Cuando se produce un milagro, nadie puede dar cuenta de cómo es posible que haya sucedido. Las leyes de la naturaleza parece haberse puesto en paréntesis, anuladas por un lapso de tiempo. Por eso, en ese preciso momento, suele no importarle a nadie: la emoción es tan grande que las explicaciones científicas sobran. La sensación es difícil de entender por quién no lo ha vivido de cerca. Es, seguramente, como comprender por un instante que el mundo no es tan malo como parece, o que por una vez todo parece fluir, tomar el curso que corresponde. Después del milagro, claro, vendrán las preguntas, los cuestionamientos, y cada cual interpretará los hechos como mejor cuadre en su paradigma.
Pero cuando el milagro sucede, quien lo experimenta queda sin preguntas ni respuesta. (Esta mujer que escribe ha experimentado varios milagro en sí misma y en muchos otros, gente sin solución médica; ¡mientras hay vida hay esperanza! Dios-Cristo todo lo puede sanar y, también los Santos de Dios, los Arcángeles y los ángeles sanan y ayudan. Sólo hay que invocarlos, y, permitir que nos ayuden. Una enfermedad es un corto circuito en la energía de los órganos físicos; si la conexión con la Fuente Divina está cortada, es como si un cable de la luz eléctrica está cortado: La Luz no puede fluir, entonces, no hay luz. Todo se oscurece, igual nos ocurre a nosotros).
Es que el ser humano moderno está acostumbrado a regirse por las leyes naturales (o, al menos, las que con los siglos de investigaciones científicas conoce) que, cuando alguna no funciona, se enciende la luz roja en la mente. <<Y es que la felicidad es un producto del funcionamiento, de la misma manera que la luz es un producto de la corriente eléctrica que atraviesa los cables. Si la corriente no fluye con eficiencia, la luz no llega. Por esto, nadie encuentra la felicidad que busca. El hombre debe aspirar a ser... como el libre flujo de la electricidad... para que la luz brille. Ésa es la felicidad: Funcionar bien>>. T. H. White, El libro de Merlín.
¿Cómo es posible que a un enfermo de un cáncer terminal le desaparezca el tumor de un día para el otro, sin tratamiento médico?, se pregunta. La forma de ver la vida, de entender la naturaleza, de comprender las leyes básicas que, creemos, rigen nuestro universo, no se mantienen inamovibles. El mundo, evidentemente, no es tan predecible como quisiéramos. La vida tiene sus maneras de demostrar que todo lo que suponemos como estático puede ser mucho más sorpresivo de lo que podríamos creer.
Lo bueno de los milagros es que, si pasan, es para bien. Nadie hablaría del milagro de la muerte, aunque sea tan inesperada como el hecho de que se salve una sola persona en un accidente aéreo. El milagro, siempre, tiene connotación positiva, relacionada con la vida, y es la que nos hace, a todos los mortales, albergar la esperanza de que existe. La cuestión es: los milagros, ¿realmente suceden? La respuesta, por supuesto no es sencilla. En principio, entendemos que un milagro es la suspensión de las leyes de la naturaleza. Es un suceso que no cuadra con ciertos preceptos científicos que son los que, hasta ese momento, describen cómo funciona el mundo.
Por ello, no es un problema que involucre solamente a la teología: es una cuestión también filosófica, de concepción del mundo. Para algunos, los llamados milagros, por el simple hecho de suceder dentro de la naturaleza, son parte de ella, con lo que no se puede considerar que se produzcan durante una suspensión de sus leyes. Es decir, los milagros filosóficamente hablando, no existirían, porque serían una parte más de la naturaleza. Otros, los que creen en Dios, consideran que es el Creador el responsable de lo que consideramos milagros, y ven en Él la causa última. Es decir, si Dios creó la naturaleza tal como la conocemos, también es capaz de saltarse sus propias reglas de vez en cuando.
Pero también están los que tienen una visión científica de la cuestión. Ellos señalan que muchos de los que ayer se consideraron milagros, con el tiempo encontraron una explicación científica, es decir, se halló que sus causas eran perfectamente comprensibles con las leyes de la naturales conocidas. (Haber como explican el Milagro de la Multiplicación de los panes, en la antigua Palestina por Jesucristo). Alegan, entonces, que es probable que todas aquellas cosas que hoy nos parecen un milagro, algo que no se puede explicar, encuentren una respuesta con los avances de la ciencia.
Los avances de la ciencia, pero también el surgimiento de ciertas corrientes filosóficas, fueron, sin lugar a dudas, el comienzo del ataque a los milagros. Desde las religiones, los milagros adquieren un lugar importante. En la mayoría de las que proclaman un Dios que es más poderoso que el hombre, el milagro tiene un sitio privilegiado. En varias religiones, un hecho sobrenatural definió o acompañó el surgimiento de un profeta, e incluso se considera como el momento fundacional de ese credo.
Sin embargo, muchas religiones, como la musulmana, consideran que el tiempo de los milagros ya pasó. Lo reconocen en el pasado, pero creen que ya cumplió su cometido, que era la implantación de un profeta o de su obra. Así, los milagros tenían la función de validar, de hacer creíble, la llegada de un Mesías al mundo. Ahora, dicen, ya no tienen sentido, porque el profeta ha dejado ya su obra y su tarea realizadas. En la religión católica, sin embargo, los milagros siguen teniendo su lugar privilegiado. De por sí, buena parte del Nuevo Testamento se basa en el relato de los milagros obrados por Jesús de Nazaret. Pero eso no es todo. Los milagros, para varias corrientes cristianas, se siguen produciendo en la actualidad.
O, al menos, no condenan que los fieles continúen pidiéndole a Dios que obre prodigios en su favor. Normalmente, las apariciones marianas son el mayor semillero de milagros de la actualidad. Cada vez que la Virgen María se aparece, vienen detrás un sinfín de sucesos que los fieles consideran milagros, y que van desde curaciones hasta milagros lumínicos.
La otra fuente de milagros actuales es el culto de los santos. (Fray Leopoldo es el más milagroso, atiende bien rápido.) A ellos se les pide toda clase de favores y, según los creyentes, son capaces de cumplirlos. De hecho, el Vaticano tiene toda una política de canonización que, justamente, se basa en buena medida en la demostración científica (realizada por médicos especialistas reconocidos) de los milagros, sobre todo de sanación.
(Busca en Internet a Santa Josefina Rosenthal y, a su hija María Rosenthal, Hija esta última del Espíritu Santo; es decir, María, vino al mundo igual que Jesús de Nazaret, y, fue comprobado científicamente, que la monja Josefina era Virgen y estaba embarazada. Al nacer su hija, Josefina muere en el parto. Su hija fue perseguida hasta llevarla al suicidio, porque el clero de aquel tiempo había acordado, que llegado el cumpleaños número 33 de María, sería ejecutada, con la creencia de que, así vencerían al Diablo. ¡Justicia para María Rosenthal! Su rostro se muestra, como si ella fuera un monstruo. ¡No hay derecho!...)
Fuera de la Iglesia católica, encontrar milagros se hace más difícil. Uno de los pocos cultos en los que los milagros ocupan un lugar importante es el que se le rinde a Sai Baba en la India. Aunque su figura ha sido duramente atacada por considerarlo un farsante desde muchos sectores, Sai Baba se considera un <<hacedor de milagros>>. Cree que, al hacerlos, puede demostrar sus poderes. Así, hace aparecer anillos de oro y otras joyas, además de obrar curaciones entre sus fieles.
Más allá de quien los realice o en qué contexto, veremos que las explicaciones que hasta ahora se pueden dar para el fenómeno de los milagros son de lo más variopintas. Hay para todos los gustos: desde la clásica que proviene de la religión y encuentra en Dios al responsable de los prodigios, hasta teorías que nos hablan de la influencia de los extraterrestres.
La parapsicología, con todo, es quizá la que más se ha ocupado de buscar las causas de los fenómenos que rodean cada milagro. Así, ha elaborado teorías que se basan en la hipótesis de diversos poderes mentales o psíquicos de las personas que los realizan. Incluso, plantea la hipótesis de la existencia de realidades paralelas. (Cosa que es bien cierta, ¡es verdad!) Hay hechos que, sin duda, escapan a toda lógica, desafían nuestro intelecto y ponen a prueba nuestros sentidos. Pero lo cierto es que, la llegada del otoño o del invierno, de la primavera y del verano, del día o de la noche, los rayos, los truenos, las nubes, la lluvia, los tornados, los tsunamis, los terremotos, la salud y la enfermedad, el nacimiento y la muerte, tienen hoy para nosotros una explicación científica. Sabemos por qué se producen, qué causas los originan, podemos predecirlos y actuar en consecuencia.
Pero lo cierto es que, si bien todos estos hechos de la naturaleza existen desde que el mundo es mundo, los hombres no tuvieron siempre una respuesta para sus preguntas. Así, en buena medida, nacieron los mitos. La realidad de los dioses, los hombres y la naturaleza fueron encontrando su explicación a través de las Historias que daban cuenta de su origen y existencia.
En las diferentes culturas, encontramos que el mito es más importante, el que llega a ser el modelo ejemplar de todos los demás mitos, es el mito llamado cosmogónico: el que cuenta cómo fue el origen del mundo. La Biblia, por ejemplo, relata en el Génesis que el mundo procede de la nada. Los mitos egipcios, australianos, griegos y mayas también hablan de una creación a partir de la nada. Y en la mayoría de estos mitos las deidades son todopoderosas, es decir, capaces de crear, destruir, dar vida y muerte.
Es que para los diversos fenómenos naturales, en prácticamente cualquier cultura, se ha buscado algún tipo de explicación, y en muchos casos esa causa se ha hallado en una entidad superior. De esa manera, el hombre adjudicaba al Destino, a los espíritus de la naturaleza o a los dioses la ocurrencia de desastres naturales, enfermedades o incluso invasiones enemigas. Detengámonos a pensar, por un instante, ¿por qué el Israel de Netanyahu, se cree con todos los derechos a destruir a otros Estados vecinos, y a masacrar a sus habitantes, condenandolos a padecer hambre y sed, cosa que va en contra de la Voluntad de Dios-Cristo, el Creador de todos los mundos? Dios, habló al profeta Amós 8:11 y dijo Dios: <<He aquí que vendrán días, dice El Eterno, Dios, en que enviaré hambre a la Tierra, pero no hambre de pan, ni sed de agua, sino de la palabra de El Eterno>>. ¿Y, por qué los sacerdotes de Israel, oculta al mundo los saberes cabalísticos y toda la verdad de sus profetas, y, sobre todo porqué ocultan la verdad de Jesús de Nazaret?
Hoy dicen: <<Todo lo relacionado con la Cábala se encuentra tan popularizado y divulgado que prácticamente se halla al alcance de cualquiera. Las traducciones parciales que normalmente suelen encontrarse en el mercado son incompletas, inexactas y confusas, y en la mayoría de los casos no se basan en el idioma original del Zohar. Existen personas que, sin saber hebreo ni arameo, e incluso sin vivir de acuerdo con las normas de la Torá, se dedican a la enseñanza de los textos sagrados motivados por intereses exclusivamente personales y comerciales>>.
Y está escrito en el Zohar Vol. XII. <<Y así, todo encargado y encargado que hizo heredarles el Santo, Bendito Sea, al resto de los pueblos, están incluidos en este Nombre. E incluso la idolatría es denominada a través de ese Nombre. Y este Nombre reina sobre todos los pueblos y sobre sus setenta ministros espirituales, y no ese Nombre del Tetragrama que reina sobre Israel. Porque él es el único para el Pueblo único, para el Pueblo de Israel, un Pueblo santo. (¿Dónde tiene Israel esa santidad guardada?, porque, no es santo el que va en contra del Quinto Mandamiento de Moisés: ¡No matarás!)
Y si dijeras que de este modo puede explicarse el versículo que está escrito: <<¡quién no te temerá, Rey de la naciones! Porque a ti se te debe temer. Entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay nadie semejante a ti>>. (Jeremías 10.7), es decir, quién no te temerá, Elokim, en el cual el temor mora, y el juicio en él mora en realidad no es así, y no por ello está dicho. Pues de ser así incluso la idolatría está incluida en él y es absurdo decir <<quién no te temerá>>. Pero debido a que el muro que sostenías desde atrás fue arrancado, porque del versículo se aprende que el Nombre de Elokim reina sobre las naciones, el versículo se mantiene con un poco de meditación en su verdadero significado: <<¡Quién no te temerá, Rey de las naciones! Y si dijeras que <<Rey de las naciones>> recae sobre el Santo, Bendito Sea, no es así, sino que debe entenderse del siguiente modo: ¿quién es el Rey de las naciones que no te temerá, que no se amedrantará ante Ti y que no se conmocionará ante Ti?
Es decir. ¿quién es el Rey de las naciones que no Te temerá, el Santo, Bendito Sea, incluyendo también el temor de todos los encargados de las naciones? De igual modo: <<Aleluya, alabad sirvientes de El Eterno, alabad el Nombre de El Eterno>> (Salmos 113:1). Quien lo escucha a este versículo no comprende lo que dice cuando dice <<Aleluya>>, ya que en este momento todavía se desconoce a quién alaba... El Eterno debería haber escrito: <<Los sirvientes de El Eterno, alabad el Nombre de El Eterno>>... (Aquí se ve muchos errores, el Rey de todas las naciones de la Tierra es Jesucristo, y ni Él, ni Su Padre, ellos, no tienen sirvientes. Los sirvientes que asesinan son los lacayos de Lucifer, los asesinos de los palestinos, los ucranianos, los africanos, los Hispano-Americanos, etc., son los sirvientes del Diablo. Sus adoradores, ofrecen a los hombres en Holocausto, sacrificios de los inocentes jóvenes de todos los tiempos).
<<He puesto a Jerusalén en medio de las naciones y de los pueblos circunvecinos para que en ella mi nombre sea glorificado>>, decía Dios por boca del profeta Ezequiel. Y en verdad que maravilla si se trae a la imaginación los inmensos imperios que la rodearon en los distintos momentos de su historia: Siria, Caldea, Asiria, Persia, Egipto... Cuenta la Biblia que cuando los hebreos conquistaron la <<Tierra Prometida>> (1200 antes de J.C., Salem o Jerusalén, que era entonces una ciudad cananea, fue entregada a las llamas. Más tarde la ocuparon y fortificaron los jebuseos (monte Sión) y se llamó también Jebús.
Allá por el año 1002 antes de J.C., David, rey de los judíos, abandonó su capital de Hebrón y se propuso apoderarse de Jerusalén. <<Aquí no entrará David>>, decían los jebuseos; pero el vencedor del gigante Goliat ofreció el día del asalto un premio a quién los abatiese, y la fortaleza cayó en su poder.
Jerusalén fue llamada <<la ciudad de David>> y en ella estableció éste la capital de Israel y se hizo construir, por los arquitectos fenicios, un suntuoso palacio. Quiso, asimismo, que Jerusalén se convirtiera en el centro religioso de todo el pueblo hebreo. Por ello hizo trasladar a la nueva capital el Arca de la Alianza, el objeto más sagrado de la religión hebrea. Proyectó, también, la construcción de un majestuoso templo, pero o logró llevar a cabo su obra.
David murió alrededor del años 975 antes de J.C., a loa setenta años de edad. Antes de morir, había designado como sucesor suyo a su hijo Salomón, bajo cuyo reinado (974a 937 antes de J.C.), alcanzó Jerusalén su mayor esplendor y opulencia.
Con una misión distinta a la de su padre, Salomón se dedicó exclusivamente a obras de paz. Con el propósito de honrar espléndidamente a Jehová, cuenta la Biblia que el rey sabio mandó este recado a Hiram, soberano fenicio de la ciudad de Tiro: <<Pienso edificar un templo al nombre del Señor Dios mío... Ordena, pues, a tus gentes que me corten cedros del Líbano. Mis gentes se juntarán con las tuyas, y por el salario de éstas te daré yo todo cuanto pidieres; porque bien sabes que no hay en mi pueblo obreros de la madera como los fenicios>>.
A lo que el rey Hiram respondió a Salomón: <<He oído todo lo que me pides. Cumpliré tus deseos en lo referente a las maderas de cedro y de abeto. Mis obreros las transportarán desde el Líbano al mar>>.
Se cuenta que Salomón pagó al rey fenicio con grandes cantidades de aceite y de trigo. Treinta mil hebreos y más de ciento cincuenta mil extranjeros labraban maderas y piedras en los montes, y los transportaban para las obras del templo de Jerusalén, que se comenzaron hacia el año 970 antes de J.C. y se terminaron siete años después. El templo propiamente dicho sólo tenía unos 35 metros de largo por 15 de anchura. Estaba rodeado por unos recintos concéntricos. El pavimento se cubrió con madera de abeto y los muros de piedra fueron revestidos con cedro.
En su interior, el templo se decoró con revestimientos de oro, candelabros, vasos, lámpara y multitud de bajorrelieves cincelados a maravilla. Después de concluida la obra y de fortificar la muralla que rodeaba Jerusalén, el rey salomón emprendió la construcción de su magnífico palacio del <<Bosque del Líbano>>, con numerosas galerías, pórticos y columnas de cedro, contratando, para los trabajos en bronce, a un artífice tirio de gran maestría. Seguidamente fue alhajado su interior con fastuosa ornamentación. Y era digno de verse, entre tantas maravillas, el gran trono de marfil guarnecido de oro purísimo. Salomón se ocupó también del bienestar de su pueblo: favoreció el comercio, inició trabajos hidráulicos, y fundó nuevas ciudades (Palmira en el desierto, Elath en el mar Rojo).
Los depósitos de agua que mandó construir a pocos kilómetros al sur de Belén se conocen aún como <<las cisternas de Salomón>>. Los mármoles del templo se tallaron en las anteras que había cerca de la Puerta de Damasco, en Jerusalén, y los altos hornos empleados en el refinado del cobre estaban situados en las cercanías de Ezion-geber, el puerto de mar del golfo de Aqaba.
Jerusalén se hallaba entonces en el cenit de su opulencia. Dice la Biblia (I Reyes, IX, 26; X, 22) que la flota del rey Salomón, y la de los tirios, surcaban el mar Rojo hasta Ofir y Tarsis (Cádiz-Sevilla), y volvían <<trayendo oro, plata, marfil, monos, pavos reales, una gran cantidad de madera de sándalo y piedras preciosas>>.
La fama del sabio Salomón trascendió a todo el mundo conocido. Y cuentan que cuando la reina de Saba (Yemen, Arabia) visitó Jerusalén con sus ricos presentes de mirra e incienso (950 años antes de J.C.), quedó atónita ante aquel esplendor y no pudo por menos que decirle a Salomón: <<Verdadera es la fama de lo que oí en mi tierra sobre tus cosas y tu sabiduría... Lo he visto con mis ojos y he comprobado que lo dicho era muy inferior a la realidad>>.
Relatos antiguos dicen que delante del templo de Jerusalén se levantaban dos columnas huecas de bronce, de una altura cercana a los 12 metros y un diámetro de 2 metros. En el patio había una inmensa pila o fuente, construida en bronce. Tenía unos cinco metros de diámetro y una profundidad de dos metros. Se hallaba sostenida por 12 bueyes, también de bronce. Se la llamaba <<el mar de bronce>> y se conservaba en ella la provisión de agua para el templo, que fue consagrado solemnemente por Salomón en el año undécimo de su reinado. Durante la fiesta de la consagración, que duró catorce días, fueron sacrificados 22.200 bueyes y 120.000 ovejas. (Ahora los hebreos sacrifican personas, las ofrecen a Lucifer, esto, les viene de los anglos, que estuvieron de ocupación en los territorios, mucho tiempo, después de la II guerra mundial... la masonería adora a Satán y a Lucifer, Baal y Moloc y etc...)
La paz y la prosperidad de la Era de Salomón no duro mucho. Damasco y Eldom se sublevaron, y el reino se dividió en dos partes: <<¡Israel y Judá!>> Asiria renovó sus tendencias expansionistas, anexionándose la parte norte de Israel y exiliando a la mayoría de sus habitantes, llamados, por esta razón, <<Las Diez Tribus Perdidas>>. Y un día del año aciago de 597 antes de J.C., el ejército de Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso sitio a Jerusalén hasta rendirla.
<<Y tomó Nabucodonosor todos los tesoros del templo del Señor y los tesoros de la casa real... Y llevó cautivos a sus príncipes y la fuerza de todo el ejército, en número de 10.000, y a todos los artífices y técnicos, sin dejar más que a la ínfima plebe>>. (El rey Nabucodonosor, no mata a la gente del pueblo, los respeta, ve y observa lo que hacen hoy los hebreos con sus vecinos, no tienen vergüenza ni respetan al Creador de toda la Creación y de toda la Vida sobre este maravilloso planeta Tierra y, todo esto es porque no reconocen al Verdadero Dios ni reconocen al Mesías, el Señor Jesús. El Quinto Mandamiento de la Ley de Dios es ¡NO MATARÁS!).
En pocos años, sin embargo, Jerusalén logró recuperarse del saqueo. Pero volvió entonces el ejército babilonio y en el año 586 antes de J.C. entró en la ciudad de nuevo, <<puso fuego al templo del Señor, al palacio del rey y a las casas de Jerusalén; entregó a las llamas todos los edificios, y arrasó por todos los muros de la ciudad>>. Total fue la devastación. Y en las ruinas de lo que fuera el asombro de la reina de Saba, apenas quedaron algunos labriegos cuidando de sus viñas y sus olivos...
Nabucodonosor llevó a los hebreos a Babilonia, donde permanecieron en cautividad hasta el año 538 antes de J.C., en que fueron liberados por el persa Ciro. Los israelitas volvieron entonces a Jerusalén y emprendieron rápidamente la construcción de su segundo templo (520 años antes de J.C.) y de las murallas de la ciudad (445 antes de Jesucristo).
Pero los judíos ya no fueron, en adelante, sino un pueblo vasallo de sucesivos imperios. Egipto, Siria y Grecia impusieron sucesivamente sus yugos económicos y políticos a los israelitas, que, a pesar de estas dominaciones, lograron tener ciertos períodos de riqueza y poderío. La gran victoria de los macabeos, ocurrida en plena dominación extranjera, se celebra aún todos los años en la fiesta de Januquia. En el año 100 antes de Jesucristo, el Estado judío logró recuperar todo el territorio del actual Israel, la parte sur de Siria y las ciudades del Jordán. Más el tratado de amistad que los judíos habían firmado con el potente imperio romano, no fue obstáculo para que Pompeyo tomara Jerusalén en el año 63 antes de J.C.
Herodes el Grande reinó en Judea, conforme a lo dispuesto por el Senado romano, desde el 37 antes de J.C. al 4 después de J.C. En su época Jerusalén resurgió pujante. Se dice que tenía entonces unos 60.000 habitantes, artísticos monumentos, palacios (el de Herodes, Caifás, y el de Anás, etc.), plaza, teatro, anfiteatro, hipódromo, fortaleza (Antonia o Pretorio), etc. Quiso también Herodes que tuviera un magnífico templo, cuya construcción emprendió hacia el año 20 antes de J.C., y que no quedó terminado hasta el año 64 de nuestra Era. Después de la muerte de Herodes, Judea fue controlada por procuradores romanos, precisamente bajo el mandato de uno de éstos, el llamado Poncio Pilato, tuvieran lugar los acontecimientos que narran el Evangelio.
La primera tentativa judía frente a la tiranía romana terminó con el saqueo de Jerusalén y el incendio del templo, ordenado por Tito en el años 70 después de Cristo. La segunda, y última, fue dirigida por Bar Cochba, y terminó en el años 135, después de tres años y medio de guerra, durante la cual murieron casi medio millón de judíos.
A partir de entonces, Jerusalén, la capital del reino, se convirtió durante cien años en ciudad prohibida para los judíos. La gran mayoría de ellos fueron deportados a Babilonia, Egipto, Arabia y Europa. Israel quedó vacía y, hasta nuestros días, su posición política y económica fue insignificante. Mas la dispersión del pueblo judío no logró destruir el temple de la raza y de su acendrada fe.
Durante algún tiempo Palestina formó parte del Imperio bizantino, hasta la llegada de los árabes, en el año 637, el clero griego se desplazó a Constantinopla. Con la toma de Jerusalén por los cruzados, que acaudillaba Godofredo de Bouillon, en 1099, el cristianismo floreció durante un siglo en los Santos Lugares. Por todas partes se edificaron hermosas iglesias y los servicios divinos se realizaron con más esplendor que nunca sobre la tumba del Señor.
Sin embargo, en 1187 el poderoso Saladino asestó un duro golpe a los cruzados cristianos, al caer Jerusalén por segunda vez en manos de los turcos después de la batalla del lago Tiberíades, ganada por el célebre sultán otomano. Las iglesias fueron destruidas y los Santos Lugares devastados. El sultán Bibars II publicó un edicto en 1309 concediendo solamente a los franciscanos el derecho para establecerse en el Santo Cenáculo, en el monte Sión, en el Santo Sepulcro, de Jerusalén y en la Iglesia de la Natividad en Belén. En 1332 los reyes de Sicilia, Roberto y Sancha, llegaron a un convenio con el sultán sobre el Santo Cenáculo, abonándole cierta suma con la condición de que los franciscanos se establecieran en Jerusalén permanentemente. El Papa Clemente VI y los Pontífices que le sucedieron confirmaron repetidamente la adjudicación de tan preciado cargo.
Durante casi tres siglos los franciscanos disfrutaron pacíficamente de su posesión y fueron reconocidos como dueños legales, incluso después del cisma. Pero la caída del Imperio bizantino, en 1453, tuvo su repercusión sobre la Iglesia católica en Palestina. En 1517 los turcos se apoderaron de Tierra Santa y los sacerdotes cismáticos griegos volvieron a ella, desarrollando sus planes de expulsar a los franciscanos. En el año 1757 atacaron al Santo Sepulcro, destruyeron todo signo católico y tomaron posesión de la Iglesia y sus altares. Los Papas y los países católicos protestaron enérgicamente ante el sultán, pero todo fue en vano.
En 1829 los armenios ortodoxos obtuvieron también del sultán turco privilegios sobre los Santos Lugares e instalaron sus altares en la basílica del Santo Sepulcro y en la Natividad de Belén. Los sirios, coptos y abisinios (todos ellos cismáticos) tenían derechos más restringidos en estas grandes iglesias.
Únicamente los franciscanos fueron excluidos de sus propias iglesias, cuando incluso a los árabes se les había concedido una capilla. En el siglo XIX entre Rusia en escena como protectora de la ortodoxia, adquiriendo una gran preponderancia religiosa en Jerusalén, efectuando sus pobladores peregrinaciones nutridas a los Santos Lugares, y utilizando su matiz religioso como palanca política del Oriente Medio.
Entretanto, con la aparición del Islam los judíos habían restablecido el centro religioso en Jerusalén, y continuaron viviendo en medio de la mayor miseria y soportando la invasión y los impuestos opresivos. Mientras esto ocurría, llegarona Palestina grupos de judíos , los cuales, perseguidos en sus países de adopción, se dirigieron a su patria buscando paz y descanso.
En el siglo XIII, trescientos rabíes huyeron de Francia, fundando una colonia en Jerusalén. Acre acogió a buen número de refugiados que venían huyendo de persecuciones llevadas a cabo en distintos países europeos, la expulsión de los judíos de España y Portugal al final del siglo XV llevó nuevas gentes a Palestina. Jerusalén y Safed albergaron a la inmensa mayoría de los refugiados, que llegaron llevando consigo un alto grado de cultura. En el siglo XVIII se produjo nuevamente otra gran ola de emigraciones, aunque casi todos los que llegaban eran gentes viejas y cansadas.
Jerusalén fue siempre el centro de las esperanzas y oraciones judías. En el rito Seder hay un momento cumbre de acción de gracias, en el que todos los presentes exclaman: <<¡El año que viene estaremos en Jerusalén!>>. Theodor Herzl fue quien dio forma política al nuevo movimiento sionista. En 1896, formuló su tesis en un pequeño libro titulado <<El Estado Judío>>. Un año después, Herzl y sus colaboradores lograron celebrar el Primer Congreso Sionista Mundial. Este Congreso declaró: <<La intención del movimiento sionista es crear un hogar judío, públicamente reconocido y legalmente garantizado, en Palestina>>.
En 1901 se estableció la Fundación Nacional Judía (karen Kayemet), cuya finalidad primaria fue la compra de tierras en Palestina. En 1917, Inglaterra se inclinó favorablemente hacia el Movimiento Sionista. Después de la Primera Guerra Mundial y de la derrota del Imperio turco, la Liga de las Naciones encargó a Gran Bretaña de la administración de Palestina. Poco después se creaba también una comisión especial para arbitrar la disputa sobre los Santos Lugares.
En 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, empezó a manifestarse públicamente la disparidad de criterios existentes entre los británicos, los judíos y los árabes. Llevado el problema de Palestina a las Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947 la Asamblea votó como favorable la creación de un Estado judío independiente en una parte de Palestina.
Al rechazar el plan de reparto de la O.N.U., los árabes se lanzaron a la guerra contra los judíos. A lo largo y a lo ancho de Tierra Santa se combatía desesperadamente, (y se combate aún hoy) olvidando que, para tres religiones, aquélla era la Patria de la Paz.
(Todo lo que está sucediendo es porque los sacerdotes del templo de Jerusalén de la época de Jesús de Nazaret, no lo aceptaron como <<Mesías>>. Siglos en luchas, ellos, los sionistas han dividido el cristianismo en muchas ramas, han ideado nuevas <<religiones llevándolas al extremos del fanatismo>>. Jesús, no les convenía a la casta sacerdotal, porque les desbarató, les desmontó los negocios de los sacrificios en honor a Dios. Jesús, predicaba la Verdad. Se han inventado muchas "historias falsas" en torno a la Figura de Jesucristo, tanto los judíos como los cristianos. Jesús vendrá, y nos sacará de la fatal ruina. Jesús acabará con todas las guerras. Está escrito que se va a enfrentar contra todas las naciones de la Tierra. Porque no lo querrán reconocer, como Mesías. ¿Se volverá a crucificar al Mesías...? Sionistas, masonería y marxismo son lo mismo los tres pretenden instalar una Dictadura planetaria. Unos creen en el "nuevo orden mundial", pero, la verdad de la intención es imponer a gran escala <<La Doctrina de Lucifer>>, y para llevar a cabo el plan... figuraban tres guerras mundiales. Escrito está. Busca y encontrará).
La acción bélica más amarga y prolongada tuvo lugar en Jerusalén y en la carretera principal, que une con la costa. Israel acabó su guerra de la Independencia, con 20.000 kilómetros cuadrados de territorio, en lugar de los 14.600 que le había asignado el plan de partición de las Naciones Unidas. los árabes conservaban 6.400 kilómetros cuadrados entre Cisjordania y la franja de Gaza.
Jerusalén quedó, como trece años antes Berlín, dividida en dos partes que se comunicaban el día de Navidad por la Puerta de Mendelbaum para algunos privilegiados que habían obtenido los permisos israelíes necesarios. Las dos partes iban a vivir en forma distinta: una, la oriental, llena de los recuerdos de tres religiones. Alcanzaría 60.000 habitantes en 1967, otra, la moderna, europea, dinámica, llegaría a 180.000 almas. En una, el pasado; en la otra, el futuro. Pero esta nueva frontera de Jerusalén no había sido trazada con el corazón, sino con las ametralladoras.
El día 5 de julio de 1967 estalló la famosa <<Guerra de los seis días>>, que concluyó el día 10. Mendelbaum Gate quedó arrasado por los soldados israelitas y Jerusalén volvió a ser una sola ciudad. También el pasillo de Gaza pasó a poder de los judíos.
Efectivamente, diecinueve años después, esta tierra ensangrentada tantas veces a lo largo de los siglos volvió a serlo por tercera vez en décadas. En 127 horas exactamente, el Estado de Israel amplió la extensión del territorio bajo su control, de 20.000 a 83.000 kilómetros cuadrados, y de 2.700.000 habitantes israelíes pasó a tener una población administrada de 3.700.000.
Los Estados árabes, en las naciones Unidas, protestan porque Israel no vuelve a las líneas territoriales que el Plan de Partición de Jerusalén le había asignado y que ellos, los países árabes, rehusaron entonces. Ello hace resistir la guerra latente entre Israel y los Estados árabes, y son incontables las escaramuzas armadas entre las tropas judías y las de sus adversarios musulmanes. (Lo cierto de todo esto es, que los hijos de los ricos judíos y musulmanes disfrutan de la vida en su fincas, navegan en sus yates y vuelan por todo el mundo en sus aviones y, corren en sus lujosos coches; mientras los hijos de los pobres son llevados a los campos de batalla, o los tienen en las cárceles; además de carne de cañón para sus batallas, los alistan como terroristas, formando sectas fanáticas, que van sembrando el terror por la Tierra; y hay otro invento, que es muy viejo, están utilizando varios Caballos de Troya, uno es la inmigración, siempre son los hijos de los pobres los que mueren en el Mediterráneo o son víctimas de traficantes de personas, que trafican con sus órganos y... enfrentan a naciones, están dejando Europa sin fábricas, España está en pelota picada, y cualquier día Marruecos, Argelia etc., nos invaden. Sánchez a ver la película El Caballo de Troya, hombres fuertes... están llegando...)
Realmente, en cualquiera de sus aspectos, las conquistas llevadas a cabo por el Estado de Israel en sus años de existencia rayan lo milagroso. Sin embargo, el incesante acontecer histórico dirá la última palabra sobre el futuro de esta zona del mundo, hoy por hoy peligroso avispero para la Paz mundial. Los judíos, entretanto, siguen bombardeando... y asistiendo, como siempre, al célebre muro de las lamentaciones que hay en las ruinas del templo de Jerusalén. Como dice el dicho español: Los judíos, con una mano orando y con la otra con el mazo dando ¡bomba va! Ni siquiera avisan a la gente.
Esto es una guerra de Dioses: Lucifer contra Jesús de Nazaret. Y los ovnis son, seguramente, el fenómeno más inquietante con que la Humanidad se está enfrentando hoy. No se cuestiona ya su realidad física: resulta tan evidente a través de los avistamientos, huellas, aterrizajes, e incluso fotografías y contactados con sus tripulantes, que ponerla en duda es, sencillamente, carecer de información. Pero lo que más debe preocuparnos no es su presencia, sino sus intenciones. ¿Vienen a salvarnos, como predican algunos grupos de contactados; o a destruirnos?
Investigaciones recientes sugieren que los visitantes extraterrestres parecen sentir hacia nosotros una absoluta falta de respeto: que actúan movidos por sus propios y ocultos intereses; que están llevando a cabo con nosotros experimentos de ingeniería genética como si fuéramos simples cobayas; que son, en fin, una amenaza terrible. Y, la esperanza es la Rebelión de los Sabios. Un pacto de Paz Universal. Palestina e Israel pueden convivir juntos, bajo una misma bandera, formando musulmanes y judíos un Estado. Total, pronto llegará Jesús y es el Rey del Mundo, y con Él viene Adán y Eva los reyes de toda la Tierra, porque, son los Padres de todos...
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor Dios, gracias, por tu infinito amor. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Amén.
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