martes, 17 de septiembre de 2024

El Bosque Mágico - En busca de la verdad 9º

 En este tiempo, tan siniestro, tan convulso, quizás, como en todos los tiempos, como en todos los siglos de la Historia de la Humanidad del que tengo un poco de conocimiento, a través de mis regresiones a vidas anteriores y, lo que he podido ver en el Libro de mi Vida. ¿Dios mira nuestras lágrimas? Lágrimas derramadas por las madres, por la muerte de sus hijos, desde el comienzo de los tiempos, es decir, desde el Génesis. ¡Caín mató a Abel! Imagino los gritos de Eva y, sus lágrimas, es hoy el reflejo de tantas mujeres desprotegidas, viendo a sus hijos sin futuro y, con el corazón lleno de lágrimas y desesperanza, se cruza al escuchar este evangelio del resucitado por Jesús en la ciudad de Naín. Es hoy, el llanto de la viuda que ha perdido todo cuanto tiene, en un mundo que la desprotege y la deja en la más completa soledad, y, además, ven salir su hijo, a luchar, en una guerra despiadada, donde no hay vuelta atrás, según dicen, los soldados, a los que han infiltrado la verdad de las noticias de lo que acontecen en el frente de los que luchan en Ucrania, es cierto esto, ¿a los soldados heridos los están rematando para no darles pensiones? Para no tenerlos por lastre. Se llena el corazón de desesperanza.

Matilde Asensi, escritora del libro El último Catón, dice: <<Crear, personajes e historias utilizando las palabras como herramientas es una actividad que sólo puede llevarse a cabo en soledad y, en mi caso, además, en silencio y por la noche. Sin embargo, con la luz del sol, necesito a mi alrededor a todas esas personas que, conmigo comparten este hermoso e increíble proceso que es escribir una novela. Sería, pues, muy egoísta por mi parte ignorar públicamente su colaboración y hacer creer a los lectores que soy la única que está detrás de la obra que ahora tiene en sus manos. De modo que, en primer lugar, quisiera dar las gracias a Patricia Campos por su incansable apoyo, por leer todos los días lo poco o mucho que iba escribiendo y por releer el texto todas las veces que hiciera falta sin quejarse nunca, ofreciéndome acertados comentarios, críticas y sugerencias. 

En segundo lugar, a José Miguel Baeza, por su inestimable auxilio en las traducciones de griego y latín y por ser el mejor documentalista del mundo: es capaz de encontrar el dato más extraño en el libro más extraño. En tercer lugar, a Luis Peñalver, concienzudo y meticuloso corrector de estilo, argumento y datos históricos; el crítico más duro que puede tener un escritor. No contaré detalles de hasta dónde es capaz de llegar, pero todos los que aparecen en esta página conocen inolvidables anécdotas que nos han hecho reír a carcajada limpia.

En cuarto lugar, a esas personas que, con una finalidad asombrosa, iban leyendo la novela en fascículos y me servían tanto de laboratorio experimental (sin ellas no podían resolver ciertas cosas, tampoco podría el lector) como de estímulo constante: Lorena Sancho, Lola Gulias (de la Agencia Literaria Kerrian) y Olga García (de Plaza & Janés).

Y, por último, sin que esta posición en el ranking suponga una menor importancia sino todo lo contrario, mi agente ( o agenta, como yo la llamo), Antonia kerrigan, una persona en la que confío ciegamente porque, si hoy estoy escribiendo esta tabla de agradecimiento y si los lectores tienen este libro entre sus manos es gracias a ella, a su fe en mí y a su energía a la hora de apostar y luchar por mis novelas.

No podría de ninguna manera terminar esta página sin mencionar a mi editora preferida. Carmen Fernández de Blas. Dicen que las dos cosas más personales que tiene un autor son su agente y su editor. Pues bien, es cierto: Carmen ha sido mi editora desde que publiqué mi primera novela y siempre la consideré como tal aunque los azares del mundillo editorial giren como norias y ella ahora cuide, mime y proteja a otros autores como me ha cuidado, mimado y protegido a mí durante  su magnífica etapa en Plaza & y Janés. Vaya por delante que pienso seguir llamándola <<mi editora>> por los siglos de los siglos. Amén>>.

 (Reconoce, la autora, que todo funciona desde una comunidad unida, cada cual aporta su parte, para dar a luz la gran obra. Todo parto es doloroso, pero trae consigo un potencial de infinita felicidad. El punto, germen del universo. <<El punto es la semilla del universo. Por una parte es la gran <<nada>>, que contiene todo el potencial de la creación. Al punto se le denomina <<Dios en paz>>. Dios reposa en sí mismo, sin pretender conocerse o reflexionar, ni siquiera con pensamientos sobre sí mismo. Dios Es simplemente. El punto es el puro Ser. Cuando se utiliza el símbolo como signo de puntuación, <<poner un punto>> significa que terminamos algo, acerca de lo cual no hay nada más que decir. Después podemos comenzar una nueva frase, una nueva afirmación.>>)

No ceen, que debemos poner un PUNTO a nuestra situación, en nuestra vida. Hay muchas cosa en nuestra existencia que no merece la pena ser continuado, ya ha concluido la Era de Piscis. Seguir persiguiendo este asunto, seguir hablando desmesuradamente  sobre él no haría más que gastar innecesariamente nuestra energía, es tirar nuestra vida. <<Pongo un Punto>> a este tema que está ocupando desde hace siglos a la Humanidad: ¡Fin a las guerras!Ya ha llegado el momento de terminar con ello. Es positivo en este momento hacer un análisis del Génesis de la Creación. Es importante en este momento no querer nada ni tener que hacer nada. De ahí surge una fuerza nueva, tu potencial como humano, que pronto necesitarás con urgencia. Tu mundo lo creas desde la tranquilidad de tu centro. Lo que tu piensas, y sientes, lo creas. El Acuario limpiará, todo lo viejo y sucio que se resiste, ya, está escrito en las sagradas escrituras ve, lee. ¡Con Dios es más fácil vivir! El Demonio, lo que te da, te lo quita.)

<<Las cosas hermosas, las obras de arte, los objetos sagrados, sufren, como nosotros, los efectos imparables del tiempo. Des el mismo instante que su autor humano, consciente o no de su armonía con el infinito, les pone punto y final y las entrega al mundo, comienza para ellas una vida que, a lo largo de los siglos, las acerca también a la vejez y a la muerte. Sin embargo, ese tiempo que a nosotros nos marchita y nos destruye, a ellas les confiere una nueva forma de belleza que la vejez humana no podría soñar en alcanzar;  por nada del mundo hubiera querido ver construido el Coliseo, con todos sus muros y gradas en perfecto estado, y no hubiera dado nada por un Partenón pintado de colores chillones o una Victoria de Samotracia con cabeza. 

Profundamente absorta en mi trabajo, dejaba fluir de manera involuntaria estas ideas mientras acariciaba con las yemas de los dedos una de las ásperas esquinas del pergamino que tenía frente a mí. Estaba tan enfrascada en lo que hacía, que no escuché los toques que el doctor William Baker, Secretario del Archivo, daba en mi puerta. Tampoco le oí girar la manija y asomarse, pero el caso es que, cuando me vine a dar cuenta, ya lo tenía en la entrada del laboratorio. -Doctora Salina- musitó Baker, sin atreverse a franquear el umbral-, el Reverendo Padre Ramondino me ha rogado que le pida que acuda inmediatamente a su despacho.

Levanté los ojos de los pergaminos y me quité las gafas para observar mejor al Secretario, que lucía en su cara ovalada la misma perplejidad que yo. Baker era un norteamericano menudo y fornido, de esos que, por su linaje genético, podían hacerse pasar sin dificultades por europeos del sur, con gruesas gafas de montura de concha y unos ralos cabellos, entre rubios y grises, que él peinaba meticulosamente para cubrir el mayor espacio posible de su pelado y brillante cuero cabelludo.

-Perdone, doctor -repuse, abriendo mucho los ojos-, ¿podría repetirme lo que ha dicho? -El Reverendísimo Padre Ramondino quiere verla cuanto antes en su despacho. -¿El Prefecto quiere verme... a mí? -no daba crédito al mensaje; Guglielmo Ramondino, número dos del Archivo Secreto Vaticano, era la máxima autoridad ejecutiva de la institución después de Su Excelencia Monseñor Oliveira y podían contarse con los dedos de una mano las veces en que había reclamado la presencia en su gabinete de alguno de los que allí trabajábamos. Baker esbozó una leve sonrisa y afirmó con la cabeza. -¿Y sabe usted para qué quiere verme? -le pregunté, acobardada. -No, doctora Salina, pero, sin duda, debe ser algo muy importante. Como pude, me incorporé de la banqueta, apagué la lámpara y eché una dolorosa mirada a los dos hermosísimos códices bizantinos que descansaban, abiertos, sobre mi mesa. 

Había dedicado los últimos seis meses de mi vida a reconstruir, con ayuda de aquellos manuscritos, el famoso texto perdido del Panegyrikon de san Nicéforo y me encontraba a punto de culminar el trabajo. Suspiré con resignación... A mi alrededor el silencio era total. Mi pequeño laboratorio -amueblado con una vieja mesa de madera, un par de banquetas de patas largas, un crucifijo sobre la pared y multitud de estanterías repletas de libros-, estaba situado cuatro pisos bajo tierra y formaba parte del Hipogeo, la zona del Archivo Secreto a la que sólo tiene acceso un número muy reducido de personas, la sección invisible del Vaticano, inexistente para el mundo y para la historia.

Muchos cronistas y estudiosos habrían dado media vida por poder consultar algunos de los documentos que habían pasado por mis manos durante los último ocho años. Pero la mera suposición de que alguien ajeno a la Iglesia pudiera obtener el permiso necesario para llegar hasta allí era pura entelequia: jamás ningún laico habían tenido acceso al Hipogeo y, desde luego, jamás lo tendría.

Sobre mi mesa, además de los atriles, los montones de libretas de notas y la lámpara de baja intensidad (para evitar el calentamiento de los pergaminos), descansaban los bisturíes, los guantes de látex y las carpetas llenas de fotografías de alta resolución de las hojas más estropeadas de los códices bizantinos...>> Del libro El último Catón de Matilde Asensi. <<Bajo el suelo de la Ciudad del Vaticano, encerrada entre códices en su despacho del Archivo Secreto, la hermana Ottavia Salina, paleógrafa de prestigio internacional, recibe el encargo de descifrar los extraños tatuajes aparecidos en el cadáver de un etíope: siete letras griegas y siete cruces. Junto al cuerpo se encontraron tres trozos de madera sin valor. Todas las sospechas van encaminadas a que esos pedazos pertenecen, en realidad, a la Vera Cruz, la verdadera cruz de Cristo.>>

<<Acompañada por el profesor Boswell, un arqueólogo de Alejandría, y por el capitán de la Guardia Suiza vaticana. Kaspar Cláuser-Róist, la protagonista  deberá descubrir quién está detrás de la <<misteriosa desaparición>> de las <<relíquias de todas las iglesias de todo el mundo>> y vivirá una aventura llena de enigmas: siete pruebas basadas en los siete pecados capitales en las que Dante Alighieri y el Purgatorio de la Divina Comedia parecen tener las claves. Unas pruebas que les llevarán a siete ciudadanos -desde Roma a Antioquía, pasando por Rávena, Atenas, Jerusalén, Constantinopla y alejandría- en un arriesgado y emocionante itinerario en el que tratarán de averiguar quién es el último Catón.>>

Hablar en la actualidad de robo de códices, campanas que son cambiadas, por otras de menor valor, cualquier investigador no tendría nada que envidiar a Sherlock holmes, Miss Marple y Hércules Poirot, se les desafía a representar el papel de detective y solucionar el enigma particularmente misterioso ante el que se encuentra la sociedad mundial de hoy. ¿Porqué cambian las campanas, si saben que están conjuradas para eliminar las fuerzas oscuras, y alejar los espíritus inmundos de las iglesias y de todo el pueblo en sus alrededores? ¿Lo hacen por dinero? o ¿lo hacen para desprotegernos de manera maliciosa, según el plan de los...? 

Un truco profesional que puede ser especialmente efectivo en su arsenal de armas de persuasión consiste en plantear sugerencias sutiles durante un período de tiempo a un cliente o empresario. Esas sugerencias se quedarán grabadas en su mente, hasta el punto de que no las podrá borrar. Luego, en una fecha posterior, se presentarán con esa misma idea y la defenderán con gran entusiasmo, como si fuera propia. Una vez escuche las propias palabras que usted empleó originalmente, pero pronunciada ahora por la otra persona, sabrá que ha alcanzado éxito en sus propósitos. <<La manzana verdaderamente madura caerá del árbol en sus manos sin necesidad de tener que arrancarla activamente.>> 

La planificación, la creación de confusión, se está llevando a cabo ahora con más furia que en años anteriores. Ve y observa los miles de canales que van surgiendo, con propuestas como esta de: <<yo soy el loco y este el cuerdo>>. A raíz de ahí desmontan las verdades, inventando una nueva historia. Ve y observa. Cuida lo que ven los niños, los adolescentes inmaduros. Solo esperan a coger sus frutos. Son capaces de convencer a los demás seres humanos, de su forma de pensar y de su enfoque de la realidad. No obstante, debe recordar: La flor debe atraer primero a la abeja para que se produzca la polinización. Es más, los placeres de la persecución y la caza se hallan integrados en nosotros, como seres biológicos y, lo mismo que sucede con los demás seres del reino animal, debemos contar con una forma de anunciar a los demás que estamos aquí presentes. Por encima de todo, no permitan que le seduzcan con anuncios, camuflados, ... se ha demostrado que tales medios funcionan, los resultados hablan por sí mismo, mira cuantos se enganchan en esta época a las drogas, el alcohol, los cigarros, etc.

Rabí Jia abrió su enseñanza y dijo citando previamente otro versículo del libro de los Proverbios: <<Un rey a través del juicio sostiene a la Tierra, y un hombre soberbio la destruye>> Ven y observa: cuando el Santo, Bendito Sea, creó el mundo de lo Alto, en referencia al Mundo de Atzilut, rectificó y ordenó todo como corresponde, es decir, estableció los Rostros en tres líneas principales, denominadas la línea de la Bondad -derecha-, la línea de la Piedad -medio- y la línea del Rigor -izquierda-. E hizo surgir luces supremas que iluminan en todas las direcciones. Y en relación a su influencia sobre el aspecto masculino inferior todas son como una. 

Y ahora se detalla: creó los Cielos de lo Alto, que es el misterio del aspecto masculino inferior, y creó la Tierra de lo Alto, en referencia al maljut, para que todo se rectificara como uno al producirse la unificación de los aspectos masculino y femenino, y todo esto para beneficio de los entes inferiores que son los que finalmente reciben la abundancia. Es decir, se trata de una dinámica que comienza en las acciones de los hombres y en su servicio espiritual, y produce que, como consecuencia de tal despertar espiritual <<desde abajo>>, la influencia descienda desde los mundos supremos.

Ven y observa: lo que está escrito: <<Un rey a través del juicio sostiene a la Tierra, y un hombre soberbio la destruye. (Proverbios 29:4). ¿Quién es el rey al que se refiere el versículo? Es el Santo, Bendito Sea, en este caso en referencia a la Biná; << a través del juicio>>: en referencia a Jacob, que es y representa la existencia de la Tierra. Es decir, la Biná, influye de su abundancia espiritual sobre el aspecto masculino inferior que <<sostiene la Tierra>>, al Maljut...

En aquel tiempo, iba Jesús camino de la ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaban. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: <<No llores>>. Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: <<¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!>>. El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. Todos, sobre cogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo: <<Un gran Profeta ha surgido entre nosotros>>, y <<Dios ha visitado a su pueblo>>. Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante. (Y, más creció la envidia de los sacerdotes del Templo, y más soberbia iba creciendo entre ellos).

Dios mira nuestras lágrimas. El reflejo de tantas mujeres desprotegidas, sin futuro y con el corazón lleno de lágrimas y desesperanza, se cruza al escuchar este evangelio. Es el llanto de la viuda de guerra, que ha perdido todo cuanto tiene, en un mundo que la desprotege y la deja en la más completa soledad. Ven y observa la Historia, tú, unas veces eres el verdugo y otras las víctimas. Solo, somos víctimas de otras víctimas, enredadas en la Ley de la siembra.

Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Paz y alegría en toda la Tierra. Amén. Gracias mil.

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