miércoles, 1 de marzo de 2023

El Bosque Mágico- La viuda del minero 13º

 Al día siguiente, desde el amanecer, provista de unas cartas con las notas de los mil consejos piadosos dados por Andrés, Alura salió de su casa en dirección a la abadía. Antes de salir de portal del edificio dónde tiene su residencia, se encuentra con una vecina. -Buenos días, señora Alura, ¡no me diga!, que va a visitar a su amiga Catalina. La abadesa, es más astuta y menos insegura que todas vosotras, sus alumnas; las mujeres de ahora son menos timoratas de lo que ella cree. Ella le da la razón a quien mejor le parece. -Rosario murmuró con acritud. -¡Vale, perfecto! Sí, buenos días tenga usted señora Rosario. Ella dice que tengo razón. Y nosotras somos quienes decidimos si somos impotentes ante la gente . Creer que el oponente siempre es más fuerte que nosotros es darle la razón para que nos desprecien. -Eso es lo que dijo Alura. -Es cierto que mi hija habla bien. A veces, pienso que es capaz de convencer hasta a una piedra para que volase. Pero, ¿está menos loca que la abadesa? Solo Dios lo sabe. -Rosario la vecina sonrió y el afecto dulcificó sus facciones. Alura se relajó. -Quizá sea demasiado vieja para vivir esta revolución de la Era del Acuario -dijo, dando unas palmadas en el hombro de su vecina. -Recabar el consejo de algunos sabios no hace daño a nadie -intervino Juan, prudentemente. -¡Qué tontería! Mi marido nunca se ha visto en otra, él no cree que una Revolución empieza con una o dos semillas estelares. -Nunca se ha visto que una rebelión se haga con <<sabios>>, como tú dices. ¡Rosario! A los que habría que hacer venir son a tipos como yo: ¡Ladrones, embaucadores, canallas corruptos con agallas! -¡Dios amparame!

-¡Cuídate mucho, Alura, de tanto ir al convento, puede que te quedes dentro. -Le dijo Rosario con una mueca burlona-. Estaría bueno que Jesús se haya crucificado en la Cruz para nada. Cuide usted a su hija. Uno de estos día, quizá le pida que quiere ir también a la abadía -Alura sintió que se ruborizaba. Ella corría entre los árboles. Su risa traviesa resonaba entre los macizos de flores silvestres. Va posando su mano sobre las florecillas de Lavanda, las huele, se quedó un momento pensativa. Las palabras provocativas de sus vecinos resonaban en el fondo de su alma. Se vio de nuevo ante la puerta de la abadía, unos días antes, uno de esos días en los que el cura predicaba a voz en grito. Esa mañana, por alguna razón sin importancia aparente, estaba encolerizado contra las injusticias, ese día, tenía desde muy temprano delante de la parroquia dos filas enormes de larga, un centenar de personas habían llegado para reclamar ayuda a Cáritas. Había para repartir, aseguraba su asistente.

Iracundo, Pepe, el sacristán dirigiendo un dedo hacia el cielo, gritaba: <<Un hombre no debe casarse con una mujer, a menos que tenga un trabajo, que le permita mantenerla a ella, y a los que tengan que llegar. ¡Estos falsos cristianos de ahora no tienen conciencia, y pretender decir que son amadores de Cristo es ridículo!>>

Ahora, en la calma del jardín de la abadía, Alura sintió vergüenza de estas palabras que volvían a su memoria. Se sentía sucia. <<¿Era posible que las personas, estos pobres entre los pobres, a los que despreciaba tanto los doctores de la Ley, no fuesen más que las víctimas del aborrecimiento vicioso de los pudientes? El desprecio de los ricos a los indigentes, ni siquiera el Eterno mismo había logrado extirparlo del corazón de los hombres.>>

Sin embargo, sor Catalina era la flor y nata de las sabias de la Iglesia de Jesucristo. Esto saltaba a la vista. Una mujer entrada en años, valiente, ávida de aprender y afectuosa si no se la rechazaba de entrada. ¿Cuántas hijas  no soñarían con una madre así? De repente, Alura se preguntó si era una buena idea contar a la abadesa todo lo que su esposo le había dicho desde el plano astral. Ella se sentía como la embajadora del que había de resucitar. ¡Andrés de nuevo en la Tierra! Con una edad racional. ¡Su esposo vuelve a la vida, a vivir!

Alura sentía temor, ante el puntilloso genio de sor Catalina, ese genio de mujer que predicaba tanto la pureza. En realidad, ni Andrés ni ella lo habían pensado. Esto podría comprometer la reunión de la pareja incluso antes de que tuviese lugar su resucitación. No obstante, va reflexionando durante el camino hacia la puerta de la abadía, Alura decidió confiar en la sabiduría del Todopoderoso, callar su inquietud y no atizar la impaciencia, bastante recelosa ya, del cura Damián. Así que decidió no hablar de la llegada de Andrés, desde el más allá, ese día. Durante algunas semana, olvidaron el drama que los reunía y la batalla que les esperaba. Los días transcurrieron, agradables y tranquilos, salpicados de pequeñas alegrías engañosas, como el silencio antes de la tormenta.

Alura se encargó del cuidado de los niños. Alva y Rodrigo se habían sobrecogido, porque ya sabían que su padre volvía del descanso eterno. Sus mejillas recobraron el color rosado, sus lágrimas se espaciaron y, a diario, su risa resonaba a la sombra de la casa grande. Alura no salía de la abadía. Rezaba junto a sor Catalina, también reflexionaban discretamente, bendiciendo la venida al mundo de Andrés. Acudió la alegría al corazón de las amigas. Sor Catalina la recibía con un beso en la frente. Aquel día trajo buenas noticias del Anciano del Tiempo. Ya no se resentía de los golpes que había recibido de la vida y, había recuperado su empuje e incluso su mal carácter. -Sor Catalina, mi esposo me trata como a una vieja esposa. Ahora él ha rejuvenecido, se siente tan fuerte, tan valiente, es tan bueno. Ya nos sentimos como si siempre hubiésemos vivido juntos. Echaba de menos el trabajo en común, cada noche escribimos en el ordenador. Andrés es un gran autor, su nueva novela va muy avanzada. -¡Bueno el Libro, le ha hecho ganar un pico! -Sor Catalina lo aprueba con una agradable sonrisa. -Un día declaró que trabajaría en lo que más le gusta:¡Escribir sus vivencias en pequeños relatos!

Lo cierto es que debemos mirar lo que no se ve, y lo que no se ve, porque lo que vemos es temporal, pero lo que no se ve es inmortal es eterno. Una vez, en el castillo del terror de una feria leí: <<Lo que tú desees para los demás te será devuelto el doble, para bien o para mal>> (Pío XII). Esta máxima dice así: <<Todo acontece aquí en la Tierra como en el Cielo>>. (San Cipriano el Mago, obispo de Corinto). Esto significa que nada pasa por casualidad, hay una Ley eterna: <<Todo lo que se siembra luego se recoge>>. Por eso es que si tienes momentos de sufrimientos es sin duda porque algo habrás hecho para que eso ocurra. Todo lleva un Plan Divino.

Cuando dejes de sufrir debes cambiar los hábitos para que no se repita, y el rostro tendrá más calma y serenidad. Porque tu alma así será la causalidad, no la casualidad, el poder de la mente es muy fuerte y lo que en ella ocurra será lo que en un futuro próximo vivas, tenlo siempre presente. Espero que os sirvan tanto como a mí la cantidad de enseñanzas que os ofrezco con la idea de que hallen su camino hacia la felicidad y la prosperidad. Desde la Edad Media se exigía que las sabias o brujas, también Magas mantuviesen sus actividades con el máximo secreto. Se trata de la raíz del "ocultismo".  Después de leer cientos de libros referentes al crecimiento de la mente y la capacidad y límites de la persona, hallé una respuesta sorprendente a lo que andaba buscando: <<Lo pasajero es lo inevitable, lo definitivo, lo que queda es la elección de lo inevitable.>> Esta frase siempre será una de mis mejores guías.

La magia es un puente que te permite ir al mundo visible al invisible y así aprender las lecciones de ambos mundos. La mejor manera de destruir el puente entre lo visible y lo invisible es intentando explicar las emociones, y no son las explicaciones lo que nos hace avanzar, sino nuestra voluntad de seguir adelante. Todo lo que aprendas utilizalo para el Bien Mayor.

Quiero decirte una cosa: Cuando alguien encuentra su camino no puede tener miedo. Tiene que tener coraje suficiente para dar pasos errados. Las decepciones, las derrotas y el desánimo son herramientas que los Poderes Superiores utilizan para mostrar el camino. No existe nada completamente errado en el mundo, hasta un reloj parado consigue estar acertado dos veces al día.

Todos podemos ser mágicos y percibirlo pero no todos están preparados. Muchas de las estrellas que vemos en el cielo ya se apagaron y, sin embargo, sus luces aún recorren el Universo. Otras estrellas nacieron lejos, y sus luces aún no llegaron a nosotros. Y entonces, te preguntas que nadie sabe cómo es el Cielo verdadero. Algunos si lo sabemos. Hemos visto el Cielo y también los infiernos. Algunos estudian lo que les ofrece los libros, la vida misma y esas personas no siempre ven lo que existe, no conocen el origen del mundo visible ni del invisible y, es simple es Dios la partícula DIOS.

Damián mugía como un toro, pero no abandonaba su carga. Llegaron algunas mujeres y otros hombres, los emigrantes, que habían oído que el uno de marzo se repartían víveres y otras cosas necesarias para la supervivencia diaria. Corría contra el viento. Hizo un esfuerzo y siguió corriendo, pero los otros iban más de prisa que él con sus cuarenta kilos de pollo y ya le pisaban los talones. Como las cuerdas que sujetaban a los perros las llevaban Damián atadas a su cintura por el otro extremo los personas corrían dando desmesuradas zancadas. De pronto, ante él, a diez metros de distancia vio un abismo negro: El puente de la abadía estaba levantado. Reuniendo sus fuerzas lo alcanzó en tres saltos, buscando con sus ojos la gabarra. Pero no la vio. El barquero se había ido. Damián, rabioso, lanzó un juramento y amenazó su puño al vacío. -¡Cochino! ¡Cochino abismo! Sus ojos se bañaron en lágrimas de iracundia. Y se arrojó a la barca que llevaba a la puerta de la abadía.

El río venía alto, crecido con la lluvia, veloz y grasiento, haciendo remolinos y embudos bajo el viento furioso. Sobre él se oía el crepitar de la lluvia. Las aguas arrastraban la barca de Damián y su fardo de pollo como si fuesen paja. Damián no sabía nadar. Se agarró a su carga flotante y se puso a mover los pies dando vueltas y tragando agua. Perdía la cabeza y el fardo se hundía lentamente. 

-¡Eh! ¡Ohé! ¡Ohé! -gritaban los pobres al verle desaparecer en aquel pequeño río de tinta ¡Caramba! El cura, prefirió hundirse con el saco de pollo, antes que compartirlo con nosotros. ¿Será porque somos emigrantes?- Le buscaron siguiendo el ribazo. En la superficie del agua se arrastraban débiles reflejos amarillos, brillando aquí y allá, como minúsculos puntos, la luz que desprendía la grasa de los cuarenta kilos de pollo. Los hombres agitaban sus manos, haciendo señas a Damián, que se debatía como una sombra confusa. Uno de los hombres vio cerca una rama bastante fuerte, la cogió y entre todos la echaron al río. Andrés, había tomado vida, apareció ocupando el lugar de Damián el cura fue llevado por los Ángeles ante Dios, le esperaba un duro juicio, por no haber sido solidario, por no haber compartido los cuarenta kilos de pollo con los pobres. Damián sufriría un duro castigo por acaparar la riqueza que Dios enviaba para compartir con los pobres y débiles. Andrés pudo agarrarse a la rama. Cuando tuvo la cabeza fuera del agua se agitó, resoplando su aliento, medio ahogado. Le cegaban sus cabellos empapados sobre la cara. Vomitaba agua. Su mano crispada no de desasía, sin embargo, de la correa del fardo se soltó, sumergido con Damián. El cura fue arrastrado al abismo, y de allí al Cielo para ser juzgado. -¡Sube! -gritaron los emigrantes enfocándole con una linterna. Y tiraron de la rama, a la que Andrés se había afianzado, para cogerle. Pero la silueta de éste, de pie, chorreando agua, se detuvo cuando el nivel del río le llegaba sólo a las caderas. 

-¡Sube, sube, maldito hijo de p...! Andrés soltó la rama sin moverse. Sabía muy bien lo que se hacía. Los hombres allí reunidos le llevarían a la abadía. Allí se reuniría con su amada esposa. Era lo que más deseaba desde hacia mucho tiempo. -¡Canalla! ¡Sube, imbécil! ¡Sube de una vez! Debíamos haber dejado que te ahogases. ¡Maldito avaro! La codicia te llevaba a la muerte, ¡imbécil!. Sube o iremos a buscarte. -¡Voy! ¡Ya voy! -repetía Andrés sin  poder moverse. Los hombres le liberaron. -¡Pero es la una de la madrugada! -¡Qué le vamos a hacer! Se resignaron. Y bajo el aguacero que caía del cielo, azotados por el viento, con los pies en el lodo, los emigrantes comenzaron su interminable espera. Una larga cola, de personas se aglomeraban delante de la puerta principal de la abadía, muchas horas antes del día del reparto de alimentos y otras cosas como jabón o papel higiénico, material para la limpieza de la casa y del cuerpo.

 Apenas se distinguía Andrés, cuyo busto emergía del agua. Pateaba, resistiendo la corriente, que amenazaba arrastrarle cada vez que intentaba atravesar el pequeño río que le llevaba al convento de sor Catalina. Una vez se lanzó con desesperación, moviendo los brazos, con la correa del saco que trajo del Cielo entre sus dientes. Pero se hundía y casi por milagro se libró de ser arrastrado, por lo que no quiso volver a aventurarse. Intentó luego seguir la corriente a distancia, sin perder pie, pero cayó en un agujero, en una olla formada por un remolino. Esta vez le creyeron perdido. Mas nuevamente reapareció, jadeante y medio asfixiado. Desde entonces no quiso moverse más, permaneciendo así, obstinado, con la cabeza baja, los cabellos sobre el rostro y tirititando. De vez en cuando le gritaban: -¡Sube! ¡Maldito cura, hijo de p...! ¡Te vamos a pelar la cabeza! Pero él ni siquiera levantaba la cabeza.

Hacia las cinco de la madrugada el cielo empezó a palidecer imperceptiblemente. Ya se veía a lo lejos, hacia el Este, entre el cielo y la tierra, una tenue línea gris. Los gallos cantaron en el campo. Con un furioso ademán, Andrés tiró en medio del río su pesado fardo de escritos para que los hombres no pudiesen leer, los secretos del cielo y del infierno. Después subió a la orilla y sin decir palabra alargo los brazos al cielo para orar. Dando gracias a Dios Padre, por su resurrección. Alura estuvo esperándole toda la noche. Había oído en sueños un centenar de voces doloridas, el viento de marzo azotaba puertas y ventanas. La tempestad corría aullando sobre la tierra. Un aguacero inmenso se desplomaba del cielo. Era una de esas noches de diluvio en que parece prepararse algún cataclismo.

Alura, sola, temblaba. El vendaval cubría la casa con brusco clamor creciente, haciendo oscilar la lámpara. De pronto, en el patio sonaba un portazo, con un ruido seco como una detonación. Su corazón palpitaba. Arula no era capaz de salir a cerrar la puerta. Ella permanecía sentada con la mirada perdida en el vacío, inmóvil. Así llegó las siete de la mañana. El tiempo pasaba desesperadamente. De pronto tuvo un sobresalto. Se oyço fuera un ruido como algo que rozase a lo largo del muro de la cas. Escuchó. Ahora no se oía. Creyendo haberse equivocado, puso su silla junto al fuego para continuar su espera interminable: pero de nuevo volvió a oírse el ruido, más claro.

Era como si alguien se deslizase, como si avanzasen lenta y sigilosamente. Una ráfaga furiosa de viento vino a ahogar todos los ruidos que pudieran oírse. Al disminuir su violencia, después de un corto intervalo de silencio, el ruido de roce se repitió. Ya se oía muy cerca de la puerta. Y, súbitamente, en el umbral, se oyó suspiro tan cercano que Alura se puso en pie. Todo cesó de nuevo. A pasos lentos, como un fantasma, Alura fue aproximándose a la puerta.

-Andrés! ¡Andrés! ¡Mi amor! -susurró. Pero no se oía más que el rugir de la tormenta y otros portazos del patio. Alura supuso entonces que a Andrés le había ocurrido algo. Ella sabía, que esa noche volvería a la Tierra. Se puso la gabardina y fue a mirar al campo, pero no vio más que oscuridad. Cerró la puerta de prisa, empujándola con todas sus fuerzas contra el viento. En medio de la cocina, el monstruo se hallaba jadeante, con los ojos llenos de estrías de sangre. Alura, transida de espanto, le veía morir sin osar moverse. El demonio que había poseído al cura Damián, tuvo una agonía trágica. Se quejaba con voz humana, una voz de persona que lloraba. Largo tiempo estuvo mirando a Alura como si esperase algo de ella. Pero Alura tenía tanto miedo que ni siquiera se atrevió a moverse. El demonio murió al alba bajo la mirada de la mujer. A las ocho de la mañana la acongojaron grandes golpes dados en las puertas de la casa. Se levantó y fue a abrir la ventana. El amanecer era frío y gris, batido por ráfagas de aire. Bajo la ventana, al lado de la puerta, Andrés reconoció a Alura que llevaba puesta la gabardina marrón y llevaba un sombrero de cuero sobre la cabeza y las botas de plástico rosa, que le había regalado su esposo, en una ocasión que salieron de compras por el barrio de la calle Barrameda. -Dios mío! ¡Bendito sea Dios y Su corte celestial! ¡Andrés! ¡Estás vivo! ¡Vivo! Tú mi amado esposo, está de nuevo vivo. ¡Gracias Divino Padre Eterno mil gracias! Gracias a miles, Señor, gracias por Tus bendiciones. Amén.

 El mundo necesita de historias refrescante como la de Alura y Andrés. Este hombre nos habla con entusiasmo de lo que ha visto en el Cielo. Y Jesús mencionaba mucho <<este mundo>> y <<el otro mundo>>. También anunciaba muchos cambios para <<el fin del mundo>>. Una vez le preguntaron los Apóstoles cuándo llegaría ese fin e del mundo que Él tanto predecía, y Jesús les contestó: <<Cuando veáis al hombre con el jarro de agua>>. No sabemos si los Apóstoles comprendieron la alusión, pero para esta generación es clarísima. Todo el mundo sabe que el Zodíaco establece la precesión de los equinoccios o, en palabras sencillas, es un círculo n el firmamento estelar compuesto por grupos de estrellas. Cada grupo tiene su nombre. Según la Astrología, cada mes del año está regido por uno de los grupos de las estrellas o Signos del Zodíaco. Son doce Signos, uno para cada mes del año; cada signo es acompañado por lo que llaman  <<un regente>>, que determina la naturaleza del signo.

Pero el Zodíaco tiene un significado mucho más profundo. Digamos que por fuera del circuito que cierra los doce meses de un año, hay un círculo mucho más grande. Tan grande que el espacio ocupado son 2160 años aproximadamente (dos mil ciento sesenta) corresponde a un Signo del Zodiaco, o sea, que cada Signo con su regente gobiernan a la humanidad durante dos milenios y pico. Al final de cada una de estas Eras, el Signo que ha inperado comienza a esfumarse o alejarse y, simultáneamente, comienza a hacerse sentir la influencia del próximo Siggno y las características del regente nuevo. Lo que esto implica es que el Signo que acaba de pasar es el de PISCIS (los peces). Comenzó a alejarse a fines del siglo pasado, pero durante toda la Era en que actuó, la humanidad se mostró influenciada por el pez. 

Como base, a Jesús lo llamaban los cristianos <<el pez>> y adoptaron un dibujo de un pez como clave para indicar en qué lugar se iban a reunir. Ésa era la época de la persecución. 

La religión católica, que imperó durante los dos milenios pasados, inconscientemente mostraba en la forma de la mitra del obispo (cabeza de pez con boca abierta), en la forma gótica de las entradas a las iglesias y en muchas otras características.

El ánimo humano se volvió lacrimoso (agua de mar) y gozba sufriendo. Las novelas eran dramas conmovedores; imperaba el melodrama. Todo era pesado como el volumen del mar. El agua tiene dos fases, como todo, y son: Negativa, porque pudre todo lo que esté en contacto con ella demasiado tiempo; y Positiva, porque en ella nace la vida y contiene cantidad de potenciales. El color de ese Signo era negro, negativo.

Hacia el final de la Era y al aproximarse el Signo de Acuario, en el cual estamos, hubo la reacción que llaman <<crisis>>; como cuando una enfermedad hace crisis y se agravan los síntomas, justamente antes de empezar a mejorar. También fue inventado el submarino, es decir, el barco bajó a las profundidades del mar, acentuándose aún más la semejanza con un pez, hasta en el color plateado.

Al enrar más de lleno la Era de Acuario, que es un Signo aéreo, el submarino cró alas y se convirtió en avión, pero siempre plateado.

El carácter del Acuario es el del jardinero. Representa un hombre con un jarro de agua al hombro. El jardinero celeste cultivará su jardín para que las plantas den flores (para que la humanidad se perfeccione). El Signo lleva dos líneas irregulares a los pies del jardinero que significa <<corrientes>>. Corrientes nuevas de pensamientos, corrientes eléctricas, caminos nuevos en el aire, etc. Fue descubierta la electricidad a fines del siglo ya para entrar en el nuevo. Poco a poco fue invadiendo nuestras vidas hasta que vivimos en ella y por ella; junto con ella y rodeados de ella. Estamos abriendo nuevas rutas en el cielo. Ya la electricidad se graduó con el título de <<electrónica>>. El elemento que va a terminar de transformarlo todo en una Era nueva y diferente es el Uranio, llamado como su regente, Urano. Los Signos alternan.

Uno es Positivo, el próximo Negativo. Para esta Era está predicha la unión de las religiones con la Ciencia. No habrá una religión que impere como imperó la católica en la Era pisciana. Todas se unirán en una sola Verdad.

Cada cambio de Signo trae grandes cambios en el planeta y en la mente. El nuevo Signo actúa como una purga que revoluciona todo lo antiguo para dejar limpio el terreno, acondicionado para la selección que trae el nuevo Signo. El color de este Signo es el blanco. Es la Era espiritual y en la Historia de la Humanidad será la más grandiosa que haya imperado. Las señales que estamos viendo, tan alarmantes, tan perturbadoras no significan sino que Urano, llamado <<el destructor>>, está efectuando su limpieza a mano armada. (Aquí está la madre del cordero, que podemos ir a una guerra con consecuencias imprediscibles, aquí hay que dejarse de ser necios, incautos corruptos fanfarrones, porque se juegan la inmortalidad en la Tierra o el Infierno eterno...).

La destrucción es muy buena cuando rompe todo lo malo y viejo para dejarle el puesto a lo nuevo y bello. Eso es lo que está haciendo Urano. ¡Bendito sea! La Era de los patriarcas bíblicos se distinguió por el pastoreo. Era el Signo de Aries, la cabra. La Era de los egipcios, el Signo Taurus, estaba influenciada por el toro. Eran criadores de ganado y adoraban al toro.

En esta nueva Era no habrá acaparadores, no habrá gurúes, ni emperadores,  ni los grandes maestros, etc. Cada cual regará su propio jardín dirigido por el Ser Divino, el Mesías, el Cristo o Ungido. <<Nobleza obliga>>, dice la máxima, y el que aprende las Leyes superiores está más obligado a emplearlas con toda corrección que aquel que las ignora. No trates jamás de aventajarte en perjuicio de otros por el hecho de conocerlas. Aquel que se cree autorizado para aprovechar su conocimiento a expensas de un tercero, o que se considere dispensado de cumplir las reglas comunes de las buenas costumbres por el hecho de poseer conocimiento superiores, incurre en los castigos, a veces severísimos, que trae el tratar burlar las Leyes Divinas. 

El metafísico es mejor inquilino,  mejor amigo, mejor padre, mejor gobernante, mejor ciudadano, mejor prójimo, mejor hijo, mejor deudor, mejor  patrón y mejor empleado que los demás que no son metafísicos, por el mismo hecho de conocer las Leyes inmutables y sus efectos. A pesar de que vas a tener demostraciones, al parecer milagrosas, apenas comiences a poner en práctica las Leyes que aquí en Metafísica aprenderás; a pesar de que tu entusiasmo te llevará a querer compartir con otros tus nuevos conocimientos, no trates de convencer a nadie de que aprenda la Verdad. Si lo haces, encontrarás que aquéllos que tú creías más preparados para recibirla son los que menos simpatizan contigo. Es que <<Cuando el discípulo está preparado aparece el Maestro>>, dice la máxima ocultista. Enseña con amor a todo el que te pida consejo. Sabrás lo que debes decir si le pides al Ser Divino que hable o escriba por ti.

Estamos en la Era Aocalíptica y es recomendable que no exista más ocultismo. Se acabó la Era en que las cosas estaban ocultas. Ahora ésta es la Era de la Luz y la Verdad y todo el mundo tiene el derecho de conocer todas esas cosas que estuvieron ocultas a través de tantísimos siglos y que nadie debía conocerlas más que los sacerdotes y un puñado de seres humanos privilegiados; no se sabe por qué, aunque lo cierto era que permanecían en la oscuridad.

La Humanidad tiene derecho a saber lo que DIOS ha creado y eso -lo oculto- es creación de DIOS. De manera que se acabó el ocultismo. El Apocalipsis dice que no quedará de la mentira piedra sobre piedra, que todo lo que es oculto saldrá a la luz del sol, al público. Así pue, las instituciones que todavía están ocultando sus enseñanzas deben saber que ya eso se acabó. Estamos en la Era de la Luz y la Verdad; por consiguiente, no puede quedarse nada oculto. Ya lo saben: <<Cuando el discípulo está preparado aparece el Maestro>>. Entonces veremos de nuevo al Maestro Jesús de Nazaret aparecer.

Fin por hoy. Recuerda <<<<la Tierra será limpiada y purificada y los impíos y malvados serán barridos de toda la Tierra>>. Jesús de Nazaret. Hasta cuando así Dios lo quiera. Estudia Metafísica. <<Extrae el amor divino del saco de tu propia energía personal y enfréntate a ti mismo con comprensión. Perdona al niño interior y amaga a tu ego, que es una pobre sombra, que quiere y no quiere ser




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