Frase inspiradora: <<La esperanza que da la Biblia nos puede ayudar a combatir la frustración y a sobrellevar los problemas con una actitud positiva>> (Lean Proverbios 17:22 y Romanos 12:12).
Y también, en la Biblia encontramos muchas promesas de Dios y sabios consejos. La Biblia dice que contiene <<palabras de verdad>> que fueron escritas con exactitud. Habla de sucesos reales y de personas que existieron. Muchos historiadores y arqueólogos han confirmado la exactitud de fechas, personajes, lugares y acontecimientos importantes que menciona la Biblia. ¿Se puede confiar en las promesas y los consejos de un libro tan antiguos? ¿Es lógico creer lo que dice la Biblia sobre disfrutar de la vida ahora y en el Futuro? Millones de personas creen que sí. Le animo a que lea la Biblia, los Textos Sagrados hebreos, los Evangelios, para que descubra, por qué mucha gente piensa así, y vea si le convence. ¡Ojito, ojos bien abiertos, hay algunos textos que se han inventado!
¿Por qué confiamos en la Biblia aunque es un libro antiguo? A lo largo de la historia, la Biblia ha sido en muchos sentidos un libro adelantado para su época. Por ejemplo, menciona asuntos relacionados con la ciencia. Y eso que había opiniones muy distintas sobre estos temas cuando se escribió la Biblia. Pero, en la actualidad, la ciencia confirma que la Biblia es un libro exacto. Sus palabras <<son siempre confiables, ahora y por toda la eternidad>> (Salmo 111:8). ¿Por qué confiamos en lo que dice la Biblia sobre el futuro?
La Biblia contiene profecías <<¡que anuncian!>> cosas que todavía no se han hecho (Isaías 46:10). Predijo con exactitud muchos acontecimientos históricos siglos antes de que ocurrieran. Además, describe con lujo de detalles las condiciones actuales del mundo.
La historia confirma que en el año 539 antes de nuestra era un rey de Persia llamado Ciro y su ejército conquistaron la ciudad de Babilonia. Primero, desviaron el río que protegía la ciudad. Luego, como las puertas de Babilonia se habían quedado abiertas, pudieron entrar y conquistarla sin tener que luchar. Ya hace más de 2.500 años que eso sucedió, y Babilonia sigue estando en ruinas.
Algunos dicen: <<La Biblia está llena de cuentos y leyendas>>. ¿Qué prueba le convence más de que se puede confiar en la Biblia? Los arqueólogos demuestran que existió en la antigüedad una ciudad grandiosa. La ciencia, la historia y las profecías demuestran que podemos confiar en la Biblia (Algunos hechos los han falseado...)
LEYENDAS SOBRE EL REY CIRO
La leyenda del nacimiento y de los primeros años de éste, como también la de su muerte en plena juventud, serán tan fantásticas como se quiera, pero prestan nuevo atractivo a la obra de Herodoto. Ciro, según él, era hijo del persa Cambises, simple vasallo del rey de los medos, Astiages, y perteneciente a la más íntima clase de ellos. Quiso la suerte que contrajera matrimonio con la princesa Mandana, única hija de su propio rey. Atormentado éste por la idea, que un sueño que creyó profético le sugirió, de que el nieto que iba a darle Mandana estaba destinado a destronarle a él, en cuanto se vio abuelo dio orden a su ministro de confianza, Harpago, de que se apoderara del varón recién nacido, se lo llevase de su casa y allí lo matara, sepultándole donde mejor le pareciera.
Fingió Harpago que iba a cumplir fielmente la orden; pero tan mal y de tanta responsabilidad para el porvenir le pareció aquélla, que no quiso ser él quien matara al niño, y, mandando buscar a uno de los pastores de los ganados de Astiages, entregánselo, diciéndole que el rey ordenaba que lo dejara abandonado entre los montes, en alguno de los sitios donde abundan más las fieras; pero a pesar de las amenazas que le dirige Harpago si no cumple rigurosamente la orden y le muestra luego el lugar donde ha enterrado los huesos, tampoco el pastor ejecuta lo mandado, sustituye aquel niño tan hermoso, robusto y regiamente vestido, por otro que su mujer acaba de dar a luz muerto, y adopta el de origen real por hijo suyo, haciéndole creer siempre que él, el pobre pastor, es su padre.
Pasan así diez años, y hasta en sus juegos con los otros chiquillos muestra aquél la sangre azul que lleva en sus venas, erigiéndose en su rey, mandándolos despóticamente y azotando cruelmente un día a uno de ellos que no quiere obedecer sus órdenes. A tal punto llega, que el padre del azotado acude en queja al propio Astiages, el cual hace comparecer ante él al atrevido muchacho, con el propósito de castigarle; pero tenía tanta entereza y varonil talento halla en el chico, quien le habla como si fuera un rey de verdad, y tanta semejanza descubre entre las facciones y maneras de aquel chiquillo y las propias suyas, que acaba por convencerse de que estaba hablando con su propio nieto, y hechas las averiguaciones necesarias, obligando al consabido pastor y a Harpago a confesar la verdad, decide que como aquel rapaz ha ejercido ya de rey entre sus compañeros, y lo ha hecho como si lo fuera de veras, la predicción de los oráculos puede darse por cumplida, y no hay peligro en que aquel nieto suyo, vivo por milagro, sea restituido a Cambises y a Mandana, que le reciben como una bendición del compasivo cielo.
Más Astiages es siempre sanguinario, cruel, sarcástico, y, en un banquete de homenaje, se venga de Harpago de modo tan horrible para un padre, que prefiero pasarlo por alto; aunque Harpago se lo hace pagar caro con el tiempo, siendo causa de su ruina por medio del mismo Ciro, a quien convierte en instrumento reparador del criminal agravio hecho estúpidamente por el rey a su ministro y general en jefe del ejército.
Sí Herodoto parece tener empeño en rodear la infancia de Ciro de un ambiente prodigioso, no quiere quedarse atrás cuando nos ha de referir la muerte, y dice que, como quiera conquistar el país de los escitas, cayó en manos de la reina de los masagetas, Thomrys, a la cual había destruido antes un ejército y hecho prisionero a su hijo, por lo que la reina le mandó una especie de desafío diciendo que si sangre quería, sangre tendría en abundancia, y reanudando la pelea, logró vencer a Ciro, y que esta vez fuera él el prisionero. Entonces, un odre lleno de sangre, le gritó: -<<Ya que tan sediento de sangre estabas, ahí tienes la suficiente para quedar saciado>>.
La idea no puede ser más horrenda, pero, después de todo, leyendo a Jenofonte, parece resultar que no hubo tal cosa, pues éste dice que Ciro murió tranquilamente, rodeado de sus hijos y de sus amigos, en la ciudad de Pasargada. Jenofonte es la pesadilla de Herodoto, porque tampoco ve él nada de prodigioso en el nacimiento y en la infancia de Ciro, aunque le reconozca su precoz talento y prendas envidiables. Otro de los episodios con que el historiador de Halicarnaso nos pinta el carácter del conquistador persa, hace asomar la sonrisa a los labios. Como buen tirano de aquella época, parece que pretendía no sólo obtener el vasallaje de los hombres, sino el de las mismas inanimadas cosas.
Al ir a emprender la conquista de Babilonia, que en Herodoto resulta muy interesante porque él mismo visitó aquellas fabulosas tierras de grandezas y de malísimas costumbres que se contagiaron a los medos, aconteció a Ciro que tiene que atravesar el río Gyndes, lo que sólo puede hacerse con barcas, y uno de los llamados caballos sagrados que lleva salta con gran brío al agua y quiere salir a la otra orilla; pero, sumergido entre los remolinos, le arrebata la corriente. Aquí se transcribirá a la letra lo que dice Herodoto:
<<Irritado Ciro contra la insolencia del río, le amenazó con dejarle tan pobre y desvalido que hasta las mujeres pudiesen atravesarlo, sin que les llegase el agua a las rodillas.>>
Después de esta amenaza, diferiendo la expedición contra Babilonia, dividió su ejército en dos partes, y en cada una de las orillas del Gyndes señaló con unos cordeles ciento ochenta acequias, todas ellas dirigidas de varias maneras; ordenó después que su ejército las abriese; y como era tanta la muchedumbre de trabajadores, llevó a cabo la empresa; pero no tan pronto que no empleasen sus tropas en ella todo aquel verano.
Después que Ciro hubo castigado al río Gyndes desangrándole en trescientos sesenta canales, esperó que volviese la primavera, y se puso en camino con su ejército hacia Babilonia. ¿No le parece al lector que resulta delicioso este río castigado por su insolencia y desangrado en trescientos sesenta canales? ¿No le recuerda lo que al hablar de China he citado ya: el árbol procesado y cargado de cadenas, por el desacato cometido contra la majestad real al prestar sus ramas para que el último emperador de una dinastía se ahorcara, al verse vencido y destronado? También el pobre árbol había sido, sin duda, un insolente, y no los hipócritas usurpadores del trono, que fueron, precisamente, los que dictaron la sentencia, nunca antes vista ni oída, pero creyeron podría congraciarles con el pueblo.
Cuando, por fin, quiere Herodoto que lleguemos a Creso, nos pinta al monarca lidio sucediendo a su padre Alyates a los treinta y un años y convirtiéndose en un gran conquistador, con multitud de reyes que le pagaban tributo. Así llegó a la opulencia que se ha hecho proverbial; pero si inmensos eran sus tesoros, no lo fueron menos su vanidad y orgullo, que le hacían considerarse el hombre más feliz y afortunado del mundo, aunque de los dos únicos hijos que tenía uno era sordomudo y el otro murió muy joven herido en una cacería, según los oráculos habían predicho misteriosamente predicho y el padre no pudo evitar por más que se lo propuso.
Ese orgullo fue su perdición, porque le hizo desdeñar a los persas y declararles la guerra, sin otro resultado que ser vencido y hecho prisionero por Ciro, quien había dado la orden terminante de que la vida del monarca fuera respetada en la batalla decisiva, aunque todo su ejército fuese pasado a cuchillo. Por cierto que Herodoto aprovecha la ocasión para contarnos una especie de milagro ocurrido. Parece que uno de los soldados de Ciro, en medio de la furiosa lucha, no viendo en el rey de Lidia más que uno de tantos enemigos cuya cabeza estaba al alcance del filo de su espada, iba a matarle, cuando le detuvo el grito extraño de aquel hijo sordomudo de que he hablado, y que rompió a hablar de repente, exclamando: -<<¡No mates a Creso!>>
Y el soldado, recordando entonces la orden superior que a todos se había dado, se detuvo en el acto. En cuanto al hijo del rey, cuenta el relato que, recobrando por tan extraordinario modo el uso de la palabra, siguió ya en él toda su vida, como si nunca hubiera sido un infeliz sordo mudo.
La conducta observada después por Ciro y Creso no puede ser más noble y curiosa. El primero trata a su prisionero como a un amigo a quien hospeda en su palacio; el segundo, agradecidísimo, se declara voluntariamente su más fiel vasallo, y acaba por convertirse en su más leal y desinteresado consejero, cuya experiencia de la vida y de los vaivenes de la fortuna es utilísima al joven rey persa.
Ciro es para su país algo más que un hombre afortunado en la guerra: es una fecha de las que marcan una época (desde 560 antes de Jesucristo, en que tomó el título de rey). Lo que realizó en veinte años es en verdad genial, en el doble aspecto político y militar, porque a los pueblos que venció dejó el uso de su libertad civil y religiosa, contentándose con hacerlos sus tributarios. Sometió los más poderosos imperios de Asia: los medos, los lidios y los babilonios, y logró que el suyo se extendiera desde las fronteras de la India hasta el Helesponto, comprendiendo también a Egipto.
Los persas, para convertirle en una especie de héroe mitológico, inventaron la leyenda de que había sido amamantado por una perra, porque el nombre de la pastora que fue nodriza era en la lengua de los medos Spaca, que significa perra.
Los antiguos persas inmolaban caballos en honor del sol, y el narrador hace notar que el de que aquí se trata era blanco, lo que debía de ser excepcional, dándole carácter sagrado.
Entre burlas y verdad, es decir, entre fantasías admitidas sin dificultad y verdadera historia, ello es que Herodoto viene a ser una mina inagotable de la que va saliendo el más íntimo conocimiento que poseemos de lo que fueron los antiguos persas, adoradores del Sol, y sus colegas los medos; pero llega un momento, cuando menos, en que nuestro autor se pone en serio y declara que hay una fábula que él no puede admitir: la referente a Abaris, de la región de los hiperboreos, que dice <<que dio vuelta a la tierra entera sin comer bocado, cabalgando en una saeta>>. (Aquí se ve claro que viajó en un moderno ovni... de esos, que hoy algunos hemos visto emerger y subir al cielo en un instante; al anochecer lo hemos visto saliendo del océano Atlántico... Si no se ve, es imposible creer, en lo maravilloso que son estos platillos que surcan los cielos.)
Dios dijo a Moisés, di a tu pueblo que Yo Soy el que Soy. Y, Cristo dijo a sus discípulos: Os traje Mi paz y os dejo Mi paz. ¡Paz y Amor!
¡La catástrofe de la tercera guerra mundial aún puede ser detenida! El camino de salida es que todos reconozcan a Jesucristo como Hijo de Dios y, como Dios mismo encarnado en Jesús de Nazaret. No es ningún misterio. Haceos consciente de esto en este tiempo de luz. Cada persona es el templo del Espíritu Santo. Dios, la luz, vive en cada uno de nosotros, en cada alma, en cada célula del cuerpo.
<<¡Ved: la humanidad se dirige hacia una catástrofe como nunca ha habido hasta ahora, pues nuestros guías intelectuales maltratan la Tierra, la atmósfera y en última instancia a la humanidad sujeta a ellos. El último escalón en la escalera del aparente éxito humano es la manipulación de la sustancia hereditaria humana, la manipulación de los denominados genes. Os prevengo de estar a favor de estas manipulaciones, de cualquier forma cómo os las presenten. ¡Yo os digo, éstas conducen al caos para cada persona en particular!>>
<<Todo, cada componente del infinito, emite y recibe. También un denominado gen posee programas, es así un componente que emite y recibe. Si acogéis genes extraños, genes que no corresponden a vuestro cuerpo natural, acogéis potencial de emisión y recepción ajeno. Esto significa que con el tiempo os dirigirán fuerzas extrañas en vosotros. Si un gen se incorpora en la célula, en el cuerpo, la célula se divide y entonces se incrementa también el potencial de emisión. Esto significa que órganos enteros pueden ser dirigidos por otros. Este mando ajeno a uno a menudo ya no es acogido por el organismo, a no ser que cada vez más órganos sean dirigidos por fuerzas extrañas. Esto significa que el hombre no tiene más acceso a sus sensaciones ni a su conciencia. Esto significa, en sentido figurado, que él es un denominado robot que es dirigido por los intelectuales, y con ello por los demonios y sus cómplices>>.
<<Yo os advierto de afirmar tales sucesos. Pues quien no tiene más acceso a sus sensaciones y a su conciencia, es un hombre sin conciencia, que lleva a cabo todo lo que le es introducido en su interior. Jesús dijo: <<En verdad, en verdad os digo: ahora llega el tiempo en que los vivos envidiarán a los muertos. Así, más de alguna persona manipulada clamará: <<¡Quiero morir!>>. Mensaje dado a Gabriele en Alemania en 2008 EL MENSAJE DADO DESDE EL INFINITO LA PROFECÍA DE DIOS DADA EN LA ACTUALIDAD.
Es un tiempo sublime ¡el tiempo de Cristo, el mensaje es muy duro, una dura advertencia, que nadie ha escuchado. Se puede dar una guerra atómica y después la reversión de los polos. Los cascos polares derretidos pondrá todas la tierra debajo de las aguas. Dios, nuestro Padre celestial y Cristo, Su Hijo se manifestaron por boca de una profeta en reuniones públicas. A través de Gabriele, la profeta y mensajera de Dios para el tiempo actual, Cristo envió una y otra vez Su fuerza sanadora a todo el mundo.
Estas <<Irradiaciones de Cristo>>, como se llamaban estas reuniones de manifestación, fueron emitidas en directo a través de numerosas emisoras de radio, pudiendo ser escuchadas en todo el mundo -un acontecimiento cósmico cuyo significado para el futuro de la humanidad sólo podemos intuir. Para, que la gente, no prestarán atención a este acontecimiento, se inventaron LA CRISIS DE 2008 LA BURBUJA INMOBILIARIA, provocando las colas del hambre y la destrucción de las clases medias de todo el mundo. Paro general.
El año 2012, se inundó de malos presagios, la gente cambió, y las oraciones a Dios, nos salvó de un desastre que habían predicho los aztecas de la antigüedad y pasó sin rozarnos... <<Quien quiera captarlo, que lo capte. Quien quiera dejarlo, que lo deje>>. Solo los justos vivirán. ¡La Tierra, la Casa de toda la Humanidad es de todos!
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias, por la abundancia de la Madre Tierra, gracias. ¡Bendito eres Tú el Rey del Universo, el Creador de numerosos seres vivientes y de sus necesidades! ¡Bendito eres Tú que vivificas las almas de todos los seres vivientes¡ ¡Bendito eres Tú que vivificas los mundos! Paz y alegría en todo el Universo. Amén.
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