Quizá la poesía no sea nada más y nada menos, que una forma de mirar en el alma y expresar lo que el corazón anhela. Ese concepto tan extendido y tan certero de <<la mirada poética>> define perfectamente el quehacer que durante muchos años ha ocupado a miles de seres humanos iluminados por el Espíritu Santo. Es una altísima facultad, un don precioso, del que a veces el poeta es consciente: <<Acaso están aquí para que en este día>>, yo haya mirado tiernamente mi alma viendo florecer el sentimiento de culpa, esas piedras, que largamente y altamente se alzan como montañas inalcanzables, imposible de escalar hasta la cumbre. Y no sólo esos guijarros sucios: con olor a sangre antigua, el asfalto de alquitrán mojado, la golondrina que regresa a quitar las espinas de la corona de Cristo cada primavera andaluza. Esa manera de sentir la culpa. Aleja del amor. Aleja de los seres queridos. Aleja de vivir la vida.
La cigüeña que regresa al nido de la torre de la Iglesia, hoy encontrando unos ocupas hechos de barro pintado de blanco con alas, pico rojo y ojos; con suave aleteo analiza con rigor, cuando ve todo el nido, lo rodea y se da cuenta de lo inerte se acomoda junto a lo que le es opaco, ella se adapta, aceptando, las luces de las farolas de la plazuela. En la ciudad, en el río, en las fuentes, todo a su alrededor se transmuta cobrando un tinte espiritual. Esa manera de llegar los ángeles, en aquel otoño melancólico, trajo la nostalgia espiritual. Un hombre y una mujer...
¡Hoy tengo todo el tiempo para mirar atrás! Y veo los otoños y las primaveras como ensalmo y maravilla, que se posa sobre cualquier instante existencial, es especialmente eficaz cuando se mide el pasado, se dice: Ha llegado a despertar el alma. Flotando en leve soplo la esperanza misma de amor fiel; el amor y la verdad de una historia interminable, es eterna.
<<El sentimiento de culpa es ese barómetro que nos ayuda a controlar nuestros impulsos, a diferenciar entre la buena y la mala conducta, a ser delicados con los demás y nos induce a subsanar los daños producidos a otros. Laura Rojas-Marcos nos ofrece en su libro El sentimiento de culpa una enseñanza positiva y constructiva sobre este sentimiento tan poderoso y universal. En él nos habla de las diferencias entre la culpa real y la culpa falsa, así como de la importancia de superar este sentimiento tan dañino.
Y nos explica de forma sencilla que para liberarnos de este peso debemos entender su origen y sus motivos, conocer nuestras habilidades para resolver conflictos, afrontar nuestra culpa, superar el resentimiento, saber pedir ayuda y aprender a perdonar a los demás o perdonarnos.>>
Algunas veces pienso en ellos, los mayores, mis abuelos, mis tios y tias ellos, hablaban en voz baja, y, se movían acaso con más miedo aún que nosotros; ellos tenían los ojos nublados, los tenían bajados casi siempre y contraído el ceño; el gesto reprimido, brusca la mueca de la boca. Mi madre, parecía alegre, mientras confeccionaba las prendas con las que nos vestía el cuerpo; lloraba compungida mientras lavaba la ropa, maldiciendo su mala suerte, porque le sangraban los uñeros puñeteros. Mi padre gritaba a pecho descubierto: ¡Yo soy libre! Yo no tengo ni Dios ni amo. Yo soy dueño de mi trabajo y de mi vida, yo no soy un perro esclavo como esos.
Sería, porque era amigo de los poderosos, parecían tan crueles. Sus primos falangistas estaban bien colocados en la cúpula del poder. Su familia fue muy poderosa. El abuelo era dueño de tierras y de una flota de barcos juanelos; amigo del Duque, ambos chirigoteros. Un carnaval eterno fue su corta vida, disfrutó a lo grande mientras vivió. Y todos los demás, tan tristes y amargos. Aún vagan en mis pensamientos sus cuentos tristes de la guerra civil, y del tiempo del hambre. Sus sombras se acercan cuando se acerca mi amiga Amparito, la niña dueña de la fábrica de la nieve; ella cuenta historias de mi abuelo Perico, que era trabajador de la familia Ibáñez.
Creo que amo mucho a Amparito, por sus nostálgicos relatos del Barrio de Bajo de Guía; ya todo está perdonado... Ellos son mi pasado, mi vida, que reencuentro cuando cruzo por delante de la Plaza de Toros del Pino y está sola, cuando miro atrás veo alegría. La España oscura es una casa en silencio, vacía, destruida, aquel antaño era extraño, pero otra vez vuelan los ignorantes mafiosos por doquier, en fin, el amor y el tiempo lo sana y lo cura y nos salvamos.
Los jóvenes, no teníamos más que nuestros sueños, no podíamos aspirar, a escalar el mundo, al menos los de mi barrio. Soñábamos despiertos, todo el tiempo soñábamos viendo las películas de Marisol. Dormidos, ahuyentábamos los miedos a los demonios, las tinieblas escondían los fantasmas, que se acumulaban lentos y quietos alrededor de las camas desnudas de artificios; dormidos sobre un colchón de paja y, yo soñaba con cojines de tela de seda.
Mas siempre al otro día, el despertar sorprendente nos llenaba de gozo el corazón, tan tierno el pan con manteca colorada y, el aroma del café humeante de la casa de mi tía Ángeles, que se colaba por mi ventana sombría. Un frío implacable en invierno y un sol lujurioso en aquellos largos veranos, donde la risa y las voces alegres nos llegaban del Cine Pastora, del Gran Cinema o del Teatro Principal.
Dónde están mis padres, me da gran tranquilidad. ¡Están en el cielo! Quién me iba a decir a mí que el cielo existe, y que lo vería en vida. Cuando murió mi amigo Antoñito, con apenas cinco años, me dejó rota, desolada... Mi tía Isabel, me decía no sufra Mariquita, porque Antoñito está en el cielo. Si miras las nubes ahí lo verás asomado. ¡Y, es cierto! Entre las nubes se ven los rostros de nuestros ancestros, ellos siguen viviendo en otra línea del tiempo; cada uno de nuestros difuntos siguen su vida, viven su realidad en su tiempo, eternamente.
A lo largo de la historia no pocas veces se ha atribuido la culpa de la agresión a tal víctima, a tal hundimiento de un barco a los otros... Esta aborrecible e injusta práctica de acusación se ha basado en factores de engaño, como resistencia ofrecida para salvaguardar la respetabilidad de ciertos personajes y de ciertas naciones... Lo cierto, es que, una se da cuenta, de que una angustia, una aflicción, una culpa y una vergüenza puede venir de eventos o circunstancias vividos en otras vidas anteriores y que sigue la huella en la presente.
No obstante, en mi caso, yo no podía hablar con un hombre, que había aparecido de repente en mi vida. Los recuerdos, que florecieron al principio fueron maravillosos, digamos que al principio de abrió los eventos positivos de aquella vida en la inmensa pradera Norteamérica. Todo emergia, llenando de felicidad mi corazón. Pero, había un sentimiento de culpa que no me permitía acercarme al hombres, me provocaba ... Hasta que hice una regresión y vi el horror de la guerra... Yo me sentía culpable por haber sobrevivido, a aquella matanza; aunque mi muerte fue aún más terrible. Muero de hambre. Mis hijos, pequeños, niño y niña... mueren de hambre en mis brazos. Ese dolor, va conmigo aún.
Tras varias terapias he ido sacando el dolor. El alma es consciente, de los ataque a la integridad y no olvida los abusos, y no es imaginación. Hay doctores, que trabajan y estudian el tema de las vidas anteriores. Mi vida anterior a ésta presente, transcurrió en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. En concreto soy una joven de una familia alemana. Su nombre es Nora. Digo que es Nora, porque ella sigue viviendo en su realidad... Su vida es muy trágica. Su padre es un afamado y adinerado hombre de negocios, constructor de trenes, barcos... Un hombre que es asesinado, junto a su esposa y sus hijos pequeños, a manos de pistoleros, parecen obreros de la fábrica... El final de Nora, es muerte por ahogamiento. Nora se ahoga, porque el barco hospital alemán, que va cruzando el Atlántico es torpedeado... El barco lleva la Cruz Roja, señal de barco hospital con refugiados heridos de gravedad, y un puñado de gente joven.
Para eso es bueno la regresión, para verificar la pura verdad. Con la ayuda de la terapeuta y de los ángeles y de Jesús, saque el esqueleto de Nora del fondo del océano y le di sepultura en una playa... Ella apareció, fue elevada al cielo por el Arcángel Gabriel, igual que la reina María Antonieta, se elevaron al cielo. Para comprender a Dios, en este tiempo podemos hacer terapias a nuestras vidas anteriores. Así salimos de la confusión.
Y, deben saber que los seres desencarnados nos pueden ayudar de muchas formas, y también deben saber, que pueden ser esclavizados por los que practican la magia negra; pueden ser utilizados para causar mal a los vivos, el poder más malo viene de ultratumba.
Hace unos años, tuve un accidente laboral. Me fracturé la columna vertebral por varios tramos... Estuve visitando varias clínica y muchos doctores, todos me querían hacer de cinco a seis operaciones. El día 7 de octubre tenía cita con el neurocirujano para darme fecha para la primera operación. La noche anterior la del 2 de octubre, que es mi cumpleaños, día del Ángel de la Guarda, tuve un sueño vivido: vi a mi tía Ángeles y a mi difunta prima Pepita. Mi tía, se presentó vestida con sus mismas prendas, de siempre, y mi prima que había fallecido ya muy mayor, se presentó con una edad de ocho años, con un vestido blanco, calcetines y zapatos negro de charol, ambas muy sonrientes, resplandecían las dos, rodeadas de luz.
Mi tía, tenía a mi prima con las manos cogida... El caso es que me dijo mi tía Ángeles: Cuando vayas al médico, te va a decir que te operes, tu ni caso. ¡Tu no te operes! Mientras se iba despidiendo insistió: ¡Que te he dicho que tu no te operes! En ese momento me despierto. Yo no me podía mover. Terribles dolores... Tuve unos días para pensar en el sueño. Cuando llegue a la consulta ya sabía la respuesta. El doctor me dijo: -Esto es rápido. Te vamos a operar dentro de dos días, pero, son de cinco a seis operaciones... Esto va pa largo, paciencia... Yo le dije: -Bueno, vale. Ya le avisaré. De momento yo no me opero.
Pasado un tiempo, me fui recuperando, podía caminar. Una tarde, salí rabiando de dolor... Mi perra Canela y yo fuimos a la playa. Yo, lloraba rabiando de dolor. Miraba al sol. Le dije a Dios: Esto no es vida. Yo me quiero morir ya. No lo puedo soportar. En ese momento un perro inmenso da grande salto sobre mi perrita, yo no podía retirar aquel animal, tiraba de la cuerda, me quedé con el collar y la cuerda en la mano, horrorizada gritaba tratando de salvar a Canela de los colmillos de aquel animal. Alce la voz. Clamando la ayuda del dueño del perro. Por favor, apártenlo. Ante la pasividad de esa gente. Yo saltaba y gritaba, clamaba ayuda.
La perrita, se escapó, ella se escurrió como pudo. Me encaré... Con la dueña del perro. Me dijo: -Quién ha visto salir con esa cara de muerta. Yo no tengo la culpa de que mi perro quiera fogarse... Este hecho hizo que todos mis huesos se colocaran en su sitio. Y, a partir de ese día se acabó la cojera, que tanto había divertido a mis enemigas y enemigos y los dolores desaparecieron, colorín colorado esto solo es obra de la mano de Dios. Esto ocurre a menudo, es parte del karma no resuelto y de las lecciones del alma, sin duda es una suerte tener una Terapeuta como Susana A. Villegas, que me ha ayudado a elevar a mis protagonistas de otras vidas anteriores que vagaban perdidos en la atmósfera de la Tierra. No me creas, tu prueba y comprueba.
Después del tsunami que yo sufrí en mi vida, me quedé sin amigas, y sin el círculo de "amigos o conocidos" del partido y de la sociedad sanluqueña. Las calumnia volaron de boca en boca y vuelan aún. Los caminos de la amistad se ramifican y lo que una amiga nos da hoy otra nos lo pedirá prestado mañana. Para merecer el título de amigo hay que estar ahí, cuando se le necesita. Yo no he recibido ayuda de ningún ser vivo, al contrario trataron de hundir mi nave con ahínco.
Hoy la nave navega a toda vela, gracias a DIOS. Las amigas, enredan con los hilos de la envidia. Las amigas remiendan su mala conciencia... Las amigas zurcen las palabras, contradiciendo la verdad, los pedazos de poemas los convierten en tragedia. Los envidiosos aconsejan alejando el amor, todos los pedazos esparcidos en los panteones... Un tsunami que arroja a la playa los pesios de los barcos, esas amigas buenas son escasas, pero haberlas áhilas... Sobraron las palabras para calumniar, pero aún se puede remediar, Mi Escudo, que plantaré colgado en la puerta de nuestro tipi. Las palabras serán rotas a pedacitos y alguna se tragará su seductora manipulación, señal de prostituirse, conquistar con magia negra. Son gente que se entregan con las malas artes al Demonio y tiene un precio muy, muy alto. El Diablo lo que da es... a costa del alma.
Y, todo ocurre, porque yo soy rara. Primero porque cumplo en el trabajo. Según los vagos, que he tenido a mi cargo, yo soy una jefa <<¡muy mala!>> A más de una le dije: -Están echando a perder todo lo conseguido. Estáis atracando el carro de la sociedad del bienestar. Nuestro sueldo es digno, hemos pasado de los 1.500 euros, al mes, vuestro comportamiento hará que vuestros hijos trabajen por 500 euros al mes. Mira, ven. En esto no me equivoqué.
Carmen, yo no voy a trabajar. Me voy a dar de baja unos meses. Mi niño, tiene fiebre, hasta que no este bien yo no voy a trabajar. Voy a pedir la baja. Hasta seis meses de baja, por nada. Porque pagaban la consulta privada. Había baja eterna. La capacidad de sentir la culpa ha rebosado hoy, yo no soy el guardián de la conducta del mundo, pero tengo un sentimiento de responsabilidad y, considero que mi emoción es universal, me duele el mundo, me preocupa el destino de la humanidad, creo que es un sentimiento similar en otras personas.
Quizá solo los locos nos preocupamos de lo importante de la vida. Los expertos sostienen que los principios sociales y los valores se inculcan en el seno familiar. El origen de la culpa es social, aunque la experiencia de la culpa sea personal. Y, de todos nuestros males la culpa la tiene Lucifer, por seducir a Eva y sus consecuencias han sido terribles, para todos los descendientes de Adán y Eva, nosotros.
Un amor sin medida
El amor del Padre por el Hijo es un amor sin medida (Juan 3:35; 15:15; 5:20; 10:30.) Y el amor del Hijo por nosotros es igualmente generoso. Nos ha hecho hijos de Dios al precio de su sangre, nos convierte en amigos suyo (Juan 15:15), nos sienta en lugares celestiales y establece una comunión inconmovible y eterna con nosotros. El amor del Padre por el Hijo no sufre variación; de ahí que el amor del Padre por el hijo tuvo que ser suspendido unos instantes (Mateo 27:46), porque aquel que no conocía pecado fue hecho pecado por nosotros (2.ª Co. 5:21), y Dios, que no tolera el pecado, tuvo que apartar su mirada complaciente del Hijo.
Pero ¿no fue esto también una prueba de amor? Amor hacia nosotros, porque quienes el Padre entregaba al Hijo y el Hijo se daba a sí mismo en el Espíritu; expresión plena y sublime del amor del Dios Trino en favor nuestro. El amor de Cristo por nosotros es tan inmutable como el del padre por Él. A veces, tal vez pueda parecer que se aparta el amor de nosotros; pero sus mismos castigos son prueba de afecto fraternal, porque Dios, al que ama, castiga como todo buen padre (Hebreos 2:6; Isaías 49:15, 16). (Dios no premia ni castiga, Ley del Karma o de la Siembra y cosecha o Causa y efecto). Dios odia el pecado y se aparta, pero no quita su amor de nosotros. Allí donde fija su mirada amorosa, allí queda clavado su amor eternamente (Sof. 3:17).
Un amor sin fin
El amor del Padre por el Hijo... Éste es un regalo grande, muy grande, del gran Médico y Sanador, Cristo, que es nuestro Redentor. No estamos solos. Él ha venido a nosotros, ha entrado en el templo de carne y hueso, en el ser humano. Dios, la fuerza universal en Cristo, nuestro Redentor y Médico y Sanador interno, vive en nuestra alma y es omnipresente en cada célula, en cada órgano, en cada vaso sanguíneo, en todos los músculos, tendones y ligamentos. Ahora, ahora y por toda la eternidad, ¡El está presente en nosotros!
Él, el gran Espíritu, a través de nuestras palabras, a través de nuestros pensamientos, que Le entregamos, quiere despertar la vida interna en nuestra alma, en nuestro cuerpo, y así en cada pensamiento, en cada palabra, en cada sentimiento.
Él dice: la salud y la enfermedad residen en el cerebro lo que el cuerpo refleja. El cuerpo es el eco de lo que está activo en el cerebro. Si queremos alcanzar la sanación completa, si deseamos la paz del alma, de forma que el gran Espíritu pueda irradiar a nuestro cuerpo a través de nuestra alma, tenemos que hacernos una imagen de la salud. Tenemos que hacernos conscientes de que el gran Espíritu eterno vive en nosotros y de que nosotros somos un templo de Dios. Tenemos que hacernos conscientes de que nosotros, cada uno de nosotros, hemos de esforzarnos por el orden del templo, a fin de que el Espíritu, el gran Médico y Sanador interno, pueda traspasarnos por completo. Lo afirmo: ¡Cristo sana! ¡Cristo ayuda! Cristo cura las heridas y salva el alma! Cada uno se hace esta pregunta: ¿Cree en Cristo en él? ¿Creemos en Cristo activo en nuestro corazón?
Una petición a vosotros: dejad que ahora las palabras surjan como imagen en vuestro cuerpo. Llevadla con la respiración dentro de vuestro cuerpo. ¿Creemos en el poder y el amor únicos del Espíritu, que desea lo mejor para nosotros? Llevad las palabras como imagen dentro de vuestro cuerpo. Dejad que surja la imagen. ¿Creéis -cada uno de vosotros- en Su poder que sana y ayuda?
Si es así, pensad hacia vuestro interior, colocando las palabras siguientes en vuestra respiración: Yo creo. Yo creo en el poder del amor, que me sana. La respiración es más reposada. Nos sosegamos. Y ahora la pregunta en nosotros: ¿Nos confiamos a Cristo: en todos los pormenores, en todos los detalles? Dejamos que esta pregunta surja en nuestro cuerpo.
La próxima pregunta: ¿me fío de Cristo en cada situación, en la necesidad y en el sufrimiento, de que Él me da Su apoyo? Acoged estas palabras en vosotros, como imagen o imágenes: ¿me fío de Cristo en todas las situaciones, en todo lo que me sucede, en necesidades, sufrimiento y enfermedad? (Recuerda, toda enfermedad es un efecto de la causa o de la siembra de nuestros actos incorrectos o impuros es el efecto del mal Karma). Si os confiáis a Él, si os fiáis de ël, pensad el <<sí>> profundamente hacia adentro del cuerpo:
Sí, Cristo, ¡confío en Ti!
La respiración lo acoge y lo lleva a las células: Sí, Cristo, me fío de Ti. Si hay algo que aún nos altera, que aún no hemos podido dejar estar, lo ponemos en la manos del Cristo de Dios en nosotros. Lo ponemos dentro de nuestra respiración. El hálito es la mano del amor. Los pensamientos se han distanciado. Respiramos sosegadamente. Y ahora ponemos los dorsos de las manos sobre los muslos. Los pies están apoyados en el suelo. Inspiramos profundamente, bajando hasta la zona abdominal, y luego espiramos: Inspiramos, y espiramos. Inspiramos y espiramos, profundamente, varias veces.
Ahora dejamos que la respiración fluya. Rezamos, llamando a Cristo: ¡Cristo, Luz en nosotros! ¡Plenitud y Amor! Tú nos ves perfectos, nos ves sanos. Llevamos nuestros sentidos hacia el interior y decimos: ¡Cristo en nosotros! Gran Médico y Sanador interno. Tú ves en nuestra alma. Tú sabes qué necesita el cuerpo. ¡Luz eterna! Tú iluminas en nuestro cuerpo. Tú sanas nuestro cuerpo y haces pura el alma. Eterno, ahora hay sanación a través de Tu fuerza, porque Tú eres eterno Ahora. Ahora estás presente. Ahora es eternidad. Ahora traspasas nuestra alma y nuestro cuerpo. Ahora llenas nuestra alma de paz, que nosotros respiramos conscientemente.
Ahora fluye en nuestro cuerpo la fuerza sanadora del Médico y Sanador interno. Sentimos la corriente de fuerza en nuestras manos. Nos concentramos en las palmas de las manos y afirmamos la fuerza de la sanación en nosotros. La corriente de la sanación fluye, alcanza cada célula de nuestro cuerpo, cada órgano. Ponemos la mano derecha sobre el lugar del cuerpo que ha de recibir fuerza y sanación.
Presionamos levemente sobre el cuerpo con las yemas de los dedos. Con ello la mano se arquea y notamos cómo ahí surge un campo de fuerza. Nos concentramos en él y afirmamos la fuerza sanadora del Médico y Sanador interno. Bajo nuestra mano surge un poderoso campo de energía. Es el Espíritu, que ayuda, que sana.
¡Afirmad el estar sanos en este campo de fuerza de vuestro cuerpo! Afirmadlo de todo corazón; así decís sí a Cristo.
Permaneced concentrados. Permaneced concentrados en el campo de fuerza. ¡Oh sentid el Espíritu, que obra, que ayuda, que sana!
¡Él está tan cerca de cada uno! Él está en nuestra alma. Él obra en nuestro cuerpo. Tened fe, confiad y afirmad la ayuda y la sanación del Médico y Sanador interno.
¡Oh Dios y Señor! Tu Hijo obra en nosotros. Oh padre eterno, Tu Espíritu, que obra en el Hijo, ayuda, alivia y sana.
¡Oh afimad el gran poder del amor!
Sentid ahora en vuestro cuerpo hacia adentro y notad: Desde la coronilla de la cabeza fluye la corriente de ayuda y sanación a través de todo el cuerpo. Por los pies, piernas, brazos, manos, regresando a la cabeza, hay más calor. Está fluyendo. Es el Espíritu del amor. No permitáis ningún pensamiento; permaneced en Él.
Retiramos la mano derecha y ponemos nuevamente su dorso sobre el muslo derecho. Sentimos que a través de nosotros fluye un poderoso campo de fuerza. Sentimos que Cristo nos envuelve; sentimos el fluir de nuestra aura. Cristo, el poder del amor, nos da cada vez más fuerza. Cada vez fluye más luz a las células del cuerpo, a todos los componentes del cuerpo. Podemos sentirle a Él. Una vez más Le llamamos: Cristo, creemos en Ti; nos confiamos a Ti por completo. Sentimos Tu fuerza sagrada y sanadora en todo el cuerpo y conscientemente en las palmas de las manos.
Un hombre nuevo en las corrientes del amor infinito. Un hombre nuevo: sano, feliz, eficiente y lleno de fuerza. Un hombre nuevo con gran fe y profunda confianza en Aquel que lo puede todo: Cristo en nosotros. El hombre antiguo, el hombre pecaminoso, puede transformarse por la fuerza del Cristo de Dios, cuando nos entregamos cada vez más a Él, al gran Espíritu, reconociendo con la ayuda de Cristo nuestro comportamiento pecaminoso, lo que está en contra de los Mandamientos de Dios y del Sermón de la Montaña de Jesús, arrepintiéndonos de ello, purificándolo y no volviéndolo a hacer. El no-volverlo-a-hacer resulta a menudo tan difícil.
¿Qué hemos de hacer entonces, cuando hemos purificado, cuando nos hemos arrepentido de corazón? Siempre que nos ponemos nerviosos, que nos estresamos; siempre que alzamos la voz en exceso, que pensamos sobre nuestros semejantes de forma contraria a la ley divina, que nos empujan nuestros pensamientos, sabemos que Cristo nos está llamando para que con Su ayuda reconozcamos estas desarmonías, nos arrepintamos de ellas de corazón y las purifiquemos. Vayamos un momento al interior. Más de uno tiene el deseo de purificar lo que aún le altera, pues queremos sosegarnos por completo para sentir al gran Médico y Sanador, que está en nosotros; porque sentir la presencia de Dios fortalece nuestra fe y nuestra confianza en Él. Comencemos reconociendo lo que nos altera y arrepintiéndonos de ello. A partir de ahí se desarrolla el hombre nuevo. Poned en manos del Infinito lo que os estaba alterando, y afirmad a Cristo en vosotros.
El hombre nuevo en la luz del Cristo de Dios es el hombre fuerte en la fe. Es el hombre que se arrepiente de su comportamiento erróneo, lo purifica, encuentra una legitimidad de la vida y luego la cumple en la vida diaria. Esta legitimidad la introducimos entonces en nuestro nivel consciente. La repetimos una y otra vez, la afirmamos. Así va creciendo cada vez más la confianza en Cristo, y al fin y al cabo la entrega; porque cuanto más nos entregamos al gran Espíritu, tanto más puede Él ayudarnos, estar a nuestro servicio y sanarnos.
La sanación no viene de ninguna persona; la sanación viene del Médico y Sanador interno, que está en el fondo del alma, en cada uno de nosotros. Hagámonos conscientes: En el fondo del alma está Cristo, el Médico y Sanador interno. Él lo puede todo, si nos entregamos a Él llenos de confianza.
Afirmad el Espíritu del Cristo de Dios en el fondo del alma, afirmad el Espíritu de Dios en cada célula de vuestro cuerpo, en los músculos, tendones y ligamentos. ¡Afirmad el Espíritu de Dios en cada componente de vuestro cuerpo!
¡Decid sí, sí a Aquel que lo puede todo!
Cuántas veces oímos decir que para tal o cual enfermedad no existe ningún curalotodo. Es más, la ciencia dice que no existe en absoluto un curalotodo para las enfermedades. Sin embargo, ¡sí que hay un curalotodo! Es el Espíritu de Dios en nosotros. Él lo puede todo, si nos entregamos a Él.
Nos dirigimos al interior. Cerramos los ojos, ponemos los dorsos de las manos sobre los muslos. Y respiramos y espiramos...
El Reino de Dios está en nosotros. El Reino de Dios es la plenitud en nosotros. Respiramos adentrándonos en esta plenitud, inspiramos y espirando profundamente varias veces, en esta consciencia.
El Espíritu de Dios respira a través de nosotros. Inspiramos y espiramos. Inspiramos y espiramos. Respiramos bajando hasta la zona abdominal, y nos concentramos en nuestra respiración. El Espíritu de Dios fluye en nuestra respiración. El Espíritu de Dios llena nuestras células con luz y fuerza.
El Espíritu de Dios nos ayuda a que nuestros pensamientos se retiren, a que llevemos nuestros sentidos hacia el interior y permanezcamos en la gran luz. Ahora estamos respirando de forma muy sosegada y profunda. Nos hemos sosegado. En nosotros fluye el silencio. El silencio fluye por nuestro sistema nervioso. El silencio, que es Dios, relaja nuestro sistema nervioso.
Nos sumergimos en la luz infinita, que nos circunda. Es el Cristo de Dios sanador. La luz nos circunda. cada uno de nosotros está en vuelto en la luz que sana y ayuda del Cristo de Dios.
Dios, la Luz, fluye en nuestro cuerpo. La luz sanadora se va acrecentando en nuestras células, y decimos sí, sí a Cristo en nosotros. Sentimos la presencia de Dios, una suave vibración en nuestro cuerpo. Todos los componentes del cuerpo reciben Su luz. La luz es amor. El amor sana. Cristo ayuda. Cristo redime y salva el alma. La Paz de Dios es la Paz de Cristo dentro de tu corazón.
Decid sí a la luz que os envuelve, y poned la mano derecha sobre la parte del cuerpo que escojáis. Que las yemas de los dedos toquen el cuerpo con algo más de fuerza; así la mano se arquea ligeramente. Concentraos en esta zona, y sentiréis que se va formando un pos¡deroso campo de fuerza. Es el Espíritu. Es el Espíritu del Cristo de Dios. Es el Médico y Sanador interno. Él sana.
Dios es presente. ¡Ahora es sanación, ahora es presente! Permaneced concentrados, y sentid la poderosa corriente. Sentid el campo de fuerza en vuestra mano y en el cuerpo. Permaneced concentrados en esta energía sanadora, y afirmad la sanación. Afirmadla sin dudar. Decíd ¡sí! ¡Sí!, Cristo actúa en mí. Está fluyendo. Está sanando.
¡Oh sentid la presencia del Cristo de Dios! Sentidla: esto fortalece la fe. Sentidla y afirmad: yo estoy sano gracias a Cristo. Estoy sano gracias a Cristo. Afirmad la salud, y así estáis afirmando la fuerza sanadora. No consintáis ningún pensamiento; concentraos. Está sanando. Pensad hacia adentro de vuestro cuerpo; ¡yo estoy sano!
¡Creedlo! Creed que estáis sanos. Creedlo, porque Cristo es la salud. Él ayuda, Él sana, es más, Su voluntad universal es sanarnos a todos, ayudarnos, hacernos felices. Entregaos, afirmad: sí, Cristo, estoy sano. Nuestra respiración es sosegada y profunda. Nuestra consciencia siente el silencio y el amor infinitos, que sanan.
Afirmad profundamente y agradecidos el Espíritu de Dios en vosotros, en nosotros. Sentidle a Él, que fluye en vosotros, en nosotros. Sentid Su presencia. Sentid la ligereza de vuestro cuerpo. La corriente sanadora ha elevado la consciencia. Cristo es Dios.
¡Gran y poderoso Espíritu universal eterno! Tú eres la armonía universal en cada célula de nuestro cuerpo.
Eres la armonía universal en nuestros nervios, en cada componente de nuestro cuerpo. Tú eres también la corriente sanadora en nuestra respiración sosegada y profunda. Eres la vida que nos envuelve, que respira a través de nosotros, que late en nosotros.
Tú eres el manantial de fuerza en la corriente de la sangre. Eres el impulso en el corazón. Tú nos traspasas una vez más desde la coronilla hasta las plantas de los pies y, regresando, desde los pies hasta la coronilla. En Tu corriente sanador nos movemos.
Tu fuerza sanadora está en nosotros. Tú siempre estás presente. Por eso también la sanación es siempre ahora, donde vamos o estamos. La sanación está presente, la sanación es ahora, porque Tú eres la vida, la fuente de la salud en nosotros. ¡Cristo es Dios! Dios es Cristo! Sentid Su presencia, ahora y siempre.
Cristo, Te damos juntos las gracias por Tu amor fiel, siempre presente. Te damos las gracias porque siempre nos das ánimos para que afirmemos Tu Espíritu. Nos das ánimos para que, aunque todavía tengamos dolores, digamos: yo estoy sano. ¡Estoy sano! Porque la sanación está presente. Señor, Tú nos das la fuerza para que formemos, en esta consciencia, un nuevo hombre, la imagen de un hombre en Tu Espíritu.
Cristo,Tú estás con nosotros. Dondequiera que vayamos, dondequiera que estemos, siempre está en nosotros el Espíritu que ayuda, el Espíritu sanador, y espera a que nos entreguemos de corazón. Sigamos aún por breve tiempo rezando en silencio, para que cada cual pueda expresar a Cristo lo que siente en estos momentos.
Cristo es nuestro Redentor y Salvador. Que esta vivencia nos acompañe y nos estimule cada vez que queramos volver a caer en nuestras antiguas costumbres. Él desea la imagen del nuevo hombre: un hombre en Su Espíritu. Os deseo de todo corazón que permanezcáis en la consciencia de que Él está presente. Y decid una y otra vez: yo estoy sano -aunque sintáis que en el cuerpo aún hay algo que no está en orden-. Afirmad la fuerza positiva: yo estoy sano. Yo soy feliz. Con Cristo todo es posible.
Hagámonos conscientes de que el gran Espíritu nos ama. Cuanto más nos entregamos a Él, tanto más profundamente sentimos Su presencia. Todos los días agracedle a Dios. Rezadle a Él, y sentiréis Su presencia, porque no estamos solos. El alma luminosa en la luz del Cristo de Dios hace la persona sana, alegre y feliz.
Él, el gran Espíritu, nos guía para que salgamos de la tentación, nos guía para que salgamos de nuestros pecados, si nosotros queremos. En esta hora, hagámonos profundamente consciente de ello: El Cristo de Dios está en nosotros. <<¡Sintamos hacia nuestro corazón físico. Cerca de nuestro corazón físico resplandece la fuerza del Cristo de Dios, la fuerza redentora, que quiere traspasarnos por completo. Tal como nos entregamos, es decir, como nos entregamos conscientemente, recibimos esta luz maravillosa!>>
Ella fluye a través de nuestra alma. Fluye en nuestras células. Hace surgir células fuertes y sanas y conduce las células enfermas o débiles a su eliminación. Esto es en nosotros, en el cuerpo, el circuito de la sanación. Seguro que más de uno de nosotros se ha dado cuenta de que una entrega consciente da fortaleza interior.
La entrega consciente fortalece nuestra fe. Se convierte en una fe viva, porque estamos más atentos y, con la ayuda del gran Espíritu, nos arrepentimos de nuestros aspectos humanos pecaminosos y los purificamos. Y más de uno de nosotros sabe cuál es el próximo paso que lleva hacia Cristo. Esto fortalece al creyente. La confianza aumenta, la entrega se convierte en una profunda afirmación de que en nosotros está el Espíritu de Dios, el Cristo de Dios, de que el gran amor nos apoya, nos ayuda y nos sana.
Cristo, el Espíritu en el Padre, es la Fuerza universal, la Presencia universal. Presencia universal significa: Dios en todos los hombres, Dios en todos los seres, Dios en todo cuanto existe. ¡Dios es Jesús!
Asegúrate de no albergar resistencia internas, ni odio, ni negatividad. <<Ama a tus enemigos>>, dijo Jesús, lo que por supuesto significa: <<No tengas enemigos>>. Ahora te será útil adoptar una perspectiva diferente. ¡USA TU PODER! ¡PIENSA A LO GRANDE TEN FE!
Ahora estás experimentando un crecimiento espiritual. Tal vez sientas que ya no hay espacio para ciertas amistades, creencias o viejos patrones mentales negativos. Sigue adelante; debes saber que estás creando espacios para nuevas personas, maneras y energías asombrosas. Sustituye las discusiones que tienen lugar en tu cabeza por conversaciones llenas de amor, compasión y apoyo. Borra lo negativo, deja de seguir a los necios..., bloquea a los acusadores, y continúa tu camino.
Comprueba qué consumes, para el cuerpo y para la mente. ¿Problemas de apegos? Comprueba si eres víctima de magia negra. Si estás apegado al sexo... o las drogas, el Diablo anda cerca. Piensa en lo que deseas dejar atrás y lo que quieres que se presente en su lugar. Es hora de cortar con los malos hábitos... Cuando nos libramos de lo que ya no nos sirve, creamos espacio para lo que deseamos ocurra. San Miguel, el mayor de los vencedores, el Príncipe de los Reinos de los cielos; El Guardián de Cristo la Verdad de Dios.
Lo bueno de los milagros es que, si pasan, es para bien. Nadie hablaría del milagro de la muerte, aunque sea tan inesperada como el hecho de que se salve una sola persona en un accidente aéreo o de autobús. El milagro, siempre, tiene una connotación positiva, relacionada con la vida, y e la que nos hace, a todos los mortales, albergar la esperanza de que existe.
La cuestión es: los milagros, ¿realmente suceden? La respuesta, por supuesto, no es sencilla. En principio, entendemos que un milagro es la suspensión de las leyes de la naturaleza. Es un suceso que no cuadra con ciertos preceptos científicos que son los que, hasta ese momento, describen cómo funciona el mundo. Por ello, no es un problema que involucre solamente a la teología: es una cuestión también filosófica, de concepción del mundo.
Desde las religiones, los milagros adquieren un lugar importante. En la mayoría de las que proclaman un Dios que es más poderoso que el hombre, el milagro tiene un sitio privilegiado. En varias religiones, un hecho sobrenatural definió o acompañó el surgimiento de un profeta, e incluso se considera como el momento fundacional de ese credo. Sinembargo, muchas religiones, consideran que el tiempo de los milagros ya pasó. Lo reconocen en el pasado, pero creen que ya cumplió su cometido, que era la implantación de un profeta o de su obra. Así, los milagros tenían la función de validar, de hacer creíble, la llegada de un Mesías al mundo.
Ahora, dicen, ya no tiene sentido, porque el profeta ha dejado su obra y su tarea realizadas. En la religión católica, sin embargo, los milagros siguen teniendo su lugar privilegiado. De por sí, buena parte del Nuevo Testamento se basa en el relato de los milagros obrados por Jesús. Pero eso no es todo. Los milagros, para varias corrientes cristianas, se siguen produciendo en la actualidad. O, al menos, no condenan que los fieles continúen pidiéndole a Dios que obre prodigios en su favor. Si es bueno para los muchos, lo concede.
Es un buen momento para que Dios obre un milagro para la conversión de los comunistas y socialistas ateos: ¡Fuentes de agua viva!, arroyos, ríos y lagos en todos los desiertos de toda la Tierra. Hecho está, el ruego. Gracias, Padre que sé que nos ve, nos oyes y nos lees. ¡Jesús!, yo en ti confío, que sea pronto y sin causar daños, ni catástrofes alguna a la humanidad, lluvia suavecita. ¡Que llueva! ¡Que llueva en toda la Tierra a su tiempo, en la estación perfecta, para la siembra de las semillas! Veo grandes bosques, renaciendo.
¡Yo no quiero más envío que unos largos ríos, y unos inmensos lagos de aguas limpias y claras y paz universal y global! ¡Los desiertos!, lo afirmamos todos, están floreciendo en nuestra mente del colectivo mundial, los vemos en flor, las visiones llegan con verdes e inmensas praderas, bosques de palmeras y suave es el rumor del amaranto y de los rosales bajo un cielo azul, los robot y las máquinas van derecho al asalto, el ancho camino se abre breve.
Continuará, cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Y dile a mis amigos que no necesito nada. Que tengo amor,..., una paga, a la cual le han robado un 25%, los siniestros, con la que puedo pagar la electricidad, las legumbres, el pan y que no me alcanza, para pescado o queso, ni para ir al Teatro ni tengo para viajar y por eso me agobian las penas, tengo un coraje. Tengo un cielo limpio de día y miro los astros de noche y escucho el horóscopo con gozo, me gusta, las palabras delicadas: Libra está de buena racha. Todo se concreta, se abre una brecha, aunque te hagan magia negra, él te ama, y mira aplaudo, llega el carro, oh, fortuna Dios ayuda, el Padre se ha enterado y envía a los ángeles, Él te ayuda, riqueza y prosperidad, cuando se asiente tu cabeza y aleje las penas. Oh, Señor, mandame un batallón de ángeles a la Tierra, Paz.
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