domingo, 22 de septiembre de 2024

El Bosque Mágico - En busca de la verdad 12º

 <<Las verdades más profundas carecen de palabras que puedan expresarlas. El mismo concepto de Dios, o lo que esa idea representa, ha sido definido por muchas formas religiosas como Innombrable: lo que no se puede ni siquiera mencionar; o bien su nombre ha sido objeto de búsqueda en las que, siempre inútilmente, se ha tratado de encontrar, entre muchas. La Palabra justa que pudiera definirlo con la propiedad universal y excelsa que merece el concepto.

La misma identidad humana, la que nos define y nos justifica en el concierto cósmico, sigue siendo un secreto sobre el que hemos lanzando infinidad de teorías, en nuestro intento por desentrañarlo. Sin embargo, nada nos ha proporcionado todavía una pauta de lo que realmente somos ni de cuál es nuestra auténtica misión en esa unidad universal de la que formamos parte. No sabemos siquiera si acaso nuestra identidad estriba en la misma búsqueda a la que estamos abocados. Si es así, tal vez la Humanidad como tal desaparezca del Cosmos en el instante justo en que esa búsqueda haya alcanzado su meta. Búsqueda y secreto han marchado unidos desde el instante mismo de la aparición de la Conciencia. O, dicho con otras palabras: el ser humano viene buscando, desde aquel mismo instante, el secreto de lo que es y de lo que le rodea, identificándose unas veces con el entorno y enajenándolo otras de su propia representación.

Dicho secreto, a veces intuido, pero jamás totalmente esclarecido, parte del sentimiento primitivo de que todo cuanto percibimos a través de los sentidos -que son el vehículo inmediato de contacto con la realidad- lo reconocemos como real y auténtico en tanto nos llega, gracias a dos ojos y a los oídos, con una sensación corporal tridimensionalidad. Vivimos en un mundo de sensaciones tridimensionales, estereostópicas y estereofónicas. Y toda, absolutamente toda la información física con la que contamos se nos plantea como real, en tanto que nos servimos de órganos gemelos, complementarios y, en cierto sentido, opuestos para recibirla.

A partir de esta valoración dualista primaria de la realidad inmediata, el desarrollo cerebral, también divididos en  lóbulos con funciones diferentes y complementarias, fabricó nuestros esquemas de pensamiento; un pensamiento que siempre se ha movido, sin que apenas hiciéramos nada por evitarlo, en los límites estrictos de la dualidad. Así, nuestros ancestros comenzarían distinguiendo lo grande de lo chico, lo alto de lo bajo, lo ancho de lo estrecho, lo largo de lo corto. Seguirían estableciendo contraposiciones entre lo fuerte y lo débil, lo lejano y lo cercano, lo útil y lo inútil; distinguieron como opuestos el calor y el frío, el hambre del hartazgo, el sueño de la vigilia y la quietud del movimiento. Y, seguramente, se sintieron realizados anímicamente al diferenciar la vida de la muerte, lo masculino de lo femenino y, sobre todo, lo que se tenía por bueno de los que se tenía como malo.

Desde aquellos primeros tiempos del despertar de la conciencia humana, las cosas no han cambiado esencialmente; sólo se han complicado, debido, sobre todo, a nuestra obsesión por elegir. Y hasta se ha dado el caso generalizado de que esa querencia por la elección, por tomar partido hacia un aspecto determinado de la realidad, en detrimento del que se nos ha antojado contrario a nuestras conveniencias, es el que nos ha impedido tener una visión más global y -probablemente- más certera de esa misma realidad, que siempre hemos contemplado dividida, separada, opuesta, enfrentada y enemistada a muerte con su contraria, atribuyéndole el aspecto supuestamente negativo frente a lo que hemos querido entender como positivo.

El discurrir de la Historia, sostenida por la lucha del Hombre por dominar a sus semejantes y su entorno, hizo que, desde tiempos perdidos en las brumas del pasado, la querencia generalizada de la Humanidad se inclinase decididamente por los valores racionales, masculinos y agresivos: en una palabra, útiles; mientras, los valores complementarios a éstos -que no contrarios y contrapuestos-, los propios de la intuición, femeninos y pasionales, mágicos, empleando un lenguaje convencional aceptado, quedaban relegados a los confines de lo inútil, cuando no de los despreciable, maldito y prohibido, cuando surgía el menor peligro de propagación.

Es así como, casi desde el alba de la aventura humana, el bien y lo bueno se han asociado a lo que estructuraba un pensamiento abocado exclusivamente a la conquista de lo que la razón reclamaba como conveniente o deseable, porque confería poder dominador al Hombre sobre su entorno. Y el progreso de este dominio ha proporcionado una creciente e imparable agresividad sobre cuanto nos rodea, para extraerle, gracias a nuestra fuerza y con la ayuda de nuestra eficacia como agresores, todo aquello que pudiera proporcionarnos bienestar físico y progreso material, aun a costa de depredar un entorno -tanto natural como humano- que sólo raramente nos percatamos de que forma parte de nosotros mismos, porque no somos sino un holograma del Cosmos.

Ignoramos, por nuestra misma querencia racional, que no hay nada en el Universo que no sea ajeno y que la mínima agresión a lo  que nos rodea se traduce inmediatamente -aunque no queramos darnos cuenta de ello- en una agresión a nuestra propia esencia.

En medio de esa estructura racional y radicalmente machista de la conciencia dominante, nos hemos olvidado -adrede- de que la primera dependencia que debió reconocer la Humanidad fue su ligazón indestructible a la Tierra. El ser humano, quiera reconocerlo o rechazarlo, es un ser terrestre, creado y estructurado por la Tierra y dependiente de ella a lo largo de toda su existencia. Más allá de todas las teorías vigentes, creadas sólo por afán de dominio del hombre por el hombre, que elevan la paternidad divina a entidades inalcanzables situadas más allá del Tiempo y del Espacio -pero que conservan siempre los rasgos antropomórficos de un Padre agresivo y justiciero, supremo Bien y Justicia suprema, con arreglo a los valores morales del más acendrado machismo doctrinal-, (y es cierto, que Dios es Hombre, los Arcángeles y los Ángeles son Hombres, son los que aparecen a la hora del Juicio Final, aunque la Virgen María aparece junto a Cristo, pero, ella no participa...) la Tierra, en tanto que Madre y creadora de vida y fecundidad,, fue el primer objeto de sentimiento religioso de la Humanidad.

El ser humano intuía que nacía de la Tierra y que a ella tenía al alcance de la mano y no necesitaba de lucubraciones teológicas para conocerlo, que de la Tierra le venía todo cuanto le permitía subsistir; y hasta admitía que aquella Madre pudiera enfadarse cuando se la molestaba y enviar plagas, terremotos, sequías e inundaciones para castigar a quienes la agredían.

Curiosamente, la Tierra, en tanto que Madre, hermanaba a la totalidad de los humanos, los igualaba como hijos que eran todos de su potencia creadora. Y esto, entonces lo mismo que ahora, no casaba con el afán de dominio que una parte de la Humanidad había adquirido y necesitaba ejercer. Pero para realizar ese afán tenía necesidad de alejar cuanto fuera posible lo que de de divino tiene el suelo que pisamos cada día. Para los creyentes, la Biblia no es otra cosa que el relato de hechos verdaderos, las vicisitudes de un pueblo "elegido" y las leyes dictadas directamente por el verdadero Dios. Obviamente, tal planteamiento no es válido desde fuera de la fe, pero ello no resta interés alguno al Libro de los Libros, porque para unos contiene datos históricos sobre una época oscura, y para otros encierra una enseñanza profunda, mucho más trascendente, oculta bajo el texto superficial.

Esa idea de atribuir al Antiguo Testamento un contenido esotérico es el fundamento de la Cábala y, desde diferentes perspectivas, ha inspirado miles de libros. El <<La Biblia Cuántica>>, José Álvarez López revela de forma palmaria, indiscutible, pese a su enorme carga desestabilizadora, lo que nadie hasta ahora se había atrevido a imaginar: datos que demuestran el conocimiento profundo de la Física Atómica recogidos de forma secuencial y ordenada, lo que en modo alguno puede atribuirse a la casualidad. Si lo contamos desde el primer asomo de la Conciencia -la Humanidad comenzó a progresar. Y lo hizo con toda la fuerza que confiere la razón, el pensamiento, la práctica, la lógica. Y se creyó invencible y dueña del Mundo -del Planeta-, sólo porque inventó el progreso, porque aprendió a utilizar la rueda, porque descubrió cómo fundir y alear metales para fabricar armas más duras y agresivas; porque puso su experiencia al servicio del bienestar material y del poder de los unos sobre los otros.

Sí, la Humanidad avanzó; y mucho. Sólo tenemos que mirar atrás. Ni la dinamita, ni la máquina de vapor, ni el motor de explosión, ni la informática habrían sido posibles sin el concurso de la razón y del pensamiento lógico. Ni el relativo bienestar material del que gozamos los ciudadanos de ciertas partes del planeta habría sido posible con sólo adorar a la Madre Tierra. (Los diablos, el Demonio Lucifer, andan al acecho de ciertos inventos destructivos; enseñó a la humanidad como fundir y alear los metales para fabricar armas más agresivas, y ven y observa, lo que nos han dado por último: <<¡Las bombas atómicas!>> Para que, nos destruyamos nosotros mismos, necesitan esclavos en el infierno... Entra en tu interior. Meditación, Fe y Amor nos salvará de la TORMENTA PERFECTA, que nos tienen preparada los lacayos de Lucifer).

Pero el ser humano, lo reconozca o n explícitamente, lleva a sus espaldas, casi desde los orígenes, el peso de algo que le han arrebatado y cuya naturaleza incluso le han hecho olvidar desde la cuna o desde las primeras lecciones aprendidas en la escuela.

A veces intuye -muy vagamente- que se trata de un cierto tipo de conocimiento, pero las circunstancias vitales le han hecho recelar de que sea tan útil como el que le han implantado como único paradigma válido. En el mejor de los casos, los que se adjudican el papel de maestros, siendo sólo profesores -enseñantes de una determinada disciplina-, les restan importancia a estos amagos, adjudicándoles como sede del campo abstracto y fantasmagórico de las creencias, de los impulsos íntimos espirituales, de los que el hombre aún no ha logrado llegar: a la cámara secreta del corazón.

En lo más profundo, el secreto consistía en una sublimación del misterio insondable de la vida. Si ésta se crea en el seno materno, convertido en receptáculo donde se contienen y se conservan las esencias que harán posible el nacimiento y el desarrollo del ser, cabe convertir ese lugar sagrado, origen del misterio vital, en el recipiente que guarda la materia prima de todo lo que, una vez conocido, nos revelaría la Realidad Universal.

La sociedad egipcia fue dominada, más que cualquier otra, por las exigencias materiales y espirituales de la religión. Independientemente de lo que el hombre debía a sus diose y a sus muertos. Egipto fue una tierra regida por un rey-dios, cuyos enormes templos y numerosos sacerdotes pesaron de manera decisiva sobre su vida política, social y económica. Cualquiera que sea el ángulo desde el que se examine el mundo de los egipcios, el hecho religioso se halla siempre presente.

Al principio existieron pluralidad de cultos, y las deidades estaban representadas por el cuerpo o la cabeza de un animal. Ra, Osiris, Isis, Amón y Horus son dioses de cuerpo humano pero con rostro de animal: Amón, con cabeza de ganso o carnero; Horus, con cabeza de halcón; Anubis, con cabeza de chacal, etc. Se admitió que tales dioses se habían encarnado como el dios mismo. En Menfis, el toro Apis era Ptah; en Tebas, el carnero sagrado era Amón, pero en Elefantina era Khunum; en Fayum, el cocodrilo sagrado era Sukhos, etc. El mismo dios era percibido desde diversos aspectos, del hombre animal, pero un mismo símbolo animal podía aplicarse a dioses diferentes: así, la cabeza del halcón, que designaba ordinariamente a Horus, pudo ser llevada por Ra, cuando en el Antiguo Imperio el culto del sol <<señor del universo>> se asoció al culto del halcón Horus, protector de la dinastía.

Las creencias se conforman a partir de la búsqueda de la explicación de un Ser Primordial, el que existía antes de los comienzos del Todo.

Nm. 6, 22-27: El Señor habló a Moisés: <<Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré>>.

Salmo 66, 2-8: El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Galata 4, 4-7: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que están bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: <<¡Abba!>> (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero de la voluntad de Dios. (Jesús, llegó, trajo la Luz al Mundo, pero lo hombres eligieron vivir en la oscuridad, eligieron lo que material, lo que les ofrece Lucifer...)

St 3, 16-4,3: Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba, ante todo es puera, y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No es acaso de los deseos de placer que combaten en vuestro cuerpo? Codiciáis lo que no podéis tener; y acabáis asesinando. Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.>>

 (Jesús es el sembrador, el salió a sembrar las semillas de la paz y los hombres patearon sobre lo sembrado por Dios. Por los afanes de riqueza son y han sido todos los conflictos y todas las guerras. Por los afanes de riqueza se van ahogando en un mar de sangre los hombres. Todo pasa, en esta Tierra, pero, debes saber que en el Más Allá, el que cae en este Mundo en los brazos de Lucifer, irá al Infierno eterno. Todo pasa, Dios-Cristo y su palabra permanecen.) <<Fe: Con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto>>.

 (Cuando, se destruya la Tierra, tanto los de Abajo como los de Arriba serán arrastrados al abismo. Piensa... La desigualdad es imponente, se abre una brecha abismal, y la cumbre del sistema no lo resistirá, acabará derrumbándose y arrastrado todo. La culpa los fabricantes de armamentos y sus derivados. ¡Locos de remate!)

Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor Dios bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor Dios de la Misericordia envía sobre la Tierra y sobre la Humanidad al Espíritu Santo, y, por favor que baje Jesús con sus ángeles del cielo, tal como está escrito. Ilumina a los que van a morir, por causa de un puñado de endemoniados. Amén.

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