Frases inspiradoras: <<La humildad exalta al hombre al cielo de la gloria y del poder. ¡Que Dios nos bendiga en esta empresa...!>>
AQUÍ Y AHORA
<<Cierto día, muy de mañana, Confucio invitó a uno de sus discípùlos más aventajados a caminar por el bosque. Este discípulo quería ser tan sabio como él, y por eso le preguntaba frecuentemente qué debía hacer para alcanzar la sabiduría. Durante el paseo, Confucio se mostraba contento, silbaba, se detenía a contemplar los árboles, los pájaros, las flores y todo lo que se movía. Mientras, el discípulo, cada vez más inquieto, se preguntaba para qué le había invitado el maestro. El paseo le parecía aburrido, una pérdida de tiempo; desde la noche anterior estaba nervioso pensando que al fin le diría la clave para alcanzar la sabiduría, y se sentía frustrado.>>
<<Así que le preguntó: <<Maestro, ¿adónde vamos?>>. Confucio respondió: <<A ningún lado, pues ya estamos>>. Replicó el discípulo: <<Pero ¿dónde?>>. El maestro con una agradable sonrisa, le aclaró: <<Este es el lugar y el momento para ser felices. Vivir el presente es la clave para alcanzar la sabiduría>>. Comienza la Primavera. Vivamos con la convicción de que no hay mejor lugar para ser felices que aquí en la Tierra, ni el mejor tiempo que el ahora.
LIMPIA, CANCELA Y SUELTA, tu mensaje: <<Se te aconseja que elimines de tu vida y de tu campo energético a cualquier persona, situación o actividad negativas o desafiantes para ti. Es hora de dejar ir antiguas creencias, patrones de pensamientos negativos o incluso comentarios sarcásticos que puedas expresar para desvalorizarte. La sabiduría de los Ángeles quiere que reconozcas y adviertas el poder de tus palabras, pensamientos e intenciones. Si dices algo sobre ti mismo, aunque sea en broma, que pueda tener un efecto negativo en ti o expresas algo que desearías que no fuese real, se te sugiere que te muestres más amoroso contigo mismo.>>
<<Cada vez que tengas un pensamiento negativo o digas algo que más tarde desearías no haber dicho, recuerda que tienes la capacidad de eliminar esa idea o energía de tu campo energético recitando esta poderosa afirmación: <<¡Limpia, cancela, suelta y anula!>>.
<<Los Ángeles están siempre dispuestos y encantados de ayudarte a limpiar cualquier cosa que se interponga entre tu paz interior y tú. Cuando aparece esta carta, también se te está invitando a limpiar cualquier desorden presente en tu vida. Si se está acumulando polvo o <<los trastos>> en tu casa, oficina, coche o en cualquier lugar donde pases tiempo habitualmente, es hora de limpiarlo. <<Cuando limpias el espacio físico, limpias el espacio psíquico.>> Llevar a cabo estos sencillos cambios limpiará tu energía y te abrirá a experimentar claridad y libertad>>. Oráculo de los Ángeles Guías-Kyle Gray.
Cuando a principios del siglo XX, allá lejos, los jóvenes iban cantando hacia las trincheras de lo que sería LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, ellos seguían a un pastor o a un sacerdote, lo cierto es que iban felices, la mayoría no volvieron y los que lo hicieron vivieron el resto de sus días mutilados..., igual ocurrió en la SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, hay muchas historias: <<La historia el ingeniero Alfred L. demuestra, entre otras cosas, cuán vano es el mito de la igualdad de los hombres.
L. dirigía en su país una importantísima fábrica d productos químicos, y su nombre era (y es) conocido en los ambientes industriales de Europa. Era un hombre robusto de unos cincuenta años; no sé cómo fue arrestado, pero en el campo había entrado como entraban todos: desnudo, solo y desconocido. Cuando yo lo conocí estaba muy echado a perder, pero conservaba en la cara los rasgos de una energía disciplinada y metódica; en aquel tiempo, sus privilegios se limitaban a la limpieza diaria de la marmita de los obreros polacos; este trabajo, del que había obtenido no sé cómo la exclusividad, le rendía media escudilla de sopa al día.
No bastaba ciertamente esto para satisfacer su hambre; sin embargo, nadie lo había oído nunca lamentarse. Por el contrario, las palabras que dejaba caer eran tales como para hacer pensar en grandiosos recursos secretos, en una <<organización>> sólida y fructífera.
Cosa que su aspecto confirmaba. L. tenía <<una línea>>: las manos y la cara siempre perfectamente limpias, tenía la rarísima abnegación de lavarse cada quince días la camisa, sin esperar al cambio bimestral (hagamos notar aquí que lavar la camisa quiere decir encontrar el jabón, encontrar tiempo, encontrar sitio en el lavadero lleno de gente; avenirse a vigilar atentamente, sin desviar los ojos un instante, la camisa mojada, y ponérsela, naturalmente, todavía mojada, a la hora de silencio, en la que se apagan las luces); tenía un par de chanclos de madera para ir a la ducha y, finalmente, su traje a rayas era singularmente apropiado para su talla, limpio y nuevo.
L. se había procurado en sustancias todo el aspecto de prominente bastante antes de serlo: ya que sólo mucho tiempo después he sabido que toda esta ostentación de prosperidad se la había sabido ganar. L. con increíble tenacidad, pagando cada una de las adquisiciones y servicios con el pan de su misma ración, y constriñéndose a sí a un régimen de privaciones suplementarias.
Su plan era para un futuro lejano, lo que es tanto más notable cuanto que había sido concebido en un ambiente en el que dominaba la mentalidad de lo provisional; y L. lo llevó a cabo con rígida disciplina interior, sin piedad para consigo mismo ni, con más razón, para con los compañeros que se le cruzaban en el camino.
L. sabía que entre el ser considerado poderoso y el llegar a serlo, el paso es cortos y que, en todas partes, pero particularmente en medio de la general nivelación del Lager, <<un aspecto respetable es la mejor garantía de ser respetado>>.
Dedicó todos sus cuidados a no ser confundido con el rebaño: trabajaba con ímpetu ostentoso, exhortando también en ocasiones a los compañeros con tono persuasivo y deprecatorio; evitaba la ducha cotidiana por el mejor puesto en la cola del rancho y se adaptaba a recibir todos los días la primera ración, notoriamente más líquida, de modo que el Bloskälterster lo advirtiese por su disciplina.
Para completar su despego, en las relaciones con los compañeros se comportaba siempre con la mayor cortesía compatible con su egoísmo, que era absoluto.
Cuando fue constituido, como se dirá, el Kommando Químico, L. comprendió que su hora había sonado: no necesitaba sino su ropa limpia y su cara magra, sí, pero afeitada, en medio del rebaño de colegas sórdidos y desaliñados, para convencer inmediatamente al Kapo y al Arbeitsdienst de que era un auténtico salvado, un prominente en potencia; por lo que (a quien tiene, le será dado) fue inmediatamente promovido a <<especializado>>, nombrado jefe técnico del Kommando, y adoptado por la dirección de estiroleno.
Fue encargado en seguida de ir inspeccionando las nuevas adquisiciones del Kommando Químico, para juzgar sobre su habilidad profesional, lo que hizo siempre con extremado rigor, especialmente de cara a aquellos en quienes barruntaba posibles futuros competidores. Ignoro la continuación de su historia, pero me parece muy probable que haya escapado a la muerte y vva hoy su fría vida de dominador resuelto y sin alegría>>.
Elías Lindzin, 141565, cayó un día, inexplicablemente, en el Kommando Químico. Era un enano, de no más de un metro y medio, pero nunca he visto musculatura como la suya. Cuando está desnudo, se le ve cada uno de sus músculos trabajar bajo la piel, potente y móvil como un animal independiente; agrandado sin altera sus proporciones, su cuerpo sería un buen modelo para Hércules: pero no hay que mirarle la cabeza.
Bajo el cuero cabelludo, las suturas craneanas sobresalen desmesuradas. El cráneo es macizo y da la impresión de ser de metal o de piedra; se ve el límite negro de los pelos cortados apenas a un dedo por encima de las cejas. La nariz, la barbilla, la frente, los pómulos, son duros y compactos, toda la cara parece una cabeza de ariete, un instrumento hecho para golpear.
De su persona emana un aire de vigor bestial. Ver trabajar a Elías es un espectáculo desconcertante; los Meister polacos, los mismos alemanes separan a veces para admirar a Elías en acción. Parece que nada le resulta imposible. Mientras nosotros acarreamos a duras penas un saco de cemento, Elías carga con dos, luego tres, luego cuatro, manteniéndolos en equilibrio no se sabe cómo, y mientras anda rápidamente sobre las piernas cortas y enanas, hace muecas bajo la carga, se ríe, insulta, ruge y canta sin parar, como si tuviese pulmones de bronce.
Elías, a pesar de los chanclos de madera, se encarama como un simio en los andamios y corre seguro por las vigas suspensas en el vacío; lleva seis ladrillos por vez basculándole en la cabeza; sabe hacerse una cuchara de un pedazo de chapa, y un cuchillo de desecho de acero; encuentra por doquier papel, leña y carbón seco y sabe encender en pocos instantes un fuego, incluso bajo la lluvia.
(Esto, de encender fuego y normas de supervivencia y de primeros auxilios, lo deberían aprender todos los niños y niñas, por si sobreviven...)
Sabe el oficio de sastre, el de carpintero, el de zapatero, el de barbero; escupe a distancias increíbles; canta, con voz de bajo no desagradable, canciones polacas y yiddish nunca oídas antes; puede ingerir seis, ocho, diez litros de sopa sin vomitar y sin tener diarrea, y reanuda el trabajo inmediatamente después.
Sabe hacer que le salga entre los hombros una gruesa joroba y camina alrededor de la barraca patituerto y contrahecho, chichando y declamando de manera incomprensible, entre las risas de los poderosos del campo. Lo he visto luchar con un polaco que le llevaba una cabeza y derribarlo de un cabezazo en el estómago, potente y preciso como una catapulta. Jamás lo he visto descansar, nunca lo he visto callado o quieto, no lo he sabido herido o enfermo.
De su vida de hombre libre nadie sabe nada; por lo demás, representarse a Elías en traje de hombre libre exige un profundo esfuerzo de la fantasía y de la inducción. No habla más que polaco y el yiddish torvo y deforme de Varsovia; además, es imposible conversar con él de manera coherente. Podría tener veinte o cuarenta años; generalmente dice que tiene treinta y tres y que ha tenido diecisiete hijos; lo que nos es inverosímil.
Habla continuamente de los temas más distintos; siempre con voz tonante, con acento oratorio, con violenta mímica de esquizofrénico. Como siempre se dirigiese a un público muy nutrido: y, como es natural, el público no le faltaba nunca. Los que entienden su lenguaje se beben sus palabras declamatorias retorciéndose de risa, le golpean los hombros duros entusiasmados, lo estimulan a proseguir; mientras él, feroz y enfurruñado, se revuelve como una fiera entre el corro de espectadores, apostrofando ora a éste ora a aquél; de repente coge a uno por el pecho con su pequeña garra ganchuda, lo atrae hacia sí irresistiblemente, le vomita en la cara atónita una incomprensible invectiva, después lo arroja hacia atrás como si fuese una gavilla y, entre aplausos y risas, con los brazos alzados hacia el cielo como un pequeño y monstruoso profeta, continúa su discurso furibundo y enloquecido.
Su fama de trabajador excepcional se difundió bastante pronto y, gracias a la absurda ley del Lager, desde entonces dejó prácticamente de trabajar. Su trabajo era directamente solicitado por el Meister para aquellas faenas tan sólo en las que fuesen necesarios una pericia y un vigor particulares. Aparte de estas prestaciones, vigilaba, insolente y violento, nuestra vulgar faena cotidiana, eclipsándose con frecuencia para hacer misteriosas visitas aventureras en quién sabe qué rincones del tajo, de donde volvía con grandes bultos en los bolsillos y frecuentemente con el estómago visiblemente lleno.
Elías es natural e inocentemente ladrón: manifiesta en esto la instintiva astucia de los animales salvajes. Nunca es cogido con las manos en la masa, porque no roba más que cuando se presenta una ocasión segura: pero cuando ésta se presenta, Elías roba, fatal y previsiblemente, como cae una piedra que se arroja.
Aparte el hecho de que es difícil sorprenderlo, es claro que de nada serviría castigarlo por sus hurtos, puesto que no son más que un acto vital como cualquier otro, como respirar y dormir.
Puede preguntarse uno ahora qué clase de hombre es este Elías. Si se trata de un loco, incomprensible y extrahumano, que ha acabado en el Lager por casualidad. Si es un atavismo, extraño en nuestro mundo moderno y mejor adaptado a las primordiales condiciones de vida del campo. O si, por el contrario, no será un producto del campo, el que todos nosotros acabaremos por ser si es que en el campo no morimos, si no se acaba antes el mismo campo.
Hay algo de verdad en las tres suposiciones. Elías ha sobrevivido a la destrucción de afuera porque es físicamente indestructible; ha resistido a la aniquilación interior porque es un demente. Es, pues, en primer lugar, un superviviente: es el más adaptado, el ejemplar humano más idóneo para este modo de vivir.
Si Elías recobra la libertad, se verá confinado al margen del consorcio humano, en una cárcel o en un manicomio. Pero aquí, en el Lager, no hay criminales ni locos: no hay criminales porque no hay una ley moral que infringir; no hay locos porque estamos programados y toda acción nuestra es, en cuanto a tiempo y lugar, sensiblemente la única posible.
En el Lager Elías prospera y triunfa. Es un buen trabajador y un buen organizador, y por esta doble razón está asegurado contra las selecciones y es respetado por los jefes y los compañeros. Para quien no tenga sólidos remedios internos, para quien no sepa sacar de la conciencia de sí mismo la fuerza necesaria para aferrarse a la vida, el único camino de salvación conduce a Elías: a la demencia y a la bestialidad traicionera. Ninguno de los demás caminos tiene salida.
Dicho esto, quizás alguien se vería tentado a sacar conclusiones, y hasta deducir normas, para la vida cotidiana. ¿No habrá alrededor de nosotros algunos Elías más o menos consumados? ¿No vemos vivir a individuos sin objetivo ninguno, y negados a toda forma de autocontrol y de conciencia?; éstos no viven a pesar de estos fallos, sino, precisamente, como Elías, en función de ellos.
<<La cuestión es grave, y no será ulteriormente discutida, porque éstas quieren ser historias del Lager, y sobre el hombre de fuera del Lager ya se ha escrito mucho. Pero aún me gustaría añadir algo: Elías, por cuanto me es posible juzgar desde fuera, y por cuanto la frase puede tener de significativo, Elías era verosímilmente un individuo feliz.>> DEL LIBRO SI ESTO ES UN HOMBRE - PRIMO LEVI.
Según la ley de Causa y efecto, el co-instigador queda atado al autor. Tal vez él no le conozca, pero las interconexiones de la red causal algún día pondrán al descubierto lo que ha pasado. El <<sol>> pone esta culpa al descubierto; ya sea por los efectos o por las repercusiones, reconocemos que nos hemos cargado y que habíamos tejido un lazo cármico, una atadura.
Por lo tanto, nosotros podemos transmitir a otros nuestros pensamientos cargados de emociones. A este proceso se le llama también telepatía. A menudo un pensamiento que partió de nosotros es la chispa que provoca la explosión en un <<barril de pólvora>>, el último impulso para el delito de nuestro prójimo, que bajo ciertas circunstancias hace de él un criminal. En su acto y en todo lo que resulte de él, tenemos una parte de culpa.
Comprendemos la sencilla enseñanza de Jesús de Nazaret, del Cristo de Dios, que dijo y dice: <<Lo que el hombre siembre, cosechará- a no ser que reconozca a tiempo sus causas, para purificarlas con la fuerza de Cristo y no hacerla más>>.
Si reflexionamos sobre las consecuencias de estas breves aclaraciones, seguramente más de uno dirá: <<Esto es monstruoso>>, o incluso: <<esto da miedo>>. Ambas cosas son correctas; pues debido al pricipio <<emitir y recibir>>, son posibles muchas cosas. Por las proyecciones que nos dejamos sugestionar o que nos son transmitidas por telepatía a causa de analogías iguales o parecidas, adoptamos aspectos del carácter de otras personas a quienes, por ejemplo, seguimos ciegamente. Nos dejamos programar y programar. (Ve y observa, este momento histórico es crucial para la vida de millones de seres humanos; para los animales y para la Tierra. Estos psicópatas satanistas nos quieren arrastrar a la tercera guerra mundial para cumplir el TESTAMENTO DE SATANÁS.)
(Este demonio es un ángel caído y, hoy está encerrado en el abismo, la última Palabra la tiene el Señor, nuestro Creador: cambiar la conducta es lo que nos lleva a salvar la vida y evitar al alma el infierno; muchas almas penan en el fuego eterno, si tus ancestros adoraron a los demonios y al Diablo, haz muchas oraciones para salvarlos...)
La telaraña de la araña es su mundo. Los seres humanos tejemos como una araña nuestra red, la red de nuestras analogías, de nuestros programas. Ahí vivimos, es el mundo de nuestro ego, en él que estamos prisioneros -y a través de los hilos de nuestras proyecciones también estamos atados a las redes de nuestros semejantes.
Pero el principio <<emitir y recibir>> funciona también en lo positivo. Si emitimos pensamientos positivos, pacíficos, amistosos, ellos también transmiten el mensaje que contienen. Por ejemplo, pueden ser acogidos por una persona que esta pensando sobre posibilidades para cometer un crimen. Nuestros pensamientos voladores positivos pueden introducirse en el pro y el contra de quien está pensando negativamente.
El fiel de la balanza de su corazón es tocado por la energía positiva de nuestros pensamientos, las olas de su odio se apaciguan, su sentido común y su conciencia vencen.
Si de este modo podemos apartar de esta persona -para nosotros desconocida- de un acto cruel, nos transformamos, sin ser nosotros ni ella conscientes de ello, en liberadores y en un amigo desconocido de quien desistió de aquel acto y cuya vida tal vez dio entonces un giro hacia lo bueno. (Algo así le pudo pasar al mafioso narco Pablo Escobar, cuya obra se vio culminada, ayudando a los pobres y necesitados, pasa del ¿tú que quieres plata o plomo?, a haz bien a los pobres necesitados y Dios te recompensara mil veces cien).
<<PROTECCIÓN FRENTE A LAS INFLUENCIAS: RECONÓCETE A TI MISMO; ALCANZA ESTABILIDAD EN CRISTO Y ORIÉNTATE HACIA LAS FUERZAS POSITIVAS.>>
<<LO QUE NO QUIERE QUE TE HAGAN A TI...>>. Cada uno de nosotros quiere ser comprendido y aceptado por los demás. Cada uno de nosotros quiere que el prójimo piense sobre uno de forma positiva y con benevolencia. ¡Ejercitémonos primero nosotros mismos en ser benevolentes! Quien se disciplina a sí mismo para deshacerse de su falsedad, aprende también a reconocer mejor a su prójimo y a verle bajo la luz correcta. Si tiramos de las riendas en nosotros mismos, para superar nuestros vicios, también aprendemos a comprender a nuestros semejantes y alcanzamos la unidad interna con ellos.
Jesús habló en este sentido: <<¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no percibes la viga en tu ojo?>>. Si afrontamos primero la viga en el propio ojo, luego también tendremos la fuerza para hablar con nuestros semejantes sobre la paja en su ojo, sin ser aleccionadores, mordaces o intolerantes.
Quien se observa y se controla a sí mismo, y se da una y otra vez la orden: <<Lo que no quiero que me hagan a mí, no se lo hago tampoco a nadie>>, sacará la viga de su ojo mediante esta autodisciplina. Así da los pasos que le acercan al prójimo, y a través de la benevolencia, la comprensión y la bondad alcanza la forma correcta de ver y comprender a sus semejantes. Entonces ya no se le hace difícil dejar libre a cada cual y ser tolerante con todos.
De este modo se forma la base para que él logre tener respeto por sus semejantes. Quien respete a su prójimo, honrará también cada vez más a Dios, el amor eterno, cumpliendo paso a paso aquello por lo que esta en la Tierra: cumplir los Mandamientos de Dios.
Todas las transformaciones hacia lo bueno, hacia lo divino en nosotros, transforman nuestro carácter: Nos emnoblecemos. De un carácter íntegro surge un hombre íntegro, que valora a sus semejantes, porque él mismo cambia en vez de querer cambiar al prójimo. En la persona que honra a Dios en las cualidades de su carácter, en todo su mundo de pensamientos, despierta el Amor a Dios y al prójimo. Personas así se atienen a la realidad de los hechos. Son estables, claras, correctas e íntegras. Son esas personas que en situaciones difíciles son capaces de encontrar respuestas y soluciones, de hacer que todo dé un giro hacia lo positivo. Demos gracias a Dios por los hombres buenos de nuestro tiempo, todos Gloria y bendiciones a Dios, por la rebelión de los hombres buenos. Gracias por Donald Trump, Elon Musk, John Kennedy, Putin, XI.
Por la transformación hacia lo bueno aprendemos a mirar más profundamente. Otras personas sólo nos pueden deslumbrar y engañar tanto nosotros nos deslumbremos y engañemos respecto a nosotros mismos. Si hemos desarrollado un carácter íntegro, es frecuente que podamos ver en lo oculto de nuestros semejantes, viéndoles como realmente son. Aunque vemos los errores y debilidades de nuestros semejantes, no hacemos valoraciones ni juicios. Pero, ve y observa a los criminales de nuestro tiempo. Tienen dispuestas las redes para atraparnos como a gorriones y además, los corderos son más borregos que nunca serán llevado al HOLOCAUSTO. Tu corazón te dice lo que es verdadero o falso. Esta gente necia, malvada, egoísta, avara, tienen preparadas cajas de madera de pino para millones de jóvenes inocentes. No lo harán. Si nos movilizamos y los echamos de los sillones con la ayuda de Elon Musk, que saque los documentos que los delata, todos con TRUMP.
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre. Bendito eres Tú por todos los siglos. Amén. ¡VICTORIA! Lucifer, te vencimos. Lo sabes. Yo también reconozco que te amo, eres un truhán, un seductor, ¿lo sabes verdad?
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