sábado, 25 de octubre de 2025

El Bosque Mágico- Creando felicidad 28º

 Frases inspiradoras: <<Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado>>. Albert Einstein. <<La democracia es el sistema político en el que cuando alguien llama a la puerta de la calle a las seis de la mañana se sabe que es el lechero>>. Winston Churchill. <<La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás>>. Winston Churchill.  <<La democracia se basa en la convicción de que existen extraordinarias posibilidades en la gente ordinaria>>. Harry Emerson. <<Democracia es el nombre que se da al pueblo siempre que se le necesita>>. Marques de Flers. <<la democracia se romperá con las riendas tensas. Sólo podrá existir apoyada en la confianza>>. Mahatma Gandhi. <<La democracia lleva el más bello nombre que existe: <<Igualdad>>. Herodoto. <<Del mismo modo que no sería esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia>>. Abraham Lincoln. <<Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo>>. Abraham Lincoln. <<La democracia no significa <valgo tanto como tú>>, sino <<Vales tanto como yo>>. Theodore Parker. <<Democracia en lo económico, aristocracia en el pensamiento>>. George W. Russell. <<La democracia no se aprende en el Parlamento, sino en casa. Ser demócrata no es una actitud política, es una actitud ante la vida>>. Monserrat Roig. <<Sin democracia, la libertad es una quimera>>. Octavio Paz. <<El camino del deber se encuentra  enfrente del sendero del egoísmo>>. Niceto Alcala-Zamora. <<Cuando uno pierde la esperanza se vuelve reaccionario>>. Jorge Guillen. <<El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta>>. Federico García Lorca.

J. Donald Adams, dijo: <<Seguramente, nada está más vivo que una palabra>>. Muchos profetas, han recorrido muchos largos caminos a pie o han viajado en barcos antes de conseguir que sus palabras vuelen por el aire como las aves; hoy navegan por los finos hilos de los ríos de Internet. En la Antigüedad, los estoicos creyeron que las palabras no son meras convenciones artificiales humanas, sino que tienen una existencia propia como entes independientes, que poseen un sentido intrínseco, inherente. Partiendo de esta concepción cuasimágica del lenguaje que otorga a las palabras el rango de realidades existentes por sí mismas -muy común, por lo demás, en muchas culturas de diferentes lugares y tiempos-, se ha presupuesto muchas veces que,  al buscar su verdadero significado original, se podría llegar a la verdad o esencia de las cosas a las que designan.

Esta creencia no fue plenamente desmentida -ni siquiera se vio  seriamente desprestigiada- hasta el advenimiento de la lingüística  como ciencia moderna. A comienzos del siglo XIX, los lingüistas europeos que estudiaban sánscrito se dieron cuenta de las muchas concomitancias léxicas existentes entre el latín, el griego y este idioma tan antiguo y tan aparentemente alejado de la cultura grecolatina. Llevados por esta constatación, pronto extendieron  tal comparación a otras lenguas occidentales, y eso les llevó a establecer la existencia de una hipotética lengua común previa a todas ellas, a la que llamaron indoeuropeo.

Esta nueva vía de investigación, que buscaba influencias y coincidencias entre las lenguas e intentaba trazar el recorrido etimológico -por así decir, el árbol genealógico- de las palabras a través de los idiomas en que aparecen sus hermanas, configuró la ciencia etimológica moderna y, de paso, arrumbó aquella vieja concepción mágica del origen de los idiomas.

La nueva Etimología puso claramente al descubierto el verdadero origen histórico, discrecional, de las palabras y, con ello, su auténtico cariz de convenciones culturales y, en consecuencia, el esclarecimiento del origen y la historia de las palabras quedó casi exclusivamente en sus manos.

Sin embargo, no siempre es suficiente la simple referencia  etimológica para poder entender bien el origen, el nacimiento y la evolución de las palabras, así como tampoco el desglose de todos sus sentidos, acepciones y matices, y menos aún sus implicaciones y su contexto cultural.

Para hacer completamente factible ese objetivo es necesario aceptar previamente que toda palabra -desde la más humilde a la más compleja; desde la más popular a la más culta- es, por así decir, un ser vivo, dinámico, sometido a continuos cambios evolutivos. Toda palabra es, en ese sentido, protagonista de una historia propia, diferente a cualquier otra, que comienza con su aparición en una lengua, un lugar, un tiempo y un contexto cultural precisos, heredera de unos antecedentes etimológicos a los que debe su sentido primitivo e, incluso, su razón de ser.

Desde el momento de su aparición, cada palabra va cubriendo sucesivas etapas de formación, consolidación y, según casos, obsolescencia y desaparición.

En la fase de formación, el vocablo comienza a moverse por sus propios medios y se hace plenamente independiente, aunque sin alejarse necesariamente por ello de sus raíces, ni perder obligatoriamente contacto con el resto de su familia léxica. Es un proceso -generalmente lento y casi imperceptible- en el que la palabra fija su personalidad y su carácter propios y va ganando connotaciones, perfiles y matices.

De ese modo, la palabra alcanza poco a poco su madurez, en la que se definen sus ámbitos preferentes de aplicación y se delimitan sus acepciones y usos convencionalmente aceptables -muchas veces inesperados o, incluso, impropios-, así como aquellos otros de índole tradicional, coloquial, familiar o figurada, con los que va enriqueciéndose semánticamente y se halla su lugar más o menos definitivo en el vocabulario usual.

Si la palabra supera esa fase, puede que se mantenga de manera indefinida sin sufrir grandes cambios semánticos. Sin embargo, a veces, su vigencia puede comenzar a decaer por muy diferentes causas, y puede llegar a desaparecer -a morir, podríamos decir-, dejando o no descendencia. Otras veces el proceso es el contrario: la palabra se rejuvenece, sufre un cambio de personalidad -una especie de liflting lexicológico-, gracias al cual recupera su lozanía y vive una segunda juventud, aunque casi siempre a costa de tomar otro significado, o de desplazarse a un diferente campo semántico.

Sea como fuere, cada palabra protagoniza una peripecia propia, determinada por un conjunto de circunstancias muy diversas que influyen en su evolución. Todas las palabras -en mayor o menor grado- van siendo moldeadas por casualidades y causalidades, influencias internas y externas, modas y hábitos, cambios sociales...

Por estas tan variopintas razones -y otras muchas_, las palabras varían de grado de actualidad y de amplitud de uso; cambian también de significado o, por el contrario, acumulan varios de ellos, a veces contradictorios -como si vivieran una esquizofrénica polisemia-.... En definitiva, las palabras muestran su dinamismo y no dejan de adaptarse, de enmascararse y de enriquecerse con nuevos matices, aunque a menudo a costa de mutilar su riqueza o enturbiar su precisión originales, o incluso de trastocar o conculcar su sentido original.

Durante este interesante proceso, las palabras se especializan y se hacen propias de un sólo ámbito lexicográfico -es decir, reducen su hábitat natural-; o bien, conquistan nuevos campos semánticos -no siempre aparentemente compatibles- saltando de uno a otro.

Fruto de esos vaivenes, muchas palabras forman familias y grupos no siempre naturales, pocas veces homogéneos, ni siquiera lógicos... Las palabras se emparentan con otras a las que no les une lazos de consanguinidad etimológica alguno. En ocasiones, llegan incluso a formar con otras parejas más o menos estables y monógamas y ya no aparecen sino en su compañía -en forma, por ejemplo, de locución o modismo-. Muchos de estos matrimonios -que, por lo general, son de conveniencia e incluso contra natura- no sólo son estables, sino que también son fructíferos y generan su propia familia semántica. En conclusión, como el resto de los seres vivos, las palabras -u, con ellas, los idiomas, al igual que las sociedades que aquéllos forman- protagonizan sus propias e inconfundibles <<biografías>>.

Sin embargo, esas biografías se suelen describir con exclusiva referencia a la etimología y la evolución semántica. Como ya se ha dicho, esa es una fórmula de análisis algo restringida e insuficiente. En realidad son muchos más los aspectos y detalles que hay que tener en cuenta para completar un relato histórico-etimológico completo y veraz.

A resumir a grandes rasgos esas pequeñas historia individuales -por lo común, muy interesantes, desconocidas, sorprendentes y curiosas- se dedica esta obra, que se concentra en las palabras más comunes o, al menos, en las más insólitas y menos conocidas. Es decir, en las palabras <<con historia>>... Finalmente, he de aclarar que Palabras con historia, aunque lo parece, no es un diccionario etimológico convencional. En primer lugar no lo es porque no analiza todas las palabras de uso vigente en nuestra lengua, ni siquiera lo intenta. Esta investigación se conforma -y no es poco- con incluir una selección de más de 3.000 palabras de las de origen y evolución más curiosos. Tampoco lo es, además, porque no se limita a dar informaciones estrictamente etimológicas, sino que a ellas añade todos aquellos datos -más o menos pertinentes; pero siempre, creo, interesantes- que se han podido recopilar sobre su origen, su evolución, su significado profundo y su actualidad...

Significado de la palabra "Candidato" :  <<Entre los antiguos griegos, el candidato (del lat. candidatus, "candidato", con el sentido implícito "vestido de blanco", pues proviene de candidus, "blanco", deriv. de candere, "ser blanco") era el aspirante a senador que, en su continuo deambular por la ciudad para recabar votos, no recibía el rechazo de sus conciudadanos expresado a menudo -cual era costumbre- con el lanzamiento de barro que ensuciara la blanca y limpia toga que las costumbres electorales le exigían llevar.>>  Así deben presentarse los candidatos en los centros de los gobiernos: Vestidos de blanco...

Edil: El edil (del lat. aedilis, de aedes, "casa") es el antiguo magistrado romano a cuyo cargo estaban las obras públicas y la reparación, ornamentación y limpieza de los templos, casas y calles romanos, así como la vigilancia de los juegos públicos, la dirección de las fiestas, el control de los mercados y abastecimientos, el tráfico y, en general, la policía urbana. Los primeros ediles plebeyos -de la plebe-  aparecieron en 494 a. de C., y los curules o patricios, en 388 a. de C. Tradicionalmente el edil era el segundo magistrado en la carrera política romana. En los últimos años de la república fue un cargo solicitado por políticos ambiciosos porque daba la oportunidad de hacerse popular. Sin embargo, en la época imperial, fue perdiendo presencia al reducirse sus competencias. Hacia 235, la institución desapareció. Hoy, se llama edil al concejal de un ayuntamiento.

Herodes: Se dice genéricamente del hombre cruel con los niños, en alusión al rey de Judea Herodes I el Grande (73?-4 a. de C.9, cuya fama proviene del relato bíblico que le atribuye la matanza de los Santos Inocentes. Según la Biblia, Herodes hizo matar a todos los niños menores de dos años de Belén y toda su comarca, con objeto de que entre ellos pereciese el Mesías anunciado por las viejas profecías hebreas, que posteriormente fue identificado como Jesucristo. A la memoria de estos niños inocentes consagró la Iglesia una festividad, que se conmemora el 28 de diciembre; fecha en la que, en la tradición cultural española, se suelen realizar toda clase de bromas o inocentadas. En otras culturas esta asociación entre las bromas y esta festividad no se da, trasladándose al 1º de abril.

Camorra: Seguramente la palabra castellana camorra ("riña"), de or. inc., pero prob. hispánico pasó a Nápoles durante la dominación española. Allí se aplicó, tiempo después a una hermandad delictiva secreta, fundada a finales del siglo XVIII por presos, equiparables a la Mafia siciliana, y cuyos miembros (camorristi), implicados en actividades de contrabando, chantaje, soborno, robo y asesinato, saquearon y aterrorizaron al país durante muchos años. Sometida a un estricto código de honor y silencio, la Camorra es conocida también como Onorata Società ("Sociedad Honrada") y Società de l'Omertà ("Sociedad del Silencio"). La Camorra saltó a la luz pública hacia 1830 y prosperó durante los desórdenes que se produjeron en Italia en la lucha por la unificación. La organización se alió con las fuerzas del nacionalista Giuseppe Garibaldi y contribuyó a expulsar del país a la casa reinante, los Borbones. En el periodo que siguió a la unificación de Italia (1870), su poder disminuyó, aunque logró mantenerse activa hasta nuestros días como red delictiva y grupo de presión, a pesar de haber sufrido importantes campañas en contra en el último tercio del siglo XIX. La Camorra continuó sembrando el terror y prácticamente gobernaba Nápoles a comienzos del XX. La asociación fue oficialmente eliminada en 1922 por el gobierno fascista de Benito Mussolini. No obstante, bandas criminales similares a la Camorra siguieron operando en Nápoles, aunque desde 1984, las confesiones de algunos jefes camorristas "arrepentidos" han llevado a la desarticulación de parte de la infraestructura que había vuelto a desarrollar en la segunda parte del siglo XX. (El siglo más terrible de todos los tiempos... XX).

Cenicienta: Se llama cenicienta (de ceniza, del lat. vulg. cinisia, 2cenizas mezcladas con brasas", de cinis, "ceniza") a la persona o cosa injustamente postergada o despreciada, en alusión al nombre de la protagonista de un cuento tradicional en el que según la versión más común, una muchacha, Cenicienta, es maltratada por su madrastras y por sus hermanastras mayores. Un hada interviene en su ayuda y un príncipe se enamora y se casa con ella. El cuento tiene sus orígenes antiguos, prob. orientales. De hecho, parece ser que el mito ancestral del sur de China sobre Yexian es el antecedente más antiguo que se conoce sobre esta leyenda. La versión europea del cuento más conocida se encuentre en Cuentos de mamá oca (1697, una colección de cuentos de hadas de tradición oral recogidos por Charles Perrault (1628-1703), que situó la historia en la corte francesa de su época e introdujo elementos que sólo aparecen en su versión y que fijaron la hoy más común, aunque, desde luego, no la única. La mayoría de las versiones occidentales de Cenicienta, que son centenares, se escribieron entre los siglos XIX y XX.

Esta versión de Cenicienta es del primer cuarto del siglo XXI. La Cenicienta es la misma Madre Tierra. La madrastra son las guerras diseminadas; las hermanastras son los terroristas que van incendiando los bosques y los prados, son los que maltratan a Cenicienta, ella maltratada por los ediles y los camorristas; así es maltratada la Tierra, estos son los primos chupa sangre de Cenicienta. El industrial Samuel Jones, que comercializó los fósforos con el nombre comercial de Lucifer. Sin embargo, aquel diseño original entrañaba el peligro de que, al encenderlos, saltaban chispas que quemaban los vestidos y a sus usuarios. Por ello, en la segunda mitad del siglo XIX, el austríaco Krakowitz sustituyó la madera por un trenzado de fibras de algodón impregnada en cera, de donde surgió su nombre definitivo: cerilla (de cera, "sustancia que segregan las abejas"). (Si siguen con las guerras, acabarán con las abejas...)

Hace mucho, mucho tiempo había un hombre y una mujer que vivían una vida maravillosa, bajo el mismo techo de los árboles del Paraíso, vivía un perverso Diablo y su no menos odioso lugarteniente el ángel Satanás: El demonio más terrible de todos los conocidos por el hombre. El Diablo los golpeaba... Seducía a la mujer del hombre... Se marcharon avergonzados del Paraíso. De manera que un día se escaparon y viajaron un buen trecho, hasta que vieron unas inmensas montañas. Ellos se ocultaron en una cueva. Se alimentaban de las sobras de los animales. Vivian felices, hasta que el Diablo los encontró. El caso es que hoy es 25/10/2025 y ya van diciendo unos Camorrista que antes del 28 al 29 de octubre Lucifer encenderá una potente cerilla, que hará arder a Cenicienta de arriba abajo y de lado a lado. Pero, el Príncipe, se ha enamorado de Cenicienta y ha organizado un inmenso ejército de hombres buenos. Ellos, van a dar caza al Diablo Lucifer. Ellos ya tienen la fortuna de saber que San Miguel ha vencido al demonio Satanás. Así, que los macarras y camorristas se van a ver rojo de cólera. Porque aquí se acaban las guerras. Lo dice Jesucristo. Cenicienta esta cansada de maltrato, de acoso, de robos y saqueos en sus entrañas, se va a salir de su centro, piensa bailar hasta desparasitarse. No es un cuento, si no dejan de gamberrear, la Cenicienta bailará y no quedará nada en pie, todas las torres de cristales serán derribadas, y sus zapatitos de cristal serán sus zapatos del tira y tira  danzando hasta derribar todo. La Tierra, nos da los alimentos, el agua, el aire y que hacen los gamberros tirar bombazos. ¡Ya se acabó el cuento! Cenicienta está en huelga, no piensa trabajar para los camorristas. Ayuno impuesto e involuntario=hambre y sed. La Tierra es un Ser vivo. Igual que las palabras. Igual que todo en la creación tiene vida propia. El hombre destrozará Europa, él tipo que dijo: Europa será destruida. Y lo hizo en dos guerras mundiales. El Holocausto nazi fue un invento de un judío norteamericano. ¡Verdad! El sacerdote Eleazar, fue quien prendió a Jesús, el mismo lo golpeó con sus puños. Jesús, nunca fue ante Herodes, ni tampoco vio a Pilatos. ¡Mienten! La Biblia tiene lagunas y pantanos sucios, fracaso humano. Dios es Jesucristo. Dios es bueno y generoso. ¡Alabado sea Dios por todos los siglos! Amén

Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor, ¿que es eso de un cometa...? Señor, desvía su trayectoria. Gracias Padre del Cielo. Gracias por cuidar de nosotros. ¡Queremos Paz! ¡Queremos que te lleves a Lucifer y a sus lacayos a otra Galaxia! Señor, gracias. Mi corazón siente dolor, mucho dolor, no quiero estar triste, no quiero ver más muertos. ¡Paz y Amor! Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario