Hay motivos y razones para girar hacía la alegría. <<Cristianos: ¿Qué habéis hecho del gozo que os dieron hace más de dos mil años?>> Montaigne dijo: <<El gran problema del ser humano es que casi nunca sabe lo que quiere>>. Los cuentos de hadas están tan integrados en nuestra consciencia colectiva que muchas veces ignoramos su presencia constante tanto en el campo de la cultura como en nuestra vida cotidiana. No solo han inspirado a directores de películas, escritores, pintores y toda clase de personas, sino que siguen formando parte del lenguaje que usamos a diario. llevamos estas historias dentro y muchas veces aludimos a los numerosos arquetipos que representan sin ni siquiera ser conscientes de ellos. En sus personajes y relatos apreciamos trozos de nuestras vidas; sus victorias y sus derrotas son un eco de las que nosotros vivimos.
Ahora ha llegado por fin el momento de sacar a la luz la verdad, nuestra propia versión de nuestra maravillosa historia. Espero de todo corazón que la Luz de Cristo nos ayude a mirar con otros ojos, nuestros cuentos y relatos; espero que la verdad interna volverá a abrir de par en par las puertas de ese lugar de nuestro corazón en el que todo es posible. Cada vez que escuchamos las palabras <<érase una vez>>, nos transportamos mágicamente a mundos habitados por damas y guerreros, dragones, elfos, gigantes, animales que razonan y hablan, palacios, chozas, seres mágicos que desaparecen cambiando de formas y todo tipo de personajes fantásticos. Entrar en esta Edad Dorada es adentrarse en el ancestral reino de lo sobrenatural, construido con temas y elementos que a todos nos hacen felices.
Puesto que la leyenda representa a la humanidad caída desde un estado original de iluminación espontánea, parece que hace alusión a las luces del instinto de las que se benefician los animales. La naturaleza cuida a los seres que la obedecen, de manera pasiva, y les hace cumplir sin errores los actos impuestos por su programa de vida. En tanto que permanecen dóciles a sus impulsos, los animales gozan de privilegios que pierden las criaturas ambiciosas que desean regirse por su propio criterio. Se rebelan contra el orden primordial de la Naturaleza desde el momento en que la razón, todavía débil, asume la dirección del individuo. Entonces, se enturbia la lucidez del instinto, lo que origina el estado de desventura en las criaturas cuya razón es aún imperfecta.
Se nos impone una aprendizaje costoso, pues la razón no se desarrolla más que en detrimento del instinto y éste se oscurece ante el triunfo de nuestra plena claridad racional. Un período de destreza se instala en el reino del instinto y es el de la razón pura. La transición sería angustiosa sin una facultad que no es ni el instinto ni la razón, pero que es intermedia entre ambos. Aparece desde el momento que se despierta la inteligencia; su luz difusa divierte sin enseñar, sin instruir. Las imágenes que nos muestran los sueños son incoherentes, pero fascinantes y son las que propician el nacimiento de las ideas. Esta extraña facultad es, nada más ni nada menos que, la imaginación. La imaginación es un divino tesoro; un caudal sin límites, en todas las obras de los grandes genios brillan siempre la misma luz, el mismo poder de convicción, un profundo conocimiento del pasado de ayer y de hoy, una sensibilidad extraordinaria que nos ayudan a captar las inquietudes de nuestra época, con un estilo vivaz y apasionado de enorme calidad poética. ¿Fondo y forma? Nadie ha resuelto tan felizmente los asuntos humanos como lo hacen los autores del Libro de las Mutaciones: El I Ching. Dando forma a la cuestión y resolviendo lo impersonal y opaco. Como dijo Nuestro Señor Jesucristo: <<No se debe poner la luz debajo de un celemín.>> O debajo de una expresión mediocre.
Al salir del campo puramente instintivo, el hombre no deja de formularse cuestiones filosóficas; en presencia del espectáculo de la naturaleza, recibe impresiones a las que se abandona sin razonar. Las cosas ejercen así, en su imaginación, un poder de sugestión que nada contradice. De todo esto, resulta una extraordinaria facultad de imaginar que podemos constatar con facilidad viendo a los niños, a todos aquellos que poseen una mentalidad infantil. Esta mentalidad fue la de la humanidad primitiva, y se mantiene como tal entre los no civilizados de este desquiciado mundo.
Se caracteriza por la impotencia de formular ideas netas y precisas. La mentalidad primitiva sueña. Ignorando todo esfuerzo intelectual, es un receptor pasivo de todo aquello que le llega desde el espíritu. Acepta como bueno y verdadero todo aquello que le llega. Es éste un camino peligroso. Libre, la imaginación se complace, a menudo, en la extravagancia. No sería juicioso erigirla en árbitro de nuestras decisiones. Los pueblos, cuyas civilizaciones nos maravillan, han escuchado a la imaginación, puesto que consultaban a los oráculos y tenían especialistas divinos en interpretarlos.
En los primeros grupos sociales nos encontramos con filósofos, pero sí con muy humildes sacerdotes-brujos o hechiceros, ancestros de nuestras tribus salvajes. La fe instintiva era absoluta, la autoridad de los sujetos lúcidos se imponía; se convirtieron, con toda naturalidad en pontífices-reyes, como los primeros soberanos históricos de Egipto y de China o Mesopotamia. Ejercían el poder en nombre de la divinidad que manifestaba su voluntad a través de ellos, personajes llamémosles, divinizados. A juzgar por la duración de estos regímenes parece que no daban lugar a más abusos que otros tipos de regímenes que les sucedieron. Los Celtas, por ejemplo, después de una monarquía laica, regresaron a una teocracia anterior representada por los druidas.
Parece que todo marchaba razonablemente bien mientras estos personajes divinizados eran sinceros y los pueblos creyentes a pies juntillas. Las cosas se complicaron cuando los unos comenzaron a dudar de los otros. La razón despertó, desveló, la astucia; los representantes de la divinidad se hicieron cómplices de los poderosos, en detrimento de los creyentes. El arte de la adivinación se perdió y cayó en una irremediable desconsideración, en una incredulidad total. Murió como práctica oficial y pública. Richelieu recurrió a las luces de los astrólogos, pero la adivinación privada no ha sido jamás floreciente a excepción hecha de en nuestra época actual. ¿Supondrá esto para el espíritu moderno un signo de decrepitud? ¿Retornaremos a tiempos pasados, después de haber jurado, en el siglo XVII, de que todo debe sacrificarse al culto de la Razón? Nada de eso: nosotros progresamos intelectualmente desde que descubrimos que la Razón tiene por hermana a la Imaginación.
Debemos continuar razonando, pero sin olvidar cultivar, también nuestras facultades imaginativas. Instruidos en la escuela de la imaginación, los Ancianos adivinaban las cosas que a nosotros se nos escapan. ¿Por qué no intentar buscar y encontrar sus Palabras sus leyendas perdidas? Si ésta es nuestra ambición y nuestro deseo, aprendamos a adivinar. ¿Cómo? Instruyéndonos en las reglas del arte adivinatorio, para ponerlas en práctica. Me viene a la memoria una leyenda de la Nación Lakota, donde dice: <<Volveremos a acampar en las praderas; andaremos con los pies descalzos sobre la arena de la playa, es promesa del Gran Espíritu, que nuestra familia vuelva... También hay una leyenda que dice: Si el Amor no vence a la Razón el mundo perecerá; todo se fundirá bajo el fuego de las montañas...; el magma de las erupciones volcánicas cubrirá de oscuridad la Tierra como era en el principio.>>
Un vahído de aire frío silbó por debajo de la puerta, todos se estremecieron. Violeta miraba a Pablo con aprensión, como si estuviesen a punto de abrir la caja de Pandora. Empujó la puerta hacia el exterior. Un pozo de oscuridad se abrió ante ellos, impenetrable. La tenue claridad a sus espaldas les pareció como un aliento que apenas conseguía arañar las sombras. La ventana que se asomaba al jardín donde estaba ubicado el Bosque Mágico de diminutos bonsai, estaba cubierta de hiedra. Sobre la mesa las páginas amarillentas de un viejo libro. Tomó en sus manos el libro, una aguja de luz vaporosa taladró la tiniebla. -Jesús, José y María -murmuró Violeta junto a su hijo Pablo.
La habitación estaba cubierta de libros, un crucifijo presidia encima de un pequeño altar, donde se aglomeraban las imágenes de Jesús, de María, del Arcángel Miguel y ondeando del extremo de cordeles un lienzo color púrpura con la imagen del Corazón de Jesús. Los libros se contaban por decenas. Las pisadas que llegaban del interior de los rincones del Bosque Mágico, se iban grabando. Violeta tomó un libro. Lo abrió cuidadosamente. Lo puso encima del escritorio, Pablo lo abrió y lee en silencio:
<<Muchas veces, el mejor remedio para protegernos del mal es eliminarlo de raíz. No basta con reprimir, es necesario llegar al fondo de la situación, descubrir las causas y prestarles atención. En cierto sentido, se trata de modificar la naturaleza del hombre malo, para que así, aunque disponga de mucha fuerza, no pueda utilizarla para hacer mal. Es algo así como castrar a un jabalí: aún conserva los colmillos, pero no los utiliza de un modo feroz. La respuesta a este hexagrama dice que el tiempo de la mortificación, de la espera, de la inhibición ha llegado a su fin. Ahora se abre ante nosotros una senda luminosa y podemos lanzarnos sin temor a la consecución de nuestras metas. las alcanzaremos sin más. Contamos con todo el apoyo del cielo.>> La Luz venció a la Oscuridad. El Mal es vencido.
<<Para poseer fortaleza de espíritu y una potente personalidad, debemos amar la verdad, de este modo estaremos renovando continuamente nuestro carácter. Los seres verdaderamente fuertes son sinceros y transparentes, no tienen pensamientos retorcidos. no necesitan ocultar la verdad porque no la temen, la aman y la buscan. Una persona que posea fortaleza interior, haría mal recluyéndose en casa, en su estrecho círculo; o bajo las faldas de una mujer que lo domina bajo la astucia de la magia negra por su propios intereses económicos... En el mundo se necesitan personas como ella y su obra será apreciada y reconocida desde arriba. De este modo podrá llevar a cabo con éxito las tareas más difíciles, de mayor responsabilidad.
Hombre, es hora de despertar. Aceptar tu misión de vida, te traerá buena fortuna, lo contrario te llevará a la ruina anímica, espiritual y material. Algunos hombres son domesticados, como los perros. Si te preguntas por qué se comportan de ese modo, la respuesta está en la magia negra. Sumiso, sometido por los amarres... La gran fuerza domesticadora del Diablo... Apagan la erupción del Corazón, encendiendo la Razón. Tú, hombre, tienes fortaleza de carácter, sabiduría y bondad; no te doblegues ante las fuerzas del mal, que quieren desviarte de tu Destino; lucha, con la espada de la Verdad. Eres una persona con una posición muy peligrosa, debes girar y dirigir tu mirada hacia los caminos del Cielo. Una fuerza importante se opone a que nos pongamos en acción. Tú, conoces la verdad , el destino siempre se abre camino y hará desaparecer todos los obstáculos. Está claro que éste no es el momento de luchar. El mal será vencido cuando el Amor venza a la razón y la verdad brille.
Fin por hoy. Continuará si así Dios lo quiere. Señor, Tú que todo lo puedes haz que florezcan las flores del Amor en nuestro corazón. Liberanos de los obstáculos, de los bloqueos y del mal de las brujerías y de los amarres y conjuros. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. <<Bendito eres Tú, El Eterno, Dios nuestro, Rey del Universo, Creador de numerosos seres vivientes, y sus necesidades, por todo lo que has creado por mantener con ello viva el alma de todos los seres vivientes. Bendito eres Tú, que vivificas los mundos.>> Salmo Número 13 folio 156 Talmut. El mal se vence con la Luz y la Verdad, no te niegue a tu verdad, si no serás comparsa y risa del Diablo, te someterá toda tu eternidad. Verdad y Luz, ejercitando la fuerza se destruyen los mundos. La Paz viene del Amor a la Verdad y a la Vida. Honra a tus ancestros. Abuelos ayuden a traer la felicidad y la alegría a este mundo. Santa Ana y San Joaquín son los abuelos de Jesús de Nazaret, ellos velan por nosotros
No hay comentarios:
Publicar un comentario