STHENDAL escribió el libro ROJO Y NEGRO, considerado uno de los clásicos universales. <<La verdad, la amarga verdad>>. Danton. En el CAPITULO I- Sthendal escribe sobre La pequeña ciudad. <<El mal es menor, cuando son miles los que conviven, pero la alegría de la cárcel disminuye>>. La pequeña ciudad de Verrières puede muy bien considerarse como una de las más bellas del Franco-Condado. Sus blancas casas de rojos tejados puntiagudos se extienden por la pendiente de una colina, cuyos castañales acusan hasta las más insignificantes sinuosidades del terreno. Al pie y no lejos de las ruinas que antaño fueron <<fortificaciones levantadas por los españoles>>, se desliza el Doubs. Verrières se encuentra al socaire del cierzo, merced a una elevada montaña de las estribaciones del Jura. Las abruptas cimas del Verra se cubren de nieve con los primeros fríos del otoño.
Un torrente, que desciende veloz de la montaña y atraviesa Verrières antes de perderse en el Doubs, pone en movimiento gran número de serrerías. Industria, en verdad, sencilla, pero que proporciona cierto bienestar a la mayor parte de los habitantes, de índole más bien campesina que burguesa. Con todo, no precisamente las sierras las que han enriquecido aquel lugar, sino la fábrica de telas pintadas, llamadas de Mulhouse. A ella se debe el desahogo general, que a raíz de la caída de Napoleón, permitió reconstruir la fachada de casi todas las casas de Verrières.
Al entrar en la ciudad queda uno sobrecogido por el estruendo trepidante de una máquina de aspecto terrible. Una rueda, movida por el agua del torrente, pone en danza veinte pesados martillos que, con sus golpes hacen retumbar el pavimento. No sabría decir los miles de clavos que cada uno de estos martillos fabrica diariamente. Bellas jovencitas llenas de frescura son las encargadas de abastecer con trocitos de hierro aquellos contundentes martillos, bajo cuyos golpes se convierten en clavos.
Este trabajo, de aspecto tan rudimentario, es uno de los que llaman más la atención del viajero que por primera vez llega a estas montañas que marcan la frontera entre Francia y Helvecia. Si preguntamos al entrar en Verrières, a quién pertenece esta magnífica fábrica de clavos que ensordece a los ciudadanos que recorren la calle principal nos responderán invariablemente con lánguido acento: <<¡Ah, es del señor alcalde!>> (Eliminaron a la Monarquía, asesinaron a millones de opositores franceses, a los reyes, al Delfín de Francia y a gran parte de los nobles y los "políticos revolucionarios se hicieron con todo el poder de Francia; después pusieron al mando a Napoleón, otra marioneta como Hitler o Zelenski, para, provocar divisiones y matanzas" obra de los lacayos de Lucifer, que, trabajan en varias sectas y, todos con el mismo fin: Dominar el Mundo, esclavizar a la Humanidad. ¡Hora de despertar! Sólo nos salvará la Rebelión de los Hombres buenos, gente cristiana, cada día son más los que deciden dar un paso adelante, he visto a un embajador, más sabio que el rey Salomón, Iván Catón es su nombre. Haber hay grandes hombres, grandes sabios, grandes líderes, gracias a Dios, son muchos, los hombres buenos. Lo que si deben tener en cuenta, para no ser poseídos por las fuerzas oscuras ¡endemoniado! Si leen el libro de Sthendal verán que la Francia del Rey Luis XV y XVI era rica y próspera y el pueblo disfrutaba de la vida, otra cosa fue que los infiltrados "masones y...", quemaban las cosechas, crearon confusión entre los obreros, porque obligaban a los patrones y dueños de fábricas y tierras a despedir a los obreros y campesinos, crearon una hambruna, como también la crearon en 1929 o 1939... en 2.008...etc. Y, ahora, quieren fragmentar el mundo en pedazos).
Basta que el visitante se detenga unos instantes en esta calle que sube desde la ribera del Doubs hasta la cumbre de la colina, para que pueda apostar doble contra sencillo a que aparece en seguida un hombre alto con aires de ocupado y de importancia.
Veremos que todos los sombreros se levantan a su paso. Su indumentaria gris tiene el mismo color que sus cabellos. Caballero de varias órdenes, tiene una frente espaciosa y una nariz aguileña y en conjunto no puede negársele cierta armonía. A primera vista produce un impacto de dignidad, propia de quien es alcalde, junto a esa especie de atractivo que aún mantiene el hombre de cuarenta y ocho o cincuenta años.
Pero muy pronto el visitante parisino puede advertir en él un aire de autosuficiencia y satisfacción mezclado con cierto embotamiento y cortedad que denotan un talento incapaz de traspasar los límites de imponer a los demás el pago inmediato de sus deudas y que se permite así mismo pagar lo más tarde posible, cuan él es deudor. Así el alcalde de Verriéres, el señor Rênal.
Recorrida la calle con parsimoniosa gravedad desaparece a los ojos del viajero por la puerta de la alcaldía. De haber continuado el paseo cien pasos más calle arriba, nos habríamos encontrado con una casa de cierta apariencia y, a través de una verja de hierro contigua a la casa, con unos magníficos jardines y al fondo el horizonte formado de las colinas de Borgoña que parecen haber sido hechas expresamente para recrear la vista.
Su contemplación hace olvidar al visitante la atmósfera corrompida de los mezquinos intereses del dinero que ya comenzaba a asfixiarle. (Los revolucionarios, se adueñan de toda la riqueza de Francia, eliminan a los reyes y a los nobles y ellos, hacen esclavo al pueblo). Se le informa que esta casa pertenece al señor Rênal. Los beneficios de la fábrica de clavos han permitido al alcalde de Verrières levantar esta preciosa casa de piedra de sillería, cuya construcción acaba de terminarse. Su familia, según dicen, de rancio abolengo español, se estableció en el país mucho antes de ser conquistado por Luis XIV. A partir de 1815 empezó a avergonzarse de ser industrial y el mismo año fue nombrado alcalde de Verrières.
Los muros que escalonan las terrazas del magnífico jardín hasta la orilla del Doubs es también fruto de la sabiduría que el señor Rênal ha mostrado en el comercio de clavos. No esperéis hallar en Francia esos jardines pintorescos que rodean ciudades industriales de Alemania como Leipzig, Francfort, Núremberg, etc. En el Franco-Condado, el número de derechos adquiridos sobre los vecinos depende del número de muros levantados y es tanto más firme la propiedad cuanto más erizada esté de piedras apiladas unas sobre otras. Los jardines del señor Rênal son dignos de admiración todavía, por el peso en oro que ha tenido que soltar por cada uno de los pequeños trozos de terreno que lo forman.
A pesar de su orgullo, el señor Rênal ha tenido que humillarse muchas veces ante el viejo Sorel, campesino duro y terco, y soltarle muchos luises de oro, para conseguir que trasladara su fábrica a otra parte. Y tuvo que emplear todo el influjo de que goza en París, para que se desviara el curso del arroyo que mueve la serrería, gracia que le fue concedida a raíz de las elecciones de 182... (Tráfico de influencia, y malversación del patrimonio ecológico de Francia).
Tuvo que dar cuatro fanegas por cada una, quinientos pasos más abajo, el padre Sorel, como se llamaba desde que es rico, ha conseguido de la impaciencia y manía de propietario que anima al señor Rênal la suma de seis mil francos. (Un caso ya antiguo que se da en nuestro tiempo, ve y observa las noticias del caso Victor Aldama, y sus sumas de dinero en pago para adquirir obras públicas... ¿Tráfico de influencias?)
Cierto que esta transacción fue muy criticada por las personas principales del lugar. Un domingo, hace ya de esto cuatro años, volvía el señor Rênal de la Iglesia, vestido de alcalde, cuando vio desde lejos al viejo Sorel rodeado de sus tres hijos y advirtió que le miraba sonriente. Aquella sonrisa significó un día fatal en los anales del señor Rênal porque, a partir de aquel momento, empezó a pensar que tal vez hubiera podido conseguir el terreno aun precio más ventajoso. Para granjearse la simpatía pública en Verrières, lo primero que hay que hacer es no adoptar en la construcción de los muros métodos importados de Italia por albañiles que atraviesan durante la primavera las gargantas del Jura en dirección a París.
Los sabios y prudentes que administran la opinión en el Franco-Condado le colgarían definitivamente al imprudente innovador el calificativo de <<no grato>> y estaría irremediablemente perdido. Tal es el despotismo que las personas prudentes ejercen allí. Es esto precisamente lo que hace insoportable la vida en una pequeña ciudad a quien se ha acostumbrado a vivir en esa república que se llama París. La tiranía de la opinión, y ¡qué opinión!, resulta tan desagradable en las pequeñas ciudades de Francia como en las de los Estados Unidos de América. ¡Fin del capítulo I! Sigue leyendo el libro de Sthendal- Rojo y Negro.
<<Y la importancia señor, ¿acaso no significa nada? La importancia es el respeto de los necios, el embeleso de los niños, la envidia de los ricos, el desprecio de los juiciosos>>. Barnave.
Durante la famosa <<guerra de las Dos Rosas>>, en la que ochenta príncipes de sangre real perdieron la vida, la Torre de Londres fue el principal protagonista. El año 1460, Roberto de York perdió la vida en la batalla de Wakefield, sus ejércitos fueron destrozados y los prisioneros de categoría llevados a Londres y encerrados en la Torre. Se utilizó como prisión uno de los torreones del recinto interior, en la parte del río. Por esta razón, empezó a llamarse a aquel lugar la <<Torre Wakefield>>.
La Torre Wakefield y su vecina, la Torre Sangrienta (Bloody Tower), en cuya parte baja se abre la única puerta que da entrada al recinto interior, fueron los escenarios en que se desarrollan los acontecimientos más trágicos de los años siguientes a la <<Guerra de las Dos Rosas>>. Eduardo era el mayor de los tres hijos de Roberto de York, y aprovechándose de la ausencia de Enrique VI, se hizo coronar rey en Londres con el título de Eduardo IV. En esta empresa le ayudaron sus dos hermanos Jorge, duque de Clarence, y Ricardo, duque de Gloucester, del que se ha dicho que era un tipo monstruoso.
Los tres hermanos York reunieron un potente ejército con el que derrotaron a los Lancaster e hicieron prisionero al rey Enrique, que fue llevado a la Torre de Londres y encerrado en Wakefield Tower, donde poco después fallecía de manera misteriosa en su mazmorra.
Todos los años, el 21 de mayo, aniversario del crimen, los estudiantes de Eton colocan unas flores en el calabozo de la Torre Wakefield: Desde hace quinientos años rinden este tributo anual al desgraciado rey Enrique VI, fundador de su colegio.
Luego, mientras en las grandes salas de la Torre Blanca se sucedían banquetes y las fiestas presididas por el rey Eduardo IV de York y su bella amante Jane Shore, en las torres <<Boody>> y <<Wakefield>>, gemían los condenados, martirizados en los potros de tortura y con los pies retorcidos en los bilboes o cepos que hoy pueden verse aún en la armería de la Torre de Londres.
Aunque Eduardo IV era el rey, su hermano Ricardo Gloucester era quien realmente gobernaba. Y éste fue quien hizo cortar la cabeza a lord Hastings en un cadalso que se haría famoso. Un tronco de madera, que usaba para unas reparaciones de la Torre, fue colocado delante de la capilla de San Pedro ad Vincula, en el patio central. Y allí, antes del mediodía, fue decapitado lord Hastings con el hacha de las ejecuciones.
En el siglo siguiente, Enrique VIII mandaría colocar el cadalso en aquel mismo lugar.Un cadalso en el que cabezas célebres serían separadas de su cuerpo por la mano del verdugo. <<Una mancha de sangre y grasa en la Historia de Inglaterra>>. Con estas palabras ha sido descrito el tristemente célebre reinado de Enrique VIII.
Este monarca se casó con Catalina de Aragón, y su reinado fue un período feliz hasta el día en que se enamoró de Ana Bolea, con la que contrajo matrimonio, sin la autorización del Papa, proclamándose jefe de la Iglesia de Inglaterra.
Sólo dos personalidades se opusieron al divorcio de Enrique VIII y al cisma religioso. Thomas Moro, canciller del reino, y John Fisher, el octogenario obispo de Rochester. Ambos fueron condenados a prisión perpetua y conducidos a la Torre de Londres. A partir de este momento, se organizó un nuevo ceremonial para trasladar los presos de Estado a la Torre. Con los pies y las manos sujetas por grilletes, eran llevados por vía fluvial hasta una puerta que se abre en el recinto exterior de la Torre, sobre el Támesis. Esta puerta se halla situada delante de las torres <Wakefield>> y <<Bloody>>, y se llama desde entonces Traitor's Gate (<<Puerta de los Traidores>>).
Cuando Enrique VIII se cansó de Ana Bolena, instó contra ella un proceso por conspiración e incesto. El tribunal la condenó a perecer por el fuego o por el hacha, a voluntad del rey. Enrique se mostró clemente una vez más, y eligió el hacha. Ana Bolena fue trasladada por el río hasta la Puerta de los Traidores, e ingresada en la Torre.
La sentencia se cumplió el 19 de mayo de 1536, en un cadalso instalado en el mismo lugar donde Ricardo III hizo decapitar a lord Hastings. Seis años después, en el mismo lugar, se repetía una ceremonia análoga. Esta vez se trataba de Catalina Howard, la quinta esposa de Enrique VIII. Acusada de infidelidad, fue condenada a morir decapitada en el mismo cadalso de la Torre, el 13 de febrero de 1542. Los turistas que hoy recorren la Torre de Londres, se suelen detener unos momentos ante un espacio pavimentado con losas de piedra y rodeado de una baranda de cadenas, que indica la situación de este cadalso célebre. Está enfrente de la pequeña capilla de San Pedro ad Vincula -así llamada por haberse consagrado en tal festividad de la Iglesia, el 1 de agosto-, cuyo suelo está cubierto de sepulcros. Aquí fue donde Stow pronunció una frase famosa, hace ya cuatro cientos años, que siguen repitiendo los guías de la Torre:
<<Ante este altar descansan dos duques entre dos reinas: Somerset y Northumberland, entre la reina Ana y la reina Catalina; los cuatro decapitados.>> Junto al cadalso está la llamada <<Torre Beauchamp>>. El nombre proviene de haber sido su primer prisionero Thomas, conde de Warwick, perteneciente a la familia Beauchamp, en 1397. Esta torre, construida con un propósito defensivo, fue utilizada durante tres siglos como el lugar más seguro para encerrar prisioneros de categoría.
Fue construida en la época de Eduardo III, el rey que colocó la liga a la bella condesa de Salisbury, mientras decía: <<¡Honni soit que mal y pense!>> (<<¡Mal haya quien piense mal de ello!>>). Con estas palabras, dichas para reprimir las sonrisas de algunos mal intencionados, quedó instituida la que sigue siendo una de las más preciadas condecoraciones inglesas, la Orden de la Jarretera (o de la Liga>>) que nunca poseen más de veinticinco personas.
El 12 de mayo de 1641, Strafford, el fiel y abnegado ministro de Carlos I, ofrecía su cabeza al hacha del verdugo en el cadalso de Tower Hill. Ocho años más tarde, caía la cabeza del propio rey que había firmado su sentencia. Ya en el poder Cromwell hizo trasponer la puerta de la Torre de Londres a todos los que molestaban al Gran Protector. La República inglesa fue particularmente sangrienta. La Torre de Londres no bastaba para hospedar a los que llegaban.
Los últimos presos encerrados en el triste recinto de la Torre de Londres fueron Thislewood y sus compañeros de conjuración, ahorcados en 1820. Esto sucedía catorce años antes de que los leones fuesen trasladados a Regent's Park, y la Torre de Londres convertida en un monumento que visitan miles de turistas, después de adquirir su correspondiente billete en las taquillas de entrada.
La Torre ha evolucionado, pero no ha desaparecido. Como todo lo de Inglaterra, país donde las cosas nuevas se hacen sin destruir las viejas. Hay días, sin embargo, en que la Torre toma un aire siniestro, que le da pleno carácter. Son los días de niebla, cuando los vapores del Támesis envuelven sus almenas, y sus torres toman ese tinte oscuro que tanto impresionó a las legiones de César -hace dos mil años- cuando desembarcaron en el País de los Cimmerianos.
Para mucha gente, no obstante, el mayor interés que ofrece la Torre se centra en la exhibición de las joyas de la Corona, en la torre Wakefield. Allí están las pertenecientes a las Órdenes del Baño, del Cardo, de la Jarretera, de San Miguel, de San Jorge, de la Estrella de la India y de la Orden de la Cruz de la Reina Victoria.
Pero lo más asombroso de todo, lo más deslumbrante, es la corona construida en 1838 para la Reina Victoria, modificada en 1902 para la coronación de Eduardo VII. Es un casquete de terciopelo rojo, encajado en una diadema con 2.818 diamantes, ocho esmeraldas de gran tamaño, 300 perlas y el diamante Cullinan, uno de los mayores del mundo. El remate del conjunto está formado por una cruz de Malta, hecha con 75 brillantes que enmarcan el famoso rubí, regalado en 1367 por Pedro I de Castilla al Príncipe Negro que había venido a España para ayudarle con sus arqueros.
Durante la última Guerra Mundial todas estas joyas, de fabuloso valor, fueron llevadas a un lugar secreto, y devueltas a la Torre de Londres al finalizar la feroz contienda. <<¡Oh, cómo se parece el amor primaveral a la gloria incierta de un día de abril, que tan pronto muestra el sol en todo su esplendor y poco a poco lo cubre por completo una nube!>> William Shakespeare. (Esto nos está pasando, en este planeta, que cuando parecía que el sol resplandecía, una nube oscura ha tapado el sol de la vida y la alegría del amor va desapareciendo, rodando por uno de los abismo de la locura humana).
El Reichshführer o comandante supremo del cuerpo, Heinrich Himmler, un hombrecillo con aspecto de burócrata de segunda fila, aunque dotado de una mente organizativa y una capacidad de intriga asombrosa. Himmler era otro entusiasta de la astrología, el ocultismo, la reencarnación y lo que hoy llamaríamos agricultura biológica. Estaba convencido de que en una vida anterior había sido el sajón Heinrich el Pajarero y lo cierto es que organizaba ceremonias anuales en su honor cada 2 de julio (en algunas ocasiones llegó a disfrazarse de caballero medieval).
Su obsesión por la Edad Media le llevó a crear una orden secreta dentro de los SS: un grupo de doce hombres escogidos entre sus mejores Obergruppenfüherer, u oficiales de alta graduación, que se sentaban junto a él en el castillo de Wewelsburg, en una sala de reuniones muy característica, en torno a una mesa redonda de roble macizo, como un remedo de Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. Esta especie de consejo supremo de la Orden Negra tomaba las decisiones en conjunto, aunque bajo la dirección del Reichsführer...
Uno de los más polémicos proyectos fue relacionado con Schwarze Sonne o Sol Negro. Las teorías geológicas y astronómicas que manejaban los científicos nazis aseguraban que la Tierra, como el resto de los cuerpos cósmicos, es en realidad un planeta hueco y no macizo, a cuyo interior se podría acceder en las condiciones adecuadas. En lugar de un núcleo central, se creía que existía un sol interior, o <<negro>>, en contraposición con el Sol exterior, que iluminaba y permitía la vida y el crecimiento de plantas, animales y también hombres más desarrollados que los que caminaban por la superficie del planeta, que podrían convertirse en poderosos aliados.
En un pergamino, el Dalai Lama firmaba un tratado de amistad con la Alemania nazi y reconocía en Hitler al <<jefe de los arios>>. En el segundo, de mayor interés aún, era el Tantra de Kalachakra, la iniciación suprema del budismo <<que asegura el renacimiento en Shambala>> en el momento de la batalla final contra las fuerzas del Mal. Esta iniciación está vinculada a la leyenda de Gesar de Ling, un monarca guerrero tibetano cuyo reinado fue tan provechoso que el relato novelado del mismo acabó siendo una de las principales epopeyas locales. <<Según el mito, al final de los tiempos>> volverá al mando de un ejército de fieles que derrotará para siempre a las tropas de la oscuridad. Es el mismo tema de <<el Rey que vendrá>> que caracterizan a narraciones europeas similares como la de Arturo o el rey Federico Barbarroja. El Profeta del Nuevo Mundo, el Jefe de la Nación Lakota, Pluma Blanca describe diez profecías, nueve ya cumplidas y la última habla del regreso del Padre Blanco a la Tierra.
Como decía Hegel: <<El conflicto provoca el cambio y el conflicto planificado provocará el cambio planificado>>. Si los planes de conquista mundial de Weishaupt no se habían hecho realidad con la Revolución francesa, fue tal vez por dos motivos. Primero, porque aún no contaban con el número suficiente de conjurados para abarcar todos los frentes. El mundo conocido se hacía más y más grande cada día que pasaba, a medida que la exploración y la colonización en los siglos XVIII y XIX extendían las fronteras occidentales. Es probable, por otra parte, que si el lugar de operaciones se hubiera limitado a Europa como en siglos precedentes, se habría podido alcanzar el objetivo previsto.
Y segundo, porque carecía de un buen plan para movilizar a las masas ignorantes en apoyo de sus ideas.
En efecto, los Iluminados de Baviera comprendían que cuanto más grande fuese un grupo de gente, más fácil resultaba manipularlo; sobre todo cuando sus integrantes están convencidos de que viven en un régimen protector de sus libertades y por tanto abdican de su individualidad y su responsabilidad en el Estado.
Pero en su época no disponían de medios para transmitir sus mensajes. No existía todavía el cine, la televisión o Internet... y la lectura de periódicos o libros se limitaba a las clases altas de la sociedad. Por tanto, la única forma de llegar a las masas para convencerlas de las bondades del plan iluminista, y sobre todo para evitar que dejaran de apoyarlo por cansancio o por miedo, era a través de agentes instigadores en los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones sociales...
Hay muchos libros escritos sobre los aspectos externos y visibles de los hechos de 1789 y los años posteriores. El impacto de los hechos que condujeron a la caída de la monarquía de Luis XVI y su sustitución por una república, aboliendo el mito de invencibilidad del absolutismo; los Illuminati ya no suelen aparecen en lo que escriben en la primera página, se han especializado en disimular su presencia en los documentos históricos. Aquellos que justifican el desencadenamiento del proceso revolucionario en las pésimas condiciones generales de la población francesa, y sobre todo en las sucesivas hambrunas de las clases inferiores, desconocen la influencia de los Illuminati en los acontecimientos.
Prácticamente todos los pueblos europeos han atravesado en algún momento de su historia circunstancias críticas parecidas o peores y nunca hasta finales del siglo XVIII se había producido una rebelión organizada como la que padeció Francia en aquella época, ni una convulsión político-social como la que la llevó implícita.
La única gran diferencia entre 1789 y otros momentos parecidos de épocas anteriores radica en la <<preparación consciente del proceso revolucionario>>, que fue calculado al detalle durante varios años antes de su estallido. Nada quedó al azar. Cuando saltó la primera chispa fue porque la cadena de acontecimientos que seguiría estaba perfectamente trabajada en ese sentido, aunque, al final, la violencia y la brutalidad de su desarrollo hizo que sus creadores perdieran las riendas de éste. Los expertos en la materia saben que para que se produzca un proceso revolucionario con éxito <<es imprescindible disponer de una situación previa de grave alteración generalizada que fuerce a la población no ya a pedir, sino a exigir un cambio>>.
Si éste no se produce, se multiplicarán los motines y las revueltas, pero es casi imposible que se llegue a la revolución en sí <<a no ser que existan factores muy concretos>> que canalicen la misma: <<Un clima cultural e intelectual>> que alimenten y reconduzca las fuerzas en efervescencia, y <<un grupo constituido>> que se encargue de <<organizar y movilizar las masas>> dirigiéndolas hacia los diversos objetivos, aunque ellas o, mejor dicho, y sobre todo ellas <<no se den cuenta de que alguien las está manipulando>>.
El clima cultural que se necesitaba para la Revolución francesa se larvó en los previos a la Ilustración y el enciclopedismo, y sus principales inspiradores fueron el filósofo Charles Luis de Secondat, barón de Montesquieu, el teórico de la división de poderes, que fue iniciado en la masonería durante una estancia en Londres y por ello, según cierta tradición masónica, puede ser considerado como el primer masón real de Francia, y Francois de Salignac de la Mothe, más conocido como Fenelón, arzobispo de Cambra, cuyo secretario y ejecutor testamentario fue Andrew M. Ramsay, uno de los artífices de la masonería moderna...
(Ve y observa la Historia provocan crisis, paro, para llevar a la clase obrera a la desesperación y todo es para imponer la DOCTRINA DE LUCIFER Y ELIMINAR A JESUCRISTO. Pretenden destruir toda Europa y todo lugar que tengan construcciones cristianas. Recuerda <<El Valle de los Caídos>> en España, querían derrumbar la Cruz y, no han podido.) En un principio, la masonería de Francia se definía como una <<sociedad de pensamiento>> de influencia cristiana, pero pronto renunció a este origen bajo la influencia de ideólogos ingleses, de los que heredó el racionalismo mecanicista que desembocó en las teorías de Voltaire y su círculo, y alemanes, de los que asumió el fuerte misticismo germano y la orientación del martinismo. La primera logia masónica había sido constituida en territorio galo en 1725 con el nombre de Santo Tomás de París y fue reconocida por la masonería de Inglaterra siete años más tarde.
Se extendió con rapidez entre la nobleza: el duque de Villeroy, amigo íntimo de Luis XV, fue uno de los primeros iniciados franceses y se cuenta que el mismo soberano llegó a ingresar en la logia de Versalles junto a sus dos hermanos. Sin embargo, en 1737 fue oficialmente prohibida, ya que británicos y franceses estaban en guerra y la monarquía de París temía que el secreto de sus conciliábulos sirviera para albergar algún tipo de traición.
Fieles a su tradición de clandestinidad, los masones hicieron caso omiso de la prohibición y prosiguieron sus reuniones aún con mayor discreción en un hotel ubicado precisamente en el barrio de La Bastilla. Un primo del rey, Luis de Borbón Condé, asumió la responsabilidad de gran maestre hasta 1771. De ese modo, la organización fue ganando peso e influencia mientras se extendía por toda Francia y crecía el debate en su seno: ¿centrarse en el trabajo interno o volcarse hacia el mundo y, en especial en la política?...
No olviden que, al rey Manuel de Portugal lo asesinaron por declararse cristiano. En efecto, los reyes de Portugal ya desde el principio escogieron a la Madre de Dios por Patrona (Padroeira) de la dinastía y de la nación. El pueblo portugués, a pesar de las revoluciones y de las persecuciones, ha permanecido siempre fiel a esta especie de tratado. En el siglo XVII, el rey Juan IV consagró solemnemente su reino a la Inmaculada Concepción (20 de octubre de 1646). Los portugueses tuvieron siempre y tienen aún el honor de llevar los nombres de las distintas fiestas marianas: María de la Concepción, de la Purificación, de la Asunción, de los Dolores, del Carmen, etc...
Sus campesinos y sus obreros han levantado en todas las cimas de los montes y en todas las encrucijadas de los caminos oratorios, capillas y hasta grandes santuarios en su honor. Sus conquistadores llevaron su bendito nombre a todas las playas del mundo. Casi todas las operaciones y todos los oficios la tomaron por celestial protectora. Las artes y la literatura, la voz de los oradores, de los poetas, de los predicadores han exaltado y glorificado siempre a Nuestra Señora en todas las formas de la más sentida expresión.
Ricos y pobres desean honrar sus misterios de pureza y amor, frecuentan sus peregrinaciones y sobre todo rezan el rosario. De esta forma, María reina de todos los hogares. Incluso durante los mayores triunfos sectarios, en las primeras décadas del pasado y presente siglo, se conservó, particularmente entre las familias del campo, la costumbre de rezar el rosario. La superficie y la población de Portugal es aproximadamente la cuarta parte de la de España. Posee provincias en ultramar, restos de un gran imperio, cuya joya más brillante, Brasil, es hoy una gran nación. A causa de esta expansión colonial de los siglos pasados, la lengua portuguesa es hablada actualmente por más de 60 millones de personas.
<<¡Reina de los Cielos!>> Ruega por nosotros: ¡Paz y alegría universal! <<¡Reina de los Pueblos, ruega por nosotros! Paz y Luz.
En 1917, desde hacía tres años, la guerra europea seguía su curso fatal. El santo Papa Pío X murió, en sus primeras semanas, de pena al ver que no había podido evitar el desencadenamiento del cataclismo. Después de él, Benedicto XV, el gran Pontífice de la Paz, hizo cuanto puede hacer un Papa para terminar el conflicto; pero los hombres no le quisieron escuchar: el incendio siguió propagándose de pueblo en pueblo. Todos los días veía desaparecer en el terrible abismo de la guerra la flor de su juventud y sus escasos recursos. Por dondequiera sollozos, ruinas, desolación y muerte. <<¡Europa será destruida, será rota en pedazos!>> Se cumplió el deseo de un riquísimo judío norteamericano. Millones de seres humanos asesinados en las dos guerras mundiales, y siguen con su programa planeado: La Tercera Guerra Mundial.
Muchos profetas han aparecido a lo largo de los siglos; a lo largo de la historia en casi todas las sociedades. Todos los sacerdotes de los templos del antiguo Egipto eran sin duda proféticos, y las antiguas culturas griega, babilonia, fenicia y caldea tenían oráculos muy venerados. Las escrituras del hinduismo contienen varios mensajes proféticos. En China, la profecía realizada con carácter privado, era una práctica común. La interpretación del I Ching o <<Libro de los Cambios>> fue muy popular entre todas las clases de la sociedad china, a pesar de que el confucionismo clásico subrayaba la superioridad de la razón respecto a la inspiración y la adivinación.
La antigua religión persa del zoroastrismo es profética en su origen y derivó de las revelaciones de la deidad Ahura Mazda a Zoroastro. Pero la profecía tuvo un significado religioso sin precedentes en el judaísmo y en el cristianismo. Para los judíos, el profeta es un elegido por Dios, a menudo al margen de su voluntad, con el fin de revelar las intenciones y los planes divinos a la humanidad.
En el Antiguo Testamento, participan cuatro grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y 12 menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquías, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. El cristianismo heredó la noción profética del judaísmo y sus seguidores interpretaron las obras hebreas a la luz de las enseñanzas de Cristo, quien es considerado el Profeta o Mesías anunciado en el Deuteronomio. El Islam acepta en principio la tradición profética del judaísmo y considera a Mahoma como el último profeta, la culminación que se extiende desde Adán hasta Cristo. Jesús el Nazareno nos habló del Cielo y también del Infierno, lugar donde sufren eterno castigo los ángeles caídos y los hombres que mueren en pecado mortal. No crean que los malvados no sufrirán el castigo, todos nosotros somos juzgados por Dios y cara a cara.
Hasta cuando así Dios Mi Padre y Vuestro Padre así lo quiera. Señor Dios bendice y certifica la obra de nuestras manos y envía al Espíritu Santo a pacificar y a iluminar a la Humanidad. Paz en toda la Tierra. Amén. Jesús, en ti confío, ven pronto que se nos hunde la Tierra.
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