Donde los hombres cantan. Donde los árboles hablan. Donde los poetas narran prosas de novelas inacabada. malos tiempos que llegan para el universo onírico. Duro horizonte de fondo. Las hogueras del verano mortal y fratricida, 2022, Ucrania en al rojo vivo, un ojo para el narrador y silencio. Y la garganta que ya le aprieta los primeros gripados del pollo, la gripe aviar es una enfermedad inexorable. Afonía. Sintonía y obsesión ahora por conseguir esa carga de buenos alimentos: naranjas y limones, que son las frutas que aconsejan los médicos. Días apagados. Días tristes en los balcones de las televisiones. La gente esperando una pócima mágica. Yo, al menos espero un milagro de Dios, que nos de paz y reposo. En casa, en nuestra tierra. No hablo de reposo de Campo Santo. Donde tristemente, llegan los cuerpos roídos, destilando agua y sangre.
Como ciego el sufrimiento. Como sordos ante el dolor ajeno. El abismo, concretamente lo saben que la niebla o el musgo resbalan. Oraciones y palabras. El mundo vive un momento surrealista, surrealismo vital que se derrumba la cima. Que el narrador es idiota. Que el que narra todo lo copia. Un día soñó que se alejó de este mundo camuflado entre las nubes grises. Era, el fin, al fin la libertad y el olvido de su propia memoria. Ni más ni menos que llega al cielo un día de invierno soleado. Era una hermosa mañana invernal de primeros de Enero, fue sobre el ocho. Interminable su lucha inacabada, sin escala subió al cielo y sin escala bajo al instante. Ni la voz de su abuelo, ni los poemas interminables, ni las nubes de color nardo, ni la música palpitante de los corazones de los ángeles. ¿Cómo sería el cielo? ¿Cómo sería Dios? Le recuerdan las palabras sin voz del Arcángel Miguel. Y que no son sueños. Sobre sus hombros se clavan los ojos y las miradas como mil espadas. Hoy caminan, por las carreteras inseguras, sin aceras los hombres cargados de sueños, ¡malos tiempos! Todavía la ilusión de ver un milagro. Jesús el Nazareno paseando por Jerusalén, donde es posible que lo acribillen hoy a balazos. ¡Cuando censuran las bombas vuelan! Porque los necios y malvados gobiernan los pueblos. Y que, sepan que con Dios es más fácil vivir. Me pongo a pensar en aquellas bombas que pasean por las grandes avenidas. ¿Cómo sería si fueran cargadas de caramelos y bombones? Su hueco siempre es grande y van cargadas de muerte. Su gran importancia es su carga mortífera. Hacen que la vida tiemble al soportar las soledades del gusto del hombre por las exageraciones de las bombas. ¡Bomba! Un puerco banquete...
Un sin fin de palabras, para Dios Todopoderoso que nos levanta cada mañana con su fuerza divina, que nos regala una vida que es equilibrada, pacífica y llena de confianza, no hay más que observar el Universo y su mágica perfección sintonizada y sincronizada. El verdadero proceso de sanación tiene que suceder internamente a través de las fuerzas de sanación y de vida. Por ello es necesario que nos sintonicemos con la armonía universal para alcanzar la unidad con el Todopoderoso. Dios es vida, Dios es amor, Dios sana. Si conseguimos llegar a la corriente incrementada de esta fuerza todopoderosa, estaremos unidos desde el interior con todos los hombres y seres, y estaremos sanos: viviremos felices y en paz. Sólo quien vive en Dios reconoce lo que significa la vida. Todo lo demás es, visto desde la perspectiva espiritual, una vida aparente, un mero vegetar. <<Según tu fe te será dado>>.
Jesús de Nazaret dirigió casi siempre esta pregunta a los enfermos que acudían a Él: <<¿Tienes fe?>> Con ello estimulaba las fuerzas donantes de vida para la sanación interna. La persona comenzaba a reflexionar. Ésta comenzaba a creer poco a poco en la salud y a afirmarla. En la medida en el que busca sanación se dirija a Cristo, a la fuerza central, recibirá también la fuerza de sanación. Cristo sana. Cristo cura. Cristo ayuda. Jesús en ti confiamos, salvanos del mal humano. ¡Según tu fe te será dado. Ve y en adelante no peques más.
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