sábado, 20 de diciembre de 2025

El Bosque Mágico - Creando alegría 11

 Frase inspiradora: <<Cuando creas que no sirves para nada, todavía puedes ser Santo>>. San Felipe Neri.

Mientras Jesucristo era adorado por los Reyes Magos en Belén, un niño extraño y virtuoso jugaba en las calles de Tiana, una ciudad de la Capadocia. Podemos suponer que ese niño, llamado Apolonio, o compartía las aficiones rudas e inconscientes de los de su edad y se  decantaba por juegos más sofisticados, cerebrales y dignos.

El niño fue pronto apartado de las calles de su ciudad natal y se le envió a estudiar con los mejores maestros de la tradición de Pitágoras, que alabaron la disciplina del muchacho y le animaron a las virtudes del silencio (permaneció cinco años sin hablar), la frugalidad (sólo comía legumbres), la pobreza y la vida casta. En cuanto pudo, comenzó a viajar en busca de la sabiduría. Visitó a los mejores maestros del mundo conocido y, por fin, sus pasos le condujeron hacia un pozo de conocimiento inexplorado: el Castillo de los Sabios, una ciudad misteriosa, gobernada por el gurú Iarchas, en la India.

Damis, el discípulo y cronista de Apolonio, describe el Castillo de los Sabios como una ciudad que <<estaba y no estaba en la Tierra>>. Rodeada por un muro de luz, la urbe contaba con prodigios nunca vistos, como una cúpula de zafiro que albergaba el Sistema Solar, unas <<ruedas vivas>> que permitían la comunicación con los dioses y unas piedras luminosas que alejaban la oscuridad. Los habitantes de esta <<ciudad divina>> eran capaces de levitar y afirmaban <<conocerlo todo>>.

El viaje de Iarchas (un lugar del que no se volvió a tener noticias) convirtió a Apolonio en un mago que puso sus poderes al servicio de la virtud. Sus prodigios incluyen la resurrección de una joven, varias curaciones, levitaciones, profecías, teleportaciones, telequinesia y captura de <<demonios>>. El episodio más conocido dentro de esta última categoría es el que relata cómo los habitantes de Éfeso, que estaban siendo diezmados por la peste, pidieron un remedio a Apolonio. Éste les recomendó que apedrearan a cierto mendigo y los vecinos se ensañaron hasta que el indigente quedó sepultado bajo un montón de piedras. Cuando se intentó recuperar el cuerpo y se retiraron los cantos, se comprobó que no había nadie debajo.

Apolonio explicó que el supuesto mendigo era un demonio que mantenía viva la negra llama de la pestilencia en la ciudad.

En otra ocasión, Apolonio fue invitado a la boda de un tal Menipo, antiguo alumno suyo. El novio, loco de pasión, explicó a su maestro que su futura esposa, una rica y bella matrona, se le había aparecido en sueños antes incluso de conocerla. Este dato no fue para Apolonio señal de un romance feliz, sino todo lo contrario. Arqueando una ceja, se acercó a la novia en mitad del banquete y, usando su poder, la obligó a mostrar su verdadera naturaleza. Con un alarido, la matrona dejó caer el hechizo con el que ocultaba su apariencia y todos los invitados pudieron comprobar que era una lamia ( mitad mujer, mitad serpiente monstruosa) y que las suculentas bandejas del banquete no contenían otra cosa que cenizas y rancios huesos amarillos.

Éste y otros prodigios hicieron que Apolonio fuera adorado como un ser de naturaleza divina y que, igual que Jesús, fuera seguido por una fervorosa multitud. También se opuso a los poderosos y, en su larga vida, se enfrentó a varios emperadores. Nerón lo enjuició por traidor y filósofo, pero cuando un alguacil se disponía a leer las acusaciones, se comprobó con asombro que la lista de cargos se había borrado.

 El paranoico emperador Domiciano, años después, también lo hizo apresar acusándolo de conspiración, práctica de sacrificios humanos y hechicería. Cargado de cadenas y rapado, Apolonio fue llevado a su presencia. El sabio dijo airado: <<No puedes apresar mi espíritu, ni tampoco mi cuerpo>>, y desapareció en un fogonazo. El resplandor deslumbró a todos, pues se multiplicó reflejado en el mármol de las paredes que Domiciano había hecho pulir como espejos para poder ver a cualquiera que se le acercara por detrás.

Poco después, Apolonio se reunió con sus discípulos para anunciarles que su vida terrenal tocaba a su fin después de más de cien años. Antes de desaparecer sin dejar rastro, tuvo tiempo de celebrar la muerte de Domiciano, que pudo presenciar a miles de leguas de distancia en el momento que sucedió. Se dice que mientras el mayordomo Esteban apuñalaba al emperador en Roma, el viejo Apolonio voceaba dándole ánimos sentado en un jardín de Éfeso.

Apolonio visitó el Castillo de los Sabios en la India, un lugar del que no hay más referencias que las que describe Demis en la Vida de Apolonio. La ciudad de Iarchas es una más de la larga lista de ciudades misteriosas que pueblan los libros de Historia, las leyendas y la mitología. (Parece el Cielo, la ciudad de Dios, allí hay palacios.)

La magia existe y es muy poderosa la influencia en la Humanidad, por ejemplo, posiblemente, muy posiblemente la aplicación del cono de poder en Gran Bretaña fuera aquella del día 1 de agosto de 1940 en New Forest, en Inglaterra, en la que proyectaron sobre Hitler instrucciones telepáticas para convencerlo que que no invadiera las islas británicas. Las brujas utilizaron también conos para ayudar a Sir Francis Drake a derrotar a la Armada Invencible en 1488, y en la segunda mitad del siglo XVIII contra Napoleón Bonaparte.

<<Los hechizos mágicos de las brujas/os solo pretenden provocar la desgracia de los demás, para ellas/os enriquecerse>> Las brujas/os lanzaban maldiciones a la gente normalmente como venganza. 

Las oraciones nos libran de las maldiciones, de la magia negra. Las maldiciones pueden ser anuladas o revocadas, nada se queda sin castigo, todo lo malo regresa a su lugar de origen. Oración y ayuno. ¡Veo, veo un gran Arco Iris alrededor de toda la Tierra, lo veo! Se dice que para derrotar a la oscuridad está la luz y para derrotar al Diablo Lucifer Dios utiliza Su Amor. Habrá paz y alegría universal.

Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre nuestro por Tu bendición y Tu Amor. Amén.

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