domingo, 4 de septiembre de 2022

El Bosque Mágico el vestido de la buena fortuna

 El amor de Violeta por el Bosque Mágico, era como el sol que asoma por Oriente iluminando con sus rayos las pequeñas copas de los bonsai y las casitas con sus murallas. La finca donde se ubica El Bosque Mágico es una inexpugnable fortaleza de los antiguos tiempos feudales. Violeta como saludando al día enciende las luces para que aparezcan los rayos del astro rey. Repico alegremente las campanadas del reloj del salón, se unieron al repique los cantos de los pájaros con sus sones atronadores; que era para los hombres diminutos como los repique bélicos de los clarines de guerra, y fue izado sobre el muro un telón extenso de color oscuro, porque los diminutos estaban en guerra. Tan distraídos estaban cuantos hombrecillos en la plaza de armas había que ninguno de ellos notó la presencia de la gigante Violeta. Ella, por su parte, parecía tener particular empeño en huir de las miradas de todos. Procurando no ser vista, observaba con la lupa, todos los movimientos de los pequeños seres que habitaban el Bosque Mágico. Violeta vio, al jefe de la guardia, como alzaba la bandera, y desapareció por una puerta.

Poco después en el bosque caminando por un camino de grava, vio a la Princesa Clara, se dirigía a la casita de la Maga Jeroma, parecía muy asustada, se detuvo un momento delante de la puerta de la verja, para convencerse de que nadie la seguía. Iba a continuar andando, cuando llegó a sus oídos el bélico rumor de los timbales y clarines, al tiempo mismo que divisaba a lo lejos, entre los árboles del bosque, un compacto grupo de jinetes que avanzaban al galope hacia el castillo, haciendo brillar sus lanzas y sus cascos brillando por los rayos del sol. Aquellos jinetes eran del malvado mago Serafín y sus huestes vencedoras, cuyo regreso aguardaban todos con impaciencia. Clara vaciló un instante entre seguir su camino hacia la casita o volver al castillo para recibir a su amado Lorenzo. Al fin optó por lo primero. -Puesto que he estado tanto tiempo esperando la cita, hace muchos días que pedí hora y día a la Maga Jeroma -murmuró-, poco importa que retrase algunas horas más la dicha de ver a mi amado Lorenzo, y abrazarle. Y presurosa se alejó desapareciendo en la sombría casa de la vieja Maga.

En la entrada de la casa de Jeroma, respetuosamente colocada la bandera de su patria y el glorioso título de Maga, que lo había heredado de sus tatarabuelas. Antes de pasar cualquier persona le hacia rendir a la bandera los debidos honores, lo hacían todos los del contorno. Un debido homenaje a su patria, a continuación una oración y seguido pasaban a una salita. -¡No puedo más!¡Señora, Jeroma! ¡Las fuerzas me abandonaron hace mucho tiempo! ¡Las fuerzas me abandonaron al pensar que no he de volver a verle! ¡Hay Dios, que es esposo mío! ¡Adiós, alma de mi alma! -Le faltaron las fuerzas y no pudo decir nada más. Jeroma, le da ánimos, pone en sus manos un vaso de agua; Clara lo bebe, ya calmada, dice: -

¡Adiós, esposo mío; adiós para siempre! Me condenas a morir en soledad, y no quiero abandonar este mundo sin enviar mi último y cariñoso adiós. A las puertas de la muerte, pronto compareceré ante el Tribunal de Justicia Suprema, yo, que no he jurado más que nuestra promesa de amor, te juro en nombre de Dios todopoderoso que ha de juzgarme; por nuestro amor, al que siempre he sido fiel; por nuestro hijos, que es lo que más quiero en este mundo. ¡Mi inocencia brillará!, tarde o temprano, como el sol esplendoroso, disipando las tinieblas formadas entorno a mí por las calumnias de unos malvados, y entonces tú, aunque tarde, creerás en mi juramento. Cuando este día llegue no te desesperes, Lorenzo; no te abandones al remordimiento que se levantará en tu conciencia al convencerte de que has condenado a una inocente; consuélate pensando que te perdono. Sí, esposo mío; mi bien amado: no te guardo rencor.

No te guardo rencor por tu ligereza al juzgarme y por tu injusticia en imponerme tan tremendo castigo, sin adquirir antes pruebas ciertas de mi culpabilidad; te amo como siempre te amé, como te amaría si mil siglos viviera, te compadezco, y muero bendiciéndote y perdonándote y pidiendo a Dios que también te perdone. ¡Él se apiade de ti cuando llegue la hora terrible del remordimiento! Tu nombre será el último que pronunciarán mis labios, y lo pronunciarán para bendecirlo. ¡No quiero recriminarte, Lorenzo, no quiero dirigirte cargo alguno; pero no puedo contener mis justas quejas por tu falta de fe en mi cariño. ¿Cómo es posible que en mi culpabilidad hayas creído? Si me hubieran acusado de otra falta, bueno, pero, ¡de no quererte!... Si hemos cruzado toda la familia el espacio tiempo, ¡de haber sido infiel a tu amor! ¿No habías llegado a comprender aún que tú eras para mí la vida, la felicidad, la alegría, el bien único y la ventura de toda mi existencia? Mi corazón, bien sabes que mi corazón se debilita cada día más...

 Acaso Dios me castigue de este modo, por quererte demasiado; si es así, acepto resignada mi castigo; pero en esta resignación, hija de la tranquilidad de mi conciencia y del convencimiento de que soy inocente, lo único que me turba, lo único que me atormenta, lo único que te reprocho es que de mis hayas dudado.... No merecía semejante ofensa. Lorenzo. Yo te amo a ti más que tú a mi me amas, porque tengo más fe en tu afecto. Yo no hubiese dudado de ti aunque todos te acusaran; yo, en mi desdicha, me consuelo pensando: <<Cuando Lorenzo vuelva, él me defenderá de todo y contra todos, porque él creerá en mi inocencia aunque todos me acusen, aunque no tenga pruebas para demostrársela.>> ¡Lejos de eso, dudas de mí y me condenas sin oírme, tratándome con más crueldad y más injusticia que a una extraña! ¡Mira si mi desengaño habrá sido grande y si tengo motivos para quejarme! Pero lo repito: no quiero dirigirle recriminaciones te perdono. ¡Bastante te recriminará tu conciencia cuando te arrepientas y te avergüences del arrebato de furor a impulsos del cual me has condenado! Al despedirme para siempre de ti, tengo algunas súplicas que dirigirte y algunas advertencias que hacerte. A tu generosidad me acojo para que atiendas las primeras, y tu propio interés invoco para que oigas las segundas. No desatiendas las unas ni desprecies las otras: ¡Te lo pido por nuestra memoria antigua, como postrera gracia!

Ante todo ten piedad para mis hijos, para los hijos de nuestros amores, para los ángeles enviados por Dios como nuncio de venturas, de la nueva vida, convertidas en desdichas por la maldad de un hombre, de las mujeres que envidiaron nuestra relación. Al despedirme, ¡ángel de mi vida! Te perdono. La mayor crueldad es venir a vivir con una fulana, cerca de mi fortaleza, esa amante tuya es...¡Que Dios la ampare! Porque a esa yo no la perdonaré nunca, porque ella sabe..., y ha querido suplantar mi..., ocupar mi lugar. ¡Te lo juro por la salvación de nuestra alma! ¡Si tu supieras lo que está haciendo conmigo y con mis hijos, y contigo! Porque mi corazón me dice que tu eres muy bueno y sabio. ¡Si tu supieras lo sabios que son nuestros hijos, y lo que sufren por causa de la magia negra que esta mala mujer hace! ¡Si tu supieras qué hermosos son! La nobleza de sus facciones me recuerdan a las tuyas, y muchas veces tocando el tambor, los contemplo en la soledad de mi encierro, me he enorgullecido pensando:

 <<Serán los herederos del valor y de las virtudes de su padre. Ya te dije, y te lo repito, que mi corazón se rompe, y me dice que mis hijos serán tan buenos y valientes como tú, tan valiente y tan bueno como tú, y el corazón de una madre no se engaña nunca en estas cosas. En mi soledad, tu nombre es la palabra que más repiten mis labios, y tantas, tantísimas veces lo he repetido...

Procura hacerte digno, tan digno como lo fuiste..., tan digno que Dios te eligió, procura cumplir tu promesa a Dios, o el sol se apagará. Te pido piedad, para la gente que depende de ti... Si así lo haces, yo, desde la otra vida, te bendeciré, porque resignada a morir, la suerte de mis hijos es lo único que me interesa. <<¡También te pido piedad, para mis padres y para mis abuelos!>> Será imposible ocultarles la noticia de nuestro desamor. Son ancianos y fueron siempre modelo de bondad y ternura; los infelices sucumbirán de dolor y de vergüenza si tú no cumples lo que viniste a hacer..., tú. Aunque sigas creyéndome culpable, tenles compasión: ellos no son responsables, en modo alguno, de mis supuestas faltas. Abreles tus brazos y diles que su infortunada hija murió pensando en ellos. Del mismo modo recurro en mis últimos instantes a mi inocencia, y lo sabes. Dile a todos los que me difamaron, que ellos pagarán por lo que han hecho... Perdono a mis acusadores, no a mi verduga, porque tiene la cara muy dura, y se oculta como una vil serpiente. ¡Por último, más que todo te pido que cumpla la Voluntad de Dios Padre!

Lorenzo, aunque la vieja maga Jeroma te convenza de mi inocencia, aunque los malvados confiesen sus faltas, no les castigues el haber osado calumniar desviando nuestras vidas de su destino. Procura, hacer que se arrepientan, para que Dios les perdone, como tu y yo los perdonamos. Perdón para todos los que delinquen, esposo mío; porque todos debemos perdonar, para que nuestras culpas, a nuestra vez, nos sean perdonadas. Solo me falta ya hacerte las advertencias de que antes te hablé. Se reducen a recomendarte que seas bueno y compasivo para todos. No te dejes llevar de los arrebatos de tu carácter, como al condenarme a mí has hecho, porque te expones a incurrir en injusticias irremediables que torturarán tu conciencia con las agudas punzadas del remordimiento. Esposo, mío, en la duda, inclínate siempre al lado de la clemencia, que la clemencia es uno de los sentimientos más hermosos que Dios ha legado al ser humano, como reflejo de sus divinos atributos. Perdona las faltas de tus semejantes y compadece las desdichas ajenas, que por tu culpa padecen los muchos, para que tus faltas sean perdonadas y tus desdichas compadecidas. Procura el bien del pueblo, quiéreles como a tus hijos, que lo son y socorrélos en sus necesidades a todos ellos.

 Ligados a nosotros por los brazos de la gratitud más que por los del temor, y sus bendiciones llegarán al cielo y Dios por ellas nos concederá la dicha eterna. <<Ahora, Lorenzo, recuerda tu estirpe, la casa de D... ¡Adiós, mi bien querido! ¡Adiós, mi esposo amado! ¡Adiós, para siempre! Desde la lóbrega casa de la Maga Jeroma donde esta carta te escribo, te envío mi bendición... ¿Qué le parece señora Jeroma? ¿Hará caso? -Veremos si primero la lee, creo, con firmeza que ese esposo suyo está hechizado, atado con fuertes amarres... ¡Pero, al final el amor siempre triunfa! Una vez, se pasa el hechizo la aborrecerá. Los hombres son débiles ante la tentación...

-El aspecto de la Maga Jeroma era tímido y modesto, pero, le regaló un paño de tela de seda cuajado de diamantes, rubíes, esmeraldas y de todo tipo de piedras preciosas de gran valor. Le ayudaron los ángeles, a confeccionarlo. Lo hicieron en cinco minutos. Clara, se probó el traje, le quedó perfecto. -

 <<El todo es espíritu, el universo es espiritual. El Todo es el espíritu, de por sí irreconocible e inexplicable. El universo y todo lo que contiene es una creación espiritual del Todo, es una analogía para que las personas vean que también pueden crear obras espirituales.>>

<<El todo crea en su espíritu infinito innumerables universos que perduran por los siglos de los siglos, y para el Todo la creación, el desarrollo, la decadencia y la muerte de millones de universos no son más que un simple parpadeo>> Así como es arriba, igual abajo; así como abajo, igual arriba. Este importante axioma de la filosofía hermética lo encontramos de nuevo en el texto de la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto. Un ejemplo de este principio será la creación del universo por parte del <<Todo>> y de las obras espirituales en el arte y la ciencia por parte de las personas. La astrología y la teoría de los <<decanos>>, entre otras, se basan en este principio. ¿Y no son los propios experimentos, con sus análisis de las partículas elementales para explicar el cosmos, una aplicación del principio de correspondencia?

<<Nada está en reposo, todo se mueve, todo está en vibración.>> Que todo vibre conlleva una interpretación de la vibración como una transformación. La vibración del espíritu es tan infinitamente rápida que aparenta estar quieta. Y, por el contrario, las vibraciones de la materia son tan lentas que también parecen estar en reposo. El objetivo del trabajo hermético es el aumento de la vibración.  El oro tiene una vibración mayor que el mercurio, por lo que mediante un aumento de ella éste tendría que convertirse en oro. Según esta idea, las vibraciones de la música pueden provocar cambios en la materia. 

Princesa Clara, siempre que se ponga el traje, haga que los músicos toquen música medieval alegre, que toquen el arpa, los tamboriles y los clarines, todo se doblara, por cada diamante, rubí, esmeralda o pieza de oro, que done a sus súbditos, al instante será duplicado; desde luego, que lo tiene que dar con todo su corazón, si no es así, el traje se deshará, y en pocos días será un haz de harapos; si comprende el principio de la polaridad, que está unido al de vibración: los extremos se atraen; todas las verdades son sólo medias verdades; todas las oposiciones pueden armonizarse mutuamente.

Se refiere a los contrarios que se dejan describir por el grado de oposición. Sólo en tales contrarios se aplica el principio de la polaridad, al que pertenece amor-odio, claro-oscuro, paz-guerra, mujer-hombre- pobreza-riqueza. -Señora Jeroma. Masculino-femenino no pertenecen a este tipo de contrarios, sino al séptimo principio, el del género, diferenciado del de polaridad(al menos en el Kybalión) Mi abuelo Federico, me enseño el Principio de causa y efecto. <<Cada causa tiene su efecto; cada efecto tiene su causa; todo sucede regularmente. "Casualidad" es sólo el nombre de una ley desconocida. Existen muchos niveles de causalidad, pero nada se enfrenta a la ley.>> Según este principio, todo lo que sucede, sucede regularmente. No existe ninguna casualidad.

No conocemos todos los límites y por eso creemos que una cosa es casual. Según Anatole France, <<casualidad tal vez sea el seudónimo de Dios cuando no quiere dejar su firma>>. La casualidad es más bien la incapacidad del ser humano para reconocer todas las leyes. Respecto a la libre elección, que parece estar limitada por el principio de causa y efecto, ya no se puede seguir más adelante a causa de este punto. Una interpretación estadística de la mecánica cuántica no satisface a muchos investigadores que buscan leyes no conocidas aún y plantean las más variadas conjeturas para eliminar la casualidad de la mecánica cuántica. 

Detrás de ello se oculta una antigua idea hermética: el universo debe ser regular o no podría existir. A partir de la materia informe, la Prima Materia, se forma, según las leyes de la creación, el cosmos (del griego <<bonito>>) mediante transformación y estructuración. El hermético conoce esta ley y la puede utilizar. Las personas están expuestas a las leyes, ya que no las conocen y por eso no las puede utilizar. La Ilustración fue un intento de saber más sobre los límites y utilizarlos para el progreso de la humanidad. Pero precisamente sustituyó causa y efecto por regla y probabilidad, y mediante la idea de la calculabilidad del mundo nos llevó hacia un mundo mecánico y hacia el concepto del ser humano como máquina (relativamente destruida). -Princesa, <<Es indudable que en nosotros existe una partícula de divinidad, algo que es anterior a los elementos y no debe homenaje alguno al sol. Lo que no tuvo principio puede tener confianza en que tampoco ha de tener fin>> Sir Thomas Browne lo dijo, así, que sus diamantes y todas las joyas no tendrán  nunca fin.

La gente del Bosque Mágico había enriquecido gracias al traje que la Maga Jeroma, le había regalado a la princesa Clara, todos estaban alegres y risueños. La joven, había traído la paz y la alegría a su gente. La bandera de su patria hondeaba alegre. El castillo del Espíritu Santo, que es una vetusta fortaleza medieval parecía engalanada para una fiesta, celebraban la vuelta de Sebastián El Cano, el seis de septiembre del año del Señor, El Cano, y su puñado de tripulantes entró triunfante por la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, en el castillo le prepararon un banquete: queso viejo, chorizo cantimpalo, sopa castellana y costillar... todo regado por la Manzanilla de Arguezo, Barbadillo, La Guita, y la fortaleza parecía engalanada para la coronación de un rey. En las murallas flameaban las banderas y gallardetes entrelazados con guirnaldas de laurel, y riquísimos tapices cubrían los muros de la escalera de honor, cerrada a veces durante años seguidos.

La extensa plaza de armas ofrecía un aspecto pintoresco y animado. Los soldados bruñían sus corazas para hacerlas más brillantes, o adornaban con vistosos penachos de plumas la cimera de los cascos, y los pajes, vistiendo lujosas dalmáticas recamadas de oro, iban de una a otra parte transmitiendo órdenes. Tales preparativos y adornos no tenían otro objeto que el de recibir dignamente al noble Lorenzo y a la princesa Clara, ausente de sus dominios durante largo tiempo, porque lo había secuestrado la bruja del este, que era una rubia como un tonel con patas; una perversa hechicera, que lo tenía encadenado con magia negra, amarres de cuerda roja a una costilla, con un chorro de su sangre, este es un ritual para atar a Lorenzo a ella, le vende el alma al Diablo, y todos en el castillo oraban a Dios para salvar el alma de Lorenzo. Clara, le había pedido a todos los que se acercaron al castillo, a cambio de los diamantes y del oro, unas oraciones para salvar el alma de su esposo. Como el rey David ella clamó: Perdonanos ¡Dios mío! -Todo el pueblo vestido dignamente, el vino alegró la fiesta. El regreso victorioso de Juan Sebastián ElCano, y que, regresaba a Sanlúcar de Barrameda cubierto de gloria. Como él solo trajo especias, la princesa Clara le llena la nao de oro, piedras preciosas y salen corriendo hacia Sevilla, a llenar la Torre del Oro.

Cuando en la plaza de armas eran mayores la animación y la alegría, se abrió la puerta de la capilla del castillo y apareció el espectro de la Duquesa de Medina Sidonia Luisa Isabel, diciendo: ¡Mi palacio, es mío, mío! Ahora, los herederos recibieron grandes riquezas, porque la herencia había aparecido escondida en un arca, había joyas y... Su aspecto era fúnebre y modesto traía con ella una pequeña perrita blanca, muy tímida. A diferencia de todos sus ayudantes, no ostentaba aquel día lujosas galas, sino que vestía el mismo humilde traje que acostumbraba usar diariamente. Conque así apareció con su mortaja blanca. No tenía otro, y aun aquél contaba ya algunos años de servicio en el más allá, sin que el uso prolongado y constante de su espectro, hubiese conseguido estropearlo ni amortiguar siquiera sus colores. Igual, que el vestido de la princesa Clara, esto hacía que tal vestido le atribuyesen algunas cualidades milagrosas. Un traje, que cuanto más joyas le arrancaba, más brotaban, ante la vista de los súbditos del reino del Bosque Mágico. Todos compartían la riqueza.

-Es que Dios se lo conserva en tal estado- decían-, para que pueda distribuir entre los pobres las piedras preciosas, el oro y los diamantes. La princesa Clara siempre atendió a todos cuantos les pedía socorro, su ayuda era providencial para todos, para que pudieran distribuir la riqueza entre los pobres de toda la Tierra del Bosque Mágico, los hombres diminutos se dejaron de guerras, y ahora vivían felices, en paz. Tal vez tuviesen razón, porque lo cierto era que cuanto dinero recibía de las inversiones en Bitcoin ella lo destinaba a hacer casas, hospitales, escuelas, universidades etc... Cuando su madre la reina invitó a la duquesa, invitóla a adornarse para recibir a ElCano, ella respondió:- Haré lo que me ordenáis, madre reina, porque mi obligación es obedeceros; pero juzgo que mi alegría por un vaquero, una camisa blanca y un pañuelo al cuello, con esto basta para realzar mi belleza. La duquesa que respetaba los caprichos de la princesa Clara, le dijo: ¡Ándate con ojo, que aquí hay algunas lagartas vestidas de mosquita muerta! La duquesa jamás se quería engalanar, era una mujer humilde y sencilla desde joven.

Por eso cuando todos se complacían en lucir sus más ricos trajes y sus adornos más vistosos, ella se presentaba vestida con la humildad de siempre, con una humildad que ofrecía violento contraste con el lujo de cuantos la rodeaban. Pero no se crea que tanta sencillez redundase en perjuicio de la joven; antes bien daba nuevo realce a su hermosura, desprovista del postizo atractivo de los maquillajes de galas y adornos. ¿Qué mejores adornos que aquellos con que Dios la había dotado? ¿Qué mejores ni más ricas galas que su espléndida cabellera morena, sus ojos de color caramelo miel, su frente de azucena, sus mejillas de rosas y aquella dulce y angelical expresión de su divino semblante? Tan distraídos estaban cuantos en la plaza de armas había, que ninguno de ellos notó la presencia de la princesa Clara. Esta, por su parte, parecía tener particular empeño en huir de la mirada de todos. Nadie se dió cuenta de lo que Lorenzo la hizo sufrir, ella lloraba a solas y en honor a su promesa se mantuvo fiel.

Procurando no ser vista, se deslizó hasta la entrada de una paterna abierta sobre el muro, y se dispuso a lanzar oro y diamantes a todos cuanto allí cerca de la fortaleza estaban, todos entusiasmados recogían los tesoros que ella iba lanzando al aire; los entusiastas súbditos entre aclamaciones lloraban de emoción, el anciano guarda bosque lloraba de alegría, porqué veía, que cuanto más arrancaba al vestido más riqueza brotaba. Lorenzo, allí estaba Lorenzo seco y escuálido, la bruja le aspiraba toda su energía, lo tenía amenazado.

 Clara, estaba en un salón del castillo, Lorenzo al verla se ruborizó y avergonzado al verla, no pudo contenerse una exclamación de asombro. -Jamás había contemplado tanta hermosura y tantas joyas reunidas en un solo traje.- La princesa Clara le responde con unas sencillas palabritas: ¡Quillo!, antes muerta que sencilla. ¿A que sí? Subieron a la gran sala de honor, y allí de pie estaba Juan Sebastian El Cano, se acerca la princesa y le dice: ¡Quillo, tú sí que vale! ¡Que guapo que eres! Lo tomó del brazo y Lorenzo llora por los rincones. Fin por hoy. Hasta cuando así lo quiera Dios. Perdoname Señor. Amén.


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