Frase inspiradora: <<Tenemos que mentir un poco al informar sobre lo sucedido, puesto que la verdad es a veces tan increíble que nadie la creería a menos que la falsifiquemos>>. Dostoyevsky.
<<¡Escuche a Dios, en su corazón!; cumpla Sus leyes y Sus Mandamientos; es muy importante que estudie la auténtica Biblia y ponga en práctica: ¡El Sermón del Monte de Nuestro Señor Jesucristo y vivirá para siempre!>> ¡Dios El Eterno es Jesús!
<<Jesús dio su vida para librar a la humanidad del pecado y la muerte (Mateo 20:28)>>. Gracias a este acto de redención, podemos disfrutar la vida eterna, tal como Dios promete a los profetas antiguos, modernos y a los contemporáneos. El reinado del Diablo Lucifer, en la Tierra acabó con el cambio de Era. Piscis ya no existe, pero ellos, se resisten a abandonar el poder luciferino y satanista; por eso, los que no se conviertan al cristianismo y se hagan hijos de Dios, la Luz en Jesucristo serán barridos de todo el planeta Tierra.
A Jesús de Nazaret lo asesina un sacerdote judío. Mientras vivió en la Tierra, Jesús mostró que era bueno y cariñoso, como Dios. Por eso, la gente quería estar cerca de Él. Enseñó la Verdad sobre Dios y, con sus parábolas, manifiesta con su enseñanza como cumplir las leyes de Dios y de los hombres, con mucho temple y valor. También curó enfermos e hizo que algunos muertos resucitaran. Nos enseñó a utilizar el poder de la mente: Metafísica. La pura esencia de la Metafísica era lo que Jesús enseñaba por las aldeas y pueblos de Palestina. Por eso, los líderes religiosos odiaban a Jesús porque Él decía que ellos enseñaban mentiras y que actuaban muy mal.
Jesús, fue torturado, golpeado, coronado de espinas sobre un trono de piedra del Monte Calavera, ¡sí!, lo sentaron en una gran piedra, y se mofaron los sacerdotes del templo, delante de los legionarios y de Su Madre la Virgen María, después lo colgaron en medio de dos hombres hasta expirar; después se abrieron los cielos y hubo tormentas y rayos; lluvia torrencial. Solo se salvaron unos pocos.
Mateo 7:13, 14 dice: <<Debemos elegir el camino que lleva a la vida>>. Salmo 37:10, 11 dice: <<La gente mala será destruida, pero las personas obedientes y buenas vivirán en paz>>. En este tiempo, es muy importante conocer bien a Jesús. Estudiar sus palabras y ponerlas por obra. Jesús dijo: <<Quien escucha Mis palabras y las pone por obra, es un hombre inteligente>>. Con ello Él se estaba refiriendo a la fe de los hechos, la fe de la acción, que dice así: reconozco mi comportamiento egoísta, aquello a lo que me he atado, las cadenas del No-querer-dejar-algo.
Cambiaré este comportamiento, mi mal comportamiento lo rechazo, también mis malos hábitos. Y quien lo cambia y cumple paso a paso las enseñanzas de Jesús, el Cristo, camina hacia dentro de su corazón y se va transformando en el hombre nuevo, que es bueno. ¡Y esto nos puede llevar a vivir la eternidad aquí en el planeta Tierra! ¡Además lo podemos llevar al infinito! En nosotros mismos está la prueba de que Dios está presente en cada átomo, en cada partícula y en cada célula, presente en todos nosotros. Y precisamente en la sanación por la fe, Cristo quiere que Le sintamos: que sintamos que Él está presente. ¡Eso fortalece nuestra fe! Eso da ánimos para poner en práctica paso a paso la fe activa, lo cual significa: me pregunto por las causas de lo que me trae estos conflictos y desaliento -es decir que mal sufro en este mundo-; purifico eso con Su fuerza, y me esforzaré por aceptar el ofrecimiento del Gran Espíritu del Eterno, ir cumpliendo los Diez Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús: hacer, por tanto, como dijo Jesús:
<<Quien escucha Mis palabras y las pone por obra, es un hombre inteligente>>; y el hombre inteligente no tiene que preguntar si es cierto lo que se ha dicho. Él mismo lo siente en sí. Y podemos sentirlo en nosotros; podemos percibir que el gran Espíritu está en nosotros, precisamente le sentimos en el corazón y en la sanación por la fe con Él. Para aliviar las depresiones, podemos decir palabras sencillas al aire, por ejemplo estas: Los Ángeles de Dios me darán fuerza. La Naturaleza curará mi cuerpo físico. La Luz de Cristo brillará en mi alma. Me comprometo conmigo mismo/a a no dejarme vencer por las fuerzas oscuras que dominan el mundo de las sensaciones. ¡Fuera, salid demonios! No sé qué cosas maravillosas me esperan en el por venir, pero ahí estaré para recibirlas con el corazón alegre y confiado. ¡Creo en Dios! ¡Creo en Sus Ángeles! Amén. Gracias Padre que sé que nos ves y nos escucha a todos.
<<¡Dios duerme en las piedras. Dios respira en las plantas. Dios vive en los animales. Dios espera en los hombres su despertar. Los ángeles ayudan al hombre a abrir sus ojos!>> Gracias a mi Maestro, a mi guía espiritual a mi Ángel guardián y a Dios Padre. Mil besos.
Los Ángeles nos acompañan desde el origen de los tiempos. Si nosotros lo deseamos, ellos están a nuestro lado en el camino para alcanzar la perfección en nuestra vida y en nosotros mismos. Si nos unimos a las fuerzas espirituales/celestiales,angelicales, entonces estas nos ayudarán y se desarrollarán en nuestro interior. A través de ellas nuestra vida cambiará y nuestros horizontes se ampliarán. Desarrollaremos cada vez más cualidades para estructurar nosotros mismos nuestra propia vida, para ser conscientes de reconocer nuestra función en el aspecto divino y para aportar aquí nuestro granito de arena en la Tierra. Aprendemos a modelar la materia con nuestras propias fuerzas mentales y espirituales. Gracias al contacto con estas fuerzas celestiales y angelicales, nuestra vida se verá enriquecida, más extensa y libre. Los Ángeles son criaturas de Dios Padre, son símbolos del amor. No solo habitan en los cielos lejanos, sino que también, en nuestros corazones, y trabajan conjuntamente con nosotros a través de la fuerza de la intuición.
Cuanto más permitamos que actúen en nuestra vida, más claramente se harán notar en nuestro día a día. Cualquier ser vivo de la creación es penetrado, está impregnado, rodeado por fuerzas, y permite que estas actúen de forma consciente o inconsciente. Los Ángeles, son los mensajeros de Dios Padre y, desempeñan su función ayudando a la Humanidad. Existen innumerable seres y frecuencias diferentes en todo el Universo. Personas especialmente sensibles y clarividentes pueden ver y percibir estos seres directamente a través de sus sentidos. El hombre <<normal>> posee sentidos que no son tan receptivos, por cuya razón considera los reinos de los seres angelicales como reinos pertenecientes a la fantasía y a los sueños.
Tan solo en caso de extrema necesidad o de <<milagros>>, las personas se acuerdan de los <<ayudantes invisibles>>. Sin embargo, no existe en ninguna realidad o dimensión, ni ninguna forma de vida en el Universo, capaz de sobrevivir y de cumplir con el encargo divino, en ausencia de seres pertenecientes a esferas más altas.
Desde comienzos de la era del Acuario los misterios soterrados se hacen de nuevo más accesibles. Todas aquellas personas que se disponen a ello consiguen descifrar los secretos mejor guardados. Cada vez se percibe más la acción del reino espiritual en la vida cotidiana. Todo aquel que desde lo más profundo de su corazón lo desee, sentirá el amor, la guía, la ayuda y la fuerza de los Ángeles y de Jesucristo en su vida. Los ángeles que sirven a la humanidad, son innumerables, son miles de millones de legiones de Ángeles. Pueden ser llamados en determinadas situaciones y procesos. Actúan en el hombre y están a su lado. Cuando han cumplido su función, vuelven de nuevo al reino espiritual al cual pertenecen. ¡Llamalos y vendrán!
¡Hermanos grandes y santos, vengan en nuestro socorro! Necesitamos vuestra ayuda, por favor, limpien todo el planeta de las fuerzas oscuras, de todas las formas y cosas que no corresponden con las leyes de Dios Padre. Por favor, lleven a todos los espíritus de los desencarnado a su lugar de descanso, reposo y estudio, que tengan paz sus almas. Que Dios, todopoderoso sea misericordioso y clemente y los lleve a los reinos de los cielos, que vivan allí la eternidad con sus ancestros eternos. Damos las gracias por purificar los infierno y llevar al demonio a otras regiones, más lejanas. Amén.
<<¡En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto, y a los Ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre!>> (San Juan 1,51). En la mañana es muy grato escuchar el canto de los pájaros; se dice que por las mañanas cantan los Ángeles a través de los pájaros para que toda la Naturaleza despierte; en general, se tiene la creencia de que los pájaros son los seres más cercanos a Dios y a los Ángeles. En cada alma vive un ángel y un demonio, a quien tu alimente, ese vencerá. El ángel te llevará al reino de los cielos, el demonio a los infiernos eternos. De ti depende tuya es la elección.
A estas alturas de la historia, en la Galicia rural podemos encontrar pueblos que viven prácticamente como hace tres o cuatro mil años, alejados de la tecnología y los conocimientos, y apegados a la magia y a las tradiciones. Si el mundo moderno desapareciera, las personas que habitan esas zonas no sufrirían el menor contratiempo y podrían proseguir con su ritmo de vida como hasta ahora. La leyenda del diluvio universal es común a la mayoría de los pueblos antiguos.
En el inconsciente colectivo de la humanidad pervive un tiempo de esplendor y de progreso en sintonía con los ángeles de Dios, después de ese esplendor y de progreso en sincronía con los ángeles buenos; después de ese esplendor, los hombres se volvieron tan terribles y codiciosos como el mismo Diablo Lucifer, fueron tan crueles que intentaron dominar el destino del mundo. Los ángeles de Dios, abandonaron a los hombre hartos de advertirlos, se fueron a sus reinos, mientras que los demonios crueles ocuparon su lugar. Creando confusión y caos dando lugar a grandes matanzas.
Las batallas estelares descritas en el Ramayana y el Mahabharata, son tan parecidas a las guerras estelares que podrían ser realidad científica el próximo año <<2026>>, la ciencia asombra cada vez más, demostrando a la humanidad la negatividad de la inteligencia artificial:<<IA>>. Aquí se demuestra que la humanidad pudo haber tenido una etapa de esplendor tecnológico y científico como se está viviendo ahora. Los textos antiguos, indignos de crédito el pasado siglo XX, ahora aparecen como una revelación en la que se puede equiparar avances tecnológicos de hace miles de años, con avances que se han conseguido prácticamente hace un par de días.
A la humanidad actual no le falta nada, ninguna de las dos cosas que tenían las civilizaciones míticas anteriores que desaparecieron en el pasado: la magia negra y estar en contacto con los demonios. Muchos practican el satanismo. La magia pervive como una superstición poco aceptable, y a los ángeles buenos, somos pocos los que les hablamos todos los días, ellos siempre contestan, ¡Sí! Si es bueno para el hombre. Pero está claro, que son pocos los hombres que están en contacto directo con Dios y con Sus Ángeles de amor.
Si la humanidad sufriera una destrucción natural, nuclear o divina, y se quedara sin sus fuentes de ciencia y tecnología, sólo nos quedaría Jesucristo y, los rezos para intentar salir de la barbarie. Sodoma y Gomorra fueron destruidas porque esa generación se corrompió.
Julio Verne, en el Nuevo Adán, describe una catástrofe que hunde la Tierra entera dejando muy pocos superviviente que, desposeídos de sus comodidades modernas, son incapaces de dedicarse a la ciencia o los estudios ante la avalancha de necesidades que necesitan cubrir.
Si un grupo de personas de clase media, sin fuentes de energía y sin formación tecnológica, sobreviviria a una hecatombe, éstas estarían destinadas a empezar de nuevo prácticamente desde cero. (El sabio de nuestro tiempo, Elon Musk lo ha dicho que nos podemos quedar en pañales...) El fuego y la rueda, así como los rudimentos de cocina y agricultura que todos tenemos, ayudarían mucho en un principio, pero las nuevas generaciones, punzadas por la supervivencia, no tardarían en recurrir a la violencia y a la fuerza para salir adelante, embruteciéndose cada vez más. (No pasaría, si se enseña a los niños y a los jóvenes las palabras de Jesús de Nazaret, todo irá genial.)
Una vez solventadas las necesidades básicas de territorio, comer, reproducirse y resguardarse de los elementos, podrían volver a dedicarse a la inventiva y al crecimiento personal. Para ello harían falta varias generaciones y distintas etapas de estabilidad climática y social. (Esto lo escribió Julio Verne.)
Los buscadores del origen del hombre actual señalan a los pueblos indogermánicos como fuente humana de nuestras actuales culturas europeas. Las incisiones griegas y romanas son posteriores al movimiento étnico de dichos pueblos. En libros como Los grandes iniciados podemos encontrar el ensalzamiento de estas fuentes, donde los antecesores de los celtas y los celtíberos aparecen como la raza base del anglosajón, el ario y el indoario.
En la cosmogonía teosófica defendida por Madame Blavatsky y Vasconcelos, encontramos al rubio celta como precursor de la dominante raza aria. Los pueblos nómadas y bárbaros que se fueron estableciendo a lo largo de lo que ahora conocemos por Europa e India, sembraron de tradiciones y leyendas las culturas nacientes. Quizá se haya exagerado el aspecto racial del origen celta con fines éticos y tendencias claramente xenófobas, pero, supuestas superioridades aparte, se puede destacar una idea religiosa básica de la fuente celta: la reencarnación y la inmortalidad del alma.
Druidas y druidesas mantuvieron vivas las tradiciones celtas en los distintos puntos del mundo conocido, pero no todos los pueblos fueron receptivos a ellas a lo largo de su historia, ya que otra fuente, la semítica, también dejó hondas huellas en el sentir mágico y religioso de la humanidad.
Los pueblos orientales, principalmente la India, fueron más receptivos al pensamiento mágico celta. Con el tiempo, millones de seres humanos se han sumado a sus ideas sin saber siquiera el origen de las mismas. Es difícil decir quién fue el primero en dar forma a la tradición y a las teorías del pensamiento mágico celta, y tampoco se puede asegurar que este pensamiento haya sido primero europeo occidental o indio.
La noche de los tiempos nos impide conocer quién influyó a quién, pero sí sabemos que hubo una gran fusión entre las razas más o menos bárbaras que corrían en el mundo un poco antes de que aparecieran las grandes civilizaciones y diera comienzo eso que conocemos por historia.
Fuera de los mitos y las leyendas que encontramos en diversos libros, hay poca documentación sobre el origen y desarrollo de los pueblos bárbaros. La historia habla de ellos sólo cuando han chocado con la cultura occidental, lo que los sitúa la mayoría de las veces como seres salvajes que no sabían hacer otra cosa que invadir territorios romanos.
Los celtas, como grupo bárbaro, aparecen en la historia tras su incursión en Roma en el año 385 a. C., cuando dirigidos por Breno fueron capaces de destruir la buena fama guerrera del Imperio. Por aquellos tiempos también atacaron los reinos griegos, conquistaron Tracia y se pasearon por Asia Menor. Pero a su furia guerrera no iba aparejada la codicia imperialista de fundar pueblos sobre otros pueblos, imponiendo su cultura y su manera de ser.
Los lugares que escogieron los celtas para asentarse no fueron los más poblados ni los más ricos, al menos no en el sentido occidental de la riqueza, sino que escogieron lugares pródigos en bosques y bellezas naturales como Galicia, Bretaña, las Galias, Gales e Irlanda.
Antiguamente, los grupos indogermanicos que conformaban los celtas ocupaban diversos puntos de la Europa Occidental y sus raíces provenían de la fusión entre los pueblos nómadas que circulaban entre India y Alemania, y en su seno fueron dando forma a especial manera de comprender el mundo que les rodeaba.
En sus migraciones y campañas de guerra, parecían buscar una riqueza poco evaluada por otros pueblos. No perseguían el oro y las joyas, las tierras y el ganado, las mujeres y las armas; los celtas parecían buscar una especie de paraíso terrenal que llevaban impreso en la memoria. Ellos buscaban bosques plenos de distintas especies animales y florales, plenos de árboles sabios y montañas mágicas.
Su cruzada particular era más mística y ambiental que codiciosa de intrascendente bienes materiales. Su cruzada particular puede calificarse de mágica, como si buscaran un lugar o lugares en los que pudieran estar en contacto con las plantas, las piedras, las cuevas y los mares, es decir, con la naturaleza.
Para corroborar esta teoría no hace falta más que visitar en la actualidad las tierras de sus descendientes, gallegos, bretones, galos, galeses e irlandeses, y ver lo similares y mágicos que son esos parajes. Es más, también en las costumbres, ritos y músicas de estos pueblos podemos encontrar diversos puntos similares. Y, por supuesto, en sus costumbres mágicas ancestrales.
Una de las facetas que unen a todas las culturas y pueblos humanos, antiguos o modernos, es la presencia de un brujo/a, un curandero/a o un sacerdote y una comadrona dentro de las estructuras sociales.
Desde las tribus más primitivas hasta las más modernas civilizaciones la figura del ser religioso sobre quien recae la responsabilidad moral y espiritual del grupo siempre está presente. Este factor común nos indica la preocupación eterna del hombre por aquello que puede trascenderle. Los celtas se dividían en clanes familiares, de mayor o menor importancia, que mantenían la hegemonía del grupo. No era nada raro que entre familias hubiera sus más y sus menos, ni que cuando un clan familiar era demasiado poderoso tuviera la tentación de absorber otros clanes más débiles.
Dentro de la barbarie esto puede parecernos demasiado salvaje, pero no es otra cosa que un símil primitivo de las actuales sociedades de origen celta. Entre los irlandeses aún se conserva muy arraigada la tradición del clan, mientras que en otros grupos, como los gallegos, esta tradición de clan alcanza al grueso de su población, incluso entre aquellos que han emigrado a otras tierras...
Dentro de la historia mágica y religiosa de la humanidad, las sacerdotisas, o las mujeres que se han dedicado a estos avatares, han sido relegadas a un papel secundario con respecto al hombre. Han habido grandes diosas, pero el olvido se ha posado sobre las grandes sacerdotisas. La razón primitiva de que esto ocurriera se debe en gran parte a las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres. La menstruación, por ejemplo, siempre ha sido considerada como un obstáculo o como una impureza para que la mujer pueda realizar su sacerdocio o su magia. Es más, en diversas culturas la menstruación ha pasado por ser algo diabólico.
Entre los semitas, por ejemplo, la menstruación era considerada como un castigo divino. Esta idea pervive entre las culturas judeocristianas, y se mantiene como una de las razones por las que una mujer no puede ser sacerdote, imán o rabino.
Otro punto en contra era la suposición de que una mujer no puede mantenerse virgen de pensamiento, obra y acto, es decir, que los hombres han supuesto durante milenios que la mujer tiene la carne más débil que el hombre, y que, por lo tanto, es incapaz de mantenerse casta y pura. El hombre siempre ha estado identificado con el sol, y la mujer con la luna. El hombre se supone majestuoso y lleno de luz, mientras que la mujer siempre ha sido vista como un ser cambiante lleno de sombras. (Lo de la debilidad carnal vino de Eva, que cayó en los brazos del Diablo Lucifer; y si mira a las mujeres de la política europea, parecen viejas brujas, malvadas y retorcidas.)
Todo esto es mucho suponer, pero así han funcionado las cosas prácticamente hasta nuestros días. La blanca capacidad seminal del hombre le ha colocado en un pedestal dentro de todas las religiones, mientras que los rojos efluvios mensuales de la mujer han sido considerados como una mácula.
Este tipo de pensamientos llevaron a algunas vestales a vaciarse las entrañas para evitar la impureza de la menstruación y así poder dedicarse plenamente a su sacerdocio... La figura de la bruja ha sido en muchas ocasiones una forma de mostrar rebeldía contra lo establecido, y en otras ocasiones ha sido un verdadero culto a la fertilidad, sin sofismas de moralidad. En este orden de ideas se han creado diversas órdenes femeninas entre las distintas culturas donde la devoción espiritual ha pasado forzosamente por el sexo...
Las sabias, las magas, las brujas, las curanderas, en fin, las meigas, han permanecido en Galicia (como en muchas partes del mundo), a pesar de todos los intentos institucionales -científicos, racionales o religiosos- por desterrarlas. Las mujeres son más resistentes y más persistentes que los hombres, por eso las druidesas de ayer son las meigas de hoy, mientras que los druidas de antaño han desaparecido. El papel que parecía secundario es el que se ha sostenido, y la tradición sobrevive gracias a ello sin importarle (y sin cuestionarse) que se le tilde de burda superstición.
Toda superstición posee una gran dosis de tradición. Toda superstición está avalada por una casualidad mágica, o bien, por una casualidad psicológica que le da razón de ser, porque muchas de las supersticiones modernas no son otra cosa que viejas tradiciones mantenidas en el inconsciente colectivo del hombre, con una carga de funcionalidad que reta el más sesudo análisis.
La ignorancia y la herejía no son motivaciones suficientes para que funcionen los resortes básicos del hombre. Hay un hilo dentro de las tradiciones mágicas que todavía se nos escapa. Hay una energía desconocida que aún no hemos llegado a comprender y que ha venido usándose a través de los siglos y los milenios.
Hay una tradición mágica, una especie de poder oculto inherente al hombre que es capaz de transformar la realidad sin pasar por el rasero de la explicación científica. Las meigas, aún sin saberlo, son las herederas de la tradición mágica celta, y gracias a ello pueden hacer que la más absurda superstición pueda convertirse en realidad.
Érase una vez, hace poco tiempo vivían en la Tierra un grupo de individuos, que creían que se podían adueñar de todas las cosas, de todas las tierras y de todas las riquezas de todo el mundo. ¡Sí! Los campos, las fábricas, el comercio, todas las cosas, ellos creían que eran suyas. Las personas eran sus esclavas. Y lo peor y más infeliz era que todo le pertenecía al Diablo. Ellos creían que podían cambiar las leyes, y que podían introducir las enmiendas que les apeteceria.
Y así lo hacían todos los días. Agravando las cargas fiscales de los ciudadanos. La gente era cada día un poco más pobre. Los precios se alzaban hasta llegar al techo. Apenas podían alimentar a la familia. Reducían los gastos en los servicios sociales y comunitarios, y ampliaban el gasto de la defensa nacional. Cuando se reunían en asamblea, locos de contento gritaban desde sus bancos: -¡Fuimos ricos en el pasado, vivimos ricos en el presente y seremos los amos del mundo en el futuro!- repetían mientras aplaudían los esclavos-.
Había un Hombre-Dios llamado Jesús, que podía ir y venir a otras dimensiones y, a otras épocas. Por el laberinto del Bosque Mágico, aparecen los espíritus de la Familia Sagrada, los Siete han hecho todos los esfuerzos posibles, para que la gente despierte. ¡Oh, Maestro! ¡El cielo trajo las Navidades, toda la gente son benditas en esa época del año! Sean benditas las acciones de este nuevo otoño. ¡Gracias! He visto pasar la Santa Compaña, llevando en su marcha las almas de los próximos muertos, del destino fúnebre que preparan.
Cuando el Bosque Mágico se rompe por los cañonazos, por las grutas y las cuevas de este romance ululan tristes canciones. Son las voces de los no nacidos, de las almas, de los muertos del pasado del presente y del futuro. Los niños inocentes y los sensibles pueden ver claramente a la Santa Compaña en las noches oscuras del mundo, escoltando las almas de los vivos que pronto pasarán a otra vida, pero también los insensibles y los retorcidos pueden tropezarse y caerse, rompiendo su cáscara de nuez se mueren, por casualidades del destino los criminales verán el fúnebre cortejo. Nadie está a salvo de su propio duelo. Todo invita a la aventura, a abrir la puerta sagrada, al deseo, de la conquista de la Nueva Edad Dorada en paz.
Desde estos acantilados de afiladas piedras partieron los habitantes del Bosque Mágico, posiblemente llegaron a tierra continental por las costas en los tiempos sin recuerdo, ahora, llegaron los hombres sabios, los buenos que vivían en los cielos en medio de las estrellas.
Y llegaron los antiguos sabios. La historia es un vericueto de palabras asentadas por los vencedores que, como los romanos, borran las raíces verdadera de los pueblos. La gran historia de los conquistadores se come a las pequeñas historias de las naciones. Los supervivientes intentan mantener sus tradiciones y hay cosas que mueren, pero el velo de lo oficial se extiende sobre las enseñanzas internas generacionales. El Bosque sigue siendo Mágico, pero la voz de Dios ya no llega a la gente como llegaba antes, el velo de la razón y la lógica está minando sus raíces ancestrales. El mundo se acaba así y, a partir de este punto, todo será de nuevo un legendario misterio. Desde luego las guerras actuales no auguran nada bueno.
<<El Bosque sigue estando vivo, fiel a su naturaleza y a sus tradiciones, y el hombre sigue siendo parte de sus ramas y de sus sombras. El contacto de los elementos y los seres de la naturaleza se está perdiendo en la noche oscura del alma. Y si la magia del bosque ya no funciona igual que antes no es porque haya desaparecido el vínculo entre las partes, sino porque se ha suspendido el contacto.>>
Las brujas, vestidas de lujo, las agoreras de la muerte entre los viejos griegos y los nuevos egipcios, posiblemente llegaron del Imperio del Mal. El esplendor del Imperio, sólo dio pie para crear acumuladores desconocidos, gente disfrazada con las máscaras de las bondades. Y se creen los elegidos. ¡Si! Elegidos por el Señor del Mal. Gente de lenguas pastosas, que cuando dicen ahora hablemos de los pobres de la Tierra, pero, primero, bebamos champán...
El Joven Espíritu gritaba a la multitud: -Yo Soy Él. ¡Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro! Hasta el fin de los tiempos estaré con todos vosotros. Los ángeles se habían postrado delante de Él. ¡De rodillas, estaba San Miguel! La gente lloraba amargamente. Esperaban al viajero que llegaría de los cielos. Y estaba delante de ellos, sólo veían a un peregrino de Santiago, que camina hacia otro santuario, creían ver delante de sus ojos a un cruzado de misiones imposible, era una contradicción en sí mismo, pensar que era Dios.
Cuenta la leyenda que más allá del cabo Finisterre, en pleno Atlántico, existió la mítica Atlántida. La tradición oral se pierde en la noche de los tiempos y no se establecen fechas, pero recuerda con clara memoria esa gran urbe llena de adelantos y de gente sabia que emergía del océano (Lo que cuenta Julio Verne, la Tierra hueca y el sol negro de los nazis...). En la Atlántida todo era bonanza y progreso. Sus habitantes podían ver lo que pasaba a miles de leguas de distancia. Viajaban en naves sostificadas, que surcaban con igual facilidad el cielo, el mar y la tierra.
Las ciencias y las artes estaban en todo su esplendor. La paz reinaba y la gente era feliz. La Atlántida tenía los dones y el poder, y sus habitantes eran, para el resto del mundo, verdaderos semidioses.
El esplendor del Imperio duró muchos ciclos solares, y ciclo tras ciclo sus habitantes iban acumulando poder, sabiduría y grandeza.
Todo parecía perfecto, los ángeles visitaban el Imperio y se solazaban con los avances de sus gentes. Pero un día, los habitantes de la Atlántida quisieron ser más grandes que los ángeles y no depender de ellos. Los ángeles se alejaron de la Atlántida apesadumbrados, esperando que su gente reaccionara y cambiara sus pensamientos.
Los habitantes del Imperio, lejos de cambiar sus pensamientos, se dedicaron a crecer más y más, fabricando sin cesar armas de todo tipo e incluso las nucleares, y venenos; el poder atómico que les entregó el Diablo Lucifer les había hecho creer que se convertirían en los dioses más poderosos de todo el Universo. Eso se han creído.
Desde sus inicios con las relaciones nazis, habían sido díscolos con sus descubrimientos y sabiduría. Jamás la habían compartido con el resto de los pueblos. Ellos eran demasiado adelantados y los hombres no vieron nada malo en su deseo de guardar los secretos de la magia y la ciencia para ellos, al fin y al cabo el resto de los pueblos eran demasiado primitivos como para comprender sus enseñanzas luciferinas. Un poder que llegó de los demonios.
Lo que no sospecharon los ángeles de Dios fue que ese poder de sabiduría y conocimiento pudiera llenar el corazón del Imperio de orgullo y avaricia. Los mismos hombres sabios se sintieron desconcertados por mantener sus misterios lejos de los otros pueblos, y creyeron que su propia actitud había alentado a los habitantes de la Atlántida a pecar de orgullo, así que dejaron que los humanos del Imperio resolvieran sus propias inclinaciones. Los ángeles, pensando que un día se darían cuenta del error y volverían sobre sus pasos.
No fue así. El tiempo pasó y los habitantes del Imperio, envanecidos por sus logros, perdieron el camino y se convirtieron en pecadores contumaces, degenerando su especie y pervirtiendo todo lo que tocaban. Mandaban a sus esbirros a secuestrar a las pequeñas, e indefensas niñas de los pueblos linderos, ellas eran ofrecidas en los altares al mismo Diablo Lucifer, la pederastía se extendía como los hongos; proliferan las drogas y los narcóticos; los ataques a otras naciones se repiten, después dicen que son errores de cálculo.
Los Ángeles de Dios, al ver lo bajo que habían caído los habitantes de la Atlántida, bajaron para hablar con ellos, intentando ayudarles a retomar el rumbo correcto, pero no fueron oídos. Los habitantes del Imperio se sentían tan poderosos que desafiaron abiertamente a Dios, el Rey de los cielos. Sus profetas, los avisa con la destrucción si volvía a atacar a otros pueblos. Entonces, ellos, crearon terribles armas y peligrosas bombas, y concentraron más que nunca sus poderes en el centro del Imperio. Una decisión errónea les llevó a utilizar sus terribles artificios contra las otras naciones enemigas.
Durante algunas jornadas el cielo del planeta Tierra se iluminó por las noches con el fragoroso estruendo de las armas. Las escaramuzas iban dirigidas a repeler cualquier intento de acercamiento del enemigo. Barcos, aviones lanzaban rayos de luz; bombas de gran calibre explotaban en el cielo y en el mar, haciendo retumbar toda la tierra. De pronto, todo cayó en un profundo silencio. Los hombres del Imperio, creyendo haber derrotado a todas las naciones enemigas, se entregaron a las fiestas y al desenfreno.
En el sueño de la resaca alentaban la ambición de salir a conquistar la Tierra entera y someter a todos sus habitantes, pero antes de que se dieran cuenta, los cascos polares se derritieron, los polos se hicieron agua, en la inmensidad de las aguas se hundieron todos los individuos y todo el Imperio de la Atlántida quedó sumergido. Todos los ingenios y poderes del Imperio Atlante se perdieron. Ninguna de sus obras se salvó, todo quedó destruido. Millones de seres se desintegraron mientras la ciudad se hundía en las aguas, y solo algunos muros, hoy enterrado bajo el Atlántico, se mantuvieron en pie para dar testimonio a través de los milenios de la existencia del Imperio de la Atlántida. Dicen los sabios, que cuando los hombres olvidan su historia están condenados a repetirla. Dios es amor, avisa.
Y tras decir estas palabras, Dios, les entregó en sus manos las Tablas de Oro, donde estaban escritos Los Diez Mandamientos de la Ley. Desaparecieron, porque se dejaron seducir por los demonios. Los atlantes envidiosos, reducen a los hombres a la mísera esclavitud.
No se ha acabado, sin embargo, la prueba. Moisés tuvo menos suerte. Moisés desciende del monte humoso y tonante con las dos tablas de piedra, donde el dedo mismo de Dios ha escrito los Diez Mandamientos. Moisés no verá la tierra prometida, el nuevo Paraíso que hay que reconquistar en lugar del perdido.
Pero el pacto divino queda firme: Josué y los demás héroes pasan el Jordán, entran en la tierra de Canaán y vencen a los pueblos; las ciudades caen al sonido de las trompetas; Débora puede cantar su canto de triunfo; el pueblo lleva consigo al Dios de las Batallas escondido tras las tiendas, sobre un carro tirado por bueyes; pero los enemigos son muchos y no quieren hacer sitio a los recién llegados.
Los hebreos vagan de aquí para allá; pastores y bandidos, victoriosos cuando mantienen los pactos de la Ley, vencidos cuando los olvidan.
Un gigante de cabellos jamás cortados mata por sí solo a millares de filisteos y amalecitas; pero una mujer le traiciona: los enemigos le arrancan los ojos y le ponen a mover la piedra de un molino. No bastan los héroes, son menester los reyes. Sansón es su nombre.
Un joven de la tribu de Benjamín, alto y bien parecido, mientras va en busca de las borriquillas de su padre, que se habían escapado, se encuentra con un profeta, que le vierte óleo santo sobre la cabeza y le hace rey de todo el pueblo. Saúl, hecho guerrero poderoso, derrota a los amonitas y los amalecitas, y funda un reino militar temido por los vecinos. Pero el mismo profeta que le ha hecho rey, airado contra él, le suscita un rival. David, joven pastor, mata al gigante enemigo del Rey, endulza con el arpa las airadas tristezas del Rey, es amado por el primogénito del Rey, se casa con la hija del Rey, figura entre los capitanes del Rey. Pero Saúl, suspicaz y frenético, quiere matarlo.
David se esconde en las cuevas de los montes, se hace capitán de bandidos, pasa al servicio de los filisteos, y cuando éstos han vencido y muerto Saúl en las colinas de Gelboé, se convierte a su vez en rey de todo Israel. El temerario pastor, grande como poeta y como rey, pero, fue cruel y liviano, funda su casa de Jerusalén, y con ayuda de sus Ghibborim, o valientes, vence y sojuzga a los reyes que les circundan. El hebreo por primera vez es temido.
Durante siglos y siglos suspirara por el trono de David y pondrá sus esperanzas en un descendiente suyo que le salve de la abyección. David es el Rey de la Espada y del Canto; Salomón es el Rey del Oro y de la Sabiduría. Los tributarios llevan el oro a su casa; adorna con oro la primera suntuosa casa de Jehová; envía navíos al lejano Ofir en busca de oro; la reina de Saba depone a sus pies sacos de oro. Pero todo el esplendor del oro y de la sabiduría de Salomón no bastan para salvar al Rey de la impureza y al Reino de la ruina.
Se casa con las mujeres extranjeras y adora a los dioses extranjeros... Apenas, muere su Reino es dividido y comienzan los siglos oscuros y vergonzosos de la decadencia. Conjuras de palacio, asesinato de reyes, revueltas de jefes, guerras fraternas y desgraciadas, tiempos de impúdica idolatría seguidos de efímeros arrepentimientos, llenan los tiempos de la separación. Surgen los profetas para amonestar; pero los reyes no los escuchan o los destierran.
Los enemigos de Israel recobran fuerzas; los fenicios, los egipcios, los asirios, los caldeos, invaden uno tras otro los dos reinos, los someten a tributo, y, finalmente, casi seiscientos años antes del nacimiento de Jesús, Jerusalén es destruida, derrocado el templo de Jehová y conducidos los hebreos en esclavitud junto a los ríos de Babilonia. La medida de las infidelidades y de los pecados se había colmado, y aquel mismo Dios que los libertara de la esclavitud de los egipcios los entrega en esclavitud a los caldeos.
Es el cuarto castigo y el más tremendo de todos, porque ya no tendrán fin. Desde aquel momento los hebreos estarán siempre, perpetuamente, dispersos entre los extranjeros y por los extranjeros sojuzgados. Algunos de ellos volverán a construir Jerusalén y su templo; pero el país será invadido por los escitas, sometidos a los persas, conquistado por los griegos, y, finalmente, después de la última gesta de los macabeos, entregado a una dinastía de árabes bárbaros sujeta a los romanos.
Este pueblo que durante tantos siglos vivió libre y rico en el desierto y un día fue dueño de reinos y se creyó, bajo la protección de su Dios, el primer pueblo de la Tierra, ahora, diezmado, dividido, despreciado y mandado por los extranjeros, se ha convertido poco a poco en el ludribio de las gentes, en el Job de los pueblos.
Después de la muerte de Jesús, su destino será todavía más duro: Jerusalén será destruida por segunda vez; en la provincia devastada no mandarán más que los griegos y romanos, y los últimos restos de Israel serán dispersos por toda la Tierra como el polvo de los caminos empujado por el siroco.
Nunca pueblo alguno fue tan amado por su Dios ni tan atrozmente castigado; fue elegido para ser el primero y fue siervo de los últimos; quiso tener una patria propia y victoriosa, y fue desterrado y esclavo en las partidas ajenas. Aunque más pastoril que guerrero, nunca estuvo en paz consigo mismo ni con los demás. Guerreó con sus vecinos, con sus huéspedes, con sus príncipes; guerreó con sus profetas y con su mismo Dios. Podrido de maldades, gobernado por homicidas, traidores, adúlteros, incestuosos, bandidos simoníacos e idólatras, vio nacer, con todo, de sus mujeres, en sus casas, a los más perfectos hombres del Oriente: justos, predicadores, solitarios, profetas. Hasta que nació de él el padre de los nuevos santos, el que era esperado por todos los profetas.
Este pueblo, que no tuvo Metafísica, Ciencia, Música, Escultura, Pintura ni Arquitecturas propias, creó la más grande poesía del tiempo antiguo, candente de sublimidad en los Salmos y en los Profetas, perfecta de ternura en las historias de José y de Ruth, ardiente de pasión en el Cantar de los Cantares.
Criado en medio de los cultos a los salvajes dioses locales, llega el amor de Dios, Padre único y universal; ávido de tierra y de oro, ostenta en los profetas los primeros defensores de los pobres y llega a la negación de la riqueza; el mismo pueblo que ha degollado víctimas humanas sobre sus altares y ha asesinado ciudades enteras de inocentes, da discípulos al que ha de predicar el amor a los enemigos; este pueblo, celoso de su Dios celoso, le ha traicionado siempre para correr en pos de falsos dioses; de su templo, tres veces levantado y tres veces destruido, no queda más que una muralla rota, apenas suficiente para que una fila de plañideros pueda apoyar en ella la cabeza y esconder sus lágrimas.
Pero este pueblo absurdo y problemático, sobrehumano y miserable, primero y último de todos, el más feliz y el más infeliz de todos, aunque siervo de las naciones, sigue dominando a las naciones con el dinero y con la palabra; aunque no tenga hace siglos una patria propia, se cuenta entre los grandes señores de todas las patrias; aunque haya asesinado al más grande de sus hijos ha dividido en dos partes, con aquella sangre, la historia del mundo, y esta raza de deicidas es la más infame, pero en cierto modo la más sagrada de todas las gentes. <<Ningún pueblo fue advertido como el hebreo>>.
Ninguno tuvo tantos despertadores y admonitores. Desde el principio de su Reino temporal hasta el desmembramiento; en los grandes días de los reyes victoriosos; en los dolorosos días del destierro, en los tristes días de la esclavitud, en el día siniestro de la dispersión.
La Tierra estaba oscura y el aire, seco por el polvo de las calles. De pronto aparecieron hermosos Ángeles en la plaza de San Pedro del Vaticano y todo quedó envuelto en un resplandor brumoso. Hermosos hombres vestidos de blanco, no dijeron palabra, aunque sus labios se movían en oración silenciosa. Entonces llegó: una hermosa doncella, hermosa más allá de lo imaginable. La gente la reconoció de inmediato: La Virgen María, Madre de Dios y Señora del Mundo. María la Reina de todos los Pueblos de la Tierra ha llegado. Paralizados, ven que tendía Su mano virginal hacia ellos, al tiempo que la muchedumbre allí presente se colmaba de emoción con Sus doradas palabras.
-Dejad que la pureza entre en vuestra vida, no digo que ciñan el cinturón de castidad, pero sean puros y castos; obedientes a Dios. Dejen que sus pies cálcen las sandalias de quien predica el Evangelio de la Paz. De entre los pliegues de su vestido, la doncella extrajo un escapulario de color blanco níveo que Ella depositó delante del Obispo de Roma. -He aquí el Libro de la Ley. En él había inscrito en oro tres nombres: Trump- XI J. - y Putin. Vosotros sois mis elegidos.
¡Chitón! A trabajar por la paz del mundo. El Obispo de Roma se había inclinado pero la visión había desaparecido ya. Se llevó la mano a la frente, que estaba fresca. De inmediato se puso de pie, y después se hincó de rodillas para mostrar su gratitud con la oración. Compartirían ese milagro con todos los pueblos. Y después rezarían.
La doncella y los ángeles vestido de blanco parecían, como estatuas de Miguel Ángel. Sólo le daba vida el vaho ensortijado de las palabras pronunciadas, por la Virgen María, y, ellos, sin emitir sonido alguno, los ángeles. De pronto un resplandor blanquecino iluminó la oscuridad y apareció Jesucristo en un extremo de la gran plaza, y dijo: -¡YO SOY ÉL! Y Soy aquel, ¡sí! aquel a quien invocan todas las noches y todos los días para pedir que los proteja. Entonces abrió su manto y mostró una legión de Ángeles que subían y bajaban a su alrededor. Los frailes y las monjas, las hermanas de todas las órdenes, reconocieron a Aquel que había fallecido en la Cruz.
Y dijo, Jesús: No se maten. Amen su vida. Amen a su Dios interno. Los asquerosos demonios, se irán al charco del Diablo. Recen, la oración en común, es un potente manantial de fuerza, una fuente para todo el que se enfrenta a sí mismo para formar la imagen de un hombre sano, la imagen de un hombre alegre, con bienestar y felicidad interna. ¡Nunca me he ido! ¡Nunca os he dejado solos! Durante miles de años he sido calumniado. Den las gracias a Dios Padre, dejad que Él siga fluyendo, es el gran Espíritu, y dadle las gracias de todo corazón, en silencio. Y estoy seguro, muy seguro, de que quien esté Conmigo , sentirá en sí vivencias de las que dirán que son únicas. ¡No lo son! Se trata de la ley del amor, que actúa en vosotros. Mi paz os doy. Y todo Mi amor es para todos vosotros.
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor, por favor envía al Espíritu Santo sobre todos los hombres. Un hombre nuevo: sano, feliz, eficiente y lleno de fuerza será. Un hombre nuevo con gran fe profunda y profunda confianza en Aquel que lo puede todo: Cristo en nosotros. Jesús, yo en ti confío. Paz y alegría universal. Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario