<<Dile a tu corazón que el miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Y ningún corazón ha sufrido alguna vez cuando va en busca de sus sueños>>. PAULO COELHO.
Entre los magníficos monumentos de Babilonia destacaba el templo dedicado al Sol, cuya altura excedía de 14 metros a la pirámide de Cheops. El dios Marduk era el más poderoso de la mitología babilónica y gozaba en general de veneración. Los sacerdotes eran también magos y predecían el porvenir observando la posición de los astros, la situación de una gota de aceite en el agua o examinando las entrañas de las víctimas, costumbre mágica muy generalizada.
La construcción religiosa más típica de Babilonia era el zigurat, torre formada por siete prismas superpuestos y escalonados de base cuadrangular. Según escribe Herodoto, estos primas estaban pintados de diferente color y cada uno se dedicaba a un astro. Mercurio Venus, Marte, Júpiter, Saturno, la Luna y el Sol. (Esto es, los cinco planetas que ellos conocían, nuestro satélite la Luna y el astro rey el Sol, siete.)
Así fue como el número siete pasó a ser un número sagrado, que volvemos a encontrar en las Siete Maravillas del Mundo, en el séptimo cielo y en los siete días de la semana, lo cual es como un pedazo de Babilonia que aún existe entre las gentes de hoy.
La historia de Semíramis se halla envuelta en fábulas y leyendas inverosímiles. Nada más poético que la figura de esta reina de Babilonia, a la que se atribuye la construcción de los célebres Jardines Colgantes. Se cuenta que Semíramis era hija de la diosa o sacerdotisa Derceto, que la abandonó recién nacida en el desierto, con el propósito de que las fieras la devorasen.
Pero el destino velaba por la hermosa niña y para cuidar de su subsistencia le enviaba palomas que le daban calor y la nutrían con la leche que portaban en sus picos de los vecinos apriscos... Pronto la halló el pastor Simas, que la recogió y le dio cobijo en su cabaña. Y ocurrió que, yendo un día de caza, el intendente real descubrió a la joven casualmente y, admirado de su sorprendente belleza, la condujo a palacio. Semíramis se casó después con Oanes, gobernador de Babilonia.
Pero enamorado de ella Nino o Minos, rey de Asiria, tomó a Semíramis a la fuerza por esposa, por lo que esta le asesinó poco después. Muerto su esposo, Semíramis fue elevada al trono, y logró con su energía, valor en la guerra y buenas dotes de gobernante fundar un vasto Imperio.
Sus victorias y sus conquistas le proporcionaron inmensas riquezas, que Semíramis empleó en la construcción de varios monumentos, pero sobre todo de uno cuya magnificencia y belleza legase su nombre a la posteridad... Y así fue cómo se levantaron los Jardines Colgantes de Babilonia.
Según cuentan las tradiciones, después de reinar Semíramis cuarenta y dos años, atormentada interiormente por sus remordimientos, que la hacían ver en todas partes la sombra de Nino, desapareció en forma de paloma, hacia el cielo de la leyenda... Pero muchos dicen que fue muerta por su propio hijo, que ambicionaba el poder. (Aquí, se cumple el dicho famoso: ¡Quién a espada mata a espada muere!)
El hermoso drama de Calderón de la Barca titulado <<La hija del aire>>, refundido más tarde por Echegaray, tiene por argumento la vida legendaria de la bella y ambiciosa Semíramis.
La tradición recibida y por muchos siglos aceptada dice que la reina Semíramis fue una mujer de extraordinaria belleza, pero de ánimo varonil y genio político, que dilató en brillantes campañas los límites de su Imperio. Conquistó Babilonia y hermoseó esta ciudad -según se dice- con jardines colgantes, murallas, canales y otras construcciones maravillosas. Por los datos que ofrece Herodoto, Babilonia debía de ser entonces tan grande como Madrid, Londres, París y Berlín reunidas.
Por eso dice un gran escritor que Babilonia <<arrancó del suelo del desierto el oasis y le suspendió en el cielo sobre el terrado de Semíramis>>. En cambio, otra descripción afirma que el rey Nabucodonosor fue quién mandó construir los Jardines Colgantes de Babilonia para su esposa Amytis, <<en forma de terrazas escalonadas, en una superposición de entre 15 y 20 metros, hasta una altura de 90 metros>>. Las dos versiones son posibles; pero ¿fue Semíramis o Nabucodonosor quién ordenó construir los Jardines Colgantes? Hay quien asegura -Schneider- que los jardines de Nabucodonosor nada tenían que ver con los de la legendaria Semíramis, ni tampoco <<colgaban>>, aunque eran algo sumamente curioso. Parece ser que no sólo construyó Nabucodonosor cinco murallas enormes en Babilonia, sino que estableció también cuatro canales desde el Éufrates hasta el Tigris, dos canales paralelos hacia el Éufrates, y al norte de la ciudad un embalse para regular las aguas. El lago artificial medía, según Herodoto, 400 kilómetros cuadrados de superficie.
Las azoteas-jardín de Nabucodonosor eran una obra maestra de arquitectura. Cabe imaginar que en aquellos atardeceres orientales, cuando soplaba la brisa, Babilonia entera desfallecería bajo el embrujo de mil perfumes procedentes de los célebres Jardines Colgantes. Y en estos jardines de ensueño celebrarían los reyes babilónicos orgiásticas fiestas, mientras quizá Semíramis, en su edén suspendido y maravilloso, alejada de los cuidados y preocupaciones del poder, recorrería con paso majestuoso su dominio aéreo, admirando las magnificencias allí reunidas al conjuro de su caprichosa voluntad.
Hasta que por fin, un día, satisfecha de la fantástica creación que inmortalizaría su nombre, desde un perfumado rosal cuajado de flores, la soberana de Babilonia emprendería radiante vuelo en su blancura de paloma, para perderse en las brumas legendarias.
Según los libros sagrados, el insensato orgulloso de Nabucodonosor fue castigado por Dios con una demencia que le hacía creer haberse convertido en buey, por lo cual pastaba con las bestias.
Sea así o no, lo cierto es que vestigios hallados en el emplazamiento de la antigua Babilonia atestiguan que allí los Jardines Colgantes escalonaron antaño sus terrazas maravillosas... En 1898, la Sociedad Alemana Oriental, bajo la dirección del famoso arqueólogo Robert Koldewey, consiguió con sus excavaciones en Babilonia tan importante hallazgo.
Todos los monumentos descubiertos coinciden con las descripciones hechas por el historiador Herodoto, señaladamente el palacio de Nabucodonosor, en el cual se ha podido hallar la pared, de ladrillos esmaltado, donde una mano misteriosa escribió la amenaza profética Mane, thecel, phares (<<Pesado, contado dividido>>), durante el sacrílego festín del licencioso príncipe Baltasar, en el momento en que penetraba Ciro en Babilonia...
Y más habría encontrado, si durante los siglos transcurridos no se hubiera empleado las piedras de la ciudad pecadora para construir nuevas ciudades. La residencia real de Seleucia, a orillas del Tigris, que asestó a la antigua metrópoli el golpe de gracia, fue construida con los ladrillos de Babilonia. También los califas se llevaron en el siglo VIII para su capital de Bagdad ladrillos que ostentaban el sello de Nabucodonosor.
Y el sello de este famoso monarca aparece en más de cien ruinas de ciudades de Mesopotamia. Así fue cómo contribuyó Nabucodonosor, el más ambicioso constructor de ciudades de la Historia, a construir ciudades incluso siglos después de su muerte.
En cambio, las excavaciones hechas en 1834 por el alemán Curtius y otros sabios, han puesto al descubierto casi todos los monumentos de la antigua Olimpia, y hasta el lugar donde se hallaba el trono del dios Júpiter. Pero, desgraciadamente, de la célebre estatua nadie sabe nada. <<¿No estará en el fondo de las aguas del Bósforo o de los Dardanelos?>>, se preguntan algunos.
Cuentan, anciano ya, el Apóstol Juan fue rescatado de la isla de Patmos y llevado a Éfeso donde le esperaban ansiosamente muchos de los que luego serían sus más fieles adeptos. Por aquellas fechas Éfeso se había olvidado un poco de las enseñanzas de los Apóstoles y se entregaba alegremente a los ritos paganos.
La diosa Artemisa (Diana) recibía homenajes constantes, y el error y la disipación volvían a apoderarse de la ciudad. Donde hacía unos años tan sólo, hablaba el Apóstol San Pablo y se destruían los ídolos, volvía ahora a inmolarse víctimas a las representaciones impuras. El Apóstol Juan clamaba, poseído de santa indignación, rogando para que la luz ahuyentara las tinieblas. Y dándose cuenta de que su vida se extinguía, se daba prisa por terminar su Evangelio repleto de palabras maravillosas...
<<En el principio era el Verbo y en el Verbo estaba en Dios... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros...>>
La voz del anciano Apóstol, torrente de claridad y de amor, acalló a la diosa Artemisa, y desde entonces el Evangelio de San Juan nutre al pueblo cristiano, resonando por los siglos de los siglos.
Según muchas autoridades, murió Juan, serena y alegremente, a la edad de cien años y cuando en Roma reinaba el emperador Trajano. Fue enterrado en Éfeso, según el testimonio de Policrato. Su tumba alcanzó gran celebridad, y sobre ella se construyó una Iglesia denominada Apostolicon. La aldea que reemplaza hoy a la antigua Éfeso, lleva el nombre del Apóstol teólogo.
Desde su origen, la opulenta Éfeso fue consagrada a Artemisa, la indómita virgen hermana de Apolo y diosa de la Luna y de la caza, llamada Diana entre los romanos. Numerosos sacerdotes y una nutrida congregación de jóvenes sacerdotisas rendía a Artemisa, en diversos templos, suntuoso y asiduo culto para rogar sus favores y protección... La creencia popular la reputaba como caída del cielo, y este origen mítico le valió la veneración de todos los pueblos de la antigua Grecia.
A diario llegaban a Éfeso, desde los más lejanos lugares, numerosos peregrinos ansiosos de venerar a la diosa. Con ocasión de las grandes fiestas anuales en honor de Artemisa se celebraban, las calles de la ciudad presentaban durante varios días una animación extraordinaria. era de ver entonces a los príncipes y grandes señores, a los generales y ricos mercaderes, fraternizar con los humildes campesinos y los artesanos modestos, movidos todos del mismo sentimiento religioso que les impulsaba a venerar a la divinidad.
Las fiestas duraban por lo general una semana. Durante estos días, Éfeso se convertía en el eje y centro de toda Grecia. Con motivo de tales fiestas, se celebraba una solemne procesión que recorría las calles de la ciudad y constituían uno de los acontecimientos más espectaculares y sugestivos de aquella lejana época...
Una vez que la procesión había recorrido las principales calles de la ciudad, regresaba al templo. Entonces la estatua de la diosa Artemisa volvía a su pedestal y se alumbraban los altares para disponerlos al sacrificio y a la ofrenda. Después de cumplidos sus deberes religiosos, los peregrinos emprendían el regreso a sus hogares, no sin antes entregar a la congregación de sacerdotes crecidas sumas de oro y plata para sufragar los gastos del culto. (Este suculento negocio es el que, Jesucristo quiso anular, y ya vimos, que lo colgaron del madero).
El santuario era, en realidad, obra colectiva de todos los griegos. Y gracias a sus donativos "voluntarios", procedentes de todas partes, pudo no sólo construirse tan magnífico templo, sino también permitir su suntuoso mantenimiento.
La Artemisa de Éfeso se distinguía de la griega en que, lejos de ser virgen, era una verdadera nodriza. La nodriza universal de todos los seres. Su acción fecundante alcanzaba a todas las formas de vida, tanto animal como vegetal. Su culto también era de un fanatismo feroz, como lo prueba no sólo la mutilación de los sacerdotes e hiródulos adscritos a su servicio, que tenían que ser eunucos, sino los sacrificios humanos y las sangrientas danzas guerreras que a menudo se celebraban en su honor.
(Y, por está razón el Señor Dios El Eterno, decidió no tomar un "profeta menor" como intermediario y, decidió bajar Él mismo a la Tierra, para enseñar a la Humanidad. A la Voz de Dios surgió El Evangelio. El Nuevo Testamento. Dios es Nuestro Salvador y Redentor es, Nuestro Señor Jesucristo. Dios-Cristo, y no es solo leyenda. Después de la muerte en cruz de Cristo, a partir de entonces los seguidores de Jesús de Nazaret no pudieron reunirse bajo el cielo, se vieron obligados a reunirse en las catacumbas. Su refugio secreto un día había sido descubierto por los esbirros del emperador.)
<< Del siglo I son las primeras catacumbas cristianas de Roma; de aquel tiempo en que se dejaba sentir en esta ciudad la influencia directa de la fe por los Apóstoles Pedro y Pablo. Los cristianos contaron desde los primeros momentos con individuos de la aristocracia romana como adheridos, destacándose entre ellos los miembros de la familia de los Pomponios, los Cecilio, los Cornelios, los Acilo Glabrión...>>
<<Aun dentro del primer siglo, la familia imperial, la gens Flavia, honró a la comunidad cristiana con la adhesión de varios de sus miembros. Estos ricos patricios cedían sus casas como lugares de reunión para el culto de los primeros cristianos, originando así las primeras iglesias o tituli. Igualmente dejaron que sus hermanos en la fe tomaran junto a las sepulturas de su propiedad, terreno de la superficie y subterráneo, donde pudieran disponer de un cementerio a la manera que lo tenían los judíos, que habían copiado en Roma el modelo de las sepulturas de piedra hipogea de Palestina.
Así se explica que los cementerios romanos lleven casi siempre una doble denominación: el nombre del antiguo dueño de la propiedad excavada para la catacumba y el de uno o varios mártires allí sepultados y tenidos en especial veneración.>>
Aunque las catacumbas romanas aún no han sido exploradas por completo, las principales que se conocen de la Era Apostólica son las siguientes: La más antigua son la de Priscila (que se supone fue la esposa del cónsul Acilio Glabrión), y las más grandiosas la de San Calixto, diácono, que al principio del siglo III fue encargado de su construcción por el Papa Ceferino. También destacan por su interés las catacumbas vaticanas; la de Flavia Domitila (sobrina del emperador Domiciano), en la Vía Ardeatina; la de Commodila, en la Vía Ostiense; la de Lucila (de la familia o gens de Pomponia), en la Vía Aurelia; la de San Sebastián, de Santa Inés, de Marcelino y Pedro... etc.
Modernamente las catacumbas se ha convertido, con un éxito creciente en uno de los campos preferidos de investigación y estudio para el Arte y la Historia. El fallecido Pío XII, principalmente, dio un gran impulso, con su particular entusiasmo a los realizados valientemente bajo la Basílica Vaticana, que fueron coronados con el más rotundo de los éxitos al dar por fin con la verdadera y antes discutida tumba de San Pedro. (Han paso XXI siglos desde el Nacimiento de Jesucristo, y a pesar del esfuerzo de los evangelizadores en este planeta, aún hay gente que rinde culto a los dioses antiguos, por ejemplo, a Artemisa, Baal, Marduk, Moloc, Lucifer, Satán,... etc., culto que agota a la humanidad, porque gota a gota de sangre llena la vida de pena, miseria, sacrificios humanos generalizado, holocaustos de colosales dimensiones en la Tierra.)
El capítulo X del Génesis refiere que Asur, hijo de Sem, abandonó el Senaar casi por la misma época en que Nemrod ponía los cimientos de Babilonia, y fue a establecerse en Asiria, donde fundó varias ciudades, entre ellas las que lleva su nombre y la de Nínive (2200 años antes de Jesucristo.)
Nemrod, hoy camina por la Tierra, es decir, se ha reencarnado, y, no es por casualidad que lo conozca, lo he visto en visiones; el caso es que él adora a Artemisa y a los dioses antiguos. En realidad, la Torre de Babel, era un gran edificio, con más de catorce plantas. La colosal construcción fue edificada por el rey Nemrod, y destruida por él mismo. Sus cantos y plegarias hacen que los leones de piedras que sostienen las columnas del templo de la Torre de Babel, cobre vida. El templo se derrumba, por el poder de las palabras del rey Nemrod. Dios no destruyó la Torre de Babel, y tampoco Jesús, cargó con la cruz en su ascenso al monte de la Carabela (Monte Calvario); tampoco a Jesús, le clavaron clavos de hierros en los pies y las manos; ni le clavaron una lanza en el costado; si lo coronaron con espinas de zarza, si le cortaron los cabellos, y solo Su Madre estaba al pie de la cruz, donde fue atado de pies y manos, con un hombre a cada lado. Y una vez que expiró: Rayos, truenos, un aguacero descomunal cae sobre el Monte. La tierra toda tembló. Con menos pompa lo enterraron. Adornaron, quitaron y anularon, pero, el Dios de los Cielos viene otra vez... El poder de multiplicar el pan es de Cristo. Y una vez que venga se compartirá la riqueza. Así lo creo.
Recuerda, que a Jesús lo crucifica los sacerdotes del templo. Estando, Jesús en el templo, hablando al gentío, llegó un montón de animales destinados al sacrificio, conducidos por los sacrificadores, Jesús, toma el látigo de uno de ellos y los expulsa del templo diciendo: Habéis convertido la Casa de Mi Padre en una cueva de ladrones y de usureros; y derribando los puestos los echó a la calle. Siglos después, hace lo mismo la Reina Isabel de Castilla...
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor Dios ilumina a todos los corazones con Tu Luz y Amor. Señor bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias. Señor, he aprendido mucho copiando libros. <<La rendición es aceptación interna de lo que es, sin ninguna reserva. Querido amigo desconocido si has vivido lo suficiente, sabrás que las cosas <<van mal>> con bastante frecuencia. Es precisamente en esos momentos cuando tienes que rendirte si quieres eliminar el dolor y el sufrimiento de tu vida.>>
Hoy hay corazones duros, gente fría, que piensa que los jóvenes tienen que morir en la guerra, porque es imponente lo siniestro, de esta gente, que orgullosos invierten en la Bolsa y ven que suben sus valores, a precio de sangre y miseria. Ardía Libia en un cesto de flores delicadas, y sus hogares ensangrentado y los sacerdotes, con sus vestido de seda bordado en plata y oro, ofrecen un magnífico cesto de frutas maduras a Lucifer; los jóvenes peregrinos de toda la Tierra suben al cielo con balas clavadas en los corazones, antes fueron flechas o puñales. Amén
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