Mientras escribía, iban surgiendo nuevas ideas para proseguir con la investigación. No podía contar con su esposo, tampoco al cien por cien con su hijo Mateo, pero sí podía abrir por su cuenta otras puertas que arrojaran luz sobre la verdad. Iría al pueblo y preguntaría a las personas que hubiesen tenido algo que ver en la vida de su madre. Ya había ido al Registro Civil, pero pasó por alto la Iglesia, e incluso el colegio municipal. Estaba segura de que su madre Aurora Rodríguez Linares no había sido bautizada. Su padre, no quiso reconocer que era de su linaje. El bautiso, le hubiera servido a Dolores Rodríguez Linares, para legitimar el linaje del padre de su hija Aurora, ante la sociedad. Y su posterior reconocimiento de ser parte de la herencia familiar. Cosa, que no preocupaba a la abuela Dolores, puesto que Yolanda, la hermana del padre de Aurora, se había hecho cargo de dar de todo para la manutención y crianza de la hija de su hermano, Aurora. Se crío al estilo de los <<Locos años veinte>>, era una chica divertida, muy alegre y de pensamientos e ideas muy modernos, para la época.
Por otro lado, Violeta había demostrado ser una persona con inquietudes culturales y no le faltaban conocimientos sobre la mayoría de los asuntos. De ahí que su paso por la Universidad había sido imprescindible para su formación académica. Apesadumbrada, recorría los caminos en busca de la verdad . -Ahora te callas, suelta el libro y vamos a la cama. Violeta tú sabes que te quiero de verdad y no permitiré que nadie te haga daño- dijo Roberto.
Violeta, se levantó de la cama sobre las tres de la mañana, escuchaba un llanto, como el de un hombre moribundo, y fue presa de la misma tristeza. Apesadumbrada, recorrió el camino de vuelta al Bosque Mágico. Tomó la lupa y el audífono, se puso a estudiar el comportamiento de los hombres diminutos, sin dejarse ver, ni su sombra. Por eso, se vistió toda de blanco, tapada de pies a cabeza.. Desde su atalaya escucha las voces que dicen los hombres diminutos. -¡Cállate ya! Tú seguirás haciendo lo que yo te ordene, o ¿quieres que se sepa lo que hiciste? ¿Qué dirá la gente cunado sepan que David, María, Asunción y todos los muertos, enfermaron por tu culpa? Hablaba del hijo del hechicero Romualdo, también hablaban del jardinero que tenía la obligación de cuidar del Bosque Mágico.
También, hablaban de Violeta de los hechos que ella desconocía, de todo lo ocurrido en su larga ausencia. Se le aflojaron las piernas y se quedó sentada en el suelo. Las palabras de Romualdo la entristecieron. Era verdad que el hijo del hechicero lamberto había llevado la desgracia a todos quienes les había conocido. Todas las familias de todos los sectores del Bosque Mágico, tenían hijos, mujeres que habían enfermedao; habían caído más personas que en la anterior guerra. Todos comenzaron a desfilar por una gran pantalla (no me dejas avanzar, me quita la inspiración, malage, suelta el ordenador). Las mujeres, los hombres, los hijos, todos los que habían caído comenzaron a desfilar. Las víctimas, llegaron acompañadas de sus ancestros remotos. Todos comenzaron a acusar con indignación al hijo del hechicero Raimundo.
Señalaban a Lamberto. Por haberles engañado. Ya no podía hacer nada por muchas víctimas que se quedaron en el pasado. Pero, Violeta, ella quería recuperar su dignidad y quería sentirse perdonada. ¿Por qué Romualdo la amenazaba con contar a un tal Luis Andrés? Por lo visto, allí parecía que nadie estaba exento de culpa o de secretos inconfesables. Pero ese malnacido de Lamberto tenía oprimido a todos los habitantes del Bosque Mágico. Él no estaba dispuesto a soltar la presa, porque había comprometido muchos millones de dolares. Violeta, no estaba segura de salir bien parada de ese conflicto, ya nada se podía hacer por los muertos. Pero, estaba segura que los sobrevivientes tenían algunas posibilidades de vencer con resolución positiva, pero sin saber a qué precio. Los hombres diminutos discutían con Romualdo el hechicero: -¡Eres un malnacido, igual que tu hijo Lamberto!
-Creo que ya te has cobrado bien, ¡malnacido, hijo de p...! Has tenido a toda la gente diminuta oprimida y estaba claro que lo que querían era eliminar cuantos más mejor. Has hecho con la gente lo que habéis querido. No debí ausentarme del Bosque Mágico. No debí aceptar que fueras el guía de los hombres diminutos. -En aquel momento, tras las palabras de Violeta, se oyó un golpe, lo que pareció un cañonazo. No podía ayudarlos en ese momento, lo echaría todo a perder Se tuvo que tragar toda la bilis que le subía por la garganta. -¿Y a usted no le extrañó eso de ver tantos muertos aquí?
-A mí no me extrañaba nada de la obra de Dios. Él lo puede todo y los milagros forman parte de la fe de un buen cristiano, y veo que usted doña Violeta no lo es porque duda de la obra divina. -Pero, ¿usted no comprobó, no se dió cuenta de como se corría la sangre por el Bosque Mágico. -No sé qué pretende con esas preguntas. Ya le he dicho que a mí me bastó la palabra del médico de este pueblo, ¿que más quiere usted?. Ya me está haciendo perder demasiado tiempo. Soy un pobre obrero al que le falta la fe de la sociedad actual obliga a seguir cuidando la salud física y se olvidan de la espiritual contestó enojado el jardinero.
-¿Podría ver las partidas de los gastos de la sanidad pública antes de marcharme? ¿Podría ver las partidas de defensa con transparencia? -Aquella bola de carne flácida se levantó con dificultad y el ceño muy fruncido. Fue hasta un armario, lo abrió con una llave que sacó de su bolsillo y extrajo una especie de libro con cubiertas de color rojo. Lo puso encima de una mesa y la invitó con sequedad a buscar las anotaciones de los presupuestos de los asuntos del Bosque Mágico.. Bastaron unos minutos de búsqueda del registro para ver un gran agujero negro, por donde se escapaban los euros y los dólares. Se hizo un silencio largo y embarazoso. Ambos permanecieron en silencio y el jardinero no lo dejaba en claro con su actitud, ella sabía que no haría ningún esfuerzo por ayudarla, pensó Violeta, y mucho menos a los hombres diminutos. Mereció la pena su contención, porque encontró lo que buscaba.
-Fuera del Bosque Mágico llovía fuerte. La leyenda y los hechos sobrenaturales se debilitaban ante las sospechas de una confabulación sobre el Bosque Mágico. La única persona que podía arrojar algo de luz era el hechicero Romualdo. ¿Por qué tantas personas debilitadas estaban debatiéndose entre la vida y la muerte en el hospital? ¿De dónde vino? . ¿Quiénes o quién depositaron sobre el Bosque Mágico tales sustancias desconocidas? La única persona que podía arrojar algo de luz había muerto, cuando analizaba aquellos extraños ungüentos... Todavía faltaba un rato para que saliera el sol, cuando Violeta entra en el vestíbulo como si huyera de la peste... Luisa, le pregunta por el jardinero. -Déjame en paz, ahora.
-Violeta, cree que necesita un milagro, del Padre Dios. -Luisa debemos rezar para que ocurra un milagro y los hombres diminutos vuelvan sus ojos al Cielo.- Ambas cerraron los ojos con devoción ante la consternación de los hombres diminutos sobrevivientes. -¿Rezar? -exclamó atónito, Mateo-. ¿Es que pensáis molestar al Altísimo con vuestros mezquinos asuntos? ¿Creéis que no tiene nada mejor que hacer que multiplicar vuestros hombres diminutos y encargarse de vuestra administración? ... Eso es asunto nuestro, mamá, para ello no has colocado al jardinero, como administrador del Bosque Mágico para que mantenga el orden y la limpieza en todo. -¡Dios nos ampare! -susurró Violeta, mientra un escalofrío le recorría la espalda y quedaba en silencio. Se acercó a su escritorio, sentándose ante los grandes libros de cuentas en los que anotaba, escrupulosamente, todas las cifras que afectaban al Bosque Mágico. Pasó una mano por una de las tapas, acariciándola, en busca de una serenidad que no sentía, con la cabeza inclinada, mirando sin ver.
-¿Te encuentras bien, madre? -Mateo estaba impresionado ante la repentina palidez que se había apoderado del rosto de Violeta. -Estoy bien, muy bien, gracias por tu preocupación, hijo. Pero ahora, necesito de la soledad para poner en orden mis pensamientos, Retiraos, os lo ruego, os mandaré aviso si me sois necesarios.
-Violeta contempló cómo Luisa su ayudante y su hijo Mateo se alejaban, entornando la puerta con precaución, mientras les dirigía una mirada inquieta. Era un buen hombre, pensó, el jardinero, no tenía la más mínima idea de la gravedad de la situación, pero era un buen hombre que se había dejado sobornar, por un puñado de millones... Demasiado ingenuo e influenciable para su gusto, pero no se podía pedir más de él, se esforzaba en ayudar a pesar de su escasa capacidad para la administración, en su constante confusión entre las rentas del Bosque Mágico y las revisiones de la despensa de la comunidad. Violeta exhaló un profundo suspiro de resignación. Recordó que ella misma había empezado el pequeño bosque de bonsai junto a su padre, al que había sustituido en el cargo, aunque su inteligencia y habilidad le habían ayudado a sobresalir, cosa que no ocurría con el jardinero. Llevaba muchos años en la finca, y Violeta amaba aquellas paredes de piedra, aún con sus dificultades. Quizás su fe no fuera la misma, la de la joven enardecida por la llamada divina, pero el amor que sentía por aquel Bosque Mágico y su historia compensaba la tibieza de sus creencias, o al menos deseaba pensar que así era. Lo que no podía negar es que amaba aquel pequeño Bosque Mágico, la solidez de sus habitantes, la calidez del jardín y la belleza que lo inundaba todo, hasta el mínimo detalle. No podía permitir que todo aquello desapareciera por culpa de la indiferencia humana, de la locura de los tiempos, de la corrupción de la época.
¡Santo y Bendito Señor, Jesucristo!, meditó con sobresalto, aquella sabía ya había probado todos los desastres imaginables en su Bosque Mágico en el pasado, y no resistiría uno nuevo, no ahora... Se removió inquieta, su mente la transportaba hacia un recuerdo que hubiera querido olvidar, que hubiera preferido que no existiera nunca. Pero debía recordar, volver atrás para no repetir los errores del pasado y rebuscar una verdad olvidada que facilitara una solución al presente. Rememoró la historia que le había contado su padre cuando él no era más que un aprendiz, obsesionado por conocer cada misterio , cada recoveco de la historia del mundo. Y en su mente apareció con nitidez el rostro amable de Jesucristo de Nazaret, la mueca de vergüenza y el rubor cubriendo sus mejillas, mientras le contaba aquella historia de ignominia que aconteció en el Bosque Mágico. En ese momento sucedió que se abre una ventana, el aire hace que resbale un libro del escritorio, Violeta inició el relato de la lectura con gesto entristecido. No sé si conocéis la leyenda... Lo dejaré para otro día...
Pasando las hojas del libro se para delante de un texto: <<Ni lo dudes. Vosotros podéis conquistar la Paz Global y Universal. Si os pudierais ver con la grandeza y la magnificencia que nosotros os vemos desde aquí, no tendrían miedo, ni dudarían un instante. Vosotros tenéis un gran poder, no lo duden y todo va a salir bien. Todo lo que necesiten -dinero, oportunidades, relaciones- os será proporcionado por el universo, Dios lo tiene todo bien planeado. Agradece todas las bendiciones de la vida; las cosas materiales, las oportunidades que se te conceden, así como las personas artífices de esas oportunidades. Agradece a los que te rodean y te potencian; son una bendición. Agradece toda la belleza que te rodea. Agradece la magia de la existencia, la belleza que impregna cada experiencia.>> Fin por hoy. Hasta cuando Dios así lo quiera. Hoy he consultado China-Tahiguan, no es favorable ningún acercamiento, ningún movimiento. Hexagrama 36 El oscurecimiento de la luz. <<Hay que mantenerse firme ante lo oscuro, ante circunstancias difíciles o tiránicas. Las tinieblas están próximas, pero la oscuridad no tiene porqué ocultar sólo el mal... El panorama aquí presentado debe apreciarse en toda su profundidad...>> La Verdad es que las fuerzas oscuras manipulan nuestros pensamientos, dirigen nuestra voluntad. HORA DE DESPERTAR Estudia Metafísica, La Biblia, Cábala etc. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre.
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