lunes, 13 de septiembre de 2021

La pescadera pesco varios peces

 Hace mucho, mucho tiempo, una niña llamada Esperanza que vivía con sus hermanos Eduardo, Alberto y su traviesa hermana Candela. Los cuatro hermanos vivían en una casa cómoda y confortable mientras que su abuela luisa vivió con ellos. La abuela Luisa era la madre de Caridad, madre de los cuatro niños; el esposo de Caridad Eduardo, era un hombre alto y fuerte, un hombre robusto y terco, sus cabellos rizados caen en cascada onduladas de un rubio claro brillante, en su rostro perfectamente simétrico destacan dos ojos relumbrantes de un azul celeste muy intenso; igual era su esposa, una mujer de belleza impresionante con dos ojos color azul mar, ojos que brillaron con alegría mientras su madre atendió las laboras de la casa y cocinaba. Las niñas y los niños vivían muy felices, vestían trajes primorosos, limpios y bien planchados. Por unos años la vida en casa de Esperanza disfrutó de armonía y de equilibrio, fueron muy felices. Un día la abuela Luisa se acerca al Hospital, una vez allí le hacen varias pruebas,¡pobre abuela!, la noticia la tumbó en redondo en el suelo; un feroz médico le dio un siniestro diagnóstico, que la impresionó tanto que Luisa entró en depresión. Un cáncer galopante, ya enraizado en los huesos, en todo su cuerpo. Estuvo un año tratando de sobrevivir, a base de morfina y de calmantes, muere irremediablemente al poco tiempo, un año arrastrado consigo a toda la familia a una depresión, porque todos dependían mucho de Luisa.

Cuando empezamos a viajar por la senda de la vida, solemos ser ingenuos e ignorar las fuerzas oscuras que nos acechan entre las sombras. En esta familia, en la nueva etapa que comienzan tras la defunción de la abuela Luisa, la familia vaga a través de un mundo desconocido, y más que decidir los pasos que van a seguir los padres, tanto Caridad como su marido Eduardo se aventuran en el proceso de las drogas y del alcoholismo, caminan por la senda de la perdición. Los niños y las niñas fueron maltratados por sus coléricos padres. El día a día de estos niños de corta edad fué un suplicio, para todos. Esperanza al ser la mayor de los cuatro se encargó  de cuidar a sus hermanos. Ante la dejadez de sus padres. Nunca se volvieron a ocupar de la comida de los niños, ni de mantener limpia y en orden la casa, nadie asume esa responsabilidad. Los cuatro hermanos se alimentaron de bocadillos, de platos de pescado frito que ellos mismos compraban en un bar cercano, en fin que pasaron de la felicidad a la desgracia en pocos meses. Al llegar del trabajo, los padres, todos los días con o sin motivo se acostumbraron a golpear a los cuatro niños. Esperanza era arrastrada por su larga cabellera rubia; su madre se encargaba cada día de arrastrarla del salón hasta su cuarto, porque le molestaba su presencia, quería ver la telenovela de la tarde mientras descansaba de la larga faena que hacía cada día.

Fueron unos cuantos años desdichados, en especial para Esperanza y su hermana Candela. Ante la alarma de las vecinas, llegan una tarde las Hermanas de la Cruz, llegan para poner orden en la familia. Los padres cuentan mil mentiras, calumnian a sus propios hijos para tapar sus borracheras. Ante tamaño enredo, las monjas hablan a solas con los cuatro hermanos y luego por separado, lo que dijeron esos niños, del maltrato de sus padres era suficiente motivo para que pasarán un buen puñado de años en un penal. Eduardito, llorando mostraba a las monjas sus brazos amoratados de retorcerle sus brazos y dando giros a sus muñecas, para que se callarán lo zamarreaban, lo golpeaban, incluso le tapaban la boca, cuenta el niño que a veces llegó a perder el conocimiento. Esperanza, Candela y Eduardo se llevan la peor parte de las palizas; el pequeño Alberto, no era golpeado, porque era el ojito derecho de sus padres; estaban encantados con el niño porque era tan fino y delicado como un angelito. Pero, si que sus tres hermanos le toman tanto celo, que entre los tres lo acribillan cuando quedan solos, sin la supervisión de sus padres; que era algo cotidiano y diario, puesto que ambos solían salir a los bares de copas, y a cenar. Cuando volvían ciegos de beber.

Pero, para bien de las chicas, las monjas de Sor Ángela de la Cruz se cruzaron en su camino. Las llevaron al colegio conventual de Sevilla. Para ellas fue lo más maravilloso, nunca se esperaron el buen trato y el cariño recibido. Sus días en el convento fueron muy felices, de cuando en cuando las visitaban sus padres. Esperanza y Candela les sugiere a las monjas que los quiere ver tras una celosía, un muro de madera tallada pusieron las niñas por miedo a ser dañadas por sus padres. Allí recibieron educación. Cuando salen a la vida, se ven obligadas a volver al hogar infernal, porque sus padres habían empeorado con el tiempo. Todo lo que ganaban se lo gastaban en juegos, el casino local, les quedaba cerca y esa fué su mayor ruina, fueron a la quiebra, debían mucho dinero, arruinados, pudieron salvar la casa gracias al trabajo de las hijas. Un día Candela va a Rota, donde había muchachos de la NAVI, un moreno que parecía un coloso, tenía la espalda com la puerta de un armario, se enamora de Candela. El fuego estalló, ardieron en la hoguera del amor y nació una bella muchacha mulata, más oscura que blanca, era preciosa. El americano y Candela se casan; ella lo sigue por media Europa, en Italia viven unos años de mucha felicidad, pero, la guerra..., lo enfermó. El soldado, sin que Candela pudiera hacer nada fue a casa de su madre a una ciudad de la costa. No tuvo noticias en un tiempo de su marido. Candela va a la Base Naval de Rota, la recibe una mujer. Candela le cuenta toda su historia, la mujer soldado de rango llora acongojada. Atiende a Candela tratando de solucionar sus problemas monetarios, de familia, puesto que ha nacido una Flor de su amor. La mujer se compadece de candela, le ofrece un trabajo en la cantina americana. Candela acepta encantada. Preparar batidos, cafés, tostadas con huevos estrellados y beicon, se le da de maravilla. Allí se queda unos años trabajando para sacar adelante a su hija Flor. Una tarde, Candela deja la mochila de Flor, a la vista, cerca del mostrador, dónde van llegando los jóvenes marines, un muchacho se acerca, y dice en ingles hispano: Señora linda, ¿usted estudia?, ¿esos son sus libros?. Candela está muy atareada, y para no dar más explicación al marino, dice espontáneamente: ¡si claro que sí estudio! El joven inclinó la cabeza y se sentó en silencio, pasaron varias horas y atodos los marinos que llegaban le decía algo al oído. Todos sonreían e iban echando unos billetes en la hucha de las propinas. La voz se corrió, por un tiempo en la cantina todos dejaban lo que podían. Y, con este dinero de las propinas y lo que ahorró de su trabajo, pudo ir a América a ver a su marido. El hombre estaba gravemente enfermo. Una depresión profunda y unos trastornos bipolares, y algo más profundo que tenía rota el alma; cosa que hoy se cura, con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo.(Es una larga historia)-Pronto te veré otra vez- Y salió para España con su hija con el corazón lleno de dolor. Flor, viaja para ver a su padre, se queda con su abuela una temporada. Los vecinos ayudan a Flor, a encontrar un empleo en un establecimiento atendiendo a las personas, vende prendas, y cosas de útiles para el arreglo personal. Flor, aprovecha una beca, estudia y trabaja. Y ahora ya está a punto de casarse con un guapo mulato. Es un caso, con final feliz, porque Candela pesca varios maridos... Y tenía razón, hay que moverse, pedir solución, así las puertas de la vida se abren siempre. Vive una vida feliz Esperanza en América... Y jamás olvidará a las monjas de Sor Ángela de la Cruz, y el perdón a sus padres llegó, porque reconocieron que les había dado la vida y unos dones muy especiales:<<¡Son dos magas!>> Si, cuando fueron al convento hubieran perdido el tiempo ahora no hubieran podido realizarse como personas libres, mujeres sensatas y libres a pesar de haber sufrido maltrato en la infancia. Cierto es que madán Consuelo las ayuda a superar sus traumas de la infancia. ¡Canta, rana, ranita canta en tu charco¡ ¡Que llueva que llueva la Virgen de las Cuevas, que sí, que no, que caiga un chaparrón en medio de todos los desiertos! llama a la lluvia, acaba con la sequía, limpia la Tierra, y deja que corra el agua libre, libre.


<<Las ranas cantan las canciones que traen la lluvia y que hacen más llevadero el polvo del camino>>. Aquí en el camino de la última peregrinación a la Ermita del Rocío, las peregrinas cantaban por sevillanas:<<¡Mi alma!, y, ¿el polvo pá cuando? Si la rana saltó a los árboles del Coto, saltando de copa en copa, la vida es bellísima, pero, hay que despertarse. La Transformación al estado espiritual cambiará a la Humanidad. Miremos al cielo. Seamos correctos. Todos trabajando por el bién común. Ningún hombre en la cárcel, el penal es para que pene sus culpas y se arrepienta del mal hecho al prójimo. La Victoria está próxima. el Hijo de Dios vine a la Tierra para redimir y salvar a todos los hombres y mujeres de este tiempo. El marido de Candela no pudo superar una visión, en una misión, se acercó con un grupo poco numeroso a un pueblo cerca de..., en la mañana las enfermeras y médicos habían vacunado a unos miles de niños, por la noche unos intrusos, no se sabe quién..., cortaron los brazos a los miles de niños vacunados.¡Nunca más! Todos los enfrentamientos, todas las guerras vienen de las fuerzas oscuras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario