Frase inspiradora: <<Haga frío o calor, Jesús, siempre te llevo en mi corazón>>. Falsas opiniones: <<La desinformación en la sociedad del desconocimiento. Los procesos de desintermediación característicos del mundo en el que vivimos han favorecido tanto la comunicación como la desinformación. Se trata de dos posibilidades que deben pensarse unidas: la de conocer y comunicar mejor, libres de tutela, y la de padecer una desorientación cognitiva que no tiene que ver con la clásica ignorancia de un mundo escaso de datos o de opiniones,sino que, al contrario, se debe a la incapacidad de gestionar el exceso.
Esta ambivalencia genera a su vez otra muy propia de las sociedades en la que vivimos: el deseo de combatir la falsedad, por un lado, y, por otro, el hábito de protegerse contra quien, para encabezar ese combate, se arroga la capacidad de determinar la objetividad y la verdad. ¿Tenemos algún procedimiento para legitimar la lucha contra la desinformación sin contravenir el principio democrático de que la democracia es un régimen de libre opinión?
La digitalización facilita la comunicación hasta tal punto de que otorga un altavoz a cualquier persona o grupo. De entrada, esta economía de la comunicación podría ser considerada como una gran oportunidad para la democracia liberal. En principio, cuantos más actores dispongan de la capacidad de hacerse oír, menos voces marginadas habrá y más empoderamiento de la gente para intervenir en la conformación de la opinión pública. Ahora bien, tenemos la experiencia de que esta misma apertura ha caotizado nuestros entornos informativos no sólo porque haya quienes estén haciendo un mal uso de esa libertad, sino porque la propia naturaleza de esos nuevos espacios abiertos produce una desorientación particular.
No es únicamente un problema de malvados desinformadores, sino sobre todo de confusos buscadores de información. Se trata, por tanto, de un fenómeno en el que se mezclan oportunidades de democratizar la información con gangas para el desinformador.
Si examinamos lo primero sin perder de vista lo segundo podremos identificar hasta qué punto cabe luchar contra la desinformación y en qué medida este legítimo este combate.
El primer efecto democrático de internet es la desjerarquización. Cuando una tecnología desdibuja la frontera entre la conversación privada y la información pública lo que hace es atenuar la distancia sobre las que se ha construido la verticalidad del espacio público en el que hemos vivido: entre periodistas y lectores, entre creador y usuario, entre profesionales y aficionados, entre actores y audiencias.
El espacio público tradicional relegaba a la sociedad, a la función de audiencia, filtraba y domesticaba sus opiniones, privatizaba su intimidad, infantilizaba a los ciudadanos y profesionalizaba el saber. Internet supone, frente a ello, una ampliación del espacio público, que ya no puede ser entendido como un diálogo gestionado por los periodistas y los profesionales de la política.
La red está construida sobre una poderosa fuerza de horizontalidad del espacio público. Se configura así un nuevo <<panoptismo horizontal>> (Cardon 2010, 65). No hay ninguna palabra pública protegida de la crítica, ni autoridad que pueda imponer el silencio. Desaparece el privilegio de la publicación, irrumpen los <<aficionados>>, se amplía el perímetro del debate democrático. Es verdad que esta apertura tiene sus riesgos (como la difusión de los rumores, la autoexhebición narcisista o la desprotección de lo privado) pero también es cierto que ofrece unas grandes posibilidades para la transformación de la política.
La actual fascinación por las redes sociales, la participación o la proximidad ponen de manifiesto que la única utopía que sigue viva es la de la desintermediación (Innerarity / Colomina 2020). Una desconfianza ante las mediaciones nos lleva a suponer automáticamente que algo es verdadero cuando es transparente, que toda representación falsifica y que todo secreto es ilegítimo. No hay nada peor que un intermediario. Por eso nos resulta de entrada más cercanos un filtrador que un periodista, un aficionado que un profesional, las ONG que los gobiernos y, por eso mismo, nuestro mayor desprecio se dirige a quien representa la mayor mediación: como nos recuerdan las encuestas, nuestro gran problema es... la clase política.
Hay una lógica de fondo que conecta el desinterés hacia el periodismo (porque en las redes uno ya se informaría y expresaría sin necesidad de autorización alguna), la preferencia por los mercados escasamente regulados (suponiendo que la mera agregación espontánea de los intereses produce los mejores resultados) y el desprecio hacia la política (dado que los artificios de la representación no servirían más que para falsificar la verdadera voluntad de la gente, que se haría valer mejor cuanto más directa o plebiscitaria fuera de la democracia).
En estos tres casos, que caracterizan muy bien el modo de pensar dominante de nuestra época, late la idea de que el mundo, es decir, la verdad, la justicia y la democracia, están inmediatamente a nuestro alcance y que los procedimientos e instituciones para la configuración de estos valores son los culpables de su desfiguración.
La lógica del clic, el voto o la opinión espontánea haría innecesario cualquier instrumento para elaborar las opiniones y las decisiones; periódicos, regulaciones, partidos, sindicatos, parlamentos serían igualmente innecesarios e incluso enmascaradores de la realidad o de la voluntad del pueblo.
Los medios tradicionales han perdido su función de gate keepers y han sido sustituidos en buena medida por los buscadores, los agregadores y los algoritmos. Esa función de filtro, mejor o peor ejercida por los medios clásicos, implicaba una cierta introducción de criterios de relevancia, lo que significa también reducción de la capacidad de digerir la explosión informativa.
Es cierto que el despliegue de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tiene un efecto democratizador en la medida en que permite la observación pública continua, cuestionan la marginalización y la exclusión e incrementan la accesibilidad del conocimiento, pero por otro lado agudizan la desesperación del que está excesivamente informado (Luhmann 1995, 80), la <<desinformada sociedad de la información>>. (Lash 2002, 76).
Las redes sociales facilitan la difusión de todo tipo de opiniones y configuran un muestrario de lo más diverso de afirmaciones, sin ningún tipo de jerarquización ni criterio. Por eso, las redes sociales democratizan en la misma medida en que desorientan. Que el periodismo más tradicional tenga grandes dificultades para ordenar too ese ruido es, al mismo tiempo, causa y consecuencia de la vertiginosa proliferación de opiniones.
Hablar de que estamos en la era de la posverdad suena como si acabáramos de salir de una era en la que invariablemente hubiera triunfado la verdad. Siempre ha existido la mentira en el espacio público, pero no con la cualidad y dimensión actuales. Distintas dinámicas de esta economía de la comunicación desafían a la democracia liberal, especialmente una capacidad para producir y extender fake news en una medida y con una facilidad que no se daban en el espacio discursivo predigital.
Hay dos factores que explican que nuestra época se haya vuelto tan locamente mentirosa y crédula: los múltiples y complejos peligros que nos amenazan y la <<desregulación del mercado cognitivo>> (Bronner 2021) como consecuencia del cortocircuito que internet ha producido en las instituciones del saber.
Vivimos en una especie de tribalismo epistémico en el que visiones del mundo completamente distintas coexisten de mala gana sin puentes ni traductores. La nivelación de las opiniones en la red priva al espacio del discurso de sus normas racionales de validación.
Es muy saludable que, a la vista de lo fácil que es mentir y difundir estas mentiras, haya surgido últimamente un tipo de periodistas que se encargan de verificar las afirmaciones de los políticos (San Miguel verificador de la corrupción mundial, protector de la verdad y de la comunidad global) en lo que estas tienen de datos comprobables. Para que el debate público sea de calidad no basta con que los hechos referidos sean ciertos, pero podemos estar seguros de que si esas referencias son completamente falsas no tendremos una verdadera discusión democrática.
Por supuesto que hay mentiras flagrantes y mentirosos compulsivos, que merecen ser combatidos con todos los instrumentos periodísticos y jurídicos a nuestro alcance. Me preocupa, además, una degradación más sutil de la vida política propiciada por los enemigos de la retórica (que siempre se justifican porque los mentirosos se sirven de ella). Me refiero al modo como entendemos nuestras relaciones con la realidad y el lugar que ocupan la verdad y la mentira en la vida política. Nuestra relación con la verdad -especialmente en la vida política- es menos simple de lo que quisieran los que la conciben como un conjunto de hechos incontrovertibles.
No vivimos en un mundo de evidencias, sino en medio del desconocimiento, el saber provisional, las decisiones arriesgadas y las apuestas. La verdad no es lo mismo que la objetividad y la exactitud. Casi nada de lo que decimos o sentimos es <<chequeable>>. Además, como la vida misma, también la política posee una dimensión emocional, y nuestras emociones -aunque las haya más o menos razonables, mejor o peor informadas- tienen una relación muy directa con la objetividad.
¿En qué quedaría el oficio político si no pudiera recurrirse a esa exageración retórica sin la que es imposible movilizar a nadie? El lenguaje político es más prescripción que análisis. La política no es algo que se resuelva con la objetividad, o sólo en una pequeña parte...>> Del libro de Daniel Innerarity: La sociedad del desconocimiento. (El corazón, dice y siente lo que es verdad, escucha tu voz interior, es la voz de Dios. Cristo vive dentro).
LA PARADOJA- Un relato sobre la verdadera esencia del Liderazgo JAMES C. HUNTER 6ª edición. <<Una lectura rápida y fascinante que no podrás abandonar hasta que hayas experimentado todo su poder para cambiar tu vida>>. Joe Weller, presidente y CEO, Nestlé USA. <<Las claves de la paradoja. Este libro nos recuerda los principios universales que nos permiten colaborar con los demás, ya sea en el trabajo o en el ámbito familiar: 1º No hay autoridad sin respeto. 2º El respeto no se funda en la imposición ni en el miedo, sino en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo. 3º No podemos cambiar a nadie, sólo podemos cambiar nosotros mismos. 4º El trabajo lo hacen las personas, y no puede hacerse un buen trabajo sin cuidar las relaciones humanas>>.
<<Los principios del liderazgo son tan simples que se nos han olvidado por completo. Confundimos la autoridad con el poder y el respeto con el miedo, lo que lleva a unas relaciones tensas y recelosas entre jefes y subordinados, y a un triste resultado: cuando un equipo trabaja para contentar al jefe, ¿quién se ocupa del trabajo? Este libro nos enseña que dirigir consiste, paradógicamente, en servir a los demás, porque un buen líder está pendiente de sus subordinados para atender a sus legítimas necesidades, ayudarles a cumplir sus aspiraciones y aprovechar sus capacidades al máximo. Una reflexión inteligente que ha servido de inspiración a numerosos directivos norteamericanos>>.
<<JAMES C. HUNTER Es asesor en una empresa dedicada a la formación empresarial de ejecutivos, cerca de Detroit. Ha impartido numerosas conferencias acerca de sus especialidades: la preparación de directivos y la formación de equipos. Reside en Michigan con su esposa y su hija.>> <<Si todo el mundo está de acuerdo, ¿por qué no todos los líderes se comportan como saben que tienen que comportarse? ¿Dónde están los líderes con vocación de servicio? En la pregunta está el meollo del problema. El liderazgo es una habilidad... (Es un don natural, y no es para maltratar al prójimo, es para servir y ayudar a los demás, el pollo del corral canta al amanecer, es el primero en levantarse del nido, él es el líder del gallinero. hay en el mundo natural muchos ejemplos; por ejemplo, el Lobo, guía a la manada, la cuida y toma una pareja para toda la vida.) Piensa en las cualidades de un gran líder: humildad, respeto, autocontrol, honestidad, compromiso, determinación, gratitud y habilidades comunicativas.>>
Vamos a imaginar que hemos llegados al <<fueron felices>>. Hemos integrado plenamente los muchos y con frecuencia complejos elementos de nuestro ser y nuestros ojos se han abierto de par en par a la luz que surge de esa integridad. Abrazamos las distintas capas de nuestra vida interna con sus diferentes valores y ha llegado el momento de apreciar el tesoro que se esconde tras ella.
Al viajar a través de los oscuros bosques y encontrarnos criaturas y espíritus, tenemos la oportunidad de crecer de una manera que quizá ante no creíamos que fuera posible. A través por las numerosas situaciones por las que pasamos, recibimos lecciones que alimentan nuestra psiques y nos ayudan a prestar más atención a la forma en que funcionan nuestro pensamiento consciente.
Gracias a todo hemos aprendido a seguir nuestra intuición y a escuchar a nuestr parte más profunda, la que finalmente nos ha llevado hasta el <<fueron felices>>. Podemos llegar a estar <<completos>> una vez que nos enfrentamos a la sombra, (pecado original=mal karma) omnipresente en nuestro viaje por la Tierra, y la integramos en nuestra psique. Hay toda clase de espíritus escondidos en los elementos, listos para ayudarnos a alcanzar la madurez.
Hemos sobrevivido a las pruebas y tribulaciones del camino. Ahora estamos liberados de las muchas ataduras que nos impedían ser totalmente conscientes, integrados y completos. Nuestros espíritus están listos para experimentar una nueva conciencia superior, sabiduría y una mayor claridad de percepción. Somos libres del Mal.
Hace mucho, mucho tiempo emprendimos un viaje que nos llevó a través del oscuro bosque del autodescubimiento. Y allí encontramos lobos sanguinarios, monstruos alados con dientes de sable, hadas, reinas y príncipes y, todas aquella cosas que nos ayudaron a definir quiénes somos y a dónde vamos. Y ahora finalmente hemos llegado. Podemos ver a Jesucristo alzado, como si fuese un castillo resplandeciente en el horizonte. Resplandece como un faro y anuncia el final de un largo viaje que hemos realizado. A través de la maraña de árboles, la calma del espejo de las aguas la Virgen María da la bienvenida al viajero, lo lleva a un lugar más plácido donde luz y oscuridad se integran y sintetizan en un mayor nivel de conciencia. El castillo representa el Alma mundi, el Espíritu del mundo. Un suave viento levantó una cortina de cielo y apareció DIOS PADRE.
Y dijo: ¡Hijos míos! El <<Padre Nuestro>>, que siendo Jesús enseñé al pueblo, no es la oración del amor propio, sino que es mundial para todos los ámbitos, es una oración de unidad, que se alza al Padre y vuelve a recaer sobre el alma de quien reza. Algunos entre vosotros saben que todo tiene un aura, ya sea el aura de una ciudad, de un continente, de una sociedad, o el aura de tu hermano o hermana, el aura de un animal, de un vegetal o de un mineral. Se trata de la fuerza interna que irradia hacia afuera y capta tu oración.
Mira, oh hombre, hijo Mío, cuando rezas y tu alma vibra en la conciencia de Dios, los elementos de Dios atraen tu oración de corazón a través de tu alma. ¡El Espíritu etéreo en los elementos de la vida eterna!, igual que los elementos mismos; advierto, ¡no se puede jugar con fuego! San Miguel me dice que estáis muy violentos en Oriente Medio, y ya saben ¡quien juega con fuego se puede quemar! Y no lo olviden al cielo no entran si son malvados, irán al infierno y duele. Mi Hijo Jesús os explico todo. Tienen que saber que todo tiene un fin y si no eliges el <<fueron felices>>. Reza por salvar tu alma. Firmado DIOS PADRE que te ama y quiere que todos vivan felices.
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos, gracias mil. ¡Bendito eres Tú el Rey del Universo, Creado de numerosos seres vivientes y sus necesidades. Bendito eres Tú que vivificas las almas de todos los seres vivientes. Bendito eres Tú que vivificas los mundos. Señor, ten misericordia de los necios, envía al Espíritu Santo para que los guíe y los ilumine a la verdad. Amén
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