moderna son el fruto de los conocimientos científicos y de las utilizaciones tecnológicas desarrolladas por la inteligencia del hombre.
En última instancia puede decirse que cada una de nuestras acciones está condicionada por los números, por las medidas y por sus reacciones recíprocas. La máquina que hizo nuestras medias y la que antes produjo el material que las componen, son una resultante de precisos cálculos matemáticos; lo mismo puede decirse de una silla o la mesa; para el vaso en el que bebemos o para la botella que contiene nuestra bebida; para el fármaco que nos ayuda a recuperar la salud en caso de enfermedad. En una palabra, en la vida de un hombre moderno todo está vinculado de alguna manera a los números y a su conocimiento.
Las matemáticas, por lo tanto, son consideradas la <<reina>> de todas las ciencias y de todas las tecnologías: no sólo porque son aplicadas en todas las disciplinas y en todos los sectores de la actividad humana sino también porque justamente <<la ciencia de los números>> opera las más vertiginosas abstracciones, buscando y demostrando verdades que no tienen ninguna referencia con la realidad física. La verdad matemática es intrínseca y absoluta, independiente de cualquier aplicación práctica. Estas siempre surgen luego. Para convencernos bastará considerar durante un momento qué valores tienen los números en si mismos.
Cuando decimos dos - cinco -dieciséis -cien, no indicamos nada concreto: al lado de todos esos números podemos poner lo que queremos, tantas manzanas, tantos huevos; tantos automóviles, tantos trenes; tantos hombres o tantas mujeres. En este caso el número (abstracción matemática)adquiere el significado físico que le hemos puesto al lado. A esta altura es cuando ciertas operaciones no son ni imaginables. ¿Quién podría pensar, por ejemplo, en multiplicar cuatro diputados con seis huevos y dividir todo por tres vasos de agua? Y, sin embargo, esas operaciones nos habrían parecido obvias y del todo normal en caso de haber tratado los números en sí mismos, o sea sin ninguna referencia de la realidad.
En otras palabras, para el hombre moderno es perfectamente natural la distinción entre la <<verdad abstracta>> innata en los números (y en todo lo que las matemáticas representan) y la realidad concreta de los objetos que nos circundan y de nosotros mismos.
Pero el hombre, ¿cuándo empezó a hacer tales distinciones? O, mejor aún, ¿cuándo surgió en la cabeza del hombre la idea del número y cómo pudo descubrir toda la serie asombrosa -a veces simple, a veces difícil y compleja- de los procedimientos matemáticos?
Llegar al origen de las matemáticas significa volver a los albores de la historia humana; recorrer las etapas del desarrollo de la inteligencia, de es <<mamífero de dos patas>> de cuya especie formamos parte. Las matemáticas, en efecto (como la química) antes de ser una ciencia fue un conjunto de métodos empíricos, aplicados a la vida práctica de nuestros progenitores.
También puede decirse que las matemáticas tienen <<bases biológicas>>. Para volver a encontrar estos orígenes hay que retroceder en la historia de la evolución, o sea llegar a los animales, al nacimiento del hombre. Con esto no quiero decir que los números hayan nacido antes que el hombre y que no constituyan una de las más hermosas creaciones de la inteligencia de la especie humana, quiero decir que el sentido del número -innato en la naturaleza humana- puede ser identificado también, por ejemplo, en el comportamiento de muchos animales.
Si el nido de un pájaro contiene cuatro huevos y nos llevamos uno, el animalito no se da cuenta. Si en cambio nos llevamos dos huevos, el pájaro se da cuenta y desde ese momento abandona el nido. Esto significa que al menos hasta dos un pájaro sabe contar y que -más allá de ese número- se confunde entre tres y cuatro.
Un pájaro cuenta hasta cuatro
<<Al respecto el naturalista John Lubbock contó un episodio que los cazadores podrán comprender mejor que otros. En la cumbre de la torre de un antiguo castillo había hecho nido una molesta corneja. El propietario decidió echar definitivamente o matar al animal. Pero cada vez que el hombre subía a la torre la corneja se alejaba para volver sólo cuando el cazador se había alejado.
Para confundir las ideas del pájaro y hacerlo caer en la trampa fueron a la torre dos hombres. Uno se escondió, el otro volvió sobre sus pasos: la corneja siguió alejada de la torre y volvió sólo después de muchas horas, o sea cuando vió salir también al segundo hombre.
Al día siguiente se tendió la misma trampa y esta vez con tres cazadores. Dos volvieron a bajar y uno quedó escondido. Pero la corneja no lo ignoró y volvió al nido cuando el tercer hombre abandonó el lugar. Al final el dueño del castillo venció, porque decidió invadir la torre con seis hombres, haciendo regresar sólo a cinco. Este era un número demasiado grande para que el pájaro pudiera darse cuenta. La corneja había sabido contar hasta cuatro: más no había logrado hacerlo y por eso perdió la vida.>>
<<Nuestros progenitores no debieron comportarse de una manera muy diferente de la de los animales, en lo que concierne a la concepción de los números. En efecto, la mayor parte de los antiguos lenguajes y la mayoría de los idiomas tribales de los asentamientos menos evolucionados aun hoy existentes en Sudamérica, en África, en Australia, tienen términos precisos para indicar los números uno y dos, mientras que describen con palabras cuya traducción son un montón, una gran cantidad, un conjunto, cualquier número de objetos y animales mayor de dos.
Además hay que decir que en las lenguas primitivas existe bastante a menudo varias palabras diferentes para indicar una o dos cosas según se deba describir un perro un árbol; dos hombres o dos cabañas; un mono o una ardilla. Todo esto significa que tales poblaciones no han logrado distinguir entre los objetos reales y el número abstracto que sirve para indicar su cantidad. Algunas tribus conocen los números hasta siete y éste por lo tanto representa el número máximo que esa gente puede concebir, como secuencia de tantas unidades agregables una a la otra. Pero también en este caso las palabras número son agregados en el sentido de que describen la cantidad de determinados objetos concretos; tampoco aquí existe abstracción.
Estudios de antropología han revelado que han sido necesarios muchos siglos antes que los hombres concibiera la idea del número; esto es, antes que comprendieran que un par de huevos y dos árboles, un par de ojos y dos piedras, son sólo ejemplificaciones de un concepto general: el número dos.
Nuestros progenitores debieron hacer un gran esfuerzo para alejarse de lo concreto de las necesidades de la vida y de la realidad del mundo circundante para llegar a la concepción de la entidad numérica, completamente separada de toda referencia concreta.
A este respecto, hay que tener presente que aun en algunas lenguas modernas -por ejemplo el japonés- hay diferentes palabras para indicar el mismo número, según se refiera a una cosa o a otra. La lengua japonesa actual contiene por lo menos catorce clases de esos tipos de palabra-número. Para cualquier hombre moderno es obvio que la palabra cuatro y el símbolo <<4>> no quieren decir cuatro ventanas, cuatro mujeres, cuatro barcas y así indefinidamente, sino que constituyen simplemente una exposición escrita, o bien oral, que caracteriza todos los posibles <<conjuntos>> de cierto orden: cuatro. Ese <<4>> puede relacionársele a los objetos más diferentes (concretos o no) que se nos ocurra considerar; pero ese mismo <<4>> puede no estar unido a algo y ser una simple expresión abstracta de cuadruplicidad, o sea un conjunto de cuatro unidades:
El <<3>> la triplicidad, etc. Esee es el comienzo de la base de la <<matemática pura>: La ciencia que hace la abstracción de la realidad, pero que -al mismo tiempo- ha encontrado, encuentra y encontrará siempre aplicaciones formidables, permitiéndonos, entre otras cosa, comprender mejor el Universo del que formamos parte.
En suma, el hombre, para llegar a la abstracción matemática, partió de la consideración de las entidades físicas tangibles; una vez cumplido este paso, usó los resultados (y aun los usa) para dominar, para modificar el mundo de las cosas concretas. Pero, ¿cuándo empezaron los hombres a pasar de <<dos árboles>> y de <<dos manzanas>> al concepto de <<dos>>? Nadie puede decir tampoco cómo nuestros antepasados empezaron a contar más allá del número dos. Cuando nuestros antepasados pasaron de las exclusivas primordiales actividades de la caza y de la pesca a las del pastoreo y de la agricultura-, se hizo sentir la necesidad de contar con mayor precisión. Debieron darse cuenta que un montón de cuatro cabras es bastante diferente que un montón de dieciséis o de veinte. De esta manera descubrieron el primer sistema de <<matemáticas aplicadas>> simple e ingenioso.
Algunos empezaron a controlar sus cabezas de ganado grabando por cada unidad una marca en la corteza de un árbol; otros hacían nudos en cuerdas de liana; otros amontonaban conchillas, o guijarros, o palos (por cada animal contado). Fue así como los hombres de la prehistoria inventaron ese sistema que luego los matemáticos definirían como correspondencia biunívoca entre dos órdenes; tantos pedruscos, tantos palos, tantas conchillas para tantos animales. (Ahora, puede decirse, que algunos dicen, tantos tanques, tantas metralletas, tantos millones de dólares (o euros, rublos, yen etc) para eliminar a tantos millones de hombres).
Imaginemos por un momento a un ser humano muy antiguo, tan antiguo que a duras penas puede ser llamado hombre. Su inteligencia, recién estrenada, se estremece ante el mundo que le rodea. Pone nombre a las cosas y las recuerda, así que es capaz de hablar de ellas a los demás. Entre unos y otros comprenden, asombrados, que las noches suceden a los días, que la luna sigue un ciclo inmutable, que las estaciones matan y reviven el mundo en el que habitan. Piensan que si ellos hablan la luna también habla, los peces hablan, los lobos y los árboles y las nubes hablan. Y los muertos también. Hay un espíritu en cada cosa, pero no es fácil escuchar su voz.
Un día, un niño o un loco comienza a traducir el susurro del aire y el rumor de las cascadas: ha nacido el primer chamán. Se viste con las pieles de los animales que le dan sabiduría y su poder, un poder que canaliza a sus hermanos. Muy pronto, todos entienden que el mirlo no tiene el mismo poder que el bisonte, y que éste es inferior a la tormenta, y que la tormenta se disipa ante el sol, furioso y supremo rey del mundo. Así nacen los dioses; el brujo se convierte en sacerdote. Pero los dioses cósmicos son demasiado ajenos, así que los significados se multiplican y las divinidades se humanizan, de forma que los hombres pueden admirarlas, amarlas y hasta despreciarlas. El Sol contrae nupcias con la Luna, el Caos Primordial engendra gigantes crueles y los dioses luchan contra ellos en una guerra que es prodigiosa pero casi humana.
Los magos se encargarán de transmitir a los soberanos de la tierra la fuerza y el conocimiento de los soberanos del cielo. Como es Arriba, es Abajo. Hay milagros, hay encantamientos. Los sumos sacerdotes y los hechiceros sirven a sus príncipes reclinados en los cojines de palacio. Pero todo eso pasa y en gran parte del mundo se reconoce a un solo Dios. Los antiguos dioses se retiran a los bosques, a los desiertos y a las altas montañas y se convierten en demonios.
Y así su huella pervive en cultos nocturnos, en códigos orales a medias susurrados, en canciones que nadie entiende, en reuniones secretas de brujos oscuros que ya no caben en el mundo de la nueva Ley. Poco a poco, las nuevas religiones del libro van acorralando a los cultos ancestrales y, a su vez, van perdiendo terreno a la hora de explicar el mundo: hay una nueva forma de pensar llamada "ciencia". Ofrece resultados, sí, pero ignora el aliento misterioso e inmaterial del Universo. Los hombres se han quedado ciegos, varados entre el umbral de una ciencia que no comprenden y las enseñanzas ancestrales de unas tradiciones que han olvidado.
Por ello cada vez son más los que opinan que, al menos de vez en cuando, se debe volver la vista atrás para recordar las viejas creencias de ese hombre casi extinto: ese ser humano viejo y niño que jugaba a comprender las cosas de este mundo sin conformarse con aquéllas que podía medir. De los errores de aquella era, de sus certezas, de sus sorpresas, sus incertidumbres, sus derrotas y sus sueños aún pueden aprenderse fascinantes lecciones. Y de la importancia de estas enseñanzas casi olvidadas no ha hablado nadie mejor que Chesterton: <<Los cuentos son más ciertos, no porque digan que los dragones existen, sino porque afirman que pueden ser derrotados>> (Cierra los ojos para ver mejor el mundo interno).
Ole Hallesby, dijo: <<El propósito del ayuno es aflojar hasta cierto punto los lazos que nos unen al mundo de las cosas materiales y nuestro entorno en su conjunto, para que podamos concentrar todos nuestros poderes espirituales en las cosas invisibles y eternas>>.
Este recién nacido otoño, los vientos del Este y del Oeste, han traído las aguas de septiembre, derramándose en torrentes sin fin, han barrido y ahogado todas las voces rebeldes de la Tierra. Sobre los campos pesa la oscura manta de la incertidumbre; pesa la oscuridad, y el espacio mudo de la gran sala de reuniones de la ONU, silencioso siempre cuando se nubla la conciencia colectiva, está resonando el eco de las palabras del hombre más poderoso de la tierra sobre el sueño de los indefensos soldados muertos en combate, solo letras. Únicamente son números que forman cifras inmensas de largas como las estelas de la mar. El son de este huracán pudiera dar a las tinieblas su lenguaje verdadero. Lluvia torrencial de palabras corren en los ríos de Internet, de boca de los buenos hombres que se rebelan al sistema. El son de esta lluvia al caer descuelga velo tras velo contra el silencio del alba de la Era del Acuario; un alba que nace oscuro y, el crepúsculo lo hace más tenebroso, más cerrado cada vez es más intenso el cerco, espesando el manto de lodo que cobija al mundo humano. ¡Monótono cantar de los pájaros de la oscuridad!
Tras los velos desvencijados, tras la lluvia de palabras, me parece la noche oscura de los cristales rotos. Y cada vez el mundo enmudece se paraliza ante la palabra "crisis", cierran las fábricas de coches de Alemania, dicen que 30.000 obreros serán despedidos. El cielo de esta mañana se diría que está gris suspendido en tristeza; como cuando un niño se asoman al televisor; sorprendidos los hombres con el misterio de las primeras palabras, el locutor, la repite y la repite sin cesar, siempre son cifras para decir el número de muertos en tal sitio en conflicto, parece la tonalidad musical de la oscuridad del mismo sonido tan traído y llevado por los campos de exterminio nazis. ¿Acaso está escrito en nuestro destino ir a otra guerra mundial? A otra carnicería colectiva. ¿Qué ocurrirá en este día?
Un tarado anuncia en la ONU con gran regocijo que, pronto atacarán a tres centrales nucleares en su país, y lo dice como el que dice: Mi prima Juanita fue con un cántaro a por agua a la fuente, se le romperá por imprudente por hablar con toda la gente.
Así se repite este pobre hombre una y otra vez, lo repite y lo repite sin cesar, y todos escuchando con gran regocijo en la barra del bar de la ONU, con una copita de champaña en la mano, van besando las frescas burbujas. Asimismo este cielo mañanero tan oscuro suscita una respuesta en nuestros corazones anhelantes, queremos ver un rostro amable, adorable, con una expreción como la suya, para decir algo igualmente grande, algo que inunde de forma positiva de la misma manera que Cristo hizo en aquel tiempo, en aquella tierra del Oriente Medio; que inunde de la misma manera toda la Tierra, todas las palabras del Mesías corren como la lluvia y se afanan en agarrarse a las nubes donde se guardan, el lenguaje de las inmensas redes de toda naturaleza, voces, susurros de palabras corren en arroyos de sangre, suspiros en los bosques, son las voces de los silenciados en el murmullo de las fuentes. Jamás las batallas se expresan en palabras netamente definidas, sino en indicaciones, en símbolos numéricos entre balbuceos dicen: son algunos los muertos.
Cuando el hombre calla, Dios habla. Cuando la Naturaleza habla, apaga las palabras en nuestro corazones, el terremoto, siguió a la erupción del volcán y nos regala un estallido musical infernal, una música bramando desde lo infinito. Desde su principio, la mente del hombre parece haber trabajado para armonizar el humano lenguaje diario con el eterno lenguaje del rumor cansino de la Naturaleza. Quiero pensar, que los malos sueños se disuelven como la sal en el agua. ¡Ah, sin duda es tuyo! Deben saber que la vida es como la Flor pasajera y en cada eternidad volverán a florecer. No olvides que la Flor es la mensajera de la Primavera; sin duda la abeja la adora con infinito anhelo. Pero, el idiota del hombre bombardea sin cesar... Hoy vuelven los recuerdos a mi mente, de todo cuanto abarca mi vista, pero, ¿cómo pudiste matar a tantos inocentes por un campo?... El es, siempre aparece Lucifer, donde empezó el mal de la Humanidad. Seduciendo, acorralando, dardeando la mente, en fin, que este individuo es terrorífico, y sigue sembrando las semillas hoy.
<<Cuenta la leyenda que más allá del cabo Finisterre, en pleno Atlántico, existió la mítica ciudad de Duyo. La tradición oral se pierde en la noche de los tiempos y no establece fechas, pero recuerda con clara memoria esa gran urbe llena de adelantos y de gente sabia que emergía del océano. En Duyo todo era bonanza y progreso. Sus habitantes podían ver lo que pasaba a miles de leguas de distancia. Viajaban en naos que surcaban con igual facilidad el cielo y la tierra. Las ciencias y las artes estaban en todo su esplendor.
La paz reinaba y la gente era feliz. Duyo tenía los dones y el poder, y sus habitantes eran, para el resto del mundo, verdaderos semidioses. El esplendor de Duyo duró muchos ciclos solares, y ciclo tras ciclo sus habitantes iban acumulando poder, sabiduría y grandeza.
Todo parecía perfecto, los dioses visitaban Duyo y se solazaban con los avances de sus gentes. Pero un día, los habitantes de Duyo quisieron ser como los dioses y no depender más de ellos. Los dioses se alejaron de Duyo apesadumbrados, esperando que su gente reaccionara y cambiara sus pensamientos.
Los habitantes de Duyo, lejos de cambiar sus pensamientos, se dedicaron a crecer más y más, intentando convertirse en los dioses de la tierra. Desde sus inicios habían sido díscolos con sus descubrimientos y sabiduría. jamás la habían compartido con el resto de los pueblos. Ellos eran demasiado adelantados y los dioses no vieron nada malo en su deseo de guardar los secretos de la magia y la ciencia para ellos, al fin y al cabo el resto de los pueblos eran demasiado primitivos como para comprender sus enseñanzas.
Lo que no sospecharon los dioses fue que ese poder de sabiduría y conocimientos pudiera llenar el corazón de Duyo de orgullo y avaricia. Los mismos dioses se sintieron desconcertados por mantener sus misterios lejos de los humanos, y creyeron que su propia actitud había alentado a los habitantes de Duyo a pecar de orgullo, así que dejaron que los humanos de Duyo resolvieran sus propias inclinaciones, pensando que un día se darían cuenta del error y volverían sobre sus pasos.
No fue así. El tiempo pasó y los habitante de Duyo, envanecidos por sus logros, perdieron el camino y se convirtieron en pecadores contumaces, degenerando su especie y pervirtiendo todo lo que tocaban . cada ciclo se encerraban más en sí mismos, apartados de los hombres y los dioses, dedicándose sólo a satisfacer sus deseos.
Los dioses, al ver lo bajo que habían caído los habitantes de Duyo, bajaron para hablar con ellos, intentando ayudarles a retomar el rumbo correcto, pero no fueron oídos.
Los habitantes de Duyo se sentían tan poderosos que desafiaron abiertamente a los dioses, amenazándoles con la destrucción si volvían a Duyo. Entonces crearon terribles armas y peligrosos artificios, y concentraron más que nunca todos sus poderes y conocimientos en el centro de Duyo, y ahí se parapetaron para atacar a los dioses.
Durante algunas jornadas el cielo de Duyo se iluminó por las noches con el fragoroso estruendo de sus armas. Las escaramuzas iban dirigidas a repeler cualquier intento de acercamiento de los dioses. Naos y rayos explotaban en el mar y en el cielo, haciendo retumbar toda la tierra. De pronto, todo cayó en un profundo silencio. Los habitantes de Duyo, creyendo haber derrotado a los dioses, se entregaron a las fiestas y al desenfreno.
En el sueño de la resaca alentaban la ambición de salir a conquistar la tierra entera y someter a todos sus habitantes, pero antes de que pusieran las naos en marcha, los dioses contraatacaron y hundieron a Duyo en la inmensidad de las aguas. Todos los ingenios y poderes de Duyo se perdieron. Ninguna de sus obras se salvó, todo quedó destruido. <<Millones de seres se desintegraron mientras la ciudad se hundía en las aguas, y sólo algunos muros, hoy enterrados bajo el Atlántico, se mantuvieron en pie para dar testimonio a través de los tiempos de la existencia de Duyo>>.
Algunos habitantes, los menos pervertidos por el orgullo y el poder, lograron ponerse a salvo en las tierras firmes de los distintos continentes, quedando desperdigados sobre la faz de la tierra.
<<No pudieron llevarse con ellos ni el poder ni los conocimientos, sólo pudieron llevar consigo el recuerdo de lo que había sido Duyo y así lo contaron a los pueblos que los fueron acogiendo en diversas partes del mundo. La costa gallega acogió a varios habitantes de Duyo, y con ellos a sus historias, símbolos y tradiciones. Algunos se quedaron ahí, pero otros viajaron has islas del Norte, hacia los territorios del Este y hacia las tierras del Sur, pero casi nadie se atrevió a volver hacia el antiguo emplazamiento de Duyo, y los que volvieron sólo encontraron la destrucción y la muerte que seguía flotando en las aguas y en el aire de lo que alguna vez había sido una grandiosa civilización.>>
<<Hasta el más humilde habitante de Duyo resultaba un sabio para el resto de los pueblos, pero esto no dejaba de tener sus inconvenientes. Ni los jefes de las tribus ni los brujos ni los curanderos estaban dispuestos a ceder su lugar a los nuevos profetas, y mataban a todos los <<sabios>> que se acercaban. Así que muchos de ellos tuvieron que mantener sus ideas y conocimientos en silencio para salvar la vida, y poco a poco se fue olvidando su procedencia, quedando todo envuelto en el halo del misterio y dando lugar a las diferentes leyendas que se cuentan en los diversos pueblos que están de cara al Atlántico.>>
<<Algunos de los restos de Duyo flotaron por los mares atlánticos durante siglos, llevando la confusión y el temor a muchos audaces marineros, que construyeron historias y leyendas sobre el mar que albergó la ciudad de Duyo. Unas leyendas se mezclaron con otras y dieron al Atlántico una fama destructiva que pervivió mucho más tiempo que los últimos restos de Duyo. Ya no había peligro, pero los marineros evitaban "por si acaso" adentrarse demasiado en el Atlántico.
Una ínfima parte de la magia de Duyo se esparció casi a puntillas por el bosque gallego, pasando de boca a oído entre druidas, druidesas y meigas, llegando sigilosamente hasta nuestros días. En las costas gallegas de nuestro tiempo aún se escucha de vez en cuando la leyenda de Duyo, la ciudad del mar que fue destruida por los dioses para castigar los pecados y el orgullo de sus habitantes.
La leyenda de Duyo es paralela en muchos sentidos a la leyenda de la Atlántida, aunque éstas no son las únicas leyendas de la humanidad que nos hablan de la destrucción total de un pueblo.
En la Biblia podemos encontrar varias leyendas de destrucción total. Los Reyes Edomitas fueron destruidos casi en su totalidad antes de que Jehová se decidiera a crear, a través de los Elohim, a Adán y Eva, a partir de los cuales se fundó el pueblo de Israel.
La tierra quedó vacía y oscura antes de que floreciera el Jardín de Edén. Los edomitas salvados fueron apartados de la tierra por algún tiempo, mientras los Elohim la limpiaban. Más tardee los edomitas fueron devueltos a la tierra y, cuando Adán y Eva fueron apartados del Paraíso, se unieron a ellos para formar una nueva tribu, un nuevo pueblo de Jehová que además fue fecundado por los dioses que bajaron a unirse a las hijas de los hombres.
El diluvio universal y la destrucción de Sodoma y Gomorra son otros ejemplos bíblicos, y en ambos casos la destrucción no alcanza a todos y los salvados fundan nuevas tribus y nuevos pueblos.
Por su parte, la cosmogonía teosófica nos habla de los lemurianos, antecesores de la raza negra, que llegaron a tener una civilización muy parecida a la nuestra y que también fueron castigados por los dioses debido al pecado de "inmentalidad". Este pecado consistió en negarse a "reencarnarse" en humanos inferiores (los blancos trogloditas de entonces), y en negarse a abandonar la tierra cuando debían hacerlo. (Los que piensan que pueden vencer a la muerte, deben contar con la ayuda de Dios, ¿"muerte a la muerte"?).
Los lemurianos ni siquiera querían convivir con los blancos primitivos, que apenas si estaban aprendiendo a caminar erguidos, incluso les parecía repulsivos tenerlos como mascotas o esclavos. Los dioses les pidieron que ayudaran a evolucionar a esos seres que eran tan humanos como ellos, educándolos o reencarnándose en ellos. Los lemurianos se negaron. Entonces los dioses les pidieron que dejaran la tierra, de la cual eran amos y señores, para permitir que los primitivos evolucionaran por sí solos en el planeta, pero los lemurianos tampoco quisieron y desafiaron, como los habitantes de Duyo, a los dioses.
Entonces los dioses destruyeron la civilización lemur y los sobrevivientes fueron condenados a padecer sobre la tierra que habían dominado ampliamente, a la espera de que los trogloditas blancos evolucionaran y los aceptaran como sus iguales, cosa que los blancos, en su propia ceguera, no han sabido ver n hacer.
Para muchos pueblos prehispánicos el castigo divino se centró en la ciudad perdida de Mu, una fortaleza situada en el corazón del Atlántico de donde salieron los ancestros de los toltecas, padres de las ideas religiosas de incas, mayas y aztecas.
Para los egipcios su Atlántida fue el Amenti, la región del origen donde los hombres habían sido semidioses, y a la que todos querían volver en vida o en muerte.
Los pueblos vikingos, los pueblos del Norte, hablan en sus leyendas de magos, elfos, enanos y hombres que poblaron los bosques y las montañas, y una ciudad mítica que se mantuvo en medio del Atlántico resguardando lo más granado de los seres terrestres, hasta que un líder se enfrentó a los dioses y trajo la ruina y la destrucción para su ciudad. (Cuando los hombres toman el camino de lo que hoy vemos que están haciendo hoy con la Tierra y con sus hermanos y hermanas y con la Naturaleza, los hombres en su ceguera avariciosa se destruyen entre ellos y así mismos; Dios no premia ni castiga...)
Cuando se rompieron los lazos de los dioses con los hombres, seres como los elfos y los magos abandonaron para siempre la Tierra y la dejaron en manos de los hombres que empezaban a evolucionar y a conquistar los misterios de la naturaleza.
Los elfos no quisieron correr la suerte de los lemures, y, a pesar de no ser mortales, prefirieron obedecer y no enfrentarse a los dioses.
La leyenda del diluvio universal es común a la mayoría de los pueblos antiguos. En el inconsciente colectivo de la humanidad pervive un tiempo de esplendor y de progreso en sincronía con los dioses, después de ese esplendor los dioses que quedaron en la tierra llegaron a ser casi tan terribles y codiciosos como los hombres.
Los dioses buenos abandonaron a los hombres, mientras que los dioses crueles, posibles humanos sabios herederos del antiguo esplendor, intentaron dominar el destino del mundo.
Las batallas estelares descritas en el Ramayana y el Mahabharata, son tan parecidas a las guerras estelares que podrían ser realidad científica en los próximos días, este siglo XXI, que asombran cada vez más a propios y extraños, demostrando a su manera la patente posibilidad de que la Humanidad pudo haber tenido una etapa de esplendor tecnológico y científico como se está viviendo ahora.
Los textos antiguos, indignos de crédito el siglo pasado, ahora aparecen como una revelación en la que se pueden equiparar avances tecnológicos de hace miles de años, con avances que se han conseguido prácticamente hace un par de días.
A la Humanidad actual sólo le faltan dos cosas para equipararse con las civilizaciones míticas que desaparecieron en el pasado: magia y estar en contacto con los dioses. La magia pervive como una superstición poco aceptable, y a los dioses les hablamos todos los días, pero no contestan: es posible que nos oigan, pero está claro que no están en contacto directo con los hombres.
Si la Humanidad sufriera una destrucción natural, nuclear o divina, y se quedara sin sus fuentes de ciencia y tecnología, sólo nos quedarían la magia y los rezos para intentar salir de la barbarie.
ATENCIÓN TODOS LOS BUENOS ATENTO A ESTE PÁRRAFO: Julio Verne, en El Nuevo Adán, describe una catástrofe que hunde la Tierra entera dejando muy pocos supervivientes que, (es lo mismo que yo he visto en varios sueños y mis visiones son a futuro lejano maravillosas, pero, ahora, en este futuro cercano son desastrosas, Dios nos ampare, Dios tenga misericordia y, ilumine a los hombres, vamos derecho a una guerra sin precedentes y se puede dar en horas o en unos días... solo de nosotros depende salir de los hechizos de Lucifer, estos hombres son unos bárbaros quieren ser eternos, esta gente no conocen la otra cara de Lucifer, Dios es más poderoso y es Jesucristo, delante de este Hombre Dios todos se inclinan y lo obedecen, todos, hasta el mismo Demonio y todos los seres celeste e infernales obedecen a DIOS.) desposeídos de sus comodidades modernas, son incapaces de dedicarse a la ciencia o los estudios ante la avalancha de necesidades que necesitan cubrir.
Si un grupo de personas de clase media, sin fuentes de energía y sin formación tecnológica, sobrevivieran a una hecatombe, éstas estarían destinadas a empezar de nuevo prácticamente desde cero. El fuego y la rueda, así como los rudimentos de cocina y agricultura que todos tenemos, ayudarían mucho en un principio, pero las nuevas generaciones, punzadas por la supervivencia, no tardarían en recurrir a la violencia y a la fuerza para salir adelante, embruteciéndose cada vez más. Una vez solventadas las necesidades básicas de territorio, comer, reproducirse y resguardarse de los elementos, podrían volver a dedicarse a la inventiva y al crecimiento personal.
Para ello harían falta varias generaciones y distintas etapas de estabilidad climática y social. A estas alturas de la historia, en la Galicia rural podemos encontrar pueblos que viven prácticamente como hace tres o cuatro mil años, alejados de la tecnología y los conocimientos, y apegados a la magia y a las tradiciones.
Si el mundo moderno desapareciera, las personas que habitan esas zonas no sufrirían el menor contratiempo y podrían proseguir con su ritmo de vida como hasta ahora. Las meigas estarían entre ellos.
Los buscadores del origen del hombre actual señalan a los pueblos indogermánicos como fuente humana de nuestras actuales culturas europeas. Las incisiones griegas y romanas son posteriores al movimiento étnico de dichos pueblos. En libros como Los grandes iniciados podemos encontrar el ensalzamiento de estas fuentes, donde los antecesores de los celtas y los celtíberos aparecen como la raza base del anglosajón, el ario y el indoario...
Los pueblos orientales, principalmente la India, fueron más receptivos al pensamiento mágico celta. Con el tiempo, millones de seres humanos se han sumado a sus ideas sin saber siquiera el origen de las mismas. Es difícil decir quién fue el primero en dar forma a la tradición y a las teorías del pensamiento mágico celta, y tampoco se puede asegurar que este pensamiento haya sido primero europeo occidental o indio. La noche de los tiempos nos impide conocer quién influyó a quién, pero sí sabemos que hubo una gran fusión entre las razas más o menos bárbaras que recorrían el mundo un poco antes de que aparecieran las grandes civilizaciones y diera comienzo eso que conocemos por Historia.
Fuera de los mitos y las leyendas que encontramos en diversos libros, hay poca documentación sobre el origen y desarrollo de los pueblos bárbaros. La historia habla de ellos sólo cuando han chocado con la cultura occidental, lo que los sitúa la mayoría de las veces como seres salvajes que no sabían hacer otra cosa que invadir territorios romanos. (No olviden que el Imperio de Roma, fue vencido; primero por su decadencia moral y social y segundo por los llamados bárbaros) Los celtas, como grupo bárbaro, aparecen en la historia tras su incursión en Roma en el año 385 a. C., cuando dirigidos por Breno fueron capaces de destruir la buena fama guerrera del Imperio.
Por aquellos tiempos también atacaron los reinos griegos, conquistaron Tracia y se pasearon por Asia Menor. Pero a su furia guerrera no iba aparejada la codicia imperialista de fundar pueblos sobre otros pueblos, imponiendo su cultura y su manera de ser.
Los lugares que escogieron los celtas para asentarse no fueron los más poblados ni los más ricos, al menos no en el sentido occidental de la riqueza, sino que escogieron lugares pródigos en bosques y bellezas naturales como Galicia, Bretaña, las Galias, Gales e Irlanda.
Antiguamente, como ya hemos señalado, los grupos indogérmanicos que conformaban los celtas ocupaban diversos puntos de la Europa Occidental y sus raíces provenían de la fusión entre los pueblos nómadas que circulaban entre India y Alemania, y en su seno fueron dando forma a especial manera de comprender el mundo que les rodeaba. En sus migraciones y campañas de guerra, parecían buscar una riqueza poco evaluada por otros pueblos.
No perseguían el oro y las joyas, las tierras y el ganado, las mujeres y las armas; los celtas parecían más buscar una especie de paraíso terrenal que llevaban impreso en la memoria. Ellos buscaban bosques plenos de distintas especies animales y florales, plenos de árboles sabios y montaña mágicas.
Su cruzada particular puede calificarse de mágica, como si buscaran un lugar o lugares en los que pudieran estar en contacto con las plantas, las piedras, las cuevas y los mares, es decir, con la naturaleza. Para corroborar esta teoría no hace falta más que visitar en la actualidad las tierras de sus descendientes, gallegos, bretones, galos, galeses e irlandeses, y ver lo similares y mágicos que son estos parajes. Es más, también en las costumbres, ritos y músicas de estos pueblos podemos encontrar diversos puntos similares. Y, por supuesto, en sus costumbres mágicas ancestrales.
Una de las facetas que unen a todas las culturas y pueblos humanos, antiguos o modernos, es la presencia de un chamán, un curandero o un sacerdote dentro de las estructuras sociales. Desde las tribus más primitivas hasta las más modernas civilizaciones la figura del ser sabio sobre quien recae la responsabilidad moral y espiritual del grupo siempre está presente. Este factor común nos indica la preocupación eterna del hombre por aquello que pueda trascenderle.
Desde la más remota antigüedad los seres humanos han levantado la vista a los cielos en busca de respuesta a los interrogantes que, a medida que su inteligencia evolucionaba y adquiría conciencia de sí misma, parecían lanzar al precipicio de lo infinito. El miedo a la muerte, a los agentes atmosféricos y, en suma, a la Naturaleza en plena ebullición, hizo que el pobre ser humano, desnudo en cuerpo y alma ve con asombro, como el más viejo y entrañable de los amigos, Lucifer, Satanás y otros..., nos ha acompañado siempre con sus perversos consejos y ayudas a lo largo de la Historia.
Su maligno hacer, del que no es ajena la dulce seducción, es el camino más fácil y el que más derecho conduce al infierno. A los demonios, que son su tropa, y a los brujos y brujas, que son sus devotos y oficiantes, debemos placeres y condenas, males físicos y desviaciones morales. Pero de tan fieles compañeros y tantas veces aliados sabemos muy poco. ¿Podemos pactar con los diablos...? ¿Cómo son las brujas y qué hacen? ¿Existe la posesión diabólica? ¿Qué cultos satánicos se practican en la actualidad?
<<La historia de satanás no es un relato de horror, sino de amargura. Como en tantos otros mitos negativos -vampiros, licántropos, fantasmas- en el fondo de lo espantable se esconde la tragedia, la frustración y, al menos en algún sentido, la ternura. El drama de Satanás, el más bello de los ángeles, el más "poderoso" (ha sido vencido por el Arcángel Miguel, está encerrado en los abismos), no es más grande que el del propio Creador; como ha dicho Couste: <<el diablo es el dolor de Dios>>. El amor que le llevó a crear a Satanás como la más perfecta de sus criaturas debió suponer la más grandes de las amarguras, cuándo éste se rebeló. Lo que era orden y armonía se rompió en un desequilibrio que algún día cesará; porque lo que tiene un principio no es eterno y ha de tener un final. Si al principio fue el amor, al término de un tiempo cesará el odio y la tristeza para que el Amor reine de nuevo.>>
<<Para unos fue la creación de los hombres lo que por despecho movió a Satanás a rebelarse, él, que había sido el más amado, vio con recelo cómo el interés del Creador se extendía ahora hacia los frágiles hombres, y en un alarde de <<"angélica paranoia">> se sintió marginado, depuesto de su encumbrado sitial en el corazón de Dios; el bello ángel enfermó de celos y se decidió por el simbólico suicidio, odiando a Aquel a quien tanto amó, buscando en ese odio su propia destrucción, su propio castigo.
Parece poco claro el papel del hombre en esta pugna celestial, en este pugilato de sentimientos cósmicos; algunos defienden la tesis de que la Humanidad no fue motivo de la caída de Satanás, sino consecuencia de ella. En este caso habría sido la soberbia el elemento desencadenante del drama. Con un "estilo" muy freudiano, el hijo que ha alcanzado el máximo favor paterno, que ha sido estimulado con los más altos premios, decide en un momento trágico independizarse del amoroso abrazo y, por su propio camino, conseguir el mismo poder detentado por el padre.
Planteada así, no es una historia de amor, sino de lucha de poder. El favorito, el más preciado general, sucumbe ante su propio orgullo y encabeza una rebelión condenada al fracaso. (VEN Y OBSERVA ISRAEL, la rebelión contra Jesús de Nazaret hoy está condenado al fracaso más estrepitoso, no se sabe si son hijos traviesos o estúpidos, los que van a favor del caos y la destrucción, que es: Ir contra la Ley del Amor y la Vida. ) Los que plantean la tesis extraterrestre como trasfondo de los acontecimientos divinos y religiosos, no dudan en encontrar en Satanás a la figura del general rebelde. El ángel caído buscó la complicidad del hombre para intentar de nuevo la rebelión; pero Dios advierte que el peor de los castigos aguarda a aquellos de los humanos que sucumban a la tentación de Satanás. En los tiempos que vivimos, esta advertencia de Dios, se debe tener muy en cuenta.
Hace falta ser muy ingenuo para creer en un Dios con barbas blancas y un triángulo detrás de la cabeza; Dios, Jesús, María la Virgen, los Santos Arcángeles, los Ángeles, incluso los diablos representan una edad de treinta años; Dios es igual que Jesucristo, pero, Dios es un gigante que asoma por el cielo (esa es mi visión, siempre aparece igual, sobre la tierra, suspendido en el aires del cielo); Jesús es un Hombre, normal, perfecto y bello; el Diablo Lucifer es un hombre con patas de cabra, no tiene cuernos, aunque sí que he visto demonios con cuernos; a Lucifer le gusta llevar una corona de oro sobre su cabeza. Lucifer es el gran tentador, es el seductor de Eva...
Deben saber que Dios no premia ni castiga. Cada cual recibe según lo que ha sembrado en esta y en otras vidas anteriores. Dios, a través de la naturaleza da de todo para todos saciar su sed y su hambre. Las turbulencias atmosféricas, son causadas por el karma grupal; estudia metafísica Cristiana. Estas graves crisis -financiera, energética y alimentaria- se producen simultáneamente, convergen y se entremezclan. cada una de ellas actúa sobre las otras dos. Se estimulan. Y así amplifican, de manera exponencial, la degradación de la economía real. Constituyen el saldo deplorable de cuatro décadas de neoliberalismo. (Que se puede decir, sustentada y auspiciada por el satanismo y Lucifer, azuzando a sus lacayos).
<<Según Joseph Schumpeter, la innovación tecnológica y la acción del emprendedor, en un marco de libre competencia, ponen en movimiento la economía y la sacan de un estado estacionario, lo ual provoca una crisis. Por ende, ésta sería, según él, una simple consecuencia de la innovación y un aspecto inherente a la lógica del capitalismo. La crisis es, en cierta forma, <natural>>. Una fase necesaria e incluso saludable para el progreso económico. Schumpeter teoriza esto al hablar de <<destrucción creadora>>.
<<Las víctimas de las crisis -trabajadores despedidos, ahorristas aniquilados, pequeñas empresas arruinadas- sólo son, a su parecer, <<daños colaterales>>. Lo importante es que, cada vez, el capitalismo salga de ellas reforzado... hasta la crisis siguiente.>>
<<El austriaco Friedrich von Hayek es mucho más ideólogo. es el verdadero pensador, el profeta de los neoliberales. Critica toda forma de regulación de la economía con el pretexto que ésta sería demasiado compleja como para pretender organizarla. Defiende una concepción mínima del Estado, una <<democracia limitada>>, y preconiza la suspresión de las intervenciones sociales y económicas públicas. Su objeto principal. derribar el <<Estado providencia>>.
<<su concepto de <<estado mínimo>>, desprovisto de todo poder de intervención económica, y su idea del <<mercado que siempre tiene razón>>, cuya <autorregulación espontánea>> no debe ser planificada (apología del <<laissez-faire>>), se convirtieron, durante tres décadas, en los pilares de un dogma cuasi religioso para los neoliberales. Una <<verdad Única>> en materia de economía.>>
<<Hayek consideraba que el <<Estado mínimo>> permitía escapar al poder de la clase media. la cual, según él, controla el proceso democrático con el fin de obtener la redistribución de las riquezas en su propio favor por medio de la fiscalidad. Otra tesis de Hayek: el Estado no debe garantizar, en nombre de la <<justicia social>>, la redistribución de la riqueza. En sus dos obras más conocidas, Camino de servidumbre (1944) y Los fundamentos de la libertad (1960), Hayek expuso su programa: desregular; privatizar, limitar la democracia, suprimir las subvenciones para la vivienda y el control de los alquileres, (he aquí, el porqué no se construyen viviendas públicas y sociales, desde hace muchos años...) disminuir los seguros de desempleo, reducir el gasto de la seguridad social y, por último, quebrar el poder sindical. (Esto casi lo han conseguido, los sindicatos duermen en los laureles y los políticos son abejas voladoras, perezosas que vuelan sobre los tarros de miel, mojando sus patas).
<<Llegará hasta el punto de proponer, en 1976, la desnacionalización de la moneda, es decir, la privatización de los bancos centrales para someter la creación monetaria a los mecanismos del mercado... Estas ideas terminaron imponiéndose entre los economistas liberales opuestos al británico John Maynard Keynes (1883-1946), inspirador de las políticas del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt y los acuerdos de Bretton Woods de 1944. Para Keynes, el pleno empleo era un objetivo decisivo. Pensaba que el capitalismo necesitaba del Estado para estimular la economía por medio de inversiones públicas. También consideraba que los mercados funcionaban mejor si estaban enmarcados por mecanismos de regulación decididos por el Estado.>>
<<Opuesto a las tesis keynesianas -que no habían podido impedir la <<estanflación>> (inflación sin crecimiento) de las economías occidentales durante la década de 1970-, los adeptos del neoliberalismo, ayudados por una impresionante batería de think tanks, van a imponer sus análisis. Estás ejercerán una hegemonía intelectual excepcional en el campo de la teoría económica. Y se impondrán en las practicas gubernamentales tras de la elección de margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos. Prueba de este dominio intelectual, en 1974 Hayek recibe el premio Nobel de Economía. Premio también otorgado a no menos de sus amigos ultraliberales: Milton Friedman (1976), George Stigler (1982), James Buchanan (1986), Ronald Coase (1991) y Gary Becker (1992)>>.
Milton Friedman y la violencia capitalista
<<El tercer <<oráculo>>, cuyas tesis tuvieron una influencia decisiva al momento de imponer la corriente neoliberal, es Milton Friedman. Este teórico estadounidense es el instigador de la nueva violencia capitalista. Su primer postulado es: <<El libre mercado es un sistema científico perfecto en el cual particulares que actúan en su propio interés crean, para todos, la mayor cantidad de ventajas posibles>>. Según él, el Estado tiene como única función <<proteger nuestra libertad de sus enemigos externos y de nuestros propios ciudadanos. Hace que reinen la ley y el orden, hace que se respeten los contratos privados y favorece la competencia>>. Eso es todo. Pero lo más importante es que no se ocupe de la economía. Y debe promover el laissez-faires y el librecambio.>>
<<Según Friedman, la toma del poder (sea por las elecciones democráticas o por un golpe de Estado) tiene como principal objetivo imponer de modo inmediato cambios económicos radicales. Cualquiera sea el coste social: Un nuevo gobierno -afirma- goza de un período de gracias de seis a nueve meses durante el cual puede operar cambios fundamentales. Si no aprovecha para actuar con determinación, no volverá a presentarse una ocasión semejante.>>
<<Durante este corto período, las nuevas autoridades deben poner en funcionamiento su nueva concepción económica, recurriendo, si es necesario, a una <<terapia de shock>>. Al mismo tiempo, deben desarrollar una gran campaña de propaganda a través de los medios de comunicación propios y afines, repitiendo hasta el cansancio que toda dificultad económica -por ejemplo, un número creciente de desempleados- es consecuencia de un <<mercado que no es suficientemente libre>>. (Alerta en Alemania, van a cerrar las fábricas de coches y van a por la tercera guerra mundial, PAZ).
<<El fanatismo económico llevó a algunos de estos economistas a colaborar con gobiernos dictatoriales. El propio Milton Friedman viaja a Chile en marzo de 1975, donde muchos de sus ex alumnos de la Universidad de Chicago son consejeros del general Augusto Pinochet, y se reúne con el icador el 21 de marzo. Su visita es un <<<éxito>>. Poco después, las autoridades chilenas lanzan su <<terapia de shock>>: privatización de empresas del sector público, adopción del librecambio y supresión de las barreras aduaneras, liberalización de los precios de miles de productos, reducción del presupuesto del Estado y despido de miles de funcionarios, autorización a los inversores extranjeros para repatriar la totalidad de sus ganancias, anulación de las leyes que protegían a los trabajadores, <<flexibilidad>> en el empleo, privatización de los sistemas de salud y de jubilaciones, etcétera. (Y, para todo esto provocan crisis políticas, económicas financieras, de salud y guerras). Señor Dios, todo esto es obra de los lacayos del Diablo Lucifer. ¿Hasta cuando Señor Dios, hasta cuando...? Amén
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor Dios, Padre, se prepara una noche larga. Mira, las nubes negras avanzan empujadas por los caballos del Apocalipsis. Sangre y hojas de papeles secas corren como avecillas inquietas. Una ONU vacía. Unas gotas de tinta seca, borrada de las leyes de los Derechos Humanos. La Carta Magna, la ha mojado una cuantas gotas gordas de lágrimas de las madres de los soldados, las gotas de lluvia han empezado a caer en este otoño caliente, mu, muy caliente, tanto que el mismo presidente de la ONU Antonio Gutérre, dice que el mundo está sobre un barril de pólvora. ¡Hombre ya era hora! Sólo han muerto unos miles de soldados y el guardia que estaba en la puerta. La cara la tienen dura. La cartera del ministerio vacía. Su monedero y su cuenta del banco llena hasta rebosar. A la entrada de la ONU el candil. Desde el interior de la garita del televisor un hombre avisa, España se prepara para una tormenta tropical, Señor Dios desviala hacia donde viven los egoístas. Más estropicios para ESPAÑA NO ME NIEGO. No acepto más que lluvia fina abundante. Para poder sembrar las papas de la Colonia de Monte Algaida. ¿A ti te gustan las tortillas de papas? Gracias Señor Dios sé que la tormenta tropical se quedará como las pensiones de las criadas de España, pobre y raquítica. Así será. Gracias, muchas gracias. Oración por la Paz Global. Esto se nos está yendo de las manos. ¡AYUDA PADRE! Por favor, ayuda a la Paz.
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