lunes, 27 de abril de 2026

El Bosque Mágico - Creando Paz 6

 Frase inspiradora: <<A la gloria de Dios >> . <<Las ideas que defiendo no son mías. Las tomé prestadas de Sócrates, se las birlé a Chesterfield, se la robé a Jesús. Y si no os gustan sus ideas, ¿las de quien hubierais preferido utilizar?>> Dale Carnegie.

<<Simeón>> es un hombre que me ha perseguido desde que nací. (Lo dice el autor de libro LA PARADOJA - Un relato sobre la verdadera esencia del LIDERAZGO- JAMES C. HUNTER.) Me bautizaron en la parroquia luterana de mi barrio y, en la partida de bautismo, podía leerse que los versículos escogidos para la ceremonia eran del capítulo segundo del Evangelio de (San) Lucas y hablaban de un tal Simeón. Según (San) Lucas, Simeón era un <<hombre justo y piadoso y el Espíritu Santo estaba sobre él>>. Al parecer había tenido una inspiración sobre la llegada inminente del Mesías; aquello era un lío que nunca llegué a entender. Ése fue mi primer encuentro con Simeón, pero desde luego no había de ser el último.

Me confirmaron en la iglesia luterana al concluir el octavo grado. El pastor había escogido un versículo para cada uno de nosotros y, cuando me llegó el turno en la ceremonia, leyó en voz alta el mismo pasaje de (San) Lucas sobre el personaje de Simeón. Recuerdo que en el aquel momento pensé: <<Qué coincidencia más curiosa...>>.

Poco tiempo después -y durante los veinticinco años siguientes, empecé a tener un sueño recurrente, que, que acabó causándome terror. En el sueño, es ya muy entrada la noche, yo estoy absolutamente perdido en un cementerio y corro para salvar mi vida. Aunque no puedo ver lo que me persigue, sé que es maligno, algo que quiere hacerme mucho daño. De repente, de detrás de un gran crucifijo de cemento sale frente a mí un hombre que lleva un hábito negro con capucha. Cuando me estampo contra él, este hombre viejísimo me coge por los hombros y, mirándome atentamente a los ojos, me grita: <<¡Encuentra a Simeón, encuentra a Simeón y escúchale!>>. Llegado a ese punto del sueño me despertaba siempre bañado en sudor frío.

La guinda fue que el día de mi boda, el sacerdote, en su breve homilía, se refirió al mismo personaje bíblico: Simeón. Me quedé tan estupefacto que me hice un lío al decir los votos y pasé bastante mal rato. Nunca estuve muy seguro de si todas aquellas <<coincidencias con Simeón>> tendrían algún sentido, de si significarían algo. Rachael, mi mujer, siempre ha estado convencida de que sí.

A finales de los años noventas, según todas las apariencias, mi vida era un éxito absoluto. Trabajaba para una empresa de producción de vidrio plano, de categoría internacional, en a que ocupaba el puesto de director general de una fábrica de más de quinientos empleados, con unas cifras de facturación por encima de los cien millones de dólares al año. En la época en que me promocionaron al puesto, yo era el director general más joven en la historia de la compañía, hecho que todavía hoy me enorgullece.

La empresa funcionaba de manera muy descentralizada y eso me concedía una gran autonomía, que yo apreciaba mucho. Además tenía un sueldo considerable, que incluía una cantidad significativa de dólares en primas sujeta a la consecución de objetivos determinados y evaluables en la fábrica.

Rachael, que es mi bella esposa desde hace dieciocho años, y yo nos conocimos cuando estudiábamos en la Universidad de Valparaiso en el norte de Indiana, donde yo me gradué en Empresariales y ella se licenció en Psicología. Deseabamos con locura tener hijos, pero tuvimos que luchar contra la esterilidad durante varios años. Nos sometimos a todo tipo de tratamientos de fecundación, inyecciones, pruebas, exploraciones, punciones, acupuntura, todo lo habido y por haber... sin ningún resultado. El problema resultaba especialmente doloroso para Rachael, pero nunca desesperó de tener hijos. Con frecuencia, cuando me despertaba por la noche, la oía rezar en voz baja pidiendo un hijo. (Para eso es buena la Virgen María, éxito.)

Más adelante, por una serie de circunstancias poco usuales pero maravillosas, adoptamos un niño recién nacido. Le llamamos John (por mí), y se convirtió para todos en nuestro niño <<milagro>. Dos años más tarde, Rachael se quedó embarazada cuando ya nadie lo esperaba, y nació nuestro segundo <<milagro>> : Sarah.

John hijo, que hoy tiene catorce años, acababa de entrar en noveno grado, Sarah había empezado séptimo. Desde el día en que adoptamos a John, Rachael había reducido sus prácticas de terapia a un solo día a la semana, ya que pensamos que , a ser posible, era importante que pudiera dedicarse al hogar a tiempo completo. Además, ese día le daba un pequeño respiro en su <<rutina diaria de mami>>, amén de permitirle mantenerse profesionalmente activa. Estábamos encantados de poder bandear esta situación desde el punto de vista económico.

Éramos propietarios (junto con el banco) de una casa muy agradable en la ribera noroeste del lago. Teníamos una embarcación deportiva de nueve metros de eslora, que guardábamos al lado de la casa sobre el soporte adecuado (al lado de una moto acuática Sea-Doo); en el garaje había dos coches nuevos  -sistema de leasing-; nos íbamos de vacaciones familiares como poco dos veces al año, y aún conseguíamos ahorrar una buena suma anual que quedaba en el banco para los estudios de los chicos y la jubilación. Como decía, según todas las apariencias, mi vida era un éxito absoluto.

Pero, por supuesto, las cosas no siempre son lo que parecen. lo cierto era que mi vida se estaba desmoronando. Rachael me había dicho un mes antes que llevaba algún tiempo sintiéndose infeliz en nuestro matrimonio (apareció el Diablo y los demonios de la envidia de los conocidos, que es, para la vida familiar y la convivencia una bomba atómica...) e insistía  en que las cosas no podían seguir así. Me dijo que no se estaba atendiendo sus <<necesidades>>. ¡Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo! <<Mira tú -pensé-, le doy todo lo que una mujer podría pedir, ¡y todavía me dice que no atiendo sus necesidades! Pero, ¿qué más necesidades puede tener?>>

Con los chicos tampoco iban bien las cosas. John estaba cada vez más contestón y había llegado a llamar <<bruja>> a Rachael tres semanas antes. Yo me enfurecí tanto que casi le pego y acabé por castigarle una semana sin salir después de aquel incidente. No había manera que obedeciera, desafiaba toda autoridad (entraron en su juego pernicioso los ángeles oscuros, los espíritus, los seres invisibles de las fuerzas oscuras.) y llegó incluso a ponerse un pendiente en la oreja. De no ser por Rachael, le habría echado a patadas de casa. Mi trato con mi hijo John se había deteriorado hasta el punto de que nuestra comunicación se limitaba a algún que otro gesto o gruñido.

También mi relación con mi hija Sarah parecía ir de mal en peor. Siempre hemos tenido una unión muy especial y todavía se me humedecen los ojos cuando la recuerdo de niña. Pero parecía distante, e incluso un poco enfadada a veces conmigo, sin razones aparentes. (Cuando las fuerzas oscuras se entronizan en un hogar la vida es amarga; lo van destruyendo todo, como la carcoma arruina las vigas que sostienen la <<casa>>, hasta caer destruida... Las Sagradas Escritura hebreas hablan de este tema, de las fuerzas invisibles... Los hebreos tienen amplio conocimiento del mundo oculto y espiritual. Estos seres se alimentan de las energías del sufrimiento humano; ellos van en ONIVS; en aparatos super modernos: <<Son nuestro enemigos ocultos del planeta>>; hay muchos tipos diferentes de seres invisibles, que son terribles vampiros; hay un grupo, varias sectas que colaboran con ellos, desde la antigüedad; ahora, pretenden conducir a la Humanidad a la destrucción total. Nuestra civilización está en peligro; ellos, dominan la fuerza de la voluntad de los hombres y mujeres; ataques en los dormitorios: Visitantes de dormitorios, ataques de parálisis del sueño, depresión profunda induciendo a las personas al suicidio, al crimen, a los deseos inmorales etc...)

Rachael me sugirió en muchas ocasiones que hablara con Sarah sobre mis sentimientos, pero al parecer yo nunca <<tenía tiempo>> o, para ser más sincero, no tenía valor para hacerlo.

Incluso en mi trabajo, que era la faceta de mi vida en la que el éxito parecía más asegurado, las cosas habían empezado a estropearse. 

En los último tiempos los empleados por horas de la fábrica habían estado haciendo campaña para conseguir una representación sindical. Los ánimos habían estado muy alterado durante las elecciones, pero afortunadamente la empresa consiguió ganar por cincuenta votos.

Yo estaba encantado, pero a mi jefe le preocupaba  el mero hecho de que hubieran tenido lugar las elecciones, y sugirió que estábamos ante un problema de dirección, que era responsabilidad mía. Yo no  acababa de entender a que se refería, porque estaba convencido de que el problema no era yo, sino los sindicalistas de la fábrica, ¡que siempre andan pidiendo más por menos! La directora de recursos humanos de la fábrica llegó incluso a sugerirme que considerara mi estilo de liderazgo. Me llevé un buen varapalo... Pero, claro, ella era una chica liberal, sensible y concienciada, y, además, ¿qué sabía ella de llevar un negocio tan importante? Lo suyo eran las teorías; en cambio, lo que a mí me interesaba eran los resultados.

Hasta el equipo de béisbol Little League que yo llevaba entrenando seis años de forma voluntaria iba mal. Ganábamos más partidos de los indispensables y solíamos acabar con un puesto digno en la liga, pero varios padres se habían quejado al presidente de la liga porque decían que, sencillamente, los chicos ya no se lo pasaba bien. Yo era consciente de que a veces podía resultar un entrenador algo agobiante y competitivo, pero ¿y qué? Incluso hubo dos parejas que pidieron que cambiaran a sus hijos a otros equipos. Y eso fue un duro golpe para mi ego. (Posible, causa del fracaso: <<magia negra o energías de envidia>>).

Pero todavía había más. Yo siempre había sido un tipo alegre, feliz y confiado, sin demasiadas preocupaciones, pero en aquella época me di cuenta de que me pasaba el día agobiándome por todo. A pesar de mi desahogada situación y de todos los juguetes materiales que poseía, en mi interior todo era conflicto y confusión. Vivir se convirtió en un fútil ejercicio de ir despachando obligaciones. Me estaba convirtiendo en un ser triste y taciturno. (Las fuerzas oscuras habían tomado posesión de su voluntad; eliminando el amor..., entrando los tormentos del alma se acabó la paz y la alegría, así eliminan la fuerza positiva. Es lo que ocurre cuando toman fuerza las tinieblas. La única medicina es Jesucristo y Su Santa Madre.)

Cualquier inconveniente o molestia, por pequeño que fuera, me causaba una desazón totalmente desproporcionada respecto a la realidad. De hecho, era como si me fastidiara todo el mundo; ni yo mismo me aguantaba.

Por supuesto, era demasiado orgulloso para hacer partícipe a nadie de lo que me ocurría, así que me las arreglé para tenerlos a todos engañados; a todos menos a Rachael.

Sacando fuerzas de flaqueza, Rachael me instó a que hablara de todo ello con el pastor de nuestra parroquia. Acepté en un momento de debilidad, aunque, aunque fue más bien por quitarme a Rachael de encima. Hay que hacerse cargo de que yo nunca he sido del tipo religioso. Siempre había creído que la iglesia tenía su lugar, mientras no interfiriera demasiado con la vida de uno.

El pastor sugirió que pasara unos días solo y que intentara aclarar las cosas. Me recomendó un retiro en un pequeño monasterio cristiano no muy conocido, John of the Cross, emplazado a orillas del Lago Michigan, cerca de la ciudad de Leeland, en el noroeste de la Península de Michigan. El pastor explicó que el monasterio albergaba a unos treinta o cuarenta monjes de la orden de San Benito, célebre monje del siglo VI que concibió la vida monástica <<equilibrada>>. Aún hoy, como hace catorce siglos, la vida de los monjes se ordena en torno a tres prioridades: oración, trabajo y silencio.

En términos generales aquello me pareció una bobada, algo que no estaba dispuesto a llevar adelante, pero, justo cuando me iba a marchar, el pastor mencionó que uno de  los monjes, llamado Leonard Hoffman, había figurado en su día en la lista de <<los quinientos ejecutivos>> que publica la revista Fortune. Eso sí que me llamó la atención. Siempre me había preguntado qué habría sido del legendario Len Hoffman.

Cuando llegué a casa y le conté a Rachael el consejo del pastor, me sonrió. <<¡Justo lo que yo había pensado proponerte, John!>>, dijo. <<Precisamente la semana pasada, en la tele, hablaron en El show de Oprah sobre hombres y mujeres de negocios que hacían retiros espirituales para tratar de ordenar sus atareadas vidas. Estás llamado a ir.>> Rachael solía hacer con frecuencia comentarios de este tipo, que me irritaban extremadamente. <<¿Llamado a ir?>> ¿Cómo había que entender aquello?

En resumen: acepté a regañadientes ir al monasterio John of the Cross en la primera semana de octubre, más que nada porque tenía miedo de que Rachael me abandonara si no hacía algo. Mi esposa llevó  el coche durante las seis horas de trayecto hasta el monasterio y yo estuve callado casi todo el viaje. Yo ponía mala cara para comunicar que no me sentía nada feliz de ir camino de un aburrido monasterio para pasar allí una semana entera y que sólo por ella me había resuelto  este gran sacrificio personal que tan infeliz me hacía. Lo de poner mala cara era un arma que había empleado desde mi más tierna infancia.

Llegamos a la entrada de John of the Cross al anochecer. Cogimos el camino con dos rodadas, subimos por la colina y bajamos en dirección al lago, que estaba a menos de quinientos metros. Dejamos el coche en un pequeño aparcamiento arenoso al lado de una antigua edificación de madera que ostentaba un letrero de <<Recepción>> clavado en uno de los altos pilares blancos del porche.

Diseminadas aquí y allá había unas cuantas construcciones más pequeñas, edificadas todas sobre un magnífico acantilado de piedra arenisca unos sesenta metros más arriba, dominando el lago Michigan. El paraje era muy bello, pero no hice mención de ello a Rachael. Después de todo, se suponía que yo sufría.

-Cuida de los chicos y de la casa, cariño -dije en un tono bastante frío mientras asacaba la bolsa del maletero-, ya te llamaré el miércoles por la noche. Quién sabe, ¡igual después de esta semana me convierto en el hombre perfecto que quieres que sea y lo dejo todo para hacerme fraile! -Muy chistoso, John -respondió ella, al tiempo que me daba un beso y un abrazo. Dicho lo cual se metió en el coche y desapareció tras una nube de polvo.

 Me eché la bolsa al hombro y me dirigí al edificio de recepción. Al entrar me encontré con una oficina amueblada con sencillez e inmaculadamente limpia, atendida por un hombre de mediana edad que hablaba por teléfono. Llevaba un hábito negro que le cubría de la barbilla a los pies, atado a la cintura por un cordón negro.

Nada más colgar el teléfono se volvió hacía mí y me dio un caluroso apretón de manos. -Soy el padre Peter; me ocupo de la intendencia de la casa de huéspedes. Usted debe ser  John Daily, del sur del estado.

-Ha acertado usted, Peter. ¿Cómo lo ha sabido? -repliqué, firmemente decidido a no dirigirme a nadie llamándole <<hermano>>. -Lo supuse por la solicitud que nos envió su pastor -contestó, con una cálida sonrisa.

-¿Quién es aquí el responsable? -salió en mí el directivo. 

-El hermano James nos ha servido como abad en los últimos veintidós años. -¿Y puede saberse qué es eso de abad?

-El abad es el director que elegimos y tiene la última palabra  sobre todo lo que afecta a nuestra pequeña comunidad. Tal vez tenga ocasión de conocerlo. -Quisiera pedir una habitación individual, Peter, si no tiene inconveniente. Me he traído algo de trabajo y me vendría bien un poco de intimidad.

-Desgraciadamente, John, sólo disponemos de tres habitaciones para huéspedes en la planta de arriba. Esta semana entre nuestros huéspedes hay tres hombres y tres mujeres, así que las mujeres compartirán la habitación número uno, que es la más amplia. Nuestro huésped del ejército dispondrá de la número dos, y usted se alojará con Lee Buhr -un pastor baptista de Pewaukee, Wisconsin- en la habitación número tres. 

Lee ha llegado hace un par de horas y ya está instalado. ¿Tiene alguna pregunta? -¿Cuáles son las festividades previstas para esta semana? -pregunté, con cierto sarcasmo.

Además de nuestros cinco servicios religiosos diarios, tendremos siete días de clase que empiezan mañana por la mañana y acabarán el sábado por la mañana. Las clases tendrán lugar en este edificio de nueve a once por la mañana y de dos a cuatro por la tarde. En su tiempo libre puede pasear por el monasterio, leer, estudiar, hablar con nuestros guías espirituales, descansar o hacer lo que le apetezca. La única zona reservada es la zona del claustro donde los monjes comen y duermen. ¿Hay algo más sobre lo que pueda informarle, John?

-Tengo una curiosidad, ¿por qué se refiere a algunos monjes como <<hermanos>> y a otros como <<padres>>?

-Llamamos <<padre>> a  los clérigos que han recibido órdenes sagradas, mientras que los <<hermanos>> son seglares de toda condición. Todos nosotros nos hemos comprometido a trabajar y compartir nuestras vidas. Los treinta y tres padres y hermanos tienen aquí la misma  categoría. El abad nos pone un nombre cuando tomamos los votos. Yo vine de un orfanato hace cuarenta años, y tras mi formación y mis votos se me asignó el nombre de Peter.

Finalmente, hice la pregunta que más me interesaba. -Me gustaría conocer a Len Hoffman y charlar de algunas cosas con él. Tengo entendido que llegó hace algunos años a su pequeña comunidad.

-Len Hoffman, Len Hoffman... -repitió Peter escudriñando el techo, mientras hacía memoria-. Ah, sí, creo que ya sé a quién se refiere. También tiene otro nombre ahora. Estoy seguro de que le encantaría hablar con usted. Le pondré una nota en su casillero con su petición. A decir verdad, va a impartir el curso sobre liderazgo esta semana.

Estoy seguro de que sacará gran provecho de sus clases, todo el mundo lo hace. Buenas noches, que descanse, John, y espero verle en el servicio de las cinco treinta, mañana por la mañana. <<Por cierto, John -siguió diciendo mientras yo subía la escalera-, hace diez años el abad le puso a Len Hoffman el nombre de hermano Simeón. 

Me quedé pasmado en el rellano de la escalera y asomé la cabeza por la ventana abierta para aspirar unas bocanadas de aire fresco. Fuera, era ya casi noche cerrada y pude percibir el ruido de las olas del lago Michigan rompiendo allá abajo sobre la costa. Se oía el ulular de un fuerte viento que venía del este, y las hojas secas del otoño crujían en los grandes árboles; eran sonidos que, desde niño, me habían encantado. Pude distinguir el destello de los relámpagos sobre el gran lago oscuro, y sentir a lo lejos el retumbar de los truenos.

Tenía una extraña sensación, nada inquietante ni desagradable, era simplemente una impresión de dèjávu. <<¿El hermano Simeón?>>, pensé, <<Esto ya es más que raro>>.

Cerré la ventana y recorrí lentamente el corredor buscando mi habitación. Abrí con cuidado la puerta señalada con el número tres.

A la difusa y anaranjada luz de una lámpara de noche distinguí una pequeña pero acogedora habitación con dos camas gemelas, dos mesas y un pequeño sofá. Una puerta entreabierta mostraba el cuarto de baño adyacente. El pastor baptista se había dormido ya y roncaba suavemente, arrebujado en la cama de al lado de la ventana.

De pronto me sentí muy cansado. Me desvestí rápidamente, me puse el pijama, ajusté el despertador a las cinco y me metí en la cama. Con el cansancio que tenía, dudaba mucho que pudiera estar listo para el servicio de las cinco treinta de la mañana, pero pensé que poner el despertador era un gesto de buena fe por mi parte.

Recosté mi cabeza sobre la almohada para dormirme, pero no podía dejar de darle vueltas a la cabeza: <<¡Encuentra a Simeón y escúchale! ¿El hermano Simeón? ¿Habré dado por fin con él? ¿Qué extraña coincidencia es ésta? ¿Cómo me habré metido en este lío? Estás llamado a ir; cinco servicios religiosos al día, ¡yo, que a duras penas aguanto dos al mes! ¿Pero, qué voy a hacer yo aquí una semana entera? Y mi sueño, ¿cómo será Simeón? ¿Qué será lo que tiene que decirme? Pero, ¿qué hago yo aquí? ¡Encuentra a Simeón y escúchale!>>. Mi siguiente recuerdo es que sonó el despertador.

Capítulo uno

LAS DEFINICIONES

<<Lo de tener poder es como lo de ser una señora. Si tienes que recordárselo a la gente, malo.>> Margaret Thatcher.

-Buenos días -me saludó mi compañero de habitación antes de que me diera tiempo a apagar el despertador-, soy el padre Lee, vengo de Wisconsin. ¿Con quién tengo el gusto...?

-John Dily, vengo del sur del estado. Encantado de conocerte, Lee- a este tampoco le dije <<padre>>. -Más vales que nos vistamos si queremos llegar al servicio de las cinco treinta. -Ve tú delante. Yo voy a quedarme un ratito más en la piltra -murmuré con voz cansada... Nada más acabar el servicio me dirigí a la pequeña biblioteca, que estaba cerca de la capilla. Quería hacer una búsqueda en Internet, y un monje de edad venerable, extremadamente servicial, me ayudó a conectarme.

Encontré más de mil referencias sobre Leonard Hoffman. Después de una hora de búsqueda di con un artículo de hacía diez años sobre Leonard Hoffman, publicado en Fortune, y empecé a leer fascinado.

En 1941 Len Hoffman obtuvo una diplomatura en Empresariales por el Lake Forest State College. Poco después, los japoneses atacaron Pearl Harbor, segando la vida de su mejor amigo de infancia; esto fue un golpe terrible para Hoffman y le llevó a unirse a los miles de muchachos que se alistaron en aquella época. Hoffman ingresó en la Armada como oficial y ascendió rápidamente a capitán de un torpedero cuya misión era patrullar islas en Filipinas.

En una misión de rutina se le ordenó que hiciera prisioneros a doce japoneses, incluidos tres oficiales, que se habían rendido tras una feroz batalla en una pequeña isla de la zona que Hoffman patrullaba. Las instrucciones eran ordenar a los oficiales japoneses y a sus hombres que se desnudaran antes de salir de la jungla en fila de uno, para ser esposados, cargados en el torpedero y transportados hasta un destructor que se encontraba a alguna millas de la costa.

A pesar de la animadversión que Hoffman podía tener contra los japoneses, que habían matado a su amigo en Perl Harbor, no exigió a los soldados ni a los oficiales que se desnudaran por no humillarlos. Les autorizó a salir de la jungla perfectamente uniformados, con las manos en alto, conducidos por un oficial dignamente subido a caballo. Esta desobediencia le costó un pequeño chaparrón, pero no tuvo mayores consecuencias. El único comentario de Hoffman a propósito de este suceso fue: <<Es importante tratar a otros seres humanos exactamente como desearías que ellos te trataran>>. Hoffman llegó a ser condecorado varias veces antes de abandonar la Armada cuando acabó la guerra.

Como hombre de negocios, decía el artículo, Hoffman fue un ejecutivo muy conocido y muy respetado, y su capacidad para dirigir y motivar a la gente llegó a ser legendaria en los círculos empresariales. Se le acabó conociendo como un genio del cambio, por su habilidad para coger empresas al borde del colapso y transformarlas en empresas saneadas y con futuro. 

Era también un autor consumado, gracias a un solo librillo de unas cien páginas titulado La gran paradoja: para mandar hay que servir, que se mantuvo tres años en la lista de best-sellers del New York Times, y cinco en la de best-sellers sobre dinero de la revista USA Today. El mayor éxito de Hoffman en el área empresarial fue que consiguió resucitar una corporación gigantesca, la entonces moribunda Southeast Air. A pesar de una facturación anual de 5.000 millones de dólares, la Southeast era el hazmereír de las compañías aéreas por su pésima calidad y servicio y por el desánimo de sus empleados.

Muchos expertos financieros estaban convencidos de que la quiebra era inminente y la suspensión de pagos inevitable. La compañía había conseguido perder 1.500 millones de dólares en los cinco años anteriores a que Hoffman se hiciera cargo de ella como presidente ejecutivo. Contra todo pronóstico, Hoffman consiguió reflotar la Southeast en sólo tres años...

El último artículo que encontré en Internet había sido publicado en Fortune, a finales de la década de 1980, y completaba el anterior. Al parecer Hoffman, con sesenta y tantos años y en el cenit de su carrera, de pronto dimitió y desapareció. Su mujer había fallecido repentinamente de un aneurisma cerebral a  los cuarenta años, un año antes de que él dimitiera, y muchos pensaron que fue este acontecimiento el que provocó la desaparición de Hoffman.

 El breve artículo concluía diciendo que la desaparición de Hoffman era un misterio, pero que corrían rumores sobre su adscripción a algún tipo de secta o culto secreto. Ninguno de sus cinco hijos, todos ya casados y con descendencia, había informado sobre su paradero; se habían limitado a decir que estaba feliz y en buena salud y que deseaba que se le dejara en paz. (Sigue leyendo el libro de JAMES C. HUNTER- LA PARADOJA.)

Dios avisa a Sus hijos; recuerda, los pecios de los barcos de las guerras mundiales, salieron a las playas de Japón. ¡Gloria a Dios!

Sabías, qué  ... El Día-D era la consigna secreta que designaba la fecha del 6 de junio de 1944, día en que los ejércitos aliados debían desembarcar en Normandía. Fue la última fase de la Segunda Guerra Mundial. Desde hacía meses, soldados y equipos iban llegando a las Islas Británicas. Todo se hizo en el mayor secreto posible. El ejército que debía llevar a cabo el desembarco fue puesto bajo las órdenes del general Eisenhower, quien disponía de diez mil aviones y cuatro mil buques que, en conjunto, debían transportar más de un cuarto de millón de hombres al otro lado del Canal de la Mancha. Este gigantesco ejército estaba formado por tropas procedentes de todos los países en guerra contra Alemania. 

Sabías que las dos guerras mundiales y todas las guerras semillas, el terrorismo internacional, el terrorismo corporativo, los creadores de las crisis financieras, de las guerras, de las hambrunas y de todas las miseria humanas, son creadas por los lacayos de Lucifer; a la gente le hacen creer que sus sectas son: <<La masonería es un movimiento existente en numerosos países. Su objetivo es promover el bienestar de toda la humanidad. La organización de este movimiento están calcada de las hermandades de albañiles de la Edad Media. Los masones se reunían en secreto y los miembros de estos grupos -o logias- llevan todavía el grado de la época: aprendices, oficiales y maestros. Sus símbolos son las herramientas que empleaban para la construcción de catedrales y, frecuentemente, sólo los iniciados  conocen su manejo...>>

 ¡Emergencia! Van a toda marcha hacía la Tercera Guerra Mundial, según su plan. Destrucción de nuestra civilización; ya ha ocurrido otras veces: Sumeria-Lemuria- La Atlántida etc.

Ignacio Ramonet escribió el libro: LA CATÁSTROFE PERFECTA. Crisis del siglo y refundación del porvenir. Emergencia, ahora contamos con la ayuda de JESUCRISTO, no pulsarán el botón...

Paul H. Koch ILLUMINATI Los secretos de la secta más temida por la Iglesia católica; aquí se explica con veracidad todas las catástrofes y fechorías; de lo que ha acontecido en los Tres últimos siglos. Vidas robadas. Confío en el buen juicio de los hombres de poder de este tiempo. El Diablo Lucifer odia a la Humanidad. Nuestros enemigos más feroces son los habitantes ocultos de la Tierra; son los restos de seres de otras civilizaciones que se aniquilaron así mismos cuando llegó al Fin del Tiempo; es ahora para nosotros. Si lees la página 112 del libro ILLUMINATI dice: Un documento de junio de 1889 titulado Asociación del Demonio y los Iluminados, en el que Pike dirigía unas instrucciones secretas a los veintitrés consejos supremos de la masonería mundial, aporta algunos detalles de ese nuevo rito, partiendo de la advertencia primera a los miembros: <<A vosotros, Instructores Soberanos del Grado 33, os decimos: Tenéis que repetir a los hermanos de grados inferiores que veneramos a un solo Dios, al que oramos sin superstición. Sólo nosotros, los iniciados del Grado Supremo, debemos conservar la verdadera religión masónica, preservando pura la doctrina de Lucifer>>...

Las prometeicas reflexiones de Pike serían puestas a prueba a lo largo del siglo siguiente, el XX, bautizado como el siglo de la violencia...

 <<Socios de Lucifer>>. La organización está detrás de todos los crímenes que ha sufrido todas las generaciones desde 1772. Las cartas que se escribieron Mazzini y Pike se puede comprender el plan exterminador del Diablo Lucifer. Ellos hicieron creer que: <<La religión filosófica verdadera y pura es la fe en Lucifer, que está en pie de igualdad con Adonai. Pero Lucifer es el Dios de la luz, es bueno, él lucha a favor de la humanidad contra Adonai, el oscuro y el perverso.>> (Lucifer miente. El oscuro y perverso es Él. Enemigo de Jesucristo. Jesús, nos enseñó los Mandamientos del Amor a Dios y al Prójimo. La No violencia. Si estas guerras siguen adelante, en verdad os digo: qué acabará con todas las guerras. La Tierra, quedará pelada. Los que gobiernan ahora son más falsos que Judas; prometen ante de las elecciones, y no cumplen sus promesas. Votantes, que quedan desilusionados, estafados. Golfos. Políticos descerebrados, egoístas.)

LA CARTA DE LA TIERRA

Es la declaración de los principios éticos fundamentales para la construcción de una sociedad global, justa, sostenible y pacífica para el siglo XXI. Pretende servir de inspiración para un nuevo sentido de la interdependencia global y la responsabilidad compartida. Se preocupa especialmente por la transición a estilos de vida y desarrollo humano sostenible. (¿Dónde vemos esto, golfos?)

La integridad ecológica es uno de los temas principales. Sin embargo, ya que los objetivos de la protección ecológica, la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico equitativo, el respeto a los Derechos Humanos, la Democracia y la Paz interdependientes e indivisibles, el documento ofrece un nuevo marco ético integral inclusivo. (Papeles mojados en champaña.)

Es, además, el producto de un diálogo intercultural que se llevó a cabo durante una década a nivel mundial en torno a diversos objetivos en común y valores compartidos.

El proyecto comenzó como una iniciativa de las Naciones Unidas, pero finalizó como una iniciativa de la sociedad civil. 

El 29 de junio del año 2.000 se dio a conocer públicamente como la Carta de los Pueblos, en el Palacio de la Paz, en La Haya. (Mentiras.)

MAGIA Y RELIGIÓN EN GALICIA <<ESPAÑA>>

Hay quién piensa que los celtas se acercaron a Galicia en busca del mítico fin del mundo, ya que entre las tradiciones y leyendas de los pueblos nómadas figuraba la que hablaba de los maestros náufragos que perdieron su tierra en el mar.

Si algo de cierto pueden tener esas leyendas, tendríamos que remitirnos a más de diez o doce mil años, y centrarnos en ese par de milenios que sucedieron a la última glaciación que permitió el nomadismo terrestre entre América, Asia y Europa a través del estrecho de Bering. 

La glaciación fue intensa, pero afectó básicamente al Polo Norte, tal y como lo demuestran los fósiles tropicales de África y América que provienen de aquellas épocas. En ese contraste de climas bien pudo desarrollarse una civilización atlántica que, como la nuestra, en un par de siglos y tras un milenio o dos de base cultural, haya alcanzado un desarrollo envidiable al margen de los viajeros primitivos.

Más o menos a estas alturas, hace unos diez o doce mil años, una catástrofe natural pudo haber acabado con la civilización atlántica y producir miles de náufragos con una sabiduría muy superior a la del resto del mundo. Estos náufragos sabios bien pudieron llamar la atención de sus nuevos vecinos que, fascinados por sus virtudes <<mágicas>>, se apresuraron a visitarlos y a recibir de ellos nuevas enseñanzas. (Los dueños de los ovnis, son sabios, aunque su físico es horrible; nosotros somos mucho más bellos: Somos como DIOS. Ellos, son raros, cabeza de pepino y brazos largos igual las piernas.)

El hombre es curioso y comunicativo por naturaleza, pero en aquellas épocas una noticia, por impactante que fuera, debería tardar varios años en ser transmitida de un pueblo a otro.

Dentro de antiguos pueblos nómadas, como los antecesores de los celtas, la noticia debió haber propagado el deseo de llegar hasta el fin del mundo para encontrarse con los náufragos sabios, y hasta es posible que la ruta hasta las playas atlánticas de la antigua Galicia se haya convertido en camino obligado y repetitivo para esos pueblos, es decir, que los celtas, al igual que sus antecesores, viajaron regularmente hasta ese punto geográfico como una tradición más.

Y también es posible que hayan conocido a los descendientes de aquellos náufragos misteriosos. Todo esto no es más que una especulación sobre otra especulación, pero lo cierto es que leyendas de este tipo se cuentan en nuestros días en las costas gallegas.

Haría falta una máquina del tiempo (mejor una regresión a ese tiempo) para descubrir por qué los antiguos habitantes (o antiguos visitantes) de esas regiones plagaron de megalitos las cornisas cantábrica y atlántica de la antigua Galicia.

Nadie sabe a ciencia cierta que significan los grabados encontrados a lo largo de la ruta que lleva a las playas del fin del mundo. Algunos creen ver símbolos de magia, indicaciones iniciáticas y miles de cosas más. Mientras que otros sólo adivinan, en tan elaborados trabajos sobre piedra, cuentas de ganados y cosechas... La misma Virgen María, según las leyendas, llegó supuestamente a Padrón a bordo de una barca de piedra que aún se conserva. Esta historia bien podría ser el reflejo de otra leyenda más vieja, como la de que una diosa llegara a las costas gallegas a bordo de una extraña barca más dura que las piedras. (Todas las diosas de la Antigüedad son la misma Virgen María...)

Pero no sólo hay historias de llegadas, también se cuenta la leyenda del Cristo de Muros que se fue caminando sobre el mar al abandonar la Tierra. También éste era el camino de los muertos egipcios que deseaban llegar a la tierra sagrada del Amenti para reunirse con los suyos, de la misma manera que fue un camino tradicional para muchos monjes egipcios a lo largo de varios milenios.

Con estas historias, las costas gallegas se convierten en una plataforma para viajar más allá del fin del mundo. Es posible que los náufragos sabios, o sus descendientes, se hayan ido por donde vinieron (ojalá) al ser recogidos por sus antiguos hermanos. 

En la Biblia se cuenta que los dioses se unieron a las hijas del hombre, mientras que en las leyendas gallegas se habla de que las sirenas se unieron a los hijos del hombre. En ambos casos nacieron nuevos pueblos de dichas uniones, pero pueblos que, al parecer, no prosperaron entre los hombres y se diluyeron o regresaron a sus orígenes. (En la Gran Pirámide de Egipto está escrito el fin del tiempo, y según los sabios y expertos es ahora; ¿podemos evitar la gran catástrofe? Creo que sí. El Jefe de la Nación Lakota Pluma Blanca, dejó, menhires tallados con sus manos, con las Diez Profecías; la dificultad es que según he leído en Internet los dinamitaron hace unos años; nuestra tecnología, es pura basura en comparación a la de los ovnis; algunos quieren transportar sus palacios fuera de la Tierra, ¡imbéciles! No hay un planeta más, sólo la Tierra; hay muchas realidades dentro de este círculo planetario. Si tú tratas mal a uno, otro te trata mal a ti en otras realidades. ¿No lo entiendes? Pregunta a DIOS y Él te lo dirá. No lo olvides, Jesús, te habló del lago de la gehenna hirviente del infierno. El cielo y el infierno existen. El Zohar habla del infierno, lee, estudia Cabalá.)

 En los años 80 del siglo XX las políticas neoliberales dominaron la economía internacional, implantándose como si se tratara de la panacea universal. (Desde Occidente, trasladaron todo el grueso de las fábricas hacía Oriente. Ahora, China lleva las fábricas ha Occidente; se liberan los chinos del trabajo duro. Ahora, los esclavos seremos los occidentales. Debilitamiento de Occidente. Hay medidas para salir de la gran crisis: Cada cual que fabrique y coma de lo que siembra y cosecha. Ahorro de gasto energético. Alimentos frescos sin contaminantes. Se limpian los cielos, los mares y la Tierra. No a las crisis. No a las guerras. No al engaño. No lo olviden los gigantes son pacíficos hasta que le pisan el rabo. <<¡Base más justas y democráticas!>> Me pregunto, el gasto de la gente en preguntar sobre el futuro: <<adivinos ricos, vecinos pobres>>. 

Tú corazón tiene todas las respuestas. En las palmas de tus manos lleva el mapa de tu vida escrito en cada línea y trazo. Sabías qué Jesús está en la Tierra. ¡Queremos una Conferencia por la Paz de los Jóvenes Universitarios! Los viejos, ya no valen, son avaros, egoístas, soberbios y prepotentes. Se creen que como les queda poco tiempo, les da igual que explote el mundo; se equivocan: somos eternos, de aquí al más allá y vuelta a acá, si fuiste malvado vas de cabeza al infierno eterno. El mundo era oscuro cuando llegó Jesús por vez primera, ahora es asqueroso. Es terrible, lo que hacen con los jóvenes inocentes. Miedo, terror, y así los llevan al suicidio. Justicia Divina...

Señor bendice y certifica la obra de nuestras manos. Según las Sagradas Escrituras ya no habrá enfermedad ni muerte, los viejos justos rejuvenecerán y los malvados y los impíos serán barridos de toda la Tierra; no crean los textos sagrados, miren en su corazón y verán a DIOS. Regresión a la vida por venir. Así lo ves tú, si intermediario. San Miguel Arcángel verificador de la corrupción mundial trabaja sin descanso, ve y observa como va saliendo la basura podrida de la política española e Internacional. Los malos se van. Destruye tus debilidades, sana tu mente y sé muy bueno. Amén.



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