<<Tenemos que mentir un poco al informar sobre lo sucedido, puesto que la verdad es a veces tan increíble que nadie la creería a menos que la falsifiquemos. Dostoyevsky>> Hoy quiero ofrecer un relato de carne y hueso, porque así son ellos. Ese mundo inédito y privado que guardan en sus almas y que, precisamente por ser personajes anónimos, pasan desapercibido ante los testigos de su tiempo, en parte porque ellos ni quieren ni pueden mostrarlo, es lo que intento revelar con este corto relato. "Los amores y desencuentros del señoritonti y la asistenta". Será muy difícil que sea una obrita para levantar el telón de un Teatro, pero aquí estoy tratando de coordinar las palabras. Sí, es muy leve, la parte de la vida después de la jubilación. Hay personas, que como don Juan necesitan ayuda de una asistenta. La edad tiene sus achaques; más leve es la parte que del interior de estos personajes rescatamos para exponerla ante ojos ajenos. Pero, aun siendo pequeña, es muy grande, pues todos ellos son mundos diferentes en sí mismos, personas inmersas en unas circunstancias vitales de las que no pueden escapar, con una grandeza y una debilidad de la que ni ellos mismos son conscientes.
Pero todos ellos, también, tienen sus debilidades, ambiciones secretas, frustraciones, depresiones, adicciones, lágrimas y placeres de los que les cuesta hablar y que ha sido preciso sonsacarle. -Don Juan, es un hombre duro, impenetrable y obstinado, ha tenido la intención de tirar "la toalla", abandonar este mundo, ha querido marcharse en más de una ocasión se ha tomado todo el frasco de pastillas... A pesar de que estaba acostumbrado a moverse entre presiones diversas y encontradas. Era un verdadero mago de las finanzas. Don Juan, era un lince para desenvolverse en ese despiadado mundo que odiaba y amaba a la vez. Murió dejando un elevado patrimonio; los lazos familiares le hicieron muy fuerte.
Don juan cogió una depresión <<de caballo>> que todavía recuerdan sus amigos. Se hundió porque pensaba que era el hijo que tenía que cuidar a su anciana madre, doña Victoria. Y, así lo hizo, se mantuvo soltero, dedicando su vida a su madre. La muerte de doña Victoria lo hundió muchísimo. Al desaparecer su madre, pensó que su existencia no tenía ningún significado. A sus íntimos les costó tiempo y paciencia convencerle de que no debía tomárselo tan mal, de que se trataba sólo del truco que utilizan casi todos los hijos cuando se ven en apuro para justificar, el por qué de su soledad. En esta época de duelo fue cuando tuvo su primera tentación de abandonar este mundo. Las tres ocasiones posteriores, cuando su tentación de abandonar todo la acometió con más fuerza. Después, en 2.019, volvería a la carga con sólidos argumentos, como que llevaba demasiados días encerrado en casa, por la pandemia de Covid 19.
Volvería a la carga una y otra vez con sus sólidos argumentos, como que estaba cansado y que quería ver que había en el más allá. Parecía que iba en serio. Pero tras varios intentos ..., tampoco se fue. <<Me dejé convencer por mi asistenta>>, diría después a sus amigos. Así que parece que siempre se está yendo y nunca se iba de verdad. Lo cual, bien mirado, le da una fuerza impresionante, porque le gusta que los demás noten que es imprescindible y, ya que no le es posible irse al más allá, se venga utilizando esta baza como le conviene. Es seguro que a este hombre, a quien tanto ha cambiado su asistenta, le gustaría volver a ser aquel joven emprendedor de los años de esplendor, cuando vivía en la finca con su amada madre y sus hermanos. Allí era Juanito a secas, a quien gustaba las largas sobremesas; su café corto, su buen coñac Don Pedro Romero o unos whisky de buena crianza. El joven emprendedor deslumbró a su familia, Juan era envidiado por sus amigos de la llamada beautiful people que dominaba el mundo económico y comprobó pronto que se adaptaba perfectamente a sus gustos y maneras. Cuando, desde la casa familiar, este decidido muchacho voló a Madrid, los lazos se hicieron más fuerte con su hermano Alberto, que fue quien lo presentó en ese mundo elitista.
Alberto, era un conversador incansable. Solían salir mucho a cenar a restaurantes típicos del Madrid viejo. Juan, no tenía las dotes de conquistador de su hermano. Alberto desplegaba todas sus dotes de seducción encandilando a sus interlocutores, que ponían en el joven economista todas sus ilusiones. Era impresionante oírle, podía estar horas y horas hablando con el mismo fervor, y así es como se presentó en la vida de Juan una mujer, ¡Isabelita...! Una morena, de rompe y rasga. Abogada muy afamada en la época de la Transición.
Nada que ver con las muchachas del pueblo. Los monólogos doliente de Juan le resultan agobiante, a Isabelita, después de salir unos meses, lo deja plantado; Juan, no se lo esperaba, se quedó traumatizado, nunca más volvió a salir con una mujer. Juan se refugió en la finca de su familia. Con el tiempo, los pucheros, los potajes, los huevos fritos con patatas, los fue cambiando por latas, por sobres de sopa instantánea y, borracheras de vino y combinados.
¡Anda! No me lo puedo creer... Juan ya está jubilado, a sus sesenta y cinco años. ¿Cómo pasa aquí el tiempo? Una mañana se presenta la cuñada de Juan en su apartamento. Mónica, llega a casa de Juan acompañada de ¡Pilar! Una mujer bella y muy explosiva, una belleza desorbitada: melena rubia encaracolada, grandes pechos, muy alta de largas piernas, cintura estrecha y ojos azules; además de ser muy trabajadora y buena cocinera es simpática, con una graciosa sonrisa que deja ver dos filas de dientes perfectos y muy blancos. El trajeado personaje le chispearon los ojos mientras acariciaba suavemente las llaves que tenía en sus manos. Hasta la última arruga de su rostro se le iluminó, como si fuera un niño en la noche de reyes, y eso sería ¡Pilar!, un regalo para él. El propietario de las magníficas haciendas ..., de la finca de la familia fue heredero absoluto por cuidar de su madre, además tenía varios negocios inconfesables e incluso un bar.
La señora, Mónica, le explica a ¡Pilar!, sus derechos.., y deberes: Librará todos los sábado y todos los domingos. Tiene usted que limpiar toda la casa, lavar y planchar, ir a la compra y cocinar, en fin, administrar la casa de mi cuñado, espero que cuide usted bien al señor don Juan; lo llama así: ¡Don Juan! Una vez que se marcha Mónica, don Juan se aflojó la corbata y respiró despacio. Sus finos labios parecían haberse detenido en una enigmática y placentera sonrisa. Luego la mirada se le encaminó involuntariamente hacia los impresionantes pechos de la asistenta. Pilar, era ágil y muy cuidada su apariencia, estaba en buena forma física. Don Juan le miraba las manos, eran anchas y fuertes, los dedos largos, algo retorcidos por la artrosis que padecía, pero ágiles y muy cuidadas. Esas mismas manos amasarían pan y tortas, le harían bizcochos y magdalenas; cocinaría su comida, plancharían sus prendas. Por unos instante cerró los ojos complacido, pensando en lo feliz que lo habría hecho, Pilar.
Como si hubiera visto el futuro por anticipado, su madre, con una voluntad de hierro, no permitía que sus hijos saliera con las chicas del servicio. Miles de veces se lo había advertido, que no eran de su clase. Y, don Juan lo tenía muy claro: -¡A las asistentas, no hay que dar conversación, ni fijarse en ellas.- Por la noche, todas las noche, le tomaba la lección al pequeño Juanito. Motivos de orgullo ya tenía, porque en aquel tímido niño despuntaba una mente privilegiada, una inteligencia especial fuera de lo común... Su cuñada Mónica, todas las noches se comunicaba con don Juan, para ver cómo le iba con la asistenta. Él le decía siempre lo mismo: -¡Ahí vamos!, ¡ahí vamos!-
A don Juan, lo que más le había gustado era la bollería, los guisos de Pilar, le hizo cambiar de opinión. Estaba deseando que llegara las dos de la tarde para sentarse a la mesa, con la curiosidad de que manjar le habría preparado su asistenta ese día. El sesudo y rico economista no tenía ni idea que caería rendido ante la asistenta. En dos meses, don Juan estaba loco de amor. Jamás había sentido tanta pasión. Fue un retirado sano, sin mayores problemas que sus depresiones y, como buen sanluqueño le gustaba el vino Manzanilla. Su desayuno a las diez en punto, Pilar le preparaba un café cargado, zumo de naranja y un trozo de bizcocho o un par de magdalenas.
Al mediodía almuerza tranquilo, él en el comedor, Pilar en la cocina. El cariz que va tomando la relación es muy amoroso por parte del Señoritonti y la Asistenta, nace una fuerte atracción. Pero, la chica pobre desconocida no puede ser su mujer, ni su amiga. Él lo tiene muy claro, porque así se lo ha inculcado su madre. A don Juan, le gustaba bañarse en la playa, salir a caminar por la playa, por la ciudad ir al club, a los bares de los extrarradios, donde nadie le conoce. Don Juan ha comprobado, lo pequeño que es el hombre ante el anochecer, ¡cuántas veces haciendo la ruta de la nostalgia en la noche ha visto unas visiones...! ¡Noches en soledad! Hacía ya algunos años, visitando la Casa del Cordón, en Burgos, se detuvo en la leyenda del Escudo del Condestable: <<Un buen morir dura toda la vida.>> La música celestial le acerca a Dios, la mejor forma de vencer al insomnio es un concierto de música y leer un buen libro.
En la soledad de la noche recordaba, lo que se le había quedado grabado. En realidad, acostarse por la noche, cerrar los ojos, es ya morir un poco. En este sentido hay que recordar siempre el lema de los cartujos: <<Vive como si fueras a morir hoy, y trabaja como si fueras a vivir eternamente>>. A don Juan, la muerte le sobrevino el día que su novia Isabelita lo dejó a los treinta años, desde entonces se sintió como un fardo rodado; como un muerto viviente, ella lo había confundido, su corazón afligido no soportó un resfriado... y murió.
¿Y el amor? Esa palabra mayor asustaba tanto a don Juan como a Pilar. <<El amor es el valor supremo de referencia personal en la vida, lo único que no depende de tu voluntad>>. -Pilar, ¿tiene usted pareja? - ¡No!, no que vá, estoy muy sola señorito.-Tendrá usted algunos pretendientes, ¿no?- Sí, eso sí. Tengo algunos. Señorito, hay cosas inalcanzables, razones difíciles de explicar. - Cuando encuentras el amor sin esperarlo, te das cuenta de que es el valor supremo. Para mí, y lo digo con orgullo de tener ahora el corazón abierto, me gustaría tener una pareja nueva que me llene por completo, es una reacción espiritual, un impulso que luego se proyecta en un comportamiento vital.>> -Don Juan, lo afirma con valentía que le gustaría tener una nueva vida. -¿Puede usted a estas alturas enamorarse? Por qué necesita compañía, la soledad es muy desconsoladora. -Puedo, y sucede sin planearlo. -Don Juan, ya me voy. Hasta el lunes, si Dios lo quiere.-¡Hay, Pilar!, que dese un poco más, si le tengo que pagar no me importa, yo tengo que hablar hoy.
Y, ahora, me quedo solo. Solo hasta el lunes. Pilar, cuando usted no está me siento muy mal. ¡Miro al techo y al suelo!, ¡miro al suelo y al techo!, y este es mi consuelo. -Y, ¿para qué tiene el televisor? Se busca un buen programa, y de vez en cuando salga al balcón mira al cielo y al suelo, después mire a la gente que se pasea por la calle, así se distrae usted señorito. Le he dejado preparado varios guisos, hay de todo y si quiere más pan se da usted un paseo hasta la panadería.-
¡Ahí, ahí, qué bien cocina! Me casaría contigo, pero no puedo. Nací en una familia ..., tenga en cuenta nuestra posición señorial.-¡Vamos, vamos!, ni aunque fuera rey me caso con un hombre tan triste. Yo, soy de gustos sencillos, me basta con pasear por la calle, y tomar un par cervezas en plaza del Cabildo. ¡Don Juan!, haber si tiene algún conocido que quiera mis servicios por las tardes, necesito ganar algo más, mi hija lo necesita, para tirar pa lante.- Se hace la calma infinita entre los dos. Don Juan, evoca la memoria de su señora madre.
-Mi madre, era una gran señora, yo había nacido más bien fortuitamente, mi supuesto padre estaba en el frente, a la incertidumbre de la guerra se unía la estrecha economía, a la familia la iban a afligir casi todas las calamidades. Mi madre, tras un largo y deliberado meditar dió un gran salto se separó de su marido y se unió a mi padre y, en otras ocasiones, contadas, cambio menos radicalmente de rumbo amoroso. Mi madre era una gran señora, estos cambios los hizo por necesidad interna, a fuerza de obstinada reflexión, y se renovó, casi milagrosamente, como madre y mujer, por el hecho de efectuarlos. Es importante notar, además, que estos cambios de rumbo son de criterio espiritual, no de estilo ni esencialmente de forma, porque después de algunos tanteos e incertidumbre se casa con un rico terrateniente ya muy mayor.
-Usted, cree que con estos mimbres, y todavía en la espléndida belleza de mis sesenticinco años. No me asusta en absoluto hacer como su gran madre, buscar un rico terrateniente; ¿cree usted que ese amigo suyo super mega millonario se casaría conmigo? -¡No lo sé! Es un hombre más bien racional y pragmático en casi todas las cosas. Sabe, le he mandado a la porra, eso sí, de buen grado, cualquiera lo aguanta, no es prudente ni lícito que yo hable de sus pretendientes.- Sabe señorito, a mí el futuro no me preocupa ni me intranquiliza, <<lo que tenga que sonar, sonará>>. La muerte no me asusta porque creo en la otra vida, es decir, en la reencarnación y, tras aquel accidente..., he aprendido a saborear más los pequeños placeres de la vida. Un amigo mío cuenta que una vez vio a... Fin por hoy. Hasta cuando así lo quiera Dios. Os adelanto que la asistenta de don Juan es la heredera de... toda su fortuna "..." La Paz Universal es un derecho de la Humanidad, basta de cuentos de guerras, amores míos!
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