viernes, 27 de marzo de 2020

Con los ojos y los oídos cerrados

Erase una vez, hace muy poco tiempo, un joven médico chino, al que le gustaba investigar para ayudar a la gente. Podía pasar horas y horas investigando y admirandose de sus adelantos, olvidándose protegerse así mismo; se abandonaba por completo a sus estudios. Un día, observó nuevos humores y nuevos signo en un virus que estudiaba. Este se hacia pasar por una simple gripe. Llegaron nuevos enfermos al Hospital, que llevaban consigo al virus mortal. Llegó a la ciudad de Wuhan. Estos virus parecían tejedores, infectaba sin escrúpulos a la gente indefensa; sobre todo a los más mayores. El joven doctor pensaba- Ah, como podre distinguir este mal, esto no es una simple gripe, son unos impostores disfrazados de inocentes virus. Y rápidamente fue a decírselo aun superior, con gran ansiedad se lo explicó, y el doctor no le creyó. El joven, busco ayuda, llamó a  muchas puertas, pero le dijeron- Tú eres estupido, ¡que dices de virus con corona! Tu si que está coronado. Y ansioso, buscó, y trabajó. Pensó, hablar con el presidente, pero la verdad es que nadie le creyó. Y se volvió a su casa decepcionado. No le permitieron ver a ningún superior. Y rápidamente el pueblo enfermo, y lo peor, la gente se enteró y entraron en terror. Trabajaron diligentemente, establecieron un gran Hospital en pocos días. Ante tal desmán, el doctor llamó al joven médico, pero ya era tarde estaba entubado en el Hospital. -Me temo que os habéis equivocado.- le dijo su asistente- El Presidente de China, con gran anhelo, estaba el buen hombre ansioso por descubrir un remedio, que remediara el sufrimiento del pueblo Wuhan. En los laboratorios, sus científicos trabajaban noche y día, todos en una carrera frenética. Por eso, encontraron que aquel virus tenía poderes mágicos. Mandó a sus ministros de confianza, para hablar con otras Potencias del Mundo, para ver que ocurría en las lejanas tierras de Occidente, del Oeste, del Este, los mando recorrer todo el Planeta buscando información , para atacar al Covid 19. No vivirá mucho tiempo, cuenta con armas letales para combatirlo. Pronto nos reuniremos para brindar por su victoria, dijeron la gente en Europa. Cuando las noticias saltaron a las radios y televisiones, un miedo se apoderó de toda la Tierra. Algunos soñaban que los matarían con los puños. Otros, que los mandarían a la Luna de un puntapié, estos eran los aficionados al fútbol. Los chinos, miraban el televisor con ojos como platos. <<Dios mío, no veo absolutamente nada bueno en este tema.>> El doctor, al enterarse de la muerte del joven médico, lloro arrepentido. Fue a casa del joven, busco entre sus papeles, en su ordenador, miro por toda la casa, nada encontró, anticipando una revancha, apretó los puños mirando al cielo. <<Dios mío no he encontrado nada>>. ¿Será que soy tonto? ¿Me estaré volviendo viejo? Dicho esto, aplastó un insecto que correteaba por el suelo de la cocina, y estalló en gritos y risas de regocijo, festejando por anticipado la emboscada que había preparado el joven, para los virus. El doctor, apretó los puños y salió corriendo hacia el Hospital, tres breves notas, había escrito el joven médico en un papel que había pegado en la puerta de su nevera. Había escrito todos los detalles de un brebaje. No debo beber esa pócima, aunque parece algo sencilla. No la puedo mostrar a los demás, creerán que soy idiota, pensó. Entrecerró sus rasgados ojos y fingió no haber encontrado nada en casa del joven médico.

Se lo contó muy en secreto a dos colegas, ambos estallaron en risas, menos el doctor, que se acarició la frente limpiando el sudor frío, notó escalofríos, se notó una pequeña herida cerca del labio superior, la fiebre había aparecido, y en poco el jefe del Hospital murió llevándose el secreto al más allá. No. El papel quedó en el bolsillo de su blanca bata. La muchacha que limpiaba su casa, lo había visto y lo había guardado con gran esmero, al ver la simple receta sonrió, su cara se encendió de color rojo. Ya había cogido asiento, el virus en sus pulmones. Le hizo tal grieta que la mató.

 Un suave viento se levantó y un rayo de luz iluminó a toda la Tierra. Pero, la gente se había vuelto loca, cada uno a lo suyo tratando de hacer negocio, con el sufrimiento ajeno. -Suscriba una póliza de seguro.- Yo tengo el mejor remedio para el Coronavirus. Tililó como una estrella una doctora del ejército de China, una ¡mujer!, se mostraba al mundo dando gran tranquilidad, habló con voz suave con un leve susurro: <<Soy una científica, he llegado de la Luna, y traigo este preparado; aquí en la Tierra, es lo que estáis buscando. He venido a la Tierra con esta hermosa pócima de hierbas que cura y sana, además de a las personas, a la hierba verde de las praderas, limpia los bosques de la escoria, a los ríos y los mares los barre como una escoba, y me gustaría que lo utilizarán en toda la Tierra. El consejo de la ONU quedó encantado de escuchar a la Científica China. Todos querían oír su discurso en la tele. La gente pensaba comprar el remedio en grandes cantidades. Todos, los terrícolas querían comprar la pócima mágica, para limpiar la hierba de las praderas y poder ver crecer bellas las flores salvajes. Vio todo el mundo aquel brebaje como si lo hubieran traído las hadas. De repente salió un hombre más fuerte que un armario empotrado, o mejor, más fuerte que una manada de búfalos bramando, pero, que él tenía algo más sofisticado, más adelantado. La dama científica se enfadó.- ¡Cómo, que mejor! ¡Ni hablar! Este lo que hace es juguetear, con las hierbas de las praderas, jugando al gol. La dama científica cogió su Rol Roig, y se marchó dando círculos, giros pavorosos perdiéndose en el aire. Descubrió unas hermosas montañas, cubiertas de basura, unos ríos de aguas negras, fétido el paisaje, y lloró. La dama, pensó: -Somos peores que manadas de búfalos bramando pasando violentamente sobre las praderas. ¡Dio mío! ¡Que mal está el Planeta! Llamaré a las hadas del Oeste y del Este, que vengan a limpiar la Tierra. Haciendo un gran esfuerzo, tomó su móvil y marco no menos de  cien números, tras unos segundos, y ya estaba impaciente, escuchó una dulce voz.

 -Aló, soy el hada madrina, deja tu mensaje que ahora mismo estoy en la cocina. - Soy madan Chin Chin, científica de la Gran China; querida amiga, deseo su ayuda urgentemente, la necesito mucho. Quiero, que le haga una limpieza general a la Tierra, incluido ríos, mares, océanos, los valles y todas las praderas, y no se olvide de dar un buen repaso a las calles, plazas, avenidas carreteras y casa, sobre todo a los Hospitales y olvide los Palacios, esos tienen quién limpie.- Mientras viajaba en su coche eléctrico, de alta gama volador de primera categoría, vio madan Chin Chin, un bellísimo paisaje. Descubrió una montaña cubierta con preciosos frutales, sus árboles cargados de suaves pétalos color rosa. Quedó ella maravillada viendo el precioso musgo verde, las imponentes palmeras de Tailandia, los campos de té con preciosos rosales. Disfrutaba hablando con las hadas que moraban aquel territorio, había quedado maravillada al ver aquel bello paisaje salvaje, todo tan limpio, todos los Templos y sus jardines con tan esmerado cuidado. Pensó, no durará mucho tiempo..., la dama científica descendió de su vehículo de su vehículo y su movíl flotó en el aire. ¡Anda, si me he equivocado de ruta!, este mapa está mal señalado.

Se perdió en la jungla. Estaba en la parte oscura de la Luna. Disfrutaba pensando que encontraría la bandera americana, la que dejaron los primeros en pisar la Luna, pasada tres semanas se rindió. Pudo observar a la gente de la Tierra, que corría angustiada, de un lado para otro. Al atardecer Chin Chin, como no tenía nada que hacer, puesto que se había quedado perdida en la cara oculta de la luna, sin cobertura en el móvil se dedicó a escribir poemas. Escudriñaba desde su atalaya la tierra, descubriendo cada día nuevos paisajes, buscaba con frenesí donde moraban las Hadas.

No podía ver el paisaje puesto que había grandes montañas de basura, por culpa de esa gran cantidad de mierda enroscada entre las rocas, se perdía la gran belleza del verdor de las montañas; allí sentía no poder ver el paisaje que había bajo las montañas de basura, por culpa de la gran cantidad de inmundicia le bloqueaban su visión. Estaba a punto de renunciar, pensó tirar la toalla, pero se acordó que tenía que volver a la Tierra. Estaba a punto de renunciar a su búsqueda cuando se percató de algo que centelleaba desde una estrella cercana. Miró por encima de las montañas de basura y vio una hermosa Hada, con un corazón de oro que se reflejaba en el cielo. Miró sus manos y vio una hermosa lila blanca y una rosa encarnada. El hada se posó cerca de madan Chin Chin, y le mostró una Tierra, limpia, con unos lagos azules, unos ríos de aguas trasparentes, unos océanos celestes y unos mares con olas risadas con volantes blancos. ¿Reconoces ahora la Tierra? Mira las praderas. ¿A que te recuerdan? Piensa, madan Chin Chin. -Miró tímidamente por encima de una hoja del rosal y vió a la gente en la Tierra cantando, los violines danzando en un concierto Primoroso. Un joven atravesaba el cielo, llevaba su bata de médico, era tan bello, tan joven. Reconoció en él al joven doctor. Mientras deslizaba su vista, madan Chin Chin, vió pasar unas largas filas de ancianos hablando con los espíritus que moraban allí. Su mano rozó la lila, acarició la rosa, sus dedos se impregnaron del aroma floral. ¡Ah, pero si huelen y todo! Anidó en los pétalos de la rosa el Coronaviru. Al aspirar el aroma entró en madan Chin Chin el virus.

Las hadas vinieron en su ayuda, y lo más importante la volvieron sana a la Tierra, porque sabía que era muy importante para la Humanidad. Era una mujer de mucho valor. Sus grandes descubrimientos ayudaron a mucha gente. Y, en todos los pueblos naciones y tribus de la tierra, descubrieron pócimas mágicas para combatir al Covid 19. Tras hallar su lugar ideal, las Hada desaparecieron. Habían cumplido todos los deseos de madan Chin Chin, habían limpiado todo el Planeta, y aún la gente se pregunta, ¿cómo se limpió la Tierra tan de repente? Ahora se podía observar a las montañas altivas de frente afrente, a las que había tomado tanto aprecio, pensaba cuando pasaba en canoa por las claras aguas azules. Tras la fiesta de las hadas se marcharon volando, pero antes le concedieron dones mágicos a la científica, para que lo compartiera con los demás seres de la Tierra. La doctora Chin Chin, adoptó un niño llamado Wuhan, que vivía en un internado. Wuhan era un niño muy tranquilo, muy bueno y muy trabajador. Solía caminar hasta las puertas del jardín y pasarse horas soñando despierto. Un día, mientras miraba por la ventana, imaginaba que contemplaba un valle, él se veía como un elegante joven ataviado con una bata blanca que flotaba como una bandera al viento. Así fué, ese joven que soñaba era el joven doctor que había vuelto a reencarnar. Y, así fué como le transmitió a madan Chin Chin sus secretos descubrimientos. Wuhan era tan paciente, levantaba la cabeza al cielo y vió como Dios le sonreía. Flotaba en el aire unas lucecitas muy pequeñitas, las arrastraba el viento por toda la Tierra. Whan salía con su caballo alado, paseaba de un con fin a otro con fin de la Tierra. Cuando desmontó, frente a la entrada de la Casa Blanca lo esperaba un gran hombre, le rodeaba un gentío enorme, unos Ministros y Secretarios le acompañaban lo cubrieron de oro. -¡Me asfíxio! Aire, aire. Necesito oxigeno no oro. Wuhan inclinó la cabeza y se arrodilló besó la tierra, y se dirigió al hombre grande, <<el Gran Padre Blanco>>, sacó de su pecho un pequeño papel, y se lo entregó en la mano. El Gran Padre Blanco, se mostró muy agradecido, con una inclinación de cabeza condujo al joven Wuhan y a su séquito a través de los amplios jardines. Una vez en el interior, el visitante fue atendido con todos los honores. Wuhan se sentó en silencio y vió cómo charlaban una joven panadera y su padre. Pasaron varias horas y finalmente el Gran Padre Blanco se puso en pie  y le dio las gracias a Wuhan por su bondad, y su paciencia. Wuhan quedó impresionado por la hospitalidad de aquella gente tan alta, tan rubios, y antes de regresar a la puerta vió a un hombre muy moreno con cara de santo, se parecía a <<Fray Escoba>>, era nada más y nada menos que el Ex-Presidente Wara Obama. Wuhan se tiró en sus brazos, lo abrazo y recibió un cálido abrazo. Se despidió, de todos con gran alegría. Después de montar en su caballo alado, el joven giró la cabeza y vió a lo lejos a la panadera, Wuhan le dijo:- Pronto te veré otra vez.- y salió a galope cabalgando majestuosamente por los aires hasta perderse en la distancia entre la luz dorada del atardecer de América. Wuham volaba, más de pronto aparece en los cielos la panadera montada en una escoba de bruja, ella le había dado el alcance rápidamente, pensó, me caso que es doctor, y me cuidará bien la salud. Y tenía razón, se hizo millonario en aplausos.

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