Bajo el recuerdo que agobia, un dolor imperecedero, ¡que triste pasa la vida del rey Atila! Él era un hombre rudo y fuerte, dejó muchas almas; en el río de la muerte, no menos de un millón de seres humanos pasó por su espada. Su muerte, fué cuando lo quiso Dios, su corazón se rompe por las fuertes emociones. Yo ví cómo se apagaron la luz de sus ojos; y en sus ojos tenuemente se apagaron en los velos espectrales; sus ojeras tenebrosas, se agrandaron, en esas noches de negro luto; su afán por conquistar la tierra para Jesús de Nazaret. Sus visiones, le pusieron mortaja a miles de seres humanos. A su muerte le siguieron muchas almas con las pupilas llorosas; sobre el ataúd de la tierra sembraron muchas rosas escarlata y, entre la sombra, el llanto misterioso de las almas en pena siguieron al rey Atila en el Más Allá; él entre el misterio de la vida y la muerte aún sollozaba; lloraba el rey Atila arrepentido, ¡él que se creía el guardián de la Luz del Cristo Nazareno! Era un hombre con una barba, como una parra otoñal dorada, sus cabellos largos con un olor a jazmín tempranero, gustaba del baño diario. Su corazón un sol que adora al Dios Único, perfumando sus palabras y, apretando con una mano una jarra de vino envenenado. Tembloroso el viento ante su espada fina, se dijera sutil y certera, no tiembla su mano a cada golpe certero, de un tajo cortar la cabeza de su adversario, sutil de tristeza.
Atila, se atormenta, se llenó de tristeza su hombría y su voz se extinguió como un silbido sigiloso. ¿En qué piensa mi amigo que me ofrece la jarra de vino envenenado? Veneno que le proporciona la malvada hechicera. Cuentan que en aquella tierra y en sombra Atila es enterrado en una fosa; solo las rosas de Silas sollozaban sobre el cuerpo del rey, aquella primavera en el bosque quedó el misterio, como aquel viajero que espera el agua de un río de agua pura. Y atormentan al rey Atila los corazones en el silencio de la noche eterna. Al silencio de la muerte le siguieron las miles de almas.
Una mañana de primavera en el mes de Abril, en aquella remota tierra, del rey Atila, Jesús de Nazaret gritó diciendo: <<El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como Luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía, el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre>>. <<Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado>> -Y entonces escuchó la voz, una voz sonora y vivificante como la luz de la mañana, que se abría paso entre el rumor del mundo cautivando su atención. El Cristo de Dios, recitaba palabras de un lenguaje ignoto, muy anterior al del pueblo judío. Hablaba en arameo. Atila, lo escuchaba seducido, sin comprenderlo; ¿por qué a él? Su blanca voz con su timbre cristalino, de manera que se sentía inspirado por un mensaje que creía no entender pero que de algún modo llenaba su pecho de amor de esa calidez infantil, de fuerza y vigor, de una nueva esperanza. Atila, se arrodilla, pone las manos sobre su espada, intrigado, miró a su alrededor para cerciorarse de si alguien le estaba escuchando. Lo que vió entonces le heló el alma. Sus visiones volvieron, atormentando su corazón, se rompió de dolor del deshonor. El sol había desaparecido del cielo, oculto tras un grueso manto de color violeta. Una leve luz brillante se iba acercando desde las alturas, apareció Jesús de nuevo, ahora con una bata color malva, sus ojos bajo un lúgubre silencio. Había bajado sus ojos, no miró a Atila, con su gesto, le mostró su descontento; había habido muchas muertes, de gente inocente. Atila había pasado por su espada hasta al rey Arturo. Le clavó la espada, cortando su corazón en dos de un tajo. El número de muertos es incontable, de una y de otra parte.
A su muerte el rey Atila se queda entre dos mundos, su espíritu pegado al alma que en este momento había tenido su cuerpo en aquel remoto tiempo; Atila es un espíritu guerrero, un combatiente en la vida y en la muerte. Por eso la persona que porta en su alma su espíritu decide ir a limpiar su alma, para purificar su vida y su cuerpo. Durante la terapia regresiva una voz pregunta: ¿Cómo te llamas tú? - Atila es mi nombre. - ¿Dónde estás? -Estoy en una batalla. Delante de todo el ejército, conduzco a miles de hombres, corro, delante de ellos, llevo en una mano un estandarte, vamos al encuentro del ejército enemigo. -¿Cual es tu peor momento? -Estoy en un campo de batalla. Los hombres van llegando de uno en uno, dos, tres, cuatro, voy cortando las cabezas de un solo tajo; estoy sobre una montaña de cadáveres, de cuerpos mutilados, bañados en sangre descabezados, las cabezas ruedan hacia abajo, quedan alrededor y, al lado del montón de muertos del ejército de los Cruzados. Me alzo, sobre el montón de cadáveres, clavé la espada en un cuerpo, diciendo ¡vitoria!, bajé rodando entre los cuerpos. Cuando pisé la tierra, me arrodillé llorando; agarrado a mi espada llorando amargamente. -¿Que ves ahora Atila? -Se me aparece Nuestro Señor Jesucristo, vestido con una bata morada, un suave color malva, con los ojos bajos, no me mira, está triste; no le gusta mi acción; se muestra Jesucristo enfadado, no levanta los ojos, no me mira, ni me dice ninguna palabra de aliento, llorando, agarrado a mi espada de rodillas le digo: ¡Jesús!, Dios, lo hice por ti. Jesucristo desaparece.
-¿Que ves antes de morir Atila?- Un bosque, miro entre el claro el agua del río que corre serena: Mi corazón se rompe de dolor. Muero, porque se me parte el corazón en dos. -Ve, antes de tu muerte, ¿que ves? -Un amigo, Silas me da de beber una copa de vino, es un cruzado -lleva veneno, me tambaleo, caigo en la tierra, me arrastro sobre la hierba, el veneno lo ha preparado la vieja hechicera, por encargo de mi mujer; he descubierto que es la amante de mi amigo. - Ve, al momento que te dan de beber el vino con el veneno. Sacalo de tu cuerpo, Atila, vomita todo. ¿Que ves ahora antes de tu muerte? -Vomito, he tomado unas hierbas finas, para purgar. - ¡Expulsa todo el veneno! Corta tú también mujer, el veneno vomitalo, ha dejado su huella en ti. Y, tú Atila que ves, ve al último momento de tu muerte: -Hay un bosque, miro el agua sobre un claro, un dolor muy profundo en el corazón, llevo mis manos al pecho, voy cayendo fulminado, me vuelvo a levantar, me resisto, decido quedarme en este plano. Atila, ¿tú has estado siempre junto a esta mujer que porta parte de tu alma? -Sí. -¿Por qué? -Quería ayudarla. -Vuelve al momento de tu muerte, ¿por dónde sales? -Por el ombligo. -Tienes que irte a la luz, por tu bien, allí estarás bien. -En ese instante aparecen seis o siete diablos: Ojos rojos, orejas puntiaguda, pequeñas alas negras transparentes como las de la libélula, el bajo cuerpo de cabra marrón rojizo el pelaje, zancajos, de cabra. Han llegado para llevarse a Atila al infierno. Un gran resplandor en el cielo, aturde a los diablos, se echan un paso atrás, todos llevan una lanza puntiaguda en las manos; aparece Jesucristo con una bata blanca impecable. Levanta la mano derecha, con dos dedos, señala a los diablos que se retiren; ellos obedecen, se van inclinando la cabeza. Desaparecen de la escena.
Ha llegado también el Arcángel Miguel, Jesucristo y San Miguel toman de la mano al rey Atila, asciende hacia los cielos envueltos en una luz radiante color oro, todo el bosque queda iluminado, ellos desaparecen en el firmamento. Antes, la terapeuta le había preguntado al rey Atila. -Atila, ¿que haces, porque lloras tan amargamente? -He matado al rey británico, le he partido el corazón en dos. Él va vestido de Cruzado, lleva puesta la corona de oro en la cabeza. La ciudad de Jerusalén, ha sido arrasada por el rey cruzado. La gente sufre, el asedio está matando a las personas de hambre y sed. Sobre los muros de la ciudad de Jerusalén veo alzado a un rey árabe. Soy su amigo. (El rey moro, es de cabellos muy oscuros, largo y rizado, tez muy oscura, ojos negros que brillan como dos ascuas de fuego, viste un traje negro, con una armadura ligera , lleva un peto de cuero, sobre su cabeza un casco de plata. Montado sobre mi caballo rodeo las murallas de Jerusalén, moviendo las manos nos despedimos ambos.
Atila cuenta, que discutió con el traidor que le dió el veneno. Con la mujer que lo traiciona... -¡Codicioso!, avaro, asesino, criminal. Atila, lo tira al suelo, le pone un pie en el cuello, dice que piensa subirse sobre su pecho, pero una voz le dice al oído, ¡no!, es tu amigo, perdonalo. -Atila, ¿porqué te quedaste? -Soy joven. Tengo el proyecto de crear la ¡Nueva Jerusalén! Una ciudad hecha de piedra blanca. Atila explica con todo detalle la maqueta que tiene sobre una mesa en su habitación. Él explica la maqueta: -Arcos, árabes, una ciudad inmensa, como jamás hubo en los cuentos de las Mil y una Maravillas. Yo quiero construir una ciudad igual, que los Palacios del Cielo. ¡La Nueva Jerusalén, será construida por todos los seres humanos que habitan sobre el planeta Tierra; Dios proveerá de todo!
Violeta, no quería participar de todas las intrigas políticas, no iban con su carácter, y en ese momento de su vida no se sentía con fuerza ni con la voluntad para batallar en esos mares turbulentos del Bosque Mágico, que con tan gran acierto había capeado su padre, Fernando el cojo. Su prioridad ahora era criar y educar a su hijo Jesús. Con él pasaba buena parte del tiempo reformando el pequeño Bosque Mágico, donde desde una lupa vigilaba la vida de todos sus habitantes. Dejó claro a Juan Real, de que su residencia se encontraba allí, en la finca de Sanlúcar de Barrameda, y que no le importaba alejarse todavía más de las fiestas, las recepciones, y el niño Jesús le daba todo el amor, sin recelo que había ella añorado. La gente, del Bosque Mágico daba grandes disgustos a Violeta, y sí los miraba con detenimiento veía grandes pasajes de la Historia humana.
Intrigada, miró dentro del Bosque Mágico, oculto tras un grueso montón de diminutos árboles. Vió caer una leve nevisca que, se iba desprendiendo de las alturas, miró, que caía sobre una espada. ¿Cómo había llegado hasta el Bosque Mágico? ¿Cuándo lo habían hecho? No le parecía haber visto antes ese camino pedregoso. Observó Violeta a un caballero, cuando vagaba desesperado. No, él no había clavado la espada, recordó que había sido cosa del mago Serafín. El hombrecillo, movía con ligereza sus pies, pero no daba con el claro dónde estaba la espada. Violeta toma el micrófono y le va diciendo: -Esta voz que te guía, te esta llamando. Soy yo. El caballero diminuto, miró al bosque, y después al menhir. Nada había que no estuviera en su sitio. Era él ante la sublime arma, que relumbraba con una luz en su interior, con la cual también se encendían las luces del Bosque Mágico; la belleza de la miríada de diminutos minerales de la roca. Violeta al contemplarlos, sintió esa tenue luminosidad como una brisa de sal marina que la arropa con un dulce y cálido abrazo. Ella ve, como el caballero, se encontró con la mano en la empuñadura sin la más mínima conciencia de haber cubierto el último paso. Y sin el menor temor por haberlo hecho. La voz de Violeta le infundía valor. La oía en su cabeza, ahora se daba cuenta. Por fin había logrado alcanzarla. La espada Del Cid Campeador; una espada de la vieja escuela toledana. ¡Qué hermosa era! En el pomo circular estaba labrado dos calderos sobrios y, llenos de frutos abundantes. La guarda tenía trenzadas unas filigranas tan delicadas tan finas que era imposible verlas si no era a corta distancia. Aferrado a la espada el caballero, no existía para nada más. La espada del Cid llenaba el pensamiento y el corazón de don Rodrigo. La espada, con su reflejo permitía percibirlo todo, su acero, el reino, el poder, los árboles, el agua del río corre pura y cristalina.
La empuñadura estaba caliente, por el calor de los focos del invernadero que iluminaba y cobijaba, dando calor al Bosque Mágico. Parecía vibrar, como si cogiera la fuerza de toda la vida que latía en derredor. Se diría que el mango se ajustaba a la forma de sus dedos como si estuviera pensado para su mano, como si hubieran curtido aquel cuero dentro de su puño. Bastó un leve tirón, un tímido movimiento hacia arriba para que la hoja se moviera apenas el espacio que ocupa un fino hilo. La espada se salía. Solo era necesario tirar de ella. Pero ¿qué estaba haciendo don Rodrigo? Cómo alcanzado por un rayo, sintió tal espanto que la volvió a clavar, soltó la empuñadura al punto y dio siete pasos atrás, de inmediato avanza.
Cuando Violeta regresó al cabo de un rato, el caballero levantó los dos pulgares para hacerle saber que había logrado algún avance. Para situarla un poco le explicó que en la tradición templaria varios caballeros de la mesa redonda habían buscado el Santo Grial. Cinco de ellos, Perceval, Gawain, Bors, Lanzarote y Galahad, habían logrado una especie de visión mística del Grial. Tres de ellos, Perceval, Bors y Galahad, habían llegado a ver el objeto sagrado. En la muerte de el rey Atila había resaltado de manera especial la búsqueda de Galahad, que era el hijo ilegítimo de Lanzarote y, a decir de todos, superaba a su padre en bravura y devoción. Cuando se reencontró con su padre, Lanzarote lo llevó a Camelot, a la mesa redonda, y le ofrecieron el asiento peligroso, una silla vacía que reservaban para la única persona capaz de encontrar el Grial. Pero todo aquel que se sentara y no fuera digno de la búsqueda moriría al instante. Galahad superó la prueba y el rey Arturo, muy impresionado, lo sometió a otra. Del mismo modo en que Arturo se había convertido en rey al arrancar la espada Excalibur de la roca, Galahad se convirtió en el mayor caballero de la mesa redonda al arrancar una espada de una piedra que se encontraba en un río cercano. Poco después Arturo permitió que Galahad iniciara la búsqueda del Santo Grial, copa de la última cena de Jesucristo, con la que dieron a beber el veneno al rey Atila. Aunque él no muere envenenado. Sus sentimientos de culpa, al ser rechazado por Cristo, le rompen el corazón en dos. Todavía la pura verdad es más complicada. Violeta, recogió el micrófono apagando todas las luces del invernadero, los habitantes diminutos creyeron que había llegado el fin de su mundo, ante aquel tremendo apagón. Sea cual fuere, lo que sea que ocurra en el Bosque Mágico siempre cuentan con la ayuda de Dios-Cristo, porque todo lo que existe sobre el planeta Tierra es obra suya, y Dios-Cristo nunca abandona a ninguna criatura. Pronto será el cumpleaños de un amigo de Violeta. Ha reservado mesa en su restaurante favorito. Te lo contaré todo entonces. -Claro, contad conmigo.
-Solo una cosa más antes de dejar que vuelvas a tu trabajo de tentar a la gente para que compre cosas que tal vez no necesite. Tú, hombre, no tendrás una costilla de más, ¿verdad? El hombre hizo una mueca de sorpresa al oír la pregunta. -pues sí, la tengo. ¿Cómo diablos lo sabe? Él no podía apartar la mirada de ella, Violeta estaba iluminada. Ella sabía perfectamente que su invernadero era un lugar sacro santo, un santuario, pero él no lo sabía, no se lo iba a recordar una vez más, ¿verdad? ¡Caray, Violeta! Más te vale cuidar de tu Bosque Mágico porque medio planeta está en llamas vivas. -¡Todo es por tu culpa Adán! -Luisa llegó- Lo siento Violeta, pero Jesús está al teléfono. Llama desde el Cielo -dijo y le lanzó una mirada de preocupación, como si esperara una reprimenda. Estaba Adán esquelético debido a las hechicería de la serpiente malvada, que se le había colocado sobre su cama. Cigarrillos y, él no se ha dado prisa en darse cuenta, que padece una fuerte distorsión sexual. la hipersexualidad es debido a lo que le pone la serpiente en la comida, conjuros y recetas de pociones de... despierta Adán, que el tiempo corre en nuestra contra. ¡Señor Dios! Violeta apretó el hombro de su querido amigo Adán. Juan Real se lanzó hacia la puerta. Luisa lo retuvo. -¡Escuchad! No hagas el tonto, Adán, o la luz del mundo se apagará. ¡Te digo que no hagas el burro! ¡Te digo que no hagas el avestruz! Tú solo conoces la verdad. ¡Ah, al fin me escucha!, ¿me escucharéis alguna vez? Aristóteles considera la felicidad como "el bien obrar con virtud, o suficiencia de recursos de vida, o la vida muy placentera con seguridad, o la prosperidad de bienes y de personas con facultad guardiana y también productiva de ellos. De esta manera, la vida feliz tiene dos niveles establecidos en la virtud y la posesión de bienes. Al respecto es pertinente cuestionar: ¿la felicidad puede darse con el sólo ejercicio de la virtuosidad sin la necesidad de la adquisición de bienes, o viceversa? Para Aristóteles, los bienes y las virtudes se implican, no pudiéndose dar por separado en lo que respecta a la felicidad. En sí mismo no son fines, sino medios para lograr el bienestar de vida que "elegimos por ella misma y nunca por otra cosa ... por ello..., la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos".-concluyo Violeta-.
¡Adán no le va a pasar nada a tu esposa porque ellos la cuidan bien! -Voy a ir yo- intervino Adán-. Yo no tengo miedo de nada. Yo no tengo nada que temer... Ya te he dicho Adán que no le va pasar nada a tu esposa, porque la verdad brilla, tanto o más que el Padre Sol. Vienen de camino con los amigos. -¿Dónde está mi esposa?- No, no ella no ha venido con nosotros. Ha dicho que tú irías a buscarla. A esta hora no debo estar muy lejos de Sanlúcar. -hubo un breve silencio. Adán, con el rostro lívido, murmuró: -Esta vez, se acabó. Ya no tengo casa. Ni nadie que me espere. -¿Y tú esposa Eva, que ha sido de ella, Adán?- No es prudente que te quedes de brazos cruzados. -Intervino Violeta. -Eso seguro -aprobó Juan Real. Diciendo: -Adán no dilapides tu suerte ni tu fortuna, no te duermas en tus laureles ni regales tu amor a quien no se lo merecen, y ponte a trabajar en beneficio de la comunidad global y sobre todo de los menos favorecidos del planeta Tierra. Tú hombre, tienes prácticamente todos los dones y virtudes, utilízalos con inteligencia y corazón, o tendrás que repetir muchas veces la misma lección y amargarte la existencia por dulce que te parezca en este instante...
Adán, por tanto, lo que debes superar es la vanidad y entender que en esta vida todo es pasajero, y lo que se tiene un día, al otro día puede perderse para siempre. El fuego que te anima puede enfriarse en cualquier momento, mantén viva la llama. Para vivir hay que vibrar, para amar hay que sentir, los riesgos y los peligros le ponen sal a la vida. Los retos están ahí para superarlos. Tu ser interno reta al mundo y busca la adrenalina en todos y cada uno de los actos de la vida. Por tanto, no estaría de más controlar los riesgos y no lanzarse al vacío sin protección, para poder seguir disfrutando de los retos de la existencia. Adán tu sino en esta vida es el crecimiento personal, la expansión de tu ser y de tus negocios, por lo que cualquier conformismo o dejadez te aniquilará lentamente. El mundo entero es el límite en el plano material, y el infinito en el plano espiritual, así que deja que tu cuerpo, mente y alma viajen y vuelen en libertad. No te encierres en tu casa con la serpiente. ¡No te encierres nunca más!
-Mis deseos van a cumplirse! -exclamó Violeta-. Tomó la lupa y puso el oído en el Bosque Mágico, vió a Silas, el escudero del rey Atila que decía: -Cuando el rey nos convoca a consejo con tanta precipitación y en tal hora, preciso es que haya recibido noticias ciertas e importantes del avance de las fuerzas celestes. -Todos los congregados se habían puesto de pie, y, mientras así hablaba, Silas se ceñía la espada y calzaba la espuela. Luego se puso el casco y tomó el escudo en su brazo. Silas el escudero, salió de la tienda, seguido del gentío. Por todas partes acudían presurosos los hombres obedeciendo la regia convocatoria del Rey de los Cielos, Jesucristo nos llama a la Paz, a la virtud de la familia, a la curiosidad por Sus cosas divinas, había poca impaciencia por saber de Dios en la Tierra.
Violeta, lloraba, abstraída en su dolor, ajena por completo a lo que a su alrededor pasaba, cubría de besos el rostro de su hijo Jesús, como si en despedirse de aquel pedazo de sus entrañas quisiera emplear los pocos momentos que le quedaba de vida al Bosque Mágico, se veía, que había llegado la última hora. De pronto oyó una voz como un trueno, ronca que, con acento duro y seco, le decía: -<<Y he aquí, entonces, que hay alegría en lo Alto si el hombre cumple los preceptos y atrae abundancia espiritual al mundo, y locura, ya que, como enseñaron los sabios del Talmut, nadie peca si no es afectado por un espíritu de locura, y así el Tohu se expande en el mundo. La oscuridad, el más poderoso de los fuegos. La oscuridad es un fuego, pero no es un fuego sombrío salvo cuando fortifica al Tohu, y alude al misterio de los sugerido en el versículo: <<Isaac envejecía y sus ojos se debilitaron hasta no ver más, y llamó a Esaú>> (Génesis 27-1). Es decir, cuando el patriarca quedó envuelto en oscuridad debido a la pérdida de su vista, entonces convocó a Esaú, símbolo de la cáscara o klipa, lo cual representa su fortificación. La oscuridad es el rostro del mal, ya que concede sus favores al mal, y por eso es llamado oscuridad, porque se asienta en él para fortificarlo, y este misterio se alude al segundo versículo del Génesis: <<con oscuridad sobre la superficie -lif., faz o rostro- del abismo -Tohu>> (Génesis 1:2)... Y sobre aquello está dicho: <<Viento grande y poderoso que desgarra las montañas y quiebra las rocas... pero El Eterno no estaba en ese viento>> (1 Reyes 19:13), ese nombre -El Eterno- no se asienta en él ya que el Nombre Shakai es el dominante en el misterio del Tohu. <<Y después del viento un ruido, pero El Eterno no estaba en el ruido>> Y sobre lo que está escrito <<Y fue>>, se enseña que es el misterio de la oscuridad que se denomina Elohim. Los sabios enseñan que cada oportunidad en la que el término hebreo <<vaiehi>>, <<y fue>>, es mencionado en la Biblia, se refiere a una situación negativa y de anticipo de desgracias. ¡Que haya paz Universal y alegría en todo el planeta Tierra! Señor, Padre Eterno confirma y certifica la obra de nuestras manos. Mil gracias Padre.
<<Moisés, con su sabiduría, al escuchar la disputa que crecía entre su hermano mayor Aharón, y Koraj, fue esto lo que observó, es decir, cómo de la disputa surge el Infierno, y en la Obra del Principio dirigió su atención. En la Obra del Principio había disputa entre la izquierda y la derecha, y en esa disputa en la que se despierta la izquierda surgió el Guehenóm y se apegó a ella. Es decir, es sabido que en el nivel de Atzilut no existe el mal sino solamente el bien. Y en el Mundo de la Creación ya encontramos la división entre el bien y el mal. Por lo tanto, he aquí que encontramos la disputa entre amabas... ¿Qué significa que el Infierno descendió a lo Bajo, la izquierda se integró a la derecha y la paz reinó en todo? En realidad, esto se refiere a cada momento de la vida de una persona. Tal como los sabios enseñan: <<No existe el ante y el después en la Torá>>, lo cual debe también debe ser entendido así. todo lo que <<sucedió>> en la Torá, siempre está en tiempo presente. El Mal Instinto se despierta, ataca al hombre y éste se ve invadido de malos pensamientos. Pero cuando estos pensamientos acosan a un hombre verdaderamente justo, inmediatamente la amargura se transforma en dulzura y la oscuridad en luz. Porque muchas pruebas hostigan a un hombre, y a veces la persona se amarga, se angustia, sufre. Y los malos pensamientos continúan acosándolo. Y en realidad se trata de juicios que lo atacan y de una cierta carencia en su nivel de fe. Entonces el hombre pierde su camino, se enoja, se enfurece, se entristece. Sin embargo, el hombre temeroso de Dios, que sabe que ningún lugar esta vacío de Su Presencia, y que nada, absolutamente nada es casual -y mucho menos un pensamiento- despierta en su interior el temor al castigo, ya que todos estos pensamientos son concretamente el fuego del Infierno, pero en vida (LA DEPRESIÓN)
<<Los estudiosos de estos textos sagrados preguntan: considerando que la Santidad y la pureza se encuentran en el Mundo de la Emanación -Atzilut- sin medida y sin límite alguno, ¿de dónde, entonces, surgieron las cáscaras o klipot impuras y dónde se encontraban antes de ser formadas concretamente? Sin embargo, esto puede ser explicado a partir del siguiente ejemplo. Un hombre ingiere un grano de trigo limpio por completo de impureza. De todos modos, al comerlo, y una vez realizada la digestión del mismo, de este grano de trigo se desprenderá lo sobrante, aquello que no se asimilará en el cuerpo. ¿Acaso podemos decir que al comer este grano limpio y puro el hombre ingirió también el desperdicio? No, pero de todos modos, en el cuerpo de la persona se genera un proceso de separación entre lo extremadamente puro y aquello que no lo es. Lo mismo, entonces, sucede cuando la Luz comienza a descender, la cual, a pesar de provenir de un nivel de absoluta pureza y espiritualidad, de igual modo producirá cáscara o klipot al llegar a niveles inferiores de espiritualidad .
<<Cuando la oscuridad se despierta, se despierta con poderío y crea en ella el Guehenóm, o más precisamente, a las cáscaras o klipot que salen de la Gevurá, y Koraj se apegó a él en esa disputa. Cuando se apaciguan la cólera y el poder, se despierta una disputa de otro orden: Una disputa de Amor. <<La ceremonia de separación -Havdalá- que se realiza al salir el Shabat, el sábado por la noche, incluye la pronunciación de las bendiciones correspondientes al vino, a las especias y a la luz del fuego de una llama. Luego se pronuncia el siguiente texto: Bendito eres Tú, El Eterno, Dios nuestro, Rey del universo, que distingue entre lo sagrado y lo mundano, entre la luz y la oscuridad, entre Israel y las naciones, entre el séptimo día y los seis días de acción. Bendito eres Tú, El Eterno, que separa entre lo sagrado y lo mundano.>> ¡Confirma la obra de nuestras manos! Fin por hoy. Hasta cuando así lo quiera Dios y gracias por protegernos de las klipot durante las comidas de los días de la semana. Y de igual modo al pronunciar el pasaje logramos que la luminosidad de los rezos del Shabat retorne a nuestras almas durante los rezos de la semana, permitiéndonos orar con la debida intención.
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