<<No hay corazón que Dios no sane, ni oración que Él no escuche>>. Hace mucho tiempo, cuando no existía el tiempo, todo estaba oscuro, toda la Tierra estaba cubierta de un espeso manto de color ceniciento; las piedras yermas, el abismo oscuro y profundo; al principio la tierra era árida y rocosa; el sol, la luna y las estrellas aún no se había alzado en el cielo, después de abundantes y continuas lluvias toda la tierra estaba cubierta de agua salada. El agua se fue retirando lentamente hacia el Norte y desde entonces los abismos se convirtieron en grandes océanos. Poco a poco, Dios creó un paisaje maravilloso, pobló la tierra con toda clase de animales, los cielos se llenó de aves celestiales; los Ancestros Eternos llegaron volando por los aires, unos con alas y los otros con naves sostificadas de apariencia circular y a semejanza de las aves surcaban los cielos.
Dios creó a Adán y a Eva y empezaron a deambular por la superficie. Vivieron un largo tiempo en el Paraíso, allí soñaron y vivieron cantando canciones. El Paraíso era un lugar dónde los hombres cantaban. El altivo y orgulloso Lucifer, apareció en el Huerto del Edén establecerá de inmediato el primer escollo virtual del hombre en relación a la vida, porque a partir de este mecanismo va a tender inconscientemente a crearse una idea de todas y cada una de sus experiencias. Si en un principio podríamos considerar como legítimo que el ser humano en el transcurso de su evolución animal alcance sensaciones de centro y eje que permitan establecer su gobierno psicológico en el medio que le corresponde vivir, no es menos evidente entender que esto lo ha establecido su mente de una forma inconveniente, ya que lo va a sumir en una permanente sensación de penuria y escasez.
<<El posible hombre-dios que gobierna su mundo desde un centro auto-realizado no necesitaría marcar el sello psicológico de su <<Ego>> en relación a todo lo que ensaya y percibe, puesto que sentiría instantáneamente un equilibrio de correspondencias energéticas entre él como sujeto y todo lo demás como objetos de uso y concordancia. La relación mental entre el Tú y el Yo sucedería sin contratiempos, sin conflictos ni falsas consideraciones. Esta armonía natural surgiría desde la comprensión instantánea de que lo que experimenta ni aumentaría la sensación de su Yo, ni lo interpretaría como una pérdida personal, pudiendo vivir cada circunstancia desde la equidad y el equilibrado juicio que le ayudaría a entender la exactitud de todo lo que acontece.
Sin embargo, el animal <<egoico>> lo va a impulsar el mecanismo de su angustia vital, un ansia insaciable por obtener estímulos que le hagan sentirse vivo y consolidar en sus lapsos de tiempo la hegemonía de su Yo-identidad. Las ideas así nos perpetúan, ya que en ellas incorporamos, aun inconscientemente, las señas de identidad de un hombre educado para que su <<Ego>> se exprese más y más. Esto, sin lugar a dudas, no funciona exclusivamente en lo que se refiere al vehículo expresivo de la personalidad, sino que, además, va a afectar incontroladamente a su cuerpo vital y a todo el sistema de energías que condiciona su mente, su organismo y, por ende su porvenir. En este orden de cosas la pérdida del Paraíso Terrenal debe ser entendida como la subordinación dinámica que la mente ejercita hacia el estímulo, representando la manzana prohibida el objeto circunstancial donde el ser humano vuelca su hambre de Totalidad. El mito pues se convierte en una crónica cuyas claves reflejan la orientación del hombre hacia la sensación psicofísica, consintiendo que él decida experimentar estímulos que refuercen la idea de sí mismo y acrecienten el hábito hacia el deseo.>>
<<De esta forma el deseo animal e indiscriminado se convierte en el móvil expreso que acreciente nuestra angustia vital. Este mecanismo, evidentemente, nos aleja de la sensación de Plenitud, ya que en el momento en que la mente aspira y ambiciona se vive toda ella en la curvatura de un espacio-tiempo conformado ex profeso para recuerdos pretéritos y acontecimientos futuros. Podríamos decir que el ser humano, en el momento en que desea, abandona la experiencia de Unidad y se ve sometido al espejismo del tiempo. Un tiempo devastador que él fabrica en su mente cada vez que proyecta la ilusión de los apetitos, la fantasía de la sucesión lineal de acontecimientos y vida.>>
<<El circuito de experiencia al que se ve obligada el alma humana nos aleja pues de aquel Eterno Presente, atmósfera imprescindible del Paraíso Terrenal donde el hombre podía sentir la Totalidad como una forma de integrar su mente en el aquí y en el ahora. Asimismo, podía participar de la fuerza creadora de un Universo que en ninguna medida se ve supeditada a las ideas mundanas y terrenales. Por consiguiente, ser expulsados del Paraíso conlleva vivir las secuelas de nuestra elección temporal, el afán de auto-determinación en las múltiples posibilidades de la materia lo que, sin paliativo alguno, nos conducirá a afrontar las tres lacras inexcusables de la condición animal: la enfermedad, la vejez y la muerte.>>
<<El animal sucede pues como un rasgo degenerativo del estado espiritual humano, puesto que, en realidad, todo lo que experimenta el alma desde un punto de vista físico es circunstancial. Somos pues seres espirituales que circulamos de paso por un estado material y condicionado por leyes físicas. Podríamos pues decir que el alma se anima en el animal en la medida en que ansía y ensaya los sentidos primarios. El animal-hombre mantendrá latente su instinto de sobrevivir en un mundo repleto de formas. Somos educados para difundir nuestra angustia vital, para que la mente se encante e ilusione con una serie de estímulos que, en ninguna medida, contribuyen a que recuperemos nuestra primordial plenitud anímica.
En consecuencia, las verdaderas facultades espirituales permanecen veladas para un hombre que hila su destino con la tupida red de la sensación. Y las ideas, cuando persiguen sin norte ni gobierno estímulos para ese Yo insaciable de afirmación, embotan los sentidos y contaminan la mente. <<El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal se ha de convertir mitológicamente en el patrón de medidas de esta confrontación. Nuestra herencia psicológica vendrá pues marcada por el hábito comparativo que disocia permanentemente una idea de otra, un mecanismo que es aprendido y hemos de entender que, en ningún caso, forma parte de nuestra verdadera condición espiritual. A partir de aquí, cuando la mente se hace dual y discursiva no deja de ser arbitraria, puesto que tenderemos a ajustar en ella multitud de conjeturas sobre lo que experimentamos, una costumbre que nos hará vivirnos más en relación con lo que pensamos que con lo que somos.
<<El ser humano no se conoce en realidad, puesto que tiende a acrecentar en su educación las pautas sociales que establece el <<Ego>>, como un viaje colectivo hacia la virtualidad de las ideas y sensaciones. Así que, en la medida en que consideramos los conceptos como imprescindibles, disminuyen las facultades perceptivas, no pudiendo reconocer al Ser interior que habita en cada uno de nosotros. Este mecanismo de la identidad humana se refina hasta tal punto, que nos identificaremos permanentemente con nuestras aspiraciones e ideales, con aquellas conjeturas que engordan la sensación del Yo y que, en muchos casos, pasan por la mente como alternativas elevadas y grandiosas.>>
El motor del <<Ego>> -que en la mayor parte de ocasiones es inconsciente- se convierte en un compensador de energías encargado de sustituir todos aquellos infra-valores que desvirtúa la mente por otros donde podamos aumentar la sensación de sujeto. Podríamos decir que soy más sujeto cuanto más tengo, cuanto más disfruto, cuanto más siento a los demás subordinado a mi interés, cuanto más oportunidades tengo de representar mi Yo frente al mundo. Por tanto, la identidad humana engorda en <<Ego>>, estableciendo básicamente su educación en aquellos patrones que puedan asentar y reforzar la auto-consideración.>>
<<Así, por ejemplo, somos instruidos en la competencia por que ésta fomenta la sensación de conquista en el individuo, bien nos refiramos a una concreta calificación escolar, a la estructura jerárquica en cualquier ámbito social o a aquélla que se refiere a fisonomías y apariencias personales. Nuestros valores sociales se ajustan a la estúpida consigna de que <<cuanto más tienes más representas>> lo que, indiscutiblemente, hace que sean comunes en nuestras vidas sensaciones de angustia y frustración. Es lógico deducir que gracias a este hábito inconsciente sucede sin interrupción otro que se ha de convertir en el origen de multitud de conflictos y desgracias: la inercia atávica a rechazar aquellas ideas y consideraciones que no casan con las que nuestra mente ha establecido como convenientes. En efecto: como el ser humano se empeña en pretender que su fuerza y seguridad personal resida en las ideas, rechazará lo que su mente interprete como contrario, puesto que ello disminuye las distintas sensaciones de su Yo.>>
<<Observemos que empleamos el verbo interpretar, ya que el ordenador mental va a ser educado para establecer una selección continua de aquellas impresiones y conceptos que traducirá como válidos, separándolos instantáneamente de los que entiende que no le son convenientes. Asimismo, como es todo nuestro Yo el que se siente implicado en la interpretación, involucraremos también en el proceso a los plexos nerviosos que alteran la emoción y complicarán a todo el organismo en la experiencia. Estamos pues preparados para la gran aventura de la disputa y el combate, para desacreditar lo que nos es ajeno e, incluso, entenderlo como una amenaza que de plano hay que erradicar. Este artificio que el <<Ego>> elabora en el inconsciente será la causa de multitud de guerras y conflictos ideológicos que nos lleve a establecer todo tipo de banderas, amuletos, tótemnes..., señales que necesita la identidad para reforzar la sensación propia o la que compete al grupo tribal, clan o familia, ya que la mente tenderá a implicar a la colectividad en sus invenciones sustitutorias.>>
<<Es comprensible que, al mismo tiempo, necesitemos acercarnos a individuos que sostengan ideas similares o, en su defecto, que podamos manipular o convencer. Así pues aparecerá el hábito de la mente proselitista que trata de establecer continuamente aliados con los que poder identificarse y que mitiguen la pobre sensación de ambigüedad que padece la condición humana. Esta costumbre que cautivará a la especie nace de la misma penuria en la que se ve sometida la identidad individual, ya que crecemos manteniendo la firme sugestión de que los valores que incorporamos a la psiquis nos dan fuerza y seguridad. En consecuencia, nuestra educación tenderá a establecer variados tinglados psicológicos que avalen la existencia, nos den confianza y aminoren las distintas sensaciones de pérdida y carestía con las que ya nacemos.>> Sigue leyendo el Libro Conciencia y esencia Herramientas cotidianas de psicología transpersonal Antonio Carranza.
Nosotros, somos los Ancestros Eternos, que vamos despertando del sueño bajo la tierra y, poco a poco empezamos a deambular por la superficie. Acampamos y cazamos, vivimos bajo el cielo y cantamos canciones y soñamos con un mundo en paz. Gradualmente la guerra va avanzando. Se formó en su despertar; cada acontecimiento destructor, deja un punto de referencia. Una ciudad en ruinas, un valle despoblado, un río seco, una montaña hecha piedras, un charco de sangre, unas personas con formas extrañas. Cada punto de referencia que enseña la televisión tiene una trágica historia. Las historias de las calamidades interminables de la extraña historia humana. La vida a veces es especulativa. Hemos visto cabezas de bombas atómicas desfilar ante nuestros ojos, atónitos aún. Según los mitos estamos ante el Juicio Final.
Hay un cuento que dice: <<Antes del fin del Tiempo del Sueño, cuando la tierra estaba prácticamente completada, dos tribus de hombres-serpientes, una venenosa, la otra no venenosa, convivían en una charca llamada Pugabuga. Recibían los nombres de liru y kunia. Los kunia eran inquietos y decidieron emigrar a una enorme colina de arena en la que había agua en abundancia. Al final del Tiempo del Sueño, la colina de arena se transformó en la roca llamada Uluru, y los kunia se convirtieron en cantos rodados que circundaban su base.
Australia es una tierra inhóspita, el 70 por ciento de su superficie es desértica o semi-árida, con temperaturas que superan los 50ºC. La mayor parte de la población actual vive en las costas, y el interior sólo es hogar para criadores de ovejas, buscadores de ópalo y canguros. Sin embargo, los anangu (humanos) prosperaron en el interior al cantar y soñar la tierra. <<El Tiempo del Sueño>> o el <<Sueño>> es el marco de la vida anangu. La verdadera visión del mundo sólo puede encontrarse en el Tiempo del Sueño.
Según los mitos de creación aborígenes, el mundo era informe y monótono. Entonces los seres totémicos ancestrales vagaron por Australia y formaron la tierra con sus sueños y actos. Los espíritus ancestrales primigenios, como la Hormiga de la Miel o la Serpiente Arcoiris, despertaron y se alzaron de las aguas y la tierra, y descendieron del suelo. Empezaron a deambular por la tierra. Como más tarde harían los anangu, vivieron haciendo fuego, pozos, y practicando la caza, la lucha y las ceremonias. cada uno de sus actos dejó una huella en la tierra. Por último, toda la tierra fue surcada por su errancia y quedó completa. Los seres totémicos mudaron en animales y estrellas, o se convirtieron en accidentes del propio paisaje, es decir, polvo de la tierra.
Recitar el relato de estas acciones crea los trazos de la canción, que pueden cubrir varios kilómetros o abarcar todo el continente. cantar estos hechos no sólo recrea la tierra permanentemente, sino que sirve como guía para encontrar comida, agua o refugio. cada trazo de la canción puede atravesar muchos territorios, y cada fragmento se canta en una lengua distinta. Así, repitiendo e intercambiando trazos de la canción en sus reuniones, los anangu no sólo mantienen viva la tierra, sino que pueden hallar su camino a través de ella sin mapas o brújulas. Uluru se considera el centro de los trazos de la canción.
<<Uluru es una espectacular formación de arenisca en el centro de australia, especialmente hermosa en el alba y el crepúsculo. La Mujer Sol le da su color con sus brillantes rayos cada vez que regresa a dormir en su hogar en el oeste.. La Serpiente Arcoiris se arquea sobre la tierra, como el arco iris. En el Tiempo del Sueño, salió de una charca y viajó por el continente, creando colinas, ríos y valles. La serpìente Arcoiris ponía huevos donde el arco iris tocaba el suelo. Estos huevos adoptaron las peculiares formas rocosas hoy conocidas como Karlu karlu.>> Salió de una charca o de un torrente volcánico, quizás la serpiente eran los ríos de lava, que al enfriarse formó las colinas... Los huevos pudieron ser bombas? Los aborígenes cantan sus canciones ancestrales. Cada cicatriz de la tierra es un desierto, un tatuaje marcado a sangre y fuego de las luchas y ceremonias de los actos humanos. Ahora es el tiempo del fin del milenio, día ocho de noviembre marcado por un eclipse solar...
¿Cuál es el sentido de la vida? superar el propio ego en lugar de juzgar al prójimo. <<La persona que busca se encuentra siempre con la pregunta: ¿para qué vivimos? Para poder captar correctamente el sentido de nuestra vida, tenemos que mirarnos al fin y al cabo a nosotros mismos. Tenemos que preguntarnos. ¿por qué estamos en esta Tierra y quiénes somos? Estamos en esta Tierra para reconocer quiénes somos: seres espirituales en vestido terrenal, que en la escuela de vida Tierra deben desarrollar de nuevo su ser interno, el amor. No estamos aquí para juzgar a nuestro prójimo, para hablar de él e inventar historias o cuentos sobre él, para descalificarlo y para con ello sobrevalorarnos a nosotros mismos, sino que estamos aquí para reconocernos a nosotros mismos, para trabajar en nosotros, para volvernos personas útiles que se hacen responsables de su verdadera vida de forma altruista. Tenemos que reconocer finalmente que aquello que hace el prójimo, es cosa que atañe a Dios y no a nosotros o a aquel con el que hablamos a través de una tercera o cuarta persona. Vivimos para regresar a nuestro origen, a la fuente del amor eterno, para volvernos uno con nuestro Dios, el Todopoderoso. Por ello debemos realizar el mandamiento más elevado. el amor, que incluye a toda la Creación y a todos los seres, el amor, que es la Ley de Dios. Aquel que tiene un amor aún pequeño, se esfuerza continuamente en desvalorar a otros, en presentarlos como faltos de amor, porque él mismo poseepoco amor. Por tanto él no puede dar, sino que desea tomar. Por ello desvalora a sus semejantes, para otorgarse valor así mismo. Es un vicio muy perjudicial el que los seres humanos hablemos siempre -la mayor parte de las veces negativamente- de nuestro prójimo. Fin por hoy. Hasta cuando así Dios lo quiera. Señor bendice y certifica la obra de nuestras manos. Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. <<¡La verdad nos hará seres humanos libres!>>
¿...? censura. Silencio de cordero
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