lunes, 13 de marzo de 2023

El Bosque Mágico - La fuerza destructiva del comunismo

 A orillas de la mar-río, a orillas del Guadalquivir en un paraje desierto, se yergue un joven, lleno de dudas en el pecho, y con aire triste dice al aire:¡Dios mío, qué solos se quedan mis sueños! Como un niño, busco y encuentro un santuario humano celestial. Busco seguridad y compañía como lo hacen los niños. ¡Oh!, divinos ángeles, explicadme el enigma de la vida, el tenebroso, el doloroso y viejo enigma que atormentó a tantas cabezas; cabezas tocadas con mitras jeroglíficas, cabezas con turbantes y gorros cuadrados, cabeza con pelucas y otras mil hirvientes cabezas humanas peladas expuestas en los museos de la barbarie. ¡Oh!, divinos ángeles, decidme: ¿Qué significa el hombre para los hombres que gobiernan y administran las grandes empresas? ¿De dónde viene el odio? ¿Quién vive en los planetas que brillan sobre nuestras cabezas? ¡Oh!, triste rumor trajo la tragedia, murmuran su eterno susurro los vientos soplando trajeron las nubes oscuras, los pájaros huyen, las estrellas tiemblan en la lejanía. ¡Oh!, divinos ángeles no hemos comprendido todavía cuánto se puede aprender por medio del cuerpo-mente. ¡Cuántas doctrinas de las pertenecientes a este mundo puede apurar aún el hombre más inteligente y activo antes de que deje de existir! 

-Hasta para quién conoció el principio, le es difícil explicar a los hombres cómo empezaron sus vidas. Es indudable que en nosotros existe una partícula de divinidad, algo que es anterior a los elementos y no debe homenaje alguno al sol. -En la cabeza del joven estalló una alegría tormentosa, apareció en la orilla el tío Jerónimo, que preparaba las redes con tiempo para salir a pescar ya aprovechaba las luces del alba. Cada día, pues, se ponía en acción al amanecer y se dirigía a la mar abierta a buscar su carga de pescado; distante, siempre acompañado de su fiel perro, empezaba el joven a desconfiar de la sabiduría del pescador y le pregunta: 

-¿Todo lo que vive se pierde? -Lo que no tuvo principio puede tener confianza en que tampoco ha de tener fin. <<La estancia en la tierra es tan sólo una nueva prueba, como dijo Dupont de Nemours, ese gran escritor que ya en el siglo XVIII se adelantó al pensamiento moderno; y si es así, ¿no es evidente que el recuerdo de las vidas pasadas sería un serio obstáculo para las pruebas a que nos vemos sometidos, porque quitaría muchas de sus dificultades y, por consiguiente, de sus méritos, así como su espontaneidad? Vivimos en un mundo en el que son todopoderosos el libre albedrío y la inviolable ley de adelanto y progreso humano. Si el alma recordara sus vidas pasadas, conocería la significación y las consecuencias de las pruebas que le están reservadas; de forma que si era indolente y descuidada, se haría insensible a los propósitos de la Providencia, y acabaría por considerarse impotente para dominarlas; pero si era de mejor calidad, las aceptaría y sobrellevaría sin desfallecer.

Sin embargo, ninguna de estas dos suposiciones es necesaria, ya que la lucha ha de ser libre, voluntaria y desprovista de la influencia del pasado; el campo de combate debe parecer nuevo, para que el atleta pueda mostrar y practicar sus virtudes. La experiencia ya adquirida por él y las fuerzas que ha sabido conquistar le ayudan en la nueva lucha; si bien lo hacen de tal forma que él lo ignora, pues el alma imperfecta se reencarna a fin de desarrollar las cualidades que ha manifestado ya y de libertarse de los vicios e imperfecciones que se oponen a la ley ascensional. ¿Qué ocurriría si todos los hombres recordasen sus vidas anteriores? El orden de la Tierra se desharía, pues actualmente no está fundamentado en semejantes condiciones. El Leteo y el libre albedrío son las leyes del mundo actual.>>

-Sí, señor, es tan probable que el presente sea resultado de un estado anterior, ahora casi olvidado, como que el estado actual será seguido por una forma futura de existencia en la cual ha de ser el olvido casi tan completo como ahora. Y si es cierto que sentimos ansia de ese estado futuro, que tenemos puestas las esperanzas allende la tumba y experimentamos deseos de abarcar la eternidad, sentimientos que muchos suponen son prueba directa de la realidad del estado futuro, también es cierto que tenemos débiles indicios del pasado, cual si en el alma vibraran los ecos de una armonía que no es de este mundo. Wordsworth dice que semejantes convicciones forman parte del patrimonio olvidado de nuestra raza.

-Los hombres diezman su especie en nombre de altos ideales que suelen esconder sórdidos intereses. A través de las visiones que surgen de las vidas anteriores giran los relatos que exacerban hasta el paroxismo los elementos de locura, sexo, violencia y pesimismo característicos a las miserias de la guerra, de la violencia y de la lucha; surgen con enorme fuerza los horrores, las injusticias y el absurdo de esas carnicerías periódicas en la que los hombres se ensañan con los hombres en todos los tiempos, en todos los siglos. 

Ahora me doy cuenta. Tengo una vecina, con unos ojos, llenos de amor, su rostro me es muy conocido, sus recuerdos, joven, me abrasan vivo. Todas las mañanas sale al balcón y ella huye, ahora sé el porqué. De sus desaires. Ella no tiene una dulce sonrisa, con miedo y a hurtadillas veo que me contempla tras un hondo suspiro. El miedo cierra el postigo, aunque en su corazón cante un ruiseñor y el colibrí le eche piropos; ahora creo en que un hechizo la aleja de mí. Son lecciones de paganos convencimientos, de los hombres.

El novelista Bulwer-Lytton expone de la siguiente manera su opinión sobre esta verdad: <<Quizá la eternidad consista en una serie interminable de transmigraciones, de muertes, de abandonos de un hogar por otro en busca de lugares más bellos y alturas más elevadas. El espíritu levanta su tienda época tras época, y predestinado a no descansar en el estúpido Elíseo de los paganos, lleva consigo eternamente sus dos elementos de actividad y deseo.>>

-Los hombres más religiosos se han alimentado desde tiempo inmemorial con el sentimiento de que esta vida es una peregrinación a través de la cual buscamos nuestro camino hacia Dios. Las Escrituras están llenas de este sentimiento, en el que se han fortalecido los espiritualistas de todas las épocas. Desde Abraham, quien decía que su vida estaba formada por <<los días de los años de la peregrinación>>, pasando por todas las fases del pensamiento cristiano, hasta llegar al libro más formidable del cristianismo moderno, llamado El viaje del Peregrino, esta idea ha sido sentida de un modo universal... La doctrina de la reencarnación no es una fría hipótesis filosófica, sino un desarrollo viviente de ese germen del cristianismo, engrandecido de acuerdo con las necesidades de los hombres y el carácter de Dios. Palpita en ella la más profunda piedad y la inteligencia más elevada, cooperando más que ninguna otra hipótesis al desarrollo supremo de la humanidad. 

<<Las esencias de nuestras almas no pueden dejar de existir jamás, porque nunca empezaron a ser, y sólo puede vivir eternamente lo que ha vivido desde la eternidad. Las esencias de nuestras almas eran alientos de Dios antes de que llegaran a ser almas vivientes; ellas vivían en Dios antes de morar en las almas creadas y, por lo tanto, el alma participa de la eternidad de Dios.>> William Law.

-Creo que la profecía de Mencio, el discípulo de Confucio, para el tiempo del Apocalipsis se puede estar cumpliendo: <<Lo único posible en este tiempo es seguir el camino del TAO.>> Porque, todas las religiones y filosofías hacen dudar a los hombres. En el mundo moderno, la falta de certidumbre se halla en el origen de numerosos problemas y es causa de buen número de desesperaciones y desazón.

Nos preguntaremos, tal vez, si el problema de la certidumbre es algo esencialmente moderno, ya que la incertidumbre reina desde hace mucho tiempo. ¿No ha ocupado un lugar privilegiado en la filosofía moderna y, sobre todo, en la tendencia subjetivista del pensamiento moderno desde el siglo XVI? Existe progresión en la incertidumbre desde aquella época hasta la nuestra. En todas las edades, el problema de la incertidumbre y de la duda amenaza la vida humana. De ahí que la predicación clara del Evangelio sea vital en todo tiempo. El mensaje del Evangelio puede dar la certeza al corazón del hombre, ya que es la luz que resplandece en las tinieblas. Sin embargo, creemos poder afirmar que el problema de la incertidumbre ha tomado un aspecto más peligroso hoy que nunca en toda la Historia. Es lo que ocurre siempre en la hora de las grandes catástrofes, cuando los fundamentos son conmovidos y la certeza desaparece. Más que nunca, parece imposible agarrarse a los viejos cimientos de la certidumbre.

Durante siglos los hombres han conocido la confianza y la felicidad, seguros de la estabilidad del mundo, de la seguridad de su cultura y de su fe, de su Iglesia y de sus sistemas políticos. Esto es particularmente cierto de algunos períodos de la Edad Media, así como de otros siglos en que, a pesar de los problemas y de las mismas guerras que amenazaban la vida humana, permanecía un fondo de seguridad, el sentimiento de que la quietud y la serenidad volverían. Incluso en los siglos XVIII y XIX, cuando la incertidumbre ya amenazaba a muchos individuos, la esperanza no se extinguía. La amenaza sólo se cernía sobre ciertos lugres y durante cierto tiempo. Bien la fe. Más bien se componían de una especie de confianza en la razón y en las posibilidades humanas para explicar el porqué de la vida, de la existencia de Dios y de la inmortalidad.

Fue, sobre todo, el siglo XIX el que puso plena confianza en la razón humana y en los grandes descubrimientos de la ciencia, particularmente de las ciencias naturales, que dejaban estupefactos a nuestros abuelos. El hombre esperaba su seguridad y su salvación de la obra de los hombres. En esta seguridad no quedaba lugar para un Dios todopoderoso y que obrara en el mundo. En su optimismo científico y cultural, en su orgullo de un mundo moderno que debía ser mejor cada día, los hombres no tenían necesidad de Dios. Conocemos las leyes que rigen el universo, y la mayoría no puede aceptar que jamás hubiera tal cosa como eso que llamaban los antiguos <<milagros>>. Así, empezaron a ser echados por la borda los milagros bíblicos tales como la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Vivían en un mundo lleno de certezas por causa de lo que el hombre había realizado y aquello que era capaz todavía.

En cuanto al porvenir, juzgaban imposible que nunca pudiese haber un verdadero juicio final, un día en que Dios, el Dios vivo, el Dios de la Verdad, el Padre de Nuestro Señor jesucristo, juzgaría el mundo. ¡Aquellas gentes del siglo pasado se sentían seguras en su mundo! Pero era aquélla la certeza de un mundo cerrado, enteramente replegado sobre sí mismo. Era imposible que nada extraño, nada imprevisto, aconteciese jamás. El siglo XIX conoció bien las burlas de quienes Pedro en su segunda carta y que exclamaban: <<¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación>> (2.ª Pedro 3:4).

¡El orgullo humano ya no podía ser más amenazado por el juicio de Dios! Esta falsa seguridad ha llenado todo el siglo XIX, una seguridad fundada en los resultados de la ciencia dentro del seno de un mundo cerrado. Y esta seguridad se encontró más y más afirmada por la idea de la evolución de la vida humana. Una tendencia determinista atravesó todo el siglo y no es, por lo tanto, sorprendente que fuese un período de modernismo religioso y teológico que atacó vigorosamente el fundamento mismo de la fe cristiana. ¡Este fundamento se había convertido en algo inútil!

Y en la medida en que todavía se hablaba de Dios, se trataba de un Dios que no era más que la expresión ambigua de la autonomía humana y un sinónimo de la <<razón humana>>. Pero es un hecho que hoy este trasfondo histórico y esta seguridad han desaparecido completamente. En la actualidad estamos presenciando aspectos de la vida humana muy diferentes de aquellos que sólo servían para glorificar el poder y la razón del hombre. Cierto, hemos descubierto las inmensas posibilidades de la inteligencia humana, pero cada uno sabe ahora que las obras del hombre constituyen una amenaza nueva que pesa siniestramente sobre la seguridad y sobre la cultura de la Humanidad. <<Si hablamos desde perspectivas humanas, este poder puede muy bien ser el de la destrucción final.>> He ahí por qué el problema de la seguridad y de la certeza se halle colocado, al presente, en el centro de la actualidad.

En casi cada libro, cada artículo, cada tratado comprobamos que este problema inquieta al mundo y que se ha convertido en la preocupación mayor de todos los espíritus. La Literatura contemporánea revela una tensión extraña y como presa del pánico. expresa la época del terror y del miedo. Pienso, por ejemplo, en este judío ruso bien conocido, Leon Sjestov (1866-1938), y en su vehemente protesta contra la razón. Negó la autonomía de la razón humana y de todo lo que en la vida de los hombres no depende más que del razonamiento. No es más que un ejemplo; podría citarse muchos más. Asistimos hoy, a una degradación de la confianza del hombre en las posibilidades de su razón, hecho que se designa ordinariamente por la expresión: la invasión del irracionalismo. La lucha entre irracionalismo y racionalismo se ha convertido en uno de los grandes conflictos de la actualidad filosófica.

Algunos consideran con alivio este paso del racionalismo al irracionalismo, ya que todavía están vivos en su memoria los recuerdos que los sombríos ataques llevados a cabo por el racionalismo contra la Iglesia de Jesucristo. No han olvidado con qué orgullo la razón humana se avalanzó sobre la fe cristiana, ni el ridículo con que dicha razón trató de afrentarla. Ahora bien, tal certeza está en declive; está desapareciendo. A comienzos los hombres se escudriñaban el futuro hablaban del siglo del alma, del siglo de la paz, del siglo de los niños; pero, hasta el presente, ¿qué ha sido en realidad de este siglo XX y sigue el XXI...?¡El siglo de las dos guerras mundiales y no el siglo de la felicidad que prometían! En relación con estos eventos catastróficos se desarrolla una nueva corriente de pensamiento filosófico, pensamiento irracionalista: ya no se habla de la razón, sino de la intuición, de sentimientos, de vida peligrosa, de aventura, de riesgo y de existencia amenazada.

Y hay quien afirma que la atmósfera así creada es mucho más favorable a la Iglesia y a la predicación del Evangelio. Más, ¡cuidado! ¡Mucho cuidado! Humanamente hablando, es muy posible que algunos se hallen confusos por la capitulación de la razón y presten atención de nuevo la atención a la Palabra de Dios. Pero no podemos olvidar jamás que la reacción contra la supremacía de la razón humana se está convirtiendo en nuestros días en una corriente creciente de protesta contra toda certeza, contra toda forma de certidumbre en el mundo. La vida -se afirma hoy- no puede ser aprendida por la razón o a partir de un punto de vista intelectual; la vida es una experiencia; el hombre debe vivir peligrosamente. Tal es la solución irracional. Ni esencia, ni razón, ni certeza, sino tan sólo incertidumbre, existencia nada más. A la gente le da miedo lo que no comprende. Con el trabajo interior la inteligencia se orientará hacia la verdad, hacia la ciencia y la religión. Pero, Él está ahí, en el fondo de la naturaleza humana, y cuando la crítica, la ironía, el sarcasmo hayan agotado su hiel, aparecerá el amor en sus palabras y en sus escritos; aparecerá la blancura de Dios que lo cubrirá todo.

Entonces se producirá el afán interno de ir hacia lo verdadero por la senda de la inteligencia y, según la personalidad del individuo, esa verdad se manifestará por el camino de la ciencia, del arte literario o de la religión, o por los tres canales a la vez. La gran importancia de conocerse, de tener una buena relación con uno mismo, e ir más allá, es aprender a conocerse desde el origen, para ir familiarizandose con lo que realmente es uno en sí mismo. Debemos aprender a vivir en armonía dentro de uno mismo y con el mundo en el que habitamos. Tal cual vive uno dentro, eso reflejará. Aprendamos a tratarnos con respeto y cariño, a trascender el diálogo interior y vivir aquí en la Tierra como es en el Cielo. Podemos vivir en justo equilibrio entre ambos mundos desde este cuerpo que habitamos. Ahora, es un buen momento para despertar. Aún no es tarde.

A través de enseñanzas y relatos cargados de una fuerza vital impetuosa, la sola lectura de el Zohar modifica y transforma la vida de la persona hasta niveles sobre los que sólo puede atestiguar y transmitir quien se ha prestado a esta increíble vivencia de Luz abrasadora. <<Abrió Rabí Iosei su enseñanza y dijo citando un versículo: <<Rey poderoso, que ama la justicia, Tú has establecido la equidad, ejerciste el derecho y la justicia en Jacob>> (Salmos 99:4)... Y dijo y enseñó además que la Congregación de Israel no es rectificada sino a través de la justicia, debido a que de allí ésta se nutre, y todas las bendiciones que toma, ella las toma de allí. Y debido a esto está escrito: <<Rey poderoso, que la justicia>>.

Según la enseñanza de Cristo, la esencia de la persona humana es el amor. En la composición de la de la existencia humana entran numerosos factores; la arquitectura del hombre es extremadamente complicada, pero uno solo eleva a la dignidad  de ser Rey de la Creación: <<¡EL AMOR!>>> El amor es el resorte íntimo de la persona humana, la imagen divina de nuestra alma que distingue al hombre de los demás seres. La imagen existe en la persona mediante la participación del hombre a la Naturaleza Divina. Dios es amor y, por consiguiente, el supremo obsequio que se nos ha hecho, la distinción que nos ha concedido al prohijarnos no puede ser más que un lazo de amor. El mundo es un poco desconfiado hacia el amor, ya que lo confunde con el amor humano.

El amor cristiano verdadero o espiritual no está mezclado con elementos instintivos o psicológicos. Su característica es su ofrecimiento, su desbordamiento generoso desde el interior. Este amor no sirve a los intereses del individuo o a sus placeres. No le regatea sus frutos. No pide reciprocidad en el trato. No busca la recompensa. No especula, no explota a otros seres, no asimila del exterior lo que le conviene a su prosperidad propia. El amor no busca su lucro, como dice el Apóstol San Pablo. La alegría del amor puro es de proyectarse en la obra realizada y no en el sentido de pertenencia. El amor espiritual ofrece sin pedir nada a cambio. 

<<El sacrificio que se derrama en nuestra alma por amor, por un amor que sea otra cosa que nuestro ser, el sacrificio que nos inunda, vaciando los cimientos humanos de la vida, más enfervorizándonos al mismo tiempo con la satisfacción que no puede abarcar el pensamiento humano, este sacrificio es el gesto que arranca por encima del caparazón de nuestra insensibilidad ante las cosas divinas, transformándonos en herida viva, y nos pone en comunión directa con la divinidad, que penetra impetuosamente adentro de nuestra alma.>>

El individuo que ha descubierto la fuente del amor espiritual sufre una transformación profunda. En su vida se origina un acontecimiento trascendental, una ruptura, una sacudida que cambia su ser. Es como si naciera de nuevo. El siente como se derraman las fuerzas vivas de su alma. Un torrente de energía inunda su conciencia, lo que le permite llevar a cabo empresas que no hubiera realizado en condiciones normales de su existencia. Bajo la influencia del amor, el hombre se convierte en un campo de altas tensiones espirituales. No es un hombre, sino una fuerza humana. El crea, él se afirma, lucha, se lanza al mundo para la victoria de unos fines, que sobrepasan a su persona. El amor, eje de la conciencia humana, se pone de manifiesto bajo la forma del impulso creador.

El individuo iluminado por el amor se encuentra en un estado de pasión creadora. Nada le espanta y nada puede resistir a su dinamismo creador. Dios ha creado el Universo, ha creado la persona, ha creado el mundo de los espíritus superiores y crea ininterrumpidamente. Y el hombre, tocado por las alas del amor, sigue el mismo camino de las grandes realizaciones, de las grandes creaciones, convirtiéndose en un colaborador de Dios. El amor espiritual es el poder creador de la personalidad humana. Todo lo que se ha creado de grandes dimensiones en la Humanidad, incluso cuando no ha sido reconocida su fuente de creación, se debe al amor. El puede ser equiparado, en el orden material, a la energía atómica o nuclear. pero para que se manifieste al exterior desde las profundidades del alma tiene que sufrir un bombardeo espiritual, que viene del Espíritu Santo, con la asistencia de los Arcángeles, los Ángeles del Paraíso y los Maestros Ascendidos. La fuerza creativa del amor une; la persona humana no es un descubrimiento de nuestra época. Sus bases han sido puestas por el Divino Redentor y desde entonces nada se ha añadido sustancialmente. A lo sumo se ha deteriorado su brillante contorno, mediante intervenciones humanas no adecuadas, como en un cuadro de valor, caído en manos de profanos. La persona humana pertenece a las verdades reveladas. Cristo mismo se ha encargado de explicarnos lo que es el hombre.

Y no mediante teorías, ni disertaciones acerca del destino humano, sino ofrecieéndonos su estremecedor ejemplo. La teoría y la práctica de la persona humana, la idea y la acción, la norma y el ejemplo, forman un todo inseparable en Su vida terrenal. En definitiva, por eso vino al mundo, para enseñarnos a vivir como personas, como verdaderos hombres, personas que no pertenecemos a este mundo, que tenemos un origen sobrenatural y somos hijos de Dios. Jesucristo se ha sacrificado para restaurar la imagen auténtica de la persona humana, así como salió de la mano de Dios, y para advertirle a la vez al hombre que, si no vive conforme su destino celestial, está amenazado a desaparecer definitivamente en la nada del que ha venido. El problema de la persona humana ha sido radical y definitivamente resuelto por Jesucristo. Solamente en Su vida la encontramos realizada en toda su plenitud y belleza. No hace falta indagar a comprender al Divino Maestro y a seguir Su ejemplo, haciendo uso de la gracia divina y del escudo protector de los Siete rayos de luz de los Arcángeles. El amor es el resorte íntimo de la persona humana, la imagen divina de nuestra alma que distingue al hombre de los demás seres. La imagen existe en la persona mediante la participación del hombre en la Naturaleza Divina. Dios es Amor y, Dios es el Rey de la Creación.

No nos sorprende que algunos compañeros de viaje, que se comportan tan ingratamente con la fuente de donde brotó la filosofía de la existencia, pero nos sorprende que muchos cristianos se someten a los juicios y en la cuestión de la persona humana prefieren orientarse tomando como guía a Marx, a Freud, a Sartre, a Marcuse, en vez del Divino Maestro, olvidando que Cristo no es un hecho histórico, sino <<EL CAMINO, lA VERDAD Y LA VIDA>>, para todos los tiempos hasta el final de los siglos.

<<La fuerza destructiva del comunismo. Una vez que sabemos quienes somos -una energía creadora que emana de la Naturaleza Divina- nos podemos enfrentar con el enemigo y con la seguridad de que podemos vencerle. Pero previamente hay que someterse también al enemigo al mismo examen: ¿Qué estructura tiene el hombre comunista en comparación al hombre cristiano o espiritual? No me refiero a las masas que votan por los partidos comunistas y las cuales se imaginan erróneamente que con la llegada del comunismo al poder mejorarían sus condiciones de vida; se trata de minorías dirigentes, de los endoctrinados y definitivamente ligados a esta empresa infernal. Porque el comunismo es el Testamento de Satanás, para borrar a Dios de la vida de las personas... 

El hombre-comunista pertenece a otro mundo, a otro universo moral e intelectual distinto al del buen cristiano. A diferencia del hombre- cristiano y espiritual, que tiene un sentido creador en la vida, el comunista es un poseído de la destrucción, de la separación. El comunista odia la creación bajo todos sus aspectos: odia a Dios, odia a la persona humana, odia a la nación, odia a la cultura, odia todo lo que es noble y hermoso en este mundo. Ante todas las grandes obras de la Humanidad, ante todo lo que ha creado el genio humano a través de milenios, él levanta el puño para destruirlas. Su alma hierve de odio y se manifiesta mediante actos de vandalismo. Ellos incitan a todo lo innoble e inmoral, al aborto, a la disolución de la Monarquía, y todo tipo de gobierno bajo un orden y una jerarquía..., y ya vemos a los herederos, quieren abolir el derecho de la herencia y la propiedad privada y a la libertad de la espiritualidad y abolir todas las religiones. -Toma anda y calla.-dice el pescador, mientra le acerca un puñado de monedas a la mano del joven. -Cincuenta euros, no tengo más, que voy para la mar. Has triunfado para la hora que es.

Jesús, nos enseñó, que el hombre no odia ni siquiera cuando se encuentra luchando contra alguien. Después de vencerle, le tiende la mano. El comunismo no se contenta con la victoria. Su pasión destructora le prohíbe hacer gesto de generosidad. El atormenta a los vencidos hasta la muerte. Así como hemos hecho la distinción entre el amor humano y el amor espiritual, del mismo modo, no debemos confundir el sentimiento del odio, que pone a prueba algunas veeces incluso a los hombres más equilibrados, con el odio que profesa un comunista. El odio de éste es una constante de su alma, es su eje constitutivo. El no comete el mal por casualidad, no destruye empujado por un impulso ciego y momentáneo, porque no sabe lo que hace, sino porque así se lo dicta su naturaleza pervertida.

El odio se ha convertido en el sustituto del amor. El comunista encuentra en la comisión del mal, en la tortura de las personas, una voluptuosidad, una satisfacción, un sentido de la vida, una realización de su personalidad. Por esto es inútil y a la vez absurdo pedirle que tenga piedad por sus víctimas. Es un lenguaje que no entiende. Su alma se ha petrificado. Sólo la llama del odio le quema continuamente y este fuego, que no se apaga, le empuja a devorar sin cesar la existencia de otros. El carácter destructivo del comunismo no es solamente una manifestación teoríca suya. No se limita a una violencia de lenguaje, la cual desaparece cuando llegan al poder los partidos comunistas y se encuentran frente a frente con las responsabilidades de gobernar. No. Cuando llegaron los bolcheviques a ser dueños de Rusia, aplicaron con una exactitud feroz el catequismo de Marx. Destruyeron todos los antiguos estamentos de la sociedad y si algunas veces moderaron sus crueldades, se debió sólo a necesidades tácticas. Hay que recordar el asesinato de la familia imperial, los millares de sacerdotes que sufrieron el martirio, la liquidación de la clase dirigente, los seis millones de campesinos asesinados en Ucrania para la realización de la colectivización de la tierra, a la trágica suerte de las nacionalidades de Rusia, diezmadas y deportadas, a los doce mil oficiales polacos enterrados en las fosas de Katyn, a los seis millones de alemanes que perecieron cuando se les vino encima el diluvio bolchevique en el centro de Europa. A lo largo de todos los cincuenta años de la historia comunista en Rusia y en los países invadidos no encontramos más que sangre, muerte, atrocidades que no han ocurrido en el mundo desde los tiempos de Gengis.Khan. Que nos sea permitido a recordar el genocidio de la población rumana de besarabia. De los cuatro millones de rumanos, habitantes de esta región, un millón no existe ya, víctimas de las operaciones sucesivas de deportación, las cuales adquirieron un ritmo vertiginoso tan pronto llegó Breznev a ser amo de todos los rusos. La deportación no significa, como podría creerse, traslado en otros lugares de trabajo, sino llana y simplemente una condena a muerte.

Se llevan a las personas durante la noche de sus pueblos; familias enteras son embarcadas en vagones de mercancías y transportadas durante semanas y semanas, sin la más mínima asistencia alimenticia y médica. Luego, los sobrevivientes, descienden en lugares desérticos, donde no encuentran otra cosa que la inmensa estepa siberiana. El hambre, la intemperie y el invierno, el terrible invierno siberiano, acaban por matar a todos. Mueren los hombres como las moscas: hombres, mujeres y niños. De la floreciiente población de antaño que habitaban los pueblos de Besarabia no quedará en poco tiempo más que unos montones de cadáveres insepultos, puesto que, a causa de la tierra helada, los muertos no pueden ser enterrados hasta la llegada de la primavera.

Se comete un inmenso error en el Occidente, y, en general, en el mundo libre, cuando se considera al comunismo como una expresión de la lucha de clase, como una revolución que arranca el poder de una clase y la transfiere a otra clase social, es decir, al proletario, a las clases de abajo, oprimidas por la antigua clase. Así como el régimen feudal fue obligado a ceder la preeminencia del Estado a la clase burguesa, del mismo modo en la actualidad el comunismo sustituye la jefatura del Estado al orden burgués. Nada más falso que el comunismo. El comunismo no es una expresión de una clase. Se aprovecha de ciertas clases para conquistar el poder y derribar el Estado Nacional, pero no para llevarlas a la jefatura del Estado, sino para cumplir un plan con el plan de la destrucción de la nación entera, con todas sus instituciones y sus clases. No se salva ninguna clase, ninguna institución, cuando se hace cargo del poder el comunismo. La acción de aniquilamiento continua implacable, <<erga omnes>>, hasta que de la hermosa nación de antaño no ha quedado más que una masa de hombres atemorizados, quienes no osan ni siquiera a levantar la mirada hacia los nuevos dueños.

Según la manera de comportarse, se asemejan más a unos autómatas que a unos seres dotados de voluntad propia. -El joven no hace ni el intento de mirarse en los bolsillos y niega rápidamente con la cabeza. -Venga ya hombre, mírate, que tienes algo seguro. -Tengo que salir de aquí, tengo que irme -se dice para sí. Se acerca a la ventana de la mar-río a intentar observar el mundo y alejar su mente del único pensamiento que le atormenta ahora mismo. Intenta verse comiendo junto a su familia en el jardín un día de verano, tomándose un café, tendido en la playa, paseando con su amor, simplemente eso, pero al final todos los caminos le conducen al mismo lugar infinito y desesperante. Siempre termina viéndose en la puerta de su camello comprando una dosis. Intenta alejar esos pensamientos, pero la desazón crece en su interior, se frota los ojos, le tiemblan las rodillas y se estremece a cada acometida de su pensamiento por llevarle a aquel oscuro abismo. ¡Me han robado la libertad! ¡Me han robado la felicidad!  Muy nervioso y visiblemente alterado casi con desesperación empieza a rebuscar en su mochila. Le preocupa el devenir de sus días. No puede creer, todo lo que es pescador le ha contado. Jesús de Nazaret es el pescado de los hombres. Tengo que salir de inmediato de esa red de confusiones, y dicen, que el Diablo es más bueno que Dios. -¡Muchacho!, esa es la estrategia de Satanás, hacer creer que él es el bueno, no te duermas y toma una determinación rápida: <<¡El Tiempo del Juicio Final se acerca!>>

-Lo sé. Cuando se trabaja en profundidad en la terapia sagrada de la regresión psíquica, siempre hay tres energías fundamentales que concurren para ayudar al paciente a conectar con los planos más profundos de la psique de una manera segura, eficaz y dinámica. Yo llamo a estas energías <<la trinidad>>: Dios, el Paciente y el Profesional. Si no se pierden de vista, pueden conseguirse grandes cosas. Mucho antes de que el paciente llame a la puerta del profesional en busca de tratamiento ya se ha producido una interacción de energías. Las energías divinas se han empezado a poner en movimiento en el preciso instante en que la persona decide cambiar de vida. Problemas sin resolver pueden estar causándole ansiedad, dolor o confusión emocional, y entonces determina emprender un plan de acción para saber qué tipos de ayuda puede recibir y cuál l conviene más. El paciente puede elegir entre diversas clases de terapia, y cabe en lo posible que se sienta confuso e inseguro ante tantas posibilidades. Sin embargo, si la actitud del paciente es seria, Dios siempre parece estar a mano. A pensamientos positivos resultados positivos. Dios siempre ayuda. Paracelso, filósofo y médico del siglo XV, sabía que existía una buena razón para que un determinado paciente se sintiera movido a visitarle a fin de ponerse a tratamiento. 

Primero miraba en su interior en busca de la respuesta y después rectificaba los desequilibrios internos que distinguía en el paciente, se daba cuenta de que si empezaba por sí mismo, la conexión interior entre él y el paciente sería mayor, así como también la respuesta de éste. Así, sabía que la curación daría resultado, ya que había corregido lo desequilibrios internos gracias a su conocimiento intuitivo antes de tratar a la persona desde fuera. Sabia que todos somos uno en el divino esquema de las cosas, y si es cierto que los iguales atraen a iguales, entonces lo primero era corregir su propio desequilibrio interno. Este punto de vista podría ayudar también al profesional moderno a establecer un vínculo espiritual mucho mayor con el paciente, pero si esta conexión espiritual no se materializa, la terapia no pasará de ser superficial. Las Flores de Bach, ayudan a restablecer el buen ánimo, y de paso se recobra la cordura, porque las esencias florales hacen que las personas larvadas de ...y demonios, se limpien de los maleficios de las personas que nos pretenden dominar. Temor a una crisis financiera dice hoy un hombre, hay que tener temor del miedo que se propaga como un virus matando las ilusiones y las esperanzas de millones de personas. Cuando Dios lleve al lector en la dirección correcta, entonces, con esta guía interior, el poder del discernimiento y una porción de confianza, nada habrá que le impida llamar a la puerta adecuada para iniciar el proceso del crecimiento interior y de la transformación. ¡Despierta! Es el tiempo del Juicio. Fin por hoy. Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos con tus virtudes y bendiciones. Así sea. Gracias, Padre Eterno, perdoname todos los errores y pecados desde el origen hasta el infinito. Lo siento, por favor te lo ruego, perdón. Te Amo Gracias. Dios no es un vacío, querido amigo. Tu familia espiritual te espera, y no ignora tu presencia. Por lo tanto, cuando reces, di: <<Dios, dime qué es lo que debería saber y que hacer hoy.>> Entonces celebra tu victoria. Dios siempre habla y ayuda. Se paciente y se resolverán todos los disgustos y conflictos.

Madre María, en la puerta del Cielo hay un buen número de niños soldados, esperando. Son más hermosos que el bello sol de España. Seguro que tienen mucho frío, porque llegan de Ucrania, Madre, María, prepara un buen aposento y dales un ungüento para que se calienten. Más, sé que son muchos, pues, dile ya que entren, ellos se calentarán, porque en esta tierra ya no hay caridad ni misericordia. Entraron los niños bellos, y se sentó Jesús en medio de ellos, y mientra Él les hablaba se calentaban  su corazón; le ha preguntado la patrona, que de cual tierra era su patria. <<Mi padre es del cielo, mi madre también. Nosotros bajamos a la tierra para padecer. Santa, Madre María, hazle la cama a estos niños de la vieja Rusia, busca la mejor alcoba y con primor dele un beso Señora mía, haga usted un hueco para un corazón que se agota de sufrir, las inclemencias de las miserables mentiras, un rincón, una cruz y una cama en el suelo del tipi hasta que me muera yo, junto al hombre que nació en una tierra donde se levantan templos a Dios y a la Virgen María Inmaculada. No te quejes, mujer, que mi cama es el suelo desde que salí a predicar los Evangelios y, hasta que el villano Eleazar me crucificó. Y en pocos días el hombre se levantó y Él dio el remedio para la ceguera humana, no creer a los comunistas, tampoco a los capitalistas, ni a los adoradores de Satanás que se disfrazan con muchos nombres, y tienen multitud de caretas, que se van a los templos a sacrificar a los niños inocentes. Dios imparte Tu Justicia.

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