lunes, 20 de noviembre de 2023

El Bosque Mágico - Lo que los jóvenes preguntan 35º

 La historia está llena de figuras revolucionarias que, una vez que derribaron al gobierno anterior, se convirtieron en gobernantes autocráticos, conservadores y represivos. La revolución cuando es llevada demasiado lejos y, en lugar de tensar el globo, acaba por hacerlo estallar y, a menudo, eso sucede delante nuestras narices. Al tratar de recomponer de nuevo las cosas, el resultado suele ser una estructura inflexible que no se puede quebrar tan fácilmente, pero que tampoco puede cambiar. Durante este periodo tendrá que vigilar el aspecto más dictatorial de sí mismo y tener cuidado de no apoyar o aprobar actitudes revolucionarias que amenazan con hacerse rígidas y monolíticas una vez que logran destruir el statu quo. Si consigue trabajar en favor del cambio, pero de una manera responsable, es muy posible que sea capaz de pacificar la necesidad de dominación que tiene Saturno y transformar así los aspectos más destructivos de su energía en los tan necesarios del duro trabajo y la juiciosa dedicación a la tarea que se debe llevar a cabo.

Aprender a reírse con la gente y no de ella es muy importante aquí. La irreverencia, por sí misma, conduce con demasiada frecuencia a la falta de respeto hacia los demás, por sí misma, conduce con demasiada frecuencia a la falta de respeto hacia los demás, hacia las instituciones sociales y, en último término, hacia uno mismo. El humor servirá para aligerar considerablemente la situación, siempre y cuando se mantenga dentro de ciertos límites y no degenere nunca en un pesado y mordaz sarcasmo o en el ridículo.

El desánimo tiende a arrojar un manto sobre los poderes magnéticos humanos. La vida parece gris y apagada. Nadie desanimado está realmente interesado en evolucionar o cambiar en los momentos bajos. Ciertamente, puede haber personas  interesadas en trabajar para su beneficio, puede que esté a la orden del día el cambio de su modus operandi habitual. A la hora de trabajar para crear una persona más animada, se le mostrará que el interés por sí mismo es necesario para un cambio efectivo. Lo mismo que Cenicienta, una persona puede florecer y convertirse en esa hermosa flor en la que cada abeja y mariposa desea meter su nariz. Desplazamiento hacia el centro. En lugar de acusar a los demás o al mundo, limítese a aceptar que su tarea consiste en hacer algo respecto y emprender una acción inmediata para solucionarlo.

En el trabajo espiritual de muchas escuelas de creencias, se otorga un mayor valor a la atracción y un menor valor al apego. Al apegarnos a algo, solemos quedarnos empantanados y perdemos la oportunidad de crecer, desarrollarnos y avanzar. La gente que obtiene un mayor éxito durante este período son aquellas personas capaces de forzar las reglas sin romperlas. La irritabilidad de Júpiter en la cúspide de la Revolución se niega a ser contenida por las limitaciones y la amenaza de una revuelta directa es aquí muy fuerte. No obstante, el grado de antagonismo y rechazo despertado por tal comportamiento no permite que las cosas sean fáciles para nadie.

Así, la mejor buena suerte la encontrarán aquellos que presionen gradualmente los límites y hagan ver a otros la sabiduría y la eficacia de los cambios que proponen. Júpiter siempre aspira a expandir los límites y, en consecuencia, se siente muy a gusto aquí y, de hecho ayudará en sus proyectos si visualiza su éxito mientras todavía trabaja en ellos. Al mismo tiempo, sin embargo, eso significa dejarse deslumbrar por una falta de calidad o dirección que puede llevar a la autodestrucción. Escorpio es un signo de agua, fuerte en el ámbito emocional, mientras que Sagitario es feroz e intuitivo. <<Eso significa que tendrá que moderar sus feroces emociones y poner en juego las características más prácticas y lógicas de los dos elementos que faltan aquí: la tierra y el aire, respectivamente.

Así, pues, se necesita una clase de actitud pragmática y de sentido común para equilibrar las actitudes más perturbadoras y rebeldes. Aquello que los demás objetan no es tanto el contenido de sus ideas, sino su actitud, en la que puede haber una grave ausencia de respeto, lo que no hará sino enojar a todo el mundo en el proceso.

Al no atacar, sino dejar más bien intactos los valores de los demás, al reconocerlos, aunque no esté de acuerdo con ellos, y al demostrar seguridad en sí mismo permitirá que Júpiter haga funcionar su magia, capaz de producir cambios constructivos. Los individuos que puedan ser ayudados o incluso liberados durante este período, tanto socialmente como dentro de la unidad familiar, atraerán inmediatamente su atención. Esta posición de Júpiter aparece acompañada por una necesidad innegable de ayudar y también de reformar. Quizá se vea a sí mismo como un caballero montado en un caballo blanco, o como una Juana de Arco, que ayudan al débil y al desfavorecido o que protege a los desvalidos.

Ahora tiene la posibilidad de alcanzar un gran éxito en esta dirección, pero tenga cuidado para evitar que los demás sean demasiado dependiente de usted y no acepte responsabilidades enormes y duraderas que, en último término, podrían pesarle demasiado. De hecho, es muy probable que alcance más éxito ahora si se dedica a cambiar leyes, reglas o prácticas injustas, que tratando de cambiar a la gente o inmiscuyéndose en su vida personal, lo que no haría sino crear situaciones confusas de las que quizá le resulte difícil desembarazarse en el futuro.

<<En las sociedades democráticas no sabemos muy bien qué es que lo que hay que saber ni quién sabe lo que hay que saber. Qué tipo de autoridad tiene el conocimiento, cuál es el conocimiento más relevante para las decisiones que hemos de adoptar y quién dispone de él son cuestiones controvertidas. Ni damos por hecho que esa superioridad cognitiva corresponde a quienes de hecho ejercen el poder, ni es evidente el grado de autoridad que tienen quienes forman parte del sistema científico cuando se trata de tomar decisiones que afectan a toda sociedad.

Sabemos que el saber es muy importante, pero eso no nos resuelve el problema de identificar qué saber es importante en cada caso y quién lo tiene. Históricamente, y según los asuntos de que se tratará, hemos concedido esa autoridad a los intelectuales, a los expertos o a la ciudadanía de manera indiferenciada. Seguramente ninguna de estas figuras agota lo que hemos de saber y son más bien complementarias, pero de hecho tendemos a conceder primacía a una de ellas según el modelo de democracia que tengamos y en virtud de las experiencias históricas por las que tengamos y en virtud de las experiencias históricas por las que hemos pasado.

Aceptando que algo de todas estas figuras queda en el modo como finalmente construimos la infraestructura cognitiva de nuestras democracias, voy a sostener que el intelectual es predemocrático (su elitismo ya nos se corresponde con una sociedad de inteligencia distribuida), el experto es posdemocrático (representa el intento de sustituir la legitimación democrática por la autoridad epistémica) y el tertuliano es el más representativo del espíritu de la democracia en tanto que régimen de opinión (la fuente última de legitimidad es la ciudadanía, y este título no se debe a lo que sabe, sino al principio de soberanía popular)...>>

<<Los libros pueden ser abandonados antes de tiempo, leídos de muy diversas maneras, ojeados en diagonal, a saltos, también hacia atrás, pero en principio plantean la expectativa de constituir una totalidad finita, que un lector debería recorrer íntegramente. El pacto implícito de la lectura es dejarse llevar desde el principio hasta el final y de una manera lineal. Paradójicamente, la lectura es también un acto constitutivo de libertad. No en vano el paso de las sociedades orales a las sociedades del libro implica el nacimiento de la subjetividad moderna, de la conciencia que interpreta las escrituras en vez de tomarlas según el formato de la predicación, del sujeto que es capaz de entender sus derechos y hacerlos valer.

El hecho de que uno pueda leer en cualquier tiempo y lugar es el fundamento de que el mundo sea para quien lee una realidad siempre interpretable personalmente. Las antiguas culturas orales -y en cierto sentido también nuestras actuales sociedades del espectáculo- son culturas en las que los maestros de escena tienen un poder absoluto porque el mundo aparece y desaparece con ellos, sin la fijeza de un texto objetivo y permanente (René Descartes lo llamaría el gran libro del mundo) respecto del cual los lectores deciden su posición.

Si las sociedades orales eran menos libres que las sociedades de cultura escrita es porque la escucha es más autoritaria que la lectura. Los rapsodas que aparecen en los diálogos socráticos tienen una autoridad que no procede de libro alguno, sino de haber escuchado a su vez a alguna antigua autoridad. Pese a estar enemistado con los libros, Platón inició un debate que culminaría en la figura del sujeto moderno lector, consciente, titular de derechos y ciudadano de una democracia. Por eso pudo decir Víctor Hugo que el libro nos libera de los maestros. Ese libro a cuya lectura nos entregamos permite que abandonemos la pasividad de la cultura oral.

Goethe tenía a la vista esta figura del espectador moderno como lector crítico cuando en el <<Preludio en el teatro>> de su Fausto I pone en boca del preocupado director teatral estas palabras referidas al público: <<han leído tanto que me asustan>>. ¿Cuál es la razón de que el lector pueda ser más crítico que el espectador? Si hubiera que sintetizar en una imagen a qué se debe en última instancia esa libertad, yo diría que no es tanto la lectura en general, sino un determinado tipo de lectura, concretamente lo que podríamos llamar <<la segunda lectura>>.

Quien asiste a un espectáculo oral no es dueño de la escena, el ritmo se le impone, no puede detener el tiempo o echar atrás y revisar lo vivido. Con la escritura las cosas son de otra manera. Como el pensamiento puesto por escrito posee una configuración espacial, es posible que el lector lo siga con su propio ritmo y perciba sus fallos. La escritura se presta muy bien a un trabajo analítico.

La lectura procura una sensación de control y de seguridad cognitiva que la oralidad no podía proporcionar. Siempre es posible volver a leer, marcar el propio ritmo de lectura, releer críticamente, volver atrás para comprobar lo leído, superar la inmediatez de la primera impresión, algo que no se da en la transmisión oral. Nietzsche formulaba así esa libertad de la segunda lectura: <<Leer bien, es decir, despacio, profundamente, mirando hacia atrás y hacia delante, con reservas mentales, con las puertas abiertas, con dedos y ojos delicados>>. Quien se definió a sí mismo como amigo del ritmo lento, del arte de leer despacio, el maestro de la sospecha, estaba tocando el núcleo de la libertad humana, una realidad sublime que depende a fin de cuentas del acto banal de ser libre para decidir cómo, cuándo y en qué dirección pasar las páginas.

<<Hoy todo tiene una cultura; me he encontrado esa expresión en las instrucciones de uso de una aspiradora, se utiliza para calificar el comportamiento de nuestros representantes e instituciones y se habla incluso de la <<cultura de la corrupción>>. El término se emplea tanto para referirse a una determinada identidad corporativa como a los contextos que explicarían ciertas acciones. Cuando una palabra sirve para tantas cosas, lo más probable es que no sirva para nada. La carrera meteórica que ha hecho la cultura como término tal vez sea el reverso de su creciente insignificancia como realidad.>>

<<Las diversas actividades que relacionamos con la cultura (la música, la lectura, el cine o el teatro) ocupan un lugar muy peculiar en la economía de las acciones humanas. Por un lado, son realidades vinculadas al ocio, pero tienen también una dimensión de negocio; son una forma de vida para muchas personas y algo que está fuera de la lógica del trabajo y de la economía para casi todas.

En esta segunda dimensión, la cultura tiene un carácter de fin en sí mismo, de exceso y gratuidad. Si alguien preguntara para qué sirve una sinfonía, deberíamos recomendarle que revisara el concepto que tiene de utilidad. Va contra la idea misma de la cultura la exigencia de que tenga que ser algo que haya de ser justificado. Aunque las obras literarias enriquezcan el idioma que usamos, aunque en las catedrales se oficien ceremonias religiosas y la música modifique nuestro estado de ánimo, hay en todas ellas una dimensión que se resiste a ser justificada por su rendimiento.

No sabemos muy bien para que sirve la cultura, pero el problema tal vez sea que se trata de una pregunta que no tiene mucho sentido y que obedece a nuestra obsesión de que las cosas se justifiquen por su utilidad. La cultura sufre por esta presión más que por la escasez de recursos. Si la derecha entiende la cultura a partir de su utilidad para la competitividad, la izquierda la concibe como la clave para la resolución de los problemas sociales.

En ambos casos la cultura queda subordinada a una finalidad y, buena parte de los fallos de la formación que proporcionan las instituciones educativas procediera no tanto de los registros cuantitativos medidos por el informa PISA como el hecho de que nuestra idea de utilidad es muy estrecha y, paradójicamente, muy poco útil? Si uno sólo aprende lo ques útil, lo inmediatamente aplicable, lo que corresponde a las necesidades del propio tiempo, corre el riesgo de no prestar atención a las cuestiones verdaderamente relevantes.

Estudiar lo que se necesita para la vida es una de las cosas menos interesantes que se hacen en la escuela o en la universidad. Acusarles de que todavía enseñan cosas que no sirven para nada es un claro indicador de que no se sabe ni para que sirve la información ni qué cosas son necesarias para vivir. Lo que deberíamos preguntarnos en qué utilidad tiene preguntarse por la utilidad de la cultura.

Cuando se afirma que un determinado problema debe solucionarse por medio de la educación y la cultura, hay que interpretarlo como que no tiene solución o, al menos, no una inmediata, que debemos confiarlo todo a una siembra impredecible que tal vez propicie las condiciones necesarias para que en un lejano futuro alguien solucione lo que hoy por hoy no tiene arreglo.

El registro temporal en el que actúan beneficiosamente la cultura o la educación es el de la larga duración y no el de los resultados inmediatos. En ese amplio espacio temporal las cosas menos útiles suelen terminar revelándose como extremadamente útiles. Los conocimientos que no sirven para la solución de un problema proporcionan, sin pretenderlo, una capacidad para identificar los problemas más importantes entre tantos que son únicamente muy ruidosos o para adquirir unas destrezas que no figuran en el catálogo oficial de las competencias curriculares. Puede que una obsesiva orientación práctica nos esté privando del placer de los idiomas antiguos o minoritarios, de la belleza sin rendimiento, la contemplación gratuita y el conocimiento sin competencia...

La idea de todo saber debe ser aplicable y se acredita por su utilidad inmediatamente destruye el momento de ocio, la demora que es propia del pensamiento. La cultura está hecha de interrupciones y moratorias, gracias a las cuales podemos cambiar de orientación, modificar nuestra instalación en el mundo o redefinir los problemas. Reflexionar es resistir al imperativo de que las cosas sigan siendo lo que eran, romper por un instante su terca continuidad. Eso que para un pragmatismo elemental constituiría una pérdida de tiempo resulta ser más transformador de la realidad que la agitación y el activismo.

No hay verdadero cambio social que no haya sido precedido por una fase de reflexión. Debemos esperar hoy más cambios de los conceptos, de las teorías y de las experiencias verdaderamente nuevas que de la aceleración en los carriles de lo ya conocido. Por cierto: una de las cosas sobre las que tendríamos que reflexionar (y las distintas manifestaciones culturales pueden ayudarnos a abrir ese espacio de interrogación) es por qué, habiendo sido liberados por las máquinas de una buena parte de los trabajos más pesados y gravosos, apenas notamos el alivio. Hemos vuelto a organizar nuestras vidas de manera que ni siquiera en el llamado tiempo libre tenemos un momento para respirar...

Un nuevo antagonismo está haciendo su aparición en el paisaje político y sustituye en buena medida a otros que hasta ahora nos servían de orientación: lo cerrado y lo abierto. El principal eje de confrontación ideológica parece ser el que opone lo cerrado (el rechazo del otro, del intercambio, de la coexistencia, de la solidaridad) a lo abierto (el deseo de una mayor integración europea, el favorecimiento del comercio internacional o la consideración más bien positiva de la globalización). Probablemente este nuevo antagonismo no sustituirá del todo a otros como el de derecha e izquierda; más bien se superpondrá a estos dando lugar a combinaciones inéditas y alianzas que ya han comenzando a sorprendernos. Aunque ahora vivamos un momento de repliegue, mi hipótesis es que esta tendencia es mucho más débil que los beneficios de una apertura bien gestionada, lo que, por cierto, no ha sido así y de ahí que grandes sectores sociales vivan la apertura global como una amenaza.

<<Vivimos en una globalización sin contrapartida social y eso explica que muchos la perciban fundamentalmente en términos de amenaza. Nos encontramos en medio de una alternativa que es claramente insatisfactoria, obligados a elegir entre globalistas que no salen de sus viejas recetas de libre cambio y el instinto proteccionista que confunde con torpeza los propios intereses con los intereses más inmediatos. Mi hipótesis es que no conseguiremos superar este momento en el que parecen ganar los partidarios de lo cerrado, esa voluntad de protección que se está llevando a cabo irracionalmente con exclusión del otro y maximización del propio interés, mientras no construyamos una sociedad que cuide y proteja, algo que ya no puede realizarse con los viejos instrumentos.>>

<<La Nueva Jerusalén no es una ciudad de Israel. Es una metáfora para un Nuevo Paradigma del planeta Tierra llamado <<¡Paz!>>. Representa la solución de lo insoluble y la sanación de los corazones. Es una Nueva Energía que convierte la ira en templanza y transmuta el odio en comprensión.>>

Institución de la Monarquía. David.- La monarquía apareció balbuciendo con Saúl, consolidándola David, hijo de Jesé, gracias a sus éxitos militares. L  institución del régimen  monárquico, hecha a petición del pueblo de Israel, implicó la centralización política y religiosa. La obra de David (1012-972 a. de J. C.) culminó con la toma de Sión-Jerusalén, a la que designó capital de la nación y a la que se trasladó, desde Quiriat-Jearim, el Arca de la Alianza, colocándola en la cima del monte moria. Al referir el traslado del Arca, en un carro, a Jerusalén, dice el libro II de Samuel:

<<David y toda la casa de Israel iban delante de Yahvé y al son de cítaras, salterios, adulfes, sistros y címbalos>> (Sam. II, 6,5). Y añade: <<Llevaron, pues, el arca de Yahvé y la colocaron en su lugar, en medio del pabellón que David le había preparado, ofreciendo luego David holocaustos y sacrificios pacíficos en presencia de Yahvé. Cuando David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y sacrificios pacíficos, bendijo al pueblo en nombre de Yahvé y a continuación repartió a todo el pueblo, a toda la multitud israelita, tanto hombres como mujeres, una torta de pan, un trozo de carne y un pastel de uvas pasas para cada uno, marchando después toda la gente a sus casas respectivas>>. (Sam. II. 6, 17, 19).

<<El espíritu religioso de David se manifiesta en los Salmos. En cierta ocasión dijo el monarca al profeta Natán: <<Observa que yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios mora bajo la lona>> (Sam. II, 7,2). Pensaba entonces en erigir a Yahvé una morada más conveniente, pero este primer proyecto del templo no se llevó a cabo.>>

Salomón.- El templo de Jerusalén, construido en la cumbre del monte Moria, fue obra del hijo de David, Salomón (971-931 a. de J. C.). Rey magnificente al estilo oriental. Salomón organizó el ejército con caballos y carros, para apoyo de sus tropas de infantería, y abarió definitivamente a los cananeos. Amigo de los fenicios, éstos le proporcionaron artífices y maderas de cedro y ciprés del Líbano para el monumental templo que debía constituir su mayor timbre de gloria. El templo salomónico, construido en siete años, fue un edificio rodeado de un patio a cielo abierto e integrado por el vestíbulo (ulam), el aula (hekal) y el santuario (debir) o Sancta Sanctorum. Los detalles de la construcción pueden leerse en el libro I de los Reyes 6, 1-38).

EL TEMPLO DE JERUSALÉN.- Flavio Josefo, autor judío, unos diez siglos posterior a la fecha de dicha construcción, nos describe también en sus Guerras de los judíos (Lib. 5, cap. 5) el templo de Jerusalén, tal como había llegado a su generación, con toda suerte de detalles. Aunque no era, por cierto, el levantado por Salomón sino por Zorobabel. He aquí un fragmento del texto:

<<...El lugar más sagrado del templo estaba en medio, y se llegaba a él por doce gradas... Todo el edificio estaba dividido en dos partes, pero sólo la primera parte se ofrecía a las miradas... contenía tres cosas famosísimas y admiradas por oda la humanidad: el candelabro, la mesa (de los panes de la proposición) y el altar del incienso. Las siete velas aludían a los siete planetas, pues tatos eran los brazos del candelabro. Los doce panes de la mesa significaban los signos del zodiaco y el año. El altar del incienso con sus trece aromas diferentes, traídos de tierras lejanas, alegorizaban a Dios como dueño de todo lo que hay en el universo y en señal de que todas las cosas le servían. El lugar más recóndito del templo medía 20 codos (= 8,20 metros). Estaba separado de la habitación anterior por un velo. No había nada en él. Era inaccesible, inviolable e invisible: se llamaba el Sancta Sanctorum.>>

LA SEPARACIÓN DE LOS REINOS.- A la muerte de Salomón, 931 antes de nuestra Era, los israelitas se dividieron, constituyendo dos reinos separados: el reino septentrional o de Israel, y el meridional o de Judá. Su historia se caracteriza por un período inicial de mutua hostilidad (931 al 885 a. C.), otro de alianza (885-841), y un tercer período de vida independiente (841-721) en que el reino de Judá prospera mientras Israel decae.

La corrupción moral, acompañada por nuevos rebrotes de sincretismo con los cultos idolátricos, no se hizo esperar. En el reino septentrional, Jeroboán I (931-910 a. C.) fundó dos nuevos santuarios, uno en Dan y otro en Beth-el, en los que se adoraron sendos becerros de oro. Las etapas sincretistas solían alternar con momentos de renovación espiritual por obra de los profetas o heraldos de Dios, que recriminaban y exhortaban al pueblo en nombre de Yahvé.

LOS PROFETAS.- Los profetas -cuyos escritos, desde el siglo VIII antes de nuestra Era, han llegado a nuestro tiempo-, ejercieron una gran influencia sobre la sociedad hebrea. Y aunque alguna vez fueron víctimas de las iras del pueblo al que fustigaban, por lo común, éste les tuvo en mucha estima. En el reino del Norte o de Israel, en época de Jeroboán II (787-747 a. C.), dos grandes profetas, Amós y Oseas, predicaron el retorno al culto de Yahvé.

FIN DEL REINO DE ISRAEL.- Y cuando, pocos años más tarde, en enero del 721, Samaría -capital del reino de Israel- cayó en poder de los asirios de Salmanasar IV, se interpretó el infausto acontecimiento como <<un castigo de Yahvé por no haber atendido las advertencias de los profetas.>> Los vencedores, como en otras ocasiones, para evitar que los israelitas influyentes pudieran llegar a sublevarse, dieron comienzo a las deportaciones hacia Asiria, al mismo tiempo que llevaban a Israel inmigrantes idólatras, procedentes de otros países de su imperio. De la unión de estos extranjeros con los israelitas que quedaron en el antiguo reino -pastores y agricultores_, surgió el pueblo de los samaritanos. Este pueblo heterogéneo, aunque llegó a practicar el hebraísmo, debía experimentar, en los siglos siguientes, la animadversión de los judíos del sur.

EL REINO DE JUDÁ.- En el reino meridional de Judá, que tenía su capital en Jerusalén, el culto a Yahvé se mentuvo en este tiempo con mayor constancia. Los reyes Asa (913-873 a. C.), Josafat (873-849) y Ezequías (726-697) intentaron reaccionar contra el sincretismo religiosos del pueblo, pero no llegaron a extirpar la idolatría. Ezequías emprendió una reforma religiosa notable y cumplió los Proverbios de salomón. He aquí uno de éstos: <<Muchos buscan el favor del que manda, más de Yahvé procede el juicio de cada uno>> (Provs., 29, 26).

Otro rey importante de Judá fue Josías (639-699 a. C.), contemporáneo del profeta Jeremías, quien realizó reparaciones en el templo de Jerusalén y durante las mismas, en el año 621 antes de nuestra Era, tuvo lugar el <<descubrimiento>> del <<Libro de la Ley (Torah)>>, que fue leído al pueblo en voz alta.

EL LIBRO DE LA LEY O TORAH.- Tras narrar el hallazgo de la Torah, el libro segundo de los Reyes (23, 2-3) explica: <<Y subió el monarca (Josías) al templo de Yahvé, acompañado de todos los hombres de Judá y todos los habitantes de Jerusalén, y los sacerdotes, los profetas y el pueblo entero, desde el menor hasta el mayor, y él leyó en alta voz todas las palabras del Libro de la Alianza que se había encontrado en casa de Yahvé. El monarca se mantuvo en pie junto a la columna y pactó con Yahvé la alianza de caminar en pos del Señor, guardar sus mandamientos, preceptos y leyes con todo el corazón y toda el alma, y poner en práctica las palabras de la Alianza escritas en este libro. Y todo el pueblo asintió el pacto.>>

<<Los Baal, Astarté, Kemós y Milkom, <<abominaciones>> de los idólatras, fueron destruidos. <<Asimismo, Josías eliminó a los evocadores de los espíritus, a los adivinos, los terafim, los ídolos y todas las abominaciones que se veían en tierra de Judá y Jerusalén... Antes de él no hubo rey semejante, que se convirtiera a Yahvé con todo su corazón, su alma y sus fuerzas, del todo conforme a la ley de Moisés, y después de él no surgió otro igual>> (Reyes II, 23, 24-25).

<<Y una, es decir, otra pregunta que cabe formular es la siguiente: pues he aquí que vimos muchos justos que fueron amados delante del Santo bendito Sea, y que no fueron quebrantados por enfermedades y no por dolores y no por debilidad corporal en ningún caso, jamás. Más, ¿por qué no fueron éstos tratados como éstos otros? Ya que éstos fueron quebrantados y éstos mantuvieron sus cuerpos de modo apto. Y si dijeras que he aquí que éstos que se mantuvieron en una existencia apta fue debido a que estos eran justos, hijos justos, tal como fue explicado en el Talmud (Tratado de Berajot 7a), y estos otros justos, los que son quebrantados, es porque no son hijos de justos, he aquí que no puede entenderse de este modo pues he aquí que vimos justos, hijos de justos, que también sus padres fueron justos, 7 ¿por qué su cuerpo fue quebrantado a través de dolores y todos sus días transcurrieron en penurias, como el caso del tercer patriarca Jacob, hijo de Itzjak, quien a su vez era hijo de Abraham? Sino que aquí hay un misterio muy profundo pues he aquí que todos los actos del santo, Bendito Sea, son verdaderos y justos, en todos los casos y situaciones y con absolutamente todas las personas, tal como está escrito: <<porque Él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino>>. 

Encontré en los libros de los antiguos sabios un misterio que responde a la gran pregunta acerca de por qué existen malvados que triunfan. Y en el libro también hallé otro misterio relacionado con el sufrimiento del malvado, o más exactamente, un misterio que en realidad son dos. Y ahora se explica: ...Sigue estudiando el Zohar.

Epicuro decía que la filosofía es una actividad que con discursos y razonamientos procura la vida feliz. <<Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento del hombre. Porque así como no es útil la medicina si no suprime las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no suprime las enfermedades del alma.>> <<Con amor a la verdadera filosofía se desvanece cualquier deseo desordenado y penoso.>>

Continuará. Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Así sea. Amén. Miles de gracias.


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