martes, 6 de enero de 2026

El Bosque Mágico - Creando felicidad 17

 Frase inspiradora: <<Mientras las cosas son realmente esperanzadoras, la esperanza es un nuevo halago vulgar: solo cuando todo es desesperado la esperanza empieza a ser completamente una fuerza>>. GILBERT K. CHESTERTON.

Es época de <<almacenamiento de energía creativa, y de construir lo destruido>>; la energía que saldrá a la luz cuando sea el momento oportuno. Éste es un tiempo de potencialidad, de trabajo duro, de acopio de energía creadora. Habrá mucha presión externa, surgirán dificultades, impedimentos y situaciones tensas, que serán pruebas para ver si nos tambaleamos. Un duro examen para nuestra integridad y firmeza interior, pero si lo pasamos sin sucumbir a las presiones, un éxito grande puede llegar para todo el mundo y para todos nosotros.

La actitud más favorable que podemos adoptar en esta época es la de la quietud de la montaña. (No salir a protestar, porque tienen ejércitos de mercenarios dispuesto para reventar las manifestaciones; enfrentar y dividir la sociedad mundial, quieren desintegrar nuestra Historia y buenas costumbres. Aunque Trump, parece un narcisista, un ególatra, es nuestro Líder Mundial; él tiene el don de reunificar y pacificar. Aunque ahora, no lo comprendan se darán cuenta de que su intención es buena, muy, muy buena. El Groenlandia, se ocultan unos seres, que para nosotros son dañinos para la Humanidad; es difícil explicar que en nuestro planeta viven otras razas de seres extraños, unos son "buenos y otros muy malos", sin temores, Dios nos protege. 

Trump, sabe lo que tiene que hacer, depositar la confianza como si fuera un Papa o un enviado de DIOS PADRE, para que ponga firme a los malvados, acabe con el trafico de drogas, con las dictaduras, con los acaparadores y como dice Elon Musk con <<los terroristas corporativos>>, que ya han intentado asesinarlo y lo tienen amenazado, sacando a relucir sus "hazañas sexuales de su juventud". En fin, vamos hacia un gran cambio, si nos dejamos influir por el satanismo habrá derramamiento de sangre, si seguimos a Trump que es el representante de JESUCRISTO- DIOS en la Tierra, la paz será para siempre. Porque estamos al final del Sesto Milenio, ¡fin del mundo!, Juicio Final. Los malvados serán barridos de todo el planeta. Solo los justos vivirán. Y, ya seremos eternos, como Dios y Sus Ángeles. ¿Por qué ocurrirá esto de vivir eternamente? Porque Dios Padre ha perdonado a Adán y a Eva, y los ha bendecido, ellos, son los Reyes de todo el planeta Tierra y Jesús el Rey de todos los reyes. Suficiente por hoy, si no crees es tu problema. La Magia existe. Dios es un Ser Todopoderoso y Magnífico de bueno. Es el Amor, puro.)

Aunque aumente la presión, nuestra postura debe ser la de soportar la tempestad con tranquilidad y confianza, aprovechando ese tiempo para mejorar, centrarnos y fortalecernos internamente. Ésa es la única manera de soportar los embates de los tiempos difíciles. Dejemos a un lado las expectativas, los temores y procuremos ser neutrales. Si perseveramos en esa actitud nos espera un tiempo grande y próspero. <<¡Todo parto es doloroso, pero trae consigo un potencial de infinita felicidad!>> Quien aspira a una vida comunitaria y a la unidad, quien en su vida terrenal tiene en cuenta la regla de oro para la Vida, no se pronunciará contra otras personas, ni actuará con violencia contra la Madre Tierra. Las personas que tienen esta consciencia, vivirán para siempre. El Reino de Jesucristo llegó, Jesús, se dejará ver  otra vez, en octubre del año 2027. Somos huéspedes en la Tierra, y tendremos mucha, mucha vida. ¡Los enfermos sanarán. Los ancianos rejuvenecen y los malvados se van al Más Allá y de ahí al infierno!

Si somos recelosos en el dar y el compartir, los demás serán recelosos para darnos y compartir con nosotros. Si estamos de espaldas al mundo y a las personas, nos encontraremos solos, aunque estemos rodeados de gente que nos ama. Cuando te sientas solo, esfuérzate por compartir tus bienes y riquezas materiales y espirituales. La puerta por la que sale aquello que tienes para dar es la misma por la que entra lo que recibirás multiplicado, según la Ley de la Siembra y cosecha. No lo olvides nunca, el principal obstáculo para vivir una vida próspera está en la forma de pensar y sentir. Si crees que mereces prosperidad, si sientes que no eres digno de lo bueno y bello, la vida se hará eco de tus creencias y sentimientos. Es entonces cuando debes detenerte y recordar: <<Aquel que creó todas las riquezas de este mundo es El mismo que me creó a mí>>. La riquerza es nuestro derecho. Dios da de todo para todos nosotros.

<<En la vida hay períodos de claridad, pero también los hay de confusión, a veces puedes sentirte perdido, como si estuviera en las tinieblas. Pero de la noche más oscura pueden brotar revelaciones. En la dificultad te conoces a ti mismo y a tus amigos, y te haces fuerte. Cuando la noche acabe y llegue el día, serás otro, más bello, más bueno, más pacífico y espiritual.>> ¡La Edad de Oro llegó!

LOS TRES REYES MAGOS

Los pastores de  Belén <<ignorados del mundo duro>>, no eran soberbios. Un pobre había nacido entre ellos, y le miraban con amor, y con amor le ofrecían aquellas pobres riquezas. Sabían que aquel Niño nacido de pobres en la pobreza, nacido sencillo en la sencillez, nacido de aldeanos en medio del pueblo, había de ser rescatador de los humildes, de aquellos hombres <<de buena voluntad>> sobre los cuales el Ángel había invocado la paz. 

También el rey desconocido, el vagabundo Odiseo, de nadie fue acogido con tanta alegría como el pastor Eumeo en su establo. Pero Ulises iba hacia Ítaca para tomar venganza; volvía a su casa para matar a sus enemigos. Jesús, por el contrario, venía a condenar la venganza, a enseñar el perdón de los enemigos. Y el amor de los pastores de Belén ha hecho olvidar la hospitalaria piedad del porquerizo de Ítaca.

Algunos días después, tres Magos llegaban de Caldea y se arrodillaban ante Jesús. Venían tal vez de Ecbatana, tal vez de las orillas del mar Caspio. A caballo o en sus camellos, con sus henchidas alforjas colgadas de las sillas, habían vadeado el Tigris y el Éufrates, atravesando el gran desierto de los Nómadas, bordeando el mar Muerto. Una estrella nueva -semejante al cometa que aparece de cuando en cuando en el cielo para anunciar el nacimiento del Mesías, de un Profeta o la muerte de un César- los había guiado hacia Judea. Habían ido a adorar a un Rey y se encontraban con un infante mal fajado, escondido en un establo.

Casi mil años antes que ellos una reina de oriente había ido en peregrinación a Judea llevando también sus dones: oro, aromas y gemas preciosas. Pero había encontrado a un gran Rey en el trono, al Rey más grande de cuantos jamás han reinado en Jerusalén, y de él había aprendido lo que nadie le había sabido enseñar.

Los Magos, por el contrario, que se creían más sabios que los reyes, habían encontrado a un Niño nacido hacía pocos días, un Niño que no sabía aún ni preguntar ni responder, un Niño que desdeñaría, cuando fuese mayor, los tesoros de la materia y la ciencia de la materia. Los Magos no eran Reyes; pero en Media y Persia señores de los reyes. Los reyes mandaban a los pueblos, pero los Magos guiaban a los reyes. Sacrificadores, intérpretes de los sueños, profetas y ministros, ellos solos podían comunicar con Ahura Mazdá; ellos solos pretendían conocer el futuro y el destino.

Mataban con sus propias manos a los animales enemigos de los hombres y de las mieses: las serpientes, los insectos nocivos, las aves nefastas. Purificaban a los hombres y los campos; ningún sacrificio era tenido por agradable a Dios si no era ofrecido por sus manos; ningún rey hubiera movido guerra sin haberlos escuchado. Se preciaban de poseer los secretos de la Tierra y de los cielos; sobresalían entre toda su gente en nombre de la ciencia y de la religión. En medio de un pueblo que vivía para la materia, ellos, representaban el papel del Espíritu. 

Era justo, por tanto, que fuesen a inclinarse ante Jesús. Después de las bestias, que son la naturaleza; después de los pastores que son el pueblo, esta tercera potencia -el Saber- se arrodilla ante el pesebre de Belén. La vieja casta sacerdotal de oriente hace acto de sumisión al nuevo Señor que enviará a sus anunciadores hacia occidente; los sabios se arrodillan ante aquel que someterá la ciencia de las palabras y de los números a la nueva sabiduría del amor.

Los Magos de Belén significan las viejas teologías que reconocen la definitiva revelación, la ciencia que se humilla ante la inocencia, la riqueza que se postra a los pies de la pobreza. Ofrecen a Jesús el oro que Jesús pisoteará; no lo ofrecen porque María, pobre, pueda necesitarlo para el viaje, sino por obedecer por adelantado a los consejos del Evangelio; vende lo que posees y dáselo a los pobres.

No ofrecen el incienso para vencer el hedor del establo, sino porque sus liturgias van a acabar y ya no tendrán necesidad de humos y perfumes para sus altares. Ofrecen la mirra que sirve para embalsamar a los muertos, porque saben que aquel Niño morirá joven, y su madre, que ahora sonríe, habrá menester aromas con que embalsamar el cadáver. Arrodillados, envueltos en los suntuosos mantos reales y sacerdotales, sobre la paja del estiércol, ellos, los poderosos, los doctos, los adivinos, se ofrecen a sí mismos en prenda de la obediencia del mundo.

Jesús ha obtenido ya las primeras investiduras a que tenía derecho. Apenas se apartan los Reyes Magos, empiezan las persecuciones de los que le odiarán hasta la muerte. Hasta hoy, 1º cuarto del siglo XXI. Zaratustra o Zoroatro, profeta iraní, predican: Piensa bien, habla bien y haz el bien; y también lo asesinaron siendo un hombre casado y joven. Molestaba a la casta sacerdotal y a los gobernantes.

Cuando Cristo apareció entre los hombres, los criminales reinaban, obedecidos, sobre la tierra. Nacía sujeto a dos señores: el uno, más fuerte y lejano, en Roma; el otro, más infame y próximo, en Judea. Una canalla aventurera y afortunada había arrebatado, a costa de estragos, el imperio; otra canalla aventurera y afortunada había arrebatado, a costa de estragos, el reino de David y de Salomón.

Ambos habían ascendido por caminos perversos e ilegítimos: a través <<de guerras civiles>> traiciones, crueldades y matanzas. Habían nacido para entenderse; eran, de hecho, todo lo amigos y cómplices que lo permitía el vasallaje del criminal subalterno para con el criminal principal. El hijo el usurero del Velletri, Octaviano, habíase mostrado cobarde en la guerra, vengativo en las victorias, traidor en las amistades, cruel en las represalias. A un  condenado que le pedía, por lo menos, sepultura, le respondió: <<Eso es cosa de los buitres>>. A los Perusinos destrozados que pedían gracia, les gritaba: <<¡Moriendum esse!>>. Al pretor Q. Galio, por una simple sospecha, quiso arrancarle los ojos por sí mismo antes de que le degollasen. Obtenido el Imperio, extenuado y dispersos los enemigos, conseguidas todas las magistraturas y potestades, habíase puesto la máscara de la mansedumbre y no le quedaba de los vicios juveniles más que la liviandad.

Se contaba que de joven había vendio su virginidad por dos veces: la primera vez a César; la segunda, en España, a Irzio, por trescientos mil sestercios. A la sazón se divertía con sus muchos divorcios, con adulterios casi públicos y con representar la comedia del restaurador del pudor.  Este hombre, contrahecho y enfermizo, era el amo de occidente cuando nació Jesús, y no supo nunca que había nacido quien había de disolver lo que él había fundado.

A él le bastaba la fácil filosofía del rechoncho y plagiario Horacio: <<Gocemos hoy del vino y del amor; la muerte sin esperanza nos espera; no perdamos un día>>. En vano el celta Virgilio, el hombre del campo, el amigo de las sombras, de los plácidos bueyes, de las abejas doradas, el que había descendido con Eneas a contemplar a los condenados del Averno (Infierno) y desahogaba su inquieta melancolía con la música de la palabra; en vano Virgilio, el amoroso, el tierno Virgilio, había anunciado una Nueva Edad, un orden nuevo, una nueva raza, un Reino de los Cielos, descolorido, es verdad, e inferior al que anunciará Jesús, pero mucho más noble y puro que el Reino del Infierno que estaba preparándose. En vano, porque Augusto había visto en aquellas palabras una fantasía pastoril y había creído tal vez él, el corrompido señor de corrompidos, ser el Salvador anunciado, el restaurador del Reino de Saturno.

Presentimiento del nacimiento de Jesús, del verdadero Rey que venía a suplantar a los reyes del mal, lo tuvo, tal vez, antes de morir, el gran cliente oriental de Augusto, su vasallos de Judea, Herodes el Grande.

HERODES EL GRANDE

Herodes era un monstruo, uno de los más pérfidos monstruos salidos de los tórridos desiertos de oriente, que ya habían engendrado más de uno, horribles a la vista. <<No era hebreo>>, no era griego, no era romano. Era idumeo: un bárbaro que se arrastraba ante Roma y halagaba a los griegos para asegurarse mejor el dominio sobre <<los hebreos>>. Hijo de un traidor, había usurpado el reino a sus señores, a los últimos desgraciados asmoneos. Para legitimar su traición, se casó con una sobrina suya, Mariamna, a la que después, por injustas sospechas, mató. No era su primer delito. Antes había mandado ahogar a traición a su cuñado Arstóbulo, había condenado a muerte a otro cuñado suyo, José, y a Ircano II, último reinante de la dinastía vencida. No contento con haber hecho morir  Mariamna, mandó matar también a Alejandra, madre de ésta, e incluso a los pequeñuelos de Baba, únicamente por ser parientes lejanos de los asmoneos. Etretanto se divertía con mandar quemar vivos a Judas de Sarifeo y Matías de Mafgoloth, juntamente con otros jefes fariseos.

Más tarde, temiendo que los hijos habidos de Mariamna quisieran vengar a su madre, los mandó estrangular; próximo a morir, dio orden de matar también a un tercer hijo, Arquelao. Lujurioso, desconfiado, impío, ávido de oro y gloria, no tuvo nunca paz ni en su casa, ni en Judea, ni consigo mismo. Con el fin de que olvidasen sus asesinatos, hizo al pueblo de Roma un donativo de trescientos talentos para ser gastados en fiestas; se humilló ante Augusto para que le guardase las espaldas en sus infamias, y al morir le dejó diez millones de dracmas, y, además, una nave de oro y otra de plata para Livia. (Igual que hicieron los republicanos de España, que regalaron el Oro de España a los comunistas de la Unión Soviética, y lo que se llevaron en las maletas a Rusia, a Argentina, a México etc., todos son muy ricos hoy; hacendados y propietarios de latifundios... lo sé bien.)

Este soldadote advenedizo, este árabe mal desbastado, pretendió ganar y conciliar a helenos y hebreos; consiguió comprar a los degenerados descendientes de Sócrates, que llegaron hasta a levantarle una estatua en Atenas; pero los hebreos le odiaron hasta su muerte. (No olviden, que Herodes el Grande, tuvo la mala idea de mandar asesinar a todos los niños recién nacidos a todos los de corta edad, para asesinar a Jesús el Rey de los Judíos, el Mesías y Profeta del Pueblo de Dios. Un buen hebreo nunca mataría a ningún hombre. Matan en su nombre. Pero, Dios lo ve todo y lo sabe todo... al infierno van todos los asesinos, los criminales y los malvados impíos. Ley de la Siembra y cosecha, Moisés recibió los Mandamientos, el Quinto dice: ¡No matarás! No robarás, lo ajeno, lo del prójimo.)

Inútilmente reedificó Samaria y restauró el Templo de Jerusalén; para los hebreos era siempre el pagano y el usurpador. 

Tremebundo como los malhechores viciosos y los príncipes nuevos, el murmullo de una hoja, el temblor de una sombra, le estremecía. Supersticioso como todos los orientales, crédulo en presagios y agüeros, pudo fácilmente creer en los tres que venían de los confines de Caldea conducidos por una estrella hacia el país por él robado con el fraude. Cualquier pretendiente, por fantástico que fuese, le hacía temblar. Y cuando supo por los Magos que un Rey de Judea había nacido, su corazón bárbaro intranquilo se sobresaltó. Viendo que no volvían los astrólogos a mostrarle dónde había aparecido el nuevo nieto del rey David ordenó que fuesen muertos todos los niños de Belén. Flavio Josefo calla esta última hazaña del Rey; mas, quien había hecho matar a sus propios hijos, ¿no era capaz de suprimir a los que él no había engendrado?

Nadie supo nunca cuántos fueron los niños sacrificados al miedo de Herodes. No era la primera vez que en Judea eran pasados a cuchillo los niños al pecho de sus madres; el mismo pueblo hebreo había castigado en tiempos antiguos a las ciudades enemigas con la matanza de los viejos, de las esposas, de los jóvenes y de los niños; no conservaba más que las vírgenes para hacerlas sus esclavas y concubinas. Ahora el Idumeo aplicaba la ley del Talión al pueblo que la había practicado.

No sabemos cuántos serían los inocentes; pero sabemos -si Macrobio merece fe- que entre ellos hubo un hijo pequeño de Herodes que estaba criándose en Belén. Para el viejo monarca, uxoricida y parricida, quién sabe sino fue ésta una venganza; quién sabe si sufrió siquiera cuando le llevaron la noticia del error. Poco después él mismo abandonó la vida asaltado por males asquerosos.

Vivo aún, corrompíasele el cuerpo; los gusanos le roían sus miembros; tenía los pies hinchados; faltábale el aliento; hedíale la boca insoportablemente. Repugnante a sí mismo, intentó matarse en la mesa con un cuchillo, y por fin murió, después de haber ordenado a Salomé que mandase matar a muchos jóvenes que estaban encerrados en las prisiones.

La degollación de los inocentes fue la última hazaña del heriondo y sanguinario viejo. Esta inmolación de inocentes en torno a la cuna de un inocente; este holocausto de sangre por el perdón de los culpables; este sacrificio humano por aquel que a su vez será sacrificado, tiene un sentido profético. Miles y miles de inocentes han de morir después de su muerte sin más delito que el de haber creído en su Resurrección; nace para morir por los demás, y he aquí que mueren por Él miles de nacidos, como para pagar su nacimiento. (En el plan de Dios, no está la muerte de Jesús, ni la de ningún hombre; si Jesús, murió en la cruz no fue por deseo de Dios, eso es cosa del sacerdote Eleazar y del Sanedrín que lo consintió. Dios es Jesús, y vino para enseñar a los hombres como vivir en paz y alegría, pero, los hombres de la casta sacerdotal prefirieron la Oscuridad, al Diablo y al mal. No lo olviden: Mataron al Dios de los hebreos. Al Rey de  toda la Creación. Al Eterno. Al Santo bendito. Dios del bien y del amor.)

Hay un tremendo misterio en esta ofrenda sangrienta de los puros, en este diezmo de coetáneos. Pertenecían a la generación que lo había de traicionar y crucificar. (Atención, una aclaración a tal misterio: El pueblo hebreo, el griego, el romano e incluso los hispanos y los lusitanos los francos y los anglos, todo el Imperio romano adoraba y amaba a JESÚS, ellos, tienen las manos limpias de su sangre. Son los sacerdotes del Sanedrín los que se mancharon de Su Sangre, y siguen  matando y dando ordenes desde sus sectas secretas...)

Pero los que fueron degollados por los soldados de Herodes este día no lo vieron, no llegaron a ver matar a su Señor. Lo libraron de su muerte y se salvaron para siempre. Eran inocentes y han quedado inocentes para siempre. ¡Viven felices en los cielos junto a Jesús!

Apenas se hunden en la oscuridad las casas de Belén y se encienden las primeras luces, la madre sale a escondidas, como una fugitiva, como una perseguida, como si fuese a robar. Y roba una vida al Rey; salva una esperanza al pueblo; estrecha contra el pecho a su hijo, su riqueza, su dolor.

Se dirige hacia occidente, atraviesa la antigua tierra de Canaán y llega en cortas jornadas -los días son breves- a la vista del Nilo, en aquellas tierras de Mitsraim, que tantas lágrimas había costado a sus padres catorce siglos antes. (La Virgen María, es Virgen porque una viuda o una mujer que permanece casta y pura, a los siete años es Virgen. Los hijos de José y María, las hermanas y los hermanos de Jesucristo se establecieron en la Galia hoy Francia, de ahí vienen los reyes visigodos, los reyes de Europa, los auténticos, no los usurpadores anglos, son los descendientes de la Sagrada Familia. La Virgen María se estableció con Su Hijo Santiago en Hispania, ESPAÑA. La tumba de Santiago fue encontrada de manera milagrosa. Hoy son millones los peregrinos a Santiago de Compostela, se obran miles de milagros en todos los años.)

Jesucristo, continuador de Moisés, pero también en cierta manera anti-Moisés, rehace, en sentido inverso, el camino del primer Libertador. Los hebreos habían estado bajo el látigo de los egipcios; esclavos mal alimentados, tolerados a duras penas, vejados. El pastor de Madián se convirtió en pastor de Israel y condujo a través del desierto a la gente de dura cerviz, hasta dar vista al Jordán y la viñas maravillosas. El pueblo de Jesús había partido con Abraham de Caldea y con José había llegado a Egipto; Moisés lo había devuelto  de Egipto hacia Canaán; ahora, el mayor de los libertadores volvía, amenazado, hacia las orilla de aquel río donde Moisés había sido salvado de las aguas y había salvado a sus hermanos y hermanas.

Egipto, tierra de todas las infamias y magnificencias de las primeras épocas; India africana donde la muerte -Pompeyo y Antonio habían terminado pocos años hacía, sobre sus playas, el sueño del imperio y la vida-, este país prodigioso, engendrado del agua, quemado por el sol, donde los desiertos florecieron, fue regado por tantas sangres de pueblos diversos, entregado al culto de dioses en forma de bestias; (los hijos de Eva y del Diablo Lucifer...) este país absurdo y extraordinario era, por razón de contraste, el asilo predestinado al fugitivo. 

La riqueza de Egipto estaba en el fango, en el fértil limo que el Nilo vertía todos los años sobre el desierto juntamente con los reptiles; el pensamiento fijo de Egipto era la muerte; el pingüe pueblo de Egipto no quería la muerte, negaba la muerte, pensaba vencer a la muerte con las simulaciones de la materia, con los embalsamamientos, con los retratos de piedra conformes a sus cuerpos de carne que esculpían sus estatuarios. El rico, el pingüe egipcio, el hijo del barro, el adorador del buey y del cinocéfalo, no quería morir. (Ellos, convivían con los dioses y los ángeles inmortales; también había gigantes, los nacidos de las hijas de los hombres y de los ángeles de la Caída...)

Fabricaba para la siguiente vida las inmensas necrópolis, llenas de momias fajadas y perfumadas, de imágenes de madera y mármol, y levantaba pirámides sobre sus cadáveres para que el montón de piedra los salvaguardase de la consumación. (Error humano; el alma queda prisionera en esos cuerpos embalsamado, si haces regresiones a vidas anteriores verás, maravillas de la Antigüedad desde el Origen. Miles de vidas he visto pasar ante mis ojos y conozco muchas cosas secretas...)

Jesús, cuando pudo hablar, pronunciará la sentencia contra Egipto; el Egipto que no está únicamente en las orillas del Nilo; el Egipto que no ha desaparecido todavía de la faz de la Tierra con sus reyes, sus halcones, sus serpientes. Cristo dará la respuesta definitiva y eterna al terror de los Egipcios. Enseñará la vanidad de la riqueza que viene del barro y barro se vuelve, y condenará todos los fetiches de los ventrudos ribereños del Nilo y vencerá a la muerte sin cajas esculpidas, sin cámaras mortuorias, sin estatuas de granito y basalto, enseñando que el pecado es más voraz que los gusanos, y que la pureza del espíritu es el único aroma que preserva la corrupción.

Los adoradores del fango y del animal, <<¡los servidores de la riqueza y de la bestia no podrán salvarse!>> Sus sepulcros, aunque sean altos como montañas, adornados como gineceos de reina, blancos y limpios por fuera como los de los fariseos, no conservarán más que cenizas: cieno que cambia de sitio como la carroña de los animales. No se vence a la muerte copiando la vida en la madera y la piedra; la piedra se deshace y convierte en polvo; la madera se pudre y convierte en polvo, y las dos son fango, perpetuo fango.

EL PERDIDO, HALLADO

El destierro en Egipto fue breve, Jesús llevado de nuevo en brazos de su madre, mecido durante el largo camino por el paso paciente de la cabalgadura, a la casa paterna de Nazaret, pobre casa y taller donde el martillo golpeaba y la lima chirriaba hasta la caída del sol. (Este autor, no conoce la Verdad, José era un procurador, es decir, un político, un abogado de la época, igual que Jesús, nunca fueron carpinteros, a no ser para crear sus muebles, cosa propia de la época.)

Los evangelistas canónicos no dan noticias de estos años; los apócrifos dan, quizá, demasiadas; pero casi difamatorias. Lucas, sabio médico, se contenta con escribir que <<el Niño crecía y se robustecía>>. Muchacho sano, desarrollado regularmente y portador de salud como debía ser el que había de dar a los demás la salud con solo tocarlos con la mano. (Jesús, ahora es precioso, es un Hombre maravilloso y de Niño es bonito, simpático y muy espabilado, pero, a los ocho años aún mama del pecho de su madre, yo lo he visto...)

Todoslos años, cuenta Lucas, los parientes de Jesús iban a Jerusalén para la fiesta del Pan sin Levadura, recuerdo de la salida de Egipto. Iban muchos vecinos, amigos, familiares, para hacer el viaje juntos y engañar mejor la largura y el tedio del camino. Iban contentos, más como si fueran a una fiesta de solemnidad conmemorativa de un sufrimiento, porque la Pascua se había convertido en Jerusalén en una inmensa romería, en una gran reunión de todos los judíos dispersos en el Imperio romano.

Doce Pascuas habían pasado desde el nacimiento de Jesús. Aquel año, luego que la caravana de Nazaret hubo salido de la ciudad santa, se dio cuenta María de que el Niño no iba con ellos. Lo buscó todo el día, preguntando a conocidos hallaba si lo habían visto. Pero nadie sabía nada. A la mañana siguiente volvióse atrás la madre, deshizo el camino andado, anduvo por calles y plazas de Jerusalén, clavando sus dulces ojos negros en cada muchacho con quien topaba, (Ojos, color miel claros y brillantes, igual que Jesús.) interrogando a las madres en los umbrales de las casas, pidiendo a los aldeanos que aún no había partido que la ayudasen a buscar al desaparecido.

Una madre que ha perdido a su hijo no descansa hasta que lo encuentra, no piensa en sí misma, no siente el cansancio, ni el sudor, ni el hambre; no sacude el polvo de su vestido, no se arregla los cabellos, no para mentes en la curiosidad de los extraños. Sus ojos, desencajados, no ven más que la imagen de aquel que ya no está a su lado. Al cabo, del tercer día, subió al templo, espió en los patios y vio, por fin, en la sombra de un pórtico, un grupo de viejos que hablaban. Se acercó, temerosa -que parecía, siendo como eran gentes de tanta importancia, con aquellos largos mantos y barbas largas, que no había de prestar atención a la mujeruca de Galilea-, y descubrió, en medio del corro, los cabellos rizados, los ojos resplandecientes, el rostro moreno, la fresca boca de su Jesús. 

Aquellos viejos hablaban con su Hijo de la Ley y de los profetas; le interrogaban, y Él respondía, y después de haber respondido, preguntaban a su vez a aquellos que le enseñaban, maravillados de que un muchacho, a su edad, conociese tan bien las Palabras del Señor. María se quedó unos momentos contemplándole y casi no creía en sus ojos; su corazón, que un momento antes le latía con ansiedad, latía ahora fuertemente también por el estupor.

Pero no pudo resistir más, y, de improvisto, le llamó por su nombre a grandes voces: los viejos se apartaron y la mujer estrechó a su hijo contra su pecho y le abrazó sin decir palabra, mojándole el rostro con las lágrimas, a duras penas contenidas hasta entonces.

Lo cogió, llevóselo fuera, y una vez segura de tenerlo consigo, de haberlo recobrado, de no haberlo perdido, la madre feliz se acuerda de la madre desconsolada: -¿Por qué nos has hecho eso? Mira que tu padre y yo, doloridos, andábamos en busca tuya.-

-¿Por qué me buscabais? ¿No sabías que debo ocuparme en las cosas de mi Padre? Graves palabras, especialmente cuando las dice un Niño de doce años a su madre, que ha padecido tres días por Él.

<<Y ellos -prosiguió el Evangelista- no comprendieron lo que le había dicho>>. Pero nosotros, después de tantos siglos de experiencia cristiana podemos comprender aquellas palabras, que parecen, a primera vista, duras y orgullosas.  -¿Por qué me buscáis? ¿Acaso no sabéis que yo no puedo perderme, que a mí no me perderá nadie, ni siquiera los que me entierren? Yo estaré siempre donde haya alguien que crea en mí, aunque no me vea con sus ojos; no puede perderme ningún hombre, con tal que me tenga en su corazón. No estaré perdido cuando me halle solo en el huerto de los Olivos, cuando esté solo en el sepulcro. Si me escondo, vuelvo; si muero, resucito.

¿Y quién es ese padre de quien me habláis? Es el padre según la Ley, según los hombres. Pero mi verdadero Padre está en los cielos; es el Padre que ha hablado a los patriarcas cara a cara, que ha puesto las palabras en boca de los profetas. Yo conozco lo que les ha dicho de mí, sus voluntades eternas, las leyes que ha impuesto a su pueblo, los pactos que ha establecido con todos. Si debo hacer lo que ha mandado, debo ocuparme de lo que es verdaderamente suyo. ¿Qué es un vínculo legal, humano, temporal, frente a un lazo espiritual, un lazo eterno? Obra de Giovanni Papini, fue un escritor ateo que <<aspiró a ser Dios>> y, una vez convertido a Cristo, intentó <<escribir la vida de un Dios que se hizo hombre>>. Así de contundente lo afirma en el prólogo a su Historia de Cristo, donde ofrece los motivos que le guiaron a escribirla, muchos de los cuales conservan una vivísima actualidad.

 Aconsejo al lector su lectura en la que me inspiro, por elemental justicia... La Historia de Cristo ha sido escrita desde el agradecimiento por el don de la fe, por el hallazgo de Cristo. Es el primer dato que merece resaltarse para descubrir el alma de la inspiración. Escrita desde el arrepentimiento y desde la gratitud no es solo, ni fundamentalmente, una obra literaria -su autor dice que no busca la <<bella literatura>> ni la <<pura poesía>>- sino una confesión de fe en Cristo, de quién se profesa <<súbdito y soldado>>. La bellísima oración final, epílogo de su obra y resumen de sus intenciones, revela hasta qué punto esta historia de Cristo es fruto de la conquista de Papini por parte de Cristo, del encuentro que encauzó sus irreprimibles deseos de gloria. Tal oración nos ofrece el clima en que se escribió su obra y la música que debe acompañar su lectura. Confiesa Papini que escribió esta obra <<sin ningún plan, pero con pasión, con entusiasmo>>, sin recursos de Libros exceptuando la Vida de Nuestro Señor Jesucristo de Le Camus.

 Le bastó la experiencia de la conversión y la lectura de los Evangelios donde encontró al Cristo vivo trasmitido por la Iglesia, único donde Cristo se revela tal como es. (Yo, no estoy de acuerdo con todo lo que dice los evangelios y menos con muchas cosas que escribe Papini. La Verdad está en nuestro corazón. Hay contemplará Su belleza y Su hermosura. ¡Dios es Cristo vive en nuestro corazón!)

El libro de Ignacio Ramonet La Catástrofe perfecta, es un libro que nos advierte, de los males de nuestra sociedad y dice: En los años 80 del siglo XX las políticas neoliberales dominaron la economía internacional, implantándose como si se tratara de la panacea universal. Ignacio Ramonet denuncia cómo se llegó en 2008 al mayor desplome financiero de la historia y alerta sobre otra triple crisis: climática, energética y alimentaria. El periodista avisa también del debilitamiento de Estados Unidos en la geopolítica internacional y propone medidas para salir de las crisis sobre bases más justas y democráticas. 

Y no lo olviden. <<Los habitantes ocultos del planeta se mueven y viajan por toda la Tierra, unos vuelan por la atmósfera, otros van pilotando ovnis, platillos volantes maravillosos, nada se asemeja de lo que hay en la Tierra. Una tecnología impresionante. Sus portales están en los Polos Norte y Sur, y aquí en mi pueblo, se ven salir de la desembocadura del río Guadalquivir, se ven salir al anochecer. Unos zumbidos, tuuun, tuuun un largo tuuun. No estamos solos. No hay que temer nada malo de ellos. Acude a Jesucristo y Él será tu escudo. No temas. Pensamiento positivo y confianza en nuestros líderes. Los grande hombres buenos están al mando de las Tres Potencias. No habrá ningún conflicto en la Tierra en pocos meses. 1º porque los malvados se van al más allá y 2º porque Trump pacificará todo el planeta con la ayuda de Dios y de XI J. y Putin.

Hasta cuando así Dios lo quiera, mi Padre y el de todos nosotros. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos y gracias por Tu regalo de los Reyes Magos, me han traído grandes cosas: Amor. Así, que nada me falta. Gracias Jesús, por Tu Amor, Tu Paz y Tu alegría, me llenaste y colmaste todo el alma hasta rebosar en mi corazón. Gracias a miles. Amén.


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