lunes, 10 de abril de 2023

El Bosque Mágico- La guerra de los hijos del terror

 En el remoto y árido planeta Tierra vive el joven Ramón Braza, que trabaja en la finca de su prima Violeta. La finca de Sanlúcar de Barrameda le invita a vivir mil aventuras en el Bosque Mágico. El joven Ramón cuenta con treinta años, estaba harto de la monotonía de su vida en las cuevas internas de la Tierra. Él vivía en la tierra hueca, después de la  Tercera Guerra Mundial, donde todas las naciones de la Tierra se vieron implicadas, quedó un paisaje árido y desolado, el aire contaminado. Por eso, Rafael anhela participar en aventuras que le trasladen a regiones distantes y extrañas, más allá de la finca sanluqueña. La oportunidad se le presenta más allá de las puertas del Bosque Mágico, la joven maga le ofrece el Libro que recogen todos los mensajes de alerta, que Fernando el cojo escribiera ante la locura de las ambiciones personales humanas. Violeta lo mantenía en secreto. Todas las notas de sus predicciones están escritas con palabras sencillas; la humanidad capturada por un grupo de temibles y siniestros brujos, que buscan imponer un reinado de terror en beneficio de sus ambiciones personales. El mundo enloqueció. Todos se iban armando con armamento muy poderoso.

Liliana la hermosa sanadora, armada sólo con su inteligencia bondadosa, cosa que ha heredado de su familia. Aquel mundo enloquecido dió lugar a una terrible guerra. La Madre de todas las guerras, la más terrible que pudiera imaginarse. En una época en la que predomina el catastrofismo, la angustia y la violencia con el mayor sufrimiento para los pocos supervivientes que quedó después del gran enfrentamiento de todas las naciones de la Tierra. Otra Tierra, otra época. La antigua sociedad era la sociedad del todo vale, los más corruptos tomaron los gobiernos con la ayuda de los brujos.

 Los brujos convencieron a la gran masa que la legendaria República Romana traería la paz universal sobre toda la Tierra. La gente los creyó, les describieron un proyecto que era necesario para tener una vida mejor. Se vieron, en poco tiempo viviendo en el interior de la tierra hueca, en cuevas. Allí, en el interior del vientre de la Madre Tierra, no era necesario decir dónde estaba ni de dónde venía, sino saber tan sólo que era la tierra hueca del vientre de la Madre Tierra, y habían sido advertidos, todos los sobrevivientes tenían que respetar los Mandamientos de Dios Padre El Eterno. Antaño, bajo el gobierno de los tiranos, todo el dinero, todos los recursos materiales y humanos eran invertidos en materiales bélicos. ¡Bomba atómicas! Mientras tanto millones sufrían terribles dolores. La gente desprotegida sufría de hambre, millones de seres humanos vivían desamparados, acribillados por las plagas de virus, que hacían emerger a la superficie de la Tierra los malvados brujos; ellos creyeron prosperar, florecer, pero, el Dios de la misericordia les hizo un terrible Juicio y todos los hombres malvados fueron condenados a vivir la eternidad más allá de la galaxia, fueron a parar al planeta Mercurio dónde corrían ríos de lava ardiente, así, que su vida se tornó salada y ardían sus pupilas en terrible espanto. Porque los demonios rojos no los dejaban descansar ni de día ni de noche. 

De vez en cuando les enseñaban lo que había hecho con el planeta Tierra. Las imágenes de felicidad pasaban por delante de ellos, como ocurre con frecuencia cuando la riqueza y el poder superan lo admirable y alcanzan lo imponente, los bellos palacios, las catedrales, los jardines con sus estatuas y sus fuentes, la gente paseando a caballo, en bicicleta, caminando por los parques. Y, le mostraron las imágenes cuando aparecieron ellos, los seres egoístas, perversos llenos de codicia arrastrando al mundo a una tercera guerra mundial, los sucios usureros avaros emergieron con el apogeo de la Sociedad del Bienestar.

 Aquel mundo idílico se pudrió como las flores de cementerio, la gente tenía fe, a pesar de que el peligro no era visible desde fuera. Los brujos malvados, persuadieron  a los hombres corruptos, y fueron ayudados por los golfos y por todas las aves de rapiña de todo el planeta Tierra. Eran individuos turbulentos y ansiosos de poder, impresionados por los gobiernos que debilitaron a la humanidad a través del comercio. Subían los precios, de la luz eléctrica de las bombonas de Butano, un día subía 18 euros de golpe y otro día bajaban diez céntimos, haciendo sonar los claxon de los medios de comunicación a ¡bombo y platillo! ¡Bajada de la Luz! ¡Todo baja!

Los alimentos, y todos los elementos necesarios para la vida cotidiana subieron los precios tan alto, tanto lo subieron que la gente se empobreció, la tristeza se apoderó de la Humanidad. A los jubilados y pensionistas le robaron parte de su pensión, y todo era con la idea de matar a millones de viejos. Al retirar parte del dinero, que es energía, los dejaron secos. Sin ganas de vivir, pero, aparecieron los Guerreros del Arco Iris, y les dieron a los brujos, con su espada de luz en todo el morro. Se quedaron secos ellos, porque no podía gesticular palabra, el ambicioso brujo Morgano se hizo elegir presidente ¡del país irás y no volverás! Él, prometió reconciliarse con los descontentos del pueblo y restaurar las añoradas glorias de la Sociedad del Bienestar, prometía Sanidad Pública gratuita; prometía una vida plena de gozo y de felicidad. En cuanto tuvo asegurado el cargo, se declaró Emperador (igual que Napoleón Bonaparte) y se apartó de la plebe. Robando y saqueando a todos...

Poco tiempo después, los mismos colaboradores y aduladores a las que había investido de los títulos más eminentes, le tenían bajo control; las peticiones de justicia que lanzaba el pueblo no llegaban a sus oídos. Después de acabar mediante la traición y el engaño con los Guerreros Arco Iris- paladines de la justicia en el planeta Tierra, los gobernantes y los políticos se dispusieron a establecer el imperio del terror en los desalentados países de la Tierra. En beneficio de sus ambiciones personales, muchos utilizaron las fuerzas imperiales y la influencia del emperador, para invadir otras naciones, con el pretexto de anexionar antiguos territorios, el pueblo cada vez estaba más aislado, más hambriento, y más poder tomaban los necios malvados.

Pero unos pocos pueblos se rebelaron ante estos ultrajes. Se declararon opuestos al Nuevo Orden y emprendieron una gran batalla para restaurar la antigua Sociedad del Bienestar. Desde un principio, los sistemas esclavizados por el brujo Emperador los superaron ampliamente en número. En aquellos primeros y oscuros días parecía indudable que la brillante llama de la resistencia se extinguiría antes de arrojar la luz de la verdad de la Nueva Era Dorada, en una Tierra de pueblos oprimidos y vencidos. El Emperador le habló al oído a los gobernantes necios, les ofrecía ganancias, la toma de los territorios, ofreciendo mercenarios, armas sosificadas, aviones y tanques, el Emperador había convencido a los reyes de Marruecos, al Jefe Político de Ucrania, de Rusia, de China, de USA, a todos los enredó en una maraña de hilos muy bien tejidos. Así, que las ¡bombas! iban y venían de un continente a otro cada día.

 Os escribo esto a vosotros que creéis en el comunismo, para que sepáis que el Hijo de Dios existe, Jesucristo vino al mundo, murió y resucitó y ahora es un Espíritu que vive y Reina en los Cielos y en las galaxias, en todo el Universo y en todas las realidades, con Él lograremos la vida eterna aquí en la Tierra, tal cual profetizó Isaías.

El Emperador había convencido a toda Europa, de crear un Fondo Monetario para ayudar a sufragar los gastos, de las guerras, mientras Europa soñaba, los mercenario, los terroristas les iban invadiendo todo su territorio, y ellos, los muy imbéciles jugando con un mapa a los barquitos, o creyendo que jugaban una partida de ajedrez, ¡jaque mate a Europa! Los europeos estaban en el lugar equivocado, en el momento inoportuno y la desgracia se cirnio ampliamente por todo el planeta Tierra; Corea del Norte se sampa todas las bombas que el Emperador le vende a cuartos, le vende cada material para construir.

Una mañana pudieron ver un enorme hongo gigante brillante, cegador que arrojaba al espacio partículas de centellas doradas, pero no venía del sol. Así, durante largo tiempo el planeta había sido arrasado, toda la faz de la Tierra se mostraba árida; los hombres habían sido engañados por el siniestro Emperador. Sólo quedaron vivos lo que estaban orbitando la galaxia; sólo una nave que había salido para explorar el sistema galáctico con un buen número de hombres, mujeres y niños sobrevivieron. Visto desde la atmósfera, el planeta Tierra daba la impresión de que nada podía existir, y menos aun seres humanos. Pero el imponente Bosque Mágico de la finca de Violeta en Sanlúcar de Barrameda soportó tales ataques atómicos y todos los eventos destructores, porque Fernando el cojo había dejado el Bosque Mágico al cuidado de los Siete Arcángeles, y ellos, formaron un escudo protector con sus Siete Rayos poderosos.

La mayor parte de este mundo era un desierto seco, cuyo excepcional resplandor amarillo rojizo, como de hoguera ardiente, era consecuencia de la doble luz solar que llegaba a las arenas áridas. Esa misma luz solar brilló súbitamente en la delgada protección metálica que caía desenfrenadamente hacia la atmósfera. Casi todas las naciones habían caído bajo la influencia del malvado Emperador, pero, en lo secreto, muchos gobernantes se habían aliado con los Ángeles de Dios, también ellos consiguieron su escudo protector, y así fue como se pudieron salvar los hombres buenos y justos...

Poco antes, del Holocausto Atómico, se ven pasando el tiempo a tres mujeres vestidas de negro, ellas, se entretienen alrededor de una marmita capaz de albergar el cuerpo de un hombre, mueven el destino y guisan los conjuros amparadas por la oscuridad y la niebla. Ellas no le indicarán el camino que ha de seguir la humanidad para alcanzar la paz global, porque ellas, trabajan para el viejo Satanás, para destruir a la Humanidad. Los hombres se perderán de nuevo por los andurriales del Bosque Mágico en otras guerras descomunales.

 Cuando puedan ver, cómo las tres mujeres y su marmita desaparecen tras un grueso manto de niebla. Sus gritos no tendrán respuesta, la suerte está echada. China quiere atacar a la isla de Tahiguan; Marruecos a España, Rusia a Ucrania, a Europa y a América, y ¿América a quien quiere atacar? No es bueno filosofar de la paz, cosa que tiene un alto precio en vidas humanas, una guerra resulta muy cara, lo mire por donde lo mire. ¡Se atacaron entre sí, y todos lo lamentaron! Al otro día, cuando despierte con los primeros rayos del sol Ibérico, el hombre no sabrá si ha soñado con la guerra, o si la ha visto de verdad. Entonces, disipados los sueños en las sombras, encontrará el camino que sube al cielo, recordando los vaticinios y las sentencias de Fernando el cojo, que escuchara del sabio Confucio y del Rey Wen. De la tierra toda se perdió; se perdieron los valles verdes y todas las plantas maravillosas, los ríos se secaron; sólo sobrevivieron los que se ampararon en el Bosque Mágico donde los druidas regaron las plantas maravillosas que todo lo pueden, incluso cambiar la espiral sin fin del tiempo y llevar a los hombres a otras dimensiones, a otras épocas más generosas, más juiciosas. Nadie está a salvo de su propio duelo. Reza si eres creyente para que se ilumine esta gente que juegan con la Bola del Mundo a una partida de la ruleta rusa, porque no saben del Poder del Hijo de Dios, Jesucristo.

Cuando el Bosque Mágico se rompe al abrazo de la mar río, las grutas y cuevas de este romance subterráneo de la tierra hueca ululan canciones. Son las voces de los hombres y mujeres, de los niños muertos en las Dos Guerras Mundiales. El Holocausto, Japón Imperial y la matanza atómica son cantos de sirenas, que advierten al oído de los hombres nobles, que así no se puede seguir, ¡así no! ¡Nunca más otra guerra mundial! De las almas del futuro, de lo sobrenatural, entre ese mar bravo y el Bosque Mágico existe una relación que se convierte, al oído del hombre, en el puente que comunica los orígenes de la Tierra existente con la Tierra que fue.

La Historia Humana es un vericueto de palabras asentadas por los vencedores que, como los romanos, borran las raíces verdaderas de los pueblos. La gran historia de los conquistadores se come a las pequeñas historias de las regiones. Los pueblos intentan mantener sus tradiciones y hay cosas que nunca mueren, pero el velo de lo oficial se extiende sobre las enseñanzas internas generacionales. El Bosque sigue siendo Mágico pero su voz no llega a la gente; y los hombres son diminutos en manos de ogros gigantes, que los devoran a cada día un poco más; el velo de la lógica y la razón está minando sus raíces ancestrales. El Bosque Mágico sigue estando vivo, fiel a su naturaleza y a sus tradiciones, y el hombre sigue siendo parte de sus ramas y de sus sombras. El contacto entre todos los elementos y los seres de la naturaleza sigue vigente. Pero los hombres no lo ve.

Y si la magia del bosque ya no funciona igual que antes no es porque haya desaparecido el vínculo entre las partes, sino porque se ha suspendido el contacto. Los antiguos creían en los "dioses", creo que son los Ángeles, han sido sustituidos por dioses paganos que exigen carne y sangre humana. La religión le ha ofrecido al hombre algo que siempre ha tenido, la trascendentalidad en el más allá. La muerte sigue siendo la muerte y la vida después de la vida sigue siendo una realidad, aunque menos patente. La vida es una fuente interminable.

 El hombre ha tenido desde sus primeras andanzas sobre este planeta la certeza de un más allá, de una trascendencia interna que le permitirá seguir existiendo después de la muerte. Por eso, antes de que sobre la tierra se asentaran las grandes religiones, el ser humano no se preocupaba de salvar su alma. Nuestras almas necesitan Amor.

Para el hombre de la antigüedad el alma ya estaba salvada desde el primer momento. Lo que no estaba salvada era la vida. Hoy en día nos cuesta trabajo pensar de esta manera porque se nos ha hecho creer durante miles de años que lo material no importa, que lo que debemos salvar es el alma en el más allá, así debe ser, porque el alma es eterna y eterna puede ser su condenación en el Infierno infinito. Los hombre de gobierno deben pensar en satisfacer nuestras necesidades materiales en el más acá, porque Dios da de todo con abundancia para compartir entre todos sus hijos e hijas humanos.

E Bosque Mágico era una fuente de riqueza inacabable. Su Dios estaba en contacto con los hombres permanentemente y sabía lo que los hombres más necesitaban. Hoy en día ni el mismo hombre sabe lo que quiere y ataca al Bosque Mágico sin darse cuenta de que al destruirlo se destruye así mismo. La Tierra es refugio y Madre nutricia, los hombres están desperdiciando los talentos y los recursos. La Humanidad está desconcertada porque los jóvenes tienen mucho que ofrecer y no parece haber salida alguna para ellos.

No se trata de ecología desvelada, se trata de ecología mágica, de equilibrio entre la parte mágica y la parte racional del hombre, de la convivencia natural entre el bosque mágico y los hombres y mujeres.

El Paraíso no era otra cosa que un Bosque Mágico. El Jardín del Edén era un ecosistema mágico. Pero el hombre y la mujer cegados por la lujuria, y la avaricia, con la malicia ha dejado de ver dónde está su Paraíso. El hombre cree que su Paraíso está en el más allá, cuando lo verdaderamente trascendente lo tiene pegado a la tierra.

La Historia del hombre se perderá entre las inmensidades del tiempo y el universo. El hombre desaparecerá para siempre como un soplo de la imaginación de una deidad infernal caprichosa. De seguir el hombre influenciado por las fuerzas oscuras y de su Demonio Satanás; del hombre quedará menos que de los dinosaurios. Pero el Bosque Mágico, que ha estado ahí desde antes de que el hombre apareciera, seguirá ahí cuando todos nosotros nos hayamos ido. 

La trascendencia está en el bosque, en la piedra, en el desierto, en el agua, en el viento, en lo que persiste y en lo que permanece, no en el sueño del cielo prometido. El cielo no se irá de donde está y a cada muerte volveremos a encontrarlo, pero en esta tierra estamos de paso y es en ella donde debemos buscar la magia mientras estemos vivos... Sí, Cielo lo hay, pero sólo si no se supera el temor a comunicarse o la preocupación por temas espinosos como el de la comercialidad del arte. Los cambios en valores y conceptos conducen a una nueva cultura, veremos al hombre siguiendo la senda de los grandes cambios. Una Revolución pacífica dará paso a la Paz.

Lo que trasciende en este planeta es el planeta mismo, nosotros, los humanos, no somos más que invitados de ocasión. La naturaleza es lo que trasciende, nosotros sólo somos parte de su expresión. Las magas y los magos están ahí, enraizados a la tierra como una planta más del Bosque Mágico. Las mujeres y los hombres que no se fueron en las naves divinas cuando partieron otros seres, las magas y los magos se quedaron aquí para preservar la magia, para que la magia no se perdiera, para que el hombre no quedara huérfano de trascendencia natural, para que el hombre no rompiera del todo sus lazos mágicos con el resto de la naturaleza, para que el hombre tuviera la oportunidad de volver a encontrar su camino dentro del Bosque Mágico. Recuerda, que Doñana es una puerta a lo desconocido. Todo invita en Sanlúcar de Barrameda a la aventura, al sueño, a la conquista de nuevos horizontes y de nuevas realidades.

Cuenta la leyenda que más allá de la boya de Matalascaña, en pleno Atlántico, existió la mítica ciudad de la Atlántida. La tradición oral se pierde en la noche de los tiempos y no establece fechas, pero la gente recuerda con clara memoria esa gran urbe llena de adelantos y de gente sabia que emergía del océano. En aquel tiempo lejano, en la Atlántida todo era bonanza y progreso tuvo un gran florecimiento. Sus habitantes podían ver lo que pasaba a miles de leguas de distancia. Viajaban en platillos volantes en naves que surcaban con igual facilidad el cielo que la tierra. Las ciencias y las artes estaban en todo su esplendor. La paz reinaba y la gente era feliz. La Atlántida tenía los dones y el poder de Lucifer, y sus habitantes eran, para el resto del mundo, verdaderos semidioses. Y el camino está en el Guadalquivir, en el margen izquierdo, cerca de Doñana y de Sanlúcar de Barrameda, sigue la estela y hallarás la legendaria ciudad Atlante.

El esplendor de la Atlántida duró muchos ciclos solares, y ciclos tras ciclo sus habitantes iban acumulando poder, sabiduría y grandeza. Todo parecía perfecto, los dioses infernales visitaban la Atlántida y se solazaban con los avances de sus gentes, les había entregado el poder Atómico, pero no les informaron del poder del átomo suelto, no le dijeron de lo terrorífico de su poder expansivo suelto en el aire.

Pero un día, los habitantes de la Atlántida quisieron ser más poderosos que sus vecinos, tampoco querían depender de los dioses, aquellos dioses raptaban a las niñas vírgenes para ofrecer holocausto al poderoso... Los habitantes de la Atlántida, lejos de cambiar sus pensamientos se dedicaron a crecer más y más, intentando acaparar toda la riqueza de la tierra. Desde sus inicios habían sido díscolos con sus descubrimientos y sabiduría. Jamás la habían compartido con el resto de los pueblos. Ellos eran demasiado adelantados y los dioses no vieron nada malo en su deseo de guardar los secretos de la magia y la ciencia del átomo para ellos, al fin y al cabo el resto de los pueblos eran demasiado primitivos como para comprender sus enseñanzas. Lo que no sabían, ni sospecharon los hombres fue que ese poder de sabiduría y conocimientos pudiera llenar el corazón de los atlantes de orgullo y avaricia. Los mismos ancianos se sintieron desconcertados por mantener sus misterios lejos de los hombres jóvenes, y creyeron que su propia actitud había alentado a los habitantes de la Atlántida a pecar de orgullo, así que dejaron que los jóvenes de la Atlántida resolvieran sus propias inclinaciones, pensando que un día se darían cuenta del error y volverían sobre sus pasos. No fue así. El tiempo pasó y los habitantes de la Atlántida, envanecidos por sus logros, perdieron el camino y se convirtieron en pecadores contumaces, degenerando su especie y pervirtiendo todo lo que tocaban.

Cada ciclo se encerraban más en sí mismos, apartados de los hombres y de sus dioses, dedicándose sólo a satisfacer sus deseos. Los dioses, al ver lo bajo que habían caído los habitantes de la Atlántida, bajaron para hablar con ellos, intentando ayudarles  retomar el rumbo correcto, pero no fueron oídos. Entonces crearon terribles armas y peligrosos artificios, y concentraron más que nunca todos sus poderes y conocimiento en el centro de la Atlántida. Replegaron todas sus naves y artilugios en la Atlántida, y ahí se parapetaron para atacar a otros pueblos.

Durante algunas jornadas el cielo de la Atlántida se iluminó por las noches con el fragoroso estruendo de sus armas. Las escaramuzas iban dirigidas a repeler cualquier acercamiento de otros pueblos. Naves y rayos explotaban en el mar y en el cielo, haciendo retumbar toda la Tierra. De pronto todo cayó en un profundo silencio. Los habitantes de la Atlántida, creyeron haber derrotado a los otros pueblos, se entregaron a las fiestas y al desenfreno. En el sueño de la resaca alentaban la ambición de salir a conquistar toda la Tierra entera y someter a todos sus habitantes, pero antes de que pusieran las naves en marcha, todos los pueblos y naciones unidos contraatacaron y hundieron la Atlántida en la inmensidad de las aguas del Atlántico Sur. 

Todos los ingenios y poderes de la Atlántida se perdieron. Ninguna de sus obras se salvó,todo quedó destruido. Millones de seres se desintegraron mientras la ciudad se hundía bajo el Atlántico, se mantuvieron en pie para dar testimonio a través de los milenios de la existencia de la Atlántida. Algunos habitantes, los menos pervertidos por el orgullo y el poder, lograron ponerse a salvo en las tierras firmes de los distintos continentes, quedando desperdigados sobre la faz de la tierra. No pudieron llevarse con ellos ni el poder ni los conocimientos, sólo pudieron llevar consigo el recuerdo de lo que había sido la Atlántida y así lo contaron a los pueblos que los fueron acogiendo en diversas partes del mundo. Ahora aún viven en la tierra hueca. La leyenda de la Atlántida es paralela en muchos sentidos a los relatos de la Biblia.

En la Biblia podemos encontrar varias leyendas de destrucción total. Los Reyes Edomitas fueron destruidos casi en su totalidad ante de que Jehová se decidiera a crear, a Adán y Eva, a partir de los cuales se fundó el pueblo de Israel. La tierra quedó vacía y oscura antes de que floreciera el Jardín del Edén. Los edomitas salvados fueron apartados de la tierra durante algún tiempo, mientras los Elohim la limpiaban. Más tarde los edomitas fueron devueltos a la tierra y, cuando Adán y Eva fueron apartados del Paraíso, se unieron a ellos para formar una nueva tribu, un nuevo pueblo de Jehová que además fue fecundado por los ángeles que bajaron a unirse a las hijas hermosas de los hombres.

El Diluvio universal y la destrucción de Sodoma y Gomorra son otros ejemplos bíblicos, y en ambos casos la destrucción no alcanza a todos y los salvados fundan nuevas tribus y nuevos pueblos. Por su parte, la cosmogonía teosófica nos habla de los lemurianos, antecesores de la raza negra, que llegaron a tener una civilización muy parecida a la nuestra y que también fueron castigados por los dioses debido al pecado de "inmentalidad". Este pecado consistió en negarse a reencarnarse  en humanos inferiores (los blancos trogloditas de entonces), y en negarse a abandonar la Tierra cuando debían hacerlo... Los dioses destruyeron la civilización lemur y los sobrevivientes fueron condenados a padecer sobre la tierra que habían dominado ampliamente, a la espera de que los trogloditas blancos evolucionaran y los aceptaran como sus iguales, cosa que los blancos, en su propia ceguera, no han sabido ver ni hacer.

Para muchos pueblos prehispánicos el castigo divino se centró en la ciudad perdida de Mu, una fortaleza situada en el corazón del Atlántico de donde salieron los ancestros de los toltecas, padres de las ideas religiosas de incas, mayas y aztecas. Para los egipcios su Atlántida fu el Amenti, la región del origen donde los hombres habían sido semidioses, y a la que todos querían volver en vida o en muerte. Los pueblos vikingos, los pueblos del Norte, hablan en sus leyendas de magos, elfos, enanos y hombres que poblaron los bosques y las montañas, y una ciudad mítica que se mantuvo en medio del Atlántico resguardando lo más granado de los seres terrestres, hasta que un líder se enfrentó a los dioses y atrajo la ruina y la destrucción para su ciudad.

La leyenda del diluvio universal es común a la mayoría de los pueblos antiguos. En el inconsciente colectivo de la humanidad pervive un tiempo de esplendor y de progreso en sincronía con los dioses (los ángeles de Dios), después de ese esplendor los dioses que quedaron en la tierra llegaron a ser casi tan terribles y codiciosos como los hombres. Los dioses buenos abandonaron a los hombres, mientras que los dioses crueles (las fuerzas oscuras...), posibles humanos sabios herederos del antiguo esplendor, intentaron dominar el destino del mundo.

Las batallas estelares descritas en el Ramayana y el Mahabharata, son tan parecidas a las guerras estelares que podrían ser realidad científica en los próximos años que corre de este siglo XXI, que asombra cada vez más a propios y a extraños, demostrando a su manera la patente posibilidad de que la humanidad pudo haber tenido una etapa de esplendor tecnológico y científico como se está viviendo ahora. Los textos antiguos, indignos de crédito el siglo pasado, ahora parecen como una revelación en la que se pueden equiparar avances tecnológicos f¡de hace miles de años, con avances que se han conseguido prácticamente hace un par de años. Solo eso.

A la humanidad actual sólo le faltan dos cosas para equiparse con las civilizaciones míticas que desaparecieron en el pasado: ¿Magia y estar en contacto con los dioses? La magia pervive como una superstición poco aceptable, y a los dioses les hablamos todos los días, pero no contestan: es posible que nos oigan, pero está claro que no están en contacto directo con los hombres.

Si la humanidad sufriera una destrucción natural, nuclear o divina, y se quedara sin sus fuentes de ciencia y tecnología, sólo nos quedarían la magía y los rezos para intentar salir de la barbarie.

Julio Verne, en El Nuevo Adán, describe una catástrofe que hunde la Tierra entera dejando muy pocos supervivientes que, desposeídos de sus comodidades modernas, son incapaces de dedicarse a la ciencia o los estudios ante la avalancha de necesidades que necesitan cubrir. Y ya, somos dos los que han tenido estas visiones del derrumbe de la humanidad. Si un grupo de personas de clase media, sin fuentes de energía y sin formación tecnológica, sobreviviera a una hecatombe, éstas estarían destinadas a empezar de nuevo prácticamente desde cero. El fuego y la rueda, así como los rudimentos de cocina y agricultura que todos tenemos, ayudarían mucho en un principio, pero las nuevas generaciones, punzadas por la supervivencia, no tardarían en recurrir a la violencia y a la fuerza para salir adelante, embruteciéndose cada vez más... Y todo los males de la Humanidad es causado por los Diablos Lucifer, Satanás y todos los demás. Y ya es hora de despertar, o no quedará de esta civilización ni siquiera un altar de piedra. A estas alturas de la historia sería bueno, el darse cuenta, de que somos gobernados y dirigidos por entidades invisibles a los ojos de los infelices mortales.

Rafael miró a través del muro del Bosque Mágico, vio que se erguía junto a la pared de la casona, un extraterrestre de más de dos metros de altura. Las luces de la nave pestañearon enigmáticamente en torno a un único ojo mecánico. Una pátina de metal y de polvo fibroso cubría el acabado de bronce de la nave. Un profundo y persistente zumbido, que ni siquiera la explosión más ruidosa logró acallar, acompañó el último ataque. Después, sin motivo aparente, llegaron diez mil nuevas naves... Rafael giró la cabeza y vio hombres lagartos. La imitación de una ose humana era casi innecesaria, los lagartos habían estado ofreciendo a los hombres conocimientos, sabiduría para construir proyectiles para su mutua destrucción, ellos, llevaban siglos esperando para poder emerger a la superficie de la Tierra, sólo esperaban las destrucción de la Humanidad, para ellos subir a la superficie, su afán es dejar las cuevas de la tierra hueca.

¿Oíste eso? -peguntó a su paciente compañero refiriéndose al sonido palpitante de las naves que iban emergiendo sobre la superficie de la mar-río en la desembocadura del río Guadalquivir. De aquella mañana el joven Rafael recuerda que debía de estar muy bien de la sordera, porque se despertó con el tañer de las campanas llamando a las primeras misas. Qué bonita es Sanlúcar de Barrameda en una mañana temprana de domingo primaveral. En Semana Santa, por la calle apenas se puede caminar, siempre abarrotada de personas fervorosas. Mujeres vestidas de negro, con las mantillas y la peineta camino de la Iglesia, después ir a la confitería, donde el confitero ofrecen las torrijas, las tejas nevadas con baño francés y el sabor del limón, sólo se preparan en Semana Santa.

Supongo que no lo oí, tampoco oímos las pisadas de los soldados de infantería en la guerra de Ucrania, porque estamos sordos y ciegos. Lo que sí oí fue el fragor de las ruedas metálicas de las cureñas de los cañones del regimiento de artillería. Me impresionó las bandadas de palomas que levantaron el vuelo, surcaron los cielos, mientras se firmaban los acuerdo que dudaban en sí serían eficaz remedio para acabar con todos los malos entendidos. Quién mal mete a los hombres son los Diablos, y su interés es llevarse las almas al Infierno. Lo hacen sin ocultar su satisfacción los lagartos que viven en la Tierra hueca, ellos gozan haciendo sufrir a los hombres, porque los envidian, ellos son poco atractivos y los hombres tan bellos como los Ángeles y el mismo Dios, El Creador, El Eterno, El Padre de todos los hombres y mujeres, y El nos vigila, nuestra es la elección Paz o guerra aniquiladora, la destrucción puede ser masiva. ¿Oíste? Fin por hoy. Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor, bendice y certifica la obra de nuestras manos. Señor, ven pronto en nuestro auxilio, libranos del Maligno. Así sea. Gracias Padre que sé que nos oyes y nos cuida de todo mal. Libranos de las guerras. Amén.

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