Frase inspiradora: <<Vierte amor en ti mismo y, a su vez, el universo verterá amor en ti.>> Aunque no llegue tan alto o tan lejos como le gustaría, la maravillosa satisfacción de una relación significativa o de una familia cariñosa también puede hacerle sentirse muy afortunado en la vida. El valor del amor y el del servicio pueden ser más grandes para usted que el éxito mundano. <<El trabajo que protege el cerebro>>. Los científicos siguen buscando las claves para envejecer preservando las capacidades mentales. Y, según un nuevo estudio, uno de los factores que pueden influir es la profesión.
El trabajo, el nivel educativo y el nivel de ingresos pueden influir en que el riesgo de desarrollar una enfermedad como el alzhéimer sea mayor o menor, según un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports. <<Más estudios, menos riesgo>>.
Según esta investigación, tener un mayor nivel de educación se relaciona con una probabilidad un 435 menor de sufrir un deterioro cognitivo leve. Como explican los autores del trabajo, es probable que el nivel académico y los trabajos intelectualmente exigentes proporcionen más estimulación mental y ayuden a construir una reserva cerebral más fuerte para ayudar a proteger contra el deterioro cognitivo.
<<Poder económico>>. Tener estudios superiores suele estar ligado a un mayor nivel adquisitivo y este, según el mismo estudio, también ayuda a que el envejecimiento cerebral sea más saludable. Este refleja la posibilidad de acceder a mejores atenciones médicas y al tratamiento desde edades más tempranas de diversas afecciones crónicas como la hipertensión, la diabetes o la enfermedad cardiovascular, todas ellas relacionadas con el riesgo de desarrollar una demencia.
En cambio, tener ingresos bajos se liga a la posibilidad de sufrir un estrés crónico, lo que estimula la liberación de glucocorticoides, unas sustancias que afectan a la zona del hipocampo, que se asocia al centro de la memoria. (En esta nueva Era del Acuario, Edad Dorada de la Humanidad: <<¡La riqueza se compartirá!>> Llegó el Reino de Nuestro Señor Jesucristo. Tal como está escrito. Lee la Biblia.)
<<Factores que ayudan a mantener el cerebro sano y activo>>.
1º Mantenerse activos. No solo estimular la mente, sino también el cuerpo. 2º Relaciones sociales. Es importante disponer de una red de personas con las que relacionarse. 3º Buenos hábitos. Como mantener una dieta equilibrada, evitar los tóxicos (alcohol, tabaco, comida empaquetada o en latada, cerdo, pollo o huevo y pescados de granja...), tener niveles óptimos de vitamina D o dormir bien. 4º Revisiones. Tratar las dolencias que puedan desarrollarse, hacerse chequeos regulares y atender las pérdidas auditivas y visuales. Menos televisión, y mas visitas al campo o a la playa, hacer amigos.
En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder. En teoría, cualquiera puede intervenir en el debate acerca del futuro de la humanidad, pero es muy difícil mantener una visión clara. Con frecuencia, ni siquiera nos damos cuenta de que se produce un debate, o de cuáles son las cuestiones clave.
Somos miles de millones las personas que apenas podemos permitirnos el lujo de indagar en estos asuntos, porque tenemos cosas más acuciantes que hacer: ir a trabajar, cuidar de los niños u ocuparnos de unos padres ya ancianos. Lamentablemente, la historia no hace concesiones. Si el futuro de la humanidad se decide en nuestra ausencia, porque estamos demasiado ocupados dando de comer y vistiendo a nuestros hijos, ni ellos ni nosotros nos libraremos de las consecuencias. Esto es muy injusto, pero ¿quién dijo que la historia es justa?
El Gobierno, puede y debe proporcionar a la gente trabajo, así la gente puede tener una casa decente, comida suficiente y ropa cómoda. El Gobierno, puede ofrecer cierta claridad a las empresas, y de este modo contribuir a nivelar el terreno de juego de las jerarquías. Si esto empodera aunque solo sea a un puñado de personas para que se incorporen al debate sobre el futuro de nuestra civilización. Leer la Biblia, es revisar el pasado humano.
<<Cuatro largos meses nos separan todavía del año de la Bestia, y ya la tenemos ahí. Su sombra vela nuestros pechos y las ventanas de nuestras casas. A mi alrededor, la gente no habla de otra cosa. El año se acerca, las señales precursoras, las predicciones... A veces me digo a mí mismo: ¡Pues que venga!, ¡que vacíe por fin su alforja de prodigios y de calamidades! Entonces, me echo atrás, me acuerdo de todos aquellos otros años corrientes en los que cada día transcurría esperando las alegrías del atardecer. Y maldigo con todas mis fuerzas a los adoradores del apocalipsis.
¿Cómo empezó esta locura? ¿En qué alma germinó primero? ¿Bajo qué cielos? No podría decirlo con exactitud, y sin embargo, en cierto modo, lo sé. Allí donde me encontraba veía el miedo, el miedo monstruoso, nacer y crecer y difundirse; le veía insinuarse en las almas, incluso en las de mis allegados, incluso en la mía, le he visto golpear la razón, pisotearla, humillarla y después devorarla.
Vi alejarse los días felices.
Hasta entonces, yo había vivido en la serenidad. Yo prosperaba, con salud y con fortuna, un poquito cada año; no codiciaba nada que estuviera al alcance de mi mano; los vecinos me adulaban más que me envidiaban. Y, de repente, todo se precipita a mi alrededor. Ese extraño libro que aparece y luego desaparece, por mí culpa...
La muerte del anciano Idriss, de la que nadie me acusa, es cierto... excepto yo mismo. Y ese viaje que tengo que emprender el lunes, a pesar de mis reticencias. Un viaje del que hoy tengo la sensación de que no voy a regresar.
Así que trazo no sin aprensión las primeras líneas de este cuaderno nuevo. Todavía no sé de qué manera voy a dar cuenta de los acontecimientos que se han producido, ni de los que ya se anuncian. ¿Un simple relato de los hechos? ¿Un diario íntimo? ¿Un cuaderno de bitácora? ¿Un testamento?
Tal vez debería antes que nada hablar del que primero despertó en mí la angustia acerca del año de la Bestia. Se llamaba Evdokim. Un peregrino de Moscovia que llamó a mi puerta hace más o menos diecisiete años. ¿Por qué decir más o menos? Tengo la fecha exacta en mi registro mercantil. Era el vigésimo día de diciembre de 1648.
Siempre lo anoto todo, y en especial los detalles menores, esos que podría acabar de olvidar.
Antes de franquear mi puerta, el hombre hizo la señal de la cruz con dos dedos tensos y luego se inclinó para no golpearse con el arco de piedra. Llevaba una espesa capa negra y tenía manos de leñador, dedos espesos, una espesa barba rubia, pero también unos ojos minúsculos y una frente estrecha.
Iba camino de Tierra Santa, y llegó a mi casa por casualidad. Le habían dado la dirección de Constantinopla, diciéndole que era aquí, sólo aquí, donde tenía posibilidades de encontrar lo que buscaba.
-Querría hablar con el signor Tommaso.
-Era mi padre -respondí-. Falleció en julio.
-Que Dios le acoja en Su Reino.
-Y que Él acoja también a los santos muertos de la familia de vuestra merced.
Aquel intercambio de palabras tenía lugar en griego, nuestro único idioma común, aunque era manifiesto que ni él ni yo lo practicábamos normalmente. Un intercambio vacilante, inseguro, en razón del duelo, doloroso todavía para mí e inesperado para él; y también porque, al hablarle de él a un <<papista apóstata>> y yo a un <<cismático extraviado>>, intentábamos no pronunciar palabra alguna que pudiera lesionar las creencias del otro.
Tras un breve silencio por parte de ambos, continuó: -Lamento mucho que el padre de vuestra merced nos haya abandonado.
Y mientras lo decía, paseaba su mirada por el establecimiento, como si intentara sondear en aquel batiburrillo de libros, pequeñas esculturas antiguas, cristalerías, jarrones pintados, halcones disecados y se preguntara -a sí mismo, aunque bien podría haberlo hecho en voz alta- si al no estar ya allí mi padre podía yo llegar a servirle de ayuda. Yo tenía entonces veintitrés años, pero mi cara, regordeta y afeitada, debía de tener aún reflejos infantiles.
Me enderece, avanzando el mentón.
-Me llamo Baldassare, es a mí a quien le ha correspondido la herencia.
El visitante no mostró con ningún gesto que me hubiera oído. Seguía paseando la mirada por las mil maravillas que le rodeaban, con una mezcla de encantamiento y de angustia. De todos los establecimientos de curiosidades, el nuestro era desde hacía cien años el mejor surtido y el de mayor renombre de Oriente.
Venían a vernos de todas partes, de Marsella, de Londres, de Colonia, de Ancona, también de Esmirna, de El Cairo y de Ispahan. Después de mirarme de arriba abajo otra vez, el ruso debió de resignarse.
-Soy Evdokim Nicolairvich. Vengo de Vorónezh. Me han elogiado mucho esta casa. Inmediatamente adopté un tono confidencial, que por entonces era mi manera de ser afable.
-Estamos en el negocio desde hace cuatro generaciones. Mi familia procede de Génova, pero está instalada en Levante desde hace mucho tiempo... Asintió varias veces con la cabeza, lo que quería decir que no ignoraba nada de todo aquello. Y si le habían hablado de nosotros en Constantinopla, eso es lo primero que debieron de contarle. <<Los últimos genoveses en esta parte del mundo...>> Con algún otro epíteto, algún gesto que sugiriera locura o una rareza extrema transmitida desde siempre de padre a hijo. Sonreí y me callé.
Por su parte, él se volvió inmediatamente hacia la puerta y gritó un nombre y una orden. Acudió un servidor, un hombrecillo corpulento con hábito negro esponjado, con un gorro aplastado en la cabeza y los ojos en el suelo. Llevaba un cofrecillo cuya tapa levantó, y sacó de allí un libro que le tendió a su amo.
Pensé que tenía intención de vendérmelo, e inmediatamente me puse en guardia. En el comercio de curiosidades aprende uno muy pronto a desconfiar de esos personajes que llegan con aires de importancia, te declinan su genealogía y sus nobles amistades, distribuyen órdenes a derecha e izquierda y después de todo no quieren más que venderte alguna venerable insignificancia. Única para ellos, y en consecuencia única para el mundo, eso desde luego. Si les proponéis un precio que no se corresponde con el que se les ha metido en la cabeza, se ofenden, y se consideran no sólo enfadados, sino también insultados. Y acaban por alejarse profiriendo amenazas.
Pero mi visitante no iba a tardar en tranquilizarme: no había venido hasta mí para vender ni para regatear.
-Esta obra la acaban de imprimir en Moscú hace unos meses. Y todos los que saben leer la han leído ya.
Me señaló con el dedo el título en letras cirílicas, y se puso a recitar con fervor. <<Kiniga o vere...>>, antes de darse cuenta de que era preciso traducirlo: <<El Libro de la Fe una, verdadera y ortodoxa>>. Me miró con el rabillo del ojo para comprobar si tal formulación no me había revuelto mi sangre papista. Pero por dentro estaba yo como por fuera. Por fuera, la sonrisa amable del comerciante. Por dentro, la sonrisa socarrona del escéptico.
-Este libro anuncia que el apocalipsis está al llegar.
Me señaló una página, hacia el final.
-Aquí está escrito con todas las letras que el Anticristo aparecerá, de acuerdo con las Escrituras, en el año del papa de 1666.
Repitió aquella cifra cuatro o cinco veces, escamoteando cada vez un poco más el <<mil>> del comienzo. Después me observó, esperando mi reacción. Como todo el mundo, yo había leído el Apocalipsis de Juan, y me detuve un momento en aquellas frases misteriosas del capítulo decimotercero: <<Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666>>.
-Dice 666, no 1666 -sugerí con timidez.
-Hay que estar ciego para no ver una señal tan manifiesta. Una señal. Cuántas veces no he oído esa palabra, y la de <<presagio>>. Todo se convierte en señales o en presagios para quien está al acecho, dispuesto a maravillarse, dispuesto a interpretar, dispuesto a imaginar concordancias y relaciones. El mundo rebosa de estos escudriñadores de señales -¡cuántos no he conocido en mi tienda, desde los más cautivadores hasta los más siniestros!
El llamado Evdokim parecía irritado por mi pequeña tibieza, que a sus ojos ponía en evidencia tanto mi ignorancia como mi impiedad. Yo no quería ofenderle, de manera que tuve que forzarme a mí mismo para decir: -Todo eso es, en verdad, extraño e inquietante... O alguna frase por el estilo. Tranquilizado, el hombre continuó:
-Es por este libro por lo que he venido hasta aquí. Voy buscando textos que puedan iluminarme. Ah, bueno, aquello era otra cosa. Sí, yo podía ayudarle. Tengo que decir que la fortuna de nuestra casa a lo largo de los últimos decenios se fundamentaba en el entusiasmo de la cristiandad por los viejos libros orientales -en especial griegos, coptos, hebraicos y sirios- que se diría que encierran las más antiguas verdades de la fe y que las cortes reales, sobre todo las de Francia e Inglaterra, intentaban adquirir para apoyar su punto de vista en las querellas entre los católicos y los partidarios de la Reforma.
Mi familia escrutó durante casi un siglo los monasterios de Oriente en busca de esos manuscritos, que se encuentran hoy por centenares en la Bibliothèque Royale de París o en la Bodleian Library de Oxford, por citar sólo las más importantes.
-No tengo muchos libros que traten específicamente del Apocalipsis, y menos del pasaje que se refiere al número de la Bestia. De todas formas, aquí tiene esto...
Le entregué unas cuantas obras, diez o doce, en varias lenguas, le detallé sus contenidos, enumerándole a veces las cabeceras de los capítulos. No me disgusta este aspecto de mi oficio. Creo que tengo el tono y la manera adecuados. Pero mi visitante no mostraba el interés que yo creía suscitarle. Cada vez que le mencionaba un libro, manifestaba su decepción y su impaciencia mediante pequeños gestos con los dedos o con miradas fugaces. Por fin comprendí.
-A vuestra merced le han hablado de un libro concreto, ¿no es así?
Pronunció un nombre. Se enredó en las sonoridades árabes, pero no tuve dificultad en comprender. Abú-Maher al-Mazandarani. La verdad es que desde hacía rato me lo estaba esperando.
Los que sienten pasión por los libros antiguos conocen el de Mazandarani. Por su fama, pues poca gente lo ha tenido entre sus manos. Y yo no sé, por otra parte, si existe realmente, o si ha existido alguna vez. Voy a explicarme, porque de un momento a otro va a parecer que escribo de cosas contradictorias: cuando uno se zambulle en las obras de ciertos autores célebres y reconocidos, a menudo mencionan este libro; y dicen que un amigo o un maestro lo tenía en tiempos en su biblioteca... Pero, por otra parte, nunca he podido descubrir, en una pluma respetable, una confirmación sin ambigüedades de la presencia de este libro.
Nadie que diga claramente <<lo tengo>>, <<lo he hojeado>>, <<lo he leído>>, nadie que cite un pasaje. Al contrario, los comerciantes más serios, así como la mayor parte de los expertos, están convencidos de que esta obra no ha existido nunca y que los raros ejemplares que aparecen de vez en cuando son obra de falsificadores y mistificadores.
Este libro legendario se titula El desvelamiento del nombre oculto, pero se llama comúnmente el Centésimo nombre. Cuando me refiera al nombre de que se trata, se comprenderá por qué ha sido siempre tan codiciado.
Nadie ignora que en el Corán aparecen mencionados noventa y nueve nombres de Dios, aunque algunos prefieren llamarlos <<epítetos>>. El Misericordioso, el Vengador, el Sutil, el Aparente, el Omnisciente, el Árbitro, el Heredero... Y esta cifra, confirmada por la tradición, ha introducido siempre en las almas curiosas un interrogante que parece natural: ¿No habría acaso, para completar ese número, un centésimo nombre oculto? Unas citas del Profeta, que algunos doctores de la ley ponen en cuestión pero que otros consideran auténticas, afirman que existe sin duda un nombre supremo que bastaría con pronunciar para evitar cualquier peligro, para obtener del Cielo cualquier favor. Noé lo conocía, según dicen, y fue por eso por lo que pudo salvarse con los suyos durante el Diluvio.
He visto desfilar por mi establecimiento todo tipo de personajes: un carmelita descalzo, un alquimista de Tabriz, un general otomano, un cabalista de Tiberíades, todos ellos en busca de ese libro. Siempre consideré deber mío explicarle a esa gente por qué, en mi opinión, aquello no era más que un espejismo.
Normalmente, cuando mis visitantes terminan de escuchar mi argumentación, se resignan. Unos decepcionados. Otros tranquilizados; si no pueden tener el libro, prefieren creer que ninguna otra persona en el mundo lo tendrá...
Invité a Marmontel a almorzar con el fin de retenerlo, pero declinó la invitación con sequedad. Un hombre de la escolta me explicó que el caballeo tenía que ponerse en camino lo antes posible si quería llegar a Trípoli antes de que anocheciera. Su barco zarpaba al día siguiente con destino a Constantinopla. Les acompañé hasta la entrada de Gibeleto, sin conseguir del emisario ni una palabra más, ni una mirada de adiós.
Al volver, me encontré llorando a Buméh, que apretaba los puños con rabia. -¿Por qué le has dado ese libro? No lo comprendo.
Tampoco yo comprendía por qué había actuado así. En un momento de debilidad había perdido al mismo tiempo El centésimo nombre, la estatuilla que tanto me gustaba y la estima del emisario. Tenía más razones para lamentarme que mi sobrino. Pero debía justificarme en cualquier caso.
-¿Qué quieres? Las cosas han rodado así. No he podido hacer otra cosa. Ese hombre es nada menos que un emisario del rey de Francia.
Mi pobre sobrino sollozaba como un niño. Le tomé de los hombros. -Cálmate, ese libro era una falsificación, hemos cometido una estafa al venderlo a ese precio. Y si por un milagro no lo era, entonces era preciso no separarse de él ni por todo el oro del mundo.
¿Quién te lo vendió?
-El viejo Idriss.
-¿Idriss? ¿A qué precio?
-Me lo regaló.
-Entonces no tenía la intención de que lo vendieras.
-¿Ni siquiera por mil quinientos maidines? Con ese dinero podría comprarse una casa, ropa nueva, contratar una criada y tal vez hasta casarse...
Buméh no tenía ganas de risas. Raras veces tenía ganas de risas.
-Si no entiendo mal, tienes la intención de darle todo ese dinero a Idriss. -Sí, todo, y sin que pase siquiera por nuestra caja.
Me levanté en el acto, puse las monedas en una bolsa de cuero y salí.
¿Cómo iba a reaccionar el anciano?
¿O por el contrario iba a ver en la increíble cantidad que le llevaba un regalo del Cielo?
Al empujar la puerta de la casucha vi sentada en el suelo a una mujer de la vecindad, con la frente entre las manos. Le pregunté por cortesía, antes de entrar, si se encontraba allí hayi Idriss. Levantó la cabeza y me dijo tan sólo: -<<Twaffa>>. Ha muerto.
Estoy convencido de ellos, el corazón dejó de latirle en el minuto mismo en que entregué su libro al caballero de Marmontel. Y no consigo sacarme esa idea de la cabeza.
¿Acaso no me había preguntado yo cómo iba a reaccionar el anciano ante lo que había hecho? Pues bien, ahora sí que conocía su reacción.
¿Será que desvarío por la mala conciencia? Por desgracia, ahí están los hechos, la coincidencia es demasiado concluyente. He cometido una grave falta, y voy a tener que repararla.
No me vino de repente la idea de que tendría que seguir ese libro hasta Constantinopla. Además, sigo sin estar convencido de la utilidad de la expedición. Pero me dejé convencer, y no había una alternativa mejor.
Primero fueron las jeremiadas de Buméh, pero ésas me las esperaba, así que ya estaba prevenido en contra y no influyeron gran cosa en mi decisión. ¡Pues no quería el muy insensato que nos fuéramos en ese mismo momento! De hacerle caso, resultaría que todo lo que acababa de ocurrir eran señales enviadas por el Cielo a mi atención. Así, la Providencia desesperada al verme insensible a sus manifestaciones, habría sacrificado la vida de ese pobre hombre con el único objeto de que yo abriera de una vez los ojos.
-¿Abrir los ojos ante qué? ¿Qué se supone que tengo yo que entender?
-Que el tiempo apremia. Que el año maldito está a la puerta. Que la muerte merodea a nuestro alrededor. ¡Has tenido tu salvación y la nuestra en tus manos, has tenido El centésimo nombre en tu poder y no has sabido conservarlo!
-En cualquier caso, ya no puedo hacer nada. El caballero ya está lejos. Eso también es obra de la Providencia.
-¡Hay que alcanzarle! ¡Hay que ponerse en camino enseguida!
Me encogí de hombros. Ni siquiera quise responder. No tenía por qué prestarme a ese tipo de niñerías. ¿Partir ahora? ¿Cabalgar toda la noche? ¿Para que nos degüellen los salteadores de caminos?
-Si hay que morir, prefiero morir el año que viene con el resto de mis semejantes antes que adelantarme así al fin de los tiempos. (Año 1666, desde unos años antes, vivieron aterrorizados, esperando el año de la Bestia; la llegada del Anticristo y el anunciado fin del tiempo; algo muy malo debió ocurrir, si estudiamos la Edad Media, hubo miles de relatos sobre endemoniados, ¿leyenda o historias verídicas?)
Pero aquel diablo de chico no cedía.
-Si no podemos alcanzarle en Trípoli, por lo menos podremos alcanzarle en Constantinopla.
De repente, detrás de nosotros, surgió una voz llena de jovialidad.
-¿Constantinopla? Buméh no ha tenido en toda su vida una idea tan espléndida.
¡Habib! También él está de acuerdo.
-¿Ya has vuelto de tus callejeos? Ya sabía yo que el día en que tu hermano y tú os pusierais de acuerdo en algo será para mi runa.
-A mí me traen sin cuidado vuestras historias sobre el fin del mundo, y ese maldito libro no me interesa para nada. Pero hace mucho tiempo que sueño con la Gran Ciudad.
(Hay algunas personas que sueñan con la Gran Ciudad Nueva, tal como lo predijo Nostradamus.... En el año de la Bestia o la venida del Anticristo, 1666, nuestra civilización contaba para asesinar a los demás con pócimas de potentes venenos, espadas, puñales, poca artillería y múltiples objetos punzantes y cortantes; pero, en la actualidad la mayoría de países cuenta con grandes arsenales de bombas de todo tipo, ¡La Bomba Atómica!, no lo olviden podemos caer al abismo pulverizados, fulminados como millones de mosquitos, ¡ojos bien abiertos, que el Diablo anda al acecho. La Biblia lo dice: El Diablo arrastra a las naciones a todos los conflictos, y Él Diablo hará según los Textos Sagrados que las Naciones se enfrente a Jesucristo, porque no lo aceptarán como Rey, tampoco sus leyes de Amor. Solidaridad y bondad, así que, hay que examinar mucho los pasos que den nuestros representantes políticos...).
¿No me dijiste tú que cuando tenías tu edad, tu padre, nuestro abuelo Tommaso, quiso que conocieras Constantinopla?... Mientras que mi furtivo paso por el jardín de Bess me dejará para siempre un sabor anticipado del Paraíso.
¡Qué feliz me siento de que Londres no haya sido destruida! La felicidad tendrá siempre para mí el sabor de la cerveza de mantequilla, el aroma de la violeta y hasta el sonido chirriante de los escalones de madera que me conducían hasta mi reino de los desvanes, en lo alto del ale house. ¿Es adecuado pensar así en Bess en la casa de mi futuro suegro, que es también mi benefactor? Los sueños están libres de cualquier cosa y de cualesquiera conveniencias, libres de juramentos, libres de todo tipo de gratitud.
Más tarde, cuando se hubo marchado con su viola el hombre de Cremona, que había cenado con nosotros, se desató una inesperada tormenta. Debía de ser a eso de medianoche. Relámpagos, estruendos, ráfagas de lluvia; y sin embargo, el cielo parecía sereno. Después, el rayo. El sonido desgarrador de una roca que estalla. La más pequeña de las hijas de Gregorio, que dormitaba en sus brazos, se despertó llorando. Su padre la tranquilizó diciéndole que el rayo parecía siempre mucho más cerca de lo que en verdad está, y que éste había caído allá arriba, en el Castello, o en la dársena del puerto.
Mas en cuanto terminó de explicar aquello, cayó otro rayo, más cerca aún. Estalló al mismo tiempo que el relámpago, y esta vez fuimos muchos los que gritamos.
Y antes de que nos recuperáramos del susto, se produjo un extraño fenómeno. Del hogar alrededor del que nos encontrábamos surgió de pronto, sin razón aparente, una lengüeta de fuego que echó a correr por el suelo. Nos quedamos espantados, mudos, presas de temblores, y Orietina, que estaba sentada junto a mi pero que no me había dirigido hasta el momento ni una palabra ni una mirada, me agarró de repente del brazo y lo oprimió con tal fuerza que me hundió las uñas en la carne. Y susurraba, aunque con un susurro dilatado que cualquiera podía oír:
-¡Es el día del Juicio! ¡No me habían engañado! ¡Es el día del Juicio! ¡Que el Señor se apiade de nosotros!
Luego se arrojó al suelo, se arrodilló, sacó del bolsillo un rosario y nos animó a hacer lo mismo. Sus tres hijas y los criados que allí estaban se pusieron a murmurar unas oraciones. Por mi parte, no conseguía apartar la vista de la lengüeta de fuego, que en su carrera alcanzó una piel de cordero que allí había, se apoderó de ella y la inflamó. Todos mis miembros temblaban, y confieso que en la confusión del momento me dije que debería salir corriendo y traer de mi cuarto El Centésimo nombre.
Unos cuantos saltos, y ya me encontraba en la escalera, pero oí a Gregorio gritar: -Baldassare, ¿adónde vas? ¡Ayúdame!
Se había levantado, había agarrado un gran cántaro de agua y vertía el contenido encima de la piel de cordero que ardía. El fuego se aplacó un poco sin apagarse, de modo que se puso aplastado con los pies en una danza que en otras circunstancias nos habría hecho reír a todos hasta el llanto.
Volví hasta él corriendo y me puse a danzar de la misma manera, aplastando aquella lengüeta, ahogándola cuando se reactivaba, como si estuviéramos diezman do una colonia de escorpiones.
Mientras, otras personas se recuperaron de su pavor; primero una criada joven, luego el jardinero, luego Giacominetta; corrieron a traer diversos recipientes llenos de agua y los volcaron encima de lo que aún ardía, echaba chispas o echaba humo.
Aquel zafarrancho sólo duró unos pocos minutos, mas era alrededor de la medianoche, y creo que fue con esa broma como terminó <<el año de la Bestia>>. Enseguida se irguió la dama Orietina, que era la única que se había quedado de rodillas, y decretó que era ya hora de que nos fuéramos a dormir.
Al subir a mi cuarto me llevé un candelabro, lo dejé encima de la mesa al llegar y así pude escribir estas líneas.
Última superstición, voy a esperar al amanecer para consignar la nueva fecha.
Estamos a primero de enero del año mil seiscientos sesenta y siete. El año llamado <<de la Bestia>> ha concluido, pero el sol se alza sobre mi ciudad de Génova. De su seno nací yo hace mil años, hace cuarenta años, y de nuevo en el día de hoy.
Desde el alba me siento lleno de júbilo y tengo deseos de mirar al sol y de hablarle como Francisco de Asís. Deberíamos regocijarnos siempre que vuelve a iluminarnos, pero hoy los hombres sienten vergüenza de hablarle al sol.
Así pues, no se ha extinguido, como tampoco los demás cuerpos celestes. Si no se los veía anoche es porque el cielo estaba cubierto. Mañana, o dentro de dos noches, los veréis y no tendré necesidad de contarlos. Está ahí, el cielo no se ha apagado, las ciudades no han sido destruidas, ni Génova, ni Londres, ni Moscú, ni Nápoles. Tendremos que vivir aún día tras día a ras del suelo con nuestras humanas miserias. Con la peste y los mareos, con la guerra y los naufragios, con nuestros amores y nuestras heridas. Ningún cataclismo divino, ningún augusto diluvio vendrá a ahogar terrores y traiciones. Es muy posible que el Cielo nada nos haya prometido. Ni lo mejor ni lo peor. Es muy posible que el Cielo viva sólo al ritmo de nuestras propias promesas.
El centésimo nombre se encuentra a mi lado, y todavía enturbia de vez en cuando mis pensamientos. Lo deseé, lo encontré, lo recuperé, pero cuando lo abro sigue clausurado para mí. Acaso no lo he merecido lo suficiente. Quién sabe si no me aterraba demasiado descubrir lo que oculta. Aunque tal vez no oculte nada.
No volveré a abrirlo. Mañana lo abandonaré con discreción en el revoltijo de alguna biblioteca, para que algún día, dentro de muchos años, otras manos se apoderen de él, otros ojos vengan a sumirse allí, unos ojos que ya no estarán velados.
Tras las huellas de ese libro recorrí el mundo por mar y tierra, pero al abandonar el año 1666, si hago balance de mis peregrinaciones, lo que resulta es que he ido de Gibeleto a Génova dando un rodeo.
Es mediodía en el campanario de una iglesia cercana. Dejo la pluma por última vez, cierro el cuaderno, recojo el escritorio, voy a abrir totalmente esa ventana para que me invada el sol junto con los murmullos de Génova.
<<Corre el año de 1666, el año del Anticristo y, para muchos -agoreros, iluminados-, el del fin de los tiempos. Descendiente de genoveses asentados en el Líbano, Baldassare Embriaco no logra sustraerse al clima generalizado de inquietud y emprende un viaje en busca de un libro que puede servir de protección en caso de que sobrevenga las catástrofes que se anuncian.
EL VIAJE DE BALDASSARE llevará a éste por todo el Mediterráneo hasta Londres, y en su transcurso saldrán al paso de su protagonista el miedo, la violencia, el engaño, la desilusión y la desdicha, pero también el amor. Esta apasionante novela de AMIN MAALQUF es un recorrido en el que brotan tanto los choques como las vías de comunicación entre Oriente y Occidente, y también un periplo en el que, frente a los condicionamientos sociales, el individuo reivindica su derecho a ser extranjero sin humillaciones ni hostilidades>>.
Corre el año 2025, el año más siniestro para muchas familias que ven como se van arruinando, con la subida de los precios de los alimentos, bienes y servicios mermando. Un tipo muy rico dijo hace ya mucho, mucho tiempo ¡Europa será destruida! ¡No hay salvación para Europa! Y, así lo hicieron, dos guerras mundiales. Y, no es cosa de agoreros, ni de falsos iluminados, que nos están arrastrando a la tercera guerra mundial. El 16 de julio de 1918, el zar Nicolás II y su familia fueron asesinados en Yekaterimburgo. Grigori Yefimovich, más conocido como Rasputín, este monje (libertino) advirtió al zar Nicolás II. En una carta le advertía de que una de sus visiones le había revelado que <<dejaré esta vida antes del próximo uno de enero>>, aunque ignoraba quién se encargaría de matarle. Y precisaba: <<Si soy asesinado por plebeyos y especialmente por mis hermanos los campesinos, tú, zar de Rusia, nada tendrás que temer... Tu trono se asentará por cientos de años. Tu hijo será zar. Pero si soy asesinado por nobles, mi sangre permanecerá en sus manos. La nobleza tendrá que abandonar Rusia, los hermanos se enfrentarán con los hermanos, el odio dividirá a las familias, el país se quedará sin imperio... Tú, tu esposa y tus hijos moriréis a manos del pueblo>>... Profecía cumplida.
ILLUMINATI Los secretos de la secta más temida por la Iglesia católica, libro de Paul H. Koch, aquí están todas las profecías para este tiempo... Resumiendo mucho el texto, Los Protocolos describen, entre otras, las siguientes tácticas para conseguir el éxito final de su estrategia: Respecto a la religión se trataría de atacar sistemáticamente al cristianismo en todas sus formas, alimentando de paso <<todo tipo de cismas e iglesias diferentes y el desprecio popular hacia la doctrina... difundir masivamente cualquier idea que prime el laicismo y el materialismo... (lo inmoral, la mala educación, la telebasura dura y dura...)
En el orden politicoeconómico, se tendría que utilizar el dinero para <<comprar y corromper a la clase política>> y a la prensa para manejar y reorientar a la opinión pública, establecer un sistema económico mundial basado en el Oro y controlado por la organización...; distraer a las masas con una oratoria insensata de apariencia liberal; traspasar gradualmente todo el poder de las monarquías a los gobiernos democráticos hasta que las primeras se conviertan en meros adornos, fundar e impulsar instituciones políticas o sociales en apoyo del plan (WOKE) y emplear la hipocresía y la fuerza directamente <<cuando sea necesario para vencer una resistencia concreta (Mira de una pasada, las manifestaciones de Argentina, Chile, China, Rusia, los Estados Unidos de América, Londres, París, Madrid, Marruecos etc. Mordaza y látigo... Pelotazos de goma y cañonazos, metralletas y balas.)
En cuanto a la moral, habría que primar siempre las condiciones ventajosas para la organización sobre <<cualquier consideración de índole moral>>; argumentar con el engaño, la corrupción o la traición <<siempre que se muestren de utilidad>> para apoyar la causa; usar el asesinato en caso necesario... <<el fin justifica los medios>>, la reflexión de Maquiavelo. Ya que los seres humanos son considerados en general como <<pequeñas bestias>> cuya existencia está justificada para servir a los Sabios de Sión. (utilizan a los judíos, para culparlos de sus desmanes, los enfrentan continuamente al Islam y a los cretinos radicales... Su plan es que se enfrenten las tres grandes religiones, para destruir a todos de una vez, imponer la doctrina del Diablo Lucifer, quieren eliminar todos los Símbolos de Jesucristo y, para eso quieren una Guerra Mundial a Gran Escala por toda la Tierra, destruir Europa. Y, todos los monumentos de toda la Tierra. Si lees la Biblia dice lo que hoy está ocurriendo: El Diablo arrastra a las naciones a los conflictos.)
El movimiento de masones, e Illuminati, entre ambos lados del Atlántico se concretó en casos como los del antiguo impresor norteamericano e inventor del pararrayo Benjamín Franklin, que contactó con las sociedades secretas de Londres y París...
<<El gobierno de Estados Unidos no está en ningún sentido fundado sobre la religión cristiana. el gobierno no es razón ni elocuencia, es fuerza>>. George Washington, presidente estadounidense.
En un principio, la masonería de Francia se definía como una <<sociedad de pensamiento>> de influencia cristiana, pero pronto renunció a este origen bajo la influencia de ideólogos ingleses, de los que heredó el racionalismo mecanicista que desembocó en las teorías de Voltaire y su círculo... La primera logia masónica había sido constituida en territorio galo en 1725 con el nombre de Santo Tomás de París y fue reconocida por la masonería de Inglaterra...
No es ciencia ficción. <<Habitualmente, los monos de laboratorio trabajan motivados por una recompensa, comida o agua en cantidades extras. El éxito de la terapia se confirmó cuando, al modificar sus receptores de dopamina, los monos empezaron a trabajar sin descanso y sin esperar ninguna recompensa a cambio. El propio doctor Richmond ha recordado que <<tanto los monos como los humanos son propensos a esperar al último minuto para terminar una tarea. No en vano somos primos hermanos evolutivos. (No es cierto) El caso es que a medida que se aproxima el momento de recibir la recompensa, los dos tipos de primate se comportan igual, tienden a trabajar mejor y cometer menos errores. Cuando no es así, trabajan con menor entusiasmo y mayor lentitud>>.
Alterando la recepción de dopamina, <<los monos trabajan con el mismo entusiasmo cometiendo menos errores desde un primer momento durante un período aproximado de unas diez semanas; después hay que volver a actuar sobre el neurotransmisor para producir el efecto, porque regresan a su estado original>>.
Según Richmond, esta terapia aplicada a humanos, <<ayudará a las personas cuya disposición y capacidad para el trabajo haya desaparecido a consecuencia de una depresión>>. ¿Sólo a ellas? ¿Acaso no estamos ante uno de los grandes sueños de los Illuminati? Imaginemos un nuevo marco laboral para el futuro en el que los trabajadores, con sus receptores de dopamina alterados, produzcan con gran entusiasmo y eficacia no de lunes a viernes, sino durante diez semanas seguidas antes de tomarse un fin de semana de descanso y reprogramación de sus neurotransmisores para engarzar un nuevo ciclo de diez semanas.
No es ciencia ficción. Todo el mundo recuerda los experimentos de los científicos nazis, como el doctor Josef Mengele, con los prisiones del complejo de Auschwitz. Sin embargo existen crímenes aún peores, los cometidos por científicos y gobiernos de países democráticos contra sus propios ciudadanos. Existen numerosos ejemplos. Aunque el asunto fue enterrado con rapidez por parte de las autoridades, en 1995 la productora británica Twenty Twnty TV destapó uno de los mayores escándalos de la investigación médica en el Reino Unido: la utilización no consentida de mujeres y niños entre 1955 y 1970 en diversos experimentos nucleares ordenados por sucesivos gobiernos británicos.
Las investigaciones incluían la inyeción de partículas radiactivas en la glándula tiroides de al menos 400 embarazadas tratadas en centros hospitalarios de Liverpool, Londres y Aberdeen para estudiar su reacción, y la administración de altas dosis de radioactividad a una serie de pacientes que <<de todas formas sufrían enfermedades malignas incurables>> para observar cómo les afectaba en el hospital Churchill de Oxford, y la inyección de yodo radiactivo en una veintena de mujeres de origen indio que no hablaban inglés y vivían en Coventry. Algunos años antes, el diputado laborista Ken Livingston confirmó que durante los gobiernos del laborista harold Wilson y el conservador Edward Heath millones de británios sirvieron de conejillos de Indias cuando Londres y otras doce localidades del sur de Inglaterra fueron rociadas en secreto con una serie de tres gérmenes concretos, en un ensayo de guerra bacteorológica. Según el entonces ministro de Defensa Michael Portillo, esos experimentos <<no presentaban ningún riesgo para la salud pública>>, pero diversos microbiólogos consultados al respecto opinaron de modo diferente, ya que los tres simuladores utilizados podían causar, y quién sabe cuántos casos se produjeron en aquella época, neumonía, septicemia y oftalmitis a niños, ancianos y en general cualquier persona con el sistema inmunológico debilitado.
En un ensayo realizado en San Francisco en 1950, al menos ... murieron víctima de uno de esos agentes...
En Suecia, entre 1946 y 1951, más de 400 deficientes mentales, algunos de ellos niños, fueron internados en el hospital Vipelhom de la ciudad de Lund para ser utilizados como cobayas en el estudio de la prevención de la caries. Se les suministró azúcar, chocolate y unos caramelos especialmente pegajosos. Los médicos analizaron la saliva de los pacientes 36 veces al día durante los cinco años que duró el experimento. El ensayo, impulsado por el gobierno socialdemócrata de la época como <<necesario para luchar contra un problema de salud pública>> como la caries, provocó terribles dolores a sus víctimas, a las que no se les intervenía en la dentadura hasta que ésta se encontraba muy afectada. Más escandalosa fue la política de esterilización forzada con el fin de <<eliminar tipos raciales inferiores>> promovida por el gobierno de Estocolmo entre 1936 y 1976. Se calcula que unas 60. 000 mujeres fueron esterilizadas a la fuerza durante esos cuarenta años.
Los gobiernos democráticos de Francia, Austria, Suiza y Noruega, entre otros, también reconocieron haber actuado de manera similar... Ahora, preparan el exterminio de unos 100.000.000 millones de personas, no hacen falta y comen y beben es más barato organizar una guerra mundial. Pero, lo que no saben es que aquí se van los malvados los primeros. Lee la Biblia. Jesús lo explicó todo sobre el Infierno. El arma definitiva. Si utilizan las bombas atómicas... Fin de la civilización más criminal de las habidas. Gente malvada. Jesús lo dice en varias parábolas.
En verdad os digo: Cuando la dinamo de esta Tierra se derrumbe, habrá sobre la Tierra un sufrimiento todavía mayor, porque seres humanos, animales, plantas y minerales están conectados a la dinamo. Las personas que sólo han confiado en lo material y siguen confiando en ello gritarán: <<¡Venid a buscarme, dioses que he servido!>>. Pero los dioses no escucharán, pues esos ídolos se habrán puesto en manos de la transformación. En ese tiempo los vivos envidiarán a los muertos, y gritarán: <<¿Dónde estás, dulce muerte?>>. Pues apenas habrá ya fuerzas que ayuden a los hombres a curar el cuerpo físico, a hacer que el cuerpo físico se recobre.
La salvación viene del interior. Esas fuerzas de las que se sirvió el yo humano se transforman, y sólo recibe el que busca al salvador interno, el que llama a Dios vivo, que Soy Yo, Cristo, en el Padre, pues el Padre y Yo somos uno.
Vosotros hombres de esta Tierra, Yo, el salvador y la salvación os irradio ahora la fuerza de la vida desde los Cielos. Yo elevo vuestra consciencia. Reconoced vuestras causas. El que sufra, que se pregunte: ¿Dónde está la causa? El que esté enfermo, que se pregunte: ¿Dónde está la causa? El que pasa hambre y se siente solo, que se pregunte: ¿Dónde está la causa?
Y aunque sólo encontréis partes de esas causas, si os arrepentís seriamente de ellas, es más, si os arrepentís de corazón, pedís perdón y perdonáis a todos aquellos que os han ocasionado sufrimiento, y no volvéis a hacer más lo que habéis reconocido, Yo transformo vuestras causalidades en vuestras almas. Las sombras se transforman. En vuestras almas entran luz y fuerza y del salvador recibís fuerza vital y ayuda -pero la ayuda es primero para el alma, y en el transcurso posterior para el cuerpo, si es bueno para él.
Vosotros hombres de esta Tierra, ¡dad la vuelta! Aprovechad estos momentos de irradiación, pues Yo os traigo el mensaje y la salvación de los cielos. ¿Qué queréis hacer? ¿Queréis hundiros en el pantano de lo temporal y languidecer atados a las cadenas de vuestras causas? ¿O queréis llamar al salvador y alcanzar la liberación con el salvador y la protección -en los planos de purificación para el alma y en lo temporal para el alma y el cuerpo, si esto es bueno?
Escuchad hombres de esta Tierra: Mi luz es la luz de vuestro y Mi Padre. Yo he venido para traeros el mensaje de la paz, sin embargo, exhortándoos a su vez a que deis la vuelta y al mismo tiempo explicándoos lo que ocurrirá en este mundo, sobre esta Tierra.
Daos cuenta que la vida interna es la vida de vuestras almas. ¿Qué queréis hacer con vuestra herencia espiritual, la vida interna? Cada cual tiene el libre albedrío para decidirse libremente. Yo os doy la fuerza para que os acerquéis a la luz interna -no obstante, la luz interna la alcanza sólo aquel que santifique, es decir, que incluya cada vez más en su vida los mandamientos de la vida. Los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña.
Para que os reconozcáis, para que que reconozcáis vuestras causas en las que os habéis convertido, os irradio Mi vida, que es lo mismo que vuestra vida interna. Vosotros hombres de esta Tierra, Yo elevo vuestra consciencia. El Cristo de Dios, que Yo Soy, os irradia desde la atmósfera y desde vuestro interior. Yo Soy vuestro Dios, Yo Soy uno con vuestro y Mi Padre. ¡Dad la vuelta! Amor es vida, es Dios.
Año 1666 año del Anticristo, recordado como el año de la Bestia. Año 2025 año de Jesucristo Rey del Universo. Recibe con amor la luz que Cristo envía a cada instante. Tu cuerpo se hará fuerte. Tu mente se ilumina y tu alma canta de alegría las alabanzas al Divino. Sigue estudiando Metafísica y los Textos Sagrados, invoca a tu Ser Superior a Cristo en ti, para que te ayude a discernir lo falso de la verdad. Hay muchas mentiras en la Biblia, ojito. ¡No a la guerra!
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Que no te engañen, Dios es bueno y es Jesús, el Diablo es muy falso, muy malvado es un seductor que arrastra a las naciones a los conflictos. Jesús vive en nuestro corazón. Gracias a Dios tenemos suficiente agua, aire limpio y muchos alimentos. Hay que rechazar la codicia, no acaparar la riqueza esa es tu maldición te lleva derecho al infierno. Cristo está aquí en la Tierra, pronto lo veremos paseando por las calles y plazas de todo el mundo, Él no necesita avión, ni tren, ni barcos. Ten fe. La vida en el futuro es maravillosa si eres viejo y enfermo pide a Jesús que te sane y te de Juventud, Él te dará lo que sea bueno para tu alma. Salud, Paz y Amor el trabajo no debe faltarle a nadie, el trabajo da dignidad a las personas. Y, si eres malvado y no piensas cambiar, ya sabes ¡infierno! Gracias Jesús. Gracias San Miguel por verificar la corrupción y por sacar a la luz a los golfos de la política. Gracias Padre. Gracias Facebook. Gracias a mi madre y a mi padre, y, yo soy una más... Amén.
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