<<¡E plunibeus unum! ¡De muchos ¡se forma el todo! Esto es lo que hace a una Nación grande y poderosa, es decir, la unidad de criterios y, de las personas con una misma intención noble lleva a los pueblos al éxito superlativo. Me quiero convertir en una copia estrofas relevantes, para dar luz a los que no leen más que aquí, si dos tres o cuatro poco importa el saber si son muchos o pocos, yo, lo hago con gran gusto. Compartir los recursos naturales es nuestro derecho hoy.
Érase un hombre, que escudriñaba atentamente la frondosa copa de los árboles. Mira y remira cada rama y cada hoja de ese bosque situado a la altura de sus ojos donde una hormiga podría ser confundida con un monstruoso jabalí al que le hubieran salido antenas. Los apenas doce árboles que forman la irregular disposición están inmersos en una quietud escalofriante, estáticos como cualquiera de los objetos inanimados que acompañan días en el amplio y silencioso salón con sólo extender sus brazos y rodearlos. Pero esto es algo casi impensable para él, pues observa ese trozo de naturaleza reducido por la obra humana como si fuera una joya preciosa, como si se tratara de una delicada escultura viviente que en cualquier momento se puede alterar. El la ha creado y ahora la mantiene, preocupado siempre por cualquier evolución que pueda considerar peligrosa. Todos los cambios han de ajustarse a un cauce en un mundo donde el crecimiento está limitado. El tiene que vigilar para que no se traspase nunca ese límite. Su dedo índice se posa despacio al pie de uno de ellos y arregla con sumo cuidado un pequeño bache entre la hierba del sotobosque. Es un hombre solitario. Y allí ante el bosque diminuto se siente arropado y grande.
Es todavía muy temprano y el gran salón sigue desierto. <<¿La soledad del campo? Hace que sus amigos se alejen, así que casi nunca ninguno, es decir, nadie lo visita, a no ser por la voz del cartero que a veces romper la quietud de la finca, nada más lo turba en su placentera vida. Porque llega dando voces: ¡Cartero, cartero!, ha llegado el cartero. Y, en ese instante Fernando sale a saludarlo, hablan un par de minutos y recoge las cartas. Bueno, esto tiene una parte de cuento, porque dentro de ese pequeño bosque viven seres diminutos. Si que son buenos, y si la temperatura acompaña se dejan ver. Es octubre, aunque el frescor de la madrugada no haya sido disipado por el sol y las sombras de los pinos y de los sauces de la finca aguanten sobre la gravilla. Fernando toma una lupa y se acomoda frente al diminuto bosque, para vigilar los movimientos de los seres diminutos que plagan el bosque con sus gestos y sus voces.
Puede escuchar sus voces por una red de altavoces muy sostificado que ha colocado disimuladamente entre los socavones, cosa que ha camuflado con pequeñas rocas. Un hombrecillo enciende su pipa, Ugo es su nombre. El humo le entra despacio y fluye luego al exterior más lentamente, como el fluido lánguido que sale de la boca de un dragón dormido, dando un profundo respiro de alivio. Todo empieza a cambiar a su alrededor. El horizonte abierto se llena de nubes del humo de la pipa, parece que las hojas de los árboles fueran cristales verde esmeralda ahora apagadas; aunque es verdad que el diminuto bosque está encantado. Fernando no es la primera vez que se topa con una de estas originalidades de la naturaleza, parece un gigante mirando asombrado por encima del cielo del diminuto bosque. El pequeño Ugo ha aprovechado más de una vez, los momentos en que Fernando se ausenta para salir del bosque, se dedica a vagar por la casa, cosa que aprovecha para proveerse de alimentos. El pequeño grupo de hombrecillos, como las hormigas cargan todo lo necesario en un abrir de ojos. El gato o el perro de Fernando, son para ellos como los guardas forestales que vigilan el bosque. El gato los busca con avidez por eso se ven obligados a correr. El perro, se posa como el que ha echado la caña en el río, esperando que los hombrecillos piquen en el sedal. Así, que el agua no les falta, porque Fernando ha creado un pequeño lago en el interior del diminuto bosque; ni los depredadores tampoco faltan.
Muchas mañana Fernando se inclina asombrado e incrédulo ante la maravillosa y anómala pequeñez de los habitantes del bosque, siempre que puede se sobrecoge escuchando sus voces y, a la espera se remonta sólo en las escarpadas laderas de la imaginación, entre los peñascos del berrocal, un rayito de luz se abre en un claro del bosque, emerge algo extraordinario de una diminuta hoguera, luces, de toda la gama de colores de la paleta del Arco Iris: Violeta, azul, amarillo, naranja, rojo rubí, verde esmeralda, blanco dorado y, un sin fin de rayos salen disparados hasta el techo del salón, danzando las hadas en ellos. Lo difícil es descifrar qué día y a qué hora enciende la hoguera, porque sólo la encienden cuando se reúnen en asamblea. La busca con avidez y espera horas arropado en su sillón frente al ventanal, sabiendo por anticipado que los va a encontrar, porque el gato y el perro los descubre, apenas encienden la hoguera, ambos salen disparados para avisar a su amo. Y allí, arropado por la manta de a cuadros, los ve por fin, como un milagro de vida que ha escapado a la aridez del Génesis, pero que a ella todo se lo debe ante la pequeñez del bosque. Una de las maravillas del bosque es una de esas encinas y alcornoques cuya semilla se frustró entre las peñas, vivientes con el mínimo aliento. Aquel bosque se parece al parque natural de Doñana, donde muy cerca tiene Fernando su finca. El aire se llena de colores alegres y las voces que oye confirman que están celebrando una asamblea. Los diminutos están sentados en círculo alrededor de una hoguera a la cual la rodean 13 piedras, que son, para Fernando como terrones de azúcar, pero, para ellos deben ser como los monumentales piedras del bosque Ingles ..., o los estatuas gigantes de las ruinas del Antiguo Egipto. Escucha sus voces con una tecnología muy útil, ondas que el escucha sentado, como una radio.
Blanca, Clara, Adelaida y otras diminutas mujeres se han encadenado a la encina- Fernando teme que se la quemen, o que rompan sus finas ramas- Son mujeres sufragistas, diminutas pero mujeres con los mismos problemas que las de mayor tamaño. Igual que las seis sufragistas que se encadenaron en Londres; que fueron detenidas tras encadenarse a la verja de la residencia del Primer Ministro Lord Salisbury, en Downing Street. Apoyadas por un nutrido grupo de manifestantes provistas de enseñas color púrpura (símbolo de dignidad), blanco (pureza) y verde (esperanza), las seis mujeres aprovecharon los instantes de confusión que la muchedumbre causó entre los policías que custodian la sede gubernamental para amarrarse a la verja, en una de las acciones reivindicativas del sufragismo que en los últimos tiempos proliferan en Londres y el resto de grandes ciudades británicas. Las seis detenidas pertenecen a la Unión Nacional de Sociedades para el Sufragio de la Mujer, (NUWSS), que lucha para lograr el voto femenino en Reino Unido, derecho que ya poseen las neozelandesas desde 1893 y que van a poder ejercer las australianas en los próximos comicios. La de los partidos políticos para preguntar a sus líderes si son partidarios del sufragio femenino, como ya ocurrió el pasado mes de mayo en Saffron Walden, Essex. Incluso la más ilustre de las mujeres británicas, la reina Victoria, se manifestó contra el voto femenino hasta pocas semanas antes de su resiente fallecimiento: <<Dejad que las mujeres sean lo que Dios quiso: unas buenas compañeras para los hombres, pero con deberes y vocaciones distintas. Si se despojarán de sí mismas reclamando igualdad con los hombres se convertirían en seres odiosos, paganos y repugnantes, y seguramente perecerían sin protección masculina>>. En cambio la hija de la reina Victoria, la princesa Luisa, se manifiesta a menudo favorable a las reivindicaciones sufragistas en sus declaraciones privadas. The Strand Chronicle ha podido saber el juez de primera instancia lord ..., ofreció a las seis sufragistas arrestadas salir en libertad a cambio de pagar una multa, pero las detenidas se negaron a esta permuta, al considerar que el presidio será más útil para la difusión de su lucha. <<¡El derecho a votar de la Mujer!>>
Fernando está tras la pista del cómo y del por que las mujeres diminutas se han amarrado al árbol con la cinta roja que se recoge los cabello su hija Violeta. El futuro del diminuto bosque depende del administrador. La doble misión este cuento es el de entretener y el de informar a los jóvenes que leen en Internet, que esto es una de las funciones más maravillosas de Internet: ¡Hacer escribir y leer a mucha gente que antes no lo hacían! Las ondas de radio ayudaron mucho en la comunicación entre las personas en el siglo pasado, hoy son las redes sociales aquí en Internet. Gracias Google y a todos, gracias. Continuará, si Dios lo quiere así. Fin por hoy, pero esto es una buena idea, para hablar sin encontrar obstáculos innecesarios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario