La mesa de desayunar quedó despejada a primera hora, y Violeta, sentada junto al ventanal de la sala de estar esperaba la visita prometida. Los nuevos alumnos fueron puntuales a la cita, el reloj acababa de dar la nueve en punto cuando el doctor Romeral, seguido de los jóvenes, fueron conducidos al aula. El doctor Rodrigo Romeral era un hombre bajo de estatura, jovial, de ojos claros, tendría cincuenta años, era muy fuerte de aspecto, con cejas claras muy tupidas, rostro de facciones marcadas y expresión decidida. Vestía un traje de chaqueta oscuro, y su aspecto era el de hombre curtido que se ha pasado la mayor parte de su vida al aire libre, ofreciendo, sin embargo, un algo en la firmeza de su mirada y en el sereno aplomo de su porte que delataban al caballero.
-Este es Enrique Romeral, mi hijo y Roberto Gallardo mi sobrino. Es hijo de mi hermana Carolina Romeral -dijo el doctor Romeral. -Sí, eso es -dijo Violeta-, y lo raro del caso, señor Romeral, es que si mi amigo Alejandro Bastida, aquí presente, no le hubiese propuesto que viniesen a visitar el Bosque Mágico esta mañana, no estarían hoy aquí. -Señora, yo habría venido por propia iniciativa. Tengo entendido que usted resuelve pequeños acertijos, y esta mañana se me ha presentado uno que requiere más reflexión para su aclaración de la que yo puedo dedicarle.
-Siéntese, se lo ruego, señor Romeral. ¿Debo entender, por lo que usted me ha dicho, que desde su llegada a España le ha ocurrido algo notable? -El hecho no parece tener gran importancia, señora Violeta. Muy bien pudiera tratarse de una broma. Me refiero a estas noticias, esta carta, si puede llamarse así, que me ha llegado hace tres días. Dejó encima de la mesa un sobre, y Violeta se inclinó para mirarlo. Era de clase ordinaria, de color sepia. Llevaba la dirección <<Doctor Rodrigo Romeral. El Bosque Mágico>>, escrita con una letra tosca; el estampillado del correo era <<Barcelona>>, y la fecha de este, justo tres días antes. -¿Bueno que le dicen en la carta? Me imagino que será algo a gran escala, porque sino porque se iba usted molestarse en viajar hasta Sanlúcar de Barrameda.
_Sí, lo que explica es un decorado apropiadísimo para darse una tragedia. Explica algo muy siniestro. Como si el mismo Diablo quisiera meter mano en los asuntos de los hombres... -Veo doctor Romeral que también se inclina por la explicación sobrenatural.
-El Diablo puede tener agentes de carne y hueso, ¿no es así? Desde el comienzo mismo se nos plantea dos interrogantes. El primero: ¿se ha cometido, en efecto, un crimen? El segundo: ¿en que consistió ese crimen y cómo se cometió? Desde luego, si la presunción de lo que dicen los diarios fuese acertada, y nos encontramos ante fuerzas que se salen de las leyes ordinarias de la naturaleza, ahí terminaría nuestra investigación. Pero se impone que agotemos todas las restantes hipótesis antes de venir a parar a esta. Si a usted no le importa, creo que podríamos cerrar esta ventana.
Resulta extraño, pero he comprobado que la atmósfera cargada ayuda a concentrarse. No he llevado la cosa hasta el extremo de meterme dentro de una caja para pensar, pero esa sería la consecuencia lógica de mis convicciones. ¿Le ha dado usted vueltas al caso? -Sí, he meditado mucho acerca del mismo en el transcurso del día. -¿Y qué ha sacado en limpio? -Es muy desconcertante. Teme desde luego una oleada de terrorismo semejante a las del 11 de septiembre, el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York; recuerdo los atentados de los trenes de Londres, de Madrid...etc., por ejemplo. ¿Qué opina de ese atentando del día siete en Palestina?
Violeta dijo: Doctor Rodrigo Romeral, el hombre camina de puntillas por el filo de un volcán, lo digo, por toda esa serie de documentales que nos llegan desde casi todos los puntos de la Tierra, ¿no ven cómo emigran en pateras, las personas se suicidan buscando un porvenir?
-Mi abuelo Gerardo Romeral fue un bravo soldado, él nos contaba cosas de la guerra civil de España, de la de Cuba y de Europa. Él decía: <<Los cañones de los potentes y modernísimos acorazados del almirante yanqui Sampson, que bloquearon Cuba, habían abatido, sin demasiados miramientos, los últimos reductos del optimismo nacional. Los breves efectivos del almirante Cervera, cuatro arcaicos cruceros y tres destructores -¡heroica, abnegada e inútil flotilla para hacer frente a un enemigo mil veces superior!- se hizo a la mar en cumplimiento de la orden del general Blanco (3 de julio de 1898) en la conciencia, plena, de obtener una derrota tan digna y valerosa como aplastante. Igual suerte había corrido nuestra escasa fuerza naval de guarnición en Manila:
Mantojo luchó bravamente contras las fuerzas del comodoro Dewey, lo que no impidió, ni podía impedir, que los escasos y viejos barcos españoles fueran hundidos, uno a uno, y que la victoria se inclinara por el lado de la fuerza y no por el de la razón.
Los últimos flecos del imperio se desprendían, ensangrentados tan generosa como inútilmente, del Centro y de la Metrópoli. El tratado de París (10 de diciembre de 1898) certificó, inapelablemente, la retirada española del mundo. Los supervivientes del 68, y su <<Gloriosa>>, y las escasas y efímeras figuras de la República del 73, ofrecen al país, por entonces, la estampa de la esterilidad revolucionaria, mientras los políticos de la Restauración de Sagunto, muerto Cánovas, forman círculo en torno de la conmovedora y singular figura de doña María Cristina de Habsburgo y Lorena, la reina regente. Sagasta consume enormes dosis de cafeína y Moret se niega, en elegante e inútil gesto personal, a defender su honor frente a quienes le acusan, en el mentidero público, de haber querido mal vender Cuba por trescientos millones de dólares.
Se ha producido el derrumbamiento vertical de la historia y se inicia el fatigoso y lento retorno de los gloriosos usuarios del rayadillo. Todavía suenan los últimos e insólitos disparos en Baler, el heroico reducto español de Filipinas, una hazaña que asombraría al mundo.
La repatriación del Ejército de Ultramar constituye toda una etapa de sonrojo e iniquidad sociales. El pueblo más sencillo, encarnado en formas y maneras castrenses, vuelve maltrecho al común solar. Sólo el pueblo -entiéndase esto bien-; el pueblo y sus magníficos generales, jefes y oficiales. Los hijos de las <<familias de siempre>> han renunciado, gustosos, al honor y a la aventura de la guerra mediante el cómodo expediente de echar, sobre la mesa de la Hacienda Pública, un puñado de reales.
¡Para el retorno de los héroes vencidos se establecen fórmulas de beneficencia y caridad! Se habla mucho, todavía, de la generación del 98 y se habla con un culto reverente y ensimismado. He tenido, de antiguo, escaso respeto por el <<tabú>> prefabricado; para mí, existen dos generaciones que responden a esa misma cronología: una culta, exquisita, amarga y vociferante que fue incapaz de remontar las cumbres del pesimismo de nuestro pueblo y alumbrarle un camino recto y de seguro; y, otra, heroica y sacrificada hasta el estoicismo, humilde y confiada, que encontró, después de aquel largo calvario de sangre, sudor y lágrimas, un pago indigno y miserable.
Otra vez Juan Haldudo, el rico vecino de Quintanar de la Orden, molía a estacazos las espaldas de Andresillo, que cae de hinojos ante el poderoso tras la efímera esperanza de una justicia cumplida.
Joaquín Costa propone la regeneración nacional; pero la voz, vehemente y precursora, del bravo erudito aragonés, queda ahogada por el ruido que origina aquel brutal derrumbamiento. La nueva centuria, cargada de presagios, vicisitudes y prodigios a escala universal, amanece para España bajo la tónica de una desolación patética. ¿Existe de verdad un signo renovador en nuestra sociedad? Sólo la necesidad de persistir -como explica Melchor Fernández Almagro- la mantiene: sin enseñanza ni industria, sin administración ni ejército, sin Estado, sin fe... <<el 1 de mayo de 1898 -ha escrito un costumbrista madrileño- al volver de los toros, de la cuarta de abono, en que torearon Guerra, Fuentes y Bombita, se supo la terrible verdad de lo sucedido y se organizaron manifestaciones de protesta.
Quedaba el consuelo de saber que nuestros marinos habían luchado bravamente contra fuerzas muy superiores...>> <<... se notó una gran tristeza en Madrid. Los balcones de los edificios públicos estaban vacíos y las mujeres llevaban lazos con los colores nacionales...>> <<... en el tembloroso diciembre llegó la noticia de la paz. El madrileño se envolvió en su capa, y aumentó su chiste y su ironía>>. Existen sobrados documentos para probar que aquel pesimismo nacional había sido asumido inconscientemente por todos los españoles sin distinción de clases o estamentos.
Con ocasión del enlace matrimonial de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, fue editada una Guía de Madrid en la que puede leerse esta desoladora declaración previa: <<¿Buscáis en Madrid una gran ciudad industriosa, activa, colmena del trabajo y de la producción, centro de la vida nacional, como es centro del Gobierno, de la Administración y hasta del territorio de España? ¿Buscáis una ciudad romántica con vistas del pasado, libro de piedra de la historia de un pueblo glorioso? Si eso buscáis, extranjeros, pasad de largo...>>
La bomba que años más tarde se lanza al paso de la comitiva regia en las nupcias de don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia (31 de mayo de 1906) y que no logra sus propósitos regicidas y siembra de víctimas y de horror -soldados y espectadores sencillos- la calle Mayor de Madrid, resuena sobre una España ensimismada y alicorta. Mateo Morral es discípulo de la Escuela Moderna que Francisco Ferrer alienta y auspicia en Barcelona. Los <<menestrales>> comienzan a llamarse <<proletarios>> y en las calles de las ciudades aparece la estampa del obrero-mendigo.
Se ha roto ya el pacto, feliz y bobalicón, de los grandes partidos turnándose el poder. El fraccionamiento y la atomización políticas se enseñorearon de una España literalmente aislada desde el desastre y cuyo cerco de silencio romperá (1907) la visita oficial a Cartagena de Eduardo VII y la reina Alejandra, lo que supone, al menos en teoría, el apoyo inglés a la política mediterránea de España.
La guerra europea puede ser un nuevo caos. El Monarca resiste las tentaciones que tanto de dentro como de fuera de Palacio>> puedan comprometer la neutralidad de nuestro pueblo ante la enorme conflagración que se produce, por vez primera, a escala universal, Eduardo Dato, a la cabeza de quienes entendían, con juicio sereno e indiscutible patriotismo, que ése era el único camino posible para España, actúa con rapidez y tenacidad en los primeros y difíciles momentos de la contienda. Crisis tras crisis, se alcanza la cuota crucial de 1917, con los incidentes gravísimos de la huelga general revolucionaria.
La lucha de las clases y la pugna de los partidos adquieren proporciones, en determinados momentos, de alboroto callejero y contienda civil que las fuerzas de orden público no pueden sofocar y es el Ejército quien se verá en la precisión de imponer una paz efímera y quebradiza. En 1918 nadie consigue formar Gobierno, ni Maura, ni Dato, ni González Besada... Don Alfonso XIII, abandonado y en un último intento ¡siempre tejido con el hilo de la provisionalidad!, convoca a los políticos para formar lo que él mismo llamaría un GOBIERNO NACIONAL. El Rey les habló en tonos de tal dramatismo que aquéllos asintieron por encima de cualquier interés personal y del interés de sus propios partidos o banderías. Don Antonio Maura aceptó la presidencia.
El pacto, sin embargo, no resultaría duradero. Si los partidos políticos eran incapaces de rehacer a España como entidad permanente, ¿cómo iban a servir para apuntalar el Trono? La desasistencia de los grupos y de las banderías acompañó al Monarca a lo largo de su reinado. Según el propio testimonio de don Alfonso XIII aquél fue el <<final de la pesadilla y un sosiego efímero>>.
Pero el horizonte se ha producido un hecho que va a ser decisivo y a cambiar el rumbo de la historia contemporánea: el asalto al Palacio de Invierno se ha consumado. Tras el destronamiento del Zar de todas las Rusias, Kerenski no ha resistido el envite de los marxistas.
Se ha hecho el silencio y en aquel escenario, que huele a sangre y pólvora, María Spirindonova, la mujer que fue entregada a los cosacos por haber matado a un gobernador, pronuncia la frase más estremecedora y terrible de la historia reciente: <<Ante los obreros de Rusia se abren horizontes desconocidos. El viejo mundo se derrumba, el nuevo comienza.>> ¿Puede dudarlo alguien?
¿Desde el asalto victorioso al Palacio de Invierno, todos los pobres del mundo comenzaron a vivir mejor? (Lean Stalin, no fueron ni más felices ni más libres) Las vicisitudes nacionales van a encontrar su último apogeo en la guerra interminable de Marruecos: el desastre del veintiuno, la brutal desbandada de Annual, las caídas de Nador y Monte Arruit... sólo la leal amistad de Abd-el-Kader y la serenidad del general Berenguer impiden que la magnitud de la catástrofe llegue a Ceuta y atenace, irremediablemente, a Melilla. La suerte está echada. ¿Cuántos soldados españoles murieron en aquella ocasión, ocho, diez doce mil? Lo que sí puede asegurarse, sin ninguna vacilación, es que se alcanzaron las más altas cotas del terror, la desbandada y la más rigurosa desorganización. Un joven soldado, silenciosos y sereno, de mirada profunda y escasa arrogancia personal, contempla el espectáculo del desastre con amargura. Se llamaba Francisco Franco... después Caudillo de España o dictador.
¿Usted qué opina señora Violeta? -Salta a la vista. <<Ante los hombres y mujeres de este tiempo se abren horizontes muy conocidos. Quieren derrumbar el viejo mundo, igual que hicieron con el Zar de las Rusias, igual que hicieron los Nazi un gran Holocausto. Los mismo que costearon las revoluciones de Rusia y de Francia y también a los Nazi, ahora, quieren provocar un Otoño Caliente, con terribles oleadas de atentados terroristas, y ya han dado el primer escopetazo de inicio en Palestina. Es cierto que este viejo mundo se debe derrumbar, pero no, no a sangre y fuego, nunca más.
La Nueva Era del Acuario nos ha llegado, ofreciendo la Edad Dorada. El nuevo mundo donde riqueza se compartirá, las personas del mundo comensarán a vivir mejor, una vida más espiritual. Ante la humanidad se abren los caminos de la Paz, Jesucristo es el Abanderado es El Rey de los Reyes y está ya en la Tierra, y verán como los villanos, golfos corruptos se deslizan por el filo del abismo.
El hombre, los hombres y las mujeres, debe seguir una dirección estable, una ley fija que determine sus actos. Se recomienda actuar con tenacidad y perseverancia en todo lo que se haya emprendido y, al mismo tiempo, mantener la máxima claridad respecto a los fines de nuestras acciones: una actuación sombria e incierta no conduce a nada positivo, sólo lleva a alteraciones y distorsiones de la realidad. Lo que nos ocupa es comprende que la Naturaleza es la perpetua formación y renovación de todas las cosas, según leyes permanentes. En efecto, todo tiende a la permanencia, a la estabilidad, a la calma; incluso lo que parece efímero y transitorio, como la vida, como la felicidad, como todos los bellos momentos que no se detienen, en realidad se renuevan, se reforman, acaban por volver a empezar como un círculo sagrado y cerrado.
La sabiduría popular confirma esto con el dicho <<la vida da muchas vueltas>>. La persistencia es al mismo tiempo causa y efecto: se obtiene algo, se llega a un resultado con persistencia, es decir, con la paciencia, perseverancia, tenacidad, solidez, y ese mismo resultado al que tendemos es persistencia, estabilidad y reposo. La estabilidad lleva a la prosperidad y al éxito. Por eso, si mantienes la presente situación no cometerás ningún error. La atracción entre lo semejante es ley natural. El débil y el fuerte renuncian a sus respectivas posiciones y, en nombre de sus comunes afinidades, se encuentran, naturalmente, para llegar a la colaboración, a la influencia recíproca, es necesario mantenerse siempre abiertos, libres, listos para recibir todos los buenos consejos y las novedades que el destino nos va presentando. Para llevar a cabo cualquier idea que tengas en mente tienes que poner entusiasmo y confiar en ti y en los demás. Busca a personas con las que cooperar sinceramente y habla con claridad de lo que pretendes. Quien se confía a la humildad y a la modestia tendrá éxito en todo lo que desea.
Este sentimiento además de ser sincero y verdadero, debe estar animado por una gran voluntad y perseverancia. A quién es positivo le llegan muchos dones del cielo: prosperidad y éxito. Los proyectos ya alcanzados y exitosos se consolidarán, repetándonos beneficios también el futuro. Es el momento oportuno para poder ponerse en comunicación con todo lo que te rodea. Sé sincero con tus amigos y ábrete a nuevos conocimientos que favorecerán los nuevos proyectos e iniciativas. Tengo que decir al Rey Carlos de Inglaterra: ¡Ojito, mucho ojo, que tiene un zorro en el gallinero! A buen entendedor pocas palabras bastan. Ésta es una invitación a la reflexión a todos...
T`AI-LA PAZ . Paz y armonía. El pequeño de corazón se va y el de gran corazón avanza. Salud y logro. La imagen: El dragón se encuentra en un sereno y profundo letargo en el corazón de la tierra.(Ahí es donde descansan los ángeles de la oscuridad, y el Diablo, el Señor de las tinieblas es derrotado, porque vemos la Luz de Jesucristo...) Los hombres mezquinos y malvados se han marchado y ahora vienen los grandes y buenos trayendo consigo una evolución pacífica, éxito y prosperidad. Busca tu centro interior para alcanzar la serenidad. Ésta es una invitación para conocer a tu Ser Interno tú Cristo. Lo que aquí se sugiere es proceder con decisión: con decisión, antes que lancen las semillas del terror sobre toda la Tierra.
El mundo va a cambiar mucho, también se considera un inevitable eclipse, una decadencia natural de los acontecimientos, pero sin pesimismo: nada es definitivo, todo se transforma. Por ejemplo, en vez de soldados, serán guardabosque, jardineros..., y los Generales y Capitanes Peritos Agrónomos, Arquitectos Constructores Artistas, Escultores, Pintores afamados, el Arte al poder, es un momento feliz. Los peores, los hombres de mala voluntad, ceden, se retiran; dominan los buenos. La prosperidad es completa porque todo contribuye a ello: los hombres y el destino.
También en este momento es bueno saber que se puede controlar, ordenar, el curso favorable de los acontecimientos, exactamente del mismo modo a como el hombre pone orden, regula y administra el tiempo, el espacio, la naturaleza. Hay una permanente necesidad de armonía, de orden que acompaña al hombre durante toda su vida. Por ello una sabia decisión es la buena administración de todo lo que nos rodea, de nuestras propias acciones, se convierte en algo beneficioso para todos. Se contempla el caso de la caída de los malvados, el declive de la corrupción, que unos pocos se niegan a aceptar. La fatalidad se abate sobre vosotros, San Miguel Arcángel se ha encargado de ustedes. Retirense, mantengánse firme en la retirada, porque avanzar a toda costa no haría otra cosa que empeorar vuestra situación: directos al Infierno. Aléjate de ellos rápidamente y confía en ti mismo. <<El pequeño de corazón se va, llega el grande, el cielo y la tierra se encuentran, los seres y las cosas fluyen libremente. Superior e inferior se unen: en el interior lo positivo, en el exterior lo negativo; por dentro aparece la fuerza activa, por fuera hay gente sin importancia; la fuerza moral del sabio prevalece y desaparece la mezquindad del hombre inferior:>> Palabras del Sabio Confucio.
El entendimiento da sus frutos. Que decir a España, el Rey de Inglaterra tiene un zorro en el gallinero, pero nosotros tenemos zorros, cerdos, serpientes y culebras, ratas y roedores, cucarachas a miles, muchos necios débiles trabajando de administradores públicos. ¡Quién se pica ajos come! Breve pausa. Un almuerzo frugal y, doctor Rodrigo Romeral, seguimos otro día... Fin por hoy. Terrorismo. Miedo del miedo. Mucha cautela y todos los ejércitos y toda la policía a investigar los bajos fondos, las cloacas del dinero.
Señor, gracias por iluminarnos y enviar a tus Ángeles detectives a descubrir las guaridas de estos fieros lobos. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre Nuestro. Amén.
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