Una de las facetas que unen a todas las culturas y pueblos humanos, antiguos o modernos, es la presencia de un brujo, un curandero o un sacerdote dentro de las estructuras sociales. Desde las tribus más primitivas hasta la más modernas civilizaciones la figura del ser religioso sobre quien recae la responsabilidad moral y espiritual del grupo siempre está presente. Este factor común nos indica la preocupación eterna del hombre por aquello que puede trascenderle. Los celtas se dividían en clanes familiares, de mayor o menor importancia, que mantenían la hegemonía del grupo. No era raro que entre familias hubiera sus más y sus menos, ni que cuando un clan familiar era demasiado poderoso tuviera la tentación de absorber otros clanes más débiles. Dentro de la barbarie esto puede parecernos demasiado salvaje, pero no es otra cosa que un símil primitivo de las actuales sociedades de origen celta. Entre los irlandeses aún se conserva muy arraigada la tradición del clan, mientras que en otros grupos, como los gallegos, esta tradición de clan alcanza al grueso de su población, incluso entre aquellos que han emigrado a otras tierras. (Gallego, es el nombre que se le dá a cualquier español emigrante).
A pesar de todo e independientemente del poder que tuviera cada clan, los celtas se atenían a los designios de un druida que mediaba entre las partes para mantener el orden religioso, moral y social del grupo entero. Dentro de las comunidades celtas los druidas eran los encargado de un amplio espectro de la vida cotidiana. El druida hacía las pócimas de curación; el druida impartía justicia y mediaba entre los conflictos; el druida velaba por la espiritualidad del grupo; el druida velaba por el bienestar y la reencarnación de los muertos; el druida sentaba las bases de la moral y la convivencia; el druida realizaba los sacrificios públicos y privados; el druida cultivaba y cosechaba las plantas mágicas y curativas. El druida, en resumen, era una autoridad de gran prestigio entre los celtas, y en base a sus designios se tomaban las decisiones importantes del grupo.
Por su parte, y a pesar de ser ignoradas por muchos autores, las druidesas se encargaban de mantener el fuego divino, de atender los partos, de cuidar el bosque, de administras las pócimas preparadas por el druida y de hacer los augurios. Las druidesas eran mujeres sabias que daban consejos a la población, pero en muchas ocasiones su sabiduría quedaba restringida por las competencias inherentes al druida. Por regla general las druidesas no tenían acceso a los secreto mágicos y religiosos del druida, y a menudo tenían que conformarse con ser comparsas de estos. Sin embargo, en muchas situaciones extremas se veían obligadas a tomar el relevo del druida hasta que otro druida ocupara su lugar. Durante dichas fases las druidesas demostraban saber tanto como los druidas, pero en cuanto el nuevo druida tomaba posesión de su cargo, ellas volvían a su papel secundario. (Y darían las gracias a Dios a miles, por liberarse).
Dentro de la historia mágica y religiosa de la humanidad, las sacerdotisas, o las mujeres que se han dedicado a estos avatares, han sido relegada a un papel secundario con respecto al hombre. Han habido grandes diosas, pero el olvido se ha posado sobre las grandes sacerdotisas. La razón primitiva de que esto ocurriera se debe en gran parte a las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres. La menstruación, por ejemplo, siempre ha sido considerada como un obstáculo o como una impureza para que la mujer pueda realizar su sacerdocio o su magia. Es más, en diversas culturas la menstruación ha pasado por ser algo diabólico.
Entre los semitas, por ejemplo, la menstruación era considerada como un castigo divino. (Y es cierto..., el pecado de Eva, ella es seducida por el Diablo y peca de lujuria y adulterio...) Esta idea pervive entre todas las culturas judeocristianas, y se mantiene como una de las razones por las que una mujer no puede ser sacerdote, imán o rabino. (En el Cielo, la Virgen María, camina junto a Dios el Arcángel Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Jofiel, Samuel, Zaquiel, ella es la Reina y Madre de los Cielos y de la Tierra, mujer muy poderosa, obra los milagros. Según promete en una de sus apariciones el día que el Papa proclame a la Virgen María, como Reina y Señora de todos los pueblos y naciones, ella, dice, que traerá la alegría y la paz a toda la Tierra. Creo que es cierto. Lo mismo dice la profecía de la Búfala Blanca.)
Otro punto en contra era la suposición de que una mujer no puede mentenerse virgen de pensamiento, obra y acto, es decir, que los hombres han supuesto durante milenios que la mujer tiene la carne más débil que el hombre, y que, por lo tanto, es incapaz de mantenerse casta y pura. El hombre siempre ha estado identificado con el Sol, y la mujer con la Luna. El hombre se supone majestuoso y lleno de luz, mientras que la mujer siempre ha sido vista como un ser cambiante lleno de sombras.
Todo es mucho suponer, pero así han funcionado las cosas prácticamente hasta nuestros días. La blanca capacidad seminal del hombre le ha colocado en un pedestal dentro de todas las religiones, mientras que los rojos efluvios mensuales de la mujer han sido considerados como una mácula. Este tipo de pensamientos llevaron a algunas vestales a vaciarse las entrañas para evitar la impureza de la menstruación y así dedicarse plenamente a su sacerdocio. El inhibir sus ovulaciones y sus cíclicos periodos de excitación y celo ha sido una tarea más difícil, que a menudo realizan mejor las mujeres casadas, pero como es menos ostensible se la "superado" sin mayores problemas... Cuando la Iglesia impuso sus creencias entre el mundo conocido, dichas prácticas empezaron a ser maldecidas y perseguidas, y lo que antes era una celebración a gusto de todos, se convirtió con el paso de los años en fuentes de conflictos y marginación, dando lugar al terrible período de La Caza de brujas...
La ciudad perdida de Duo
<<Cuenta la leyenda que más allá del cabo Finisterre, en pleno Atlántico, existió la mítica ciudad de Duyo. La tradición oral se pierde en la noche de los tiempos y no estables fechas, pero recuerda con clara memoria esa gran urbe llena de adelantos y de gente sabia que emergía del océano. (Dentro del mar hay una puerta que da a la Tierra hueca, yo, y otros muchos hemos visto las naves salir de la desembocadura del río Guadalquivir, ahí hay una antiquísima ciudad pérdida, en sus ruinas se encuentran inscripciones de una civilización muy adelantada, algunos dicen que son los restos de la Atlántida).
<<En Duyo todo era bonanza y progreso. Sus habitantes podían ver lo que pasaba a miles de leguas de distancia. Viajaban en naos que surcaban con igual facilidad el cielo y la tierra. Las ciencias y las artes estaban en todo su esplendor. La paz reinaba y la gente era feliz. Duyo tenía los dones y el poder, y sus habitantes eran, para el resto del mundo, verdaderos semidioses. El esplendor de Duyo duró muchos ciclos solares, y ciclo tras ciclo sus habitantes iban acumulando poder, sabiduría y grandeza.
Todo parecía perfecto, los dioses visitaban Duyo y se solapaban con los avances de sus gentes. Pero un día, los habitantes de Duyo quisieron ser como los dioses y no, depender más de ellos. Los dioses se alejaron de Duyo apesadumbrados, esperando que su gente reaccionara y cambiara sus pensamientos.
Los habitantes de Duyo, lejos de cambiar sus pensamientos, se dedicaron a crecer más y más, intentando convertirse en los dioses de la tierra. Desde sus inicios habían sido díscolos con sus descubrimientos y sabiduría. Jamás la habían compartido con el resto de los pueblos. Ellos eran demasiado adelantados y los dioses no vieron nada malo en su deseo de guardar los secretos de la magia y la ciencia para ellos, al fin y al cabo el resto de los pueblos eran demasiado primitivos para comprender sus enseñanzas.
Lo que no sospecharon los dioses fue que ese poder de sabiduría y conocimientos pudiera llenar el corazón de Duyo de orgullo y avaricia. Los mismos dioses se sintieron desconcertados por mantener sus misterios lejos de los humanos, y creyeron que su propia actitud había alentado a los habitantes de Duyo a pecar de orgullo, así que dejaron que los humanos de Duyo resolvieran sus propias inclinaciones, pensando que un día se darían cuenta del error y volverían sobre sus pasos.
No fue así. El tiempo pasó y los habitantes de Duyo, envanecidos por sus logros, perdieron el camino y se convirtieron en pecadores contumaces, degenerando su especie y pervirtiendo todo lo que tocaban. Cada ciclo se encerraban más en sí mismos, apartados de los hombres y los dioses, dedicándose sólo a satisfacer sus deseos.
Los dioses, al ver lo bajo que habían caído los habitantes de Duyo, bajaron para hablar con ellos, intentando ayudarles a retomar el rumbo correcto, pero no ponían oídos.(Igual que ahora eran inmorales, no respetaban a los ancianos, violaban a los niños y niñas, eran borrachos, se drogaban con drogas sintéticas, causando daño irreparable al cerebro, comían como cerdos, vomitaban para poder seguir comiendo, los jefes acaparaban la riqueza oprimiendo a la mayoría, y los condenaban a la pena de cárcel o los mataban si les iba a la contraria o protestaban en las calles y plazas, eran crueles).
Los habitantes de Duyo se sentían tan poderosos que desafiaron abiertamente a los dioses, (Dios y Sus Ángeles, los Maestros Ascendidos y los Santos del Paraíso, estos son los dioses buenos) amenazándoles con la destrucción si volvían a Duyo. Entonces crearon terribles armas y peligrosos artificios, y concentraron más que nunca todos sus poderes y conocimientos en el centro de Duyo.
Replegaron todas sus naos y artilugios en Duyo, y ahí se parapetaron para atacar a los dioses. Durante algunas jornadas el cielo de Duyo se iluminó por las noches con el fragoroso estruendo de las armas. Las escaramuzas iban dirigidas a repeler cualquier intento de acercamiento de los dioses. Naos y rayos explotaban en el mar y en el cielo, haciendo retumbar toda la tierra.
De pronto, todo cayó en un profundo silencio. Los habitantes de Duyo, creyendo haber derrotado a los dioses, se entregaron a las fiestas y al desenfreno. En el sueño de la resaca (por esto nuestro Señor Jesucristo, nos advierte de no caer en las borracheras ni en comidas turbulentas, sino que estemos limpios de corazón y alerta) alentaban la ambición de salir la ambición de salir a conquistar la tierra entera y someter a todos sus habitantes, pero antes de que pusieran las naos en marcha, los dioses contratacaron y hundieron Duyo en la inmensidad de las aguas.
Todos los ingenios y poderes de Duyo se perdieron. Millones de seres se desintegraron mientras la ciudad se hundía en las aguas, y sólo algunos muros, hoy enterrado bajo el Atlántico, se mantuvieron en pie para dar testimonio a través de los milenios de la existencia de Duyo. Algunos habitantes, los menos pervertidos por el orgullo y el poder, lograron ponerse a salvo en las tierras firmes de los distintos continentes, quedando desperdigados sobre la faz de la tierra.
No pudieron llevarse con ellos ni el poder ni los conocimientos, sólo pudieron llevar consigo el recuerdo de lo que había sido Duyo y así lo contaron a los pueblos que los fueron acogiendo en diversas partes del mundo.>> La leyenda de Duyo es paralela en muchos sentidos a la leyenda de la Atlántida, aunque éstas no son las únicas leyendas de la humanidad que nos hablan de la destrucción total de un pueblo.
En la Biblia podemos encontrar varias leyendas de destrucción total. Los Reyes Edomitas fueron destruidos casi en su totalidad antes de que Jehová se decidiera a crear, a través de los Elohim, a Adán y Eva, a partir de los cuales se fundó el pueblo de Israel. La tierra quedó vacía y oscura antes de que floreciera el Jardín de Edén. Los edomitas salvados fueron apartados de la tierra durante algún tiempo, mientras los Elohim la limpiaban. Más tarde los edomitas fueron devueltos a la tierra y, cuando Adán y Eva fueron apartados del Paraíso, se unieron a ellos para formar una nueva tribu, un nuevo pueblo de Jehová que además fue fecundado por los dioses que bajaron a unirse a las hijas de los hombres.
El diluvio universal y la destrucción de Sodoma y Gomorra son otros ejemplos bíblicos, y en ambos casos la destrucción no alcanza a todos y los salvados fundan nuevas tribus y nuevos pueblos. Por su parte, la cosmogonía nos habla de los lemurianos, antecesores de la raza negra, que llegaron a tener una civilización muy parecida a la nuestra y que también fueron castigados por los dioses debido al pecado de "inmentalidad". Este pecado consistió en negarse a reencarnarse en humanos inferiores (los blancos trogloditas de entonces), y en negarse a abandonar la tierra cuando debían hacerlo.
Los lemurianos ni siquiera querían convivir con los blancos primitivos, que apenas si estaban aprendiendo a caminar erguidos; incluso les parecía repulsivo tenerlos como mascotas o esclavos. Los dioses les pidieron que ayudaran a evolucionar a esos seres que eran tan humanos como ellos, educándolos o reencarnándose en ellos.
Los lemurianos se negaron. Entonces los dioses les pidieron que dejaran la tierra, de la cual eran amos y señores, para permitir que los primitivos evolucionaran por sí solos en el planeta, pero los lemurianos tampoco quisieron y desafiaron, como los habitantes de Duyo, a los dioses. Entonces los dioses destruyeron la civilización lemur y los sobrevivientes fueron condenados a padecer sobre la tierra que habían dominado ampliamente, a la espera de que los trogloditas blancos evolucionaran y los aceptaran como sus iguales, cosa que los blancos, en su propia ceguera, no han sabido ver ni hacer. Para muchos pueblos prehispánicos el castigo divino se centró en la ciudad perdida de Mu, una fortaleza situada en el corazón del Atlántico de donde salieron los ancestros de los toltecas, padres de las ideas religiosas de incas, mayas y aztecas.
Para los egipcios su Atlántida fue el Amenti, la región del origen donde los hombres habían sido semidioses, y a la que todos querían volver en vida o en muerte. (Si miramos de una pasada lo que ocurre hoy en el mundo, nos hemos acercado a la desobediencia del Creador, y esto nos traerá graves consecuencias, solo nos salva el cambio de conducta, eliminar los malos hábitos y cambiar las leyes. Vivimos en un momento crítico, es el momento de girar hacia DIOS).<<Reconoce lo que ofreces al mundo; nota el impacto de tus dones en tus amigos, familiares y otras personas. Tu energ ejerce su efecto no solo en la comunidad que te rodea, sino también en el resto del mundo. Esto se debe al efecto dominó, que te da poder para esparcir vibraciones positivas y mágicas allá donde vayas.>>
Recuerda que tú eres un hijo de Dios. Jesús, lo dijo a sus discípulos y a la gente reunida en el monte: <<¡Vosotros sois dioses! Hijos del Altísimo. ¡La verdad os hará libres! Con Dios es más fácil vivir.
En aquel tiempo, María dijo: <<Proclama mi lama la grandeza del Señor, ¡se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado con la humildad de su esclava! Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: <<su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación>>. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, <<derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, y a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia>>. -como había prometido a "nuestros padres"- en favor de Abraham y su descendencia por siempre>>.
María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: <<¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá>>.
<<La Navidad es una visitación: llega el Señor y se le espera como se espera el nacimiento de un hijo. Llega el Señor y todo se llena de vida. Es Él quien te invita con las palabras del Cantar: <<Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí.... déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz>>. Es Él quien se te declara en las palabras del profeta: <<Regocíjate, grita de júbilo, alégrate, gózate de todo corazón... El Señor, tu Dios, se goza y se complace en ti>>. Y tú, Iglesia n Adviento, que te reconoces visitaba y amada, le robas a Isabel palabras de aclamación, le robas a Juan los pasos de su danza: ¡Quién soy yo para que me visite el cielo! ¡Qué es el hombre para que te acuerdes de él! Cuando en la Eucaristía vayas a tu Señor y le dejes que escuche tu voz, oirás que el evangelista susurra en la intimidad de tu corazón: <<Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá>>
<<Enmanuel, Rey y Legislador nuestro salvador de las naciones, esperanza de los pueblos, ven y visítanos con tu salvación>>.
<<Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de l a tierra>> (Liturgia de las horas)
<<Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, para que, acogiendo con fe la Palabra eterna que viene a nosotros, seamos iluminados por su luz y visitados por su salvación.>>
<<Ya se cumple el tiempo. La historia de la salvación está llegando a su plenitud. Las profecías están a punto de desvelar el misterio de sus palabras... Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza, y el juramento que juró a nuestro padre Abraham, para concedernos que, libres de temor, justicia, en su presencia, todos los días. <<Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a prepara sus camino, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz>>.
¿Elías dónde estás? grita el Señor -Aquí, Señor, escondido en la cueva, los hijos de Israel han matado a todos tus profetas y me buscan para matarme. -Elías, sal de la cueva y enfrentate a ellos... Y, he aquí que Israel mata a todos sus profetas, y en particular se ensaña con el Hijo del Hombre, Jesús el Nazareno, fue muerto a manos de unos sacerdotes viciosos, codiciosos, que han encerrado a la humanidad durante siglos en las tinieblas, por negar el hecho de la encarnación de Jesucristo de Nazaret.
Y, un grupo, quiere encerrar a la humanidad en un corral, pero antes quieren provocar la tercera guerra mundial para eliminar a los jóvenes que son fuerte y algunos muy rebeldes. ¡Misericordia! Continuará, cuando así Dios lo quiera, Él es quien guía mi obra. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. PAZ Y ALEGRíA EN TODA LA TIERRA, solo pido que Tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. ¡Gloria Dios en las Alturas y en toda la Tierra! Bendito es el nombre del Señor ¡Aleluya, aleluya!
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