Sabemos que el Verbo fue lo primero: y su voluntad en acción hizo realidad todo. Y en el mundo, entre los seres humanos, la palabra no sólo nombra lo que existe, no sólo distingue a cada cosa de las demás: encierra también en sí misma un poder terrible. Entenderse o no entenderse, concretar y abstraerse, hacer y destruir, imaginar e inventar, incluso amar son actitudes y hechos que no serían posibles sin los nombres y los verbos, sin la palabra. En los ámbitos de la Metafísica, además, la palabra es la que proporciona la vida y la existencia. Por eso es conveniente conocer sus poderes: para ponerlos en práctica o para evitarlos.
LA LEY Y LA BIBLIA EL TALMUD EL ZOHAR LA CABALÁ EL EVANGELIO etc. Hoy, la Iglesia es un pueblo en medio de los demás pueblos de la Tierra. Muy distinta era la situación del pueblo de Dios en la antigüedad, pues quedaba identificado con Israel y confinado a los límites geográficos de éste. Esto exigía una legislación social y política de acuerdo a las necesidades de un pueblo organizado bajo un estado en una época dada. De ahí buen número de preceptos que reflejan esta dimensión de la Ley mosaica.
Es obvio que de la triple dimensión apuntada sea la moral la que tenga mayor alcance, puesto que los Mandamientos son la expresión eterna del carácter eternamente santo de Dios. Su valor ético, pues, es perenne (independientemente del hecho de que el hombre caído jamás podrá salvarse mediante su cumplimiento, que le resulta imposible). La Ley, en su aspecto ritual, quedó total y perfectamente cumplida con la venida de Jesucristo, su vida y su obra redentora. Sólo en la medida en que nos permita ver al Mesías prefigurado (en los sacrificios levíticos, en el ministerio sacerdotal, etc.), esta sección podrá servirnos de algo para nuestra instrucción, pero de hecho ha quedado abrogada en tanto que ordenación litúrgica.
Y de manera parecida podemos juzgar la dimensión nacional o política de la Ley. Harán bien todos los creyentes que ocupan un puesto de responsabilidad pública en tener en cuenta pasajes de Deuteronomio 17:14-20 y otros afines, pero es un hecho de la ordenación de la Iglesia es distinta a las estructuras sociales sobre las que marchaba Israel. Toda interpretación cristiana de esta triple dimensión de la Ley deberá recordar que el elemento ético es el que tiene la primacía y el único de valor perenne como manifestación de la voluntad divina. -REDENCIÓN -LEY- AMOR - CRISTO REY - REDENTOR Y SALVADOR DEL MUNDO Y LA HUMANIDAD.
<<Con una sola ofrenda -leemos en Hebreos 10:14- (Cristo) hizo perfectos para siempre a los santificados>>. Vemos que los redimidos son descritos en términos de <<perfectos>> y <<santificados>>; han sido llamados a ser experimentalmente lo que ya son ante los ojos de Dios (<<santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos>> -1ª. Corintios 1:2-); la salvación no es, pues, liberación de toda norma, ya que ello significaría que el cristiano es salvo, no del pecado, sino para seguir pecando. El propósito de Dios es muy otro: <<Este es el Pacto que haré con ellos después de aquellos días - dice el Señor-: pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré...>> (Hebreos 10:16), según estaba profetizado en Jeremías 31.33, 34.
En 2ª Juan leemos: v. 6: <<Y éste es el amor, que andemos según sus Mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio>>. El amor no nos libra de la obediencia; al contrario, se expresa a través de ella. He aquí el mensaje que los cristianos han oído desde el principio. El mandamiento que trata de orientar nuestra obediencia -expresión de nuestro amor- nos conduce de nuevo al amor. 1º. Este es el amor: andar en los mandamientos del Señor. 2º. Ser entendidos en su voluntad, tal como se nos ha revelado en Su Palabra. 3º. Comprobar, en la experiencia personal, esta voluntad divina, buena, agradable y perfecta. 4º. Darse al amor sin reservas: <<El amor sea sin fingimiento. Amaos los unos a los otros con amor fraternal.>> (Romanos 12:9, 10).
Queda establecido un nexo indisoluble entre la obediencia y el amor, entre los mandamientos de Dios y los sentimientos del cristiano: <<Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.>> (1ª. Juan 5.2, 3; cf. Juan 14:15, 21 y 15.10).
La relación entre la respuesta obediente de la fe y el amor, que encontramos en las cartas de Juan, se da ya en su Evangelio, en donde Jesús establece la misma conexión: 1º. <<El que me ama, mi Palabra guardará>>. (Juan 14:23). 2º. <<El que no me ama, no guarda mis palabras>>. (Juan 14:24).
LA LIBERTAD CRISTIANA Y LOS MANDAMIENTOS
En tres versículos (4, 5 y 6) Juan define la vida cristiana en términos de mandamientos, ¿cómo es posible? La libertad con que Cristo nos ha hecho libres, además de ser un don precioso, entraña una inmensa responsabilidad (cf. Gál. 5:1). La libertad cristiana no consiste en hacer todo lo que nuestro engañoso intelecto o nuestra torcida voluntad nos sugieren; más bien es la habilidad que crea en nosotros el Espíritu Santo para desear aquello que debiéramos hacer: <<Porque vosotros, hermanos, a la libertad fuisteis llamados -escribe Pablo a los Gálatas (5:13, 14)-; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: <<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>.
Y en otro lugar (Rom. 8:3, 4) dice el mismo apóstol: <<Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en carne; para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu>>. Y todavía: <<no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la Ley de Cristo>>. (1ª. Cor. 9:21).
Lo que para el mundo constituye una dicotomía irreconciliable, para el cristiano debiera ser una armoniosa vivencia que testificara del poder del Espíritu Santo: <<Libertad=Mandamientos>>. (2ª. Juan 4-6); Amor=Ley de Cristo (Rom. 8:3, 4; 13:8, 10; 1ª. Cor. 9:21; (Gálatas 5:14; 6:2). O, como lo expresó el salmista: <<Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos>>. (Salmo 119:45).
<<Cuando el Hijo nos libera, somos verdaderamente libres>>. (Juan 8:36). <<Con una sola ofrenda -leemos en Hebreos 10:14- Cristo hizo perfectos para siempre a los santificados>>. La Ley como regla de vida para los cristianos, cuanto que es la expresión de la voluntad del Señor. La Ley como instrumento del Espíritu Santo para llevar a cabo la santificación del creyente. La lectura serena del cúmulo de Textos Sagrados bíblicos aporta luz para fundamentar el valor de la Ley para evitar caer en prejuicios, confusiones o actitudes poco conformes con la Revelación bíblica. Dios es Cristo. Cristo es Dios, se hizo Hombre para traer la Verdad la Palabra de la Ley.
Ya la Fórmula de Concordia, el año 1.576, definió la Ley en su triple dimensión práctica: <<La Ley de Dios fue dada al hombre por tres razones: 1ª., para la disciplina, para que la iniquidad sea contenida con ciertas barreras; 2ª., para que los hombres sean llevados al conocimiento de sus pecados; y 3ª., para que los hombres regenerados, en los cuales todavía perdura la carne y la servidumbre, pudiera tener alguna regla segura por la cual pudieran, ajustar su vida>>. Es lo que en teología bíblica ha venido llamándose el triple uso de la Ley: 1º. Usus civilis. Gálatas 3:19; 1ª. Timoteo 1:9.
La Ley presupone el pecado sirve para frenarlo. Coadyuva a la obra de la gracia común que Dios realiza en el mundo. 2º. Usus pedagogicus. Romanos 3:20; 5:20; 5:13, 7:7, 8, 9, 11; Gálatas 2:19; 3:24; 3:21. Por la Ley es el conocimiento del pecado. Sacude la conciencia y lleva a Cristo. En este sentido es un medio de gracia, pues hace consciente al pecador de su incapacidad para cumplir con las exigencias de la santa voluntad de Dios y, cual tutor, conduce a este mismo pecador a los pies de Cristo>>. En el Zohar se lee que Dios pone pruebas a los hombres, para acercarlos a la Ley... Busca.
La vida es mucho más que tus circunstancias. Es sobre todo el movimiento de tu alma y de tu conciencia, la manera en que tu alma y tu conciencia reaccionan ante las circunstancias que te tocan vivir. Procura que tu conciencia y tu alma se muevan hacia el Amor y hacia la Belleza. Si persistes en ese movimiento, comprobarás que las circunstancias, por difíciles que sean, se transformarán para tu bien. Amigos y enemigos, todos pueden enseñarte algo sobre ti, todos son a su manera tus instructores. Los primeros te muestran el valor del Amor y la Solidaridad. Los segundos te enseñan la importancia de tolerar con paciencia y perdonar. Trata de ver en el corazón de las personas. Busca lo que hay en el fondo de sus actos y palabras. Sé constante en el acto de ver con los ojos del alma y descubrirás un universo de conocimiento. Aunque hayas sufrido a causa de experiencias pasadas, trata de confiar en el presente. Confiar es abrir el corazón a lo bueno, estando alerta para rechazar lo malo que pueda llegar.
<<Las experiencias pasadas pueden nutrir tu presente, pero si han sido dolorosas y el miedo a ser herido ha logrado dominarte, en lugar de nutrirte, las experiencias te ensombrecerán. El miedo cerrará la puerta de tu vida y perderás la llave del cofre que guarda el tesoro de la verdad y el Amor. Trata de ver más allá de ti y de tus circunstancias. Trata de ver a los demás como lo que son, tus prójimos y semejantes. Ábrete a la vida y la vida se abrirá a ti. Las almas más elevadas estuvieron alguna vez donde tú estás ahora, y tú estuviste alguna vez donde se encuentran los que vienen detrás de ti. Las circunstancias llegan y se van. Pero tu deseo, si es auténtico, permanece. Haz entonces de tus acciones un reflejo de tu deseo. Hazlas constantes, sin importar las adversidades. Si perseveras, acción tras acción, conseguirás lo que buscas>>. Y para muestra, la historia de la Vida piadosa de Joaquín y de Ana su esposa, los Padres de la Virgen María y los Abuelos de Jesús de Nazaret, ve y observa.
<<En aquellos días, había en Jerusalén un varón llamado Joaquín, de la tribu de Judá. Y era pastor de sus propias ovejas y temía al Altísimo en la sencillez y en la bondad de su corazón. No tenía otro trabajo que el de sus rebaños, que empleaba en alimentar a los que, como él, temían al Altísimo. Así, de las ovejas, de los corderos, de la lana y de todo lo que poseía hacía tres partes. La primera era distribuida entre las viudas, los huérfanos, los peregrinos y los pobres. La segunda era dada a los que se consagraban al servicio de Dios y celebraban su culto. En cuanto a la tercera, la reservaba para sí y para toda su casa. Y, porque obraba de este modo, Dios multiplicaba sus rebaños y no había, en todo el pueblo israelita, quien le igualase en abundancia de reses.
Todo eso comenzó a hacerlo desde los quince años de edad. Cuando llegó a los veinte años, tomó por esposa a Ana, hija de Isachar y de su misma tribu, es decir, de la raza y de la estirpe del Rey David. Y, a pesar de haber transcurrido otros veinte años, a partir de su casamiento, no habían tenido hijos ni hijas. Dolor de Joaquín y Ana.
Un día de fiesta, sucedió que Joaquín se hallaba entre los que tributaban incienso y otras ofrendas al Señor. Se le acercó un escriba del Templo llamado Rubén y le dijo: -No puedes continuar entre los que hacen sacrificios a Dios, porque éste no te ha bendecido, al no darte una posteridad en Israel. Habiendo sufrido esta ofensa en presencia del pueblo, Joaquín abandonó llorando el Templo del Señor y no volvió a su casa, sino que se fue a donde estaban sus rebaños y se llevó a sus pastores a las montañas de una comarca lejana; de este modo, su esposa, Ana, no tuvo noticias suyas durante cinco meses. Y la triste lloraba, diciendo:
-Señor, Dios todopoderoso de Israel, después de haberme negado hijos, ¿por qué me quitas también a mi esposo? Ya han transcurrido cinco meses sin verlo. No sé si está muerto, para siquiera darle sepultura. Mientras lloraba amargamente en el jardín de su casa y levantaba en su plegaria los ojos al Señor, vio un nido de gorriones en un laurel y, entre gemidos, se dirigió a Dios, diciendo:
-Señor, Dios Omnipotente, que has concedido descendencia a todas las criaturas, a los animales salvajes, a las bestias de carga, a las serpientes, a los peces, a los pájaros, y que has hecho que todos se regocijen de su progenitura, ¿por qué me has apartado a mí sola de los favores de tu bondad? Bien sabes, Señor, que, desde el principio de mi matrimonio, hice voto de que, si me dabas un hijo o una hija, te lo ofrecería en tu santo Templo.
A punto de terminar su llanto dolorido, se le apareció de pronto un enviado del Señor, que le dijo: -Ana, porque en el designio de Dios está que salga de ti un hijo, el cual será objeto de admiración de todos los siglos hasta el Fin del Mundo, no debes tener temor.
Habiendo dicho estas palabras, desapareció. Ella, temblorosa y llena de pavor, por haber tenido semejante aparición y por haber oído semejante lenguaje, se echó en el lecho como muerta, y todo el día y toda la noche permaneció en oración continua y en terror extremo.
El Ángel guardián de Joaquín. El encuentro en la Puerta Dorada: En aquel mismo tiempo, un joven apareció en las montañas en que Joaquín apacentaba sus rebaños y le dijo: -¿Por qué no regresas al lado de tu esposa? Joaquín contestó: -Durante veinte años la he tenido por compañera. Pero ahora, por no haber querido Dios que ella me diese hijos, he sido alejado ignominiosamente del templo del Señor. ¿Cómo volvería junto a ella después de haber sido envilecido y despreciado? Seguiré, pues, aquí, mientras Dios conceda a mis ojos luz. Sin embargo, por intermedio de mis servidores, seguiré repartiendo de buen grado su parte a los pobres, a las viudas, a los huérfanos y a los ministros del Altísimo. Pero el Ángel le respondió:
-Soy un Ángel de Dios, que se ha aparecido hoy a tu mujer, la cual oraba y lloraba. Yo la consolé y ella sabe por mí que ha concebido de ti una hija, la cual vivirá en el templo del Señor, y el Espíritu Santo reposará en ella, y su bondad será mayor que la de todas las mujeres, de suerte que nadie podrá decir que hubo, ni que habrá, mujer parecida a ella en este mundo. Baja, pues, de las montañas y vuelve al lado de tu mujer, a quien encontrarás en cinta, porque Dios ha suscitado progenitura en ella y su posteridad será bendita.
Joaquín, adorándolo, dijo: -Si he encontrado gracia ante ti, reposa un instante en mi tienda y bendíceme, ya que soy tu servidor.
El Ángel le contestó: -No te llames servidor mío, pues los dos somos servidores de un mismo dueño. Y lo que habrías de darme, ofrécelo en holocausto a Dios. (Mi Maestro Jesús dice que esto es una añadidura de los sacerdotes del Templo, que dice que DIOS, nunca ha pedido a nadie un sacrificio de animal, ni holocausto, CRISTO lo dice (el negocio de los sacerdotes del Templo, es lo que reventó a Jesús, y lo condenó a la muerte en cruz). Joaquín tomó un cordero sin mácula y dijo al Ángel: -No me hubiese atrevido a ofrecer un holocausto a Dios, si tu orden no me hubiese dado el poder sacerdotal de sacrificarlo.
El Ángel le dijo: -Tampoco yo, si no hubiese conocido la voluntad de Dios, te hubiera invitado a ofrendarlo.
Al mismo tiempo en que Joaquín ofrecía su sacrificio, el Ángel se elevó al cielo. Joaquín inclinó su faz sobre la tierra y permaneció así prosternado desde la hora sexta del día de la tarde. Cuando llegaron sus mercenarios y jornaleros, lo encontraron de este modo y se asustaron. Joaquín les contó su visión y ellos le exhortaron a cumplir sin demora el mandato del Ángel y a volver inmediatamente al lado de Ana. Como Joaquín discutiese todavía en su interior si debía o no debía volver, lo invadió el sueño y, el mismo Ángel que se le apareció despierto, volvió a aparecérsele para decirle:
-Yo soy el Ángel que Dios te ha dado por guardián. Baja con seguridad y retorna cerca de Ana, porque las obras de caridad que tú y tu mujer habéis hecho han sido proclamadas ante el Altísimo, el cual os ha legado una posteridad tal como ni los profetas ni los santos han tenido ni tendrán desde el comienzo del mundo. (Por esto, la gente, le ruega a San Joaquín y a Santa Ana, diciendo: San Joaquín, Santa Ana que yo tenga para comer toda la semana. No han fallado ni en los malos tiempos).
Cuando Joaquín despertó, llamó a sus pastores y les contó su sueño. Y ellos adoraron al Señor y dijeron a Joaquín: -Guárdate de resistir más al Ángel del Señor. Levántate, partamos y avancemos lentamente, haciendo pastar a los rebaños. Después de caminar treinta días, cerca ya de la ciudad, un Ángel del Señor se le apareció a Ana, estando en oración, le dijo: -Ve a la llamada Puerta Dorada, al encuentro de tu esposo, que hoy llega.
Ella se apresuró a ir con sus siervas; y, rezando, aguardó largo tiempo. Se cansaba y se desanimaba ya de tan larga espera, cuando, levantando los ojos, vio a Joaquín, que se acercaba con sus rebaños. Corrió a echarle los brazos al cuello y dio gracias a Dios, diciendo: -Era viuda y ya no lo soy. Era estéril y he concebido.
Hubo gran alegría entre sus vecinos y conocidos y toda la tierra de Israel la felicitó por aquella gloria.
María consagrada al Templo
Nueve meses después, Ana dio a luz una niña, a la que puso por nombre María. La cual, destetada al tercer año, fue confiada a la congregación de vírgenes, que pasaban el día y la noche glorificando a Dios. (Esto era habitual entre los esenios, los primogénitos y los niños ¡inteligentes! ingresaban en el Templo para ser educado por los Sabios de aquel tiempo. Los preparaban para gobernar. Jesús era Rey de los Reyes y su madre, era rica, así que Jesús, era un niño rico, que ayudaba a los pobres. Haber si cunde el ejemplo).
Cuando hubo sido depositada delante del templo del Señor, subió corriendo las quince gradas, sin mirar atrás y sin reclamar la ayuda de sus padres, como hacen siempre los niños. Esto llenó a todo el mundo de sorpresa, hasta el punto de que los mismos sacerdotes del templo no pudieron reprimir su admiración.
Gratitud de Ana al Señor
Ana, llena del Espíritu Santo, exclamó en presencia de todos: -El Señor, Dios de los ejércitos, ha recordado su palabra y ha recompensado a su pueblo con su bendita visita, para humillar a las naciones que se levantan en contra nosotros y para que su corazón retorne hacia El. (Esto es otra añadidura de los usureros del Templo) Ha abierto sus oídos a nuestras plegarias y ha hecho cesar los insultos de nuestros enemigos. La que era estéril, es ahora madre, y ha engendrado la exaltación y el júbilo de Israel. He aquí que yo podré ofrecer dones al Señor y que mis enemigos no podrán ya impedírmelo nunca más.(Holocaustos, sacrificios de animales y ofrendas es cosa de los necios egoísta, sucios usureros que se enriquecían con el saqueo de los trabajadores, Dios no necesita templo ni ofrendas Dios tiene un templo en cada cuerpo humano).
Ocupación de María en el Templo. Origen del saludo <<Deo Gratias>> María causaba admiración a todo el mundo. A la edad de tres años, marchaba con paso tan seguro, hablaba tan correctamente, ponía tanto ardor en sus alabanzas a Dios, que se la habría tomado no por una niña pequeña, sino por una persona mayor, pues recitaba sus plegarias como si hubiera cumplido treinta años. Su semblante resplandecía como la nieve, hasta el extremo de que apenas podía mirársele. Se aplicaba a trabajar en la lana, haciendo a la perfección lo que las mujeres adultas no sabían hacer.
Se había impuesto la regla siguiente: Desde el amanecer hasta la hora de tercia, permanecía en oración; desde la hora de tercia hasta la de nona, se ocupaba de tejer; a la de nona, volvía a orar y oraba hasta que el Ángel del Señor se le aparecía y recibía el alimento de sus manos... (Esto se lo tengo que preguntar a Jesús)... Hasta cuando así Dios lo quiera. Paz y Alegría en toda la Tierra, Dios es el Padre de todos y no tiene hijos ni naciones predilectas. Todo lo que se salga de ahí es cosa del Diablo y de los usureros egoístas. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. ¡Líbranos de los malvados! Amén.
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