El día 12 de octubre de 2022 Violeta entró en un gabinete precioso, decorado con un lujo que daba prueba de su prosperidad. En una gran mesa, debajo de un espejo Victoriano, había una baraja de cartas del Tarot, con la que inició sus misterios. La adivina, le pidió que la cortara con la mano izquierda. A continuación, le preguntó la fecha de su nacimiento, la primera letra de su nombre y la primera letra del lugar dónde había nacido. También le preguntó el animal, el color y el número que más le gustaban. Violeta respondió a todas estas preguntas sin vacilar. Después de aproximadamente un cuarto de hora, tiempo durante el cual había dispuesto todas las cartas en orden sobre la mesa, examinó la cabeza de Violeta. De repente, en una prosa cuidada, y con gran rapidez y articulación clara, comenzó a describir su carácter y su pasado. Fue tan precisa y tan acertada, incluso en los pequeños detalles, que quedó fascinada. Violeta había encontrado a la encarnación, en esta realidad, de la famosa y misteriosa Marie Anne Lenormand, nacida en 1772 en Alezon, Normandía, en el seno de una familia bastante acomodada. Desde muy temprana edad dio muestras de poseer peculiares facultades sensitivas. Entre otras cosas, según reseñan los biógrafos, vaticinó con toda naturalidad y detalle la muerte (o destitución; este detalle varía según versiones) de la dama benedictina que regía la abadía en la que ella estaba interna.
<<Ya de adulta e instalada en la corte parisina, su biografía está plagada de datos contradictorios que alimentan más la leyenda. Todo París hablaba del modo directo en que verbalizaba aquello que le llegaba a través de los diversos canales que utilizaba, y lo que es más importante: de cómo acertaba con precisión sombrosa. Atraídos por su fama, acudieron a ella los principales personajes de la época. De hecho, establecería una estrechísima relación, llena de exquisitas anécdotas, con Josefina, archiconocida esposa de Napoleón, amistad que le acarrearía experiencias extremas dignas de una heroína de novela. Tras años de popularidad y apasionantes vivencias, Marie Lenormand se cansó del ajetreo parisino, de las polémicas, de la asfixiante admiración de sus devotos y de los dardos de sus detractores, y, como cualquier diva que se precie, decidió retirarse con dignidad a disfrutar serenamente de lo cosechado. Pasó sus últimos días en la Casita de Sócrates, una encantadora propiedad rústica situada en Alezon, su lugar de nacimiento, y a la que llamó así en recuerdo del filósofo clásico, quien vaticinó varios acontecimientos de su propia vida. Madame lenormand murió en París el 25 de junio de 1843 y sus restos descansan en el cementerio de Père Lachaise.>>
Atraída por su fama y por la manera segura y sin artificios ni despliegues circenses en que comunicaba sus intuiciones, acudieron en busca de sus predicciones muchos de los protagonistas de la Revolución del Bosque Mágico. Todo el Bosque hablaba del modo directo en que verbalizaba aquello que le llegaba a través de los diversos canales que utilizaba. Violeta se topó con ella cuando aún no era la mujer del filósofo y le predijo la prematura muerte de su primer marido, Juan Real, el padre de su hijo Jesús, así como su futuro matrimonio con <<un filósofo que escalaría los más altos honores>>. Violeta, nacida en la ribera del Guadalquivir, en Andalucía y por tanto supersticiosa y familiarizada con la hechicería, quedó fascinada por aquella joven, y según iban pasando los días se volvieron inseparables. Aquella amistad fue lo que acabó por catapultarla a la fama, pues Violeta, ya convertida en esposa del filósofo, de Pablo el erudito profesor, contaba con ella constantemente y se la presentaba a todo el mundo.
En los años dorados del matrimonio, Pablo compartió con Violeta la simpatía hacia aquella extravagante mujer. Pablo llegó a afirmar: <<He consumido mi vida entre movimientos continuos, que no me han dejado ni un solo minuto para cumplir mis deberes de iniciado en la secta de los egipcios>>, pero poco a poco empezó a recelar de la gran influencia que la adivina ejercía sobre su amada. Y cuando interceptó una nota muy amplia que la adivina envió a Violeta para alertarla de una infamia que alguien muy cercano cometería en su contra (había soñado con serpientes animal simbólico donde los haya y cuya imagen aterrorizaba a la gente del Bosque Mágico). El rostro de Pablo era el que reproducían todos los periódicos de la mañana. Ahora se llamaba Andrés. Poco importaba. El rostro había surgido de las profundidades de la mente Isaac, que lo recordaba con una nitidez completa, como si estuviese viéndole de nuevo, azuzando a los niños soldados, junto a la gran hoguera donde se consumían los cuerpos de los vecinos asesinados en Sierra leona.
A Isaac, no le fue muy difícil conocer el domicilio del mercenario, ahora era un play-boy, quizás con aires de filósofo. Pablo vivía en una mansión de real aspecto, rodeada de un gran jardín, casi un parque. Llegar allí no fue nada fácil. Al llegar le recibió Violeta. Sobre la mesa de la salita había un libro, abierto por la página 78. Se presentaron con cortesía, Violeta, siente la necesidad de leer el texto, el rostro del hombre le causa desconfianza, así que decide distraerlo con la lectura:
<<Había comprado el cuchillo aquella mañana, en la sección de menage de la Samaritana. Lo hizo tras ir a la agencia de viajes para aplazar su traslado de doce horas. Saldría para España en el expreso de aquella misma noche, cuando hubiera hecho lo que tenía que hacer. Penetrar en la casa fue otra cosa. Tuvo que burlar a los criados, trepar por la hiedra que serpenteaba en la pared, hundir el cuchillo para levantar el cerro de una ventana...>>
<<Una vez dentro, un instinto superior al que jamás había sentido le orientó hacia la gran alcoba en la que reposaba el joven abogado, que había tomado un somnífero, recetado por el amigo médico que le había asistido. Isaac entró en la estancia. No era entonces el joven judío alemán, el empleado modelo, el muchacho destrozado por la muerte de la mujer amada, la doble muerte en el tiempo. Era el espíritu de la venganza. Estaban en él los hombres de Israel, los jóvenes judíos que luchaban como nunca lo había hecho aquel pueblo sometido a la vergüenza de los progroms que salpicaron con sangre la historia del pueblo prometido.>>
<<Era el brazo iracundo de Israel. Pero, al mismo tiempo, obrando impelido por una fuerza desconocida, era el verdugo de la Edad Media, el implacable ejecutor de una ley también implacable. Por eso hundió el cuchillo y se sentó sobre el pecho de su víctima, y esperó a que la sangre brotase a borbotones de la herida, y no se movió hasta estar convencido de que reposaba sobre un cadáver exangüe. Y sólo entonces sacó el cuchillo, tras hacer girar un poco la hoja en el interior de la herida. Obraba, sin saberlo, como habían actuado decenas de degolladores a lo largo de la Edada Media.>>
<<Aquella manera de obrar hacía comprender a los que asistían a la ejecución que el trabajo del verdugo había sido perfecto, y que ni una sola gota de sangre brotaba ya del cuerpo del ajusticiado. Isaav salió de la casa con la misma facilidad que había entrado en ella. Algunas horas más tarde, tumbado en la litera de su vagón, cerraba los ojos, olvidando todo lo ocurrido, para concentrarse en lo que podía esperarle al llegar a España.>>
<<La fe de don Remigio Morales, conde de Quesada, no era como la de muchos de sus amigos, la ocasión de lucir un alma nueva con ocasión de las fiestas de la Semana Santa. Remigio creía. Remigio odiaba, porque creer en algo es odiar lo opuesto, y el buen conde estaba convencido de que fuera de la iglesia no habría más que maldad, vicio, violencia y degeneración.>>
<<Don Remigio, al acercarse la celebración del martirio de Cristo, dejaba de ser el hombre jovial que todos conocían y estimaban, convirtiéndose, como por arte de magia, en un personaje torturado, apasionado, con los ojos brillantes, la mirada atónita, como si no pudiera comprender que hubiese alguien capaz de traicionar y llevar a la cruz al Hijo de Dios.>>
<<Los problemas morales de don Remigio eran una especie de patrimonio familiar, una herencia cuidadosamente transmitida a través de todas las generaciones de que los condes de Quesada habían poblado la torturada tierra hispana. Los Quesada podían vanagloriarse de su demostrada fe: habían dado al mundo, además de un buen montón de Grandes de España, cardenales, obispos, un santo y otro que iba a ser canonizado y, especialmente, inquisidores.>>
<<Los Quesadas inquisidores fueron tremendos. Algunos historiadores afirman que el nombre de la familia Quesada, proviene exactamente del de "Quijada", mote que se puso a los condes, antes de que fueran, debido a su afición a arrancar las quijadas de sus víctimas a fin de hacerles confesar sus relaciones con los poderes del maligno. Los Quesada estaban plenamente convencidos del origen divino de su estirpe y de que habían sido elegidos por Dios para hacer respetar sus divinos designios en este bajo mundo.>>
<<De los Quesada, cuya pureza era tal que por no reproducirse apenas si habían tenido descendencia, no quedaban más que dos varones, Remigio y Antonio, el menor. Antonio, al que los criados empujaban en una silla de ruedas, había sido atacado y apaleado una noche oscura, por los braceros que trabajaban en sus amplias propiedades. Tres de ellos habían sido capturado y condenados a quince años de prisión mayor.>>
<<-¡La justicia de este país no es ya lo que era! -protestaba Antonio, que era marqués de Silvia-. Si esos puercos hubiesen caído en manos de nuestros antepasados... Siempre, a la hora de las comidas, el tema salía a flote irremisiblemente. Porque el corazón de Antonio estaba amargado y como buen creyente odiaba a todo lo que no estaba de acuerdo con su manera de pensar. -Quiero decirte algo, hermano... -Antonio alzó la cabeza. Tenía un rostro mucho más enérgico que el de Remigio, y sus ojos estaban cargados de luces misteriosas que hacían bajar la mirada a los que tropezaban con él. -Si intentas prohibirme que vaya al campo a insultar a esa gentuza, pierdes el tiempo, conde. -No es eso, hermano. Sólo deseo que temples un poco tu actitud, la Semana Santa está encima. Antonio frunció el ceño. -¿Semana Santa? ¿Ya? ¡Cómo corre el tiempo, Señor! -Como cada año, deseo que todos vayan a la procesión. -Irán, no lo dudes. -Sí, ya lo sé... sobre todo con el poco trabajo que habrá este verano... los nuevos tractores que hemos comprado van a obligarnos a prescindir de muchos braseros... -¡Si no se reprodujesen como conejos! -¡Por Dios, Antonio! No deberías hablar así... El padre Venancio oriente muy bien a las mujeres de esos hombres... las aparta de toda idea de lascivia, haciéndoles comprender que la misión de la mujer es traer hijos al mundo, futuros braceros.>>
<<-¡Y futura gentuza, conde! ¡No lo olvides! Anarquistas asquerosos, repugnantes rojos ..., asesinos de señores... Les das trabajo, evitas que se mueran de hambre... y encima te atacan cobardemente. -Olvida aquello, hermano. Y pensemos en reunir de nuevo a todos para que sigan amorosamente la procesión, que lleven los pasos... y una vez más, por encima de envidias y rencores, el nombre de los Quesada sea pronunciado en unión.>>
<<Desde la ventana de la habitación del hotel, Isaac seguía, con los ojos encandilados, el desfile procesional, el avance de los pasos, enmarcados en un cielo de cirios ardientes que parecían hacer creer que el cielo estrellado se había venido abajo para embellecer aún más el incomparable espectáculo. Con la frialdad de un observador, el joven Meinstein tenía que aceptar que nunca había visto algo tan impresionante, y dejándose llevar por el arrobo que las escenas producían en él, consiguió olvidar por completo la tragedia de la que había escapado hacía solamente algunas horas.>>
<<Debido a que había solicitado dos habitaciones o una doble desde la agencia de Munich, pensando en la compañía de Sarah, Isaac se prestó graciosamente a compartir una habitación de dos camas con un simpático viajante de comercio que sabía hablar muy bien el alemán, que ahora, junto a él, seguía el desarrollo de la procesión que pasaba por delante del establecimiento hotelero. -Vengo cada año -dijo el viajante, que se llama Felipe-. Y no crea usted que lo hago movido por un sentimiento religioso... vendo velas... y en esta ocasión hago excelentes negocios. -Es muy hermoso. -Sí, no está mal; pero, sin saber exactamente por qué, a mí me produce una sensación rarísima , y esto me pasa cada año, exactamente desde que me contaron lo que hicieron con un hombre como yo.>>
<<No dijo nada más hasta que fueron a cenar juntos. Anunciaban para aquella noche, la del Jueves Santo, el desfile de una procesión especial, ya famosa en toda Sevilla, mantenida y enriquecida por los condes de Quesada, una procesión a la que todos los braceros asistían, vestidos de penitentes, con los pies descalzos y muchos de ellos arrastrando cadenas. -¡Es algo único! -exclamó el viajante, tras haber vaciado un par de vasos de vino-. Pero nunca he dejado de preguntarme cuánto les cuesta a esos aristócratas el desfile de sus obreros. -¿Cree usted que les pagan? -Desde luego. Serían capaces de arruinarse, con tal de conseguir un éxito rotundo por encima de las otras cofradías.>>
<<Créame usted, amigo mío, por debajo del aspecto religioso de estas fiestas hay un espíritu de competición tremendo. -Antes iba usted a hablarme de un hombre. El rostro de Felipe se ensombreció. -Sí, ya sé, es una historia atroz, como todas las de esta tierra... -¿Usted no es de aquí? -No, soy del Norte, donde la gente cree, pero con menos pasión...>> Violeta lanzó un suspiro. Isaac, era un pobre hombre en busca de venganza. Ella, sabía, que llegó para asesinar a Pablo, con este relato lo disuadió. Pero, ya mañana. Fin por hoy. Hasta cuando así Dios lo quiera. Copiando se aprende a escribir.
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