UN QUÉ, UN PORQUÉ Y VARIOS CÓMO
<<En 1947, el padre Tötöm Nagy, jesuita húngaro con más de veinte años de entrega total a la Compañía, obtenía, primero del Prepósito General y luego el Papa mismo, la absolución de todas sus obligaciones regulares, para volver al estado laico con una misión muy concreta que él mismo había propuesto. Ya fuera de la Orden, el Padre Nagy cambió de nombre y se afilió a la Masonería, en quince años de trabajo en la logia argentina en la que había ingresado alcanzó los más altos grados de iniciación y dirigía, en 1963, una carta abierta a Pablo VI en la que decía:
Hoy, cuando la falta de fe se propaga pavorosamente, debe considerarse si hay que seguir excluyendo de los muros de la Ciudad de Dios a aquellos que siguieron creyendo y cultivan su fe dentro de una Institución que la exige. Estos son los miembros de la Masonería Clásica, quienes honran sus tenidas con la Biblia. El doctor Nagy seguía: Sería un júbilo en el cielo y en la tierra si la Humanidad diera un paso más hacia la Paz Universal, cuya realización depende tanto de Vuestra Santidad; y el mundo será más bello y más limpio con un odio menos.>>
El autor dice: <<Me habría gustado continuar en este tono de comprensión y de solidaridad a lo largo de las páginas que van a seguir. Habría sido una muestra, improbable, al menos por hoy, de que los seres humanos comenzaban a sentir a su prójimo como parte de sí mismos. Desgraciadamente no es así, ni lo ha sido desde los albores de la Civilización. Por el contrario, la Historia de la Humanidad se caracteriza, hasta hoy mismo, por una constante lucha por el sometimiento de la mayoría de sus miembros al poder o a la autoridad dictatorial de unos pocos, constituidos en amos efectivos del colectivo humano.
En esta situación de tensión vital que nos afecta a todos, desde los umbrales de la vida cotidiana hasta los grandes acontecimientos de la Historia, nos hemos dividido, de hecho, en víctimas y verdugos, en perseguidores y perseguidos en acto o en potencia. Curiosamente -e invito a que cualquiera haga la prueba repasando los textos de Historia-, el Ser Humano recurre siempre al camuflaje, al disimulo de sus intenciones, tanto cuando pretende acceder al poder como cuando desea realizarse internamente en libertad y sin presiones externas. Ni un solo aspirante a altos grados de poder ha descubierto jamás sus auténticas intenciones; ni un solo iniciado en la práctica de la libertad de Conciencia ha proclamado su estado a los cuatro vientos. En cierta manera, el secreto está indisolublemente ligado a la naturaleza humana.
Al mismo tiempo, en tanto que miembros de la Humanidad, somos gregarios. Tememos la soledad y buscamos a toda costa asociarnos con aquéllos que, según suponemos, sienten como nosotros y aspiran a vivir conforme a nuestras mismas esperanzas y con idénticas metas a las nuestras. La unión puede no hacer siempre la fuerza, pero da ánimos para buscar la compañía de aquéllos que pueden servir de apoyo para llegar -hacia dentro de uno mismo o cara al mundo- hasta la meta propuesta. Existen, en este sentido, asociaciones naturales o, si lo preferimos, viscerales: la pareja, la familia, el clan, la tribu, el terruño; incluso existe esa entelequia que nos han hecho llamar patria. Los vínculos con todos estos esquemas son sustanciales a la naturaleza -actual- del Ser Humano. Pero hay otros lazos, que son precisamente aquellos que nos obligan fuertemente a nuestros deseos recónditos -los de poder por un lado, los de salvación trascendente por otro-, que jamás podrán establecerse de manera inmediata, sino mediante una previa comunión de aspiraciones.
Unamos la necesidad del secreto a la oportunidad de la asociación y obtenemos, casi matemáticamente, la sociedad secreta o la secta que, casi desde que el hombre es Hombre, ha supuesto una constante del devenir histórico; un fenómeno que, a fuerza de repetirse, ha enraizado en nosotros desde los albores de la civilización y se nos encarna hasta los inicios de la Conciencia, desde los juegos infantiles.
La asociación secreta, o la secta con connotaciones secretas, así en abstracto, es un mecanismo inherente a las relaciones humanas, sea en su vertiente defensiva o en su faceta agresora. Las sociedades secretas-como las sectas- se han constituido a menudo con idénticas características y con igual entramado, tanto con la intención de dominar a la Humanidad como para escapar a la opresión y alcanzar un estado ideal de libertad. Tan paralelos han discurrido sus métodos, sus ritos y hasta su entramado estructural que, muy a menudo, resulta prácticamente imposible discernir las metas finales de un colectivo volcado a la obtención del poder y las de una secta entregada a la práctica de la iniciación trascendente. Sucede incluso que los mismos fines se van transformando sutilmente y que lo que comienza siendo un grupo de adeptos volcados a la autorrealización y al conocimiento de la Verdad con mayúscula, termina convirtiéndose en vehículo de acceso al poder, en tanto que sus miembros, como presuntos poseedores de las claves que rigen el mundo, llegan a creerse en el derecho de imponer sus verdades y sus principios al resto del colectivo humano.
Así vemos, a lo largo de la Historia, sectas convertidas en focos efectivos de poder y, en nuestros mismos días, agrupaciones secretas o semisecretas que forjan estructuras de partidos políticos, aspirantes (de momento) a hacer oír su voz y su ideario en los parlamentos instituidos, con la intención expresa de transformar el mundo conforme a los factores que han servido para su propia realización.
Pero hablar de la asociación y del secreto sería como hablar del Ser Humano y sus tendencias naturales, pues no hay miembro de la Humanidad que no guarde algo secreto, ni agrupación, por evidente y exotérica que nos parezca, que no contenga en su misma estructura elementos que la diferencien de todas las demás y que no sean celosamente escondidos por sus miembros, siquiera sea para tener conciencia del carácter diferencial que distingue su unión de cualquiera otra. Por esta vía, cualquier sociedad comercial, limitada o anónima, tiene sus pautas particulares que tratan, al menos, de evidenciar que sus métodos o sus fines son mejores que los del vecino, al tiempo que reserva en estricto secreto parte de ellos para que nadie los imite y se convierta en competidor.
Cualquier idea iglesia constituida se basa, por su parte, en misterios sólo accesibles a sus jerarquías superiores que, precisamente por poseerlos, se sienten en el derecho de dirigir a la grey que ha confiado en sus promesas salvíficas. La diferencia -a menudo sutil y casi invisible- de estos colectivos con los que reconocemos decididamente como sectas o sociedades secretas estriba en que éstas hacen del secreto su fuerza y prestigio, concediendo el acceso a sus arcanos únicamente a aquellos que se comprometen vitalmente con sus principios, sometiéndose a una transformación total de su propio ser para convertirse en otra especie de individuo, distinto al resto del colectivo humano general de que había formado parte hasta entonces. A este proceso transformador se le llama iniciación y quienes se someten a él comienzan asumiendo simbólicamente su propia muerte: muerte ante la vida que compartieron con los demás seres humanos fuera de la secta que ahora les acoge.
Al rito de la muerte sigue el de la resurrección en ese otro mundo que le ofrece el colectivo al que aspira integrarse; un mundo teóricamente más puro y, sobre todo, poseedor de unas verdades a las que sólo se tendrá acceso a cambio de la entrega total a sus principios y del compromiso de conservar los secretos de su esencia y de sus fines. La nueva vida del adepto a la sociedad secreta o a la secta exigirá, como primera premisa, fidelidad absoluta y ciega a las consignas emanadas desde la más alta jerarquía del grupo. Consecuentemente, respeto total y acrítico a las órdenes y eliminación de cualquier conato de disensión en aras de un criterio propio, a no ser que la misma estructura interna del colectivo permita una discusión que, en cualquier caso, tendrá siempre lugar entre sus miembros, sin que jamás trascienda más allá de la barrera de silencio y secreto establecida con el mundo exterior.
Todas estas normas generales tienen sus matices, según los principios y los finales sobre los que se ha estructurado la secta o la sociedad. Lo que se le exige al adepto, a partir del momento de su integración, varía desde un compromiso tácito de amor a la Humanidad hasta la obligación implícita de matar o dejarse matar en aras de los fines impuestos por el grupo. Sólo hay algunos rasgos comunes que pueden ser aplicados a la práctica totalidad de estas asociaciones, pero que son precisamente los que las caracterizan y las distinguen del resto de la Humanidad silenciosamente sometida al capricho de quienes se han instituido en sus mentores.
El más importante de estos rasgos es, sin duda, la solidaridad entre sus miembros, una solidaridad entre sus miembros, una solidaridad que prevalece frente a la hipotética solidaridad con el resto del colectivo humano y en consecuencia de haber asumido esa vida nueva o distinta que libera al adepto de sus lazos naturales con el resto de sus congéneres, para atarle a un grupo que se considera distinto a todos los demás y que, aunque accidentalmente conserve sus rasgos humanos, cree haber alcanzado un grado de conciencia superior a todos cuantos no forman parte de su círculo iniciático.
Teniendo en cuenta esta disociación radical de las sectas o de las sociedades secretas, tanto del resto del colectivo humano como de los poderes oficialmente instituidos, es coherente que, ante una mayoría sin acceso posible a sus idearios, se conviertan en objetos de resentimiento unas veces, de miedo otras y, en general, de sorda e inconfesada envidia por parte de tantos como quedan ignorantes de sus verdaderas motivaciones, de sus metas reales y, sobre todo, de sus eventuales posibilidades de convertirse en elegidos futuros de un destino al que el resto de la Humanidad siempre quedará condenada a someterse y al que los poderes gobernantes tendrían que ceder su puesto y sus privilegios.
En este plano de temor pueden situarse muchas actitudes agresivas de los gobiernos ante determinadas sociedades ácratas o independentistas, los anatemas eclesiásticos ante las ideologías de raíz masónica, el rechazo de las clases estabilizadas de la sociedad occidental ante el relativo auge de las doctrinas orientales defendidas por determinadas sectas y hasta la guardia de las llamadas democracias, que teóricamente defienden la libertad de sus súbditos, tanto ante los movimientos que preconizan una oscura vuelta al integrismo ideológico, como ante las asociaciones que aspiran a una hipotética igualdad efectiva de todos los seres humanos.
Falta -y creo muy difícil que llegue a existir alguna vez- una visión objetiva del significado y de la necesidad que lleva a la constitución de la sociedad secreta o al advenimiento de la secta. El Ser Humano parece condenado a juzgar siempre a partir de sus patrones particulares de comportamiento y desde lo que considera radicalmente bueno o malo para sus propios intereses, sean inmediatos o trascendentes. Un intento de juicio imparcial es un reto que, de antemano, está condenado a verse contestado por todos los parcialismos que perviven en nuestro mundo, incluidos los que defienden cada uno de los grupos ideológicos y hasta cada individuo. Sin embargo, vamos a intentarlo aquí, prescindiendo en lo posible de teorías particulares y de convencimientos íntimos. Será difícil, pero cabe también que sea el único modo de poner a cada cual, en este tema al menos, frente a su propia conciencia.>>
El poder y la violencia
<<Aunque en alguna ocasión esporádica los adversarios de estas organizaciones han creído detectar en ellas signos de violencia -y hasta puede ser que los haya habido-, las sociedades que hemos venido describiendo en estos últimos apartados como presuntas buscadoras del control del poder no han actuado con otras armas que las ideológicas y las económicas, aunque éstas pueden engendrar tanta violencia como un misil con cabeza atómica. No conviene olvidar, sin embargo, que hubo y sigue habiendo otras que, para defender su ideario, han recurrido a los métodos más expeditivos, con lo que, al temor por lo secreto y desconocido, han añadido el peligro de la amenaza que puede surgir en el momento más inesperado y en las más inesperadas circunstancias.
El juramento de obediencia, el compromiso de no revelar los secretos y el sometimiento a la iniciación forman parte de un ceremonial que afecta a todo tipo de sociedades secretas. La diferencia estriba en que esos secretos y esa iniciación forman parte, en un caso, de un ideario más o menos espiritualista (aun con todas las connotaciones temporales que puedan inmiscuirse), mientras en el otro forman parte de una clara intencionalidad de mantener o consolidar un poder o unas prerrogativas que un determinado cambio de las estructuras podría alterar y hacer que pasara a otras manos.
A este tipo de sociedades se las ha llamado justicieras, en tanto que su aparición se ha debido a la sospecha temerosa de que la justicia legalmente establecida flaqueaba a la hora de castigar convenientemente los conatos de rebelión surgidos en el seno de un régimen establecido. En España tenemos el ejemplo ya histórico de las Patrullas del Amanecer surgidas en la zona franquista durante la Guerra Civil, compuestas por fanáticos del régimen que, temerosos de la lentitud de la Justicia que aún dudaba a veces de la legalidad de ciertos procesos, se instauraron en ejecutores inmediatos de todos aquellos que, por sus antecedentes, por su particular profesión (maestros de escuela, por ejemplo) o por su ideología meramente sospechada, podrían incurrir en el delito de subversión que tal vez no llegarían a apreciar los tribunales.
En muchos casos, estas patrullas se componían de gentes que ni siquiera conocían la identidad de sus compañeros y que, en cualquier caso, permanecerían en la sombra, sin asumir públicamente la misión que se habían impuesto. (verdugos de sus vecinos) Con esta idea han funcionado por el mundo diversas sectas y sociedades secretas. Un país como China, que por su enorme extensión se hacía difícilmente gobernable, conoció a lo largo de su historia la presencia de estos grupos que, desde los Caras Pintadas a los boxers, pasando por el Loto Blanco, los Turbantes Amarillos y los Ocho Diagramas entre otros, depusieron emperadores, asesinaron a funcionarios y crearon un poder dentro del poder y aun al margen de él, reclutando como adeptos a los habitantes de las provincias enteras, que se convertían en ejecutores de sus propósitos.
En Europa Central y desde el siglo XIII hasta el inicio del XIX, funcionó la secta llamada Heilige Vehme, que impuso su voluntad por todos los estados alemanes y sus aledaños y alcanzó a tener cien mil miembros entre todas las clases sociales, que servirían como confidentes o ejecutores en una incesante búsqueda de transgresores de unas leyes que, en determinados momentos, no eran más que caprichos integristas de los Wissenden (los Sabios), los cuales entregaban a los denunciados a los jueces francos que presidían sus tribunales y cuyos veredictos se reducían a una declaración de inocencia -muy problemática -o la condena a muerte inmediata, fuera cual fuera el delito presuntamente cometido.
La Vehme llegó a grados extremos de organización, citando por tres veces a los sospechosos y condenándolos por contumacia si no presentaban al juicio al que se le convocaba; entonces, cualquier miembro de la secta podía colgarle de un árbol allá donde le encontrara y sin cumplir más formulismos que clavar un puñal en el tronco del árbol que había servido de cadalso.
También en territorios alemanes apareció, en el siglo XVIII, la secta de los Iluminados de Baviera, fundada por un profesor de derecho canónico de aquella Universidad, Weishaupt, y nutrida en primera instancia por antiguos masones que no habían encontrado en la Masonería la acción directa que esperaban. A pesar de sus fines, oficialmente pacíficos y aparentemente espiritualistas, el lema de conceder iguales derecho de todos los seres humanos se convirtió para ellos, demasiado a menudo, en actos de violencia extrema contra quienes ejercían la subordinación del hombre por el hombre por cuya desaparición clamaban.
Así fue como, pregonando una forma deista o panteísta de anarquía -Dios y el Hombre no son sino una sola cosa-, se sirvieron del temor que despertaba su carácter secreto y sus actos de violencia para escalar subrepticiamente puestos de poder en las administraciones de los distintos estados en los que llegaron a actuar. Los Iluminados establecieron una complicada jerarquía de grados -siempre secretos-, cambiaban sus nombres por los héroes libertarios o legisladores de la Antigüedad -Espartaco (que fue el mismo Weishaupt), Catón, Filón-, obedeciendo al rito de muerte y resurrección de las sectas iniciáticas, y su misma asunción de la condición de iluminados les hizo olvidar al prójimo por quien teóricamente combatían.>>
La cruz de fuego y la escopeta de cañones recortado
<<Entre las sociedades que hemos dado en llamar justicieras, se puede considerar como modélica la del Ku Klus-Klan, aparecida en los estados sureños de Norteamérica inmediatamente después de terminada la Guerra Civil, con el fin de impedir que los negros y sus presuntos simpatizantes llegasen a adquirir el grado de ciudadanía y de libertad que, teóricamente al menos también, les concedía la constitución de los Estados Unidos. A pesar de numerosos estudios en torno a la secta y a sus actividades, hay rasgos de la misma que los investigadores más serios no han podido aclarar, tales como los motivos del mismo nombre de la asociación. Sin duda alguna, su configuración externa y sus ritos -las cabalgadas de encapuchados en la noche, la aparición de cruces de fuego inmediatamente antes de sus acciones y sus linchamientos -proclamaban un histrionismo muy acorde con una sociedad culturalmente inmadura, adepta a extrañas connotaciones semánticas y a siglas sacadas de lenguas obsoletas.
A pesar de ello, o tal vez por ello mismo, la bestialidad mostrada por el Klan hacia la raza "inferior" es sólo comparable a la que se preconizó desde sociedades igualmente secretas de la Alemania Prenazi, en las que se establecieron ya claramente los principios de la superioridad racial aria frente a los pueblos inferiores con los que sería necesario tomar medidas para reducirlos al estado de Untermenschen (infrahombres) que se habían ganado a pulso su baja estatura, su tez cobriza, sus cabellos ensortijados o su nariz aguileña.
En estos casos, como los que vimos anteriormente al referirnos a la Heilige Vehme, no se trataba de un resentimiento nacionalista, sino de una obsesión racial que, aunque en el caso del Klan se ciñó a los estados del Sur norteamericanos, estableciendo qué pueblos pueden ser aliados de la idea mesiánica que se proclama y qué pueblos están condenados a convertirse en simples esclavos o instrumentos de trabajo al servicio de los elegidos.
Las sociedades secretas de este signo responden, por desgracia, a sentimientos más o menos generalizados provocados, en primera instancia, por la misma ideología judeo-cristiana dominante en todo el mundo occidental. La Europa Cristiana no se ha sentido nunca hermana efectiva de otros pueblos, a los que, en el mejor de los casos, ha tratado de proteger como se protege a ciertos animales -que ni siquiera a todos- en las llamadas Sociedades Protectoras, pero en el fondo ha habido siempre un empeño, promocionado desde la más altas instancias de la jerarquía espiritual, que ha proclamado la maldición sobre quienes formasen parte de otra etnia.
Son los mismos que han pintado siempre Cristos rubios de ojos azules y barbas doradas. Pero, a su vez, también ese sentimiento de rechazo se ha dado en sectores muy determinados de otros pueblos, como pueden demostrarlo concretas acciones llevadas a cabo por las ideologías extremas del sionismo sobre palestinos -e incluso sobre judíos palestinos- en los territorios del actual Estado de Israel.>> Del libro EL LADO OCULTO DE LAS SECTAS Juan G. Atienza.
La guerra permanente
<<Un ex agente de los servicios secretos británicos, William Guy Carr, publicó en su libro Peones en el juego parte de la correspondencia mantenida entre 18670 y 1871 en Giuseppe Mazzini y Albert S. Pike, que hoy se conserva en los archivos de la biblioteca del British Museum, en Londres. En una de las cartas, fechada el 15 de agosto de 1871, Pike le comunica a mazzini el plan a seguir por los Illuminati: <<Fomentaremos tres guerras que implicarán al mundo entero.>> La primera de ellas permitiría derrocar el poder de los zares en Rusia y transformar ese país en la fortaleza del <<comunismo ateo>> necesaria como antítesis de la sociedad occidental. Los agentes de la orden <<provocarán divergencias entre los imperios británico y alemán, a la vez que la lucha entre el pangermanismo y el paneslavismo>>. Un mundo agotado tras el conflicto no interferiría en el proceso reconstituyente de la <<nueva Rusia>>, que, una vez consolidada, sería utilizada para <<destruir otros gobiernos y debilitar las religiones>>.
<<El segundo conflicto se desataría aprovechando las diferencias entre los fascistas y los sionistas políticos. En primer lugar, se apoyaría a los regímenes europeos para que derivaran hacia dictaduras férreas que se opusieran a las democracias y provocarán una nueva convulsión mundial, cuyo fruto más importante sería <<el establecimiento de un Estado soberano de Israel en Palestina>>, que venía siendo reclamado desde tiempos inmemoriales por las comunidades judías, cuyos rezos en las sinagogas incluían siempre la famosa coletilla, <<el año que viene, en Jerusalén>>, expresando así el anhelo de reconstruir el antiguo reino de David.
Además, esta nueva guerra permitiría consolidar una Internacional Comunista <<lo suficientemente robusta para equiparase al conjunto cristiano>>. Los Illuminati preveían que en ese momento podrían disponer así, por fin, de la ansiada antítesis.
La tercera y definitiva guerra se desataría a partir de los enfrentamientos entre sionistas políticos y dirigentes musulmanes. Este conflicto debía orientarse <<de forma tal que el Islam y el sionismo político se destruyan mutuamente>> y además obligará <<a otras naciones a entrar en la lucha, hasta el punto de agotarse física, mental, espiritual y económicamente>>.
Al final de la tercera guerra mundial, pronosticaba Pike, los Illuminati desencadenarían <<el mayor cataclismo social jamás conocido en el mundo>>, lanzando una oleada revolucionaria que, por comparación, reduciría la época del Terror en Francia a un simpático juego de niños. <<Los ciudadanos serán forzados a defenderse contra una minoría de nihilistas ateos>>, que organizarán <<las mayores bestialidades y los alborotos más sangrientos>>.
Las masas, decepcionadas ante la nula respuesta de las autoridades políticas y religiosas, serían llevadas a tal nivel de desesperación que <<que destruirán al mismo tiempo el cristianismo y los ateísmos>> y <<vagaran sin dirección en busca de un ideal>>. Sólo entonces, según Pike, se revelaría <<la luz verdadera con la manifestación universal de la doctrina de Lucifer, que finalmente saldrá a la luz>>.
Los Illuminati presentarían al mundo a un nuevo líder capaz de devolver la paz y la normalidad al planeta ( y que sería identificado como la nueva encarnación de Jesucristo para los cristianos, pero al mismo tiempo como el mesías esperado por los judíos y el mahdi que aguardan los musulmanes) y todo el proceso desembocaría finalmente en la anhelada síntesis.
La horrorosa profecía coincidía con las ideas de Hegel y, sorprendentemente, se ajusta hasta ahora de una manera bastante fiel a la evolución histórica que conocemos. ¿Quién era este Albert S. Pike, que hablaba con fría indiferencia de los mayores desastres de la humanidad?, ¿y Mazzini, que asentía silenciosamente ante esos planes? Como ya se ha explicado anteriormente, en Francia los Illuminati sobrevivieron a través de la infiltración de sus miembros en la masonería; en otros países europeos y americanos sucedió algo similar. La orden encontraba refugio donde podía y cada vez se extendía más en su seno la creencia de que los nuevos pasos a dar se tendría que enmarcar en un escenario diferente, fuera de Francia y de Alemania, donde habían actuado preferentemente...>>
Del libro: ILLUMINATI de Paul H. Koch - Los secretos de la secta más temida por la Iglesia Católica.
<<Desde los comienzos de nuestra Era, en que ya Plinio el Joven escribió acerca de los fenómenos de encantamiento, los relatos y las noticias sobre casas encantadas se han venido sucediendo sin interrupción. En la actualidad la casuística es muy abundante, y el fenómeno, objetivamente considerado, no admite duda. Las casas encantadas existen, y los fantasmas -por llamar de alguna manera a esa energía que es capaz de mover objetos -deambulan, por ellas a sus anchas. Si realmente existen las casas encantadas, es necesario preguntarse por qué algunos espíritus se resisten a abandonarlas, y si es peligroso vivir allí. Todo apunta a la posibilidad de que el mundo de los vivos se encuentre rodeado de legiones de espíritus de los que murieron. Entre la realidad y la fantasía, los fantasmas parecen rodearnos en todo lugar y situación. Y, aunque pocos los han visto, su persistencia a lo largo de la Historia, tanto en culturas evolucionadas como primitivas, estremecen los relatos testimoniales y de ficción, a ellos referidos, han dado lugar a una investigación rigurosa acerca de su veracidad.
Ignoramos, o conocemos muy mal, la verdadera dimensión y capacidades de nuestra mente. Por eso nos sorprende que seamos capaces de realizar con ella hechos portentosos, a simple vista increíbles. Nadie cuestiona ya la realidad de fenómenos como la telepatía, la clarividencia o la precognición, aunque desconocemos su proceso y mecánica. Pero sorprende todavía más que la mente pueda ejercer su función sobre la materia de una manera directa.
Parece que los humanos no somos los únicos seres inteligentes en la Tierra. Desde que el hombre existe ha tenido la sensación, y muchas veces el firme convencimiento, de que a su lado, de forma visible o invisible, hay otras inteligencias que desempeñan misiones concretas y ocasionalmente aparecen e interfieren, para bien o para mal, en nuestras vidas y proyectos. Estos otros seres ocultos pueden también ser visitantes esporádicos. Se les ha llamado duendes, elfos, ángeles, demonios, genios, hadas ... y en sus apariciones cabría incluir también a la Virgen y a Jesús, los intraterrestres y los ovnis.
En la Biosfera, que tantas especies alberga, hay una que escapa continuamente al orden establecido en favor de la vida: el Hombre. Da la impresión de que es un ser inadaptado permanente en el ambiente que habita, porque siempre -y así lo confirma su largo recorrido por la Historia- ha necesitado introducir modificaciones en su entorno para cambiar las circunstancias que imperan en el planeta. durante milenios; también ahora. Y la inquietante cuestión se complica, además, al constatar que muchas culturas antiguas y otras actuales consideradas como primitivas han ido perdiendo, con el transcurso del tiempo, conocimientos; han ido y van en dirección contraria al progreso, lo que no es lógico ni natural. Es decir: parece que el hombre ni se ha adaptado, ni lo hará jamás; que se trata de una especie biológica inadaptable y en regresión; que su origen no es la Tierra, sino otro lugar desconocido del Cosmos. ¿Cuál? Y lo que aún nos debe preocupar más. ¿Cuándo, cómo y por qué llegaron los primeros ejemplares? Jesús lo dijo a sus discípulos: Mi Reino no es de este mundo. Vosotros sois dioses. Hijos del Altísimo. La verdad os hará libres...
Parece ser que la Humanidad, desde sus orígenes, ha estado recibiendo el acoso constante de grupos sociales que han intentado, lográndolo en mayor o menor medida, atraer a las gentes a su redil ideológico, político o religioso, la mayoría de las veces para servir intereses bastardos muy ajenos a los postulados que predican. En la actualidad, ese acoso se ha multiplicado debido al auge de los medios de comunicación, coincidente con el derribo, por hastío o decepción, de los valores considerados como clásicos y firmes. Proliferan las nuevas sectas, conviviendo con los de siempre, favoreciendo la confusión de ideas, lavando los cerebros y sometiendo, con engaños, a postulados absurdos o inconfesables a los adeptos que captan.
Es necesario conocer el lado oculto de estas sectas, porque es la única manera que tenemos de protegernos de ellas. 1981 Comienzan las famosas apariciones de Medjugorie, en Yugoslavia. Un grupo de niños y jóvenes ve repetidamente a la Virgen, que les da sucesivos mensajes, algunos de los cuales deben guardar en secreto. Además suceden otros hechos extraños, como la aparición en el aire de la palabra MIR (PAZ), que es vista por muchos y fotografiada; la aparición de la silueta de la Virgen en lo alto de una colina; fenómenos en el cielo, como la aparición de "lunas", etc. Las autoridades civiles han tratado de acallar el asunto sin lograrlo, ya que en la actualidad acuden peregrinos de toda Europa y América. Las autoridades eclesiásticas inicialmente tampoco han visto con buenos ojos los fenómenos, pero parece que están en trance de dar su aprobación. 1989 En el Ecuador, una joven tiene visiones marianas y se producen todos los fenómenos típicos: sangraciones, profecías, predicciones apocalípticas, danzas del sol, etc. El caso está todavía abierto y las autoridades aún no se han definido definitivamente.
La inmensidad del Cosmos hace pensar que, seguramente, el planeta Tierra no es el único habitado. En torno a miles de millones de soles que forman las galaxias giran también planetas. Son tantos los astros que uno se resiste a imaginar que no haya vida, del tipo que sea, en ninguno de ellos. No tendría sentido: tanta grandeza ¡para qué?. Pero esta creencia no merecería ningún comentario ni de alguna manera no se pudieran reunir pruebas capaces de sustentar su realidad. Durante muchos siglos era imposible buscarlas; hoy, sin embargo, la ciencia, apoyada en una avanzadísima tecnología, las está buscando, y sobre la mesa de los investigadores se van acumulando toda suerte de datos, en favor o en contra, de esa intuida realidad. Miles de hombres supuestamente "sabios" se preguntan: ¿Hay vida en el Universo? Parece que les importa muy poco o nada: ¿Cómo viven los seres humanos en este planeta?, ¿como pueden aguantar la inseguridad ciudadana, la precariedad de los empleos, la carestía de los productos de consumo, las crisis económicas, las guerras, la corrupción política, la fatalidad de verse en comedores sociales y un largo etc.? No tienen vergüenza, los que gobiernan.
<<Tenemos que lanzar nuestras ideas al mundo y que revienten ante los especuladores, que los destrocen, que allanen el camino a los verdaderos mártires de este mundo, los trabajadores, los hombres y mujeres que sufren desde la desigualdad, que arrastran a sus hijos hasta los comedores sociales con la mayor de las dignidades, una dignidad que jamás conocerá ese que gana cuatro mil veces más. Pobre mísero. <<Necesitamos ideas. Necesitamos ver que hay alguien que piensa, que se dedica a ello, que nos haga ver que no estamos solos. Necesitamos sentir la compañía, la esperanza. De nada nos ha servido tener el pasado sobre nosotros. Nada aprendemos. Nada dijo el viejo... Cada vez que nos doblegamos sin lucha, aceptando toda la mierda que nos cae, tengo deseos de gritarles a todos de dónde venimos. Siempre estrellados, entre tiranos y populistas, entre fascistas y nacionalistas.>>
<<Es tan fácil abandonarse en los brazos de cualquiera. Los canallas siempre se salvan, siempre escapan cuando la miseria llama a la puerta, cuando el mal nos sitia ¿Estamos solos? No nos pueden abandonar. No podemos abandonar el mundo. No podemos dejarnos morir de inacción, como no podemos dejar de respirar sin más. Si dejamos la fe atrás y continuamos sin confianza, no será posible construir nada. Las calles tomadas de nuevo. Si fuera profesor tendría el aula en la calle, daría todas mis clases entre transeúntes que pasean o se dirigen al mercado, entre jóvenes enamorados que buscan las sombras o truhanes deseosos de lo ajeno.>>
<<Lanzaría mis ideas entre todos ellos, cuidándome de ser escuchado, alzando la voz entre los nuevos, con los alumnos a mi lado, como jóvenes emisarios, como ángeles de la vida. No es fácil. Muchos han caído para morir sin más, ángeles y también demonios, se precipitaron por unos ideales, por un sentido de la vida que los hacían inquebrantables, pero frágiles. A lo largo de mi vida he conocido a muchos que solo pudieron ser callados, muertos. Hay que contar sus historias, nos debemos a ellos...>> Del libro de Paco Pérez Valencia GRAN ATLAS DE LA DESORIENTACIÓN
¿Desaparecemos como la Atlántida? ¿Los alienígenas nos atacan?¿La amenaza viene de Marte? Con todo, la era de los alienígenas literarios está a punto de desaparecer. A partir de ahora, las inteligencias extraterrestres procedente del espacio exterior invadirán la Tierra a caballo de los nuevos medios de comunicación de masas: la radio, el cine y la televisión.
<<El 30 e octubre de 1938 se produce un acontecimiento que ha merecido la atención de muchos estudiosos. Evidentemente, hasta el momento nunca se ha producido una invasión en la Tierra por parte de inteligencias procedentes de otros mundos. Pero asusta pensar en la reacción del público pudiera ser similar a la de aquel día en que se puso en antena un programa radiofónico desde Nueva Jersey. Con guión de Howard Koch y dirección de Orson Wells, una versión radiofónica de la Guerra de los Mundos, cuyo autor era Ha.G. Wells, se emite en forma docudrama. Aunque a lo largo de la emisión se anuncia varias veces que se trata de una ficción, las descripciones de los marcianos invadiendo los Estados Unidos y destruyendo todo cuanto encuentran a su paso resulta tan realista que miles de personas huyen de sus hogares presas del pánico. Se producen por doquier escena histéricas, las iglesias se llenan de gente que pide perdón por sus pecados, e incluso algunas personas se suicidan antes de caer en manos de los crueles invasores.>>
<<Nunca más se produce un fenómeno de masas como el pánico creado por la versión radiofónica de La Guerra de los Mundos. Los siguientes hitos van a ser ya por siempre patrimonio de la pantalla cinematográfica.>> Y, si de verdad estamos siendo atacados por estos seres invisibles; los visitantes de dormitorios que nos colocan implantes en el cerebro; estos fantasmas que nos hacen hacer lo que ellos quieren que hagamos, porque nos manipulan la fuerza de voluntad. Somo esclavos de las fuerzas oscuras y los sabios cabalistas lo saben, saben que es cierto, que son vampiros, que chupan nuestra energía vital. Vamos a trabajar por la paz, y vamos a declarar la guerra a las fuerzas oscuras, nuestras armas son la Fe la Esperanza, la Confianza, la Alegría, con estas armas se mueren.
Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, Paz y Alegría no más guerras, no permita que la Humanidad caiga en las trampas. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Gracias Padre del cielo. Lo agradezco de todo corazón. Amén.
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