Sabemos que el verbo fue lo primero; y su voluntad en acción hizo realidad todo. Y en el mundo, entre los seres humanos, la palabra no sólo nombra lo que existe, no sólo distingue a cada persona de las demás: encierra también en sí misma un poder terrible. <<Entenderse o no entenderse>>, concretar y abstraerse, hacer y destruir, imaginar e inventar, incluso amar son actitudes y hechos que no serían posibles sin los nombres y los verbos, sin la palabra. En los ámbitos de la Metafísica, además, la palabra es la que proporciona la vida y la existencia. Por eso es conveniente conocer sus poderes: para ponerlos en práctica o para evitarlos. <<El Hombre es el único ser viviente que habla>>. Entre las muchas definiciones posibles del Hombre, ésta es quizá la que marca una diferencia más sustancial con el resto de los seres vivos: El Hombre habla. Porque fue creado a imagen y semejanza de Dios, el Creador, el Hombre es igual a Dios, con todos sus poderes mentales creadores. <<¡Hora de despertar!>>
La función de la palabra, más que orgánica, es intelectual y espiritual, y marca, por lo tanto, el acceso del hombre a un plano de realidad inalcanzable para el resto de los seres vivos. El mito es narración que da constancia de los orígenes, que habla de cómo algo ha llegado a existir, siempre por medio de la intervención de seres sobrenaturales, irrupción de lo sagrado en el Mundo.
Describe el mito no sólo lo que el hombre y las cosas fueron en los principios, sino lo que son hoy, constituyendo así los paradigmas de todo acto humano significativo. En este ámbito aparece el lenguaje como la primera de las grandes creaciones y la que contiene el germen de las demás. Siendo el mito narración antigua que habla de tiempos primordiales, no pierde sin embargo vigencia lo narrado, precisamente por su capacidad de adaptarse sin desvirtuar su sentido. El mito narra acontecimientos que representan ciertos modelos; estos modelos se configuran abstrayendo del suceso inicial los factores fundamentales, "modélicos", del acontecimiento.
Así, cuando en el mundo de la realidad se produce un hecho que concuerda, por similitud, con el modelo mítico, éste se cumple, ratificando su vigencia y ejemplaridad. La ampliación de este principio de similitud permite reforzar la semejanza y salvar las diferencias no sustanciales de cada suceso en relación al mito, dando vida a éste a lo largo del tiempo.
Y si algo se caracteriza la palabra, es justamente por esa misma forma de operar, por su capacidad de representar factores comunes de distintos acontecimientos, salvando sus diferencias, y manifestandose así, al decir de Benet, como un mitema, como <<una reincidencia sonora sobre un dato de la experiencia que guarda gran número de semejanzas con otro precedente y predica de antemano la naturaleza del consecuente; sólo la palabra transforma esa imperfecta analogía de identidad al prescindir de los elementos no comunes ni determinantes de vivencias concomitantes>>.
Ese gran instrumento de poder que es la palabra, revela así, en los orígenes, su sentido único, que la configura como un ser y una forma sustanciales. No debemos olvidar que MYTHOS es término griego que significa PALABRA, y sólo desde el conocimiento previo de esta palabra, podrá posteriormente ser entendida en su sentido ideal, como estructura conceptual que ordena el mundo. Llegamos, pues, a tener un atisbo de esta primera palabra en el albor de los tiempos antiguos. Palabra-mito, palabra-ser. Como dijera Gusdorf:
<<La primera palabra debe haber sido Palabra de Dios, creadora del orden humano. Palabra de gracia, llamado del ser, llamado al ser, esencia que incluye la existencia, que provoca la existencia>>.
El primer lenguaje fue un lenguaje esencial, dador de vida, creador. Bajo el imperio de su verbo, bastaba nombrar para que ese aire vibrante, esa palabra energizad, impusiera el peso de su ley y lo nombrado cobrara forma, se modelara la materia y acatara la vida el dominio inexorable de la voz emitida.
Eran tiempos antiguos y únicos, tiempos genesíacos que asistían al nacimiento de la creación como un mosaico coherente y armónico, donde todo, cosmos y criaturas, participaba del aliento de los dioses, (Dos son al principio: Dios el Creador, el Bien y el Diablo el destructor, el mal; hoy vemos, como el Diablo ha tomado gran poder, lo digo, por las guerras tan destructoras a las que nos han sometido los lacayos de Lucifer, ¿hasta cuándo los vamos a dejar obrar impunemente? Se trata de ellos o nosotros. Jesucristo lo dijo: O conmigo o contra mí. Dios es Cristo, vino al mundo para salvarnos del poder infernal, pero, la casta sacerdotal lo ignoro, por conservar sus privilegios y manejos de la riqueza. Señor Dios, te invoco a la acción, ¡basta de guerras! Queremos vivir en paz.) constituyendo un lienzo de figuras tan bien engarzadas que bastaba con tirar del tallo de un geranio para terminar destejiendo el estrellado tapiz del cielo.
Entonces la palabra era palabra-verdad por excelencia, pues la correspondencia entre la voluntad inteligente que manifestaba y su plasmación formal en la realidad era absoluta, sin posible equívoco, sin desviación. Palabra-belleza también, por cuanto generadora de una creación armónica, sin fisuras, hermanada por lazos de un lenguaje originario y único que hacía vibrar el mundo en un solo acorde. Ese lenguaje fue el que dio voz a los dioses primigenios para manifestar a través de ella su inteligencia y crear el Universo.
De esa voz nos hablan las más antiguas tradiciones, los textos primitivos que recogen referencias de otros anteriores ya perdidos, de narraciones orales que les precedieron, y así hasta llegar a un tiempo anterior a que la primera palabra fuera escrita y el primer signo trazado. A un tiempo donde sólo existía la palabra, reinando sobre todas las cosas.
En la mayor parte de las grandes cosmogonías aparece la voz de los dioses dando origen a la creación, y todas las religiones dan cabida a un <<Verbo Divino>> en la institución de lo real por medio de un lenguaje en el que cada vocablo recoge en sí mismo la más íntima identidad de lo por él nominado. Según el mito cosmogónico polinesio, en los comienzos no existía más que las Aguas y las Tinieblas, cuando el dios IO, con la sola fuerza del pensamiento y de sus palabras, creó el Cielo y la Tierra. Dijo: <<Que las aguas se separen, que los Cielos se formen, que la Tierra se haga>>. Palabras creadoras en virtud de las cuales el mundo cobra existencia.
La palabra creadora, el nombre como dominio sobre lo nombrado.(Observa, el significado de las letras de tu nombre, y la fecha y hora de tu nacimiento, haber que dice de tu vida la astrología y la numerología, así puedes saber algo más de ti, tu misión de vida y otros acontecimientos importantes para ti y tus seres queridos). He aquí resumidos dos principios fundamentales y fundacionales del mundo en todas las cosmogonías, principios cuyo conocimiento, a través de los violentos aconteceres del tiempo, sobrevivirá para ser a su vez cimiento del saber hermético, sabiduría antigua de los iniciados que lucha por mantener la verdad del verbo creador y el valor del nombre, dos inmensos poderes que el hombre primigenio compartía con los dioses.
En las Llanuras de Sinar ocurrieron grandes acontecimientos históricos, por ejemplo, el derrumbamiento de la Torre de Babel. Tengo viva la memoria de ese tiempo... Todos estos hechos que las antiguas tradiciones narran, ocurrieron en tiempos genesíacos, tiempos de <<la primera vez>>, de la creación originaria naciendo al orden de una voluntad inteligente. Tiempos en que creadores y criaturas compartían un lenguaje esencial y un sentido unificador del Universo que ese lenguaje posibilita.
Pero esa unidad se quebró, y con ello terminó el <<tiempo de la primera vez>> como un tiempo marcado por la confusión en el devenir de la vida, por la pérdida de sentido del mundo y por la incomprensión del hombre.
Si la unidad y armonía del tiempo primero estaban fundadas sobre la esencia del verbo creador, su ruptura no podía deberse más que a una alteración de ese verbo. Y así fue. Bruscamente se perdió la unidad de la lengua y, con ella, la unidad del mundo y la comprensión de la trama armónica del tapiz. El hombre fue repentinamente un extranjero frente a la creación y frente a sí mismo.
El símbolo de esta ruptura, en nuestra tradición, se encuentra en el episodio de la construcción de la Torre de Babel, pero en las más diversas culturas de los cinco continentes existen antiguas narraciones y mitos que acuñan la existencia de una sola lengua original y tratan de dar explicación a la variedad existente con posteridad. Historias, en unos casos, que se vinculan también con la construcción de torres tan altas que tocaran el cielo, y en otros desvinculadas de dicha construcción.
J.G. Frazer, analizando las creencias de culturas primitivas, aporta un buen cúmulo de referencias desde las zonas más dispares del mundo.
Entre los MIKIR, tribu tibetano-birmana del estado indio de Assam, en la India, se cuenta que, en los tiempos antiguos, los descendientes de RAM, hombres poderosos e insatisfechos con el imperio del mundo que dominaban, intentaron la conquista de los cielos, para lo que comenzaron a construir una torre que llegara hasta las nubes. Pero los dioses y los demonios, temerosos de que lograran alcanzar sus territorios y dominar el cielo, acordaron confundir sus lenguas para frustar el intento, y dispersaron a los hombres sobre el planeta.
Los griegos, en cambio, no precisaron recurrir a tamaña empresa de construcción para explicar la diversidad de las lenguas. Narran que durante mucho tiempo los hombres vivieron en paz, sin necesitar ciudades ni leyes, hablando un lenguaje único y teniendo sólo a ZEUS como dueño de vidas y haciendas. Pero HERMES introdujo la variedad de lenguas y dividió a los humanos en naciones diferentes unas de otras, de forma que se iniciaron los conflictos y las incomprensiones entre ellos. Entonces ZEUS, irritado por sus continuas riñas, renunció a su soberanía, que puso en manos de FORENEO, un héroe argivo, al que convirtió así en el primer rey de los humanos. También dejaría este relato constancia de la primera dimisión <<voluntaria>> de un dios del Parnaso.
La lectura de la Biblia comporta dos versiones diferentes. La Biblia quedó convertida de este modo en un libro <<críptico> -cerrado- para aquellos que no tienen la clave de los números y que, por tanto, deben contentarse con leer únicamente el mensaje involucrado en el texto de palabras, el cual, en la mayor parte de los casos, es el que menos importancia tiene en cuanto al mensaje transmitido en la Biblia. Para leer el mensaje numérico -que involucra un código como el código Morse, por ejemplo- se necesita de esta clave.
El conocimiento de esta clave perteneció a los copistas que hicieron las sucesivas transcripciones, y por ello la Biblia llegó hasta nosotros ¿"sin alteraciones"? La lectura de la Biblia requiere, pues, en forma indispensable, el conocimiento de esta clave.
La Biblia es, en resumen, un libro destinado únicamente a aquellos que estén en condiciones de recibir su mensaje. Esto es, precisamente, lo que quiere decir la palabra <<Cábala>>, vocablo que deriva del hebreo <<Kibel>>, que quiere decir <<Recibir>>. La Biblia contiene el mensaje codificado de antiquísimos sabios, que lo destinaron a una posteridad que ellos estaban seguros sería capaz de recibirlo. En cuanto al mensaje secreto del Mensaje Secreto de la Biblia, un cabalista se expresaba diciendo que, si la Biblia contenía la <<Palabra de Dios>>, no podía consistir únicamente en un conjunto de historietas y anécdotas que no tienen otra importancia que su valor histórico o literario. Los propios redactores de la Biblia lo dejaron establecido y es bien conocida la expresión del salmista (Salmos 119-18): <<Oh Dios, quita la venda de mis ojos para que sea capaz de contemplar el tesoro que esconde tu libro>>.
En el tratado <<Pesahim>> del Talmud se habla de <<esta ciencia sublime que el Antiguo de los Tiempos ha escondido a los ojos de la mayoría de los hombres>>. Sobre este mismo tema dice el Zohar: <<El sentido literal de las Escrituras es el envoltorio; ¡desdichado de aquel que tome el envoltorio por la Escritura misma!>>
Refiriéndose concretamente al <<Cantar de los Cantares>>, decía el cabalista Saadi que <<es una cerradura cuya llave se ha perdido>>. Por ello, de un modo general, corresponde formular la pregunta: ¿Cuántos cabalistas poseyeron la llave? ¿Cómo haremos para distinguir unos de otros? Y si el mensaje bíblico es oral y, por tanto, secreto, ¿qué valor tiene lo escrito en torno a la Cábala?
Pero hay un hecho concreto y es que en la religión hebrea la cábala es la ortodoxia. Hay, por supuesto, cabalistas heréticos, pero también los hay ortodoxos, y la cábala ortodoxa se designa en hebreo como <<peschat>>. Vale decir, para los ortodoxos el sentido literal del texto es lo más importante. Por supuesto que los cabalistas heréticos -que son la mayoría- piensan que el verdadero valor del mensaje bíblico está en los números. Todos están de acuerdo en que la Biblia es la palabra de Dios, pero el dilema es saber si lo que verdaderamente vale es el sonido de las letras o los números que ellas representan.
Cuando los redactores se decidieron a transmitir los dos mensajes bíblicos, utilizando un texto único, se encontraron con la dificultad de las alteraciones gramaticales que ello les producía. Esta no es una cuestión menor, sino un verdadero problema, de ahí que el ajuste logrado por los redactores con el mensaje literal superpuesto al numérico, sin alterar las reglas gramaticales, y obteniendo al mismo tiempo un resultado de alto valor literario, sea uno de los hechos sobresalientes de la Biblia. Muchos atribuyen este prodigio a las cualidades de la lengua hebrea y Renán decía al respecto: <<Un carcaj de flechas de acero, un cable de torsiones poderosas, un trombón de bronce que rasga el aire con dos o tres notas agudas: eso es el hebreo>>.
Para otros este resultado fue debido a la propia intervención de la divinidad. Hoy día lograríamos un resultado equivalente utilizando computadoras. Otro libro cabalístico similar es el monumento literario de la lengua árabe: El Corán (Al Qurán). En este escrito Mahoma (Muhammad) consiguió reunir las calidades literarias y utilizar aparentes errores gramaticales para transmitir un mensaje cabalístico. Como ejemplo de la cabalística gramatical del Corán está la circunstancia de que en árabe el pronombre correspondiente a la segunda persona del singular tiene género y la regla gramatical establece la preeminencia del masculino sobre el femenino.
No obstante, en el Corán el femenino tiene preeminencia sobre el masculino. Los cabalistas explican el "error" gramatical de Mahoma refiriéndose al caso del latín, donde la palabra <<mater>> designa a la madre y materia, y en el Corán se asigna al principio femenino el origen de todas las cosas.
La poesía islámica sirvió de soporte a los cabalistas y en esta <<poesía matemática>> se distinguieron los poetas sufíes, como Saadi, Hafiz, Firdusi y también el matemático <<derviche>> Omar Khayán. El ocultismo en el Islam se adscribió principalmente al movimiento <<Sufí>>, constituido por poetas-matemáticos que originaron aquella caracterización de los sabios musulmanes de Persia y España, en cuyas biografías siempre se lee: matemático, astrónomo, médico, poeta, alquimista.
La evolución de la poesía estuvo vinculada en la literatura árabe a la Cábala. En efecto, los árabes fueron los creadores de la rima poética. La poesía clásica (griega y latina) no tenía rima y, por ejemplo, el soneto fue creación del poeta árabigo-español Ben Quzman. Los cabalistas del sufismo y del dervichismo establecieron números determinados por los renglones rimados. Un resto simplificado de este conspicuo cabalismo árabe lo tenemos en la Divina Comedia, donde Dante Alighieri estableció la rima cada tres renglones en su estructura poética, conocida como <<endecasílabo en tercio>>, cuyo solo enunciado, por sí mismo, es auténticamente cabalista.
El estudio de la <<Elocuencia>> en la época clásica imponía el conocimiento de los <<números de la prosa>>, que hacía el discurso más agradable al oyente y, por tanto, más convincente. Este recurso de los grandes escritores, como Cervantes, Shakespeare, Rebelais y otros, fue a menudo confundido con el propio cabalismo.
Otro caso de superposición de sentidos que plantea problemas gramaticales es el de otro libro cabalístico: El Apocalipsis de Juan de Patmos, en donde los errores en el empleo de sufijos han hecho pensar que el redactor fuera un "judío" poco versado en la lengua de Homero, pero es posible que se tratara de recursos cabalísticos.
En cuanto al origen de la Cábala, es decir, de las versiones escritas sobre la Cábala, se atribuyen los primeros escritos a Simón bar Yohai, quien sería el autor del <<Sepher Ha Zohar>> o Libro del Esplendor. Otros historiadores atribuyen la más primitiva redacción del Zohar a Isaac el Ciego, quien murió hacia 1298 en Pasquìere -en Provenza-, que hasta mediados de ese siglo era un condado del reino de Aragón, donde prosperó y se protegió al catarismo, combatido y vencido finalmente en Francia, perdiendo Aragón las tierras provenzales. El Zohar estaría así constituido por un conjunto de escritos que circulaban entre los cátaros y que salieron de la comunidad cuando éstos fueron destruidos por la Inquisición.
La redacción final del Zohar fue efectuada en España -y es un dato histórico concreto- por un judío sefardita llamado Moisés de León (1240-1305). Simultáneamente, junto a esta escuela cabalista sefardita o española (<<Sefarad>> significa <<España>> en hebreo), se genera un movimiento cabalista a las orillas del Rhin presidido por los <<Hassidé Achkenaz>>, o sea, los Santos Alemanes, con características disímiles del movimiento español. En efecto, el movimiento sefardita se caracteriza por su cultura y en él debemos incluir a filósofos del rango de Maimónides; por el contrario, el movimiento alemán se refiere a una cábala popular carente de todo interés filosófico y orientaba solamente a la obtención, a través de la Biblia, de poderes mágicos. Este último movimiento alcanzó tan gran popularidad, que se llegó a situaciones de hechicería colectiva que obligaron a los dirigentes hebreos a prohibir el ejercicio de la Cábala.
Unos aspiraban a través de la Cábala al <<conocimiento de Dios>> -conocimiento es sinónimo de amor en hebreo-; los otros aspiraban al poder oculto de la cábala. Pero la aspiración al poder -por distintos medios- estaba en los dos grupos de cabalistas. Ello era consecuencia de la idea cabalística de que el poder de Dios está en su Palabra.
Si escondida en la Biblia está la palabra de Dios, quien conozca esta palabra tendrá el poder de Dios. En un texto filosófico de origen cabalístico todo esto está claramente expresado: <<Ya que el Santo, bendito sea, escucha la voz de aquellos que se aplican al estudio de su doctrina, y crea un cielo nuevo con la ayuda de cada palabra que comporta una nueva idea en la explicación de esta doctrina. Y así, todas las palabras que encierran ideas nuevas, concernientes a la doctrina y concebidas por el hombre, se metamorfosean en otros tantos cielos nuevos firmemente establecidos ante el Anciano de los Tiempos, que los llama <<cielos nuevos>>, es decir, cielos creados con la ayuda de ideas nuevas emanadas de la ciencia esotérica.
En cuanto a las palabras que encierran ideas nuevas concernientes a la doctrina esotérica, apenas salen de la boca del hombre aparecen ante el Anciano de los Tiempos y, saliendo de allí, se metamorfosean en otras tantas <<tierras de vida>>. Es por la palabra del Señor que los cielos se hicieron (Salmos 33-6); de la misma manera, tú puedes, por el poder de la palabra, crear cielos nuevos>>. (Dios dió al hombre y a la mujer todo su poder creador: Pensamiento, Sentimiento y Palabra. Somos dioses creadores. Lo dijo Cristo. Lo que tú piensas en bien o en mal se crea. Ojito con el miedo, valor.)
Esta misma concepción llegó hasta el cristianismo, y por ello el Evangelio de San Juan comienza con las conocidas palabras: <<En el principio era la Palabra y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra era en el principio con Dios>>. Observemos, de paso, la corrección cabalística del texto.
En los siglos transcurridos desde la aparición del Sepher Ha Zohar hasta el presente, el número de escritos cabalísticos se multiplicó enormemente. Cientos de obras y decenas de autores constituyen una enorme bibliografía que hace hoy difícil el estudio de todo este material. Sin embargo, algunos cabalistas pueden ser seleccionados y entre ellos figura Jean De Pauly, autor de la traducción francesa del Sepher Ha Zohar en seis tomos. Sostiene De Pauly la doctrina de la multiplicidad de los autores del Zohar y dice al respecto: <<¿Quién, en efecto, podría admitir que un autor francés se haya servido a la vez de la lengua de los siglos XIII, XIV, y XIX y que haya redactado un capítulo de su obra en la lengua del sir de Joinville, otro en la de Rebelais y otro en la de Teophile Gauthier? Es, sin embargo, lo que vemos en el Zohar y también en el Talmud>>. Es decir, en el francés de la Normandía, el de Provenza y el de París.
Sorprende a los que estudian la Cábala la modernidad de sus conceptos científicos. En lo que respecta a la geografía, por ejemplo, tenemos este texto que proviene de los primeros siglos de la Era Cristiana: <<En el libro de Hamnuna el Viejo se aprende, por explicaciones extensas, que la Tierra gira sobre ella misma en forma de círculo;; que los unos están arriba, los otros abajo; que todas las criaturas cambian de aspectos según el aire de cada lugar, guardando, sin embargo, la misma posición; que hay tal comarca de la Tierra que está iluminada, mientras que las otras están en las tinieblas; éstos tienen el día cuando para aquéllos es de noche; y hay países donde es siempre de día o por lo menos la noche sólo dura algunos instantes>>. En neurología tampoco se quedan atrás los cabalistas...
La cábala comporta también una cosmogonía desarrollada en términos pitagóricos, que tiene estrecha correspondencia con la tradición egipcia atribuida a Hermes Trimegisto. El concepto de Macrocosmos, Microcosmos y Hombre, en donde el hombre es la exacta imagen del macro y microcosmos, en Hermes Trimegisto se expresa con la simple aseveración: <<Lo que está arriba es igual a lo que está abajo>>, que es uno de los puntos esenciales de la Cábala. Pero va más allá de esta tradición alquímica al establecer en forma rotunda que el hombre es la imagen de Dios. (Quién ha visto a Jesús de Nazaret, ha visto a Dios. Son el mismo; tienen igual el rostro, Dios es un gigante, Jesús es normal. La cara de Adán, David, José y Jesús y otro... son la misma).
Vemos así la fuente oriental de donde Sócrates extrajo su apotema fundamental: <<Conócete a ti mismo>>. En el sentido cabalístico, Sócrates instaura así una especie de Teología. Lógicamente, en una filosofía en donde no se puede ya distinguir entre Hombre y Dios por la absoluta identidad de todos sus elementos, la Teología debe basarse en el conocimiento del hombre. El cabalista sostiene: <<conócete a ti mismo y conocerás a Dios>>. La Cábala, que es un sistema numérico propiamente pitagórico, sabe que los números que emplean salen de las manos del hombre. (Estudiar el Zohar da mucha luz, y nos libera de muchas creencias, las "mentiras", no por la verdad que encuentras, sino por las mentiras, que te da un poder de discernimiento entre lo verdadero y lo falso.)
Cuenta la leyenda que en los Pirineos orientales franceses había una fuente a la que se acercaban los guerreros romanos a lavarse tras la batalla. Este lugar milagroso, conocido como Fuente Curativa, fue objeto de análisis de Joseph Victor Jullien, un médico francés del ejército que pasó su vida buscando la cura perfecta y logró finalmente desentrañar el secreto de las aguas de aquel manantial. A principios de 1940, en plenos trabajo de investigación sobre las fiebres de Malta, el profesor Jullien se dio cuenta del poder del agua termal y su eficacia en la cura de distintas dolencias.
Tras años de investigación, fue en 1952 cuando dio con ese superingrediente -vivo y verdaderamente único- presente en aquella fuente curativa: el Life Plankton. Ese año comienza la historia de Biotherm y el sueño de este médico de hacer llegar las propiedades curativas del plancton termal al mayor número de personas posibles.
Dicho y hecho; durante ocho años un equipo de investigadores trabajó para recrear las extraordinarias condiciones que se daban en aquella fuente y desarrollaron un innovador proceso de biofermentación denominado Fermogénesis. Así, en combinación con un cóctel de minerales, vitaminas, plantas y extractos de levadura, se consiguió maximizar su potencial con concentraciones de Life Plankton 400.000 veces mayores que en su hábitad natural.
Y como no podía ser de otra forma, rápidamente se convirtió en el ingrediente estrella, presente en todas las formulaciones de Biotherm, una marca que cuenta con más de 130 soluciones distintas para el rostro y el cuerpo. ¿Cómo actúa? Como si de un milagro reparador se tratara, el Life Plankton es conocido por su capacidad para regenerar, proteger y renovar la piel. No en vano, durante más de 40 años, este ingrediente acuático ha sido objeto de estudios en colaboración con centros de investigación de la talla de La Universidad de Stanford, el Instituto Pasteur de Lyon o la Universidad de Lieja, que demostraron con estudios científicos su eficacia para mejorar el aspecto de la piel.
Han pasado muchos años desde que se comercializara su primer producto -Biomains, una crema antiedad de manos y uñas que a día de hoy sigue dando muchas alegrías a la marca- y las patentes y descubrimientos no han dejado de crecer. <<La salud es tu mayor tesoro>>. Si comes animales de granja, te estás creando tu muerte. Los pollos, los cerdos, las vacas, si no son libres y comen pasto, son un ingrediente para crear tus depresiones, tus dolores de cabeza y todo tipo de enfermedades neurológicas y el número uno en crear cáncer. El mar y los océanos nos dan muchos alimentos de calidad suprema: Algas, pescados, mariscos y hasta el agua de mar es alimento, porque contiene muchos minerales. No comas basura. No podemos seguir contaminando los mares con tanto tráfico naval. Cada cual que fabrique sus cosas y coma lo que críe en sus campos.
¡Salvemos la Tierra y los océanos nos darán alimentos probióticos! Intentémoslo. Busquemos la manera. Seamos la solución para salvar nuestra fauna marina. La Tierra nos cobija y nos sustenta, nos da agua, oxígeno, y todo tipo de alimentos. Deben saber, que mientras dañemos a nuestros hermanos de cuatro patas, los animales, los otros seres invisibles nos estarán parasitando a nosotros. Sabemos que si limpiamos los océanos, los ríos y los mares, los bosques y toda la Tierra, crearemos mucha riqueza, se necesitaran instrumentos barcos, tractores y todo tipo de materiales para limpiar escobas y de más, darán mucho trabajo. Así que tienen que invertir aquí en limpieza y dejar de fabricar armas para matar y destruir la Tierra. Palabra de Dios. Dios nos dió la vida. Dios nos dió la Tierra. Dios es un océano de Luz, y nosotros las gotas de luz del Océano. Si no lo comprendes es que eres un hombre botella de plástico y alcohol, un idiota, es hora de volver a la cordura, estas guerras son una locura de Lucifer. Es muy apropiado llamar a Jesucristo el Salvador y aún es más apropiado llamar a los lacayos de Lucifer ¡los matadores de hombres!, y a Lucifer el Gran Exterminador, el Matador humano.
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor Dios, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Sea Tu voluntad y no la mía. Gracias, Amén.
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