<<Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas. José Ortega y Gasset>>. Aprender a desaprender para volver a aprender. Este encabezado resume de forma sencilla pero rigurosa cómo se elabora el conocimiento científico gracias a la observación, la experimentación y, de nuevo, la observación. En efecto, el conocimiento humano no se basa en conceptos inamovibles sino que es un proceso fluido, basado en la investigación, el pensamiento crítico y la capacidad de reconocer que las ideas no son fijas y podemos estar equivocados. Solo así podemos construir un mundo mejor, basado en las mejores evidencias científicas disponibles, y al servicio del ser humano, para mejorar su calidad de vida y avanzar hacia el futuro.
El concepto de <<desaprendizaje>> es inherente al ser humano. El conocimiento humano se ha enriquecido gracias a nuestra capacidad de cambiar de opinión y reconocer que estábamos equivocados. Así, y en contra de lo que se creía en un primer momento, la ciencia acabó por reconocer que es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y no a la inversa. En otro orden de cosas, también se creía que el aceite de oliva y el pescado azul eran nocivos para la salud, pero se ha tenido que reconocer que son muy beneficiosos. Tampoco se aceptaba que el tabaco favorecería la aparición del cáncer. Los ejemplos son innumerables. Pero solo hace unos pocos años que los pensadores, científicos, psicólogos y divulgadores científicos han empezado a enseñar el desaprendizaje de forma explícita en las escuelas y universidades de todo el mundo.
La depresión es un problema de salud de una magnitud alarmante: afecta a 340 millones de ciudadanos de todo el planeta y a unos 4 millones de españoles lo que equivale aproximadamente al 10% de la población española actual. Pero la depresión es algo que va mucho más allá de las cifras: el sufrimiento en silencio de los pacientes y de sus familiares, la tristeza, la desesperanza, la impotencia y el dolor nunca contados, nunca entendido.
<<La depresión, este trastorno tan común, no es una enfermedad de nuestro tiempo, sino que se han descrito casos desde la Antigüedad. Hipócrates, en el siglo V a. C., habla de ella: <<Cuando la aflicción o la tristeza persisten mucho tiempo, indican un estado melancólico.>> La palabra melancolía procede del griego melas, que significa <<negro>>, y chole, que significa <<bilis>>. Según los antiguos, la presencia de la bilis negra secretada por el bazo era la responsable de la melancolía o de las <<pasiones tristes>>.
<<Esta palabra se relaciona también con la palabra spleen utilizada en francés para designar un estado de vaguedad de espíritu y que en inglés se traduce como bazo, el órgano donde, según los antiguos, se secretaba la bilis negra. Según la teoría de los humores, la enfermedad se produce por el desequilibrio entre la sangre secretada por el corazón, la flema producida en el cerebro, la bilis secretada por el hígado y la bilis negra, por el bazo. La medicina no ha dado a la depresión su sentido actual hasta hace muy poco tiempo, confiriéndole su sentido de enfermedad bien definida y diferenciándola de la melancolía que corresponde en la actualidad a la depresión grave...
<<El hombre es una <<máquina imperfecta>> que a lo largo de su vida debe enfrentarse a numerosas enfermedades de diversa índole que hacen mella tanto en su estado físico como psicológico. En el mejor de los casos, tras un período de convalecencia viene la tan deseada recuperación. Y es importante que nos mantengamos tan informados como sea posible sobre esa enfermedad que altera nuestra actividad cotidiana. Y nadie mejor que una persona docta en la materia para asesorarnos sobre cómo hacer más llevadera esa dolencia y saber sus causas, tratamiento y curación.>>
Hay una pausa difícil, pesada. Él es un diablo tentador. Está gozando enormemente con todas las diversas emociones que ve despertar bajo sus ojos y sus palabras en la joven. El silencio es cómplice; la proximidad, tentación. Ruidos tenues como de aleteos de mariposas agitan por un instante los silenciosos ámbitos. Luego tres suspiros cortan la calma. Nosotros no haremos un juicio temerario; pero cuando los dos se deciden a hablar, las dos voces trémulas, y si el rostro del hombre está un poco pálido, el de Violeta ha alcanzado el tono más subido del escarlata, vertiendo llanto fraternalmente: sobre sus ojos hay una nube que castiga su enrojecido rostro, anegando su serena mejilla.
-Tú, qué metida en mi casa me chupabas la sangre a escondidas como una víbora, sin que yo supiera que estaba criando tres plagas, y que acabarás atentando contra el Bosque Mágico, a ver, dime: ¿confesarás haber intervenido también tú en este derramamiento de sangre, o jurarás no saber nada? -Juana le responde tras una larga pausa. -Cometí el acto, si ella lo confirma, y lo asumo y participo en la culpa. Pero en tu infortunio, no me da reparo embarcarme contigo en tu sufrimiento. En el acto de devastar esta tierra, mientras el otro se le oponía defendiéndola. Espero que tus actos buenos sean bien retribuidos. ¿Quién sabe si eso es lo sagrado en el más allá?
-La risa alegre, fresca y cascabelera de Luisa contagiaba a Fernando el cojo, igual que a su hija. -¿Entonces crees en las andanzas del señor? -Ya no sé en qué creer. Nadie te concibe viviendo en la mansedumbre de tu finca de Sanlúcar. ¡Con lo que se cuenta de ti! -Me calumnian. -No creo. Igual que tu padre, tú también te diviertes en grande y todos lo sabemos. -¿Que dicen? -Que te gustan los destrozos que se producen en el Bosque Mágico con todo su horror.
-¿No es natural? Claro está que no me gusta. Pero es que eso nos puede arruinar; puede arruinarse la vida de millones de seres diminutos. ¡Como me va a gusta que cada vez que un grupo adelanta en temas científicos, se destruyan los unos a los otros! ¡Que descaro! Si te oyera mi padre. ¡Pobre papá! -Violeta, es coqueta sin darse cuenta, con una coquetería llena de ingenuidad, cien veces más peligrosa que esas otras, sabias y calculadas, a las que está acostumbrado Pablo. Algo en la subconsciencia del hombre le avisa, le llama la atención, le da un toque. ¡Cuidado! El terreno es resbaladizo. Y de pronto, la plática, rumor de abejas incansable, para. Y es el vacío de un silencio cuando la voz de Fernando el cojo se oye, dejando caer una observación.
Y la palabra clara, blanda y tranquila de Violeta explica a Pablo los secretos misteriosos, ante la sonrisa maternal de Luisa. Recordando las cosas que más le habían turbado en el curso de los últimos días se refirió al hecho, inexplicable de las guerras.
-La historia de la humanidad es una historia de conquistas, de permanentes ascensos hacia horizontes más amplios de comprensión universal; han quedado atrás los años cuando la mente inconsciente del hombre volteaba al cielo y se preguntaba quién era él y quiénes eran esos objetos brillantes que se observaban en el cielo. El hombre creció e investigó, y sus hallazgos marcaron el inicio de toda una gran enseñanza.
Cuando el hombre abrió sus ojos al mundo descubrió al universo y empezó a interaccionar con el resto de las cosas creadas. Y cuando el hombre cerraba sus ojos, un mundo misterioso se abría dentro de sí, su mundo interior, un mundo que hasta la fecha se resiste a ser explicado, se resiste a ser compartido, se resiste a la investigación, y en esta dualidad de mundos el hombre creció, sólo el mundo externo pudo ser explícitamente compartido entre todos, mientras que el interno fue siendo relegado para un tiempo después.
La humanidad no había alcanzado el nivel apropiado de conciencia que le permitiera descubrir las leyes y los intrincados mecanismos que gobiernan a ese mundo interno, por eso, el hombre postergó su investigación hasta encontrar un mecanismo adecuado que le permitiera introducirse a ese nuevo campo de experiencia personal.
-Pablo ha venido a buscar refugio en la casona. Violeta le ha acogido con los brazos abiertos y le ha instalado en la habitación vacía de su difunto padre, que de todas formas le tenía destinada. Le había pedido su padre que buscara ayuda, para poner en orden sus trabajos de investigación. Pablo, es un hombre, desconcertante, genial, sabio, romántico, escritor, inconformista, visionario, arrojado, profundamente contradictorios. Pablo es una de las personalidades más complejas y, probablemente, fascinante del siglo XX. Su peculiar glamour, había fascinado a la joven Violeta. Gran conocedor de la Historia Humana. Hacía poco tiempo que había estado echo excavaciones en Mesopotamia y Siria, y aprendió, según sus conocidos muy bien, el árabe. Poco después, llegó a la finca de Sanlúcar, donde Violeta, la dueña, lo recibe con los brazos abiertos.
Su padre, Fernando el cojo le había dicho, que la Primera Guerra Mundial tuvo un frente, olvidado a veces en los libros de texto, el del Medio Oriente en el que los británicos trataban de hacer tambalear el Imperio turco. Para lograrlo necesitaban sublevar a las numerosas, y a veces mal avenidas, tribus árabes de aquella inmensa región.
Lawrence de Arabia sería el actor principal de la empresa. Iniciada la revuelta árabe, Lawrence fue enviado a Yedda como asesor del Rey Faisal. <<Sentí a primera vista>>, narraría más tarde en su obra autobiográfica Los siete pilares de la sabiduría, <<que éste era el hombre que yo había venido a buscar, el hombre que llevaría la revuelta árabe a toda su gloria>>.
Lawrence buscaría el anonimato y se enroló como soldado raso, con el nombre de Ross, en la aviación. <<Una personalidad inaprensible>>, según la frase de Lloyd George, el antiguo conductor de los árabes también vería, desgarrado, la independencia de aquellos pueblos. Él había luchado por devolverles la dignidad pero siempre dentro de la ética británica. <<Yo>>, escribiría, <<llegué más lejos que Churchill en mi deseo de que el imperio británico tuviese tantos dominios "negros" como "blancos". Triste será el día en que nuestro Estado deje de crecer>>. Otra de las curiosas contradicciones del personaje Lawrence de Arabia. La derrota turca y la conclusión de la contienda no colmarían los sueños de Lawrence o de los árabes. La decepción llegaría en los Tratados de paz de Versalles... Inocencio F. Arias>>.
<<¡Dios mío, salva al Bosque Mágico!, te lo ruego, ¡sálvalo!>> Y Dios interviene bajo la forma de unos bomberos que apagan rápidamente el fuego. Temblando, Violeta y sus dos ángeles de la guarda vuelven a la casa. Pablo, espera con ansiedad, azota su subconsciente pensamientos muy oscuros. -¡El padre, Fernando el cojo ha muerto! ¡El padre, Fernando ha muerto! A su alrededor, la gente no habla de otra cosa. -¿Y ahora? -preguntó Pablo suavemente. -¿Ahora? -La noche estaba muy avanzada, y los surcos del cansancio del rostro de Violeta se habían profundizado. -Estamos resistiendo en el Bosque Mágico. Durante muchos años mi padre fue el único que sabía algo sobre las viejas historias de las Fuerzas Oscuras.
Yo sabía, o había averiguado, que la Oscuridad no había desaparecido del todo. Y oí y vi cosas que me hicieron pensar que cada vez que el Bosque Mágico estaba reconstruido, volverían a atacar. Mi padre me creyó. Y ahí es donde necesito tu ayuda. -Él la miró sin entender. -Comprenderás -siguió diciendo Violeta con el mismo tono tranquilo- que al esperar hasta su último momento estoy reduciendo mucho mi capacidad creativa. En el último extremo, mi única posibilidad será huir con mis hijos a través del vacío a otro mundo, a éste. Puedo cruzar de uno a otro con relativa impunidad.
Normalmente ese cruce supone un trauma físico muy fuerte para un adulto. Para un niño pequeño, incluso bajo mi protección, puede ser peligroso, y ds cruces seguidos podrían causarle daños irreparables. Por eso tendré que permanecer un día con él en este mundo antes de volver a un lugar más seguro en el mío. Empezaba a amanecer. Pablo sonrió. -¿Cómo que necesitas un escondite? -En efecto. Necesito un lugar aislado y las comodidades mínimas necesarias para los niños. Un lugar donde podamos pasar inadvertidos. ¿Conoces alguno?
-Podríais venir aquí -se ofreció Fernando el cojo. Violeta negó con la cabeza. -No- decididamente. -¿Por qué no? Violeta dudó antes de responder. -Es demasiado peligroso -respondió por fin. ¡Ir al cielo! No padre, aún no. -La joven imaginó por un instante a su padre como si fuera un Mago. Padre, mis poderes están severamente limitados en tu nuevo mundo. Podrían suceder demasiadas cosas, hay mucho en juego. -Hay un sitio donde solíamos hacer excursiones a caballo -dijo tras pensar un momento. -¿Sí? -Violeta se volvió hacia él y dejo caer sus cabellos sobre sus hombros. -Podría ir allí. ¿Tú vendrías?... Y siempre tendrás la gratitud de los niños y la mía por tu ayuda. -Algún sonido del amanecer lo hizo ponerse alerta. Levantó la cabeza en silencio como si intentara escuchar algo. -¿Quién era? -susurró Pablo. Creo que debemos irnos -musitó cortésmente. Su voz no delataba miedo ni preocupación, y hubiera hablado igual si estuviera disculpándose por tener que marcharse a tomar el té con su madre.
Pero Violeta supo que algo estaba ocurriendo al otro lado del Bosque Mágico, en las tierras asediadas por las Fuerzas Oscuras, todo estaba destruido. Pocos edificios se mantenían en pie. Pablo se levantó para irse. El Sol lanzó rayos como espadas de oro, quebrando la línea recta del borde del horizonte. Violeta pensó en el peligro y en la Oscuridad que les aguardaba si continuaban atacando las ciudades. Lo cogió por la manga de la chaqueta -Eh, ten cuidado, no se te vayan las bombas de las manos. -dijo con voz más débil de lo que hubiera querido. La sonrisa de los niños fue como la salida del Sol.
Fin por hoy, hasta cuando así lo quiera Dios. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor, Tú que todo lo puedes, libranos del Maligno y de los Siete Pecados Capitales y de todos sus derivados. En verdad, eran las malditas bombas lo que más nos preocupan, libranos de las guerras, libranos, Señor, Tú que todo lo puedes, libranos de todos los conflictos. Envía al Espíritu Santo. Amén. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario