miércoles, 11 de septiembre de 2024

El Bosque Mágico - En busca de la Verdad. 5º

 En la noche más oscura de la conciencia, es de sospechar, que el ser humano comenzó a tener conciencia de la muerte y de la vida desde los primeros tiempos de su racionalidad, es decir, desde el instante en que, a diferencia de los animales irracionales, se supo capaz de experimentar el sentido de la existencia y de su relación holística con el entorno; seguramente, desde que se dio cuenta que su propia esencia y de su dependencia radical de los semejantes con los que compartía el devenir cotidiano. 

El hallazgo de sepulturas procedentes de los primeros estadios evolutivos de la Humanidad nos ha permitido comprobar que el ser humano, desde muy temprano, tenía una explicación, por primitiva que fuera, del hecho de morir. Y que esa explicación le llevó a tratar de un modo determinado los cadáveres de sus congéneres más inmediatos, procurando, mediante ritos primitivos, que los cuerpos de los muertos recibieran el tratamiento adecuado a un tipo de tránsito cuya naturaleza, como es lógico, se nos escapa en los detalles, pero que delata el convencimiento de que creían en algún género de pervivencia, que se prolongaría más allá del tránsito de la muerte. ¿A qué, si no, la costumbre de guardar cuidadosamente los cuerpos, de defenderlos de los peligros que suponía ser encontrados por los animales salvajes, de rodearlos de alimentos y de acompañarlos con los objetos que se supone que formaron parte de sus pertenencias más inmediatas?

¿Por qué esas posturas fetales en que se les colocaba, como indicando que se les devolvía al útero primigenio de la Tierra, y por qué aquellos amuletos de conchas y huesos de carácter mágico que cabe suponer que tendrían la función de defender al muerto de los peligros de un mundo radicalmente desconocido al que, al parecer, irían a parar al extinguírseles la vida? A poco que meditemos sobre estos testimonios primitivos, y aunque sin ningún documento de mayor fiabilidad nos permita asegurar nada irrefutable sobre las creencias de la Humanidad primitiva, el hecho mismo de la desaparición  de un miembro de la comunidad -familia, clan o tribu- fuera acompañado de ritos mágicos o religiosos, nos indica la creencia compartida en un estadio ultraexistencial que se supondría prolongado más allá de la muerte física del individuo.

Y la circunstancia de que esos ritos fueran acompañados de ofrendas alimenticias o utilitarias, intencionadamente puestas allí para que el muerto pudiera hacer uso de ellas, lo mismo que eventualmente habría hecho en vida, parece ponernos sobre la pista de un destino <<post mortem>>, que se supondría también terrestre, o tan paralelo a la existencia cotidiana que podían servirle los mismos elementos que le habían sido útiles o imprescindibles en vida.

Muchos antropólogos se han empeñado en situar en paralelo las creencias mantenidas hoy por determinados pueblos de culturas prelógicas con las que supuestamente pudieron mover a la Humanidad que llamamos prehistórica. Más aún, han intentado deducir cómo discurriría la vida sobre la Tierra en los milenios que siguieron a la aparición de la Humanidad, atribuyendo a aquellos homínidos una mentalidad igual o muy semejante a la que todavía persiste en rincones del planeta a los que apenas han llegado las presuntas ventajas de nuestra civilización.

La idea es sólo parcialmente válida, puesto que el ser humano se compone, en gran parte, de milenarias experiencias genéticas y, sobre todo, hereditarias. Y es el caso que esos millones de años, aunque no hayan logrado que ciertos grupos humanos alcancen las reconocidas cimas tecnológicas y culturales de las que tan orgullosos nos sentimos, han venido conformando las conciencias, por más distintos que hayan sido los ritmos del progreso en los más dispares rincones del Planeta.

En cierto modo, los principios religiosos y espirituales que atan a la práctica totalidad del Género Humano son producto de una evolución, aunque esa evolución no tenga muchas veces nada que ver con descubrimientos y progresos tecnológicos, sino con la progresiva madurez de la conciencia colectiva.

 Y el sentido de la Dualidad, que es el que marca el esquema de cualquier creencia religiosa, diferenciando en los individuos el Bien del Mal, la Vida de la Muerte y lo Sagrado de lo Profano, no llegó a formar parte de la estructura humana sino después de miles y miles de años de evolución, durante los cuales nuestros primeros ancestros, en estado puro de Conciencia Natural, sintieron de manera instintiva y radical su identidad con el entorno, su condición de parte integrante de un Todo armónico que comprendía desde la criatura más insignificante de la tierra hasta las manifestaciones cósmicas más espectaculares, grandiosas e incomprensibles.

Un alba de la Era del Acuario, repleta de preguntas. Al margen de progresos materiales y de primigenios descubrimientos tecnológicos, desde el palo convertido en prolongación del brazo para arrojar proyectiles a mayor distancia, hasta la piedra tallada para ser transformada en instrumento de guerra o de caza, la evolución humana ha de medirse por la capacidad de los individuos para formularse preguntas. Es decir, que la conciencia, en su sentido más auténtico, nace en el instante preciso en que los seres humanos dejan de conformarse con la evidencia inmediata de lo que les rodea y comienza a cuestionarse por lo que hay de desconocido en lo que se encuentra ante ellos en cada circunstancia de su vivir cotidiano.

 Y será tópico o evidencia, suposición o realidad, pero no cabe duda de que esos seres humanos comenzaron efectivamente a poner en funcionamiento sus facultades mentales y espirituales a partir del instante en que fueron capaces de preguntarse por su particular identidad, por sus orígenes y por su destino; es decir, cuando se plantean el ¿que soy?, el ¿de donde vengo? y el ¿a donde voy?.

Difícilmente podríamos asegurar ni cómo ni por qué ni cuándo comenzaron a ser planteadas estas preguntas, pero los indicios -los escasísimos indicios que hemos llegado a descubrir- parecen indicarnos que el primer conato de respuesta trascendente que tuvo la Humanidad fue la evidencia de que esa Tierra que presidía el nacimiento y la vida, la que marcaba el ritmo de la fecundidad y de la fertilidad, la que proporcionaba el alimento y el abrigo, tenía que ser, por necesidad, la entidad sagrada de la que todo procedía y a la que todo tendría que ir a parar, para ser transformado y devuelto en estado puro a las criaturas que vivían en la Tierra y de la Tierra. 

Del mismo modo, cabe suponer que el ser humano comprobó tempranamente que esa Tierra, con sus facultades vitalizadoras y con su capacidad engendradora, era inabarcable y, en cierto sentido, infinita. La misma virtud fecundadora, era inabarcable y, en cierto  sentido, infinita. La misma virtud fecundadora, sólo que a niveles microcósmicos, la poseía la mujer y, por extensión, todo lo femenino que habitaba sobre el Planeta, la Tierra.

Mucho antes que el Hombre tuviera conciencia de su propia importancia genética como padre, tuvo la evidencia de la facultad maternal de su compañera. Y, cuando aún vivían los tiempos del alba de la identidad humana, el instinto corroboraba que esa Tierra sagrada y fecunda tenía su paralelo en lo inmediato femenino: en la mujer capaz de parir y en las hembras de las bestias, que engendraban a sus crías y contribuían con ello al mantenimiento de la vida. (Unas veces nos reencarnamos en hombre o otras en mujer, o en el género que corresponda; los afeminados ya vienen así desde el vientre, no se hacen por el ambiente, o por la educación recibida. Y, merecen todo el respeto, dejarlos ser como son ellos. Los indios americanos, decían: Son seres humanos de doble espíritu).

En un tiempo en el que el ser humano, seguramente, carecía aún de una conciencia capaz de identificar el sentido de lo infinito o de lo inconmensurable tal como lo concebimos hoy, la idea de lo sagrado no vagaba por las alturas de un firmamento ignorado, por unos cielos situados más allá del espacio, sino en la cercanía inmediata, aunque aún desconocida, de la propia Tierra: en las honduras de las cavernas, en las cimas de los montes o en las inmensidades invisibles de los lagos y de los mares.

Lo trascendente y desconocido estaba todavía al alcance de la mano, en el misterio de lo inmediato. Y así como el ser humano nacía del seno materno y crecía y se forjaba en contacto con el entorno, a su muerte, sus restos serían restituidos a la Tierra, que, convertida en Madre primigenia, permitiría tal vez que el muerto volviera a la vida en un nuevo parto sagrado, o transmitiría su espíritu a otra madre, para que ésta le devolviera la existencia a través de un ser que recogería la esencia inmortal del fallecido. (Oración por el rescate de los miles de muertos en estas guerras; las oraciones los pueden rescatar, de la esclavitud de las fuerzas oscuras; también frena, de ir al infierno por sus malas acciones).

Pues, sin duda, el hombre primitivo tenía la noción instintiva de que algo en los seres vivientes y en sí mismo no desaparecía con la muerte. Y nos dejó la prueba de sus convicción a través de cráneos trepanados y costillas abiertas, que delatan cómo los hombres creerían adquirir los poderes y los saberes de sus enemigos, devorando su corazón o su cerebro: el albergue intuido de sus cualidades inmortales.

En ese universo de sacralidad a flor de piel, cabe asumir, aunque sea con todas las reservas (pues ninguna prueba documental ha podido venir hasta ahora a corroborarlo) que nuestros más remotos antepasados tuvieron una creencia primaria de la reencarnación, fundamentada probablemente en el hecho evidente de que, al producirse la muerte, algo de aquel cuerpo que estuvo vivo se había marchado, dejando sólo el caparazón perecedero que habría que devolver al útero de la Tierra para que la Diosa Madre le insuflase de nuevo la vida que se escapó, o para que aprovechase aquella <<materia>> para fabricar otro ser que heredaría las cualidades presuntamente inmortales del que había desaparecido.

<<Ven y observa: todas las uniones de pareja en el mundo son difíciles de establecer ante este grado del Maljut, debido a que cuando la santa unicidad se establece en lo Alto para dar a luz almas, todas (208a) las almas, ya sea del aspecto masculino o femenino, salen desde adentro de ese mazal de lo Alto, que es el Iesod, que es como un río que hace fluir y surgir las almas desde lo Alto, y las saca y las entrega al maljut en dirección al Iesod, entonces las almas surgen del Iesod y son entregadas todas al Maljut, compuestas de lo masculino y lo femenino como uno, unidas, en este grado, en el Maljut.>>

<<Y luego, al descender a este mundo, el Maljut las separa a las almas masculinas de las almas femeninas, y cada una y una desciende a su sitio que le corresponde, es decir, al cuerpo de un hombre o al cuerpo de una mujer. Y luego, después de que se separan en este mundo, resulta difícil ante ese grado unirlas como en un principio, porque no se unen excepto de acuerdo con la conducta de la persona y a sus circunstancias, y entonces resulta muy difícil unirlas nuevamente porque cada uno ha tomado su propio camino. Y a pesar de que nosotros consideramos la formación de ciertas parejas como el resultado de situaciones impensadas o casuales, en realidad todo depende de lo Alto. Esta es la razón y por ello son difíciles las uniones de pareja delante de el Maljut como la partición del Mar de Juncos -Lam Suf-, porque el misterio del Mar de Juncos encierra el misterio de la partición del Maljut, denominada Mar, -por la influencia que recibe de todas las sefirot, los ríos que van al mar, y es denominada <<Juncos>> -Suf- debido a que es el final -sof- y la última de todas las sefirot- para abrir senderos en ella y recibir en su interior la abundancia espiritual que le llega de la Jojmá para endulzar sus juicios y tener el poder de hacer una cosa y su opuesto, por ejemplo, que los hijos de Israel atraviesen el mar en lo seco y los Egipcios al mismo tiempo se hundan en él.

Y lo mismo sucede cuando se une a un hombre y a una mujer, dos seres esencialmente opuestos, y todo este proceso espiritual de la partición del Maljut sucede en lo Alto. Y tal como se abren senderos y caminos en ella, es decir, para que la influencia de la Jojmá llegue al  Maljut, así ella se parte y se abre para influir abundancia de alimentos o provocar la unión de parejas en los entes inferiores. En pocas palabras, recibe y traspasa la influencia espiritual que le llega desde lo Alto. Y por eso se hace hincapié en que en realidad todo depende de lo Alto, ya que la posibilidad de influir y actuar en los mundos inferiores depende de su capacidad de recibir desde lo Alto.

Y para abrir las fuentes supremas nosotros debemos bendecirlos al Maljut a través del Birkat Hamazón, la bendición que recitamos tras las comidas, y con esto otorgarle poder desde lo bajo, para que a su vez sea bendecido desde lo Alto y se fortifique como corresponde. 

Y por ello está escrito: <<y bendicirás a -et- El Eterno>>, <<et>> precisamente, término que alude al Maljut. Y a este lugar debe mostrarse, ante Él, la saciedad y la iluminación del rostro.

Y a través de esto, también las sefirot supremas influirán en ella su abundancia, saciedad y riqueza. Pero al Otro Lado, cuando ejerce su dominio en el mundo, debe mostrarse ante él hambruna. Pues este mal grado es el hombre y no saciedad, porque entonces, en momentos como estos, la saciedad, que es la Santidad, no ejerce su dominio sobre el mundo.

Y por ello está escrito: <<Y comerás, y te saciarás y bendecirás a El Eterno, tu Dios>>, porque en tiempo de saciedad debe atraerse bendiciones al Maljut. Dijo Rabí Elazar: así es ciertamente, y así es necesario comportarse de este modo y de acuerdo con lo que acaba de explicarse. Dijo Rabí Iehuda: ¡Bienaventurados son los justos que su acto de acercarse uno al otro provoca la Paz del Mundo! Debido a que saben a través de su estudio de la Torá forjar unificaciones y generar cercanía para aumentar la Paz del Mundo.

Y una prueba de esto es que he aquí que Iosef y Iehuda, hasta que no se acercaron uno al otro, no había paz.

Debido a que se acercaron Iosef y Iehuda, como uno, entonces aumentó la Paz en el Mundo y se agregó alegría en lo Alto y en lo bajo. Y así como la cercanía de Iehuda y Iosef provocó esto que todas las tribus se encontraron como una con Iosef, y esa aproximación aumentó la Paz del Mundo, tal como explicamos, tal como está escrito: <<Iehuda (Judá) se le acercó y dijo: <<Si me permite, señor mío, su sirviente desea hablar una palabra a los oídos de mi señor y que no se despierte su ira con su sirviente, pues usted es como el Faraón>> (Génesis 44:18).

El relato de la Torá describe que <<Iosef (José) ya no pudo contenerse en presencia de todos los que estaban ante él y exclamó: <<¡Que todos sean sacados de mi presencia!>>. Y así no quedó nadie con él cuando Iosef )José) se hizo conocer a sus hermanos>> (Génesis 45:1).  Rabí Jia abrió su enseñanza y dijo citando un versículo: <<Él da generosamente a los necesitados, su justicia perdurará para siempre, su gobierno será exaltado con honor>> (Salmos 112:9). Es decir, se resalta la importancia suprema del precepto de la caridad.

Ven y observa: El Santo, Bendito Sea, creó el mundo y puso por gobernante al Hombre para que sea rey sobre todo si se hace merecedor de ello a través de sus buenos actos. Y de este hombre se separan de él, en el mundo, varios tipos diferentes de personas: hay entre ellos justos, y hay entre ellos malvados; hay entre ellos tontos y entre ellos sabios. Y todos existen conjuntamente en el mundo, ya sean ricos y pobres, y todos los creó el Santo, Bendito Sea, para que en su interacción obtengan méritos unos de otros.

Significa: para que se hagan merecedores los justos con los malvados a través de que los aproximen al camino del bien y los hagan retornar en arrepentimiento; y que se hagan merecedores los sabios con los tontos a través de enseñarles conocimiento con paciencia y dedicación, y que se hagan merecedores los ricos con los pobres dando abiertamente caridad. Pues a través de esto el hombre se hace merecedor de la Vida en el Mundo Venidero y también de conectarse con el Árbol de la Vida. 

Y no sólo esto sino que la caridad que él hace existe y le pertenece para siempre, incluso cuando abandona este mundo, tal como está escrito: <<Él da generosamente a los necesitados, su justicia perdurará para siempre, su gobierno será exaltado con honor>> (Salmos 112:9).  También se enseña sobre el mismo versículo: <<Él da generosamente a los necesitados, su justicia perdurará para siempre, su gobierno será exaltado con honor>> (Salmos 112:9), que Rabí Elazar dijo y explicó que cuando el Santo, Bendito Sea, creó el mundo, lo estableció sobre un pilar y su nombres es <<tzadik>> es y representa la existencia del mundo. Y esto es a través de que irriga y nutre a todo con la abundancia que transmite, tal como está escrito:

<<Del Edén surge un río que riega el jardín, y de allí se divide y se transforma en cuatro cursos de agua>> (Génesis 2:10)... Y muchos son los que aguardan recibir de allí la abundancia del agua y del alimento espirituales provenientes del Maljut. Tal como está dicho: <<Los ojos de todos en Ti esperan y Tú les provees a tiempo su alimento>> (Salmos 145:15). Y debido a esto está escrito en el versículo que analizamos: <<Él da generosamente a los necesitados ...>>, lo cual se refiere al justo; y por ello <<su justicia perdurará para siempre>>, lo cual se refiere a la Congregación de Israel, que debido a esto ella existe por siempre en el misterio de la completitud con existencia completa.

Ahora bien, la continuación que enseña que <<el malvado lo verá y se encolerizará>>, hará crujir sus dientes y se deshará, la ambición de los malvados se perderá>> (Salmos 112:10): se refiere al reino del mal, al Otro Lado, que se enoja y se encoleriza contra todo lo referente a la Santidad. (El que se pica, ajos come).

Ven y observa: el reino de los Cielos es el misterio del Templo, del cual se otorga influencia de vida y alimento espiritual a todo el mundo, para dar existencia a todos los pobres a la sombra de la Shejiná. Y el justo, el Iesod, es denominado el <<encargado se colectar la caridad>>... Sigue leyendo el Vol. VII EL ZOHAR. Los demonios se frotan las manos y están afilando las puntas de sus lanzas. No me creas. Consulta el Libro de tu Vida, haber que ves.

Ser testigo de Jesús vivo, yo soy una. He visto a Jesús en vivo y en directo, en mi casa. Un día, lloraba desesperada, yo lo llamé: ¡Jesús, Jesús!, si es verdad que Tú existe ven. Se plantó delante de mí en ese instante. Bello, bellísimo de pies a cabeza... Corriendo el tiempo, lo he visto muchas veces, durante las meditaciones y en las regresiones a vidas anteriores, lo ví en varios sueños. Soy un testigo de Jesús vivo. No solo valen nuestras consideraciones, nuestros pensamientos o sentimientos para entrar en la experiencia de la resurrección. Es necesario escuchar a los testigos e incorporarnos a la corriente de transmisores de lo que hemos recibido.

Eclesiástico 3,2-6.12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos. Quien honra a su padre expía sus pecados, y quién respeta a su madre acumula tesoros. Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado. Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor. Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza. Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor. Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

(Viendo las noticias "apócrifas" es decir: "Ocultas". Las noticias que sacan los sabios valientes en YouTube, que se están rebelando contra el sistema corrupto del mundo, dicen, que raptan a los jóvenes para llevarlo a la guerra como soldados de una guerra que no es su guerra, que no tiene nada que defender. ¡Quién como Dios! Hazte cargo de todos los malvados, llevalos donde corresponde a los malvados crueles. Amén. Muchas gracias.)

Salmo 127, 1 bc-2.3.4-5

R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Colosenses 3,12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. Que la paz de Cristo reune en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.>> (Los padres de Jesús, son Dios en el Espíritu Santo y la Virgen María, José es el esposo de María, y padre... de Jesús. José y María tuvieron hijos e hijas; yo soy una de las pocas afortunadas que he visto la Casa de la Virgen María y José. La he visto cocinando. Cuidando de sus hijos, un niño Jesús de ocho años, muy inquieto, exigente con la comida, como no estaba a punto, María, lo toma en su regazo y le da de mamar. Una escena, que reconforta el corazón con un inmenso amor y una paz, que la quiero para todo el mundo y para todo y todos. Su casa es una fiesta, un oasis de ternura, de amor, de dulce frescura)...

La paz es posible. Cuando la gente que maneja la riqueza del mundo despierte y deje de adorar a Lucifer. Para eso haría falta un vendaval... Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor, que no le roben a los ucranianos, ni a nadie sus HIJOS. Que no nos roben la vida. Que no nos roben la paz. Que no nos roben en la ONU ni en la UE, y si roban ¡muestra Tu Justicia! Así sea. Amén.

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