domingo, 1 de diciembre de 2024

El Bosque Mágico - En busca de la verdad 49º

 ¿Estamos otra vez en la época de los grandes genios? ¿Trump, Elon Musk, Kennedy de USA, XI de China, Putin de Rusia, Pedro Baños, Iker Jiménez etc., de España, Milei de Argentina, Bukele de El Salvador, etc.?, y si tú tienes espíritu de genio, como Vasari, ponte a trabajar por la Paz Universal; recuerda, que él hizo comenzar <<La Edad de Oro>>, aquella en que el arte alcanza su grado más alto de perfección, dedicándole la tercera parte de esa obra monumental que son sus Vidas. Partiendo de Leonardo  da Vinci y de Donato Bramante, describe la riqueza y la extensión de la creación artística de esa época, que llega a su apogeo con la obra del <<divino Miguel Ángel>>. Es en el pasado siglo XV al siglo XVI donde Vasari hace comenzar <<la Edad de Oro>>. Hoy, indiscutiblemente, nuestro juicio artístico se encuentra lejos de las categorías de valor de Vasari, que estaban vinculadas al espíritu de la época.

Sin embargo, no podemos dejar de experimentar -pese a que las premisas sean totalmente diferentes- ese mismo sentimiento ante el arte de la primera mitad del siglo XVI italiano: Una producción notable por su unidad, más allá de la diversidad de sus diferentes manifestaciones. Esa unidad ha nacido de la convergencia de todas las obras importantes -cualquiera que sea la variedad de los temas y de las formas- que tienden a expresar la <<plenitud de los tiempos>> (plenitudo temporum), pues bajo este signo está situado este período de la Historia con su excepcional dinamismo.

<<Todo comienza a agitarse, pero, con relación a la turbulenta inestabilidad del siglo XV, con una amplitud mucho mayor. El Pontificado y el Imperio siguen siendo -desde Julio II hasta Carlos V- los dos polos de atracción en el campo de los grupos de potencias que constituyen el mapa político de Europa. La estructura política se simplifica. Como consecuencia del número más restringidos de Estados, se produce la concentración de los focos de cultura: y a su cabeza Roma, que, gracias a la gran personalidad de Julio II (1503-1513), vuelve a tomar su posición de <<capital del mundo>>, señalando el arte, durante un cuarto de siglo, tareas de dimensiones únicas. En el Sur, los reinos de Nápoles y de Sicilia -bajo la corona española desde 1504- se convierte con Carlos V, en 1516, en parte integrante de las posiciones de los Habsburgos, quedando abiertos de esta forma, en la geografía del arte, a múltiples y profundas influencias.

En el Norte, los franceses son rechazados, temporalmente al principio, y definitivamente en 1529, fuera de Lombardía, que pasa igualmente a poder de los Habsburgo de España (1535). En el Este, Venecia se traba en un combate encarnizado para afirmarse, perdida ya su gloriosa tradición de dominadora de los mares. Su situación geográfica la aparta de la nueva navegación mundial que, como consecuencia del descubrimiento de América y de la ruta marítima de las Indias, se ha trasladado a los mares occidentales, ocasionándose así el nacimiento de potencias marítimas como Portugal, España y, más tarde, Holanda e Inglaterra. Además, Venecia quedó desposeída por los turcos de su soberanía en el Mediterráneo.

Con mucha  inteligencia y una habilidad completamente política, la República consigue afirmarse como potencia terrestre contra vecinos a menudo hostiles, consolidando así su territorio: La tierra firme va desde Bérgamo y Brescia a Udine, a lo que hay que añadir la costa este del Adriático, desde Istria hasta Cattaro.

Es precisamente en estos tiempos de graves inquietudes cuando la Serenísima, sus cuerpos instituidos y sus ciudadanos, se dedica por entero, con un lujo inaudito de medios, a manifestar mediante brillantes obras de arte la permanencia de su poder intacto y su grandeza. A las orillas del Tirreno, la República de Génova se esfuerza por mantener su posición, colocándose, después de la partida de los franceses, bajo la protección del poder imperial. 

Por el contrario, entre el Estado pontificio del Norte, tres Estados de Italia media ganan o conservan importancia. Florencia, que después de su breve fase republicana bajo Piero Soderini y Maquiavelo, se coloca de nuevo bajo la dirección de los Médicis en 1515, reconociéndoles en 1532 la dignidad principesca. Con Cosme I, el ducado de Toscana hace su entrada en la historia.

Junto a Florencia, Mantua, con los Gonzaga, y Ferrara y Módena, con los Este, se convierten en residencias principescas llenas de brillo. La personalidad de Isabel d'Este (1474-1539) es una de las más nobles encarnaciones del mecenazgo. Su hijo Federico II de Gonzaga (1500-1540), figura entre los constructores y bienhechores de las artes más imaginativos de su tiempo.

Junto a los grandes mecenas y junto a los artistas, se encuentra la gente de pluma. En El príncipe, de Maquiavelo (1513), y El cortesano, de Castiglione (1518), se refleja el espíritu de la época con toda su orgullosa seguridad. El Aretino (1492-1556), por ejemplo, llega a conseguir, por su hiriente elocuencia, en la sociedad de su tiempo, una influencia que hoy apenas nos parece creíble. 

Por intermedio de hombres tales como Pietro Bembo (1470-1547), Giangiorgio Trissino (1478-1550), Paolo Giovio (1483-15529 y muchos otros, el ideal del humanismo en el terreno de la ética y de la estética conserva toda su fuerza de irradiación. La más importante obra poética de este período, <<el Orlando furioso>>, de Ariosto, vio la luz en Ferrara. Sin embargo, la característica más notable de esa <<plenitud de los tiempos>> ya citada es la perfecta adecuación de los artistas y de los temas: numerosos creadores de genio pueden servir para ilustrar los temas propuestos a las artes en toda su grandeza y su novedad. La época encuentra en sus obras su más perfecta expresión y así es como el arte del Renacimiento establece escalas de valor obligatorias para los siglos siguientes>>.

<<El gran objetivo político que se había fijado el papa Julio II, y que persiguió con toda la violencia apasionada de su carácter y con su energía indomable -la restauración de la autoridad del Papa mediante la consolidación del Estado pontificio, a fin de que el poder espiritual del sucesor de San Pedro se apoyase sobre su poder temporal-, estuvo vinculado desde el principio con la aspiración igualmente apasionada de hacer visible a los ojos de todos la dignidad y la grandeza de la Iglesia, al mismo tiempo que la posición y el cargo del soberano pontífice, gracias a brillantes obras de arte. 

Todos los encargos que hizo el-techo de la Sixtina, <<Cámaras>> de Rafael, ampliación del Palacio del Vaticano, construcción del nuevo San Pedro, y también de su propia tumba- están alimentados con esa gran concepción. El deseo más caro de Julio II fue la reconstrucción de Roma. Este importante programa, del que sienta sus bases, constituirá la tarea a realizar durante siglos, más allá incluso de sus sucesores directos, los papas León X y Clemente VII, de la familia de los Médicis. Este papa sexagenario, cuya fuerza impulsora estaba esencialmente determinada -incluso aumentada- por la edad, encontró en un artista, su contemporáneo, el compañero ideal cuyo genio igualaba al suyo: se trataba de Donato Bramante.

Bramante (1444-1514) tiene cincuenta y seis años en el momento que deja Milán, después del hundimiento del reinado de los Sforza, para dirigirse a Roma. Es posible que antes haya permanecido allí algún tiempo, pero solamente es ahora cuando se domicilia en la ciudad y realiza su encuentro con la Antigüedad. Partiendo de un sorprendente poder de asimilación a lo nuevo, para el que Roma le ofrecía ocasión, y de una inagotable creatividad, despliega en sus obras romanas esta <<última manera>> que, como fenómeno de estilo, ha tomado un valor de ejemplo en la historia del arte.

La primera obra de Bramante atestiguada por documentos es el claustro del convento de Santa María della Pace, iniciado en 1500 por orden del cardenal Oliviero Carafa y concluido hacia 1504. Un fenómeno sorprendente pero constante en Bramante se produce aquí por primera vez: Bramante, por muy cerca que siga el modelo antiguo de las proporciones, no copia jamás una forma sin hacer que sufra transformaciones. La incomparable pureza de su lenguaje formal, que pone su mira en la sencillez, encuentra allí su primera expresión. Incluso en las pequeñas dimensiones, obtiene el efecto de lo monumental.

El ejemplo más perfecto de ello es el Tempietto, junto a S. Pietro in Montorio. En 1502 recibe Bramante la orden de erigir un monumento conmemorativo en el lugar presumido de la crucifixión de San Pedro. Su fundador fue el rey de España, protector de la Iglesia  y convento de S. Pietro in Montorio. Era preciso, pues, construir no una Iglesia, sino un monumento que coronase el lugar sagrado como un tabernáculo...

El hecho de que Julio II, cuando encaró, en noviembre de 1503, su vasto programa arquitectónico, escogiera a Bramante, del que pocas obras habían destacado, testimonia la seguridad de su juicio.

La colaboración entre el Papa y el Arquitecto comenzó a partir de la primavera de 1504 y fue ciertamente muy estrecha. El Papa nombró a Bramante, inmediatamente, inspector e ingeniero general de todos los edificios pontifícios y le concedió un tratamiento principesco. 

Bramante acompañó al Papa en todas las ocasiones, incluso en sus campañas, en el curso de las cuales le ayudó como ingeniero militar. Se le hicieron cuatro grandes encargos: la ampliación del palacio del Vaticano con el patio y terrazas del Belvedere; la construcción del nuevo San Pedro; el coro de Santa María del Popolo; y el trazado de las avenidas que bordean el Tíber: la vía Giulia con el inmenso palacio de justicia; la via della Lungara; y, finalmente el ensanche de la via dei Banchi. El temperamento fogoso del papa se armonizaba perfectamente con Bramante, que era un compañero animado con la misma sed de acción: a la energía, única en su género, de estos dos grandes hombres de edad hay que atribuir el progreso de un programa que solo se puede calificar de utópico con relación a sus años, este programa, fijado exactamente en sus disposiciones principales, se hizo obligatorio para generaciones siguientes.>>

No hay que perder de vista que, desde comienzos de nuestro siglo, una pregunta se ha planteado sin cesar en las consideraciones relativas a la historia de la filosofía y sobre todo de las religiones: ¿Hasta qué punto lo que sugiere el concepto <<Renacimiento>> abarca la totalidad manifiesta del proceso cultural? ¿No traduciría este concepto solamente un lado de las cosas, las aspiraciones y los puntos de vista de ciertos medios de élite, mientras que no sabría dar cuenta de amplias corrientes que llevan de la Edad Media a la Reforma y a la Contrarreforma?...

<<El arte, sometido en los períodos precedentes de la Religión y a la Razón, se convierte ahora en el manantial de un embriagador júbilo de vivir. La idea de que el arte enriquece la vida, esa idea que caracteriza tan bien la modernidad entre los diferentes estadios de su desarrollo, encuentra aquí su origen. El <<imperio del arte>> en tanto que soberanía de lo Bello, el arte como enriquecedor de la vida, que transporta y estimula no obstante, ya sea por el valor estético, ya sea por el contenido espiritual, ese credo de una reflexión sobre el arte erigida como ciencia correlativamente a la aparición de un nuevo humanismo, influye siempre sobre nuestra actitud fundamental hacia las obras de las épocas pasadas.>>

Lo cierto es que el llamado Siglo de la Razón marcó un punto de inflexión en la masonería, que ya no volvería a se la misma sociedad hermética orientada exclusivamente hacia sus miembros. A partir de entonces, la mayor parte de sus intereses quedó fijada en el mundo material. Especialmente, en lo referente a la posibilidad de crear un imperio mundial al que se someterían todas las administraciones nacionales. Un imperio dirigido por una minoría <<iluminada>> que, basándose en el programa de la ciencia, la técnica y la producción, impulsara un mundo más lógico, racional y acorde con los designios divinos del GAU. Quizá eso explique la proliferación de la masonería en los salones del poder mundano de hoy.

Todos los reyes ingleses desde el siglo XVIII, así como la mayoría de sus primeros ministros, la mayor parte de presidentes del gobierno, y también, los de la República francesa, innumerables políticos de alemania (excepto durante en la época del nacionalsocialismo), Italia (excepto durante el fascismo) y en todos los demás países europeos, así como muchos de los miembros de las actuales instituciones de la Unión Europea, la gran mayoría de los presidentes de Estados Unidos y muchos de los dirigentes de otros países americanos han sido o son masones. En algunos casos, los símbolos masones incluso han ondeado en banderas oficiales como la de la extinta República Democrática Alemana, que lucía sobre las franjas negra, roja y amarilla un martillo y un compás orgullosamente laureados, y no una hoz como cabría suponer tratándose de un régimen comunista.

En España, donde la masonería estuvo prohibida y perseguida por el franquismo, casi todos los prohombres de las dos repúblicas pisaron las logias, desde Pi i Margall hasta Alcalá Zamora, pasando por Castelar, Negrín, Lerroux o Azaña. En 1979 consiguieron legalizarse de nuevo las dos obediencias más importantes de la época, enfrentadas entre sí: el Gran Oriente Español y el Grande Oriente Español Unido. Contra el escaso poder real que en ocasiones se dice que tuvo la masonería en España, consta no sólo la larga lista de políticos republicanos que pertenecieron a sus filas, sino una extensa nómina de artistas y científicos como el investigador Santiago Ramón y Cajal, el educador Francisco Ferrer y Guardia, el músico Tomás Bretón, el ingeniero Arturo Soria o el novelista Vicente Blasco Ibáñez. Por otra parte, varios estudios de especialistas de la masonería, como el de Pedro Álvarez Lázaro, La Masonería, escuela de formación del ciudadano, demuestra la influencia que tuvo, entre otros asuntos, en el desarrollo de una sociedad laica.

Se cree que la época de mayor expansión fue la comprendida entre 1868 y 1898, cuando llegó a contar con 70.000 miembros. Curiosamente, la época en la que España perdió sus últimas colonias.<<En 1738, el Papa Clemente XII condenó a la masonería a través de una bula llamada In emminenti, que prohibía expresamente a los católicos iniciarse como masones bajo pena de excomunión, puesto que <<si no hiciesen nada malo no odiarían tanto la luz>>.

El motivo oficial de la condena era el carácter protestante de la Gran Logia Unida de Inglaterra, pero el decreto terminaba con una frase enigmática: <<(...) y (también les condenamos) por otros motivos que sólo Nos conocemos>>. (Adoran y acatan la doctrina del Diablo Lucifer y su plan es imponersela a todo el mundo). Varios de sus sucesores, como Benedicto XIV, León XIII y Pío XII entre otros, también publicaron severas condenas contra una sociedad que según las denuncias del Vaticano <<se ha mostrado anticatólica y antimonárquica de manera reiterada>>. Ya en el siglo XX, el Concilio Vaticano II levantó un poco la mano al respecto, pero en 1983 el Papa Juan Pablo II todavía recordaba públicamente <<la incompatibilidad de ser masón y católico>>.

<<Frases inspiradoras: <<Examina la senda de tus pies y que todos tus caminos sean rectos>>. <<Y el fuego con que quisieron consumirme se volvió contra ellos, devorándolos en pleno>>. <<Mezclé mi sonrisa con una lágrima de nostalgia y tuve en mi poder el elixir revivificante más portentoso de todos los siglos>>.

En este tiempo hay amenazas, peligros, insinuaciones hostiles, insultos, propensión maligna de personas que odian mucho a la humanidad y, en especial a los seguidores de Cristo, es decir, a los cristianos. Es un tiempo de prudencia. Descifrar el mensaje de los astros en Sagitario I, Semana del Esfuerzo por liberarse, y dice el libro: <<Según hemos observado muchas veces en este libro, las influencia de Saturno actúan directamente opuesto a la de Júpiter. Mientras que éste último tiende a ser libre, expansivo, optimista y afortunado, el primero es restrictivo, sombrío, pesimista y, a menudo, trae consigo el infortunio. En consecuencia, la inoportuna presencia de Saturno aquí, en el propio terreno de Júpiter (Sagitario está gobernado por Júpiter), no hace sino crear conflictos y problemas...>> (Debemos abandonar, todos los conflictos o todos perderemos mucho más que la vida...)

<<Con el mundo de sus programas, los seres de la Caída crearon su herencia personal. <<Las cargas kármicas de cada cual determinan sus futuras encarnaciones, y, ahora toca, vivir la vida eterna aquí en la Tierra, solo los justo lo van a disfrutar, tal como está escrito>>. 

En la Caída, seres espirituales puros se apartaron de Dios, para no sólo ser divinos, sino para convertirse en Dios mismo. Así que estas formas de luz divinas se separaron de Dios y crearon el primer mundo de programas, para su querer-ser-como-Dios. Con ello se ensombreció el cuerpo espiritual-divino y, en incontables secuencias cósmicas, fue adoptando una condensación creciente, de la que se cristalizó el cuerpo humano. En la palabra <<Caída>> se halla el <<caer>>. Por la Caída de algunos seres espirituales, es decir por alejarse de Dios, también se separaron partes de planetas de sustancia primaria divina y les acompañaron a las profundidades.

Han servido y siguen sirviendo a los seres de la Caída, en el transcurso de los sucesos  de la Caída, como lugares de residencia. Lo que actualmente llevamos en nosotros de ajeno a Dios, de pecaminoso, eso es nuestro ayer. Y si no lo purificamos eso será nuestro futuro. Jesús de Nazaret, un Hombre de la estirpe de David, nos trajo la Redención y el camino hacia el Hogar del Padre: Jesús -un nombre de persona, para acreditar a ese ser humano en el mundo, a la <<persona>>-. Ésta albergaba en sí lo impersonal, lo que no tiene nombre, al ser divino, al Corregente de los Cielos, a la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, omnipresente en las fuerzas creadoras del Universo: al Hijo de Dios. El Espíritu eterno del amor, de la sabiduría y grandeza adoptó una forma visible en un Hijo del Hombre, del pequeño pueblo de Nazaret, el hermano de Sus hermanos y hermanas humanos.

Sus padres fueron María, una mujer sencilla y modesta, y José. Con él, el gran Espíritu encarnado del Amor y de la Sabiduría, el Cristo de Dios en Jesús, habitó entre nosotros y quiso que aprendiéramos la Verdad. El no trajo ningún enigma; podríamos comprender lo que nos quiso decir Dios, nuestro Padre eterno, a través de Su Hijo Jesús. Pero, lo ocultaron, la verdad la escondieron entre velos y misterios.

Hasta cuando asi Dios lo quiera. Señor Dios bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre del Cielo. Señor, <<Temí lo peor pero no me inmuté. Dejé que mi mente fuera mi mejor consejera>>, y, viendo las noticias ahora creo que soy de <<extrema derecha>> yo una ultraderechista, por creer y defender a Jesucristo. Algunos se sienten y se creen, que son los dueños de España y se lo quieren repartir como si fuera un cortijo. Matamos a los hijos de España, y nos quedamos con las abundantes y gloriosas tierras españolas. ¡Justicia Señor! Los que deben guardar España, la está entregando a cuartos a los extranjeros. Hay una gran contrariedad en torno a nuestra sociedad, los pisos buenos del centro para los hijos de los extranjeros y, los hijos de España a los guetos, barrios alejados de todo centro educativo, de todo lo que es festivo; a los hombres y mujeres, les prohíben dormir y vivir. ¡Taberna y vino agrio! Amén.

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