jueves, 19 de septiembre de 2024

El Bosque Mágico - En busca de la verdad 10º

 Desde el principio de los tiempos, el hombre ha sentido la atracción por el mensaje escrito en ellas; así nos lo demuestra, el hecho de que se encuentren repartidas por toda la geografía de nuestro planeta multitud de cuevas prehistóricas con dibujos de manos. Desde hace tiempo se habla mucho de la Era del Acuario; es un tema que se suscita en conversaciones, no digamos ya en los círculos ocultistas: los astrólogos aseguran que, de hecho, no hemos entrado todavía en dicha Era, mientras que algunos videntes opinan todo lo contrario; dicen estos últimos que se está notando cada vez más la influencia acuariana en la humanidad a nivel de sensibilización de las gentes y por la caída de esta sociedad materialista de consumo en que vivimos. Aseguran que es un proceso lento, pero inexorable.

Lo cierto es que, de pronto, nos hemos visto envueltos en una oleada "invasora" de prácticas ocultistas, platillos volantes, brujería, una creciente influencia de religiones orientales que cada día están ganando más y más adeptos. Se puede advertir algo bastante claro: el ser humano parece estar cansado, agobiado por el peso de una vida más o menos mecanizada, y busca la liberación de esta carga a través de iniciaciones en lo misterioso, en lo esotérico. Por otra parte, esa atracción hacia lo desconocido, querer ahondar en los arcanos del gran conocimiento, es algo muy inherente al hombre. Lo malo es que muchas veces se equivoca y escoge caminos tortuosos que le conducen a errores lamentables.

La quiromancia tampoco podría ser una excepción dentro de esta amplia gama de ciencias con las que el hombre de la calle, en ocasiones, juega o cree conocer. Así, no es difícil encontrarse con personas -con frecuencia muy jóvenes- que leen a los transeúntes en las aceras o en el metro. Pero, ¿qué es realmente la quiromancia? Es una ciencia de las llamadas naturales, milenaria en el tiempo, ya que su origen se pierde en la noche de los tiempos, tan antigua como la existencia del hombre en la tierra; fruto de la investigación, del estudio del ser humano a través de sus manos. Pueblos de la antigüedad, como los hebreos, egipcios, asirios y caldeos, la practicaban ya; en realidad, ellos le atribuían un origen divino.

¿Pueden evitarse los males? Pertenece esta ciencia al grupo de las mancias, que forman parte, a su vez, del vasto campo de lo oculto. La quiromancia es una materialización o programación (plasmación, si se quiere) que traemos en las manos desde el claustro materno, antes ya de nacer, de la influencia cósmica kármica. De hecho, eminentes psicólogos han tratado de explicar el origen de este tipo de influencias reflejadas en nuestras manos; pero todo ha quedado en meras teorías. Sin tratar de dogmatizar, ni mucho menos, la materialización de nuestro destino y demás corrientes de la existencia humana sólo se podrían explicar aceptando la idea de fuerzas sobrenaturales, que actúan en nosotros; en suma, aquello que llamamos Dios.

Conviene especificar en cuanto a la diferencia que existe entre quiromancia y quirología. El primer término se refiere a la adivinación, por la mano, del destino, la suerte, el amor, etc.; aunque cualquiera que se adentre en su estudio se dará cuenta en seguida de que no tiene nada de mágico, sino que se basa en una serie de análisis bastante concretos. El segundo término comprende el estudio del carácter, personalidad, temperamento, salud y bastantes facetas más. De todas formas, hemos de resaltar la importante faceta científica que conlleva esta ciencia; si bien no todo el mundo está facultado para ejercerla.

El destino del hombre no está reflejado únicamente en la mano; hay también otras partes de la persona de donde se pueden sacar datos muy interesantes: la fisiognomía, por ejemplo; aunque son, en realidad, las manos quienes poseen más abundante y completa información de nosotros mismos.

Para un quirólogo experto, no resulta difícil ver y reconocer aquellos diagnósticos o acontecimientos que se van a producir con seguridad; es decir, éstos están trazados en el tiempo mucho antes de que sucedan. Por supuesto, para que un hecho determinado se cumpla, ha de estar reflejado, por igual, en las dos manos, izquierda y derecha. Aquí se puede plantear la pregunta: ¿Qué papel juega la voluntad o albedrío humano? ¿De qué forma se podrían evitar estos sucesos, en el caso de que fueran negativos?

En  diversas conferencias y escritos sobre quiromancia, ha sido muy frecuente poner un ejemplo muy a propósito del tema: una persona emprende un viaje. Supongamos que su destino es Madrid, por citar una ciudad. Imaginemos que en el plazo de tres días debe hallarse, indefectiblemente, en su punto de destino. Ese viaje, durante el plazo de tiempo con que cuenta, puede hacerlo cuando desee, pero sabe que deberá llegar en la fecha prevista al término de su viaje.

De una forma parecida ocurre con el destino del hombre. En nuestra dimensión, nos parece que somos autosuficientes para hacer y deshacer a nuestro capricho. Sin embargo, no es así; en las grandes coordenadas de la existencia, en lo decisivo, e incluso en otros aspectos no tan determinantes, el albedrío humano no puede cambiarlo o evitarlo totalmente.

Toda la verdad del hombre se encuentra escrita en sus manos, pero, la buena noticia, es que lo malo que vemos anunciado, se puede cambiar a bien, con la ayuda de Dios. Un ruego, una sencilla oración con fe, basta, para que las líneas rotas se unan, o se modifiquen a bien. La importancia de la quiromancia estriba en que, sabiendo de antemano cuánto nos va a deparar el futuro a nivel de enfermedades, relaciones amorosas, reveses de fortuna, suerte, trabajo y muchas circunstancias más, podemos mejorarlo en bastante medida.

Es una lástima que en nuestro país, por muy diversos motivos, no haya trascendido esta ciencia, de enorme utilidad para cada persona, cuando en varios países europeos ha sido de tanto interés a la hora de diagnosticar enfermedades, por ejemplo. El origen de la quiromancia es milenario: Aristóteles ya creía en la verdad que encierran los signos de las manos. El emperador Augusto, en Roma, la practicaba con verdadero entusiasmo entre sus personas más allegadas. Se sabe que fue posteriormente, en la Edad Media, cuando alcanzó el máximo auge a nivel de propagación.

Entre las mancias populares, seguramente es la Quiromancia la más extendida, y tal vez también la más practicada. Y, aunque ha sido -y lo sigue siendo- frecuentemente maltratada y desprestigiada hasta verse envuelta por el folklore  y la superchería, lo cierto es que en las manos -en sus líneas, montes y accidentes- parece hallarse escrita la vida de cada cual: la que fue y la que será, el pasado y el futuro.

Como un libro abierto, su lectura pone al descubierto los secretos más íntimos, y escudriña en el porvenir, al margen de todo principio y lógica, previendo lo que va a pasar. Y no es un instrumento válido de adivinación sólo para dotados, no es la mente la que <<¡ve!>>: es la mano la que informa. De manera que aprendiendo a leerla todos podemos ser adivinos, todos podemos ser quiromantes. Este sencillísimo tratado así lo demuestra. Sirviéndonos de él, probablemente sabremos más de nosotros mismos y podremos conocer mejor a los demás.>> QUIROMANCIA José A. Sanjuán.

<<Jesús me sorprendió cuando alimentaba la hoguera con una nueva carga de leña. -Jason -me dijo-, ¿no duermes? Sabes de la dureza de las próximas horas. Deberías descansar como todos los demás... Sentado junto al fuego le miré con curiosidad, al tiempo que le invitaba a responder a una pregunta que llevaba dentro desde que le había visto alejarse hacia el olivar: -Maestro, ¿por qué un hombre como tú necesita de la oración...? Porque, si no estoy equivocado, eso es lo que has hecho durante este tiempo...

El Galileo dudó. Y antes de responder, volvió a sentarse, pero esta vez junto a mí. -Dices bien, Jason. El hombre, mientras padece su condición mortal, busca y necesita respuestas. Y en verdad te digo que esa sed de verdad sólo puede aplacarla mi Padre. Ni el poder, ni la fama, ni siquiera la sabiduría, conducen al hombre al verdadero contacto con el reino del Esp´ritu. Es por la oración cómo el humano trata de acercarse al infinito. Mi espíritu empieza a estar afligido y yo también necesito del consuelo de mi Padre.

-¿Es que la verdadera sabiduría está en el reino de tu Padre? -No... Mi Padre es la sabiduría. Jesús recalcó la palabra <<es>> con una fuerza que no admitía discusión. -Entonces, si yo rezo, ¿puedo saciar mi curiosidad e iluminar mi espíritu? 

-Siempre que esa oración nazca realmente de tu espíritu. Ninguna súplica recibe respuesta, a no ser que proceda del espíritu. En verdad, en verdad te digo que el hombre se equivoca cuando intenta canalizar su oración y sus peticiones hacia el beneficio material propio o ajeno. Esa comunicación con el reino divino de los seres de mi Padre sólo obtiene cumplida respuesta cuando obedece a un ansia de conocimiento o consuelo espirituales. Lo demás, las necesidades materiales que tanto os preocupan, no son consecuencia de la oración, sino del amor de mi Padre.

-¿Por eso has insistido tanto en aquello de <<buscar el reino de Dios y su justicia...>>? -Sí. Jasón. El resto siempre se os da por añadidura... -¿Y cómo debemos pedir? -Como si ya se os hubiera concedido. Recuerda que la fe es el verdadero soporte de esa súplica espiritual. -Dices que la oración, así formulada, siempre obtiene respuesta. Pero yo sé que eso no siempre es así...

El Galileo sonrió con benevolencia. -Cuando las oraciones provienen en verdad del espíritu humano, a veces son tan profundas que no se pueden recibir contestación hasta que el alma no entra en el reino del Padre. -No comprendo... -Las respuestas, no lo olvides, siempre consisten en realidades espirituales. Si el hombre no ha alcanzado el grado espiritual necesario y aconsejable para asimilar ese conocimiento emanado del reino, deberá esperar,  en este mundo o en otros, hasta que esa evolución le permita reconocer y comprender las respuestas que, aparentemente, no recibió en el momento de la petición. -¿Esto explicaría ese angustiosos silencio que parece constituir en ocasiones la única respuesta de la oración?

-Sí. Pero no te confundas. El silencio o significa olvido. Como te he dicho, todas las súplicas que nacen del espíritu obtienen respuestas. Todas... Déjame que te lo explique con un ejemplo: el hijo está siempre en el derecho de preguntar a sus padres, pero éstos pueden demorar las respuestas, a la espera de que el infante adquiera la suficiente madurez como para comprenderlas.

<<La gran diferencia entre los padres humanos y nuestro Padre verdadero está en que aquéllos olvidan a veces que están obligados a contestar, aunque sea al cabo de los años. -Según esto, cuando muramos, todos seremos sabios...

-Insisto que la única sabiduría válida en el reino de mi Padre es la que brota del amor. Después de gustar la muerte, nadie será sabio si no lo ha sido antes en vida... -¿Debo pensar entonces que la demora en la respuesta a mis súplicas es señal de mi progresivo avance en el mundo del espíritu? Jesús me miró con complacencia.

-Hay infinidad de respuestas indirectas, de acuerdo con la capacidad mental y espiritual del que pide. Pero, cuando una súplica queda temporalmente en blanco, es frecuente presagio de una contestación que llenará, en su día, a un espíritu enriquecido por la evolución.

-¿Por qué resulta todo tan complejo? -No, querido amigo. El amor no es complicado. Es vuestra natural ignorancia la que os precipita a la oscuridad y la que os inclina a una permanente justificación de vuestros errores. Guardé silencio. Aquel hombre llevaba razón. Sólo los hombres tratan desesperadamente de justificarse y justificar sus fracasos... Levanté la vista hacia las estrellas y señalándole aquella maravilla, le dije: -¿Qué sientes ante esta belleza?

El Galileo elevó también sus ojos hacia el firmamento y respondió con melancolía: -Tristeza... -¿Por qué? -Si el hombre no es capaz de recibir en su alma la grandeza de esta obra, ¿cómo podrá captar la belleza de Aquél que la ha creado? -¿Es Dios tan inmenso como dices? -Más que pensar en la inmensidad de mi Padre, debes creer en la inmensidad de su promesa divina. Rebasa el espíritu del hombre y llega a producir vértigo en las legiones celestiales...

-Ya me lo explicaste, pero, ¿de verdad el acceso al reino de tu Padre está al alcance de todos los mortales? -El reino de nuestro Padre -me corrigió Jesús- está en el corazón de todos y cada uno de los seres humanos. Sólo los que despiertan a la luz del evangelio lo descubren y penetran en él.

-Entonces, ¿todas las religiones, credos o creencias pueden llevarnos a la verdad? -La verdad es una y nuestro Padre la reparte gratuitamente. Es posible que el gusto y la belleza puedan ser tan caros como la vulgaridad y la fealdad, pero no sucede lo mismo con la verdad: ésta sí es un don gratuito que duerme en casi todos los humanos, sean o no gentiles, sean o no poderosos, sean o no instruidos, sean o no malvados...

-¿A quién aborreces más? -En el corazón de mi Padre no hay lugar para el odio... Deberías saberlo. Guárdate sólo de los hipócritas, pero no viertas jamás en ellos el veneno de la venganza. -¿Quién es hipócrita? -Aquel que predica la vía del reino celestial y, en cambio, se instala en el mundo. En verdad te digo que los hipócritas engañan a los simples de corazón y no satisfacen más que a los mediocres.

-¿A quien estimas más: a un hombre espiritual o a un revolucionario?El Maestro sonrió, un tanto sorprendido por mi pregunta. Y posando su mano izquierda sobre mi hombro, repuso con firmeza: -Prefiero al hombre que actúa con amor... -Pero, ¿quién puede llegar a amar más? -Pregunta mejor, ¿quién puede llegar a comprender más? -¿Quién? -Aquel que es capaz de amarlo todo. Pero, ¡ojo!, Jasón, aquel que ama de verdad no coloca la palabra <<amor>> sobre su puerta tratando de justificarse ante el mundo. Y el que da, tampoco escribe la palabra <<caridad>> para que todos le reconozcan.

Cuando alguna vez veas esas palabras, desvergonzadamente ostentadas en el mundo, no dudes que tienen la única finalidad de enriquecerse y ensalzar a cuantos las esgrimen y airean.

<<El reino de mi Padre es semejante a una mujer que llevaba un cántaro lleno de harina. Mientras marchaba por un camino apartado se le rompió el asa y la harina se derramó detrás de ella por el camino. La mujer no se dio cuenta y no supo su desgracia. Cuando llegó a su casa depositó el cántaro en tierra y lo encontró vacío.>>

-¡Aquel que es capaz de amarlo todo!... -repetí con un ligero movimiento de cabeza-. ¡Qué difícil es eso...! -Pero, ¿qué me dices de las injusticias? ¿También debemos aprender a amar a los que nos humillan o tiranizan? ...

<<Mientras el grupo se estiraba, caminando prácticamente en fila de a uno entre las plantaciones de olivos, el corazón me dió un vuelco. Aunque el módulo se hallaba en la cota más alta del Olivete y sobre unos peñasco donde no habíamos advertido sendero alguno, siempre cabía la posibilidad de que los participantes en aquella agitada manifestación de júbilo pudieran penetrar en la franja de seguridad de la <<cuna>>.

Instintivamente me aparté del camino y advertí a Eliseo de la aproximación de la comitiva.

Al alcanzar la cumbre, el Maestro se detuvo. Respire aliviado al comprobar que el <<punto de contacto>>> del módulo se hallaba mucho más a la derecha y como a unos trescientos pies de donde nos habíamos detenido. Al alcanzar la cumbre, el Maestro se detuvo. Respire aliviado al comprobar que el <<punto de contacto>> del módulo se hallaba mucho más a la derecha y como a unos trescientos pies de donde nos habíamos detenido.

Jerusalén, desde aquella posición privilegiada, aparecía en todo su esplendor. Las torres de la fortaleza Antonia, del palacio de Herodes y, sobre todo, la cúpula y las murallas del Templo se habían teñido de amarillo con la caída de la tarde, destacando sobre un mosaico de casas y callejuelas blanco-cenicientas.

Un repentino silencio planeó sobre la comitiva, apenas roto por el rumor de abigarrados grupos de israelitas que corrían desde la puerta de la Fuente y de las Tejoletas -al sur de las murallas- advertidos de la llegada del profeta. El semblante de Cristo cambió súbitamente. De aquel abierto y contagioso buen humor había pasado a una extrema gravedad. Los discípulos se percataron de ello pero, sencillamente, no entendían las razones del rabí. Todo estaba saliendo a pedir de boca...

El silencio se hizo definitivamente total, casi angustioso, cuando los allí reunidos comprobamos cómo Jesús de Nazaret, adelantándose hasta el filo de la ladera occidental del Olivete, comenzaba a llorar. Fue un llanto suave, sin estridencia alguna. Las lágrimas corrieron mansamente por las mejillas y barba del Nazareno. Yo sentí un estremecimiento y en mi garganta se formó un nudo áspero. Con los brazos desmayados a lo largo de la túnica, el Cristo, sin poder evitar su emoción y con voz entrecortada, exclamó:

-¡Oh Jerusalén!, si tan sólo hubieras sabido, incluso tú, al menos en este tu día, las cosas pertenecientes a tu paz y que hubieras podido tener tan libremente... Pero ahora, estas glorias están a punto de ser escondidas de tus ojos...Tú estás a punto de rechazar al Hijo de la Paz y volver la espalda al evangelio de salvación...

<<Pronto vendrán los días en que tus enemigos harán una trinchera a tu alrededor y te asediaran por todas partes... Te destruirán completamente, hasta tal punto que no quedará piedra sobre piedra. Y todo esto acontecerá porque no conocías el tiempo de tu visita... Estás a punto de rechazar el regalo de Dios y todos los hombres te rechazaran>>.

Obviamente, ninguno de los que escucharon aquellas frases podía intuir siquiera el trágico fin que acababa de profetizar el rabí. Treinta y seis años más tarde, desde el 66 al 70, el general romano Tito Flavio Vespasiano primero caería sobre Israel con tres legiones escogidas y numerosas tropas auxiliares del norte. Su hijo Tito remataría la destrucción del Templo y de buena parte de Jerusalén, en medio de un baño de sangre.

Más de ochenta mil hombres, integrantes de las legiones 5º., 10ª., 12ª. y 15ª., reforzadas por la caballería, llegarían poco antes de la luna llena de la primavera del año 70 ante las murallas de la ciudad santa. En agosto de ese mismo año, y después de encarnizados combates, los romanos plantaban sus insignias en el recinto sagrado de los judíos. En septiembre, tal y como había advertido Jesús, no quedaba piedra sobre piedra de la que había sido la ciudad <<ombligo del mundo>>. 

Según los cálculos de Tácito, en aquellas fechas se habían reunido en Jerusalén -con el fin de celebrar la tradicional Pascua- alrededor de seiscientos mil judíos. Pues bien, el historiador Flavio Josefo afirma que, durante el sitio, el número de prisioneros -sin contar a los crucificados y a los que lograron huir- se elevó a 97.000. Y añade que, en el transcurso de tres meses, sólo por una de las puertas de la ciudad pasaron 115.000 cadáveres de israelitas. Los que sobrevivieron fueron vendidos como esclavos y dispersados. Las lágrimas y los lamentos del Nazareno estaban más que justificados...

<<En los evangelios que yo había estudiado, en ningún momento se habla de ello y, sinceramente, a cualquiera con sentido común y un mínimo de información sobre lo que estaba sucediendo en aquellas últimas semanas, no se lo hubiera podido pasar por alto que dicha <<maniobra>> fue una jugada maestra por parte del Galileo. Como se dice en nuestro tiempo, <<mató varios pájaros de un solo tiro>>.

Al comprobar que Jesús de Nazaret se ofrecía gustosamente al diálogo, aproveché la ocasión y le pregunté su opinión sobre aquella tarde. <<-He estado en medio del mundo y me he revelado a ellos en la carne. Les he encontrado borrachos. No he encontrado a ninguno sediento. Mi alma sufre por los hijos de los hombres, porque están ciegos en su corazón; no ven que han venido vacíos al mundo e intentan salir vacíos del mundo. Ahora están borrachos. Cuando vomiten su vino, se arrepentiran...>>

-Esas son palabras muy duras -le dije-. Tan duras como las que pronunciaste sobre el Olivete, a la vista de Jerusalén...

<<-Tal vez los hombres piensan que he venido para traer la paz al mundo. No saben que estoy aquí para echar en la tierra división, fuego, espada y guerra... (Estas palabras, nunca, jamás, las dijo Jesús el Nazareno, es cosa de las iglesias y de los Papas, a través del tiempo, han ido quitando y poniendo...) Pues habrá cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; el padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Y ellos estarán solos. -Muchos, en mi mundo -añadí procurando que mis palabras no resultaran excesivamente extrañas para Lázaro- podrían asociar esas frases tuyas con el fin de Jerusalén como el fin de los tiempos. ¿Qué dices a eso? -Las generaciones futuras comprenderán que la vuelta del Hijo del Hombre no llegará de la mano del guerrero.

Ese día será inolvidable: después de la gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo, mi estandarte será visto en los cielos por todas las tribus de la tierra. Ésa será mi verdadera y definitiva vuelta: sobre las nubes del cielo, como el relámpago que sale por el oriente y brilla hasta el occidente...

-¿Qué será de la gran tribulación? -Vosotros podríais llamarlo un <<parto de toda la Humanidad...>>

Jesús no parecía muy dispuesto a revelarme detalles. -Al menos, dinos cuándo tendrá lugar. -De aquel día y de aquella hora, nadie sabe. Ni los ángeles ni el Hijo. Sólo el Padre. Únicamente puedo decirte que será tan inesperado que a muchos les pillará en mitad de su ceguera e iniquidad.

-Mi mundo, del que vengo -traté de presionarle-, se distingue precisamente por la confusión y la injusticia...

-Tu mundo no es mejor ni peor que éste. A ambos sólo les falta el principio que rige el universo: el Amor.

-Dame, al menos, una señal para que sepamos cuándo te revelaras a los hombres por segunda vez...

-Cuando os desnudéis sin tener vergüenza, toméis vuestros vestidos, los pongáis bajo los pies como los niños y los pateéis, entonces veréis al hijo del Viviente y no temeréis. (Aquí hay tomate, no creo, que sea cierto, porque, Dios- Jesús- San Miguel y todos los ángeles aparecen vestidos, que casualidad, que solo van desnudos los demonios y Lucifer, ver para creer).

Lázaro, afortunadamente, seguía identificando <<mi mundo>> con Grecia. Eso me permitió seguir preguntando al Maestro con un cierto margen de amplitud. -Entonces -repuse- mi mundo está aún muy lejos de ese día. Allí, los hombres son enemigos de los hombres y hasta del propio Dios... Jesús no me dejó seguir.

-Estáis entonces equivocados. Dios no tiene enemigos. Aquella rotunda frase del Nazareno me trajo a la memoria muchas de las creencias sobre un Dios justiciero, que condena al fuego del infierno a quienes mueren en pecado. (Totalmente cierto. Cuando va el alma delante de Dios, cara a cara, según la siembra, muchos, muchísimos van a los infiernos. Aquí se dice algo que es falso. El Infierno existe.) Y así se lo expuse. Cristo sonrió, moviendo la cabeza negativamente.

-Los hombres son hábiles manipuladores de la Verdad. Un padre puede sentirse afligido ante las locuras de un hijo, pero nunca condenaría a los suyos a un mal permanente. El infierno -tal como creen en tu mundo- significaría que una parte de la Creación se le ha ido de las manos al Padre... Y puedo asegurarte que creer eso es no conocer al Padre.

 (Aquí, el escritor ha manipulado la Verdad. Jesús lo explica en los evangelios de Lázaro. Aquel hombre rico, que se muere repentinamente y el pobre mendigo que pide en la puerta de su casa. El hombre rico, pide a gritos desde el infierno, que por favor, vayan a su casa a avisar a sus hermanos, para que cambien su conducta. El sabio le dice: Si no creen en Moisés, como van a creer a un muerto que vaya a avisarlo. Para eso, ya tienen las Escrituras).

-¿Por qué hablaste entonces en cierta ocasión del fuego eterno y del rechinar de dientes? (Esto es verdad. Lo he presenciado, lo he visto). -Si hablando en parábolas no me comprendéis, ¿cómo puedo enseñaros entonces los misterios del Reino? En verdad, en verdad os digo que aquel que apueste fuerte, y se equivoque, sentirá cómo rechinan sus dientes. -¿Es que la vida es una apuesta? -Tú lo has dicho, Jasón. Una apuesta por el amor. Es el único bien en juego desde que se nace. Permanecí pensativo. Aquellas palabras eran nuevas para mí. -¿Qué te preocupa? -preguntó Jesús. -Según esto, ¿qué podemos pensar de los que nunca han amado? -No hay tales.

-¿Qué me dices de los sanguinarios, de los tiranos?... -También esos aman a su manera. Cuando pasen al otro lado recibirán un buen susto... -No entiendo. -Se darán cuenta que, al dejar este mundo, nadie les preguntará por sus crímenes, riquezas, poder o belleza. Ellos mismos y sólo ellos caerán en la cuenta de que la única medida válida en el <<otro lado>> es el Amor.

 (Si, no me equivoco, esta colección de libros de J.J. Benítez- Jerusalen Caballo de Troya, la leyeron millones de personas en todo el mundo, la manipulación de la verdad sobre el Cielo, el Infierno, el Purgatorio, la Reencarnación, y vida en otras realidades, habrá conducido al Infierno a mucha gente. ¡El Cielo existe! ¡El Infierno y los diablos y otros... existen! ¡Dios y Sus Ángeles, existen! ¡Lucifer, Satanás y sus lacayos, existe! Y, un grupo de gente, que conspira, para conducir a la Humanidad al error, trabajando incansablemente, por todo el planeta. Pero, venceremos. ¡Victoria! Jesús, vencerá a las fuerzas oscuras...) 

Si no has amado aquí, en tu tiempo, tú solo te sentirás responsable. -¿Y qué ocurrirá con los que no hemos sabido amar? -Querrás decir con los que no habéis querido amar? Me sentí nuevamente confuso. -...  Ésos, amigo -prosiguió el rabí captando mis dudas-, serán los grandes estafados y, en consecuencia, los últimos en el Reino de mi Padre. -Entonces, tu Dios es un Dios de amor... (Un Dios de Amor, pero no tonto; y, dió unas leyes a Moisés... ven y observa la Biblia). Jesús pareció enojarse. -¡Tú eres Dios! -¿Yo Señor?... -En verdad te digo que todos los nacidos llevan el sello de la Divinidad.

(Hay muchas vidas y muchas realidades, como bien dice el dicho: ¡Quien a hierro mata, a hierro muere! Quien viola, a otro ser indefenso. Él será violado, aún más... Quién roba, quién malversa, en las líneas de las manos va grabado el karma y el darma).

-Pero, no has respondido a mi pregunta. ¿Es Dios un Dios de amor? -Deno ser así, no sería Dios. -En ese caso, ¿debemos excluir de su mente cualquier tipo de castigo o premio? -Es nuestra propia injusticia la que se revela contra nosotros mismos. 

-Empiezo a intuir, Maestro, que tu misión es muy simple. ¿Me equivoco si te digo que todo tu trabajo consiste en dejar un mensaje? El Nazareno sonrió satisfecho. Puso su mano sobre mí hombro y replicó: -No podías resumirlo mejor... 

Lázaro, sin hacer el menor comentario, asintió con la cabeza. -tú sabes que mi corazón es duro -añadí-. ¿Podrías repetirme ese mensaje? -Dile a tu mundo que el Hijo del Hombre sólo ha venido para transmitir la voluntad del Padre: ¡Que sois sus hijos! -Eso ya lo sabemos... -¿Estás seguro? Dime, Jasón, ¿qué significa para ti ser hijo de Dios? -Yo te lo diré -intervino el Maestro con una gran dulzura-. Haber sido creado por el Padre supone la máxima manifestación de amor. Se os ha dado todo, sin pedir nada a cambio. Yo he recibido el encargo de recordároslo. Ése es mi mensaje.

-Déjame pensar... Entonces, hagamos lo que hagamos, ¿estamos condenados a ser felices? -Es cuestión de tiempo. El necesario para que el mundo entienda y ponga en práctica que el único medio para ello es el Amor. Tuve que meditar muy bien mi siguiente pregunta. En aquellos instantes, la presencia del resucitado podía constituir un cierto problema. -Si tu presencia en el mundo obedece a una razón tan elemental como la de depositar un mensaje para toda la Humanidad, ¿no crees que <<tu iglesia>> está de más? -¿Mi iglesia? -preguntó a su vez Jesús que, en mi opinión, había comprendido perfectamente-. Yo no he tenido, ni tengo, la menor intención de fundar una iglesia, tal y como tú pareces entenderla.

Aquella respuesta me dejó estupefacto. -Pero tú has dicho que la palabra del Padre deberá ser extendida hasta los confines de la Tierra... -Y en verdad te digo que así será. Pero eso no implica condicionar o doblegar mi mensaje a la voluntad del poder o de las leyes humanas. No es posible que un hombre monte dos caballos ni que dispare dos arcos. Y no es posible que un criado sirva a dos señores. Si no, él honrará a uno y ofenderá al otro. Nadie que bebe un vino viejo desea al momento beber vino nuevo. No se vierte vino nuevo en odres viejos, para que no se rasguen, ni se trasvasa vino viejo ha odres nuevos para que no se estropee. Ni se cose un remiendo viejo a un vestido nuevo porque se haría un rasgón. De la misma forma te digo: mi mensaje sólo necesita de corazones sinceros que lo transmitan; no de palacios o falsas dignidades y púrpuras que lo cobijen. -Tú sabes que no será así...

-¡Ay de los que antepongan su permanencia a mi voluntad! -¿Y cuál es tu voluntad? - <<¡Que los hombres se amen como yo les he amado! Eso es todo>>. -Tienes razón -insinué-, para eso no hace falta montar nuevas burocracias, ni códigos ni jefaturas... Sin embargo, muchos de los hombres de mi mundo desearíamos hacerte una pregunta... -Adelante -me animó el Galileo.

-¿Podríamos llegar a Dios sin pasar por la iglesia? El rabí suspiró. -¿Es que tú necesitas de esa iglesia para asomarte a tu corazón? Una confusión extrema me bloqueó la garganta. Y Jesús lo percibió. -Mucho antes de que existiera la tribu de Leví, hermano Jasón, mucho antes de que el hombre fuera capaz de erguirse sobre sí mismo, mi Padre había sembrado la belleza y la sabiduría en la Tierra. ¿Quién es antes, por tanto: Dios o esa iglesia?

-Muchos sacerdotes de mi mundo -le repliqué- consideran a esa iglesia como santa. -Santo es mi Padre. Santos seréis vosotros el día que améis. -Entonces -y te ruego que me perdones por lo que voy a decirte- esa iglesia está de sobra... (Aquí se ve la garra del Diablo. El reto de sus lacayos es destruir el cristianismo, borrar toda huella de Cristo, desde las sectas, los lacayos de Lucifer son hábiles ocultando la Verdad. ¡La verdad os hará libres! Vosotros sois dioses. Hijos del Altísimo. Lo dijo, Jesucristo. No digo, que la Iglesia sea santita.)

-El amor no necesita de templos o legiones. Un hombre saca el bien o el mal de su propio corazón. Un solo mandamiento os he dado y tú sabes cuál es... El día que mis discípulos hagan saber a toda la humanidad que el Padre existe, su misión habrá concluido. 

-Es curioso: ese Padre parece no tener prisa. El gigante me miró complacido. (Jesús, no es un gigante, es un Hombre de metro setenta..., normal de estatura; gigante es DIOS.) -En verdad te digo que Él sabe que terminará triunfando. (Eso sí es cierto, pero, al abismo van miles de millones de personas que han sido hábilmente engañadas por los adoradores y lacayos del Demonio Lucifer: a no ser, que recapaciten y se den la vuelta a tiempo). El hombre sufre ceguera pero yo he venido a abrirle los ojos. Otros seres han descubierto ya que es más rentable vivir en el Amor.

-¿Qué ocurre entonces con nosotros? ¿Por qué no terminamos de encontrar esa paz? -Yo he dicho que a los tibios los vomitaré de mi boca, pero trates de consumir a tus hermanos en la molicie o en la prisa. Deja que cada espíritu encuentre el camino. Él mismo, al final, será su juez y defensor. -Entonces, todo eso del juicio final... (Es cierto, hay un juicio final para cada alma. Cara a cara con Dios, un juicio severo. Ve y abre el Libro de tu vida, y lo verás. Digo la verdad, de lo que he visto, algunos de mis personajes, fueron guerreros, y el juicio es durísimo...) -¿Por qué os preocupa tanto el final, si ni siquiera conocéis el principio? Ya te he dicho que al otro lado os espera la sorpresa... (No permita que te engañen, el infierno es eterno. Cambia tu conducta: Sé impecable. Sé un hombre fiel a Dios. Tu Creador. Dios es Cristo, mucho ojito, no te vayas a confundir y te pase de raya y vayas al infierno. ¡No matarás!)

-Tengo la impresión de que Tú resultarías excesivamente liberal para las iglesias de mi mundo. -Dios es tan liberal, como tú dices, que permite, incluso, que te equivoques. ¡Ay de aquellos que se arroguen el papel de salvadores, respondiendo al error con el error y a la maldad con la maldad! ¡Ay de aquellos que monopolicen a Dios! -Dios... Tú siempre estás hablando de Dios. ¿Podrías explicarme quién o qué es? El fuego de aquella mirada volvió a traspasarme. Dudo que exista muro, corazón o distancia que no pudiera ser alcanzado por semejante fuerza.

-¿Puedes tú explicarles a éstos de dónde vienes y cómo?  ¿Puede el hombre apresar los colores entre sus manos? ¿Puede un niño guardar el océano entre los pliegues de su túnica? ¿Pueden cambiar los doctores la Ley el curso de las estrellas? ¿Quién tiene potestad para devolver la fragancia a la flor que ha sido pisoteada por el buey? (Eso son los que gobiernan en este mundo bueyes, burros...) No me pidas que te hable de Dios: siéntelo. Eso es suficiente...

-¿Voy bien si te digo que lo siento como una... energía?- Es que no hay arriba y abajo -atajó el Nazareno, saliendo al paso de mis atropellados pensamientos-. El Amor, es decir, el Padre, lo es Todo. -¿Por qué es tan importante el Amor? -Es la vela del navío. -Déjame que te insista: ¿qué es el Amor? -Dar. Desde una mirada hasta tu vida. -¿Qué podemos dar los angustiados? -La angustia. -¿A quién? -A la persona que te quiere... -¿Y si no tienes a nadie? El Maestro hizo un gesto negativo. -Eso es imposible... Incluso los que no te conocen pueden amarte. -¿Y qué me dices de tus enemigos? ¿También debes amarles? -Sobre todo a ésos... El que ama a los que le aman, ya ha recibido su recompensa.

 (Existe un Arriba y un Abajo y muchos mundos intermedios y muchas, muchísimas realidades. No permitas que te engañen. Mira en tu corazón Dios existe y es Cristo) Sigue leyendo el libro de J. J. Benítez, y busca información sobre DIOS. En las Sagradas Escrituras. El Infierno es eterno. No lo olvide. Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Amén.

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