sábado, 6 de abril de 2024

El Bosque Mágico - Lo que los jóvenes preguntan 131º

 Olor a pan recién horneado, brisa fresca, nostálgicos recuerdos se amontonan ocultos tras sus líneas flamantes del tiempo, que perdidos los días ya se fueron, y que ahora parecen regresar. Era abril, el cálido, el portador de la alegría primaveral. El terminado mes de marzo, nos ha dejado desmadejados, en un aroma interminable de sangre y hollín; un camino estrecho, un oscuro recinto incomprensible, donde voces extrañas de todos los tamaños aturdían ciegamente el regreso de la fatalidad. Y la mancha sempiterna de sangre de nuevo aparecía entre los pechos con su olor indescriptible, promesas rotas, un mundo con el mismo olor, el olor a sangre fresca, sangre derramada por los nuevos hombres que cortan de la tierra, como, si fueran espigas del trigal verde. Compañías, enteras cegadas.

Un bosque nuevo, refugio confortable que por fin te conciliaba con la voz poderosa y con el miedo, en medio de un vivir desconocido que empieza cada nueva mañana con un olor a libro nuevo, tinta fresca papel recién salido de la imprenta. El tiempo hoy teme quedar suspendido, la guerra regresa y camina tan rápido en sus tinieblas misteriosa; es que acaricia y calienta el ardor del temor, con su flama constante, casi siempre es jaleado por voces distantes en su aire constante. Abril, abril, ¿no es acaso el mismo que encendía los farolillos de la Feria de Sevilla, el abril que alegraba los corazones de los hombres sin rostro, aquel, el que ocultabas las sombras de las mujeres oscuras, solitarias y mudas, al filo de la tarde española?

 Ahora todo es borroso en el recuerdo. Hoy tú vuelves de nuevo cabalgando, en un soplo distinto que ha perdido su rumbo, hoy regresas lo mismo que entonces, aunque ahora se agrandan los pasos temerosos de los hombres con miedo; si ahora se escuchan los gritos de los niños asustados por las sombras del hambre; ni se sabe en qué árbol quedaron anidadas aquellas promesas que acaricia y calienta el alma, quizá, tal vez estén en aquel paraje escarchado, blanco nevado, donde quedaron sepultadas las trenzas de cabellos inertes de aquella mujer valiente. Ahora ya nada existe. Solamente aquel bosque entreabierto y el brillo cristalino de sus estrellas encendida, que aún sigue iluminando los ojos, porque tú has aparecido envuelto en su luz que acaricia, en su luz limpia y cálida, en su luz Abril, en su aroma floral. ¿Cómo retorna ahora la fragancia del devenir de antaño por tus calles un poco humedecidas por las bajas neblinas de los miedos?

Blancura solitaria, hojas maniatadas de tules y de flores de cementerio; temerosas las voces que interrumpían el eco entre los muros de letras enredadas como yedra, por aquellos macilentos hombres del celaje matutino; ellos escribían con gotas de sangre, los pergaminos ahora dormidos en cualquier charco, ellos salpican brevemente los crujientes repliegues del inusual libro de la vida vestido de soñada ilusión. Las palabras, son como la comitiva adivinada coronando el cortejo improvisado. A hurtadillas pasa la vida, nadie escucha la llamada implorante, por nadie es percibida.

Oh, la mano que borraba y escribía, oh, temblor de las palabras encendidas, duermen las voces en la penumbra, contraluz barroca, voz ansiada y temida, enigmática historia, un cedazo invisible se desprende asomándose por detrás de un crepúsculo eterno detenido al filo del abismo, un ráfaga de brisa diferente hasta ahora enciende el trémulo fulgor de los ojos asombrados. Y en Abril los sueños se pueblan de infinitos paisajes verde esperanza, borrando las oscuridades alargadas, como hurtadas al período terrible, abriendo tenazmente sus goznes encajados en el moho prisionero de las eternas humedades, que bajan resbalando hacia el medroso joven.

Qué inundada de luz qué vasta incertidumbre, hacía dónde volar. Oh, Águila, estamos al borde del oscuro barandal. Medrosos vamos patinando encima del verdín chorreante cuesta abajo, tropezando con grandes tiestos caliente rezagado en un rincón de aquí abajo, aquí el Gallo alza arrogante su cresta, mitigando su sed imparable de sangre, que es interminable la estela de las llamas relucientes de sus ojos negros. En los libros, las palabras permanecían inmóviles, subida la Biblia en lo más alto de aquel viejo mueble inasequible a los jóvenes. Tapada la Verdad de Cristo por un viejo tejado de bóvedas.

Jesús dio el mandamiento: <<Haced el bien a aquellos que os odian>>. Esto quiere decir que si nosotros pensamos y actuamos exclusivamente de modo positivo y noble, sólo atraeremos lo bueno y constructivo, en la naturaleza y en todo lo que existe. Un obrar malo significa atraer las fuerzas contrarias y destructivas.

Si nuestros sentidos espirituales son puros, nos veremos liberados también de todos los pensamientos malos, es más, éstos no se acercarán a nosotros. Sí que intentarán influenciarnos, pero nuestra irradiación es nuestro escudo que detiene lo que no es puro. Quien emite odio y envidia y refuerza con ello esas fuerzas negativas, será a su vez influido por ellas y tendrás que sufrir bajo las mismas también como alma. Quien toma la espada para vencer a su enemigo, tendrá que sufrir bajo ella en el ámbito de las almas y también morirá un día por la espada.

Cada mal pensamiento dirigido en contra de algún semejante es una espada desenvainada en contra de uno mismo. Si el otro también  desenvaina su espada, tanto peor es esto para ambos. Ambos siguen construyendo el edificio de su destino cargado de sufrimientos, o creando uno nuevo. Por ello deberíamos examinarnos a diario y <<poner las dos mejillas>> para orientar nuestro emisor al ámbito de emisión de la vida buena y positiva, a Dios, para vivir con Él, pues en Dios y con Dios es más fácil y seguro vivir.

Entonces la vida adquiere un transcurso equilibrado y continuo. Nos abastecemos de la luz del origen de la fuente suprema. Nos hemos elevado a ser hombres divinos. Para poder vivir con Dios, deberíamos observarnos y controlarnos cada vez más, para que reconozcamos después de todo lo que es contrario a la ley divina y que tal vez está adherido a nosotros desde hace bastante tiempo.

A menudo descubrimos sorprendidos que los motivos de nuestra forma acostumbrada de actuar, que hasta el presente considerábamos con orgullo como una especial fortaleza de carácter es el fondo una debilidad y surge de una fuente impura, contraria a la ley divina, es decir, negativa. Tenemos que poner nuestra voluntad bajo la voluntad de Dios, para acercarnos a lo divino. La voluntad divina es la voluntad de nuestro yo superior, la consciencia originaria que Dios nos ha dado. La voluntad de Dios no es ningún poder que sólo actúa desde fuera, como lo hacen los poderes del mundo. Ella está en nosotros, pero a menudo aún contenida y tapada por nuestras aspiraciones y deseos humanos. 

Tan pronto como establezcamos la unión con el eterno SER, del cual procedemos, irradia la fuerza de la voluntad divina en nosotros. Por eso debemos examinar nuestra voluntad. Cada pensamiento y deseo obstinado, arrebatado, apremiante e impaciente, viene de nuestra voluntad personal. La voluntad divina está por encima de todas las cosas humanas, ella sopesa y actúa sabiamente.

Quien ha reconocido su unidad con lo divino y en virtud de este reconocimiento hace que su voluntad obre en armonía y consonancia con la voluntad divina, aprende la verdadera sabiduría y se convierte en un hombre de acción.

La voluntad de Dios procede del Amor omniabarcante. Es el elemento propulsor, la esencia dinámica de Dios que promueve el cumplimiento de todas Sus leyes eternas. La voluntad divina, como todas las entidades y cualidades de Dios, no conoce ninguna frontera, lo abarca y traspasa todo. <<Todo está al servicio del ser humano si a éste le es posible aplicar la voluntad divina. Si la voluntad humana se transforma en voluntad divina y la persona consigue estar en armonía y consonancia con las fuerzas divinas, comenzará entonces a volverse divina.>>

<<Todas las fuerzas del Universo descansan en nuestro interior, sólo esperan a ser despertadas de nuevo por nosotros. Dios está tanto en nosotros como fuera de nosotros. Él crea, obra y rige por toda la eternidad. Si reconocemos en todo la actuación de Dios, la voluntad de Dios, encontraremos el camino a la consciencia sagrada, a la armonía con el Espíritu universal, con Dios.>>

 Cuanto más reconozcamos a Dios como el Espíritu infinito de la vida, que obra y se manifiesta en todo y a través de todo, ahora y en todos los tiempos, y cuanto más claramente reconozcamos y aceptemos nuestra unidad con Su vida, tanto más tomaremos parte de Su vida. Entonces desarrollaremos en y en torno a nosotros sus entidades y cualidades.

Quien ha sometido su voluntad a la voluntad divina, se da cuenta de que el entendimiento humano sólo puede ser una herramienta de la voluntad de Dios, que Él utiliza como medio para expresarse en el mundo material. El entendimiento es nuestra vida de pensamientos. Nuestra vida de pensamientos necesita una continua iluminación desde el interior, esto significa que nuestra consciencia debe ampliarse de tal modo que abarque nuestra vida de pensamientos y nos permita reconocer si nuestros pensamientos corresponden a la ley divina o se encuentra aún en la ley causal. Nuestra vida de pensamientos se esclarecerá en la medida en e que participemos de la unidad de lo divino.

En el núcleo de nuestra alma está incluida la plenitud de la fuerza divina; desde allí viene la auténtica inspiración, la verdadera manifestación. Sólo cuando hayamos aprendido a ennoblecer nuestros sentidos y a dirigirlos hacia el interior, al núcleo de ser incargable del alma, se abrirá en nosotros la plenitud y alcanzaremos, la auténtica manifestación divina.

El dirigirse directamente a lo divino en nosotros tiene lugar únicamente en el silencio. Todos los iluminados, sabios, místicos y profetas saben que Dios vive y habla sólo en el silencio. En el silencio se abre a una persona la fuente de la plenitud, de la fuerza y de la manifestación divina. La manifestación divina es la recepción de lo espiritual y al mismo tiempo una visión interna. 

Este don dvino se abre sólo a aquel que vive conscientemente en la unidad con el Espíritu de nuestro Padre celestial. La petición por tener una manifestación y una conducción divina consciente y directa sólo puede nacer del anhelo más elevado hacia Dios, del cumplimiento de las leyes sagradas y de la confianza más elevada.

Esta fuerza llena de añoranza altruista abre los sentidos internos del alma, de modo que éstos se abastecen de una iluminación directa desde la sabiduría universal divina, y la trasmiten a la persona, que entonces se vuelve creativa y sabia, y es guiada por la fuerza divina.

Con ello la persona se convierte en vidente y oyente del Yo Soy. Cuando el alma y la persona se mueven en ámbitos puros espirituales más elevados, el alma y la persona alcanzan la fuente de reconocimiento más elevada, desde la que reciben la verdad pura.

Si de este modo el alma a través de los sentidos internos está abierta para la manifestación de la luz divina, lo que Dios ha puesto en las cosas se le manifiesta en iluminación directa, y con ello toda la verdad sobre las cosas mismas. Algunos denominan esto la voz del alma, otros la voz de Dios. Puesto que todo lo puro y bueno viene  del origen divino, de la fuente divina, esto es la voz de Dios, que puede hablar desde el núcleo de ser de nuestra alma, porque éste es divino. La claridad con que nos habla esta voz de Dios, crece en la medida en que nos acercamos al reconocimiento de nuestro verdadero Ser individual y a la realización de la unidad de nuestra vida con el Espíritu infinito, y también en la medida en la que nos abrimos a esta corriente divina.

Cuanto más nos confiemos a esta voz, nos ennoblezcamos diariamente y obedezcamos a esa voz interna, tanto más calara habla ella. Al fin y al cabo llegará el tiempo en que ella asumirá la conducción de nuestra y de nuestro cuerpo.

Si por tanto nos dirigimos diariamente en actitud obediente a esta fuerza interna, realizando las leyes, alcanzamos la conducción directa de Dios, y entonces la voz será completamente clara, pura y no engañosa. Quien siente, piensa, habla y vive de forma pura, se distancia de aquellas cosas bajas que le quieren influenciar. Éstas quitan fuerzas a la persona que se orienta a ámbitos inferiores.

Por ello debemos llevar una vida en su mayor parte intachable, para poder confiar completamente en Dios y en Su voz. Tenemos que espiritualizar nuestra vida y hacernos consciente a cada instante de que un pensamiento noble, puro aumenta la luz y atrae seres luminosos y que, por el contrario, pensamientos inferiores, deseos, emociones e inclinaciones humanas, apetitos sensuales y cosas parecidas, disminuyen la luz y atraen fuerzas y seres correspondientes y, ahí aparecen las fuerzas oscuras con su juego peligroso, enredando como la yedra, ellas conducen a los conflictos.

Quien configura su vida en el espíritu del amor, de la paz y de la armonía, se convierte en una persona sin temor, que sabe que nada sucede sin sentido ni objetivo. De ahí que la persona que aspira a Dios puede confiarse a Él, la fuerza todopoderosa.

Si estamos en armonía con Dios, es decir en su ley, descansamos en Dios, y todo está bien. Pero si experimentamos los efectos de nuestras causas, si nos encontramos aún por debajo de Su ley, en la ley de Causa y efecto, aquel que lo acepta reconocerá también en ello cómo obran Su sabiduría y amor. La persona entregada a Dios dirá igualmente de manera humilde, como la que s encuentra en la Ley Absoluta: todos está bien.

Es una característica de la persona que va madurando espiritualmente, el saberse acogida en Dios bajo todas las circunstancias y situaciones. Durante nuestra existencia terrenal, nuestro cuerpo espiritual ensombrecido, nuestra alma y nuestro cuerpo físico están estrechamente unidos entre sí. La persona apegada al mundo ve y considera sólo el cuerpo. Sin embargo, la persona espiritual , es decir la persona que ha despertado en el Espíritu, verá el cuerpo espiritual como lo verdadero, desde el que viene la vida, y el cuerpo físico como la envoltura, como el vehículo del alma, en el que ésta se ha encarnado ...

El proceso de la toma de consciencia, del arrepentirse y realizar, nos vuelve libres. A ello pertenece también el que perdonemos a los otros sus errores. Pues sólo cuando podamos perdonar a nuestros deudores, alcanzaremos también nosotros el perdón de Dios. Del mismo modo, Dios sólo puede perdonarnos si nos arrepentimos de nuestros desmanes y conseguimos el perdón de la persona afectada.

Por ello se dice: reconócete a ti mismo y mide tu vida, tu forma de pensar y actuar con las leyes de Dios. Aspira siempre a lo más elevado y abandona lo que has reconocido de negativo, entonces el espíritu y el cuerpo se armonizan. <<La debilidad de espíritu tiene como consecuencia debilidad corporal.>>

Si nos fijamos en las personas que deambulan por las calles sin rumbo, no son más que personas sometidas por las influencias de las fuerzas oscuras que los someten, y los parasitan, son vampiros de las energías humanas. Necesitan mucho amor. El amor es un poder que fluye, sin muchas palabras ni gestos, a las almas de buena voluntad y que buscan. El amor a Dios y a nuestro prójimo, salvará El Mundo.

<<Quien no vive de una manera justa, tampoco puede dar de modo justo; y quien no puede dar de modo justo, no es ningún verdadero servidor de la humanidad. Aunque hayamos leído muchos libros en nuestra vida y hayamos extraído sabidurías de ellos, y aunque convivamos también con verdaderos sabios e iluminados, a pesar de ello no nos volveremos ni sabios ni iluminados. Permanecemos como personas que buscan y carecen de iluminación, hasta que apliquemos el saber, lo realicemos y consigamos mediante ello el cumplimiento de las leyes sagradas. De ello resulta la verdadera sabiduría y el amor desinteresado.

El amor interno creciente es la  fuerza irradiante de Dios, que conduce a toda persona al silencio interno. El amor interno es una entrega tranquila, que se regla, una comprensión profunda del prójimos. Este amor verdadero, que posee el verdadero iluminado en su interior  es profundo´El amor a Dios y al prójimo significa ponerse en el lugar del prójimo y desearle en silencio lo bueno y amoroso. El amor y la sabiduría de Dios es una fuerza espiritual que concede entendimiento, equilibrio, armonía, amor y paz a aquel que aspira verdaderamente a Dios.

La vida terrenal es una escuela del amor y de la sabiduría divina. Quien ha terminado con buen éxito esta escuela, ha cumplido su finalidad terrenal. Sin la realización no conseguiremos nunca la plenitud interna ni sentiremos la paz interna, que nos eleva como alas de águilas a alturas más elevadas.

El camino hacia lo divino significa: aprendemos viviendo y vivimos para aprender. Quien aprende de modo veraz entenderá, lo que llaman los secretos de Dios, y viven también de modo veraz. Y quien vive de forma veraz aprende de forma veraz. Él camina así hacia su Dios interior, que puede dar a aquel que aspira sin descanso. La finalidad de nuestra vida terrenal es convertirnos de nuevo en amor.

Moisés, delante de las zarzas ardientes, pregunta a Dios, ¿quién eres?, ¿cómo te llamas?, debes decir Tu nombre, porque si me preguntan, qué le diré a los hombres de Israel. -Di, Yo Soy. Yo Soy me ha enviado estos Mandamientos, que deben cumplir a rajatablas, si quieren mantener el orden y la armonía en su vida y en la Nación. 

Saben, que pienso yo de ese Yo Soy, cosa que creo que Moisés aún no lo ha entendido, a pesar, de haber sido educado como un príncipe de Egipto, con toda la sabiduría que eso entrañaba en aquel tiempo. Dios, le muestra a Moisés, con ese Yo Soy, que él, Moisés era parte de Dios. Yo Soy. Todos somos Dios en acción. Dios vive en cada uno de nosotros, una experiencia diferente. Dios es muntidiméncional. Dios está en todos nosotros; Él vive en nuestra alma. Dios es el Gran Océano y cada uno de nosotros, somos una gota de agua del Océano.

 La chispa o partícula divina es nuestra alma, cuando aprende la lección, ella parte al cielo. O, si maltratamos el cuerpo con comida basura, no cumplimos los Mandamientos de Dios, ella hace que el espíritu y el cuerpo se debiliten, enfermen y llega la muerte y entonces el alma se libera de esa experiencia que no le era grata.

 El alma se revela ante el mundo que sostiene mecanismos perversos de injusticia y exclusión, donde sigue faltando <<sitio en la posada>> para millones de niños, se nos regala la señal del Niño Jesús. Que Dios se haga niño nos lleva a mirar a los que no pueden nacer en nuestras sociedades porque tratan la vida como <<un proble más>>; a los jóvenes y a los niños maltratados en tantos lugares; a los que son obligados a migrar y a tantos inocentes que mueren por celos, miedos de políticas deshumanizadoras y siniestras. Y miramos alrededor, entre los belenes de nuestros entornos, para atinar hoy a descubrir que Dios es perseguido en ellos y sigue llorando por la sangre de tantos mártires inocentes. El seguimiento a Cristo, desde el principio, nos pone cerca de quienes son rechazados por el poder del mundo que no acepta la ternura, el amor, la piedad, la caridad, la misericordia, la libertad, la igualdad y la Justicia de Dios en Cristo. ¿Cómo darles voz y justicia?

Enseñando, las palabras de Jesús de Nazaret, que son todas estas joyas, de fabuloso valor, haciendo brillar el Evangelio. El niño, el joven y el hombre deben saber que son un eslabón de la cadena de luz que es el propio universo, por tanto, eres realmente una parte de Dios. Sin embargo, en todos los años de todos los siglos de la historia humana se acumulan: <<Unas manchas de sangre y grasa en la Historia de todas las naciones, de todos los imperios y de todos los pueblos e incluso en las tribus más remotas que hayan conocido.>>

<<Una mancha de sangre y grasa en la Historia de Inglaterra.>> Con estas palabras ha sido descrito el tristemente célebre reinado de Enrique VIII. Este monarca se casó con Catalina de Aragón, y su reinado fue un período feliz hasta el día que se enamoró de Ana Bolena, con la que contrajo matrimonio, sin la autorización del Papa, proclamándose jefe de la Iglesia de Inglaterra...

<<Una mancha de sangre y grasa en la Historia de El Coliseo Romano.>> El célebre poeta Juvenal, juzgando a los romanos de su época, dice: <<Al pueblo del que en otro tiempo salían generales y magistrados insignes y numerosos ejércitos que constituían su poderío, sólo le queda el recuerdo de sus pasadas glorias, no pidiendo ahora más que dos cosas: pan y los juegos del Circo>>.

A tiempos muy antiguos se remonta el origen de los juegos públicos: existían ya en el reinado de Rómulo, pero es muy probable que las descripciones llegadas hasta nosotros carezcan de alguna autenticidad... Durante el reinado de Augusto se destinaban para los juegos públicos sesenta y seis días al año; pero en tiempos de sus sucesores el número y la duración de las fiestas llegaron a tal extremo que en el gobierno de Marco Aurelio había más de 135 días de fiesta por año...

Los combates de los gladiadores por los cuales los romanos se apasionaban, con todo y pese a que la mayor parte de los escritores de Roma hablan de ellos con desprecio, nacieron en Italia.

En los tiempos primitivos era costumbre sacrificar a los esclavos sobre la tumba de su señor. Más tarde, en vez de darles muerte, les era permitido librar encarnizados combates y duelos a muerte entre ellos; luego se les amaestraba a esa clase de ejercicios, lo cual era una especulación sumamente lucrativa para algunas personas, pues una vez tenían un gran número, los alquilaban para las representaciones. Esta costumbre fue tomada de los etruscos.

Los combates de los gladiadores se verificaban al principio, en el Foro, pero solamente en ocasiones de funerales. Pero así que el pueblo empezó a apasionarse por ese horrible espectáculo se desarrollaba éste en el circo... Muchos cristianos fueron martirizados en el Coliseo bajo la mirada satisfecha de los miles de espectadores que hacían gala de una crueldad inaudita. No obstante, la mayor parte de los martirios sufridos por los discípulos de Cristo acaecieron en el Circo de Máximo y el Circo próximo a San Pedro.

El emperador Cómodo tenía por costumbre bajar a la arena del Coliseo a dar muerte con su propia mano a algunos de sus súbditos para distraer al resto. En las Calendas de mayo, año 833 de Roma (80 de nuestra Era), durante cien días los espectáculos se sucedieron unos a otros en el Coliseo. Los combates entre gladiadores se alternaban con venationes, especie de caza que se llevaba a cabo entre fieras en un escenario de fingidas colinas, bosque y terrones.

Los combates entre gladiadores disminuyen sensiblemente después del edicto de Milán, publicado por Constantino (Año 313), para concluir definitivamente en el año 404 por un edicto del emperador Honorio. Poco a poco el Coliseo fue siendo abandonado. Posteriormente quedó convertido en fortaleza, cuya construcción fueron dañando el tiempo, los rayos, incendios y terremotos. También la mano del hombre intervino en esta inexorable destrucción. 

En efecto, por espacio de muchos siglos el Coliseo fue una verdadera cantera... Una cantera para ganar dinero unos pocos, los Patricios. El conjunto era formidable. El conjunto de esta formidable elipse que es el Coliseo estaba cubierto por un toldo suspendido de unos mástiles o antenas cuyos encajes se conservan todavía. En caso necesario la arena quedaba cubierta por un entarimado desmontable. Si acaso llovía o durante los descansos, el público se refugiaba en las galerías. Las jaulas de las fieras se llevaban hasta la arena del anfiteatro a través de unos subterráneos y planos inclinados.

El Coliseo es sin duda uno de los más asombrosos e imponentes edificios de la Tierra. Ahora a pensar. Ve y observa. El Coliseo donde ahora se enfrentan los esclavos, los gladiadores, esos hombres que cuando mueren sus amos, y los heredan los familiares, para no darles de comer, los vendían, sacaban ganancia de los enfrentamientos, los combates les reportaban mucho dinero. Y ahora, se han inventado las guerras, que son permanentes. El Coliseo es la pradera, los valles y los desiertos, ahora el toldo lo hacen de nubes, aún más barato que en la época del Imperio de Roma. Así que todo son ganancias.

Cuando sobran las manos, porque no saben emplearlas, se montan un Teatro, preparan el escenario, entrenan a los actores, a los gladiadores, fabrican armas, construyen subterráneos para ellos, las fieras sanguinarias. Los divide, y se matan entre ellos, luego si hay petróleo, carbón, oro, cobre, plata o plomo, se lo reparten entre los inversores y sus colaboradores; los cooperantes son ese arco de inútiles que se llaman políticos. Los demás en sus casas, pacientes viendo las matanzas en directo en sus asientos. Un Teatro, que no da más que sufrimiento a la humanidad y, la admiración del Demonio Lucifer. Dos cosas: pan amargo y los juegos del Circo del Mundo.

Todos somos responsables de lo que acontece. El que no media, para evitar el mal de los otros, es tan culpable como el que lleva el arma, el que las fabrica, el que manda al que las fábricas, el que las inventa y diseña y todos los que miran para otro lado, mientras se matan en un combate al que los han obligado  a ir, como a los antiguos esclavos del imperio romano. Muere el señor, muerte al esclavo.

Nos puede pasar algo así, como la llegada de tsunami, huracanes, tifones o terremotos en cascadas. Como por ejemplo sucedió en la antigüedad en Pompeya: <<Cuando al amanecer del día 27 de agosto el Vesubio se calmó y el sol del verano volvió a lucir, Pompeya yacía sepultada bajo una capa de cenizas y la lapilli de 6 metros de espesor. También Herculano fue destruída por un torrente de lodo que se endureció como piedra, formando una capa de 18 metros de espesor. En el lapso de pocas horas unas 2.000 personas de Pompeya y centenares en Herculano, Stabias, Oplontis, Taurania, Tora, Sora, Cossa, Leucopetra no vivían ya pata verlo.

Todas las demás ciudades de la Antigüedad sufrieron el proceso fatal de la corrupción y la decadencia. Pero Pompeya no murió así; y permaneció enterrada por muchos siglos, esperando que la ciencia le quitara su mortaja de cenizas, gracias a las cuales se ha conservado hasta nuestros días.

Después del desastre del año 79 vino el olvido... Y unos pocos siglos después de la catástrofe, nadie podía decir con exactitud dónde habían estado situadas  Pompeya y Herculano. En la Edad Media, cuando se consideraba al Vesubio como la <<Puerta del Infierno>>, había cerca del río Sarno un montón de cenizas llamada la Cività, esto es, <<la Ciudad>>; pero ya nadie pregunta a qué ciudad se refería el nombre. Pompeya había sido olvidada totalmente.

También la Humanidad ha olvidado totalmente las profecías de Zarathustra, y las sabias palabras que le condujeron a la muerte, porque este gran Profeta, como Cristo, fue asesinado por el clero de su época y con el beneplácito del gobierno. Sus palabras eran estas: Piensa bien, siente bien, habla bien y haz lo correcto, el bien. Y, dijo: Cuando vuelva a nacer un Hijo de Dios... Antes de su venida: Las montañas se derretirán, el justo pasará sobre la lava como si fuera leche tibia, y todos los impíos, todos los malvados caerán en los arroyos de lava hirviente. Nostradamus dice algo similar, y Jesús, en el Apocalipsis nos da claras advertencias.

No es que Dios, envíe fuego desde los cielos. ¡No! Se supone, que si seguimos por el mal camino, nos ocurrirá como a la Atlántida o cualquiera de las civilizaciones antiguas que han desaparecido. Cuando los hombres alcanzan un nivel de conocimiento científico, en vez de utilizarlo para el bien común, ¿que estamos haciendo casi todos? ¡BOMBAS NUCLEARES! ¡Armas sostificadas! ¡Drones con fines bélicos! ¡Robots espías, asesinos en potencia! Y, el Demonio se divierte. Porque es un poco loco. Le encanta jugar. Le encantan los combates. Le encantan las orgías. ¡Basta ya! ¡Imbéciles! Jesús es Dios. Él se crucificó, para que nos quedára como un recuerdo histórico ejemplar. Pero, lo han convertido en otra mercancía. Todas las religiones giran en torno al comercio de lo ilícito, ve y observa.

¿Tú eres idiota? ¿Verdad que no? Pues ponte, a idear un plan para la Paz Universal. Reúne a todos en las Naciones Unidas y obliga a todos a un ALTO EL FUEGO. Al desarme. A la creación de NUEVAS REGLAS. Código de conducta. Ve y observa en la Antigua China. La Antigua Grecia. Veras que bien vivimos todos. Lo contrario, será muy negativo. Veremos  o no veremos cumplirse el Apocalipsis, o lo que es igual las Profecías del Jefe de La Nación Lakota Pluma Blanca: Si la razón vence al corazón el mundo... Amor a Dios. Amor a sí mismo. Amor al Prójimo. Amor a la Madre Tierra. Amor es el Nombre de Dios-Cristo. El Amor cura y sana y Salva.

El corazón tiene razones, para salir de este INFIERNO EN LA TIERRA. Continuará, cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias, Padre del Cielo. Amén.

                                          

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